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S.S. Juan Pablo II, Bendito el rey que viene en nombre del Se√Īor
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Bendito el rey que viene en nombre del Se√Īor

Homilía en Domingo de Ramos

5 de Abril 1998

1. "¬°Bendito el rey que viene en nombre del Se√Īor!" (Lc 19, 38).

El domingo de Ramos nos hace revivir la entrada de Jes√ļs en Jerusal√©n, cuando se acercaba la celebraci√≥n de la Pascua. El pasaje evang√©lico nos lo ha presentado mientras entra en la ciudad rodeado por una multitud jubilosa. Puede decirse que, aquel d√≠a, llegaron a su punto culminante las expectativas de Israel con respecto al Mes√≠as. Eran expectativas alimentadas por las palabras de los antiguos profetas y confirmadas por Jes√ļs de Nazaret con su ense√Īanza y, especialmente, con los signos que hab√≠a realizado.

A los fariseos, que le ped√≠an que hiciera callar a la multitud, Jes√ļs les respondi√≥: "Si estos callan, gritar√°n las piedras" (Lc 19, 40). Se refer√≠a, en particular, a las paredes del templo de Jerusal√©n, construido con vistas a la venida del Mes√≠as y reconstruido con gran esmero despu√©s de haber sido destruido en el momento de la deportaci√≥n a Babilonia. El recuerdo de la destrucci√≥n y reconstrucci√≥n del templo segu√≠a vivo en la conciencia de Israel, y Jes√ļs hac√≠a referencia a ese recuerdo, cuando afirmaba: "Destruid este templo y en tres d√≠as lo levantar√©" (Jn 2, 19). As√≠ como el antiguo templo de Jerusal√©n fue destruido y reconstruido, as√≠ tambi√©n el templo nuevo y perfecto del cuerpo de Jes√ļs deb√≠a morir en la cruz y resucitar al tercer d√≠a (cf. Jn 2, 21-22).

2. Al entrar en Jerusal√©n, Jes√ļs sabe, sin embargo, que el j√ļbilo de la multitud lo introduce en el coraz√≥n del "misterio" de la salvaci√≥n. Es consciente de que va al encuentro de la muerte y no recibir√° una corona real, sino una corona de espinas.

Las lecturas de la celebraci√≥n de hoy aluden al sufrimiento del Mes√≠as y llegan a su punto culminante en la descripci√≥n que el evangelista san Lucas hace en la narraci√≥n de la pasi√≥n. Este inefable misterio de dolor y de amor lo proponen el profeta Isa√≠as, considerado como el evangelista del Antiguo Testamento, el Salmo responsorial y el estribillo que acabamos de cantar: "Dios m√≠o, Dios m√≠o, ¬Ņpor qu√© me has abandonado?". Lo repite san Pablo en la carta a los Filipenses, en la que se inspira la aclamaci√≥n que nos acompa√Īar√° durante el "Triduo sacro": "Cristo, por nosotros, se someti√≥ incluso a la muerte, y una muerte de cruz" (cf. Flp 2, 8). En la Vigilia pascual a√Īadiremos: "Por eso, Dios lo levant√≥ sobre todo, y le concedi√≥ el nombre sobre todo nombre" (Flp 2, 9).

La Iglesia, en la celebraci√≥n eucar√≠stica, todos los d√≠as conmemora la pasi√≥n, la muerte y la resurrecci√≥n del Se√Īor: "Anunciamos tu muerte ‚ÄĒdicen los fieles despu√©s de la consagraci√≥n‚ÄĒ, proclamamos tu resurrecci√≥n. ¬°Ven, Se√Īor Jes√ļs!".

3. Desde hace m√°s de diez a√Īos, el domingo de Ramos se ha convertido en una esperada cita para la celebraci√≥n de la Jornada mundial de la juventud. El hecho de que la Iglesia dirija precisamente en este d√≠a su particular atenci√≥n a los j√≥venes es, de por s√≠, muy elocuente. Y no s√≥lo porque hace dos mil a√Īos fueron los j√≥venes ‚ÄĒpueri Hebraeorum‚ÄĒ quienes acompa√Īaron con j√ļbilo a Cristo en su entrada triunfal en Jerusal√©n; sino tambi√©n, y sobre todo, porque, al cabo de veinte siglos de historia cristiana, los j√≥venes, guiados por su sensibilidad y por una certera intuici√≥n, descubren en la liturgia del domingo de Ramos un mensaje dirigido a cada uno de ellos.

Queridos jóvenes, a vosotros se os propone nuevamente hoy el mensaje de la cruz. A vosotros, que seréis los adultos del tercer milenio, se os encomienda esta cruz que, dentro de poco, un grupo de jóvenes franceses entregará a una representación de la juventud de Roma y de Italia. De Roma a Buenos Aires; de Buenos Aires a Santiago de Compostela; de Santiago de Compostela a Czéstochowa; de Jasna Góra a Denver; de Denver a Manila; de Manila a París, esta cruz ha peregrinado con los jóvenes de un país a otro, de un continente a otro. Vuestra opción, jóvenes cristianos, es clara: descubrir en la cruz de Cristo el sentido de vuestra existencia y la fuente de vuestro entusiasmo misionero.

A partir de hoy peregrinar√° por las di√≥cesis de Italia, hasta la Jornada mundial de la juventud del a√Īo 2000, que se celebrar√° aqu√≠, en Roma, con ocasi√≥n del gran jubileo. Luego, con la llegada del nuevo milenio, reanudar√° su camino por el mundo entero, mostrando de ese modo que la cruz camina con los j√≥venes, y que los j√≥venes caminan con la cruz.

4. ¬°C√≥mo no dar gracias a Dios por esta singular alianza que une a los j√≥venes creyentes! En este momento quisiera dar las gracias a todos los que, guiando a los j√≥venes en esta iniciativa providencial, han contribuido a la gran peregrinaci√≥n de la cruz por los caminos del mundo. Recuerdo con afecto y gratitud especialmente al amad√≠simo cardenal Eduardo Pironio, que falleci√≥ recientemente. Estuvo presente y presidi√≥ muchas celebraciones de la Jornada mundial de la juventud. Que el Se√Īor lo colme de las recompensas celestiales prometidas a los servidores buenos y fieles.

Mientras, dentro de poco, la cruz pasar√° idealmente de Par√≠s a Roma, permitid que el Obispo de esta ciudad exclame con la liturgia: Ave crux, spes unica! ¬°Te saludamos, oh cruz santa! En ti viene a nosotros aquel que en Jerusal√©n, hace veinte siglos, fue aclamado por otros j√≥venes y por la multitud: "Bendito el que viene en nombre del Se√Īor".

Todos nos unimos a este canto, repitiendo: ¬°Bendito el que viene en nombre del Se√Īor!

¬°S√≠! Bendito eres t√ļ, oh Cristo, que tambi√©n hoy vienes a nosotros con tu mensaje de amor y de vida. Y bendita es tu santa cruz, de la que brota la salvaci√≥n del mundo, ayer, hoy y siempre. Ave crux! ¬°Alabado sea Jesucristo!

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