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P. Alfonso Salmer√≥n, Comentario a la aparici√≥n del Se√Īor a los disc√≠pulos que iban camino de Ema√ļs (Lc 24,13-35)
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Comentario a la aparici√≥n del Se√Īor a los disc√≠pulos que iban camino de Ema√ļs (Lc 24,13-35)

El padre Alfonso Salmer√≥n, S.I., es uno de los primeros compa√Īeros de San Ignacio de Loyola. Juntamente con √©l participa en la oblaci√≥n de Montmartre (Par√≠s 1534), considerada como el acto fundacional de lo que luego ser√° la Compa√Ī√≠a de Jes√ļs. Nacido en 1515 en las vecindades de Toledo (Espa√Īa), desde los 17 a√Īos de edad se vincul√≥ al n√ļcleo parisino que rodeaba a Ignacio. Escribi√≥ la obra m√°s vasta de aquellos primeros jesuitas, su comentario al Nuevo Testamento, en 16 vol√ļmenes, que fue publicado p√≥stumamente. Fue convocado a la presencia del Padre en 1585.

El comentario del padre Salmer√≥n a la aparici√≥n del Se√Īor a los disc√≠pulos de Ema√ļs ha sido tomado de sus Commentarii in Evangelicam Historiam et in Acta Apostolorum, t. XI, Colonia, 1602.

Los n√ļmeros de p√°gina indicados corresponden a la edici√≥n impresa.

Tratado XIV

Sobre la aparici√≥n del Se√Īor Jes√ļs a los dos disc√≠pulos que se dirig√≠an hacia la aldea de Ema√ļs, seg√ļn las palabras de Lucas: ¬ę13 Y dos de ellos aquel mismo d√≠a iban a una aldea, llamada Emma√ļs, que distaba de Jerusal√©n sesenta estadios. 14 Y ellos iban conversando entre s√≠ de todas estas cosas, que hab√≠an acaecido. 15 Y como fuesen hablando y conferenciando el uno con el otro, se lleg√≥ a ellos el mismo Jes√ļs, y caminaba en su compa√Ī√≠a; 16 mas los ojos de ellos estaban detenidos, para que no le conociesen. 17 Y les dijo: "¬ŅQu√© pl√°ticas son esas, que trat√°is entre vosotros caminando, y por qu√© est√°is tristes?". 18 Y respondiendo uno de ellos, llamado Cleof√°s, le dijo: "¬ŅT√ļ s√≥lo eres forastero en Jerusal√©n, y no sabes lo que all√≠ ha pasado estos d√≠as?". 19 √Čl les dijo: "¬ŅQu√© cosa?" Y respondieron: "De Jes√ļs Nazareno, que fue un var√≥n profeta, poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo; 20 Y c√≥mo le entregaron los sumos sacerdotes y nuestros pr√≠ncipes a condenaci√≥n de muerte, y le crucificaron. 21 Mas nosotros esper√°bamos que √©l era el que hab√≠a de redimir a Israel; y ahora sobre todo esto hoy es el tercer d√≠a, que han acontecido estas cosas. 22 Aunque tambi√©n unas mujeres de las nuestras nos han espantado, las cuales antes de amanecer fueron al sepulcro, 23 Y no habiendo hallado su cuerpo, volvieron, diciendo que hab√≠an visto all√≠ visi√≥n de √°ngeles, los cuales dicen que √©l vive. 24 Y algunos de los nuestros fueron al sepulcro; y lo hallaron, as√≠ como las mujeres lo hab√≠an referido, mas a √©l no lo hallaron"¬Ľ (Lc 24,13-24).

Por qu√© se puede entender que, si bien Marcos y Lucas difieren acerca de los dos disc√≠pulos que iban a Ema√ļs, a quienes se apareci√≥ el Se√Īor en el camino, se trata de una misma historia

En primer lugar notamos que s√≥lo Marcos y Lucas recuerdan esta aparici√≥n. Y Marcos lo hace de manera ciertamente breve, diciendo: ¬ę12 Mas despu√©s de esto se mostr√≥ en otra forma a dos de ellos, que iban a una aldea. 13 Y √©stos fueron a decirlo a los otros; y tampoco les creyeron¬Ľ (Mc 16,12-13).

Por el contrario, Lucas narra m√°s ampliamente lo relacionado a esta aparici√≥n, como por ejemplo la aparici√≥n a Mar√≠a Magdalena sola. Marcos se restringe a pocas palabras, mientras que Juan suele poner muchas. Ahora bien, tanto en Marcos como en Lucas se muestra que eran dos de los disc√≠pulos, que iban a una aldea, que Marcos llama en griego agron y Lucas komen, y que la mayor√≠a de los traductores han vertido como castellum, mientras que agron como villam. Muestra tambi√©n que se apareci√≥ con otra forma o vestimenta; pues tambi√©n aqu√≠ se dice que sus ojos les eran retenidos para que no lo reconociesen. Finalmente, est√° adem√°s aquello de: ¬ęY √©stos fueron a decirlo a los otros; y tampoco los creyeron¬Ľ. Tambi√©n Lucas narra que √©stos regresaron inmediatamente de la aldea a Jerusal√©n, y que anunciaron que hab√≠an visto al Se√Īor en el camino.

Se refuta una objeción

Una sola cosa parece no concordar, a saber, que Marcos dice que los disc√≠pulos no le creyeron a aquellos dos disc√≠pulos, mientras que Lucas recuerda que los disc√≠pulos congregados le dijeron a ellos dos que el Se√Īor hab√≠a resucitado y se hab√≠a aparecido a Sim√≥n. A partir de esta aparente disonancia, Eutimio, en su comentario a Marcos1, y el hereje Ostander juzgaron que los disc√≠pulos de los que habla Marcos no son los mismos que aquellos de los que habla Lucas. Pero ya que esto es una lev√≠sima conjetura y los Evangelistas concuerdan en todo lo dem√°s, hemos de decir con San Agust√≠n en su libro De consensu Evangelistarum2 que hubo algunos de los disc√≠pulos que no creyeron, como Tom√°s y otros, que no lo hab√≠an visto y no cre√≠an a√ļn. Por otro lado, hubo otros que lo hab√≠an visto, como por ejemplo Pedro y Santiago. Y tambi√©n hubo quienes confiaron en ellos. Y √©stos dijeron: ¬ę¬°Ha resucitado el Se√Īor verdaderamente, y ha aparecido a Sim√≥n!¬Ľ. Tambi√©n Mateo escribe que algunos de los disc√≠pulos creyeron y que otros dudaron cuando se dej√≥ ver en Galilea. Pasemos ahora a explicar el texto.

Cristo Pastor vela, cuida y custodia sus ovejas

Ecce duo ex illis. El adverbio Ecce ("he aqu√≠"), indica que esta historia aconteci√≥ inmediatamente despu√©s del anuncio de los √°ngeles a las mujeres, y de ellas a los Ap√≥stoles. Y esta historia es ciertamente extraordinaria, edificante y admirable, muy digna de ser conocida y de ser o√≠da, pues en ella Cristo habr√≠a de mostrar su singular amor para con los disc√≠pulos, amor que congregaba a sus ovejas dispersas. As√≠ pues, cuando dice el Evangelista duo ex illis ("dos de ellos"), has de entender "de los disc√≠pulos del Se√Īor", pues antes ha dicho: "fueron a contar todo esto a los once, y a todos los dem√°s" (v. 9). Y has de entender que aquellos dos disc√≠pulos partieron despu√©s del primer anuncio que hicieron las mujeres a los ap√≥stoles, no despu√©s de la segunda, porque en las palabras que dirigieron al Se√Īor recuerdan que unas mujeres antes de amanecer fueron al sepulcro, y no habiendo hallado su cuerpo, volvieron diciendo que hab√≠an visto unos √°ngeles que dec√≠an que √©l vive; pero no narran que las mujeres hab√≠an visto al Se√Īor mismo, lo cual era algo m√°s importante, y narran lo que les parec√≠a de mayor importancia, por lo que parece que hab√≠an o√≠do el primer anuncio de las mujeres pero no el segundo.

Qui√©n era el segundo de los disc√≠pulos que iba a Ema√ļs, compa√Īero de Cleof√°s

Estos disc√≠pulos eran setenta en n√ļmero. Sobre el segundo consta que se llamaba Cleof√°s, pero el Evangelista no indica qui√©n era el compa√Īero que iba con √©l. Esto ha dado lugar a diversas conjeturas y opiniones.

1ra. opinión: Orígenes

Orígenes en su comentario a San Juan3 afirma dos veces que Simón y Cleopás eran los nombres de los que decían Tu solus peregrinus es in Jerusalem y Nonne cor nostrum ardens erat in nobis, etc. Nuevamente dice lo mismo en su libro contra el filósofo Celso4. Lo mismo sostiene San Basilio en el cap. 6 de Isaías5, aproximadamente hacia la mitad. Sin embargo, ya que esta conjetura tan sólo cuenta con la autoridad de éstos y no se sustenta en motivos muy sólidos, no constituye una cosa de suficiente certeza. En efecto, había dos Simones entre los Apóstoles, uno era Simón Pedro, y el otro Simón el Cananeo. Y ninguno de los dos puede ser el que se menciona en este lugar, porque se dice en el texto que al regresar encontraron congregados a los once, así que no puede ser ninguno de ellos.

2da. opinión: Doroteo y Leoncio

Doroteo en su Sinopsis atestigua que Cleop√°s era llamado Sim√≥n. Y as√≠ Sim√≥n y Cleop√°s ser√≠an la misma persona. Leoncio anota en su comentario a Lucas que el compa√Īero de Cleop√°s era Sim√≥n, no Sim√≥n Pedro, ni el cananeo, sino otro del n√ļmero de los setenta. Pero ni Doroteo en su Sinopsis, ni Hip√≥lito en su op√ļsculo sobre los Setenta disc√≠pulos dicen nada acerca de otro disc√≠pulo llamado Sim√≥n, por lo que esto no parece tener mucha firmeza.

3ra. opinión: Epifanio

Epifanio al dirigirse a los Satunilianos dice así: "Pero el Evangelista Lucas afirma que el Salvador mismo fue visto en el camino por Natanael y Cleopás, después de su resurrección de entre los muertos, y que les mostró a partir de los Profetas que era necesario que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día"6. Pero Epifanio no dice de dónde lo toma. Y si Natanael se refiere a Bartolomé, como hemos dicho en el libro cuarto, el segundo discípulo no podría haber sido Natanael. Y si no, no podría haber sido de los setenta discípulos, pues ni en el catálogo que escribieron Hipólito Mártir ni en la Sinopsis de Doroteo se hace mención de un tal Natanael discípulo de Cristo.

4ta. opinión: Ambrosio

Ambrosio en su comentario a Lucas7 atestigua que este segundo disc√≠pulo era llamado Ama√≥n, hijo de Rusio, con un nombre no del todo distinto del lugar al que se dirig√≠an, que se llamaba Ema√ļs, o Ama√ļs seg√ļn Josefo8. Pero ya que quienes hacen el cat√°logo de los setenta disc√≠pulos no lo mencionan, no parece que esta opini√≥n sea consistente.

5ta. opinión

Cierto escritor reciente dice que se trata de Santiago el Justo, de quien el Ap√≥stol da testimonio que a √©l se la apareci√≥. Pero dos cosas parecen oponerse a esta afirmaci√≥n: primero, que Pablo habla de una aparici√≥n hecha solamente a Santiago9, mientras que en esta historia no se apareci√≥ s√≥lo a uno sino tambi√©n al otro; y segundo, que Santiago, sea el hermano de Juan, sea el hijo de Alfeo llamado hermano del Se√Īor, debe ser contado entre el n√ļmero de los once que √©stos dos encontraron congregados al regresar.

6ta. opinión, que place al autor

Finalmente, est√° la opini√≥n m√°s com√ļn y probable, de que este segundo disc√≠pulo habr√≠a sido el Evangelista Lucas. Lo afirman Doroteo en su Sinopsis, en la Vida de Cleof√°s, Teofilacto Sobre Lucas, Sime√≥n Metafrastes en la Vida de San Lucas, y Nic√©foro Calixto en su Historia Eclesi√°stica10. De los latinos lo afirma Gregorio en el pr√≥logo a sus Moralia11. Y afirman esto como lo m√°s probable. Dan como argumento que es usual que el escritor hable de s√≠ mismo en tercera persona. Por eso dice C√©sar en sus comentarios: Y C√©sar hizo esto, o aquello, como si hablase de otra persona. Tambi√©n Mois√©s habla frecuentemente de s√≠ en tercera persona. Tambi√©n lo hace con frecuencia Juan, cuando dice "el disc√≠pulo a quien Jes√ļs amaba". Y Pablo: "S√© de un hombre en Cristo, el cual hace catorce a√Īos" (1Cor 12). Pero es cierto que no siempre observaban esta costumbre, pues a veces se transmiten a s√≠ mismos, como el mismo Pablo cuando dice: "Y en √ļltimo t√©rmino se me apareci√≥ tambi√©n a m√≠, como a un abortivo" (1Cor 15). Pero Lucas por humildad no menciona nunca su nombre. Tambi√©n se conjetura que Lucas habr√≠a sido aqu√©l segundo disc√≠pulo porque describe las circunstancias de esta aparici√≥n tan detallada y copiosamente que m√°s parece que √©l estuvo all√≠ y no que se lo haya narrado otro.

Se resuelven los argumentos en favor de esta opinión

1er argumento

Pero algunas cosas parecen oponerse a esta opini√≥n. En primer lugar, que San Jer√≥nimo en su libro De hebraicis quaestionibus dice que mientras Lucas vivi√≥ no fue nunca de los disc√≠pulos del Se√Īor, sino del Ap√≥stol Pablo12. Pero esto parece que se puede resolver f√°cilmente, pues Doroteo en su Sinopsis, Hip√≥lito en su cat√°logo de los setenta y dos disc√≠pulos, y Epifanio al final del primer tomo y al inicio del cap. 51 In haeresim, cuentan todos ellos a Lucas entre los setenta disc√≠pulos del Se√Īor.

2do. argumento

En segundo lugar objetan que Lucas se cuenta a s√≠ mismo entre los que recibieron el Evangelio de aquellos que hab√≠an visto y hab√≠an sido ministros de la palabra; y que por lo tanto √©l mismo ni vio ni fue ministro de la palabra; y por consiguiente no habr√≠a sido tampoco un disc√≠pulo del Se√Īor Jes√ļs. Pero puede decirse que no se cont√≥ entre los que hab√≠an visto por haber visto muy poco (Lc 1ss). O tambi√©n por haber sido de los que se escandalizaron al escuchar las palabras del Se√Īor "Si no com√©is de la carne del hijo del hombre" (Jn 6). As√≠ lo atestiguan los tres autores que hemos mencionado. Ciertamente podr√≠a haber visto algunas de las cosas que escribi√≥ en el Evangelio, pero haber recibido la mayor√≠a de quienes las vieron.

Por qué Lucas al inicio de su Evangelio no se cuenta entre los ministros de la palabra

Y el que no se cuente a s√≠ mismo entre los ministros de la palabra es claramente debido a su humildad, por haber querido otorgar este t√≠tulo honor√≠fico tan s√≥lo a los Ap√≥stoles, o por haberse considerado indigno de contarse entre los setenta y dos por haberse escandalizado por las palabras dichas del Se√Īor acerca de su carne y de su sangre.

3er. argumento

En tercer lugar se puede objetar que cuando Pablo enumera las apariciones de Cristo en su primera carta a los Corintios13, no hace menci√≥n de una aparici√≥n a Lucas, que fue un acompa√Īante suyo, y no parece veros√≠mil que lo haya omitido si efectivamente se le hubiera aparecido. Pero si se sigue este razonamiento, habr√≠a que concluir que tampoco se apareci√≥ a Cleof√°s, quien tambi√©n parece que transmiti√≥ el Evangelio. M√°s a√ļn, tampoco a Jos√© de Arimatea, pues Pablo no lo recuerda y tampoco est√° contenida en el Evangelio esa insigne aparici√≥n de Cristo. Hasta aqu√≠ sobre este asunto.

Por qu√© iban estos disc√≠pulos hacia Ema√ļs

Ibant autem, dice, duo ex illis. No se se√Īala la causa por la que iban, pero parece que hab√≠an sido enviados por los disc√≠pulos, pues los disc√≠pulos eran enviados de dos en dos, tal como Cristo los enviaba antes. Es veros√≠mil que se fueran por miedo a los jud√≠os14, sobre todo porque muerto ya Cristo, conven√≠a que se reuniesen de a dos en el tiempo de la tentaci√≥n, y estuviesen unidos uno a otro, no sea que se perdiesen estando solos, como Judas. Por eso leemos: "Es mejor estar dos juntos que uno solo, pues les ser√° de provecho su comuni√≥n: si uno cae, ser√° ayudado por el otro, pero si van solos y cae uno, no tendr√° quien lo levante"15.

También se puede entender que estos eran dos, es decir, que estaban divididos, no unidos por la unidad de la fe o por la integridad de la mente.

Qué prefiguraban estos dos discípulos

Finalmente, eran dos como tipo de los dos pueblos que abrazaron con una fe ciertísima este tan grande misterio después de un largo debate y vacilación.

Pero al ir ignoraban que estaban en el verdadero S√°bado, aqu√©l en que correspond√≠a permanecer en descanso: no hab√≠a concluido a√ļn el d√≠a Domingo, el d√≠a que hizo el Se√Īor16 cuando sali√≥ Cristo el Sol. Les parec√≠a algo vergonzoso, pues hab√≠an visto a Cristo despertar a L√°zaro al cuarto d√≠a17.

D√≥nde estaba ubicada Ema√ļs y qu√© significa

In castellum, quod erat in spatio stadiorum sexaginta ab Ierusalem, nomine Emmaus. Ya hemos dicho que la palabra griega komen significa propiamente pagum ("distrito", "aldea"), pero nuestro traductor suele vertir castellum: así como en aquél lugar: Ite in pagum, qui contra vos est (Mc 11), el traductor dice: Ite in castellum.

Pero Ema√ļs era una villa, si bien antes hab√≠a sido una ciudad insigne entre todas las ciudades de Palestina, situada junto a Sochot en el Valle del Terebynto, donde David dio muerte al gigante Goliat18.

Ema√ļs se encontraba situada entre Joppa y Jerusal√©n. Josefo la llama Ammaus19, que significa "aguas calientes". En efecto, hab√≠a all√≠ una fuente en la que se sanaban los males del cuerpo. Y este campamento fue destruido por los Romanos durante el sitio de Jerusal√©n, pero fue nuevamente instaurado en tiempos de M. Aurelio Antonino, como dice Beda20, y fue llamado Nic√≥polis.

Plinio, en su libro de la Historia Natural, incluye a Ema√ļs entre las regiones de Judea21. Jer√≥nimo, en su libro De Ecclesiasticis Scriptoribus22 recuerda que Julio el Africano, de cuyos tiempos se conservan cinco vol√ļmenes redactados en tiempo del Emperador M. Aurelio Antonino, que hab√≠a sucedido a Macrino, recibi√≥ un pedido de restauraci√≥n de la ciudad de Ema√ļs, que fue luego llamada Nic√≥polis. Tambi√©n escribe as√≠ en el Epitaphio Paulae: "Y habiendo encontrado en el camino a Nic√≥polis, que antes se llamaba Ema√ļs, dedic√≥ como Iglesia la casa de Cleof√°s, en la que el Se√Īor fue reconocido en la fracci√≥n del pan"23.

Por qu√© los Romanos llamaron despu√©s Nic√≥polis a Ema√ļs

Asimismo, dice la Historia tripartita: "Hay en Palestina una ciudad de nombre Nic√≥polis. Cuando esta era a√ļn solamente una aldea, es llamada Ema√ļs por el libro de los Evangelios. Despu√©s de la devastaci√≥n de Jerusal√©n y de la victoria sobre los jud√≠os los Romanos la llamaron Nic√≥polis en memoria de dicha victoria. En el cruce del camino que se encuentra ante esta ciudad, donde se sabe que Jes√ļs camin√≥ con Cleof√°s despu√©s de la resurrecci√≥n e hizo un adem√°n de irse a otro pueblo, hay una fuente sanativa, en la que son limpiadas las enfermedades de los hombres y tambi√©n son curados de diversas dolencias los animales que all√≠ se detienen. Hay la tradici√≥n de que eso sucede porque Cristo fue visto junto a la fuente junto con sus disc√≠pulos y se lav√≥ all√≠ los pies, a partir de lo cual el agua cura diversas dolencias"24. Tambi√©n Josefo recuerda esta ciudad en el libro 17 de sus Antig√ľedades: "Ema√ļs, dice, fue incendiada por orden de Vario, en venganza por sus soldados que all√≠ cayeron, y la dej√≥ desierta y sin habitantes"25. Y en el libro 18: "En Ema√ļs no hay ya aguas calientes"26. Y en su libro De bello Iudaico: "Amma√ļs, dice, si alguien lo traduce, significa `aguas calientes'. En efecto, hay all√≠ una fuente id√≥nea para sanar los males del cuerpo"27. Estas palabras de Josefo son citadas por Jer√≥nimo y por la Historia tripartita, que escriben sobre dicha ciudad.

C√≥mo se escribe Ema√ļs en hebreo

Ahora bien, es correcto traducirlo como "aguas calientes" si se escribe Emma√ļs con la primera letra Chet, pues Cham significa "caliente", y as√≠ significar√° "aguas calientes" o "consejo c√°lido". Pero si la primera letra fuese Aleph, podr√≠a traducirse "Terror del consejo", por Emah. Ahora bien, si en vez de Em se dice Am, podr√≠a traducirse "consejo de la madre", como ense√Īa Santos Pagnino. El Evangelio en siriaco no lo escribe ni con Chet ni con Aleph, sino con Hayn: . Si tuvi√©ramos la versi√≥n hebrea del libro primero de los Macabeos, que seg√ļn atestigua Jer√≥nimo28 fue escrito en Hebreo, sabr√≠amos en seguida con qu√© letras se escribe, pues en 1Mac 3 y 4 se hace menci√≥n del lugar en que los Macabeos vencieron a Lysias.

Se declina como Cerafus, Cerafuntis, y Cerafuntos; y Trapesus, Trapesuntis, y Trapesuntos. As√≠ tambi√©n Ema√ļs. Sin embargo, Plinio y Jer√≥nimo inflectan la forma seg√ļn la segunda declinaci√≥n. Asimismo, en el libro de los Macabeos Emmaum aparece como indeclinable. Hay alguno que piensa que se trata de lugares diferentes. En efecto, Ema√ļs distaba de Jerusal√©n sesenta estadios.

De cu√°ntos pasos consta un estadio, seg√ļn Plinio.
Qué es un estadio y por qué se llama así

Plinio ense√Īa que un estadio contiene 125 pasos29. Y se dice stadoin de stando ("deteni√©ndose"), pues se dice que los Griegos med√≠an la distancia de los caminos seg√ļn H√©rcules. Un estadio es la octava parte de una milla, por lo que sesenta estadios son siete millas y cuatrocientos pasos, que son casi media milla.

Por qu√© se dice que Ema√ļs distaba de Jerusal√©n sesenta estadios, seg√ļn Beda

"Esta distancia del camino --dice Beda-- conviene bien a quienes caminaban con la certeza de la muerte y de la sepultura del Salvador pero dudando de su resurrecci√≥n. Pues qui√©n dudar√≠a de que el n√ļmero ocho corresponde a la resurrecci√≥n, que fue realizada el d√≠a siguiente al s√©ptimo del S√°bado‚ÄĚ30

Un error de Josefo es corregido seg√ļn la verdad evang√©lica

Pero si distaba sesenta estadios de Jerusal√©n, es falso lo que dice Josefo acerca de que Ema√ļs distaba treinta estadios de Jerusal√©n31.

Et ipsi loquebantur ad invicem de hic omnibus quae acciderant, a saber, acerca de Cristo. Pues aquellas cosas los ocupaban de tal manera que no pod√≠an hablar de otra cosa sino de su pasi√≥n, de su sepultura, de las se√Īales al momento de su muerte, y de las mujeres que hab√≠an visto a los √°ngeles. Y la conversaci√≥n en el camino es √ļtil para aliviar el cansancio del esfuerzo.

Qué caracteriza a los que aman

Por eso hablaban sobre √©l como quien ama a alguien, pues quienes aman a una persona piensan en ella a menudo32, y sue√Īan con ella, y de la abundancia del coraz√≥n habla la boca. Pero no lo amaban tanto, sino que tambi√©n dudaban, y por eso andaban juntos, pues como dice Salom√≥n, "el hierro aguza el hierro, y el hombre el rostro de su amigo" (Prov 27).

Qué es una fábula, y cuál es su objeto

Et factum est dum fabularentur, et secum quaererent. Fabula significa discurso, y rumor del pueblo, o un asunto divulgado por todo lugar, aunque sea verdadero y sea contado l√≠citamente. Por eso Jer√≥nimo, cuando Rufino lo calumni√≥ diciendo que hab√≠a llamado f√°bulas a las historias de Bel y el drag√≥n que se encuentran en Daniel33, conserv√≥ su palabra y le mostr√≥ que en lat√≠n no s√≥lo se llama fabulas a cosas falsas sino tambi√©n igualmente a cosas verdaderas34. Tambi√©n Plauto usa com√ļnmente el verbo fabulare. El Griego trae aqu√≠ la palabra omileo, de donde viene homilia. Para evitar la ambig√ľedad de la palabra fabula se podr√≠a traducir: Et factum est, dum colloquerentur.

De qu√© cosas hablaban y discut√≠an los dos disc√≠pulos que iban a Ema√ļs

El Evangelista no dice sobre qu√© conversaban y discut√≠an entre s√≠. Sin embargo, parece veros√≠mil que hablasen con temor y angustia en el alma sobre lo acontecido a Jes√ļs, que, o los hab√≠a enga√Īado o se hab√≠a enga√Īado a s√≠ mismo. Hab√≠an pensado que √©l habr√≠a de resucitarse a s√≠ mismo de entre los muertos igual que hab√≠a resucitado a otros, pero no hab√≠a ocurrido nada a√ļn, y era ya el tercer d√≠a, m√°s a√ļn, el d√≠a estaba ya avanzado, y no se hab√≠a aparecido. No parec√≠a veros√≠mil que se hubiera aparecido a las mujeres antes que a ellos, si efectivamente hab√≠a resucitado. M√°s a√ļn, ¬Ņqu√© honor podr√≠a tener resucitar luego de haber sido tan humillantemente maltratado? Nadie seguir√≠a a alguien tan despreciable. Y si efectivamente fuese el Mes√≠as, habr√≠a de esperar hasta otro tiempo, es decir, hasta que aquella ignominia se alejase del recuerdo de los hombres.

Cu√°ndo se nos acerca Jes√ļs

Et ipse Jesus appropinquans ibat cum illis. He aqu√≠ lo que se suele decir: "Lupus est in fabula". Y Jes√ļs se nos hace presente en la tribulaci√≥n, as√≠ como se hizo presente a los Ap√≥stoles mientras remaban35. Por eso dice el Profeta: "Si el Se√Īor no estaba con nosotros, diga ahora Israel, si el Se√Īor no estaba con nosotros, nos hubieran cubierto las aguas". Se hace presente tambi√©n por su promesa: "Donde est√©n dos o tres congregados en mi nombre, all√≠ estoy yo en medio de ellos" (Mt 18). Y lo que entonces cumpli√≥ con su presencia corporal, no lo deja de hacer nunca con su presencia espiritual. Se hace presente, en fin, por el di√°logo espiritual que tienen: "Cerca est√° el Se√Īor de quienes lo invocan" (Sal 144), es decir, de quienes hablan de √Čl.

A qué se asemeja la conversación familiar sobre Cristo

En efecto, la conversaci√≥n familiar sobre Cristo es como m√ļsica suave que entra por los o√≠dos, y como el fuego humeante que lleva su luz hacia s√≠ mismo. As√≠ tambi√©n la conversaci√≥n santa y espiritual atrae a Cristo, pues lo semejante atrae a lo semejante.

De qué manera se mueve el cuerpo de Cristo resucitado

Observa la verdad del cuerpo resucitado, pues se acerc√≥ e iba con ellos, como un tercer peregrino y caminante que hubiese alcanzado a quienes iban delante suyo. El Se√Īor no se aparece r√°pidamente como un esp√≠ritu, sino gradualmente, pues es propio del cuerpo humano el moverse. Y si bien por la resurrecci√≥n hab√≠a sido liberado de la enfermedad y de la corrupci√≥n, no hab√≠a perdido su sustancia ni las propiedades del cuerpo humano, pues en la glorificaci√≥n no desaparecen ni la sustancia ni las propiedades del cuerpo humano, sino solamente los defectos de la naturaleza y la debilidad. Felices aquellos a quienes Cristo se asocia en el camino, porque no podr√°n nunca errar ni estar en peligro, ya que Cristo es el camino, la verdad y la vida36.

Por qué eran retenidos los ojos de los discípulos para que no lo reconociesen

Oculi autem eorum tenebantur, ne eum agnoscerent. Dos cosas debemos decir. En primer lugar, qu√© ojos y de qu√© modo eran retenidos. Y luego, por qu√© eran retenidos para que no le reconociesen. Sobre lo primero diremos que los ojos externos pueden ser retenidos de tres maneras: 1¬ļ. si permaneciendo inalterables tanto los ojos como el objeto externo se imprim√≠a en ellos una imagen distinta que la que se sol√≠a imprimir de manera natural; 2¬ļ. si se alteraba el sentido mismo con el que se ve; 3¬ļ. si el √≥rgano era confundido por luces exteriores. Tambi√©n los ojos espirituales de nuestra alma pueden ser retenidos de un modo peculiar para que no vean, o para que vean algo distinto.

Ahora bien, en primer lugar, en este caso ciertamente no se trata de un cambio en el objeto externo de la visi√≥n, pues Cristo era el mismo y no hab√≠a cambiado. As√≠ pudieron constatarlo cuando les fueron abiertos los ojos. Por eso, lo que dice San Marcos ("Se les manifest√≥ con otra apariencia" - Mc 16) debe entenderse como indicando que Cristo no imprim√≠a en los disc√≠pulos su propia imagen, sino una distinta, tambi√©n unas vestimentas distintas de las acostumbradas, y sin duda alguna un tono de voz distinto. Esta opini√≥n parece probable, y es conforme con las palabras de San Marcos. Eso significar√≠a, seg√ļn Lucas, que "sus ojos les eran retenidos".

En segundo lugar, en lo referente al medio, no hubo cambio alguno, pues es muy frecuente que nuestros sentidos sean burlados, como cuando ponemos una vara en el agua y nos parece que está rota, o cuando echamos un denario en el agua y al alejarnos lo vemos más grande de lo que es, o cuando ponemos un anillo de oro en un envase de cristal y se ve más grande, debido a la naturaleza de los medios. Este no pudo ser el modo aquí.

Nos queda examinar el tercer modo, el relativo a los ojos mismos. Si estos √≥rganos son afectados por ciertos humores, ven las cosas de un modo distinto. Esto en griego se llama aorasia, que se puede traducir como privaci√≥n de la vista. De esto se valen a menudo algunos magos o prestidigitadores, que hacen p√ļblicamente cosas casi incre√≠bles, con una gran rapidez de manos, y a veces afectan de alguna manera los ojos.

Por otro lado, el texto podr√≠a referirse a los ojos internos de la mente, como dice Cayetano37, los cuales despu√©s se dice que fueron abiertos. Y consta que no es con los ojos externos sino con los internos con los que se reconoce a Jes√ļs, pues no iban por el camino con los ojos cerrados. Y se dice en griego akrisia es decir, carentes de juicio, tal como Pedro cuando fue sacado de la custodia por el √°ngel no pensaba que estaba caminando sino que estaba viendo una visi√≥n. Algo semejante sucede a los hombres que se encuentran pensando y meditan mucho en algo, cuando no se dan cuenta de muchas de las cosas que pasan por sus ojos. Pero su facultad interior de conocer, que incluye el entendimiento y los sentidos internos, no estaba impedida de la aprehensi√≥n de las dem√°s cosas, sino solamente de reconocerlo, como dice Eutimio. De la misma manera en una ocasi√≥n los ciudadanos de Sodoma, debido a su aorasia o a su akrisia, fueron golpeados por los √°ngeles y no pudieron encontrar nunca la puerta de la casa de Lot38. Y el pretor de Mil√°n, quien mand√≥ cerrar la puerta a Ambrosio cuando √©ste se dirig√≠a hacia √©l, y no quiso abrirla a quienes la tocaban, cuando despu√©s de pocos d√≠as mand√≥ el Emperador que se le apresase y huy√≥ al templo en busca de asilo no pudo nunca encontrar abierta la puerta del templo, tal como lo atestigua el Obispo Paulino en su Vida. Por un motivo semejante, los siervos, o mejor dicho, los ladronzuelos enviados por el Rey Benadab de Siria39 para capturar a Eliseo, no lo reconocieron al encontrarlo, sino que √©ste los llev√≥, golpeados por la ceguera, a la ciudad de Samaria. Tambi√©n Jes√ļs en el Evangelio40 iba golpeando la ceguera de los jud√≠os y pasando por en medio de ellos. Por lo tanto, esta aoras√≠a, o acris√≠a, no es un defecto de la virtud pasiva, ni del medio por el que percibimos, sino que es una sujeci√≥n del sentido, como ocurre en el sue√Īo, o un impedimento del juicio. Por ello, cuando dice Marcos que se apareci√≥ en otra forma, has de entender esto desde el punto de vista de los disc√≠pulos, no seg√ļn la verdad del asunto, pues en el Cuerpo de Cristo no hubo cambio alguno ni del color ni de sus rasgos propios, como pensaron Teofilacto41 y Beda, y parece que tambi√©n a ello se inclinaba San Agust√≠n en su carta a Paulino42. M√°s bien hab√≠a un impedimento en sus ojos, los cuales eran retenidos por la sustracci√≥n del cambio de los ojos en cuanto a toda disposici√≥n del Cuerpo de Cristo. Pero tambi√©n el mismo San Agust√≠n prueba la opini√≥n contraria con las palabras de Lucas que indica abiertamente que los ojos de los disc√≠pulos eran impedidos para que no reconociesen a Jes√ļs: y porque a√Īade luego "abiertos", es decir, removido el impedimento por el que eran detenidos43.

Por otro lado Jerónimo en su Carta a Pamaquio en contra de Juan de Jerusalén, considera cierto tanto que Cristo se apareció con una forma cambiada de su cuerpo como que a la vez los ojos de los discípulos eran impedidos para que no reconociesen a Cristo en esa forma. Y parece débil y de poca consistencia lo que dice Cayetano44, a saber, que se está hablando de los ojos interiores porque no iban por el camino con los ojos cerrados. Ya que puede constar suficientemente por San Agustín45 de qué manera sus ojos externos eran retenidos mediante el mencionado impedimento, y de qué manera fueron abiertos cuando éste fue removido.

Por qui√©n les eran retenidos los ojos para que no reconociesen al Se√Īor

El Evangelista no dice por qui√©n eran retenidos los ojos, pero haz de entender que por Cristo el Se√Īor o por el demonio permiti√©ndolo Cristo, tal como dice San Agust√≠n en su libro De consensu Evangelistarum46. Pero lo primero es lo m√°s probable.

Para qu√© les eran retenidos los ojos de modo que no reconociesen al Se√Īor

A lo segundo respondemos que el Se√Īor quiso aparecer de esa manera por causas honestas. En primer lugar porque Cristo Resucitado no es reconocido con los ojos del cuerpo y la raz√≥n humana, sino con la fe y las Escrituras. Luego, porque el cuerpo adornado con la gloria s√≥lo es visto cuando, como, y por quienes quiere. Por eso no se muestra a s√≠ mismo de una manera humana, sino divina y celestial. En tercer lugar para mostrarnos cu√°n fr√°giles son nuestros sentidos, que ni los ojos ni los o√≠dos pueden desempe√Īar sus funciones si no les es dada continuamente desde el cielo dicha facultad. Ciertamente nuestros miembros son enriquecidos con sus dones por la naturaleza, pero para que conste m√°s claramente que nos han sido concedidos precariamente, retuvo en su mano el ejercicio de ellos, para que contemos entre los beneficios que recibimos cotidianamente el hecho mismo de que nuestros ojos vean y nuestros o√≠dos oigan. En cuarto lugar, para que descubriendo ellos su herida a quien se presentaba como un peregrino desconocido, recibieran de Cristo, el mejor m√©dico, las medicinas m√°s convenientes y m√°s saludables. En quinto lugar para mostrarles exteriormente lo que estaba ya en el coraz√≥n de ellos. Por eso dice Gregorio en su homil√≠a: "El Se√Īor sac√≥ fuera, ante los ojos del cuerpo, lo que ten√≠an ya ellos en los ojos del coraz√≥n. Pues ellos interiormente lo amaban y a la vez dudaban de √Čl. Y el Se√Īor, estando fuera y presente, no les mostraba qui√©n era. A los que hablaban de s√≠ les mostr√≥ su presencia, pero ya que dudaban de su conocimiento les escondi√≥ su figura"47. En sexto lugar, para que despu√©s de estar largo tiempo oculto y escondido, fuera luego reconocido m√°s dulcemente. Y as√≠ lo hizo cuando fueron abiertos los ojos de ellos.

Virtud de la fe y admirable virtud de Cristo

En s√©ptimo lugar eran retenidos sus ojos para que percibiesen sin la perturbaci√≥n de los sentidos la interpretaci√≥n de las Escrituras, y fueran conducidos poco a poco a la fe, que abre los ojos, y sin la cual los ojos son retenidos y no reconocen al Se√Īor. Considera en esto la admirable virtud de Cristo: cuando ten√≠a un cuerpo mortal en la tierra, se transform√≥ en presencia de sus disc√≠pulos en el monte, y su rostro resplandeci√≥ como el Sol; y sus vestidos se hicieron blancos como la nieve48; mientras que ahora, despu√©s de haber asumido por la resurrecci√≥n un cuerpo glorificado, se ofrece a s√≠ mismo a la vista de los disc√≠pulos como un peregrino humilde y vulgar, para que confesemos el poder de quien pudo igualmente asumir una forma inmortal en la carne mortal, y una forma mortal en la vida inmortal.

Por qu√© Jes√ļs pregunta a los disc√≠pulos lo que ya sab√≠a

Et ait ad illos: Qui sunt hi sermones quos confertis ad invicem, ambulantes, et estis tristes? O, como dice el griego, okutrhop, es decir, con el rostro t√©trico y triste. As√≠ como el Se√Īor se mostr√≥ a sus disc√≠pulos con otra figura por unas causas determinadas, por eso mismo los interroga cual ignorante, si bien conoc√≠a todas las cosas, para tomar ocasi√≥n de su respuesta para instruirlos y confortarlos. Y caminaban continuamente, pese a que deb√≠an estar detenidos, porque estaban en d√≠a S√°bado. Y estaban con el rostro entristecido, pese a que estaban en el d√≠a que hizo el Se√Īor, en el que deb√≠an estar alegres y exultantes. La √ļnica causa de tristeza para nosotros deber√≠a ser la ausencia de Cristo.

C√≥mo Jes√ļs habla a veces al alma

Algunas veces, m√°s a√ļn, a menudo, Jes√ļs nos habla al alma por s√≠ mismo, o por medio de algunos de sus ministros, o por medio de enfermedades y dolencias, tal como dice el Ap√≥stol: "Mas, al ser castigados, somos corregidos por el Se√Īor, para que no seamos condenados con el mundo" (1Cor 11,32). Y sin embargo no lo reconocemos, sino que lo atribuimos al aire, al destino, a alg√ļn humor, o al hombre que es de Dios. Y lo que es peor, cuando lo conocemos, no lo obedecemos, por estar atados a las concupiscencias de nuestros defectos.

De dónde viene el nombre de Cleofás, y si es distinto del mencionado en el Evangelio de Juan

Et respondens unus cui nomen Cleophas. Aqu√≠ el texto griego dice cleofas, que parece ser Galileo, o mejor, como dice Jer√≥nimo49, Emauntino, y de √©l se cree que se llama a Mar√≠a la de Cleof√°s, de la que hace menci√≥n Juan. Sin embargo, hay algunos que hacen notar ciertas diferencias, pues el nombre de Cleof√°s se escribe en Juan con w y con acento circunflejo en la √ļltima s√≠laba50 cleofas, mientras que aqu√≠ est√° con omicron y acento en la pen√ļltima cleofas, por lo que parece que se trata de personas distintas.

Qué significa el nombre de Cleopás

Cleop√°s significa "el que increpa con la boca", ya que amaba en su coraz√≥n el que con la boca increpaba a Jes√ļs. En griego significa "gloria completa". Y representa a los que no asumen el sufrimiento de Cristo, en el que est√° la √ļnica gloria verdadera, sino una gloria mezclada con pudor y confusi√≥n, y no pueden decir: "Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de Nuestro Se√Īor Jesucristo" (G√°l 6,14).

De qué manera se apareció Cristo a los discípulos bajo la apariencia de un peregrino

Dixit ei: Tu solus peregrinus es in Jerusalem, et non cognovisti quae facta sunt in illa, his diebus? En primer lugar se nos explica ac√° la forma que menciona Marcos de manera general cuando dice que fue visto en otra forma por quienes iban a la aldea. En efecto, se declara que era la forma de un peregrino, o de un extranjero, no que Cristo haya cambiado los rasgos de su rostro o su color, sino tan s√≥lo que se present√≥ a los disc√≠pulos con otra forma. Y en el caso de que por un lado hubiese cambiado sus rasgos o su color, por otro lado no pod√≠a cambiar del todo. As√≠ la imagen recibida por los sentidos no representaba el rostro de Jes√ļs tal cual era, seg√ļn la forma que √Čl prefer√≠a. Pues as√≠ como estaba en la potestad de Cristo que su cuerpo no cambiase su poder cuando estuvo resplandeciente, as√≠ estaba tambi√©n en su poder cambiar en alg√ļn sentido.

Por qué no reconocieron tampoco la voz de Cristo

Algo semejante se puede decir sobre su extra√Īa voz, pues la voz de Cristo no fue reconocida por los disc√≠pulos, sin duda porque el o√≠do de los disc√≠pulos no cambiaba seg√ļn el modo acostumbrado de hablar del Cristo el Se√Īor, y su acento no les era familiar. Sin embargo, podr√≠a haber ocurrido tambi√©n de otra manera, es decir, que Cristo no hubiese usado su modo com√ļn de hablar, sino otro, para no ser reconocido. Pero sab√≠a Cleof√°s tanto por el acento como por el vestido que Jes√ļs era jud√≠o. Y le reprocha no que fuese el √ļnico que morase en Jerusal√©n, sino que fuese el √ļnico que ignorase lo que todos los moradores sab√≠an. E increp√°ndolo le dijo, como traduce Eutimio: "¬ŅEres t√ļ el √ļnico de los que habitan en Jerusal√©n que ignoras lo que ha sucedido en ella en estos d√≠as?"51.

Otra manera de leer la frase Tu solus peregrinus es, etc.

Pero podr√≠a tambi√©n leerse de manera afirmativa, es decir: "Eres el √ļnico peregrino que no conoce estas cosas". Pero mejor es leer de modo interrogativo, con el siguiente sentido: "¬ŅTan forastero eres, extranjero, que ignoras lo que ha sucedido en Jerusal√©n en estos d√≠as?". O: "¬ŅS√≥lo a ti te es desconocido lo que ha sucedido en Jerusal√©n en estos

La palabra peregrino

Has de observar que el sustantivo peregrinus, o el verbo griego paroikei, que usa Lucas, puede ser entendido de dos maneras: propiamente o metaf√≥ricamente. Pues metaf√≥ricamente se dice que peregrina el que estando en su casa o en la ciudad ignora lo que ocurre en su ciudad o en su casa. Por eso dice Cicer√≥n: "Es deshonroso ser un forastero en los asuntos de la ciudad, y vergonzoso peregrinar en la propia patria"52. Y en su oraci√≥n en favor de Mil√≥n: "Pero, ¬Ņs√≥lo vosotros ignor√°is estas se√Īales? ¬ŅSois forasteros en esta ciudad? ¬ŅSon peregrinos vuestros o√≠dos? ¬ŅY no conocen este asunto difundido en la ciudad?". Y en Ad Atticum: "Tambi√©n te ruego no ir all√≠ como forastero"53. Por otro lado se usa propiamente cuando se refiere al que ha dejado su patria y ambula por otros lugares como forastero. De modo que si se tomase en sentido propio, el sentido ser√≠a: "Estas cosas son tan conocidas, que todos los forasteros y peregrinos las han podido, salvo que tuviesen que dedicarse tan s√≥lo a sus asuntos y no indagar en los de otros". Cuenta Cicer√≥n de Plat√≥n que un peregrino no debe ser curioso en la Rep√ļblica54. Pero tambi√©n conven√≠a a los peregrinos saber de estos misterios, tanto porque se les hab√≠a hecho una injuria al crucificar en Jerusal√©n a Jes√ļs, un peregrino inocente, como porque los peregrinos y los forasteros sol√≠an reunirse en las grandes solemnidades para escuchar la predicaci√≥n de Jes√ļs, como consta de los gentiles mencionados en Jn 12. Por lo tanto, no es el sentido que fuese √©l el √ļnico que peregrinaba en Jerusal√©n, pues de casi todas las naciones del mundo ven√≠an para la Pascua, sino que los otros peregrinos conoc√≠an lo sucedido all√≠ y s√≥lo √©ste lo ignoraba.

Se pondera cada una de estas palabras seg√ļn el parecer de los Padres

Por ello, a√ļn si no se afirma que en este lugar se apareci√≥ Jes√ļs en forma de peregrino, no es f√°cil rechazar lo que piadosamente filosofan los Padres sobre Cristo peregrino. Para que gustemos algo de lo que dicen, ir√© palabra por palabra.

Tu, dice, pronombre de segunda persona, así como "yo" de primera, y "él" de tercera, como cuando se dice: "Yo te he engendrado hoy", y "Cuando venga él, el Espíritu de verdad".

Solus: porque está solo el Verbo en el Padre, solo en el cielo sin madre, solo en la tierra sin padre, solo el hijo en la naturaleza, y ha dejado a todos en adopción.

Peregrinus in Jerusalem

A√Īade Peregrinus in Jerusalem. Esto es, valga la expresi√≥n, en la esencia divina, y en la visi√≥n beata, porque s√≥lo √Čl entre las personas divinas se hizo hombre, de modo que puede decir: "Forastero soy ante ti, y peregrino, como todos mis padres" (Sal 38), y tambi√©n "¬ŅPor qu√© estar√°s como forastero en la tierra, y como caminante que se tumba para quedarse en ella?" (Jer 14). S√≥lo √©l, asimismo, si bien en cuanto al alma era ya ciudadano y Se√Īor del cielo, era tambi√©n a la vez caminante y peregrino de la Jerusal√©n celestial. En tercer lugar, era √ļnico peregrino en cuanto a su concepci√≥n, pues por ser concebido por obra del Esp√≠ritu Santo sin intervenci√≥n de var√≥n era nuevo y peregrino en la concepci√≥n humana55. En cuarto lugar, era el √ļnico peregrino en cuanto a su naturaleza humana, porque por su madre no carec√≠a del pecado de Ad√°n en que todos incurren. En quinto lugar, has de a√Īadir que fue peregrino en su nacimiento56, pues √©l Se√Īor del orbe naci√≥ mientras su madre peregrinaba en el camino y en la posada, y dej√≥ a su madre √≠ntegra e incorrupta. En sexto lugar, tambi√©n era peregrino por su doctrina, de la que todos se admiraban, y por los signos que obraba, verdaderamente peregrinos y dignos de toda admiraci√≥n57. En s√©ptimo lugar, porque fue abandonado por todos los suyos en el momento de su pasi√≥n, como el peregrino arrojado por los colonos que dec√≠an: "Aqu√≠ est√° el heredero, venid, mat√©moslo y tendremos su herencia" (Lc 21). Como peregrino realiz√≥ tambi√©n la obra de morir por nosotros, como atestigua Isa√≠as58. En octavo lugar, como forastero y peregrino quiso yacer en un sepulcro ajeno59. En noveno lugar, resucit√≥ como peregrino, porque era del todo desconocida e ins√≥lita la resurrecci√≥n a la inmortalidad. En d√©cimo lugar, pese a que al haber resucitado en cuerpo y alma le era debido el cielo, permaneci√≥ como un peregrino de visita en la tierra hasta cuarenta d√≠as despu√©s de su resurrecci√≥n60. En und√©cimo lugar, porque llev√≥ su carne al cielo consigo, y la puso a la derecha del Padre como peregrina y forastera, pues a la carne, que es tierra, le conven√≠a estar en la tierra. En duod√©cimo lugar, porque como peregrino en la Eucarist√≠a se ha unido a nosotros como vi√°tico para quienes pasamos de este mundo al Padre61, y para quienes navegamos por este grande y espacioso mar, siendo para nosotros como el pan n√°utico. Y finalmente, es peregrino en acto pues no tiene d√≥nde reclinar la cabeza62; y en el afecto, pues nada de lo nuestro se llev√≥, sino que desnudo vino al mundo y desnudo est√° entre nosotros pecadores como en Jerusal√©n, es decir, entre quienes buscan la paz de la carne, quienes no apenas y hemos reconocido a Cristo y lo flagelamos, y a la puerta de cuyos corazones toca Cristo como peregrino buscando que le abramos63. Quiere tambi√©n obrar como peregrino en sus Santos y en sus justos, haci√©ndolos hebreos, y celebrar la Pascua, y pasar de virtud en virtud, y de la contemplaci√≥n a la acci√≥n, y de la vida presente a la futura. Era tambi√©n peregrino en las almas de los disc√≠pulos que no cre√≠an a√ļn en su resurrecci√≥n ni en su divinidad. Y as√≠ como el peregrino no permanece mucho tiempo en una posada, tambi√©n en las almas de los cristianos (que reciben la Eucarist√≠a en la Pascua) se ve Cristo obligado por nuestro pecado a irse pronto, cuando mala cena le preparamos, y duro lecho le disponemos.

Et non cognovisti quae facta sunt in illa his diebus

A√Īade luego el texto: Et non cognovisti quae facta sunt in illa, his diebus? Aunque √©l era el √ļnico que conoc√≠a lo suyo, no le hab√≠a hecho caso, porque no hab√≠a condenado su maldad64 o porque dej√≥ libres a quienes no captur√≥: "Se ha congregado contra m√≠a, me azotan, y he ignorado" (Sal 34), a saber, su causa. En tercer lugar, porque parece disimular y no conocer que las autoridades (=principes)lo venden y lo crucifican, cuando no castiga los pecados que hay en el alma o en su Iglesia.

Sabiduría y bondad de Cristo

Quibus ille dixit: Quae? Pregunta él lo que ya conoce, para que su herida sea puesta al descubierto y pueda ser curada, pues no sana quien no conoce la medicina, y para insinuar que cuando la mujer ha dado a luz no recuerda ya los sufrimientos debido al gozo de que ha nacido un hombre al mundo65.

Significado de este testimonio sobre Jes√ļs: qui fuit vir Propheta potens opere et sermone coram Deo et omni populo

Et dixerunt: de Iesu Nazareno, qui fuit vir Propheta, potens in opere et in sermone coram Deo, et omni populo. Verdaderamente egregio testimonio sobre Cristo, aunque pronunciado con una fe imperfecta, pues no s√≥lo lo consideran de modo ilustre, en cuanto era digno de su majestad: llaman Jes√ļs a quien no sab√≠an que hab√≠a salvado al mundo con su muerte en la cruz, y Nazareno, sin saber que hab√≠a reflorecido por su resurrecci√≥n, y lo llaman var√≥n, es decir, hombre en uso de raz√≥n desde su concepci√≥n, seg√ļn aquello de: "la mujer rodear√° al var√≥n" (Jer 31,22), a quien no s√≥lo fue, sino que es var√≥n en su cuerpo resucitado, y lo ser√°. Y sin embargo, no confiesan su divinidad, que con tantos signos hab√≠a comprobado. Llaman Profeta, es decir, amigo de Dios, y santo, a quien hab√≠a expuesto los antiguos or√°culos de los profetas y hab√≠a anunciado lo que ser√≠a de √Čl y de su Iglesia. Lo llaman poderoso en obra, por sus admirables signos; poderoso en palabra, pues su palabra no era tenue y suave, sino ardiente y eficaz, no vacua y vana, sino unida a las obras, al punto que los soldados que fueron enviados a apresarlo dijeron: "Nunca ha hablado un hombre igual que √©ste" (Jn 7). Mira el orden: poderoso, dicen, primero en obra, luego en palabra, pues las buenas palabras cobran su fuerza de una vida santa, y con el ejercicio de las virtudes se llega a la buena doctrina, pues la sabidur√≠a no entrar√° en un alma mala66, y no habita en un cuerpo sometido a los pecados, seg√ļn dice el Profeta: "Ens√©√Īame bondad, disciplina y ciencia" (Sal 118).

Quién es el mejor predicador

Y si bien es bueno el que predica con la palabra, mejor es el que pregona con los hechos, y el m√°s grande de todos, el que se vale de ambas (Mt 5), pues el que haga y ense√Īe ser√° llamado grande en el reino de los cielos.

Cu√°l debe ser el fin de obrar bien y de predicar bien

A√Īaden luego: "en presencia de Dios y de todo el pueblo". Ense√Īan cu√°l debe ser el fin de obrar bien y de predicar bien, a saber, que s√≥lo se debe buscar la gloria de Dios, y no la propia, como hacen los hip√≥critas, y que se debe preferir la utilidad p√ļblica a la privada, y la ajena a la propia. Y tambi√©n primero ante Dios que ante los hombres porque quien a Dios agrada, seguramente puede tambi√©n agradar al pueblo, porque busca agradar al pr√≥jimo s√≥lo en lo que es bueno para su edificaci√≥n, como ense√Īa el Ap√≥stol. Por el contrario, quien a veces agrada a los hombres, no siempre agrada a Dios67, sobre todo cuando dice el Ap√≥stol: "Si todav√≠a tratara de agradar a los hombres, ya no ser√≠a siervo de Cristo" (G√°l 1,10). Y el Profeta: "Dios ha disipado los huesos de los que agradan a los hombres" (Sal 52).

Breve descripción del oficio episcopal

No obstante, parece que en estas pocas palabras est√° descrita la vida del buen Obispo, es decir, del pastor, que ha sido puesto para gobernar las almas. Pues en primer lugar debe ser var√≥n tanto por su car√°cter como por su fortaleza, y no un ni√Īo que busca lo tierno y pueril: pues ser√° maldito el ni√Īo de cien a√Īos68 y no el anciano torpe y d√©bil. En segundo lugar, ha de ser Profeta, no s√≥lo previendo, sino prediciendo la voluntad de Dios, anunciando la recompensa de la vida eterna, y profetizando el juicio futuro, los suplicios de la gehena, y los pecados, para que no caigan en ellos. En tercer lugar, ha de ser poderoso en obra y en tanta santidad de vida que detenga la ira levantada en Dios contra su pueblo, como Mois√©s (Ex 32). Ha de ser tambi√©n poderoso en palabra, para que no sea contado entre los que anuncia el Profeta: "Perros mudos que no pueden ladrar" (Is 56). Ha de ser, finalmente, poderoso en una y otra ante Dios, para que su celo y el anhelo de su gloria lo muevan tanto a predicar como a obrar.

Modo de ser de los mercenarios

Ha de ser también eficaz en una y otra ante el pueblo, para que prefiera el bien y la salud de éste y no su propio beneficio y provecho69, pues quien eso busca es un mercenario.

Por qu√© las autoridades jud√≠as entregraron a Jes√ļs a la muerte

Et quomodo tradiderunt summi Sacerdotes, et Principes nostri in damnationem mortis, et crucifixerunt eum. Procede el buen Cleof√°s a narrar la historia de la Pasi√≥n del Se√Īor a Cristo mismo70.

Cu√°les son las pestes de las autoridades

Y dice que las autoridades y los sumos sacerdotes lo entregaron, a saber, por envidia, avaricia y ambici√≥n, pues estas pestes suelen invadir a las autoridades. No atribuyen culpa alguna a Pilato, que conden√≥ al Se√Īor involuntariamente; ni a los soldados71, que ejecutaron sin saberlo los mandatos de su superior; ni al pueblo jud√≠o, en parte porque Cristo le ten√≠a afecto, y en parte porque fue sobornado por sus autoridades para que pidiese la muerte de Jes√ļs y la liberaci√≥n de Barrab√°s72, y por eso si alg√ļn pecado tuvo debe ser atribuido a las autoridades.

Qué Mesías redentor esperaban los judíos

Nos autem sperabamus quia ipse esset redempturus Israel. Cleof√°s pone al descubierto su herida y la de su compa√Īero, pues esperaba simplemente un Mes√≠as que los liberase del dominio y la tiran√≠a del pueblo romano, del mismo modo que el pueblo alem√°n, enga√Īado por unos nuevos profetas --Lutero y sus disc√≠pulos-- ha querido, tomando el Evangelio como pretexto, sacudir el yugo de sus pr√≠ncipes, y en lugar de la libertad que so√Īaba, entrando en la batalla, tocando Lutero el clar√≠n, ha ca√≠do vil y miserablemente, y m√°s de cien mil han sido perdidos en esos encuentros.

Vanas promesas de un cierto Jerónimo de Ferrara

Tambi√©n Jer√≥nimo de Ferrara, llevado por no s√© qu√© esp√≠ritu, promet√≠a diversas prosperidades y felicidades temporales al pueblo de Florencia, y sin embargo dicha ciudad nunca las ha recibido, ni las recibir√°, habiendo pasado ya hace mucho tiempo el tiempo por √©l indicado. Todos estos conocen un Mes√≠as tan s√≥lo seg√ļn la carne73, tal como el Ap√≥stol cuando era jud√≠o y celoso por la ley74.

Nos autem sperabamus

Y al decir "esperábamos" dejan ver que se habían apartado de la fe y de la esperanza de la resurrección de Cristo, pensando que se habían llevado su cuerpo, cuando las mujeres habían dicho después de tres días; o no querían confesar nada que en favor de la resurrección de Cristo por miedo a los judíos, en manos de los cuales sospechaban que podían ser acusados por el peregrino.

Et nunc super haec omnia, tertia dies, est hodie quod haec facta sunt. El tercer día, dice, en el que fue prometida la resurrección; pero no había concluido, ni se había prometido que conocerían de la resurrección sino en Galilea75, y no se había dicho la hora del tercer día en que iba a resucitar o aparecerse. Y aunque se había prometido que sabrían de la resurrección en Galilea, tanto por Cristo en vida, como por los ángeles que hablaron a las mujeres, como atestiguan Mateo76 y Marcos, debía sin embargo aparecerse ese mismo día tercero en que resucitó, para mostrarles que era verdadero lo que les había dicho, que iba a resucitar al tercer día.

Pedro y Juan fueron los √ļnicos de los Ap√≥stoles que creyeron a las mujeres que anunciaban la resurrecci√≥n del Se√Īor

Sigue: Sed et mulieres quaedam ex nostris terruerunt nos, quae ante lucem fuerunt ad monumentum. Et non invento corpore, venerunt dicentes se etiam visionem Angelorum vidisse, qui dicunt eum vivere: et abierunt quidam ex nostris ad monumentum, et ita invenerunt sicut mulieres dixerunt; ipsum vero non invenerunt. Estos pasajes son claros. Has de advertir solamente que son Pedro y Juan los que después de oír a las mujeres fueron corriendo al sepulcro. Y aunque Lucas menciona en estos versículos solamente a Pedro, usa sin embargo el plural "algunos de los nuestros" (quidam ex nostris), para incluir a Juan.

Cu√°nta fue la incredulidad de los dos disc√≠pulos que iban a Ema√ļs

Verás entonces que dan testimonio de la resurrección no sólo los ángeles, las mujeres y los guardias enemigos de Cristo, sino también los hombres. Por eso estos discípulos recibieron las duras, y a la vez saludables, reprensiones de Cristo.

Mira luego que dice: "Algunas mujeres de entre nosotros nos han asustado". Ya que eran cristianas, tanto más dignas de crédito. Hay sin embargo dos extremos, ambos viciosos, a saber: creer todo y no creer nada. Por eso se debe guardar la regla Apostólica: "No despreciéis las profecías; examinadlo todo, quedaos con lo bueno" (1Tes 5,20-21). Sobre todo cuando de este mismo modo obra no sólo el Padre sino también el demonio.

Por qu√© las mujeres creyeron antes que los hombres en que el Se√Īor hab√≠a resucitado de entre los muertos

Fue muestra de la equidad de Dios que puesto que los hombres fueron incrédulos, sean superados por las mujeres, y que quienes experimentaron más la muerte de Cristo, estando allí presentes, se adelantasen también en la resurrección. Y fue también muestra de su sabiduría que quienes estaban destinados a propagar el Evangelio por el orbe entero llegasen a creer con demora, para que quienes tuvieron finalmente la fe después de una larga vacilación y de haber investigado y descubierto más el asunto, conservasen más firmemente la verdad de la resurrección y luchasen por grabarla en las almas de los hombres.

Qu√© ense√Īan a las mujeres cristianas aquellas mujeres que anunciaron la resurrecci√≥n del Se√Īor a los Ap√≥stoles

Estas devotas, piadosas y religiosas mujeres tuvieron que asustar a los hombres profanos y conducirlos de los vicios a las virtudes, de la incredulidad a la fe, del mismo modo que la esposa de Pilato, asustada por el Angel, asustó también a su marido77. Sin embargo, estas mujeres aprovecharon poco, o nada, al proponer la palabra de la predicación, pues sus palabras parecían un delirio, y no les creyeron78. En esto puedes ver cómo somos: si se nos cuenta una fábula, la recibimos con brazos abiertos y somos heridos por la mentira; pero si se trata de la verdad, somos lentos y desconfiados, y tememos el riesgo de la osadía.

Qué mujer es muy digna de fe y ha de ser escuchada

Si una mujer fiel aconseja que se huya de los vicios, que se abracen las virtudes y que se limpie la casa de la suciedad de los pecadores, ha de ser escuchada por su marido y por sus hijos, tal como orden√≥ Dios a Abraham que oyese la voz de Sara, su mujer79: de manera especial cuando se trata de evitar los esc√°ndalos y las ocasiones de pecado. Si as√≠ obramos, podremos ofrecernos sin trabas a Jesucristo Nuestro Se√Īor, que con el Padre y el Hijo lleva una vida inmortal y eterna, repleta de todos los bienes, por toda la eternidad. Am√©n.

Tratado XV

Sobre aquellas palabras: ¬ę25Y Jes√ļs les dijo: "¬°Oh necios y tardos de coraz√≥n para creer todo lo que los profetas han dicho! 26 Pues qu√©, ¬Ņno fue menester que el Cristo padeciese estas cosas, y que as√≠ entrase en su gloria?". 27 Y comenzando desde Mois√©s, y de todos los profetas, les explicaba todo lo que de √©l se hab√≠a dicho en todas las Escrituras. 28 Y se acercaron al castillo a donde iban; y √©l dio muestras de ir m√°s lejos. 29 Mas lo detuvieron por fuerza, diciendo: "Qu√©date con nosotros, porque se hace tarde, y est√° ya inclinado el d√≠a". Y entr√≥ con ellos. 30 Y estando sentado con ellos a la mesa, tom√≥ el pan, y lo bendijo, y habi√©ndolo partido, se lo daba. 31 Y fueron abiertos los ojos de ellos, y lo conocieron; y √©l entonces se desapareci√≥ de su vista. 32 Y dijeron uno a otro: "¬ŅPor ventura no ard√≠a nuestro coraz√≥n dentro de nosotros, cuando en el camino nos hablaba, y nos explicaba las Escrituras?". 33 Y levant√°ndose en la misma hora, volvieron a Jerusal√©n; y hallaron congregados a los once, y a los que estaban con ellos, 34 Que dec√≠an: "¬°Ha resucitado el Se√Īor verdaderamente, y ha aparecido a Sim√≥n!". 35 Y ellos contaban lo que les hab√≠a acontecido en el camino; y c√≥mo le hab√≠an conocido al partir el pan¬Ľ (Lc 24,25-35).

Ya que Lucas describe extensamente esta aparici√≥n a los disc√≠pulos que se dirig√≠an a Ema√ļs, no ha sido posible tratarla por completo y concluirla en el anterior tratado. La concluiremos en este tratado.

Hasta el momento hemos visto c√≥mo los disc√≠pulos daban testimonio de los sucedido en Jerusal√©n, su ciudad, c√≥mo sin fe ni esperanza alguna se alejaban del grupo de los Ap√≥stoles y regresaban a su aldea, y c√≥mo abrieron en el camino las heridas que ten√≠an en sus almas. Se ha aproximado ya el m√©dico, Jes√ļs, quien hasta el momento no ha permitido que lo reconozcan, sino que como un disc√≠pulo m√°s docto, Jes√ļs los reprende por su lentitud, diciendo: "Oh necios y tardos de coraz√≥n para creer todo lo que dijeron los profetas".

Por qué Cristo llama a los dos discípulos stultos, et tardos corde ad credendum

No hubo en las palabras de Jes√ļs nada de insultante, pues sus palabras no eran injuriosas y no era √©se el motivo por el que los llamaba necios, sino que lo hac√≠a movido por la caridad, para ayudarlos y para amonestarlos fraternamente. En efecto, si a alguien le dices, justo, o santo, o iluminado, o disc√≠pulo de Cristo, as√≠ como los jud√≠os dijeron al ciego de nacimiento "tu eres uno de sus disc√≠pulos" (Jn 9), pero lo haces con una mala intenci√≥n, sin duda hay aqu√≠ algo de insultante. Sin embargo, si le dices fatuo, loco o necio, pero con deseo de corregirlo, movido por el amor, entonces esto no tiene nada que ver con la injuria o el desprecio. El motivo de esto es claro, pues Dios no toma en cuenta tanto las palabras como lo interior del alma, pues no puede un √°rbol dar frutos buenos, ni un √°rbol bueno dar frutos malos80. Por eso Pablo llama insensatos a los G√°latas81, sin cometer pecado alguno, e incluso con m√©rito; as√≠ tambi√©n llama a estos disc√≠pulos necios y tardos para creer, para que con esta reprensi√≥n est√©n m√°s atentos a lo que les va a decir. Y con raz√≥n, como dice Salom√≥n82, son mejores las heridas con que nos infligen quienes nos aman, que los √≥sculos enga√Īosos de quienes nos odian.

Se explica lo que significa in omnibus quae locuti sunt Prophetae

Y los llama necios y tardos de corazón para entender todo lo que han dicho los profetas, como explica Teofilacto: que habían creído lo correspondiente a su muerte y a su pasión, pero no habían creído el resto, lo que correspondía a su resurrección. También en esto se distingue al hereje del católico, pues mientras que aquél cree lo que quiere, éste lo cree todo y de manera plena.

Es un hebraísmo decir credere in omnibus, como se dice también credere in nomine eius, en vez de decir simplemente omnibus o omnia.

Por qué se dice que estos dos discípulos eran necios y tardos en el corazón para creer

En efecto, estos disc√≠pulos ten√≠an f√°cilmente fe en lo que hab√≠an predicho los profetas en relaci√≥n a la gloria y a la majestad, pero les era muy dif√≠cil relacionado a su humillaci√≥n y a su pasi√≥n. Por eso sigue diciendo: "¬ŅAcaso no era necesario que el Cristo padeciera...?".

Y los llama necios, en griego anoetoi, es decir, insensatos, sin mente, y poco d√≥ciles para entender las Escrituras, porque, a√ļn si hab√≠an cre√≠do y confesado que Jes√ļs era un profeta, no cre√≠an el resto, a pesar de haber recibido el testimonio de los √°ngeles y de los Ap√≥stoles. Es un tipo de necedad el querer medir lo divino con medios humanos.

De dónde proviene la lentitud del corazón

La lentitud nace de la dureza del afecto. Y quienes son necios y tardos para creer a los profetas, suelen ser más bien fáciles y prontos para creer a los pseudo-profetas. También nosotros somos tardos para reconocer los beneficios de Dios, hasta que los perdemos.

Por qué merecieron oír la verdad de la resurrección

Observa también el buen carácter y la paciencia de estos dos discípulos para aceptar las reprensiones de este incógnito peregrino. Por eso merecieron finalmente escuchar y aprehender la verdad de la resurrección.

Nonne haec oportuit pati Christum? Como si dijese: Nada de nuevo ha ocurrido en Cristo que no hubieran predicho ya antes los profetas, quienes habían vaticinado que por medio de su muerto instauraría la vida, que por medio de la ignominia de la cruz afianzaría su reino, y que por la tolerancia de los males entraría en su gloria sin fin, que no consiste en vacíos escudos, ni en vanos títulos de nobleza, ni en lo magnificente o fastuoso, como la gloria humana.

Cómo debía padecer Cristo

Sí, era necesario que padeciera, debido al pecado, sin el cual no hubiera hecho falta la muerte y la sangre de Cristo, pues no necesitan de medicina los que están sanos y bien83. También en vistas a nuestra salvación, para que tuviéramos un camino para alcanzar la justicia, y el más excelente motivo para adquirirla. Y también desde el punto de vista de los oráculos y vaticinios divinos, que habían predicho que habría de morir para extinguir nuestros delitos, y darnos un ejemplo a imitar.

Cómo se adquiere la gloria del mundo

Por eso era necesario que padeciera, tan dura, vil e ignominiosamente, y que entrara así en su gloria, que es distinta a la gloria del mundo, pues mientras que ésta se adquiere con las riquezas y las armas, aquélla, la de Cristo, no se adquiere sino con el desprecio del mundo y de su gloria. Porque la gloria sigue a los que huyen de ella, y huye de quienes la siguen, como se dice de la sombra.

Cristo tuvo su gloria por doble derecho

La llamó "su" gloria, porque le pertenecía por doble derecho. Primero, por su filiación natural; y segundo, pues la obtuvo con la lucha y la milicia, conservando el primero para sí, y otorgándonos el segundo. Sin embargo, también tenemos nosotros esa gloria por dos motivos: primero, porque "si somos hijos, también somos herederos" (Rom 8); y también, porque si luchamos legítimamente y vencemos a los enemigos, somos dignos de la corona.

Et incipiens a Moyse et omnibus Prophetis interpretabatur illis in omnibus Scripturis quae de ipso eran. ¬°Oh bienaventurados disc√≠pulos de Cristo, a quienes os fue dado o√≠r y transmitir las verdaderas palabras de Cristo, seg√ļn lo dicho por el profeta: "Feliz el hombre a quien instruyes, Se√Īor, lo educar√°s en tu ley" (Sal 93).

C√≥mo ense√Īa el hombre y c√≥mo ense√Īa Dios

Pues si bien recibe directamente la luz y el calor, comunicar√° s√≥lo la luz, y de manera refleja; de modo que quien es instruido por los hombres recibe la luz por un rayo reflejo, mientras que quien es instruido por el Se√Īor no s√≥lo percibe la luz, sino que en √©l se suscita el ardor del amor. Por lo tanto, no les ense√Īaba s√≥lo exteriormente, sino sobre todo interiormente, los alentaba, los inflamaba, y los llevaba a donde quer√≠a. √Čstos, por su parte, se deten√≠an muy atentos, en suspenso. ¬°Buen Dios, cu√°n breve debe haber sido para ellos este camino que a paso lento recorr√≠an! Y quiz√°s --pensar√≠an-- es este peregrino parecido a nuestro maestro, por su doctrina, por la dulce modulaci√≥n de su voz, por la eficacia de sus argumentos; en efecto, nos deja en suspenso, nos lleva por doquier, y transforma nuestras almas. Pero es otra persona, no es el mismo, porque tiene el vestido y el rostro de un peregrino. En ellos se cumpli√≥ lo que se dice: "Un compa√Īero locuaz aligera el camino".

Por qu√© San Lucas, si estuvo presente en este divino serm√≥n, no puso por escrito los lugares de las Escrituras que el Se√Īor expuso

Pero por qu√© San Lucas, a quien le fue concedido el don divino de estar presente en estas palabras de Cristo, no consign√≥ los pasajes de la Escritura que Cristo mencion√≥ y explic√≥? Porque en asunto tan admirable nos podr√≠a haber consolado y reconfortado. Respondemos que ello se debe a la divina sabidur√≠a de Cristo, para que quienes hab√≠an conocido a los Ap√≥stoles, es decir, los Evangelistas, escribiesen tan s√≥lo lo que Cristo les dictase y el Esp√≠ritu Santo les inspirase84. Es probable que el mismo Se√Īor haya ense√Īado estas mismas cosas, y mejor, a los Ap√≥stoles, pues no quer√≠a que los Ap√≥stoles aprendieran las divinas Escrituras de estos dos disc√≠pulos. Tal vez fue mejor para nosotros que no fueran escritas, para que las escrutemos con mayor diligencia y, al meditar en ellas, ejercitemos nuestro entendimiento. O tal vez para que nos fuese m√°s dulce el encontrarlas con nuestro propio esfuerzo, y estuvi√©ramos por ello siempre con el deseo abierto a una mayor investigaci√≥n. O tal vez porque Cristo mismo iba a abrirles el sentido a los Ap√≥stoles, para que entendiesen las Escrituras, y transmitieran toda la verdad que les ense√Īara el Esp√≠ritu Santo que permanece eternamente en nosotros. O tal vez, finalmente, porque quer√≠a que le insisti√©ramos a √Čl, que es nuestro Maestro, y que da sabidur√≠a a todos los que se la piden sin desesperar85. Por lo tanto, vemos que no es casualidad que dichas palabras hayan sido omitidas. Pero no por eso se perdi√≥ la explicaci√≥n que Cristo hizo, pues ha llegado de mano en mano hasta nosotros mediante la tradici√≥n viva, que debemos creer que nos ha llegado, si no √≠ntegra, al menos parcialmente.

Cu√°les fueron los pasajes de la Escritura que el Se√Īor explic√≥ a los disc√≠pulos que iban a Ema√ļs

Ya que muchos han querido explicar, movidos por la fe o por la sabidur√≠a, lo que conten√≠a esta predicaci√≥n de Cristo, dir√© yo tambi√©n lo que desde mi fragilidad y pobreza siento. El Se√Īor reflexion√≥ principalmente en los pasajes concernientes a su muerte y a su resurrecci√≥n, pues dijo: ¬ŅAcaso no era necesario que el Cristo padeciera y que entrara as√≠ en su gloria? Y el Esp√≠ritu de Cristo, conforme al testimonio de San Pedro, es el que predice las futuras pasiones y glorias de Cristo86. Por lo tanto, empez√≥ desde Mois√©s, es decir, desde lo que √©l escribi√≥, pues Mois√©s fue el primero que escribi√≥ abierta y literalmente acerca del √Čl, y tambi√©n en un sentido m√≠stico oculto. Por eso dijo el Se√Īor: "Si creyerais a Mois√©s, tal vez me creer√≠ais, pues √©l escribi√≥ acerca de m√≠" (Jn 5).

1er. pasaje

Tal vez les explic√≥ c√≥mo cuando Ad√°n dorm√≠a fue formada Eva de su costado, es decir, la Iglesia de Cristo muerto, quien despert√°ndose del sue√Īo, es decir, resucitando, dijo: "Esto es ahora huesos de mis huesos, y carne de mi carne" (G√©n 2), es decir, "He aqu√≠ que estoy con vosotros todos los d√≠as, hasta la consumaci√≥n del mundo" (Mt 28). Y entonces el Esposo permiti√≥ que la esposa lo toque, cuando dijo: "Tocad y ved, porque un esp√≠ritu no tiene carne ni huesos" (Lc 24).

2do. pasaje

A continuación fueron proclamadas, en los mismos escritos de Moisés, enemistades entre el linaje de la serpiente y el linaje de la mujer87.

El linaje de la serpiente son los jud√≠os incr√©dulos, y homicidas, a quienes el Se√Īor dijo: "Vosotros sois de vuestro padre el diablo, quer√©is hacer los deseos de vuestro padre" (Jn 8).

El linaje solamente de la mujer, y no de var√≥n, es Cristo, pues si bien se dice que Cristo proviene del linaje de Abraham seg√ļn la carne88, esto es as√≠ en raz√≥n de su madre, cuyo √ļnico fruto fue Cristo, su linaje, en quien ser√°n bendecidas todas las naciones89. Pero este linaje, como el grano de trigo que ha muerto, ha dado mucho fruto90, cuando resucit√≥ por la multitud de los que creen.

3er. pasaje

En tercer lugar expuso lo que significa que Ca√≠n mat√≥ a su hermano Abel en el campo91, es decir, que los jud√≠os llevaron a Jes√ļs fuera de la ciudad; pero en vez de Abel, es decir, en vez de la pena, vino Set92, es decir, la resurrecci√≥n.

4to. pasaje

En cuarto lugar, les mostraba por qu√© motivo No√© se qued√≥ dormido ebrio, y desnudo fue causa de risa para Cam, padre de Canaan93. Pues Cristo fue desnudado en el tabern√°culo, y fue vejado por los jud√≠os con amargos insultos94. Y cuando No√© despert√≥ del sue√Īo, prefigur√≥ la resurrecci√≥n de Cristo, y el rechazo de los jud√≠os. Y as√≠ como fue vaticinado a Cam la esclavitud y la maldici√≥n, as√≠ tambi√©n a los jud√≠os.

5to. pasaje

En quinto lugar explic√≥ c√≥mo despu√©s del diluvio de las aguas descans√≥ el arca en los montes de Armenia95. Pues despu√©s del diluvio de los padecimientos de la humanidad de Cristo, que es la verdadera arca de la santificaci√≥n y de la liberaci√≥n, se habr√≠a de dar el descanso por medio de la resurrecci√≥n. Y as√≠ como no se salvaron sino aquellos que hab√≠an entrado al arca96, as√≠ tampoco no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres por el que debamos salvarnos97. De este descanso escribi√≥ David: "Lev√°ntate, Se√Īor, en tu descanso, como arca de tu santificaci√≥n" (Sal 131).

6to. pasaje

En sexto lugar, explicó también por qué no sólo fue liberado Isaac de la mano de Ismael, que jugaba con él98, sino también de la espada de su padre que quería inmolarlo, y que sacrificó en lugar suyo el carnero que encontró entre los arbustos, dejando a Isaac regresar vivo del monte99. Así también sólo la humanidad de Cristo, que fue coronada con espinas como un carnero, fue inmolada a Dios; pero por el poder de su divinidad, en nada sujeta a la pasión y a la muerte, regresó como Isaac viva al tercer día. Y así como una vez habló Dios desde la zarza y anunció que habría de liberar a los Israelitas de Egipto, así también el Hijo de Dios descendió a la humanidad coronada de espinas, para arrancarnos del verdadero Egipto del pecado y del diablo, verdadero Faraón.

7mo. pasaje

En s√©ptimo lugar, les mostraba por qu√© motivo el Patriarca Jacob escap√≥ de la mano de Esa√ļ100, y luego regres√≥ con dos tropas a Mesopotamia101, prefigurando la resurrecci√≥n de Cristo.

8vo. pasaje

En octavo lugar, el misterio de José, que no quiso consentir al pecado y vivía recluido en la cárcel102; y cómo fue conducido fuera de ella luego de afeitar sus cabellos y adornarse con vestidos103, y fue liberado del infierno, al punto de decir de sí mismo: "Se me ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra"104.

9no. pasaje

En noveno lugar, les explicaba que Mois√©s fue echado en las aguas y abandonado a la muerte105, pero que fue luego educado por la hija del Fara√≥n y fue hecho Se√Īor y Pr√≠ncipe de Egipto, y sac√≥ al pueblo de Dios de Egipto106. Por el mismo motivo el Se√Īor Jes√ļs fue primeramente reprobado, y condenado a muerte; pero fue luego sacado de las aguas de la pasi√≥n y hecho pr√≠ncipe para sacar del limbo a los santos Padres. En consecuencia, dado que reprobaron a Mois√©s y a los Profetas, y despu√©s reciben como can√≥nicos los libros de aquellos a quienes dieron muerte, era necesario que hubiese mayor luto por este Cristo, y que hubiese mayor temor, para que sea considerado mayor que ellos. Pero, dir√°s, los jud√≠os no recibieron los escritos de Jes√ļs. M√°s bien, has de ver que los verdaderos jud√≠os, los que se convirtieron a Cristo, s√≠ los reciben; no as√≠ los jud√≠os carnales, quienes como estaba escrito los han rechazado. Los buenos jud√≠os, por el contrario, reciben ampliamente los testimonios de la Escritura, y son as√≠ confirmados en su fe en Cristo, a diferencias de los otros, que no reciben esta fe porque llevan sobre s√≠ la ira de Dios como testimonio ante nosotros.

10mo. pasaje

En d√©cimo lugar, les explicaba c√≥mo Sans√≥n, estando atado a las puertas de la ciudad, y considerado cautivo, las removi√≥ a media noche107, y c√≥mo tambi√©n con su t√≠pico proverbio: "Del que come sali√≥ alimento, y del fuerte sali√≥ dulzura" (Jue 14) prefigur√≥ que el Mes√≠as no habr√≠a de permanecer en la muerte. Pues si bien la muerte come y consume, de ella sali√≥ Jes√ļs, el alimento de la vida, por medio de la resurrecci√≥n; y √Čl, que es nuestra dulzura, sali√≥ del fuerte, pese a la oposici√≥n del demonio, y fue finalmente levantado a la vida.

11mo. pasaje

En und√©cimo lugar, narraba c√≥mo David, asediado por los emisarios de Sa√ļl, escap√≥ de su casa por la ventana burlando a los guardias, salv√≥ la vida y rein√≥. As√≠ tambi√©n el Mes√≠as escap√≥ del sepulcro sellado y cuidado por guardias, a quienes burl√≥, para reinar en el cielo y en la tierra.

12mo. pasaje

En duod√©cimo lugar, c√≥mo Job fue golpeado y oprimido por Satan√°s hasta la muerte108, y c√≥mo Dios no le neg√≥ su gracia, sino que con su poder le devolvi√≥ la salud y le restituy√≥ el doble de sus bienes109. As√≠ tambi√©n fue golpeado Jes√ļs, y le fue dado luego un cuerpo inmortal y glorioso, y se le restituy√≥ todo lo suyo con crecer, pues si el grano de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto110.

13er. pasaje

En decimotercer lugar, cómo los profetas Elías y Eliseo llamaron nuevamente a la vida a los hijos de las viudas de Sarepta y de Sunam111, como figura del gran Profeta y Mesías, que volvió para consolar a su propia madre viuda.

14to. pasaje

En decimocuarto lugar, c√≥mo el profeta Jon√°s fue tragado por una ballena, y c√≥mo al cabo de tres d√≠as fue arrojado vivo a la orilla, para predicar la conversi√≥n a los Ninivitas112. As√≠ tambi√©n el Se√Īor Jes√ļs fue tragado por la muerte y al cabo de tres d√≠as fue vuelto a la vida para enviar a sus Ap√≥stoles a predicar en su nombre la conversi√≥n y el perd√≥n de los pecados a todos los pueblos113.

15to. pasaje

En decimoquinto lugar, cómo Jeremías fue echado en una pozo profundo para acabar miserablemente con su vida, y cómo luego, por gracia y bendición de Dios fue sacado del pozo114 prefigurando a Aquél que dijo por medio del Profeta: "Me han echado en lo profundo de la fosa, en las tinieblas y en sombras de muerte" (Sal 87), y por eso emergió vivo por gracia de Dios.

16to. pasaje

En decimosexto lugar, c√≥mo Daniel fue echado en la fosa de los leones hambrientos, para que lo devorasen, y c√≥mo despu√©s de algunos d√≠as, para gran estupor del Rey que lo hab√≠a mandado echar, fue sacado vivo y fueron arrojados a los leones todos sus enemigos115. Nada diferente le sucedi√≥ al Se√Īor Jes√ļs, que venci√≥ la potencia de los demonios, como leones, y sali√≥ vivo para gran admiraci√≥n de sus opositores y del mundo entero, mientras que sus enemigos fueron dados a los demonios como alimento.

17mo. pasaje

En decimos√©ptimo lugar, les explicaba c√≥mo Mardoqueo, despu√©s del luto, fue exaltado con el vestido que llevaba puesto adonde la reina de Asuero116, y fue colgado Am√°n en el pat√≠bulo que le hab√≠a preparado. As√≠ tambi√©n el Se√Īor, despu√©s de la cruz y de la muerte fue exaltado a la diestra de Dios y fue hecho sublime, al punto de decir: "Me ha sido dada toda potestad en el cielo y en la tierra" (Mt 28); y su cruz fue adorada por todo el orbe, mientras que fueron atormentados los demonios y los jud√≠os que la hicieron.

18vo. pasaje

En decimoctavo lugar, c√≥mo el sacerdote Josu√© (en lat. Jesus) iba vestido con ropas sucias, y luego le fueron puestas unas vestiduras de fiesta y fue liberado del fuego de la tribulaci√≥n117, como figura del verdadero Jes√ļs, quien por la muerte se visti√≥ las ropas sucias de la mortalidad, y fue luego revestido con los preciosos trajes de la inmortalidad, cuando el Se√Īor lo revisti√≥ con la fortaleza y lo ci√Ī√≥ de poder118.

19no. pasaje

En decimonoveno lugar, c√≥mo en tiempos de David, Bena√≠as descendi√≥ a una cisterna un d√≠a de nieve y, encontrando all√≠ un le√≥n, lo mat√≥ y sali√≥ vivo119, indicando en ello que el Se√Īor habr√≠a de descender al infierno y de debilitar las fuerzas de Sat√°n, y habr√≠a de salir vivo de all√≠.

20mo. pasaje

En vig√©simo lugar, c√≥mo el templo del Se√Īor fue devastado y destruido por los caldeos120, y c√≥mo luego fue reedificado con la ayuda de Dios121, lo que sin duda conten√≠a el misterio de Cristo, sobre lo cual dijo el Se√Īor: "Derrumbad este templo, y en tres d√≠as lo reconstruir√©" (Jn 2), y seg√ļn lo que hab√≠a sido predicho por Zacar√≠as: "He aqu√≠ un hombre cuyo nombre es Germen: debajo de √©l habr√° germinaci√≥n, y √©l edificar√° el templo al Se√Īor. √Čl construir√° el Templo al Se√Īor", etc. Por eso Cristo, habiendo tenido el templo de su cuerpo destructible edificado por el Esp√≠ritu Santo, se edific√≥ por la resurrecci√≥n un cuerpo indestructible. Y construy√≥ al Se√Īor el templo de la Iglesia, para hacer la paz entre los dos pueblos.

21er. pasaje

En vigesimoprimer lugar, les habló sobre la paloma que partió del arca de Noé y que regresó por la tarde con el ramo de la paz122, pues la santa alma del Mesías regresó al arca de su cuerpo, trayendo en su boca un ramo de olivo, cuando dijo: "Paz a vosotros" (Jn 20).

22do. pasaje

En vigesimosegundo lugar, la vara de Aarón, que estuvo seca123 y luego refloreció, como atestigua Epifanio en Ancorato, representa la carne de Cristo que fue elevada por encima de toda posibilidad de la naturaleza, y de la que dijo el Profeta: "Mi carne de nuevo ha florecido, lo confesaré de todo corazón" (Sal 27).

23er. pasaje

La piedra que fue desechada por los arquitectos, es decir, por los sacerdotes, los ancianos y los fariseos, es ahora la piedra angular124, que une no sólo al alma con el cuerpo, sino también a los ángeles con los hombres, y reconcilia a todos con Dios.

24to. pasaje

En vigesimocuarto y √ļltimo lugar, c√≥mo en esta resurrecci√≥n el √°guila fue renovada desde su juventud125, la serpiente fue exaltada en la cruz126, rejuveneci√≥ luego de dejar su anterior piel, el ave f√©nix muerta resucit√≥ a la vida, el gusano de seda vuelve a la vida despu√©s de la muerte, y el ciervo recupera sus cuernos perdidos. Y en el Nuevo Testamento vemos que el ni√Īo Jes√ļs fue perdido y al cabo de tres d√≠as fue hallado glorioso en el templo127, en la ciudad de Na√≠m el hijo de la viuda de Na√≠m regres√≥ a su madre128, y as√≠ tambi√©n el Hijo Jes√ļs resucitado volvi√≥ a su Virgen Madre.

As√≠ pues, los atentos disc√≠pulos se admiraban con estos y otros sermones semejantes, y dec√≠an: "¬ŅQui√©n es √©ste a quien le son evidentes todas las Escrituras, y que conoce la vida, la muerte y todo lo realizado por el Cristo? Nunca lo vimos entre los disc√≠pulos, y sin embargo no ha pasado por alto nada". Et appropinquaverunt castello quo ibant. Em√°us se encontraba en el lugar que la Historia tripartita llama "Trivium"129.

De qué manera Cristo fingió ir más lejos

Et ipse se finxit longius ire. Parecería que Cristo, que es la verdad130, no podría haber realizado una ficción o simulación, pues esto correspondería al ámbito de la mentira. Por eso, algunos defensores de la mentira han aducido como defensa este pasaje, diciendo que no toda mentira es pecado. Así lo muestra por ejemplo San Agustín en su libro contra la mentira dirigido a Consentio131.

Hay dos tipos de ficción

Pero debemos advertir que hay dos tipos de ficci√≥n: una mala, con la que se busca enga√Īar a uno mismo o a otros, como por ejemplo cuando los hip√≥critas fingen la santidad, para parecer santos y recibir alabanzas por su virtud; y otra, que es buena y √ļtil para ense√Īar algo, como lo atestigua el mismo San Agust√≠n, cerca del final de su libro Quaest. Evangel.132, donde ense√Īa que este tipo de ficci√≥n no pertenece al campo de la mentira o del enga√Īo, por ejemplo cuando el Se√Īor inventa (finxit) algunas par√°bolas con el fin de ense√Īar alguna verdad, sin intenci√≥n alguna de enga√Īar.

Ejemplo de una ficción alejada de la mentira

Es el mismo tipo de ficci√≥n que se da cuando un ni√Īo le pide una espada a su madre y √©sta, escondi√©ndola, le dice que no lo encuentra. O tambi√©n cuando un maestro pregunta algo que sabe que un alumno ha aprendido bien, fingiendo ignorar la situaci√≥n, para probarlo en presencia de los dem√°s. As√≠ pues, sin pecado alguno fingi√≥ ir m√°s all√°, porque quer√≠a ocultar el modo de su partida. As√≠ pues, con esta ficci√≥n no enga√Ī√≥ a sus disc√≠pulos, sino m√°s bien los tuvo en suspenso por un breve momento, hasta que fuese el momento oportuno de manifest√°rseles abiertamente.

Qu√© es la mentira, seg√ļn Agust√≠n

Pues si, como dice San Agust√≠n133, para que haya mentira ha de haber tanto una frase falsa como deseo de enga√Īar, entonces donde no hay este deseo de enga√Īar no hay tampoco mentira, como cuando alguien dice algo conscientemente ambiguo no con intenci√≥n de enga√Īar sino tan s√≥lo de ocultar oportunamente alguna verdad.

Ficción no sólo no mala sino incluso buena y saludable

An√°logamente, un gesto ficticio no es malo, sino bueno y saludable, cuando alguien hace algo que sabe que otro entender√° de modo errado pero lo hace buscando alg√ļn bien. As√≠ por ejemplo, Pablo aparentaba observar la ley, cuando circuncid√≥ a Timoteo134, y se hizo jud√≠o como los jud√≠os, ante quienes estaban abajo la ley, como si estuviese bajo la ley135. En efecto, Pablo sab√≠a que observando las prescripciones legales los jud√≠os pensar√≠an que era s√ļbdito de la ley; pero no los enga√Ī√≥, porque no pretend√≠a eso al enga√Īarlos, sino que, ocultando lo que pensaba hasta un momento oportuno, quer√≠a evitar que los jud√≠os se alejasen de Cristo.

Cristo, al fingir ir m√°s lejos, nos ense√Īa tres cosas

As√≠ tambi√©n el Se√Īor fingi√≥ ac√° irse m√°s lejos, movi√©ndose y haciendo un adem√°n de partir, para mover a los disc√≠pulos a que le pidan que se quede con ellos esa noche. Con esta ficci√≥n quiso el Se√Īor ense√Īarnos algunas cosas. En primer lugar, que Cristo no necesitaba verdaderamente de un alimento corp√≥reo, si bien su cuerpo espiritual y glorioso no era en absoluto indigno de comer o de beber. En segundo lugar, que estaba lejos del coraz√≥n de quienes no lo reconoc√≠an y pensaban que era un peregrino. En tercer lugar quiso dar ocasi√≥n de que lo inviten, y t√°citamente suscit√≥ en ellos el deseo y la sed de su presencia, y de reconocer su rostro. Por eso seg√ļn Marcos se apareci√≥ Cristo136, y parec√≠a ser un fantasma, y quer√≠a pasarles de largo. Fingi√≥ para que le pidan que entrase en la barca. An√°logamente aqu√≠, si bien primero adopt√≥ la forma de un peregrino, les mostr√≥ luego la imagen de alguien que quer√≠a alejarse de ellos. Quer√≠a que le insistiesen y que le rogasen que se quede con ellos. As√≠, en esta otra ocasi√≥n, se ve que tambi√©n se realiz√≥ lo que pidieron en su oraci√≥n. Como esa leemos muchas otras ficciones en la Escritura. Por ejemplo, el Se√Īor simul√≥ ir m√°s all√° con el Patriarca Jacob, cuando le dijo: "D√©jame ir, pues ya se levanta la aurora" (G√©n 32). Pero fue detenido por Jacob, quien le dijo: "No te dejar√© ir hasta que me bendigas" (all√≠ mismo). Simul√≥ el Se√Īor irse y dejar a los israelitas, y dec√≠a: "D√©jame ir, para que se levante mi c√≥lera contra ellos y los destruya, y de ti har√© una naci√≥n grande" (Ex 32). Pero Mois√©s lo detuvo con sus oraciones para que se reconcilie con Israel. Fing√≠a Cristo irse y dejar a la mujer Cananea, diciendo: "No es bueno tomar el pan de los hijos y ech√°rselo a los perros" (Mt 15). Pero fue retenido por la fe y la prudencia de aquella mujer. Por eso, si bien Cristo es todopoderoso e invencible, se ha obligado a ser detenido y cumplir con nuestras s√ļplicas y sus promesas.

Por qu√© estos dos disc√≠pulos obligaron a Jes√ļs a que se quede con ellos

Et coegerunt illum, dicentes: Mane nobiscum, quoniam advesperascit, inclinata est iam dies. Le ped√≠an que no los abandonasen, le imploraban, le rogaban y con sus s√ļplicas lo obligaban a quedarse, y tal vez lo tomaban del vestido, para que se quede a√ļn con ellos, y le dec√≠an "Se√Īor", aunque esta palabra no est√© en los c√≥dices griegos ni en los m√°s correctos de los c√≥dices latinos. No porque hayan reconocido ya a Jes√ļs, sino porque hab√≠an reconocido en su admirable doctrina y compa√Ī√≠a que no era un caminante cualquiera. As√≠ pues, le dec√≠an: "Se√Īor, s√© para nosotros un agradable hu√©sped, ¬Ņpor qu√© quieres proseguir en el camino? Ya est√° cerca la tarde, y el sol yace en el ocaso".

Quiénes odian la noche y las tinieblas
Por qu√© Cristo quiere que le rueguen para hacer lo que √Čl mismo hace voluntariamente

Con raz√≥n odian la noche quienes aman a Jes√ļs, quien es la Luz. Por otro lado, Cristo ama que le pidan y que lo obliguen; que le pidan, para hacer lo que gustosamente hace: dar a los que son dignos y lo merecen; y que lo obliguen, para ense√Īarnos con cu√°nto esfuerzo debemos hacer el bien al pr√≥jimo, porque hay m√°s felicidad en dar que en recibir137. Cristo quiere que lo obliguen, y es obligado por nuestra tribulaci√≥n, y por nuestra humilde s√ļplica. "No hay --dice-- quien invoque tu nombre, quien se despierte y se sostenga en ti" (Is 64,6). Abraham y Lot obligaban a los hu√©spedes a que se quedasen con ellos138, pero pocos son los que detengan a Cristo al recibirlo en la Eucarist√≠a o cuando pide limosna en la persona de los pobres. Mira c√≥mo invitan a la cena a quien los ha reprendido.

Se explica aquello de que ya cae la tarde y el día está ya inclinado

Est√°n en lo cierto cuando le dicen que est√° atardeciendo, pero no saben lo que est√°n diciendo. Atardece de verdad cuando Jes√ļs no est√° con nosotros, pues √Čl es el d√≠a y la luz del mundo. Y con el atardecer llega la tentaci√≥n y la tribulaci√≥n. As√≠ tambi√©n en la Cuaresma se aleja la luz de la palabra de Dios, y despu√©s de Pascua ingresan las tinieblas de Satan√°s. Dicen que est√° cayendo el d√≠a porque el Sol sube hasta el mediod√≠a, y despu√©s empieza a caer hacia el Ocaso. Por eso pasado el meridiano se dice que el d√≠a est√° cayendo. As√≠ pudieron regresar el mismo d√≠a a Jerusal√©n despu√©s de haber reconocido a Cristo, recorriendo siete millas en menos de dos horas.

Cu√°n √ļtil y saludable es acoger a Jes√ļs como hu√©sped

Et intravit cum illis. Cristo se alegra por haberse dejado vencer. Es mayor el gusto con el que entra que el gusto con que lo reciben, y más es lo que les va a obsequiar que lo que va a recibir. Incluso si se presentase con las manos vacías, también entonces les da.

Cristo vivo, Rey del cielo y de la tierra, resucitado de entre los muertos, se hace nuestro servidor

El Evangelista describe finalmente lo √ļltimo que sucedi√≥ all√≠. Et factum est, dum recumberet cum eis, accepit panem, benedixit, ac fregit, porrigebat illis. El Evangelista describe cuatro acciones que realiza Jes√ļs: 1¬į. tomar el pan; 2¬į. bendecirlo, es decir, santificarlo y dar gracias al Padre seg√ļn sol√≠a hacerlo; 3¬į. partir el pan; 4¬į. dar el pan partido y dividido. De este modo, Cristo ejerce el servicio entre sus disc√≠pulos no s√≥lo en vida, sino tambi√©n luego de resucitado.

C√≥mo fueron abiertos los ojos de los disc√≠pulos al reconocer al Se√Īor que desapareci√≥ de su vista

Et aperti sunt oculi eorum, cognoverunt eum: ipse evanuit ex oculis eorum. No se piense que los disc√≠pulos hab√≠an caminado desde Jerusal√©n hasta Ema√ļs con los ojos cerrados y ciegos. M√°s bien, en la fracci√≥n de pan lo reconocieron al quit√°rsele de los ojos el impedimento que nos les dejaba verlo o reconocerlo. Por eso contin√ļa diciendo: "Y lo reconocieron", que es casi como una explicaci√≥n de la apertura de sus ojos, del mismo modo que cuando antes dijo "sus ojos estaban retenidos" explic√≥ el modo en que eran retenidos a√Īadiendo: "para que no lo reconociesen".

Por qué fueron abiertos los ojos de nuestros primeros padres

Por eso, cuando se dice en la Escritura que se abrieron los ojos de nuestros primeros padres139, no es que antes hayan estado ciegos y privados de la luz, sino que sus ojos se abrieron de modo que conocieran su pecado y su pena, es decir, su desnudez. Por eso contin√ļa diciendo: "Al ver que estaban desnudos", etc.

Por el contrario, los ojos de los disc√≠pulos fueron abiertos para que reconozcan a Jes√ļs y su Evangelio, que no pod√≠an ser conocidos de un modo meramente natural. Y as√≠ como antes por el enga√Īo de la serpiente (nuestros primeros padres) comieron el fruto de la serpiente y vieron su desnudez, as√≠ ahora al comer el fruto prescrito por la serpiente exaltada en la Cruz los disc√≠pulos reconocieron a Jes√ļs y la salvaci√≥n que obtuvo con su resurrecci√≥n140.

Qué fue esta fracción del pan en la que fue reconocido Cristo

1ra. opinión

No es f√°cil determinar qu√© fue esta fracci√≥n del pan en la que reconocieron a Cristo, m√°s a√ļn cuando sobre este punto hay diversas opiniones entre los Padres. Algunos creen que se trata de una fracci√≥n del pan y un banquete seg√ļn la costumbre hebrea, como se menciona en los Hechos: "part√≠an los panes en las casas y tomaban el alimento con alegr√≠a y simplicidad de coraz√≥n" (Hech 2); o como dice Isa√≠as: "Parte tu pan al hambriento, y lleva contigo a los necesitados y a los vagabundos" (Is 58). Pues a ellos se les ha prometido como recompensa el conocimiento de Dios, como dice el Profeta: "Entonces irrumpir√° tu luz como de ma√Īana, y se levantar√° velozmente tu salvaci√≥n". Sin embargo, a decir verdad, en esta ocasi√≥n Cristo es el invitado, no el que invita. Adem√°s, con el peregrino se realiza una obra santa y agradable a Dios mediante la hospitalidad y la caridad. Sin embargo, no es √Čl quien recibe, sino que es recibido por Cleof√°s.

A menudo Cristo es reconocido en las obras piadosas

No negamos con esto que a Jes√ļs se le puede reconocer en la hospitalidad y en las obras de caridad, a veces incluso m√°s que en la oraci√≥n y en las Escrituras, como ense√Īan Gregorio y Agust√≠n141.

Se refuta un vanísimo comentario sobre Lucas

Pero es rid√≠culo creer que ya que Lucas era m√©dico haya recorrido aquella ciudad visitando a los enfermos para alg√ļn dinero con el cual atender m√°s honrosamente a Cristo, m√°s a√ļn cuando sabemos que Cleof√°s viv√≠a en Ema√ļs, tal como lo atestigua Jer√≥nimo142, y estaba recibiendo al Se√Īor en su propia casa, en la que luego se erigir√≠a un templo de Cristo.

2da. opinión, que también se rechaza

Hay tambi√©n quienes afirman (a partir de la palabra fractio) que el Se√Īor sol√≠a partir el pan con sus manos de una manera milagrosa, como si lo cortase con un cuchillo, de modo que no cayese miga alguna en la tierra, y que debido a este acostumbrado modo de partir el pan fue reconocido por sus disc√≠pulos.

Entre ellos se encuentran Cayetano, Santo Tom√°s y otros muchos143. Pero hay dos motivos que nos llevan a rechazar esta opini√≥n. En primer lugar, que en muchos otros lugares de la Escritura se parte (frangere) el pan sin que se de un milagro semejante, como por ejemplo en el caso de los jerosolimitanos que se mencionan en los Hechos y en la primera carta a los Corintios144. Y no decimos que hayan partido el pan con sus manos como si hubieran usado una espada. En consecuencia, la palabra no significa necesariamente eso. Y en segundo lugar, tampoco es veros√≠mil que, como afirman algunos hombres doctos --entre otros, Ubertino de Casaliis145-- que Cristo haya usado ese signo al cortar el pan, tanto porque no aparece en ning√ļn lugar de la Escritura como porque Cristo sol√≠a hacer signos s√≥lo cuando era necesario o √ļtil, y no entiendo por qu√© Cristo habr√≠a de querer realizar frecuentemente tan inusitado milagro.

3ra. opinión, que es la que sigue el autor

En tercer lugar, es m√°s correcto y congruente con las Sagradas Escrituras entender esta fracci√≥n del pan como el Sacramento de la Eucarist√≠a. En primer lugar porque Lucas en los Hechos la llama simplemente "fracci√≥n del pan", cuando dice: "perseveraban en la doctrina de los ap√≥stoles, y en la comuni√≥n de la fracci√≥n del pan" (Hech 2), es decir, del pan partido. La palabra koinonia que Lucas usa aqu√≠, es usada por Dionisio146 para referirse a la Eucarist√≠a. Pablo es a√ļn m√°s claro: "El pan que partimos, ¬Ņno es participaci√≥n del cuerpo de Cristo?" (1Cor 10). En segundo lugar, porque aqu√≠ encontramos todas las caracter√≠sticas que hubo en la cena del Se√Īor: tom√≥ el pan, lo bendijo, lo parti√≥, y lo reparti√≥. Solamente faltan las palabras: "Esto es mi cuerpo" (Mt 26), porque no hac√≠an falta, o porque se deben sobreentender las palabras del Se√Īor en la cena, ya que al bendecir dijo algunas palabras, o porque como dice Inocencio III consagr√≥ el pan no con esas palabras sino con su virtud interior, usando otras palabras. Y en este pasaje no se indicaron las palabras porque no deb√≠amos consagrar con ellas sino con las pronunciadas en la cena del Se√Īor. En tercer lugar, porque cada vez que en el Evangelio se menciona que el Se√Īor bendijo el pan sigue siempre alg√ļn signo: la multiplicaci√≥n147, o la santificaci√≥n y la consagraci√≥n, como en la cena. Y dado que aqu√≠ no hubo multiplicaci√≥n, tiene que haber habido consagraci√≥n. En cuarto lugar, porque as√≠ lo creen diversos Padres que refieren este pasaje: Cris√≥stomo in Mattheum148, Teofilacto149, Tito Bostrense150, Agust√≠n en su libro De consensu evangelistarum151 e In canonicam Ioannis152, Beda en su libro Commentariorum in Lucam153, y Pedro Damiano en su libro De divinis officiis, y muchos otros. Finalmente, porque podemos concluirlo a partir del efecto producido, es decir, reconocer espiritualmente a Jes√ļs, tal como afirman Agust√≠n y Teofilacto. Ese conocimiento es un efecto propio del Sacramento de la Eucarist√≠a, no de un pan corriente.

Se absuelve las objeciones contrarias

Las objeciones en contra de esto son fr√≠volas y de poca importancia, a saber, que eran incr√©dulos, y no ten√≠an fe, y que habr√≠an comulgado en pecado. Porque por la reprensi√≥n y las palabras de Cristo ya estaban debidamente contritos, y el Esp√≠ritu Santo hab√≠a obrado el ardor en sus corazones. Tampoco es obst√°culo que hayan comulgado sin confesarse previamente, porque tampoco en la cena se confesaron previamente los Ap√≥stoles154, y el Se√Īor no pod√≠a exig√≠rsela ni a √©stos ni a aquellos ya que a√ļn no la hab√≠a instituido, sino que la instituy√≥ por la noche cuando se apareci√≥ a los diez Ap√≥stoles congregados y les dijo: "A quienes les perdon√©is los pecados, les ser√°n perdonados" (Jn 20,23). Tampoco vale la objeci√≥n de que habr√≠an comulgado por s√≠ mismo con sus propias manos, pues tambi√©n los Ap√≥stoles lo hicieron as√≠ en la cena, y porque √©se fue el uso por varios siglos155 hasta que fue derogado. Tampoco obsta que dado que no estuvieron en la cena del Se√Īor no hayan sabido lo que era la comuni√≥n, tanto porque podr√≠an haberlo aprendido de los Ap√≥stoles como porque en la fracci√≥n del pan les fueron iluminados los ojos, reconocieron el pan sagrado y lo recibieron reverentemente, igual que a los Ap√≥stoles les fue dada la Eucarist√≠a en la cena sin que lo esperasen. Tampoco obsta que el Se√Īor les haya dado de comulgar al principio mientras que en la cena lo hab√≠a hecho al final, pues aqu√≠ el principio era tambi√©n el fin, ya que inmediatamente desapareci√≥. Y, como dice Pedro Damiano en su serm√≥n sobre la cena del Se√Īor, el Se√Īor instituy√≥ la comuni√≥n bajo ambas especies, que fue acostumbrada en la Iglesia en una √©poca, y despu√©s la comuni√≥n s√≥lo en una especie, tal como le corresponde a los laicos, de modo que Cristo nos dio ejemplo de ambas. Y no se puede decir que se trate de una sin√©cdoque, es decir, que se tome la parte por el todo, pues el Se√Īor desapareci√≥ apenas fue reconocido en la fracci√≥n del pan. Y finalmente, no obstan tampoco las palabras del Se√Īor: "No beber√© del fruto de la vid hasta el d√≠a en que beba de vosotros el vino nuevo en el reino de mi Padre" (Mt 26). Pues Cristo resucitado estaba ya en su reino, y por la noche comi√≥ pescado asado y miel156. Hasta aqu√≠ sobre este pasaje, pues lo hemos comentado ya en otro lugar.

Qué significa evanescere

Sigue diciendo: Et ipse evanuit ex oculis eorum. Es decir, ocultó la agradable presencia de su cuerpo mediante la cualidad llamada sutilidad. La palabra griega que corresponde a evanuit significa "desapareció" (disparuit). Pero en latín está bien dicho evanescere, pues fue apartado de sus ojos.

Por qué Cristo desapareció de los ojos de los discípulos

El Se√Īor desapareci√≥ porque la fragilidad humana no correspond√≠a a la majestad del cuerpo resucitado, y para mostrar que su cuerpo resucitado no necesita de alimento corp√≥reo o sensible. Tambi√©n para que se acostumbren a no ver su cuerpo, que luego ser√≠a apartado de ellos. Asimismo para que ya no estando presente regresen pronto a anunciar a los Ap√≥stoles lo sucedido, as√≠ como por el mismo motivo (no) quiso que la Magdalena lo tocase y lo detuviese157. Igualmente para que amasen en esp√≠ritu al que, si bien ha apartado la presencia de su carne, permanece en el alma, que puede verlo con los ojos de la fe mejor que con los ojos del cuerpo. Por eso les estaban retenidos los ojos, porque no cre√≠an.

Cu√°ndo es verdaderamente reconocido el Se√Īor y cu√°ndo se aleja de nuestros ojos y desaparece

Y reconocen al Se√Īor cuando desaparece, es decir, cuando lo descubren inmenso e incomprensible; mientras que el Se√Īor desaparece de nosotros debido a nuestro pecado, cuando nos aferramos m√°s al don que al donante. Es frecuente que quienes reciben el pan en la prosperidad no lo reconozcan hasta que le urge el hambre, como el hijo menor que se march√≥ a una regi√≥n lejana158.

Efectos de una buena predicación

Et dixerunt ad invicem, Nonne cor nostrum ardens erat in nobis, dum loqueretur in via, aperiret nobis Scripturas? "En nosotros", dicen, no "fuera de nosotros". En efecto, una buena predicaci√≥n hace arder interiormente el coraz√≥n, mediante la contrici√≥n por los pecados o mediante el deseo de la virtud y la vida eterna. Despu√©s de la partida de Jes√ļs, estos buenos hombres no cesaban de hablar entre ellos, y se dec√≠an: "¬ŅQu√© ha sucedido? ¬ŅPor qu√© lo hemos reconocido tan tarde? El sue√Īo se hab√≠a apoderado de nuestras almas, y la oscuridad oprim√≠a nuestros ojos".

Poder de las palabras de Cristo

Las palabras de Jes√ļs her√≠an y hac√≠an arder sus almas, las cautivaban y dejaban en ellas agujas y espinas. Y si su coraz√≥n ard√≠a tanto mientras el Se√Īor les hablaba en el camino, ¬Ņc√≥mo ser√° en la patria celestial?

Caridad de estos discípulos para con sus hermanos

Et surgentes, eadem hora regressi sunt in Jerusalem. Tomando las alas del amor, e impacientes por el gozo, se les torn√≥ aquella tarde en d√≠a, y se pusieron de pie al momento para compartir con los otros este inmenso gozo y para confirmar su fe en el di√°logo mutuo. Pues as√≠ quiso el Se√Īor propagar sus dones entre los hombres, para que sirvi√©ndose mutuamente se acreciente su caridad y aumenten los m√©ritos que habr√° de recompensar.

Seg√ļn qu√© ley nos son concedidos los dones divinos

Estos dos disc√≠pulos dec√≠an lo mismo que los leprosos que estaban en las puertas de Samaria: "Hoy es el d√≠a de la buena nueva. Si nos quedamos callados y no la anunciamos hasta la ma√Īana, seremos culpables de un delito"159. Por eso no los detuvo el cansancio del recorrido anterior, ni la distancia del viaje, ni la oscuridad de la noche.

C√≥mo los disc√≠pulos anunciaron la resurrecci√≥n del Se√Īor a los doce, y c√≥mo Tom√°s no crey√≥ y se fue

1ra. solución

Et invenerunt congregatos undecim, eos qui cum illis erant. Los hab√≠a abandonado Judas, interrumpiendo as√≠ el sagrado n√ļmero doce. Y recibieron el buen anuncio no divididos, ni separados. Es veros√≠mil que los dos disc√≠pulos llegaran desde Ema√ļs, encontraran a los once Ap√≥stoles, incluido Tom√°s, pero que este √ļltimo no haya cre√≠do lo que les dec√≠an y, por alguna causa urgente, se haya ido antes que el Se√Īor se les apareciese a puertas cerradas160. No habr√≠a entonces por qu√© maravillarse de que Tom√°s no haya estado en esa aparici√≥n.

2da. solución

Sin embargo, tambi√©n se puede decir que los disc√≠pulos que regresaron de Ema√ļs encontraron a los once, pues despu√©s de la traici√≥n de Judas √©ste era el nombre peculiar del conjunto de los Ap√≥stoles, con lo que podr√≠an habido incluso m√°s de once, por ejemplo si hab√≠an otros con ellos.

Dicentes quod surrexit Dominus vere, apparuit Simoni. La palabra dicentes se encuentra en caso acusativo, en griego legontas, así que se refiere a los Apóstoles, no a los peregrinos.

Mérito de la hospitalidad

Y de este modo la piadosa diligencia de los peregrinos mereci√≥ o√≠r que el Se√Īor se hab√≠a aparecido a Sim√≥n, de tal manera que tambi√©n fueron confirmados quienes ven√≠an a confirmar a otro. "El Se√Īor ha resucitado verdaderamente y se ha aparecido a Sim√≥n". "Y" est√° haciendo las veces de "porque". Efectivamente, la afirmaci√≥n del sucesor de Pedro es un argumento firme en favor de la verdad, pues los dem√°s le creen y lo siguen en su afirmaci√≥n.

Por qu√© el Se√Īor se apareci√≥ a Sim√≥n despu√©s de resucitar

A Pedro le confi√≥ (el Se√Īor) su gracia, y en √©l encuentran todos los pecadores penitentes un consuelo, pues el Se√Īor se apareci√≥ a Pedro antes que a los otros Ap√≥stoles, para que donde abund√≥ el delito, sobreabundara la gracia161. Tambi√©n por eso las mujeres fueron enviadas a anunciar la resurrecci√≥n de Cristo particularmente a Pedro.

Aprendamos del ejemplo de estos disc√≠pulos a mantener en nuestra memoria los beneficios recibidos: conversemos sobre Jes√ļs, e insist√°mosle para que venga a nosotros. Meditemos en las Sagradas Escrituras, si queremos vernos encendidos con el fuego del Esp√≠ritu Santo. Acerqu√©monos a los divinos Sacramentos, para que se aleje la tristeza y la tentaci√≥n, y se nos de fuerza para regresar de este destierro a la Jerusal√©n celestial, donde Cristo nunca m√°s desaparecer√°.

Lección que podemos aprender de los discípulos de Cristo

Siguiendo el ejemplo de los dos disc√≠pulos, adhir√°monos a lo bueno y huyamos de las malas compa√Ī√≠as, esperando llegar a gozar de la presencia perpetua de Jesucristo Nuestro Se√Īor, que con el Padre y el Esp√≠ritu Santo recibe eternamente la gloria, la alabanza y el honor por todos los siglos. Am√©n.


1

Eutim., c. 84, in Marc.

2

Aug., lib. 3 de cons. evang., cap. 25, com. 4.

3

Orígenes, tom. I, in Joan., no lejos del principio.

4

Orígenes, lib. 2 contra Celso.

5

Basil., √ļltimo tomo.

6

Epiphan. in haeresin 23, cerca al final.

7

Amb. lib. 10 in Luc., cap.ul.

8

Joseph., libr. 18, Antiq. cap. 4.

9

Cf. 1Cor 15.

10

Niceph. libr. I, cap. 34, al inicio.

11

Gregor., in prolog. Moral., c. 2, tomo I.

12

S. Jerónimo, 10,1.

13

Cf. 1Cor 15; 2Cor 8.

14

Cf. Lc 10.

15

Mt 27; Ecles 4.

16

Cf. Sal 17.

17

Cf. Jn 11.

18

Cf. 1Re 17.

19

Joseph. libr. 18 Antiq., c. 2; lib. 4 de bello Iudaic., c. 1.

20

Beda in Luc. c. 24, tom. 5.

21

Plinio, lib. 5, c. 14.

22

Jerón., tom. 1, Julio Africano.

23

Jerón., tom. 1

24

Hist. eccl. tripar., lib. 6,c.24.

25

Joseph., lib. 17, Antiq., c. 16.

26

Joseph., lib. 18, cap. 4.

27

Joseph. lib. de bel. Iud. cap. 1, cerca del inicio.

28

Jerón. en su prefacio a 1Re, t. 4.

29

Plinio, lib. 2, c. 3.

30

Beda, in Luc, tom. 5.

31

Joseph. lib. 7, cap. 26 de bel. iud., hacia el final.

32

Cf. Mt 12.

33

Cf. Dn 14; Rufino, lib. in Hieron.

34

Jer. lib. 2 contra Rufino, al final del tomo 2.

35

Cf. Mt 8 y 14.

36

Cf. Jn 14.

37

Caiet. ientaculo. 7.

38

Cf. Gén 19.

39

2Re 6.

40

Lc 4.

41

Teofilacto, in Luc., √ļltimo cap.

42

Aug. epist. 59, en la solución a la octava cuestión, tom. 2.

43

Aug. lib. 3 de Consensu Evang., cap. 25, tomo 4.

44

Cayet., lug. cit.

45

Aug., allí mismo.

46

Aug., allí mismo.

47

Greg., hom. 23 in Evang., 10, 2.

48

Cf. Mt 17.

49

Jerónimo, en su Epis. a la madre Paula, poco después del inicio.

50

Jn 19.

51

Eutimio, c. 89, al inicio de Lucas.

52

Cic. libr. 1 de Offic.

53

Cic. lib. 4. Epist. ad Attic, epist. 12.

54

Cic. lib. 1 de Offic. Plato libr. 14 de legibus.

55

Cf. Mt 1; Is 7.

56

Cf. Lc 2.

57

Cf. Mt 13; Jn 7; Mt 26.

58

Cf. Is 28.

59

Cf. Lc 23.

60

Cf. Hech 1.

61

Cf. Sal 103.

62

Cf. Lc 9.

63

Cf. Ap 3,20.

64

Cf. Sal 68.

65

Cf. Jn 16.

66

Cf. Sab 1.

67

Cf. Rom 15

68

Cf. Is 65.

69

Cf. Jn 10.

70

Cf. Mt 27.

71

Cf. Lc 23.

72

Cf. Mt 27.

73

Cf. 1Cor 5.

74

Cf. G√°l 1.

75

Cf. Mt 17 y 26.

76

Cf. Mt 28.

77

Cf. Mt 27.

78

Cf. Lc 24.

79

Cf. Gén 24.

80

Cf. Mt 7.

81

Cf. G√°l 3.

82

Cf. Prov 27.

83

Cf. Mt 9.

84

Cf. Jn 16; Lc 14.

85

Cf. Stgo 1.

86

Cf. 1Pe 1.

87

Lc 3.

88

Cf. Rom 1.

89

Cf. Gén 12 y 26.

90

Cf. Jn 12.

91

Cf. Gén 4.

92

Cf. Gén 5.

93

Cf. Gén 9.

94

Cf. Mt 27.

95

Cf. Gén 8.

96

1Pe 3; Gén 6.

97

Cf. Hech 4.

98

Cf. Gén 21,8ss.

99

Cf. Gén 22.

100

Cf. Gén 27.

101

Cf. Gén 32.

102

Cf. Gén 39.

103

Cf. Gén 41.

104

Cf. Mt 28.

105

Cf. Ex 2.

106

Cf. Gén 14.

107

Cf. Jue 16.

108

Cf. Job 1ss.

109

Cf. Job 14.

110

Cf. Jn 12.

111

Cf. 1Re 17; 2Re 4.

112

Jon√°s 2.

113

Mt 12; 16; Jn 3; Lc 24.

114

Cf. Jer 37.

115

Cf. Dan 14.

116

Cf. Ester 4.

117

Cf. Zac 3.

118

Cf. Sal 92.

119

Cf. 1Cro 11.

120

Cf. 2Re 25.

121

Cf. 1Esd y ss.

122

Cf. Gén 8.

123

N√ļm 17.

124

Sal 117.

125

Cf. Sal 102.

126

Cf. N√ļm 21; Jn 3 y 8.

127

Cf. Lc 2.

128

Cf. Lc 7.

129

Hist. trip., lib. 6, cap. 42.

130

Cf. Jn 14,16.

131

Aug., lib. contra mendac., cap. 3, tom. 4.

132

Aug., allí mismo, y en el lib. 2, qq. Evangel., q. 51, en el mismo tomo.

133

Aug., lib. I de mendacio, ad Consentium, c. 3.

134

Hech 16.

135

Cf. 1Cor 9.

136

Cf. Mc 6.

137

Cf. Hech 20,35.

138

Cf. Gén 18 y 19.

139

Cf. Gén 3.

140

Jn 6; 3; 8.

141

Grego. Hom. 23 in Evang., 10,2; Aug. serm. 1 ser. 2 Paschae, tom. 10

142

Jerónimo, in epitaphio paulae 10,2

143

Cayetano, in Luc.; Santo Tom√°s, in 3 sent. dist. 21, quaest. 4, ad 1.

144

Cf. Hech 2; 1Cor 10; Hech 20.

145

Cf. Ubertino de Casaliis, lib. 4, c. 29.

146

Dionis., de Ecclesi. hierarch.

147

Cf. Jn 6; Mt 14.

148

Crisóstomo, hom 17 in Matth., tomo 2.

149

Teofilacto, in Luc 24.

150

Citado en la catena de Santo Tom√°s sobre Lucas

151

Aug., lib. 3 de cons. evang., c. 25, tom. 4.

152

Aug., trat. 2 in canonic. joan., tom. 9. Y fer. 1 feriae 2 Paschae, tom. 10.

153

Beda, lib. 6 in Luc., cap. 96 hacia el final, tomo 5.

154

Lc 22.

155

Vetus in Ecclefia ritus communicandi. IV.ratio.

156

Lc 24.

157

Jn 20.

158

Lc 15.

159

2Re 7.

160

Cf. Jn 20.

161

Cf. Rom 5.
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