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Optatam totius

Decreto sobre la formacion sacerdotal.

Roma, 28 de octubre de 1965

La anhelada renovación de toda la Iglesia depende, en gran parte, del ministerio de los sacerdotes 647 : muy consciente de ello, el Sagrado Concilio, animado por el espíritu de Cristo, proclama la grandísima importancia de la formación sacerdotal y declara algunos principios fundamentales de la misma, con los que se confirmen las leyes ya experimentadas durante siglos, a la vez que se introduzcan en ellas las innovaciones que respondan a las Constituciones y Decretos de este Santo Concilio, y a las renovadas circunstancias de los tiempos. Esta formación sacerdotal es necesaria por razón de la misma unidad del sacerdocio, para todos los sacerdotes de ambos cleros y de cualquier rito; por tanto, las normas siguientes, que están dedicadas directamente al clero diocesano, hay que acomodarlas a todos, guardando la debida proporción.

I. PLAN DE FORMACION SACERDOTAL EN CADA NACION

1. No pudiéndose dar más que leyes generales para tan gran diversidad de gentes y de regiones, en cada nación o rito establézcase un peculiar Plan de formación sacerdotal, que ha de ser promulgado por las Conferencias Episcopales 648 , revisado en tiempos determinados, y aprobado por la Sede Apostólica. En dicho "Plan" se acomodarán las leyes universales a las circunstancias especiales de lugar y de tiempo, de suerte que la formación sacerdotal responda siempre a las necesidades pastorales de las regiones donde ha de ejercitarse el ministerio.

II. INTENSIFICACION DE LAS VOCACIONES SACERDOTALES

2. El deber de fomentar las vocaciones 649 pertenece a toda la comunidad de los fieles, que debe procurarlo, ante todo, con una vida totalmente cristiana; ayudan, sobre todo, a esto las familias que, llenas de espíritu de fe, de caridad y de piedad son como el primer seminario y las parroquias de cuya vida fecunda participan los mismos adolescentes. Los maestros y todos los que de algún modo se consagran a la educación de los niños y de los jóvenes, y, sobre todo las Asociaciones católicas, procuren cultivar a los adolescentes que se les han confiado, de forma que éstos puedan sentir y seguir con buen ánimo la vocación divina. Muestren todos los sacerdotes un grandísimo celo apostólico por el fomento de las vocaciones y atraigan el ánimo de los jóvenes hacia el sacerdocio con su vida humilde, laboriosa, amable, y con la mutua caridad sacerdotal y la unión fraterna en el trabajo.

Deber de los Obispos es impulsar a su grey al fomento de las vocaciones y procurar la estrecha unión de todos los esfuerzos y trabajos; y deben ayudar, como padres, sin escatimar sacrificio alguno, a los que juzgaren llamados por el Señor.

Este anhelo eficaz de todo el pueblo de Dios para ayudar a las vocaciones responde a la obra de la Divina Providencia, que concede las dotes necesarias a los elegidos para participar en el sacerdocio jerárquico de Cristo, y los ayuda con su gracia, mientras confía a los legítimos ministros de la Iglesia el que, una vez reconocida la idoneidad, llamen a los candidatos que solicitan tan gran dignidad con intención recta y libertad plena, y, una vez bien conocidos, los consagren con el sello del Espíritu Santo para el culto de Dios y servicio de la Iglesia 650 .

El Sacrosanto Concilio recomienda ante todo los medios tradicionales de la cooperación común, como son la oración insistente, la penitencia cristiana y una más profunda y progresiva formación de los fieles que se debe procurar, ya por la predicación y la catequesis, ya por los diversos medios de comunicación social; en dicha formación ha de exponerse la necesidad, naturaleza y excelencia de la vocación sacerdotal. El Concilio dispone, además, que la Obra de las vocaciones, ya establecida o por establecer dentro de cada diócesis, región o nación, según los documentos pontificios referentes a esta materia, organice, metódica y coherentemente, y promueva con celo y discreción toda la acción pastoral para fomentar las vocaciones, sirviéndose de todos los medios útiles que ofrecen las modernas ciencias psicológicas y sociológicas 651 .

Es necesario que la Obra del fomento de las vocaciones trascienda generosamente los límites de las diócesis y de las naciones, de las familias religiosas y de los ritos, y, considerando las necesidades de la Iglesia universal, ayude, sobre todo, a aquellas regiones en que los operarios son llamados con más urgencia a la viña del Señor.

3. En los Seminarios Menores, erigidos para cultivar los gérmenes de la vocación, los alumnos se han de preparar por una formación religiosa peculiar; sobre todo, por una dirección espiritual conveniente, para seguir a Cristo Redentor con generosidad del alma y pureza de corazón. Su género de vida bajo la dirección paternal de los superiores, con la oportuna cooperación de los padres, sea el que conviene a la edad, espiritu y evolución de los adolescentes y conforme a su totalidad a las normas de la sana psicología, sin olvidar la adecuada experiencia segura de las cosas humanas y la relación con la propia familia 652 . Hay que acomodar también al Seminario Menor todo lo que a continuación se establece sobre los Seminarios Mayores, en cuanto convenga a su fin y a su naturaleza. Conviene que los estudios se organicen de modo que los alumnos puedan continuarlos sin perjuicio en otras partes, si cambian de género de vida.

Con atención semejante han de fomentarse los gérmenes de la vocación de los adolescentes y de los jóvenes en los Institutos especiales que, según las condiciones del lugar, sirven también para los fines de los Seminarios Menores, lo mismo que de aquellos que se educan en otras escuelas y con otros métodos de educación. Promuévanse cuidadosamente Institutos y otras iniciativas para los que en una edad ya mayor siguen la vocación divina.

III. ORDENAMIENTO DE LOS SEMINARIOS MAYORES

4. Los Seminarios Mayores son necesarios para la formación sacerdotal. En ellos toda la educación debe tender a que se formen verdaderos pastores de las almas, a ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo, Maestro, Sacerdote y Pastor 653 ; prepárense, por consiguiente, para el ministerio de la palabra: entendiendo cada vez mejor la palabra revelada de Dios, se la hagan propia con la meditación y la expresen en su lenguaje y sus costumbres; para el ministerio del culto y de la santificación: que, orando y celebrando las funciones litúrgicas, ejerzan la obra de salvación por medio del Sacrificio Eucarístico y los sacramentos; para el ministerio pastoral: sepan representar delante de los hombres a Cristo, que no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida para redención de muchos (Marc. 10, 45; cf. Io. 13, 12-17), y, hechos siervos de todos, ganen el mayor número de ellos (cf. 1 Cor. 9, 19).

Por lo cual, todos los aspectos de la formación espiritual, intelectual y disciplinar, han de ordenarse conjuntamente a esta acción pastoral; y para conseguirla han de esforzarse diligente y concordemente todos los superiores y profesores, obedeciendo fielmente a la autoridad del Obispo.

5. Puesto que la formación de los alumnos depende ciertamente de las sabias leyes, pero, sobre todo, de los educadores idóneos, los superiores y profesores de los Seminarios han de elegirse de entre los mejores 654 , y han de prepararse diligentemente con doctrina sólida, conveniente experiencia pastoral y una singular formación espiritual y pedagógica. Conviene, pues, que se promuevan Institutos para conseguir este fin; o, a lo menos, se han de celebrar cursos con precisos programas y asambleas de los Superiores de Seminarios que se organizarán periódicamente.

Adviertan bien los Superiores y profesores en qué gran manera depende, de su modo de pensar y de obrar, el éxito en la formación de los alumnos; establezcan bajo la guía del Rector una unión muy estrecha de pensamiento y de acción, y formen con los alumnos una familia que responda a la oración del Señor: que sean uno (cf. Io. 17, 11), e inspire en los alumnos el gozo de sentirse llamados. El Obispo, por su parte, aliente con continua predilección a los que trabajan en el Seminario; y con los alumnos muéstrese verdadero Padre en Cristo. Finalmente, que todos los sacerdotes consideren el Seminario como el corazón de las diócesis y de buen grado procuren ayudarlo 655 .

6. Investíguese con vigilante cuidado, según la edad y progreso en la formación de cada uno, sobre la rectitud de intención y la libertad de voluntad, la idoneidad espiritual, moral e intelectual, la conveniente salud física y psíquica, teniendo también en cuenta las disposiciones transmitidas, tal vez por herencia. Considérese, además, la capacidad de los candidatos para cumplir las cargas sacerdotales y para ejercer los deberes pastorales 656 .

En todo lo referente a la selección y prueba necesaria de los alumnos, procédase siempre con firmeza de ánimo, aunque haya que lamentarse de la escasez de sacerdotes 657 , porque Dios no permitirá que su Iglesia carezca de ministros, si son promovidos los dignos, y los no idóneos son orientados a tiempo y paternalmente hacia otras ocupaciones; ayúdese a éstos para que, conscientes de su vocación cristiana, se dediquen con decisión al apostolado seglar.

7. Cuando cada diócesis no pueda establecer convenientemente su Seminario, eríjanse y foméntense los Seminarios comunes para varias diócesis, o para toda la región o nación, a fin de atender mejor a la sólida formación de los alumnos, que ha de ser la ley suprema. Estos Seminarios, si son regionales o nacionales, gobiérnense según estatutos que, establecidos por los Obispos interesados 658 , han de ser aprobados por la Sede Apostólica.

En los Seminarios donde haya muchos alumnos, salva la unidad de régimen y de formación científica, se distribuyan los alumnos convenientemente en secciones menores para mejor atender a la formación personal de cada uno.

IV. INTENSIFICACION DE LA FORMACION ESPIRITUAL

8. La formación espiritual debe ir íntimamente unida con la doctrinal y la pastoral, y con la cooperación, sobre todo, del director espiritual 659 ; ha de darse de forma que los alumnos aprendan a vivir en continua comunicación con el Padre por su Hijo Jesucristo en el Espíritu Santo. Como deben configurarse por la sacra ordenación a Cristo Sacerdote, se habitúen a unirse a El, como amigos, en íntimo consorcio de toda su vida 660 . Vivan el Misterio Pascual de Cristo, de forma que, a su tiempo, puedan iniciar en él al pueblo que se les encomendará. Enséñeseles a buscar a Cristo en la meditación fiel de la palabra de Dios, en la activa participación en los sacrosantos misterios de la Iglesia, sobre todo en la Eucaristía y en el Oficio Divino 661 ; en el Obispo que los envía y en los hombres a los que son enviados, especialmente en los pobres, en los pequeños y en los enfermos, en los pecadores y en los incrédulos. Amen y veneren con filial confianza a la Santísima Virgen María que, al morir Cristo Jesús en la cruz, fue entregada como madre al discípulo.

Cuidense diligentemente los ejercicios de piedad recomendados por la venerable tradición de la Iglesia; mas se debe procurar que la formación espiritual no consista sólo en aquellos, ni se cultive tan sólo el sentimiento religioso. Aprendan más bien los alumnos a vivir según el modelo del Evangelio, a cimentarse en la fe, en la esperanza y en la caridad, de modo que mediante su práctica adquieran el espíritu de oración 662 , robustezcan y defiendan su vocación, obtengan la solidez de las demás virtudes y crezcan en el celo de ganar a todos los hombres para Cristo.

9. Imbúyanse los alumnos en el misterio de la Iglesia expuesto principalmente por este Sagrado Concilio, de suerte que, unidos con caridad humilde y filial al Vicario de Cristo, y, una vez ordenados sacerdotes, adheridos al propio Obispo como fieles cooperadores, y trabajando de consuno con los hermanos, den testimonio de aquella unidad, por la cual los hombres son atraídos a Cristo 663 . Aprendan a participar con un corazón amplio en la vida de toda la Iglesia, según la frase de San Agustín: Según que cada uno ama a la Iglesia de Cristo, posee el Espíritu Santo 664 . Entiendan los alumnos con toda claridad que no están destinados al mando ni a los honores, sino que se han de entregar totalmente al servicio de Dios y al ministerio pastoral. Edúquense especialmente en la obediencia sacerdotal, en el ambiente de una vida pobre y en la abnegación propia 665 , de forma que se acostumbren a renunciar con prontitud a lo que es lícito, pero inconveniente, y a asemejarse a Cristo crucificado.

Explíquense con toda claridad a los alumnos las cargas que deberán asumir, sin ocultarles ninguna de las dificultades de la vida sacerdotal; pero no se fijen únicamente en el aspecto peligroso de su futuro apostolado, sino que han de formarse para una vida espiritual que ha de recibir su máximo vigor de su propia acción pastoral.

10. Los alumnos que, según las leyes santas y firmes de su propio rito, siguen la venerable tradición del celibato sacerdotal, han de ser educados cuidadosamente para dicho estado, en el que, renunciando a la sociedad conyugal por el reino de los cielos (cf. Mat. 19, 12), se unen al Señor con amor indiviso 666 , muy de acuerdo con el Nuevo Testamento; ofrecen testimonio de la resurrección en el siglo futuro (cf. Luc. 20, 36) 667 , y consiguen de este modo un auxilio aptísimo para ejercitar constantemente la perfecta caridad, con la que puedan hacerse todo para todos en el ministerio sacerdotal 668 . Sientan íntimamente con cuánta gratitud han de abrazar ese estado no sólo como precepto de la ley eclesiástica, sino como un don precioso de Dios que han de impetrar humildemente; don, al que prontos han de corresponder libre y generosamente con el estímulo y la ayuda de la gracia del Espíritu Santo.

Los alumnos han de conocer debidamente las obligaciones y la dignidad del matrimonio cristiano, que simboliza el amor entre Cristo y la Iglesia (cf. Eph. 5, 22-33); convenzanse, sin embargo, de la mayor excelencia de la virginidad consagrada a Cristo 669 , de forma que se entreguen generosamente a Señor, después de una elección seriamente meditada, con la donación total del cuerpo y del alma.

Hay que avisarles los peligros que acechan a su castidad, sobre todo en la sociedad de estos tiempos 670 ; ayudados con oportunos auxilios divinos y humanos, aprendan a "integrar" en su persona la renuncia al matrimonio de tal forma que su vida y su trabajo no sólo no reciban menoscabo del celibato, sino que más bien ellos consigan un dominio más profundo del alma y del cuerpo y una madurez más completa y puedan así gustar, de modo más perfecto, la felicidad del Evangelio.

11. Obsérvense exactamente las normas de la educación cristiana, y complétense convenientemente con los últimos avances de la sana psicología y de la pedagogía. Por medio de una educación sabiamente ordenada se ha de cultivar tambien en los alumnos la debida madurez humana, que se comprueba, sobre todo, en cierta estabilidad de ánimo, en la facultad de tomar decisiones ponderadas y en el recto modo de juzgar sobre los acontecimientos y los hombres. Esfuércense los alumnos en moderar bien su temperamento; edúquense en la reciedumbre de alma y aprendan a apreciar, en general, las virtudes que más se estiman entre los hombres y que recomiendan al ministro de Cristo 671 , como son la sinceridad de alma, la preocupación constante de la justicia, la fidelidad en las promesas, la delicadeza en el trato y la discrecion unida a la caridad en la conversación.

Hay que apreciar la disciplina de la vida del Seminario no sólo como defensa eficaz de la vida común y de la caridad, sino como elemento necesario de toda la formación para adquirir el dominio de sí mismo, para procurar la sólida madurez de la persona y formar las demás disposiciones del alma que sirven sobremanera a la actuación ordenada y fructuosa de la Iglesia. Obsérvese, sin embargo, la disciplina de tal modo que se convierta en aptitud interna de los alumnos, por virtud de la cual se acepte la autoridad de los superiores con convicción íntima o en conciencia (cf. Rom. 13, 5) y por motivos sobrenaturales. Aplíquense, no obstante, las normas de la disciplina según la edad de los alumnos, de forma que, mientras aprenden poco a poco a gobernarse a sí mismos, se acostumbren a usar prudentemente de la libertad, a obrar según la propia iniciativa y responsabilidad 672 y a colaborar con sus compañeros y con los seglares.

Toda la vida del Seminario, improntada por el amor a la piedad y al silencio y la preocupación por la mutua ayuda, ha de ordenarse de modo que constituya como una iniciación de la vida que luego ha de llevar el sacerdote.

12. A fin de que la formación espiritual tenga fundamento verdaderamente sólido, y los alumnos abracen su vocación con una elección maduramente deliberada, podrán los Obispos establecer un intervalo conveniente de tiempo que se dedique a formación espiritual más intensa. A su juicio queda también decidir la oportunidad de determinar cierta interrupción en los estudios o disponer un conveniente ensayo pastoral para probar mejor a los candidatos al sacerdocio. También se deja a la decisión de los Obispos, según las condiciones de cada región, el poder retrasar la edad exigida al presente por el derecho común para las órdenes sagradas, y resolver sobre la oportunidad de establecer que los alumnos, una vez terminados los estudios de teología, practiquen durante algún tiempo conveniente el orden del diaconado, antes de ser promovidos al sacerdocio.

V. REVISION DE LOS ESTUDIOS ECLESIASTICOS

13. Antes de que los seminaristas emprendan los estudios propiamente eclesiásticos, deben poseer ya una formación humanista y científica semejante a la que necesitan los jóvenes de su nación para entrar en los estudios superiores, y deben, además, adquirir tal conocimiento de la lengua latina que puedan entender y usar las fuentes de tantas ciencias y los documentos de la Iglesia 673 . Téngase como obligatorio en cada rito el estudio de la lengua litúrgica y foméntese, en sumo grado, el adecuado conocimiento de las lenguas usadas en la Sagrada Escritura y en la Tradición.

14. En la revisión de los estudios eclesiásticos se ha de atender, sobre todo, a coordinar más adecuadamente las disciplinas filosóficas y teológicas, para que juntas tiendan a descubrir más y más las mentes de los alumnos hacia el Misterio de Cristo, que se refiere a toda la historia del género humano, influye constantemente en la Iglesia y opera, sobre todo, mediante el ministerio sacerdotal 674 .

Para comunicar esta visión a los alumnos ya desde los umbrales de su formación, los estudios eclesiásticos han de incoarse con un curso de introducción que deberá durar el tiempo que sea necesario. En esta iniciación de los estudios propóngase el Misterio de la salvación, de forma que los alumnos se percaten del sentido y del orden de los estudios eclesiásticos, y de su fin pastoral, a la par que sean ayudados a fundamentar e imbuir toda su vida personal con la fe, y se confirmen en abrazar la vocación con plena entrega personal y alegría de su alma.

15. Las disciplinas filosóficas se han de enseñar de suerte que los alumnos se vean como llevados de la mano, ante todo, a un conocimiento sólido y coherente del hombre, del mundo y de Dios, apoyados en el patrimonio filosófico perennemente válido 675 , teniendo también en cuenta las investigaciones filosóficas de los tiempos modernos, sobre todo las que más influyen en la propia nación, y el progreso más reciente de las ciencias, de forma que los alumnos, conociendo bien la índole de la época presente, se preparen oportunamente para el diálogo con los hombres de su tiempo 676 .

La historia de la filosofía enséñese de suerte que los alumnos, al mismo tiempo que conocen los últimos principios de los varios sistemas, retengan lo que en ellos haya de verdad, y descubran las raíces de los errores y sepan refutarlos.

En el modo de enseñar, infúndase en los alumnos el amor de investigar la verdad con todo rigor, de respetarla y de demostrarla juntamente con la honrada aceptación de los límites del conocimiento humano. Atiéndase con gran cuidado a las relaciones de la filosofía con los verdaderos problemas de la vida, y a las cuestiones que conmueven a las almas de los alumnos. Se les ayude también a ver los nexos existentes entre los argumentos filosóficos y los misterios de la salvación que, en la teología se consideran bajo la luz superior de la fe.

16. Las disciplinas teológicas han de enseñarse a la luz de la fe y bajo la guía del Magisterio de la Iglesia 677 , de modo que de la Divina Revelación deduzcan los alumnos cuidadosamente la doctrina católica, penetren en ella profundamente, la conviertan en alimento de su propia vida espiritual 678 de suerte que en su ministerio sacerdotal puedan anunciarla, exponerla y defenderla.

Fórmense con diligencia especial los alumnos en el estudio de la Sagrada Escritura 679 , que debe ser como el alma de toda la teología; una vez expuesta una introducción conveniente, iníciense con cuidado en el método de la exégesis, estudien los temas más importantes de la Divina Revelación, y en la lectura diaria y en la meditación de las Sagradas Escrituras reciban estímulo y alimento 680 .

Ordénese la teología dogmática de forma que, ante todo, se propongan los temas bíblicos; expóngase luego a los alumnos la contribución que los Padres de la Iglesia del Oriente y del Occidente han aportado en la fiel transmisión y evolución de cada una de las verdades de la Revelación, igualmente la historia posterior del dogma -considerada incluso en relación con la historia general de la Iglesia 681 -; aprendan luego los alumnos a ilustrar los misterios de la salvación, cuanto más puedan, y comprenderlos más profundamente y observar sus mutuas relaciones por medio de la especulación siguiendo las enseñanzas de Santo Tomás 682 ; aprendan también a reconocerlos presentes y operantes en las acciones litúrgicas 683 y en toda la vida de la Iglesia; a buscar la solución de los problemas humanos bajo la luz de la Revelación; a aplicar sus eternas verdades a la variable condición de las cosas humanas, y a comunicarlas de un modo apropiado a los hombres de su tiempo 684 .

Renuévense igualmente las demás disciplinas teológicas por un contacto más vívido con el misterio de Cristo y la historia de la salvación. Aplíquese un cuidado especial en perfeccionar la Teología moral, cuya exposición científica, más nutrida con la doctrina de la Sagrada Escritura, explique la grandeza de la vocación de los fieles en Cristo, y la obligación que tienen de producir su fruto por la vida del mundo en la caridad. De igual manera, en la exposición del Derecho canónico y en la enseñanza de la Historia eclesiástica, atiéndase al Misterio de la Iglesia, según la Constitución dogmática De Ecclesia, promulgada por este Sacrosanto Concilio. La sagrada Liturgia, que ha de considerarse como la fuente primera y necesaria del espíritu verdaderamente cristiano, enséñese según el espíritu de los artículos 15 y 16 de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia 685 .

Teniendo bien en cuenta las condiciones de cada región, se oriente a los alumnos a un conocimiento más completo de las Iglesias y Comunidades eclesiales separadas de la Sede Apostólica Romana, para que puedan contribuir a la restauración de la unidad entre todos los cristianos, que ha de procurarse según las normas de este Sagrado Concilio 686 .

Introdúzcase también a los alumnos en el conocimiento de las otras religiones más extendidas en cada región, para que puedan conocer mejor lo que, por disposición de Dios, tienen de bueno y verdadero, y para que aprendan a refutar los errores y puedan comunicar la luz plena de la verdad a los que no la tienen.

17. Pero como la instrucción doctrinal no debe tender únicamente a la comunicación de ideas, sino a la formación verdadera e interior de los alumnos, han de revisarse los métodos didácticos, tanto por lo que se refiere a las explicaciones, cursillos y ejercicios, como en lo que mira a promover el estudio de los alumnos, en particular o en equipos. Procúrese diligentemente la unidad y la solidez de la formación, evitando el exceso de asignaturas y de clases y omitiendo cuestiones sin verdadera importancia, o que deban dejarse para los altos estudios universitarios.

18. Los Obispos han de procurar que los jóvenes aptos por su carácter, su virtud y su ingenio sean enviados a Institutos especiales, Facultades o Universidades, para que sacerdotes, formados con mayor solidez científica, se preparen en las ciencias sagradas o en otras que se crean convenientes, y se capaciten para las diversas necesidades del apostolado; pero no se descuide en modo alguno su formación espiritual y pastoral, sobre todo si aún no son sacerdotes.

VI. FORMACION PASTORAL INTENSIFICADA

19. La preocupación pastoral, que debe imbuir toda la formación de los alumnos 687 , exige también que sean instruidos diligentemente en todo lo que se refiere de una manera especial al sagrado ministerio, sobre todo en la catequesis y en la predicación, en el culto litúrgico y en la administración de los sacramentos, en las obras de caridad, en la obligación de acudir a los que yerran o no creen, y en los demás deberes pastorales. Fórmense cuidadosamente en el arte de dirigir las almas, para que puedan formar bien a todos los hijos de la Iglesia en una vida cristiana totalmente consciente y apostólica, y en el cumplimiento de los deberes de su estado; aprendan con igual cuidado a ayudar a los religiosos y religiosas para que perseveren en la gracia de su propia vocación y progresen según el espíritu de los diversos Institutos 688 .

En general, cultívense en los alumnos las cualidades convenientes, sobre todo las que se refieren al trato con los hombres, como son la capacidad de escuchar a otros y de abrir el alma con espíritu de caridad ante las variadas circunstancias de la humana convivencia 689 .

20. Enséñeseles también a usar los medios que pueden ofrecerles las ciencias pedagógicas, o psicológicas, o sociológicas 690 , según los métodos rectos y las normas de la Autoridad Eclesiástica. Instrúyaseles también para suscitar y fomentar la acción apostólica de los seglares 691 , y para promover las varias y más eficaces formas de apostolado; y llénense de un espíritu tan católico que se acostumbren a traspasar los límites de la propia diócesis, nación o rito y acudir a las necesidades de toda la Iglesia, dispuestos a predicar el Evangelio en todas partes 692 .

21. Por ser necesario que los alumnos aprendan a ejercitar el arte del apostolado no sólo en la teoría, sino también en la práctica, y que puedan trabajar con responsabilidad propia y en unión con otros, deben ser iniciados en la práctica pastoral, no sólo durante el curso de sus estudios, sino también aun durante las vacaciones, por medio de ejercicios oportunos. Estos deben realizarse metódicamente y bajo la dirección de varones expertos en asuntos pastorales, según lo pida la edad de los alumnos, y según las condiciones de los lugares, de acuerdo con el prudente juicio de los Obispos, teniendo siempre presente la superior eficacia de los auxilios sobrenaturales 693 .

VII. PERFECCIONAMIENTO DE LA FORMACION DESPUES DE LOS ESTUDIOS

22. Las circunstancias en que se desarrolla la moderna sociedad aconsejan singularmente que la formación sacerdotal siga y aun se complete, una vez concluidos los cursos de estudio en los Seminarios 694 . Por ello las Conferencias Episcopales podrán en cada nación servirse de los medios más aptos, como son los Institutos de Pastoral que cooperan con parroquias oportunamente elegidas, las asambleas reunidas en tiempos determinados, los ejercicios apropiados, con cuyo auxilio el clero joven sea introducido gradualmente a la vida sacerdotal y a la vida apostólica bajo el aspecto espiritual, intelectual y pastoral, quedando así capacitado para renovarlas y fomentarlas cada vez más.

Conclusión

Los Padres de este Sacrosanto Concilio, siguiendo la obra comenzada por el de Trento, mientras confiados entregan a los Superiores y profesores de los Seminarios el deber de formar a los futuros sacerdotes de Cristo en el espíritu de renovación promovido por este Sacrosanto Concilio, exhortan ardientemente a los que se preparan para el ministerio sacerdotal a que piensen bien cómo en ellos se deposita la esperanza de la Iglesia y la salvación de las almas, y a que reciban de buen grado las normas de este Decreto, de forma que lleguen a producir frutos ubérrimos que permanezcan para siempre.


647

Que la perfección de todo el pueblo de Dios -por voluntad de Cristo mismo- depende principalmente del ministerio de los sacerdotes, consta por las palabras con que el Señor constituyó a los apóstoles y a sus sucesores y cooperadores como heraldos del Evangelio, guías elegidos del nuevo Pueblo y dispensadores de los misterios de Dios; lo mismo está confirmado por la doctrina de los Padres y de los Santos, así como por los reiterados documentos de los Sumos Pontífices. Cf., ante todo:
S. Pius X, exh. HA l. c., 237-264.
Pius XI, e. CS l. c., 37-52.
Pius XII, exh. MN l. c., 657-702.
Ioannes XXIII, e. SN l. c., 545-579.
Paulus VI, Ep. Ap. Summi Dei Verbum 4 nov. 1963 A. A. S. 55 (1963) 979-995.

648

Toda la formación sacerdotal, esto es, la organización del Seminario, la formación espiritual, el plan de estudios, la vida común y la disciplina de los alumnos, los ejercicios pastorales, han de adaptarse a las distintas circunstancias de los lugares. Esta adaptación, en sus principios generales, debe hacerse según normas generales: éstas han de establecerse en las Conferencias de Obispos, y, en la forma que proceda, por los competentes Superiores para el clero regular. Cf. S. C. de Rel., const. ap. Sedes Sapientiae c. adn. Stat. Gen., a. 19: 2a. ed., Romae 1957. p. 38 ss.

649

Entre las principales preocupaciones, actualmente, de la Iglesia -en todas partes- figura especialmente la escasez de vocaciones.
Cf. Pius XII, exh. MN: "el número de los sacerdotes -así en las naciones católicas como en las tierras de misión- son plenamente insuficientes para las necesidades crecientes sin cesar".
Ioannes XXIII: "El problema de las vocaciones eclesiásticas y religiosas es la cotidiana preocupación del Papa..., es el anhelo de su oración, es la ardiente aspiración de su alma" (Ex Alloc. ad I Congr. Intern. de Vocationibus ad Status Perfectionis" 16 dec. 1961 A. A. S. 54 (1962) 33.

650

Pius XII, Const. Ap. Sedes Sapientiae 31 mai. 1956 A. A. S. 48 (1956) 357. Paulus VI, ep. Summi D. V. l. c., 984 ss.

651

Cf. sobre todo: Pius XII, Motu pr. Cum nobis "de Pontificio Opere Vocationum Sacerdotalium apud S. Congr. Seminariis et Studiorum Universitatibus praepositam constituendo", 4 nov. 1941 A. A. S. 33 (1941) 479, cum adnexis Statutis et Normis ab eadem S. Congr. promulgatis die 8 sept. 1943. Motu pr. Cum supremae "de Pontificio Opere primario religiosarum vocationum" 11 febr. 1955 A. A. S. 47 (1955) 266, cum adnexis Statutis et Normis a S. Congr. de Religiosis promulgatis (ibid., 298-301); Conc. Vat. II, d. PC 24; d. CD 15.

652

Cf. Pius XII, exh. MN l. c., 685.

653

Cf. Conc. Vat. II, c. d. LG 28 l. c., 34.

654

Cf. Pius XI, e. CS l. c., 37: "Ante todo, se debe hacer con mucho miramiento la elección de superiores y maestros... Dad a vuestros Seminarios los mejores sacerdotes, sin reparar en quitarlos de cargos aparentemente más importantes, pero que, en realidad, no pueden ponerse en parangón con esa obra capital e insustituible". Principio (el de escoger a los mejores), que reitera Pío XII en sus Litt. Ap. ad Ordinarios Brasiliae..., 23 apr. 1947 DR 9, 579-580.

655

De la obligación que todos tienen, de ayudar a los Seminarios, cf. Paulus VI, ep. ap. SDV l. c., 984.

656

Cf. Pius XII, exh. MN l. c., 684; et cf. S. Congr. de Sacramentis, Litt. circulares Magna equidem ad locorum Ordinarios 27 dec. 1935, n. 10. Pro religiosis cf. Statuta Generalia, ya cit. (Sedes Sapientiae) l. c., 33. Paulus VI ep. cit. SDV l. c., 987 ss.

657

Cf. Pius XI, e. ACS l. c., 41.

658

Se establece que, en la formación de los Estatutos para Seminarios regionales o nacionales, tomen parte todos los Obispos a quienes interesa, derogándos el cn. 1357 § 4 C.I.C.

659

Cf. Pius XII, exh. MN l. c., 674; S. Congr. de Sem. et Stud. Univ., La Formazione spirituale del candidato al sacerdozio, Citta d. Vat., 1965.

660

Cf. S. Pius X, exh. HA l. c., 242-244; Pius XII, exh. MN l. c., 659-661; Ioannes XXIII, e. SN l. c., 550 ss.

661

Cf. Pius XII, e. MD l. c., 547 ss. et 572 ss.; Ioannes XXIII, Adh. Ap. Sacrae Laudis 6 ian. 1962 A. A. S. 54 (1962) 69; Conc. Vat. II, c. SC 16 et 17, l. c., 104 ss.; S. C. Rit., Instructio ad exsecutionem Const. de Sacra Lit. recte ordinandam 26 sept. 1964, 14-17 A. A. S. 56 (1964) 880 ss.

662

Cf. Ioannes XXIII, e. SN l. c., 559 ss.

663

Cf. Conc. Vat. II, c. d. LG 28 l. c., 35 ss.

664

S. Aug., In Io. tr. 32, 8 PL 35, 1646.

665

Cf. Pius XII, exh. MN l. c., 662 ss., 685, 690; Ioannes XXIII, e. SN l. c., 551-553, 556 ss.; Paulus VI, e. ES l. c., 634 ss.; Conc. Vat. II, c. d. LG, principalmente n. 8, l. c., 12.

666

Cf. Pius XII, e. SV l. c., 165 ss.

667

Cf. S. Cypr. De habitu virginum 22 PL 4, 475; S. Ambr. De virginibus 1, 8, 52 PL 16, 202 ss.

668

Cf. Pius XII, exh. MN l. c., 663.

669

Cf. Pius XII, e. SV l. c., 170-174.

670

Cf. Pius XII, exh. MN l. c., 664 et 690 ss.

671

Cf. Paulus VI, ep. SDV cit., l. c., 991.

672

Cf. Pius XII, exh. MN l. c., 686.

673

Cf. Paulus VI, ep. cit. SDV l. c., 993.

674

Cf. Conc. Vat. II, c. d. LG 7 et 28, l. c. 9-11; 33.

675

Cf. Pius XII, e. HG l. c., 571-575.

676

Cf. Paulus VI, e. ES l. c., 637 ss.

677

Cf. Pius XII, e. HG l. c., 567-569; Allocutio Si diligis 31 mai. 1954 A. A. S. 46 (1954) 314 ss.; Paulus VI, Allocutio in Gregoriana Pot. Stud. Universitate hab. d. 12 mart. 1964 A. A. S. 56 (1964) 364 ss.; Conc. Vat. II, c. d. LG 25, l. c., 29-31.

678

Cf. S. Bonaventura, Itinerarium mentis in Deum prol., n. 4: "(Nemo) credat quod sibi sufficiat lectio sine unctione, speculatio sine devotione, investigatio sine admiratione, circumspectio sine exsultatione, industria sine pietate, scientia sine charitate, intelligentia sine humilitate, studium sine divina gratia, speculum absque sapientia divinitus inspirata" (S. Bonaventura, Opera omnia, V. Quaracchi, 1891, p. 296.
[Traducimos: "(Nadie) crea que le basta la lectura [cátedra: explicación] sin la unción, la especulación sin la devoción, la investigación sin la admiración, la observación sin la alegría, la actividad sin el celo divino, la ciencia sin la caridad, la inteligencia sin la humildad, el estudio sin la divina gracia, el conocimiento reflejado sin la sabiduría divinamente inspirada". Hemos traducido "speculum" por "conocimiento reflejado", conforme a la teoría del Itinerarium.- Véase en nuestra Introducción (números romanos)].

679

Cf. Leo XIII Encycl. Providentissimus Deus 18 nov. 1893 A.S.S. 26 (1893-1894) 283.

680

Cf. Pont. Commissio de Re Biblica Instructio de Sacra Scriptura recte docenda 13 mai. 1950 A. A. S. 42 (1950) 502.

681

Cf. Pius XII, e. HG l. c., 568 ss.: "... con el estudio de las fuentes sagradas se rejuvenecen continuamente las sagradas ciencias, mientras que, por lo contrario, una especulación que deja ya de investigar el depósito de la fe, se hace estéril, como vemos por experiencia".

682

Cf. Pius XII, Sermo ad Alumnos Seminariorum, 24 iun. 1939 A. A. S. 31 (1939) 247: "La emulación ... en buscar y propagar la verdad no queda suprimida por la recomendación de la doctrina de Santo Tomás; crece más bien y siempre dirigida con toda seguridad". Paulus VI Allocutio in Gregoriana Pont. Studiorum Univ. habita 12 martii 1964 A. A. S. 56 (1964) 365: "[Los Maestros]... escuchen con reverencia la voz de los Doctores de la Iglesia, entre los cuales ocupa el principal lugar el Santo de Aquino; porque tanto es el vigor de su mente, tan sincero el amor a la verdad, y tanta la sabiduría en investigar las verdades más profundas, en aclararlas y en concordarlas con el más estrecho vínculo de la unidad, que su doctrina no sólo es el más eficaz instrumento para colocar en seguro lugar los fundamentos de la Fe, sino también para captar con provecho y seguridad los frutos del progreso". Cf. et. Allocutio coram VI Congr. Intern. Thomistico 10 sept. 1965: A. A. S. (1965) 788-792.

683

Cf. Conc. Vat. II, c. SC 7 et 16, l. c., 100 ss. 104 ss.

684

Cf. Paulus VI, e. ES l. c., 640 ss.

685

Conc. Vat. II, c. SC 10. 14. 15. 16; S. C. Rituum Instructio ad exsecutionem Constitutionis de Sacra Liturgia recte ordinandam cit., l. c., 879 ss.

686

Cf. Conc. Vat. II, d. UR 1. 9. 10 A. A. S. 57 (1965) 90 et 98 ss.

687

La imagen perfecta del pastor puede deducirse de los documentos -de los más recientes Pontífices- que tratan de la vida, dotes y formación de los Sacerdotes; principalmente: S. Pius X, exh. HA cit. c., 237 ss. Pius XI, e. ACS cit., l. c., 5 ss. Pius XII, exh. MN cit., l. c., 979 ss. Ioannes XXIII, e. SN cit., l. c., 545 ss. Paulus VI, ep. SDV l. c. 979 ss. Sobre la formación pastoral se hallan no pocas cosas también en la e. MC (1943), MD (1947), EP (1951), SV (1954), MSD (1955), PP (1959), así como en la Const. Apost. Sedes Sapientiae (1956) para los Religiosos. Pío XII, Juan XXIII y Pablo VI, en sus alocuciones a seminaristas y sacerdotes, han ilustrado también muchas veces la figura del buen pastor.

688

De la importancia del estado, constituido por la profesión de los consejos evangélicos cf. Conc. Vat. II, c. d. LG cap. VI, l. c., 49-53; d. PC.

689

Cf. Paulus VI, e. ES cit. passim, principalmente, l. c., 635 ss., 640 ss.

690

Cf., ante todo, Ioannes XXIII, e. MM cit., l. c., 401 ss.

691

Cf. principalmente Conc. Vat. II, c. d. LG 33, l. c., 39.

692

Cf. Conc. Vat. cit., c. d. cit., 17, l. c., 20 ss.

693

Muchos documentos de los Pontífices previenen contra el peligro de -dentro de la actuación pastoral- descuidar el fin sobrenatural y, por lo menos, estimar en poco, prácticamente, los auxilios sobrenaturales; cf., ante todo, los docs. cits. en la nota 41.

694

Los más recientes documentos de la S. Sede sobre los neosacerdotes insisten en que hay que tener un especial cuidado de los neosacerdotes. Merecen recordarse, sobre todo: Pius XII, Motu pr. Quandoquidem 2 april. 1949 A. A. S. 41 (1949) 165-167; exh. MN l. c.; Const. Apost., ya cit. (pro Religiosis), Sedes Sapientiae et Statuta Generalia adnexa; Allocutio ad sacerdotes "Convictus Barcinonensis" 14 iunii 1957 DR 19, 271-273. Paulus VI, Allocutio coram sacerdotibus Instituti "Gian Matteo Giberti" dioec. Veronensis, 11 mart. 1964: Oss. Rom. 13 marz. 1964.
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