HomilÃa de Mons. Cipriano Calderón Polo durante la misa con el Movimiento de Vida Cristiana en la BasÃlica del SantÃsimo Salvador y San Juan de Letrán
«MarÃa se puso en camino y fue aprisa a la montaña» 1 .
1. Queridos jóvenes y demás hermanos y hermanas del Movimiento de Vida Cristiana, que desde tantos lugares de América Latina os habéis puesto «en camino» con vuestro Fundador, como MarÃa, para venir «aprisa» a esta «montaña» santa que es Roma.
Ahora estáis en la Catedral del Papa: «Omnium Urbis et Orbis Ecclesiarum Mater et Caput»: «Madre y cabeza de todas las Iglesias de la Urbe y del Orbe», como habéis visto escrito en el frontispicio del templo.
Aquà estamos reunidos para celebrar a Cristo, el "SantÃsimo Salvador". Tened presente que éste es el nombre principal de esta Patriarcal BasÃlica, comúnmente llamada de San Juan de Letrán: BasÃlica del SantÃsimo Salvador, Cristo Jesús a quien contemplamos, fascinante, radiante de luz y de misterio, Pantokrátor, en el impresionante mosaico bizantino de Torriti que mandó restaurar el Papa León XIII, en el ábside de esta Iglesia excepcional: primer templo de la cristiandad.
Celebramos a Cristo y celebramos a su Madre SantÃsima la Virgen MarÃa, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Evangelización.
2. El texto de San Lucas que se acaba de proclamar nos invita a mirar a MarÃa para ver en ella la primera evangelizada y la primera evangelizadora o «evangelista» 2 , por usar expresiones del Papa Juan Pablo II.
Según narra el mismo San Lucas en los versÃculos anteriores a los que hemos escuchado 3 , el ángel San Gabriel fue enviado por Dios a evangelizar a la Virgen de Nazaret; es decir, a anunciarle la gran noticia: la Encarnación del Hijo de Dios o Verbo del Padre, en «sus PurÃsimas entrañas», como aprendimos en el catecismo: inefable evento, sublime misterio.
Asà MarÃa fue la primera evangelizada.
Pero apenas aconteció este hecho formidable en su vida juvenil, Ella, MarÃa, después de pronunciar el sà de la suprema generosidad, «se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de ZacarÃas y saludó a Isabel» 4 . Nos recuerda el Prefacio de esta Misa que lo hizo «conducida por el EspÃritu Santo», llevando «presurosa en su seno a Jesús hasta Juan, a fin de que fuera para él motivo de santificación y de gozo».
De esta manera MarÃa evangelizó a su prima; es decir, le anunció lo acaecido y asà evangelizó, santificó, también, a la criatura que Isabel llevaba en su seno: Juan el Bautista, aquel que habÃa de ser el Precursor del MesÃas.
AsÃ, pues, vemos que MarÃa fue también la primera evangelizadora, después de Jesús, quien es --como afirma Pablo VI en la Evangelii nuntiandi-- «el primero y el más grande evangelizador» 5 , «Evangelio del Padre» y «Evangelizador viviente en su Iglesia», según las felices expresiones del documento final de la Conferencia de Santo Domingo 6 .
3. ¿Cuál es la lección que vosotros podéis sacar de estos textos bÃblicos que hemos citado, o de estos episodios marianos, meditándolos aquà esta tarde durante vuestra peregrinación en la Ciudad Eterna?
Tenéis que tomar conciencia de que habéis venido al centro de la catolicidad, podrÃamos decir, a la capital de la Iglesia, para evangelizaros y acentuar o dar nuevo ardor, nuevo énfasis, nuevas expresiones a vuestra vocación de evangelizadores; es decir, para aprender a evangelizar de forma más fuerte e incisiva y realizar luego de manera más eficaz la acción evangelizadora en vuestras patrias.
Tenéis que apreciar y aprovechar la gracia que el Señor os ha hecho de traeros a Roma, para evangelizaros aquà más profundamente. ¿Cómo?
Ante todo en el contacto con el Papa, en la cercanÃa al Vicario de Cristo, de forma que, con creciente fe y juvenil entusiasmo, sintonicéis cada vez más con las enseñanzas y las orientaciones del Santo Padre. Yo sé que ésta es una de las caracterÃsticas de vuestro Movimiento de Vida Cristiana y ello es una garantÃa que dais a la Iglesia en orden a la evangelización.
La sintonÃa con el Romano PontÃfice conlleva --como señalaba el Cardenal Secretario de Estado, Angelo Sodano, hace pocos dÃas, hablando en el SÃnodo de Asia-- la sintonÃa con sus colaboradores, con los organismos de gobierno pastoral de la Santa Sede 7 . Claro que teniendo siempre presente que la Iglesia del Señor está cimentada sobre «la debilidad humana»: asà rezamos en una de las Oraciones Colectas de Cuaresma (martes de la II semana). Si no tenéis presente este elemento, «la debilidad humana», os puede resultar difÃcil comprender algunas cosas. (Por lo demás, los prelados de la Curia queremos ser en nuestra labor auténticos evangelizadores).
Aquà tendréis estos dÃas contacto con los dicasterios de la Curia romana y su personal; pero vais a tener contacto sobre todo con la Iglesia universal y sus ricas expresiones plasmadas en numerosos carismas y dinámicos movimientos.
Además, vais a tener contacto con la tradición viva de la Iglesia, hecha realidad perenne en tantos lugares sagrados que visitaréis: desde las Catacumbas y esta BasÃlica constantiniana del Cristo "Salvador y Evangelizador" 8 hasta el Vaticano, con la memoria de multitud de mártires y santos, empezando por los Apóstoles Pedro y Pablo: ellos, como todos los demás, trasmiten aquÃ, a los peregrinos, su mensaje cual si estuvieran vivos.
Todo esto que llamamos "romanidad" es fuente de evangelización, es algo que, si se sabe captar, evangeliza en profundidad. Por eso es tan importante lo que Juan Pablo II, en su libro Don y Misterio, llama «aprender Roma» 9 .
Roma es por antonomasia la ciudad de la paz eclesial, del diálogo ecuménico, de la santidad contagiosa y de la evangelización. «Hinc una fides mundo refulget», podréis leer en los grandes caracteres del mosaico dorado que rodean la banda interior de la cúpula de San Pedro. Es una frase de San Cipriano que podrÃamos traducir asÃ: «Desde aquÃ, con la fe, se llena de luz, se evangeliza el mundo».
Por eso de Roma deberéis marchar, emprender el camino hacia vuestras patrias, llenos de amor a la Iglesia, con un fino sentido de Iglesia y con una gran inquietud apostólica. Esto es, no sólo más evangelizados sino más dispuestos, más decididos y más preparados a ser auténticos evangelizadores: evangelizados y evangelizadores, como MarÃa.
4. Poco nos dicen los Evangelios de la tarea evangelizadora de MarÃa como educadora de Jesús, en Nazaret, y luego acompañándolo por los caminos de Galilea y de Judea.
En realidad, con el Salvador y junto al Salvador, MarÃa evangelizó con su fino testimonio y con su elocuente silencio.
En Caná de Galilea, cuando la Virgen pidió a su Divino Hijo una intervención en favor de los jóvenes esposos que se habÃan quedado sin vino para sus invitados, Ella, MarÃa, pronunció unas palabras que son como la sÃntesis de la filosofÃa pastoral y de toda la pedagogÃa de la evangelización: «Haced lo que Él os diga» 10 .
Fue una invitación de MarÃa a centrar la atención en Cristo y en su palabra.
Ahora bien, ¿qué dijo Jesús a la Iglesia naciente, a los Apóstoles, en el Monte de los Olivos, al terminar su misión terrena, antes de subir al Padre? Recordemos el final del Evangelio de San Mateo 11 o también la conclusión del Evangelio de San Marcos. Dice el Señor: «Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio a toda criatura» 12 .
En estas palabras que escuchamos ahora aquà como si nos las repitiera, con especial énfasis, el Jesús del mosaico del ábside que habla desde la Jerusalén celeste representada en dicho mosaico y desde la cual descienden los cuatro desbordantes rÃos que son los Evangelios, en estas palabras: «Id... y predicad la Buena Nueva», «está contenida la proclama solemne de la evangelización» 13 . Asà lo afirma Juan Pablo II.
Contienen esas palabras la profecÃa de la evangelización, pronunciada por Jesús en el Monte de los Olivos, el dÃa de su Ascensión a los cielos.
Después de este episodio, MarÃa aparece de nuevo, como nos ha recordado la primera lectura tomada de los Hechos de los Apóstoles 14 , evangelizando en el Cenáculo a los discÃpulos enviados por el Señor a predicar la Buena Nueva a todos los hombres y a todas las mujeres del mundo: la Virgen ora, reza --dice la Oración Colecta y también el Prefacio de esta Misa-- con «los pregoneros del Evangelio, los inflama en el amor», los «impulsa con su ejemplo», alienta su esperanza, preparándolos para la venida del EspÃritu Santo y para la realización del mandato misionero de Cristo; es decir, «para que no cesen de anunciar a Cristo el Salvador».
Este mandato misionero se fue realizando a través de los siglos y un dÃa venturoso, el 12 de octubre de 1492, la profecÃa de la evangelización se cumplió también en América: la cruz fue plantada en las tierras descubiertas por Cristóbal Colón y, luego, misioneros provenientes de España comenzaron a predicar allà el Mensaje de Jesús, llegando también a las tierras de Perú, de Colombia, de Brasil, de Ecuador, de Costa Rica, de Estados Unidos y de las demás naciones aquà representadas. AsÃ, después de 500 años, en aquel continente se encuentran, al final del segundo milenio, la mitad de los católicos de todo el mundo, con una Iglesia realmente viva y dinámica, de la que vosotros sois un buen testimonio. Por eso, el Papa lo llama el «Continente de la Esperanza».
5. Juan Pablo II ha escrito que la Virgen fue la «primera evangelizadora de América Latina» 15 .
En la Catedral de Lima se venera la imagen de Nuestra Señora de la Evangelización, enviada a la ciudad de los Reyes por el Emperador Carlos V.
Pensemos en la inmensa y desbordante labor evangelizadora que la Virgen realiza en tantos santuarios marianos esparcidos por todo el mundo, comenzando por Santa MarÃa la Mayor aquà en Roma, y en el suelo americano, desde Guadalupe.
¡Cuántas multitudes! Miles y miles de personas van continuamente a esos santuarios para ser evangelizadas por Santa MarÃa.
Dejémonos también nosotros evangelizar por la Virgen de Nazaret. Aprendamos de Ella a entregarnos sin reserva a la fascinante aventura de la Nueva Evangelización, a la que nos ha convocado el Papa en la perspectiva del tercer milenio de la Iglesia.
Pero no olvidemos, sobre todo ahora en Pentecostés, que --como afirma el Papa en la carta apostólica Tertio millennio adveniente-- el «agente principal de la Nueva Evangelización» es el EspÃritu Santo 16 : «fuente de los carismas», «incienso de la oración», «fuego del testimonio», «luz de la fe», «aliento y sonrisa de la Iglesia», «gozo de MarÃa», como dicen las LetanÃas del EspÃritu Santo.
Él haga que la profecÃa de la evangelización se cumpla en el mundo entero; que se cumpla en el Sodalitium Christianae Vitae y en el Movimiento de Vida Cristiana, en cada uno de nosotros.
«Evangelizare Iesum Christum»: anunciar a Jesucristo, según el grito de San Pablo 17 que oiréis resonar en la BasÃlica del Apóstol de las Gentes, cuando la visitéis.
Jesucristo, único Salvador del mundo: ayer, hoy y siempre. Asà sea.
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