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Congregaci贸n para el Clero, Directorio para el Ministerio y la Vida de los Presb铆teros
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Directorio para el Ministerio y la Vida de los Presb铆teros

INTRODUCCI脫N

La rica experiencia de la Iglesia acerca del ministerio y la vida de los presb铆teros, condensada en diversos documentos del Magisterio 1 , ha recibido en nuestros d铆as un nuevo impulso gracias a las ense帽anzas contenidas en la Exhortaci贸n apost贸lica post-sinodal "Pastores dabo vobis" 2 .

La publicaci贸n de este documento -en el que el Sumo Pont铆fice ha querido unir su voz de Obispo de Roma y Sucesor de Pedro a la de los Padres Sinodales- ha significado para los presb铆teros y para toda la Iglesia, el inicio de un camino fiel y fecundo de profundizaci贸n y de aplicaci贸n de su contenido.

"Hoy, en particular, la tarea pastoral prioritaria de la nueva evangelizaci贸n, que ata帽e a todo el Pueblo de Dios y pide un nuevo ardor, nuevos m茅todos y una nueva expresi贸n para el anuncio y el testimonio del Evangelio, exige sacerdotes radical e integralmente inmersos en el misterio de Cristo y capaces de realizar un nuevo estilo de vida pastoral" 3 .

Los primeros responsables de esta nueva evangelizaci贸n del tercer milenio son los presb铆teros: ellos, sin embargo, para poder realizar su misi贸n, necesitan alimentar en s铆 mismos una vida, que sea muestra di谩fana de la propia identidad, precisan tambi茅n vivir una uni贸n de amor con Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, Cabeza y Maestro, Esposo y Pastor, alimentando la propia vida espiritual y el propio ministerio con una formaci贸n permanente y completa.

Como respuesta a tales exigencias ha nacido este Directorio, pedido por numerosos Obispos, tanto durante el S铆nodo de 1990, como con ocasi贸n de la Consulta general del Episcopado promovida por este Dicasterio.

Al delinear los diversos contenidos, se tuvieron en cuenta, tanto las sugerencias del entero Episcopado mundial, consultado con este fin, como los resultados de los trabajos de la Congregaci贸n plenaria, que tuvo lugar en el Vaticano, en octubre de 1993; tambi茅n han sido recogidas las reflexiones de muchos te贸logos, canonistas y expertos en la materia, provenientes de diversas 谩reas geogr谩ficas e insertados en las actuales situaciones pastorales.

Se ha tratado de ofrecer elementos pr谩cticos, que puedan servir para iniciativas lo m谩s homog茅neas que sea posible; sin embargo, se ha evitado entrar en detalles que s贸lo las leg铆timas praxis locales y las reales condiciones de cada una de las Di贸cesis y Conferencias Episcopales podr谩n inspirar al celo y a la prudencia de los Pastores. Dada, pues, la naturaleza de Directorio del presente documento, ha parecido oportuno -en las circunstancias actuales- recordar s贸lo aquellos elementos doctrinales, que son el fundamento de la identidad, la espiritualidad y la formaci贸n permanente de los presb铆teros.

El presente documento, por lo tanto, no pretende ofrecer una exposici贸n exhaustiva acerca del sacerdocio, ni quiere ser una pura y simple repetici贸n de cuanto ha sido ya aut茅nticamente declarado por el Magisterio de la Iglesia. 脡ste quiere responder a los principales interrogantes -de orden doctrinal, disciplinar y pastoral- que el compromiso de la nueva evangelizaci贸n plantea a los sacerdotes.

As铆, por ejemplo, se ha querido aclarar que la verdadera identidad sacerdotal, tal como el Divino Maestro la ha querido y como la Iglesia la ha vivido siempre, no es conciliable con tendencias democraticistas, que quisieran vaciar de contenido o anular la realidad del sacerdocio ministerial. Se ha querido dar un 茅nfasis particular al tema especifico de la comuni贸n, exigencia hoy particularmente sentida, dada su incidencia en la vida del sacerdote. Lo mismo puede decirse de la espiritualidad presbiteral que, en nuestro tiempo, ha sufrido no pocos golpes a causa, sobre todo, del secularismo y de un equivocado antropologismo. Se ha manifestado necesario, en fin, ofrecer algunos consejos para una adecuada formaci贸n permanente que ayude a los sacerdotes a vivir su vocaci贸n con alegr铆a y responsabilidad.

El texto est谩 naturalmente destinado -a trav茅s de los Obispos- a todos los presb铆teros de la Iglesia de Rito Latino. Las directrices en 茅l contenidas se refieren especialmente a los presb铆teros del clero secular diocesano, si bien muchas de ellas -con las debidas adaptaciones- deben ser tenidas en cuenta tambi茅n por los presb铆teros miembros de Institutos religiosos y de Sociedades de vida apost贸lica.

Tenemos el deseo de que este Directorio pueda ayudar a cada sacerdote para profundizar en la propia identidad y para incrementar la propia vida espiritual, un aliento para el ministerio y para la realizaci贸n de la propia formaci贸n permanente, de la cual cada uno es el primer agente, y tambi茅n un verdadero punto de referencia para un apostolado rico y aut茅ntico en bien de la Iglesia y del mundo entero.

Dado por la Congregaci贸n para el Clero, Jueves Santo de 1994.

JOS脡 T. Card. S脕NCHEZ
Prefecto

CRESCENZIO SEPE
Arzobispo titular de Grado
Secretario

Cap铆tulo I: Identidad del Presb铆tero

El sacerdocio como don

1. La Iglesia entera ha sido hecha part铆cipe de la unci贸n sacerdotal de Cristo en el Esp铆ritu Santo. En la Iglesia, en efecto, "todos los fieles forman un sacerdocio santo y real, ofrecen a Dios hostias espirituales por medio de Jesucristo y anuncian las grandezas de aqu茅l, que los ha llamado para arrancarlos de las tinieblas y recibirlos en su luz maravillosa" (cf. 1P 2,5.9) 4 . En Cristo, todo su Cuerpo m铆stico est谩 unido al Padre por el Esp铆ritu Santo, en orden a la salvaci贸n de todos los hombres.

La Iglesia, sin embargo, no puede llevar adelante por s铆 misma tal misi贸n: toda su actividad necesita intr铆nsecamente la comuni贸n con Cristo, Cabeza de su Cuerpo. Ella, indisolublemente unida a su Se帽or, de 脡l mismo recibe constantemente el influjo de gracia y de verdad, de gu铆a y de apoyo, para que pueda ser para todos y cada uno "el signo e instrumento de la 铆ntima uni贸n del hombre con Dios y de la unidad de todo el g茅nero humano" 5 .

El sacerdocio ministerial encuentra su raz贸n de ser en esta perspectiva de la uni贸n vital y operativa de la Iglesia con Cristo. En efecto, mediante tal ministerio, el Se帽or contin煤a ejercitando, en medio de su Pueblo, aquella actividad que s贸lo a 脡l pertenece en cuanto Cabeza de su Cuerpo. Por lo tanto, el sacerdocio ministerial hace palpable la acci贸n propia de Cristo Cabeza y testimonia que Cristo no se ha alejado de su Iglesia, sino que contin煤a vivific谩ndola con su sacerdocio permanente. Por este motivo, la Iglesia considera el sacerdocio ministerial como un don a Ella otorgado en el ministerio de algunos de sus fieles.

Tal don, instituido por Cristo para continuar su misi贸n salvadora, fue conferido inicialmente a los Ap贸stoles y contin煤a en la Iglesia, a trav茅s de los Obispos, sus sucesores.

Ra铆z sacramental

2. Mediante la ordenaci贸n sacramental hecha por medio de la imposici贸n de las manos y de la oraci贸n consacratoria del Obispo, se determina en el presb铆tero "un v铆nculo ontol贸gico espec铆fico, que une al sacerdote con Cristo, Sumo Sacerdote y Buen Pastor" 6 .

La identidad del sacerdote, entonces, deriva de la participaci贸n espec铆fica en el Sacerdocio de Cristo, por lo que el ordenado se transforma en la Iglesia y para la Iglesia -en imagen real, viva y transparente de Cristo Sacerdote: "una representaci贸n sacramental de Jesucristo Cabeza y Pastor" 7 . Por medio de la consagraci贸n, el sacerdote "recibe como don un poder espiritual, que es participaci贸n de la autoridad con que Jes煤s, mediante su Esp铆ritu, gu铆a, a la Iglesia" 8 .

Esta identificaci贸n sacramental con el Sumo y Eterno Sacerdote inserta espec铆ficamente al presb铆tero en el misterio trinitario y, a trav茅s del misterio de Cristo, en la comuni贸n ministerial de la Iglesia para servir al Pueblo de Dios 9 .

Dimensi贸n trinitaria

En comuni贸n con el Padre, con el Hijo y con el Esp铆ritu Santo

3. Si es verdad que todo cristiano, por medio del Bautismo, est谩 en comuni贸n con Dios Uno y Trino, es tambi茅n cierto que, a causa de la consagraci贸n recibida con el sacramento del Orden, el sacerdote es constituido en una relaci贸n particular y espec铆fica con el Padre, con el Hijo y con el Esp铆ritu Santo. En efecto, "nuestra identidad tiene su fuente 煤ltima en la caridad del Padre. Al Hijo -Sumo Sacerdote y Buen Pastor- enviado por el Padre, estamos unidos sacramentalmente a trav茅s del sacerdocio ministerial por la acci贸n del Esp铆ritu Santo. La vida y el ministerio del sacerdote son continuaci贸n de la vida y de la acci贸n del mismo Cristo. Esta es nuestra identidad, nuestra verdadera dignidad, la fuente de nuestra alegr铆a, la certeza de nuestra vida" 10 .

La identidad, el ministerio y la existencia del presb铆tero est谩n, por lo tanto, relacionadas esencialmente con las Tres Personas Divinas, en orden al servicio sacerdotal de la Iglesia.

En el dinamismo trinitario de la salvaci贸n

4. El sacerdote, como prolongaci贸n visible y signo sacramental de Cristo, estando como est谩 frente a la Iglesia y al mundo como origen permanente y siempre nuevo de salvaci贸n 11 , se encuentra insertado en el dinamismo trinitario con una particular responsabilidad. Su identidad mana del "ministerium Verbi et sacramentorum", el cual est谩 en relaci贸n esencial con el misterio del amor salv铆fico del Padre (cf. Jn 17,6-9; 1Co 1,1; 2Co 1,1), y con el ser sacerdotal de Cristo, que elige y llama personalmente a su ministro a estar con 脡l, as铆 como con el Don del Esp铆ritu (cf. Jn 20,21), que comunica al sacerdote la fuerza necesaria para dar vida a una multitud de hijos de Dios, convocados en el 煤nico cuerpo eclesial y encaminados hacia el Reino del Padre.

Relaci贸n 铆ntima con la Trinidad

5. De aqu铆 se percibe la caracter铆stica esencialmente relacional (cf. Jn 17,11.21) 12 de la identidad del sacerdote.

La gracia y el car谩cter indeleble conferidos con la unci贸n sacramental del Esp铆ritu Santo 13 ponen al sacerdote en una relaci贸n personal con la Trinidad, ya que constituye la fuente del ser y del obrar sacerdotal; tal relaci贸n, por tanto, debe ser necesariamente vivida por el sacerdote de modo 铆ntimo y personal, en un di谩logo de adoraci贸n y de amor con las Tres Personas divinas, sabiendo que el don recibido le fue otorgado para el servicio de todos.

Dimensi贸n cristol贸gica

Identidad espec铆fica

6. La dimensi贸n cristol贸gica -al igual que la trinitaria- surge directamente del sacramento, que configura ontol贸gicamente con Cristo Sacerdote, Maestro, Santificador y Pastor de su Pueblo 14 .

A aquellos fieles, que -permaneciendo injertados en el sacerdocio com煤n- son elegidos y constituidos en el sacerdocio ministerial, les es dada una participaci贸n indeleble al mismo y 煤nico sacerdocio de Cristo, en la dimensi贸n p煤blica de la mediaci贸n y de la autoridad, en lo que se refiere a la santificaci贸n, a la ense帽anza y a la gu铆a de todo el Pueblo de Dios. De este modo, si por un lado, el sacerdocio com煤n de los fieles y el sacerdocio ministerial o jer谩rquico est谩n ordenados necesariamente el uno al otro -pues uno y otro, cada uno a su modo, participan del 煤nico sacerdocio de Cristo, por otra parte, ambos difieren esencialmente entre s铆 15 .

En este sentido, la identidad del sacerdote es nueva respecto a la de todos los cristianos que, mediante el Bautismo, participan, en conjunto, del 煤nico sacerdocio de Cristo y est谩n llamados a darle testimonio en toda la tierra 16 . La especificidad del sacerdocio ministerial se sit煤a frente a la necesidad, que tienen todos los fieles de adherir a la mediaci贸n y al se帽or铆o de Cristo, visibles por el ejercicio del sacerdocio ministerial.

En su peculiar identidad cristol贸gica, el sacerdote ha de tener conciencia de que su vida es un misterio insertado totalmente en el misterio de Cristo de un modo nuevo y espec铆fico, y esto lo compromete totalmente en la actividad pastoral y lo gratifica 17 .

En el seno del Pueblo de Dios

7. Cristo asocia a los Ap贸stoles a su misma misi贸n. "Como el Padre me ha enviado, as铆 os env铆o yo a vosotros" (Jn 20,21). En la misma sagrada Ordenaci贸n est谩 ontol贸gicamente presente la dimensi贸n misionera. El sacerdote es elegido, consagrado y enviado para hacer eficazmente actual la misi贸n eterna de Cristo, de quien se convierte en aut茅ntico representante y mensajero: "Quien a vosotros oye, a M铆 me oye; quien os desprecia, a M铆 me desprecia y, quien me desprecia, desprecia a Aqu茅l, que me ha enviado" (Lc 10, 16).

Se puede decir, entonces, que la configuraci贸n con Cristo, obrada por la consagraci贸n sacramental, define al sacerdote en el seno del Pueblo de Dios, haci茅ndolo participar, en un modo suyo propio, en la potestad santificadora, magisterial y pastoral del mismo Cristo Jes煤s, Cabeza y Pastor de la Iglesia 18 .

Actuando in persona Christi Capitis, el presb铆tero llega a ser el ministro de las acciones salv铆ficas esenciales transmite las verdades necesarias para la salvaci贸n y apacienta al Pueblo de Dios, conduci茅ndolo hacia la santidad 19 .

Dimensi贸n pneumatol贸gica

Car谩cter Sacramental

8. En la ordenaci贸n presbiteral, el sacerdote ha recibido el sello del Esp铆ritu Santo, que ha hecho de 茅l un hombre signado por el car谩cter sacramental para ser, para siempre, ministro de Cristo y de la Iglesia. Asegurado por la promesa de que el Consolador permanecer谩 "con 茅l para siempre" (Jn 14,16-17), el sacerdote sabe que nunca perder谩 la presencia ni el poder eficaz del Esp铆ritu Santo, para poder ejercitar su ministerio y vivir la caridad pastoral como don total de s铆 mismo para la salvaci贸n de los propios hermanos.

Comuni贸n personal con el Esp铆ritu Santo

9. Es tambi茅n el Esp铆ritu Santo, quien en la Ordenaci贸n confiere al sacerdote la misi贸n prof茅tica de anunciar y explicar, con autoridad, la Palabra de Dios.

Insertado en la comuni贸n de la Iglesia con todo el orden sacerdotal, el presb铆tero ser谩 guiado por el Esp铆ritu de Verdad, que el Padre ha enviado por medio de Cristo, y que le ense帽a todas las cosas recordando todo aquello, que Jes煤s ha dicho a los Ap贸stoles. Por tanto, el presb铆tero -con la ayuda del Esp铆ritu Santo y con el estudio de la Palabra de Dios en las Escrituras-, a la luz de la Tradici贸n y del Magisterio 20 , descubre la riqueza de la Palabra, que ha de anunciar a la comunidad, que le ha sido confiada.

Invocaci贸n al Esp铆ritu

10. Mediante el car谩cter sacramental e identificando su intenci贸n con la de la Iglesia, el sacerdote est谩 siempre en comuni贸n con el Esp铆ritu Santo en la celebraci贸n de la liturgia, sobre todo de la Eucarist铆a y de los dem谩s sacramentos.

En cada sacramento, es Cristo, en efecto, quien act煤a en favor de la Iglesia, por medio del Esp铆ritu Santo, que ha sido invocado con el poder eficaz del sacerdote, que celebra in persona Christi 21 .

La celebraci贸n sacramental, por tanto, recibe su eficacia de la palabra de Cristo -que es quien la ha instituido- y del poder del Esp铆ritu, que con frecuencia la Iglesia invoca mediante la ep铆clesis.

Esto es particularmente evidente en la Plegaria eucar铆stica, en la que el sacerdote -invocando el poder del Esp铆ritu Santo sobre el pan y sobre el vino- pronuncia las palabras de Jes煤s, y actualiza el misterio del Cuerpo y la Sangre de Cristo realmente presente, la transubstanciaci贸n.

Fuerza para guiar la comunidad

11. Es, en definitiva, en la comuni贸n con el Esp铆ritu Santo donde el sacerdote encuentra la fuerza para guiar la comunidad, que le fue confiada y para mantenerla en la unidad querida por el Se帽or 22 . La oraci贸n del sacerdote en el Esp铆ritu Santo puede inspirarse en la oraci贸n sacerdotal de Jesucristo (cf. Jn 17). Por lo tanto, debe rezar por la unidad de los fieles para que sean una sola cosa, y as铆 el mundo crea que el Padre ha enviado al Hijo para la salvaci贸n de todos.

Dimensi贸n eclesiol贸gica

"En" la Iglesia y "ante" la Iglesia

12. Cristo, origen permanente y siempre nuevo de la salvaci贸n, es el misterio principal del que deriva el misterio de la Iglesia, su Cuerpo y su Esposa, llamada por el Esposo a ser signo e instrumento de redenci贸n. Cristo sigue dando vida a su Iglesia por medio de la obra confiada a los Ap贸stoles y a sus Sucesores.

A trav茅s del misterio de Cristo, el sacerdote, ejercitando su m煤ltiple ministerio, est谩 insertado tambi茅n en el misterio de la Iglesia, la cual "toma conciencia, en la fe, de que no proviene de s铆 misma, sino por la gracia de Cristo en el Esp铆ritu Santo" 23 . De tal manera, el sacerdote, a la vez que est谩 en la Iglesia, se encuentra tambi茅n ante ella 24 .

Part铆cipe, en cierto modo, de la esponsalidad de Cristo

13. El sacramento del Orden, en efecto, no s贸lo hace part铆cipe al sacerdote del misterio de Cristo Sacerdote, Maestro, Cabeza y Pastor, sino -en cierto modo- tambi茅n de Cristo "Siervo y Esposo de la Iglesia" 25 . 脡sta es el "Cuerpo" de Cristo, que 脡l ha amado y la ama hasta el extremo de entregarse a S铆 mismo por Ella (cf. Ef 5,25); Cristo regenera y purifica continuamente a su Iglesia por medio de la palabra de Dios y de los sacramentos (cf. ibid. 5,26); se ocupa el Se帽or de hacer siempre m谩s bella (cf. ibid. 5,26) a su Esposa y, finalmente, la nutre y la cuida con solicitud (cf. ibid. 5,29).

Los presb铆teros -colaboradores del Orden Episcopal-, que constituyen con su Obispo un 煤nico presbiterio 26 y participan, en grado subordinado, del 煤nico sacerdocio de Cristo, tambi茅n participan, en cierto modo, -a semejanza del Obispo de aquella dimensi贸n esponsal con respecto a la Iglesia, que est谩 bien significada en el rito de la ordenaci贸n episcopal con la entrega del anillo 27 .

Los presb铆teros, que "de alguna manera hacen presente -por as铆 decir- al Obispo, a quien est谩n unidos con confianza y grandeza de 谩nimo, en cada una de las comunidades locales" 28 deber谩n ser fieles a la Esposa y, como viva imagen que son de Cristo Esposo, han de hacer operativa la multiforme donaci贸n de Cristo a su Iglesia.

Por esta comuni贸n con Cristo Esposo, tambi茅n el sacerdocio ministerial es constituido como Cristo, con Cristo y en Cristo en ese misterio de amor salv铆fico trascendente, del que es figura y participaci贸n el matrimonio entre cristianos.

Llamado por un acto de amor sobrenatural absolutamente gratuito, el sacerdote debe amar a la Iglesia como Cristo la ha amado, consagrando a ella todas sus energ铆as y don谩ndose con caridad pastoral hasta dar cotidianamente la propia vida.

Universalidad del sacerdocio

14. El mandamiento del Se帽or de ir a todas las gentes (Mt 28,18-20) constituye otra modalidad del estar el sacerdote ante la Iglesia 29 . Enviado -missus- por el Padre por medio de Cristo, el sacerdote pertenece "de modo inmediato" a la Iglesia universal 30 , que tiene la misi贸n de anunciar la Buena Noticia hasta los "extremos confines de la tierra" (Hch 1,8) 31 .

"El don espiritual, que los presb铆teros han recibido en la ordenaci贸n, los prepara a una vast铆sima y universal misi贸n de salvaci贸n" 32 . En efecto, por el Orden y el ministerio recibidos, todos los sacerdotes han sido asociados al Cuerpo Episcopal y -en comuni贸n jer谩rquica con 茅l seg煤n la propia vocaci贸n y gracia-, sirven al bien de toda la Iglesia 33 . Por lo tanto, la pertenencia -mediante la incardinaci贸n- a una concreta Iglesia particular 34 , no debe encerrar al sacerdote en una mentalidad estrecha y particularista sino abrirlo tambi茅n al servicio de otras Iglesias, puesto que cada Iglesia es la realizaci贸n particular de la 煤nica Iglesia de Jesucristo, de forma que la Iglesia universal vive y cumple su misi贸n en y desde las Iglesias particulares en comuni贸n efectiva con ella. Por lo tanto, todos los sacerdotes deben tener coraz贸n y mentalidad misioneros, estando abiertos a las necesidades de la Iglesia y del mundo 35 .

脥ndole misionera del sacerdocio

15. Es importante que el presb铆tero tenga plena conciencia y viva profundamente esta realidad misionera de su sacerdocio, en plena sinton铆a con la Iglesia que, hoy como ayer, siente la necesidad de enviar a sus ministros a los lugares donde es m谩s urgente la misi贸n sacerdotal y de esforzarse por realizar una m谩s equitativa distribuci贸n del clero 36 .

Esta exigencia de la vida de la Iglesia en el mundo contempor谩neo debe ser sentida y vivida por cada sacerdote, sobre todo y esencialmente, como el don, que debe ser vivido dentro de su instituci贸n y a su servicio.

No son, por tanto, admisibles todas aquellas opiniones que, en nombre de un mal entendido respeto a las culturas particulares, tienden a desnaturalizar la acci贸n misionera de la Iglesia, llamada a realizar el mismo misterio universal de salvaci贸n, que trasciende y debe vivificar todas las culturas 37 .

Hay que decir tambi茅n que la expansi贸n universal del ministerio sacerdotal se encuentra hoy en correspondencia con las caracter铆sticas socioculturales del mundo contempor谩neo, en el cual se siente la exigencia de eliminar todas las barreras, que dividen pueblos y naciones y que, sobre todo, a trav茅s de las comunicaciones entre las culturas, quiere hermanar a las gentes, no obstante las distancias geogr谩ficas, que las dividen.

Nunca como hoy, por tanto, el clero debe sentirse apost贸licamente comprometido en la uni贸n de todos los hombres en Cristo, en su Iglesia.

La autoridad como "amoris officium"

16. Una manifestaci贸n ulterior de ponerse el sacerdote frente a la Iglesia, est谩 en el hecho de ser gu铆a, que conduce a la santificaci贸n de los fieles confiados a su ministerio, que es esencialmente pastoral.

Esta realidad, que ha de vivirse con humildad y coherencia, puede estar sujeta a dos tentaciones opuestas.

La primera consiste en ejercer el propio ministerio tiranizando a su grey (cf. Lc 22,24-27; 1Pe 5,1-4), mientras la segunda es la que lleva a hacer in煤til en nombre de una incorrecta noci贸n de comunidad la propia configuraci贸n con Cristo Cabeza y Pastor.

La primera tentaci贸n ha sido fuerte tambi茅n para los mismos disc铆pulos, y recibi贸 de Jes煤s una puntual y reiterada correcci贸n: toda autoridad ha de ejercitarse con esp铆ritu de servicio, como "amoris officium" 38 . Y dedicaci贸n desinteresada al bien del reba帽o (cf. Jn 13,14; 10,11).

El sacerdote deber谩 siempre recordar que el Se帽or y Maestro "no ha venido para ser servido sino para servir" (cf. Mc 10,45); que se inclin贸 para lavar los pies a sus disc铆pulos (cf. Jn 13,5 ) antes de morir en la Cruz y de enviarlos por todo el mundo (cf. Jn 20,21).

Los sacerdotes dar谩n testimonio aut茅ntico del Se帽or Resucitado, a Quien se ha dado "todo poder en el cielo y en la tierra" (cf. Mt 28,18), si ejercitan el propio "poder" emple谩ndolo en el servicio -tan humilde como lleno de autoridad- al propio reba帽o 39 , y en el profundo respeto a la misi贸n, que Cristo y la Iglesia conf铆an a los fieles laicos 40 y a los fieles consagrados por la profesi贸n de los consejos evang茅licos 41 .

Tentaciones del democraticismo

17. A menudo sucede que para evitar esta primera desviaci贸n se cae en la segunda, y se tiende a eliminar toda diferencia de funci贸n entre los miembros del Cuerpo M铆stico de Cristo -que es la Iglesia-, negando en la pr谩ctica la doctrina cierta de la Iglesia acerca de la distinci贸n entre el sacerdocio com煤n y el ministerial 42 .

Entre las diversas insidias, que hoy se notan, se encuentra el as铆 llamado "democraticismo". A prop贸sito de esto hay que recordar que la Iglesia reconoce todos los m茅ritos y valores, que la cultura democr谩tica ha aportado a la sociedad civil. Por otra parte, la Iglesia ha luchado siempre, con todos los medios a su disposici贸n, por el reconocimiento de la igual dignidad de todos los hombres. De acuerdo con esta tradici贸n eclesial, el Concilio Vaticano II se ha expresado abiertamente acerca de la com煤n dignidad de todos los bautizados en la Iglesia 43 .

Sin embargo, tambi茅n es necesario afirmar que no son transferibles autom谩ticamente a la Iglesia la mentalidad y la praxis, que se dan en algunas corrientes culturales sociopol铆ticas de nuestro tiempo. La Iglesia, de hecho, debe su existencia y su estructura al designio salv铆fico de Dios. Ella se contempla a s铆 misma como don de la benevolencia de un Padre que la ha liberado mediante la humillaci贸n de su Hijo en la cruz. La Iglesia, por tanto, quiere ser -en el Esp铆ritu Santo- totalmente conforme y fiel a la voluntad libre y liberadora de su Se帽or Jesucristo. Este misterio de salvaci贸n hace que la Iglesia sea, por su propia naturaleza, una realidad diversa de las sociedades solamente humanas.

El as铆 llamado "democraticismo" constituye una tentaci贸n grav铆sima, pues lleva a no reconocer la autoridad y la gracia capital de Cristo y a desnaturalizar la Iglesia, como si 茅sta no fuese m谩s que una sociedad humana. Una concepci贸n as铆 acaba con la misma constituci贸n jer谩rquica, tal como ha sido querida por su Divino Fundador, como ha siempre ense帽ado claramente el Magisterio, y como la misma Iglesia ha vivido ininterrumpidamente.

La participaci贸n en la Iglesia est谩 basada en el misterio de la comuni贸n, que por su propia naturaleza contempla en s铆 misma la presencia y la acci贸n de la Jerarqu铆a eclesi谩stica.

En consecuencia, no es admisible en la Iglesia cierta mentalidad, que a veces se manifiesta -especialmente en algunos organismos de participaci贸n eclesial- y que tiende a confundir las tareas de los presb铆teros y de los fieles laicos, o a no distinguir la autoridad propia del Obispo de las funciones de los presb铆teros como colaboradores de los Obispos, o a negar la especificidad del ministerio petrino en el Colegio Episcopal.

En este sentido es necesario recordar que el presbiterio y el Consejo Presbiteral no son expresi贸n del derecho de asociaci贸n de los cl茅rigos, ni mucho menos pueden ser entendidos desde una perspectiva sindicalista, que comportan reivindicaciones e intereses de parte, ajenos a la comuni贸n eclesial 44 .

Distinci贸n entre sacerdocio com煤n y sacerdocio ministerial

18. La distinci贸n entre sacerdocio com煤n y sacerdocio ministerial, lejos de llevar a la separaci贸n o a la divisi贸n entre los miembros de la comunidad cristiana, armoniza y unifica la vida de la Iglesia. En efecto, en cuanto Cuerpo de Cristo, la Iglesia es comuni贸n org谩nica entre todos los miembros, en la que cada uno de los cristianos sirve realmente a la vida del conjunto si vive plenamente la propia funci贸n peculiar y la propia vocaci贸n espec铆fica (1Co 12,12 SS.) 45 .

Por lo tanto, a nadie le es l铆cito cambiar lo que Cristo ha querido para su Iglesia. Ella est谩 铆ntimamente ligada a su Fundador y Cabeza, que es el 煤nico que le da -a trav茅s del poder del Esp铆ritu Santo- ministros al servicio de sus fieles. Al Cristo que llama, consagra y env铆a a trav茅s de los leg铆timos Pastores, no puede sustraerse ninguna comunidad ni siquiera en situaciones de particular necesidad, situaciones en las que quisiera darse sus propios sacerdotes de modo diverso a las disposiciones de la Iglesia 46 . La respuesta para resolver los casos de necesidad es la oraci贸n de Jes煤s: "rogad al due帽o de la mies que env铆e trabajadores a su mies" (Mt 9,38). Si a esta oraci贸n -hecha con fe- se une la vida de caridad intensa de la comunidad, entonces tendremos la seguridad de que el Se帽or no dejar谩 de enviar pastores seg煤n su coraz贸n (cf. Jr 3, 15) 47 .

S贸lo los sacerdotes son pastores

19. Un modo de no caer en la tentaci贸n "democraticista" consiste en evitar la as铆 llamada "clericalizaci贸n" del laicado 48 : esta actitud tiende a disminuir el sacerdocio ministerial del presb铆tero; de hecho, s贸lo al presb铆tero, despu茅s del Obispo, se puede atribuir de manera propia y un铆voca el t茅rmino "pastor", y esto en virtud del ministerio sacerdotal recibido con la ordenaci贸n. El adjetivo "pastoral", pues, se refiere tanto a la "potestas docendi et sanctificandi" como a la "potestas regendi" 49 .

Por lo dem谩s, hay que decir que tales tendencias no favorecen la verdadera promoci贸n del laicado, pues a menudo ese "clericalismo" lleva a olvidar la aut茅ntica vocaci贸n y misi贸n eclesial de los laicos en el mundo.

Comuni贸n sacerdotal

Comuni贸n con la Trinidad y con Cristo

20. A la luz de todo lo ya dicho acerca de la identidad sacerdotal, la comuni贸n del sacerdote se realiza, sobre todo, con el Padre, origen 煤ltimo de toda su potestad; con el Hijo, de cuya misi贸n redentora participa; con el Esp铆ritu Santo, que le da la fuerza para vivir y realizar la caridad pastoral, que lo cualifica como sacerdote. As铆, "no se puede definir la naturaleza y la misi贸n del sacerdocio ministerial si no es desde este multiforme y rico entramado de relaciones que brotan de la Sant铆sima Trinidad y se prolongan en la comuni贸n de la Iglesia, como signo, en Cristo, de la uni贸n con Dios y de la unidad de todo el g茅nero humano" 50 .

Comuni贸n con la Iglesia

21. De esta fundamental uni贸n-comuni贸n con Cristo y con la Trinidad deriva, para el presb铆tero, su comuni贸n-relaci贸n con la Iglesia en sus aspectos de misterio y de comunidad eclesial 51 . En efecto, es en el interior del misterio de la Iglesia, como misterio de comuni贸n trinitaria en tensi贸n misionera, donde se revela toda identidad cristiana y, por tanto, tambi茅n la espec铆fica y personal identidad del presb铆tero y de su ministerio.

Concretamente, la comuni贸n eclesial del presb铆tero se realiza de diversos modos. Con la ordenaci贸n sacramental, en efecto, el presb铆tero entabla v铆nculos especiales con el Papa, con el Cuerpo episcopal, con el propio Obispo, con los dem谩s presb铆teros, con los fieles laicos.

Comuni贸n jer谩rquica

22. La comuni贸n, como caracter铆stica del sacerdocio, se funda en la unicidad de la Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia, que es Cristo 52 . En esta comuni贸n ministerial toman forma tambi茅n algunos precisos v铆nculos en relaci贸n, sobre todo, con el Papa, con el Colegio Episcopal y con el propio Obispo. "No se da ministerio sacerdotal sino en la comuni贸n con el Sumo Pont铆fice y con el Colegio Episcopal, en particular con el propio Obispo diocesano, a los que se han de reservar el respeto filial y la obediencia prometidos en el rito de la ordenaci贸n" 53 . Se trata, pues, de una comuni贸n jer谩rquica, es decir, de una comuni贸n en la jerarqu铆a tal como ella est谩 internamente estructurada.

En virtud de la participaci贸n -en grado subordinado a los Obispos- en el 煤nico sacerdocio ministerial, tal comuni贸n implica tambi茅n el v铆nculo espiritual y org谩nico-estructural de los presb铆teros con todo el orden de los Obispos, con el propio Obispo 54 y con el Romano Pont铆fice, en cuanto Pastor de la Iglesia universal y de cada Iglesia particular 55 . A su vez, esto se refuerza por el hecho de que todo el orden de los Obispos en su conjunto y cada uno de los Obispos en particular debe estar en comuni贸n jer谩rquica con la Cabeza del Colegio 56 . Tal Colegio, en efecto, est谩 constituido s贸lo por los Obispos consagrados, que est谩n en comuni贸n jer谩rquica con la Cabeza y con los miembros de dicho Colegio.

Comuni贸n en la celebraci贸n eucar铆stica

23. La comuni贸n jer谩rquica se encuentra expresada significativamente en la plegaria eucar铆stica, cuando el sacerdote, al rezar por el Papa, el Colegio episcopal y el propio Obispo, no expresa s贸lo un sentimiento de devoci贸n, sino que da testimonio de la autenticidad de su celebraci贸n 57 .

Tambi茅n la concelebraci贸n eucar铆stica -en las circunstancias y condiciones previstas 58 especialmente cuando est谩 presidida por el Obispo y con la participaci贸n de los fieles, manifiesta admirablemente la unidad del sacerdocio de Cristo en la pluralidad de sus ministros, as铆 como la unidad del sacrificio y del Pueblo de Dios 59 . La concelebraci贸n ayuda, adem谩s, a consolidar la fraternidad sacramental existente entre los presb铆teros 60 .

Comuni贸n en la actividad ministerial

24. Cada presb铆tero ha de tener un profundo, humilde y filial v铆nculo de caridad con la persona del Santo Padre y debe adherir a su ministerio petrino -de magisterio, de santificaci贸n y de gobierno con docilidad ejemplar 61 .

El presb铆tero realizar谩 la comuni贸n requerida por el ejercicio de su ministerio sacerdotal por medio de su fidelidad y de su servicio a la autoridad del propio Obispo. Para los pastores m谩s expertos, es f谩cil constatar la necesidad de evitar toda forma de subjetivismo en el ejercicio de su ministerio, y de adherir corresponsablemente a los programas pastorales. Esta adhesi贸n, adem谩s de ser expresi贸n de madurez, contribuye a edificar la unidad en la comuni贸n, que es indispensable para la obra de la evangelizaci贸n 62 .

Respetando plenamente la subordinaci贸n jer谩rquica, el presb铆tero ha de ser promotor de una relaci贸n afable con el propio Obispo, lleno de sincera confianza, de amistad cordial, de un verdadero esfuerzo de armon铆a, y de una convergencia ideal y program谩tica, que no quita nada a una inteligente capacidad de iniciativa personal y empuje pastoral 63 .

Comuni贸n en el presbiterio

25. Por la fuerza del sacramento del Orden, "cada sacerdote est谩 unido a los dem谩s miembros del presbiterio por particulares v铆nculos de caridad apost贸lica, de ministerio y de fraternidad" 64 . El presb铆tero est谩 unido al "Ordo Presbyterorum": as铆 se constituye una unidad, que puede considerarse como verdadera familia, en la que los v铆nculos no proceden de la carne o de la sangre sino de la gracia del Orden 65 .

La pertenencia a un concreto presbiterio 66 , se da siempre en el 谩mbito de una Iglesia Particular, de un Ordinariato o de una Prelatura personal. A diferencia del Colegio Episcopal, parece que no existen las bases teol贸gicas que permitan afirmar la existencia de un presbiterio universal.

Por tanto, la fraternidad sacerdotal y la pertenencia al presbiterio son elementos caracter铆sticos del sacerdote. Con respecto a esto, es particularmente significativo el rito -que se realiza en la ordenaci贸n presbiteral- de la imposici贸n de las manos por parte del Obispo, al cual toman parte todos los presb铆teros presentes para indicar, por una parte, la participaci贸n en el mismo grado del ministerio, y por otra, que el sacerdote no puede actuar solo, sino siempre dentro del presbiterio, como hermano de todos aquellos que lo constituyen 67 .

Incardinaci贸n en una Iglesia particular

26. La incardinaci贸n en una determinada Iglesia particular 68 constituye un aut茅ntico v铆nculo jur铆dico 69 , que tiene tambi茅n valor espiritual, ya que de ella brota "la relaci贸n con el Obispo en el 煤nico presbiterio, la condivisi贸n de su solicitud eclesial, la dedicaci贸n al cuidado evang茅lico del Pueblo de Dios en las condiciones concretas hist贸ricas y ambientales" 70 . Desde esta perspectiva, la relaci贸n con la Iglesia particular es fuente de significados tambi茅n para la acci贸n pastoral.

Para tal prop贸sito, no hay que olvidar que los sacerdotes seculares no incardinados en la Di贸cesis y los sacerdotes miembros de un Instituto religioso o de una Sociedad de vida apost贸lica -que viven en la Di贸cesis y ejercitan, para su bien, alg煤n oficio aunque est茅n sometidos a sus leg铆timos Ordinarios, pertenecen con pleno o con distinto t铆tulo al presbiterio de esa Di贸cesis 71 donde "tienen voz, tanto activa como pasiva, para constituir el consejo presbiteral" 72 . Los sacerdotes religiosos, en particular, con unidad de fuerzas, comparten la solicitud pastoral ofreciendo el contributo de carismas espec铆ficos y "estimulando con su presencia a la Iglesia particular para que viva m谩s intensamente su apertura universal" 73 .

Los presb铆teros incardinados en una Di贸cesis pero que est谩n al servicio de alg煤n movimiento eclesial aprobado por la Autoridad eclesi谩stica competente 74 , sean conscientes de su pertenencia al presbiterio de la Di贸cesis en la que desarrollan su ministerio, y lleven a la pr谩ctica el deber de colaborar sinceramente con 茅l. El Obispo de incardinaci贸n, a su vez, ha de respetar el estilo de vida requerido por el movimiento, y estar谩 dispuesto -a norma del derecho- a permitir que el presb铆tero pueda prestar su servicio en otras Iglesias, si esto es parte del carisma del movimiento mismo 75 .

El presbiterio, lugar de santificaci贸n

27. El presbiterio es el lugar privilegiado en donde el sacerdote debiera poder encontrar los medios espec铆ficos de santificaci贸n y de evangelizaci贸n; all铆 mismo debiera ser ayudado a superar los l铆mites y debilidades propios de la naturaleza humana, especialmente aquellos problemas que hoy d铆a se sienten con particular intensidad.

El sacerdote, por tanto, har谩 todos los esfuerzos necesarios para evitar vivir el propio sacerdocio de modo aislado y subjetivista, y buscar谩 favorecer la comuni贸n fraterna dando y recibiendo -de sacerdote a sacerdote el calor de la amistad, de la asistencia afectuosa, de la comprensi贸n, de la correcci贸n fraterna, bien consciente de que la gracia del Orden "asume y eleva las relaciones humanas, psicol贸gicas, afectivas, amistosas y espirituales ..., y se concreta en las formas m谩s variadas de ayuda mutua, no s贸lo espirituales sino tambi茅n materiales" 76 .

Todo esto se expresa en la liturgia de la Misa in Cena Domini del Jueves Santo, la cu谩l muestra c贸mo de la comuni贸n eucar铆stica -nacida en la 脷ltima Cena- los sacerdotes reciben la capacidad de amarse unos a otros como el Maestro los ama 77 .

Amistad sacerdotal

28. El profundo y eclesial sentido del presbiterio, no s贸lo no impide sino que facilita las responsabilidades personales de cada presb铆tero en el cumplimiento del ministerio particular, que le es confiado por el Obispo 78 . La capacidad de cultivar y vivir maduras y profundas amistades sacerdotales se revela fuente de serenidad y de alegr铆a en el ejercicio del ministerio; las amistades verdaderas son ayuda decisiva en las dificultades y, a la vez, ayuda preciosa para incrementar la caridad pastoral, que el presb铆tero debe ejercitar de modo particular con aquellos hermanos en el sacerdocio, que se encuentren necesitados de comprensi贸n, ayuda y apoyo 79 .

Vida en com煤n

29. Una manifestaci贸n de esta comuni贸n es tambi茅n la vida en com煤n, que ha sido favorecida desde siempre por la Iglesia 80 ; recientemente ha sido reavivada por los documentos del Concilio Vaticano II 81 y del Magisterio sucesivo 82 , y es llevada a la pr谩ctica positivamente en no pocas di贸cesis.

Entre las diversas formas posibles de vida en com煤n (casa com煤n, comunidad de mesa, etc.), se ha de dar el m谩ximo valor a la participaci贸n comunitaria en la oraci贸n lit煤rgica 83 . Las diversas modalidades han de favorecerse de acuerdo con las posibilidades y conveniencias pr谩cticas, sin remarcar necesariamente laudables modelos propios de la vida religiosa. De modo particular hay que alabar aquellas asociaciones que favorecen la fraternidad sacerdotal, la santidad en el ejercicio del ministerio, la comuni贸n con el Obispo y con toda la Iglesia 84 .

Es de desear que los p谩rrocos est茅n disponibles para favorecer la vida en com煤n en la casa parroquial con sus vicarios 85 , estim谩ndolos efectivamente como a sus cooperadores y part铆cipes de la solicitud pastoral; por su parte, para construir la comuni贸n sacerdotal, los vicarios han de reconocer y respetar la autoridad del p谩rroco 86 .

Comuni贸n con los fieles laicos

30. Hombre de comuni贸n, el sacerdote no podr谩 expresar su amor al Se帽or y a la Iglesia sin traducirlo en un amor efectivo e incondicionado por el Pueblo cristiano, objeto de sus desvelos pastorales 87 .

Como Cristo, debe hacerse "como una transparencia suya en medio del reba帽o" que le ha sido confiado 88 , poni茅ndose en relaci贸n positiva y de promoci贸n con respecto a los fieles laicos. Ha de poner al servicio de los laicos todo su ministerio sacerdotal y su caridad pastoral 89 , a la vez que les reconoce la dignidad de hijos de Dios y promueve la funci贸n propia de los laicos en la Iglesia. Consciente de la profunda comuni贸n, que lo vincula a los fieles laicos y a los religiosos, el sacerdote dedicar谩 todo esfuerzo a "suscitar y desarrollar la corresponsabilidad en la com煤n y 煤nica misi贸n de salvaci贸n; ha de valorar, en fin, pronta y cordialmente, todos los carismas y funciones, que el Esp铆ritu ofrece a los creyentes para la edificaci贸n de la Iglesia" 90 .

M谩s concretamente, el p谩rroco, siempre en la b煤squeda del bien com煤n de la Iglesia, favorecer谩 las asociaciones de fieles y los movimientos, que se propongan finalidades religiosas 91 , acogi茅ndolas a todas, y ayud谩ndolas a encontrar la unidad entre s铆, en la oraci贸n y en la acci贸n apost贸lica.

En cuanto re煤ne la familia de Dios y realiza la Iglesia-comuni贸n, el presb铆tero pasa a ser el pont铆fice, aquel que une al hombre con Dios, haci茅ndose hermano de los hombres a la vez que quiere ser su pastor, padre y maestro 92 . Para el hombre de hoy, que busca el sentido de su existir, el sacerdote es el gu铆a que lleva al encuentro con Cristo, encuentro que se realiza como anuncio y como realidad ya presente -aunque no de forma definitiva- en la Iglesia. De ese modo, el presb铆tero, puesto al servicio del Pueblo de Dios, se presentar谩 como experto en humanidad, hombre de verdad y de comuni贸n y, en fin, como testigo de la solicitud del 脷nico Pastor por todas y cada una de sus ovejas. La comunidad podr谩 contar, segura, con su dedicaci贸n, con su disponibilidad, con su infatigable obra de evangelizaci贸n y, sobre todo, con su amor fiel e incondicionado.

El sacerdote, por tanto, ejercitar谩 su misi贸n espiritual con amabilidad y firmeza, con humildad y esp铆ritu de servicio 93 ; tendr谩 compasi贸n de los sufrimientos que aquejan a los hombres, sobre todo de aquellos que derivan de las m煤ltiples formas -viejas y nuevas-, que asume la pobreza tanto material como espiritual. Sabr谩 tambi茅n inclinarse con misericordia sobre el dif铆cil e incierto camino de conversi贸n de los pecadores: a ellos se prodigar谩 con el don de la verdad; con ellos ha de llenarse de la paciente y animante benevolencia del Buen Pastor, que no reprocha a la oveja perdida sino que la carga sobre sus hombros y hace fiesta por su retorno al redil (cf. Lc 15,4-7) 94 .

Comuni贸n con los miembros de Institutos de vida consagrada

31. Particular atenci贸n reservar谩 el sacerdote a las relaciones con los hermanos y hermanas comprometidos en la vida de especial consagraci贸n a Dios en todas formas; les mostrar谩 su aprecio sincero y su operativo esp铆ritu de colaboraci贸n apost贸lica; respetar谩 y promover谩 los carismas espec铆ficos. En fin, cooperar谩 para que la vida consagrada aparezca siempre m谩s luminosa -para el provecho de la entera Iglesia- y atractiva a las nuevas generaciones.

Inspirado por este esp铆ritu de estima a la vida consagrada, el sacerdote se esforzar谩 especialmente en la atenci贸n de aquellas comunidades, que, por diversos motivos, est茅n especialmente necesitadas de buena doctrina, de asistencia y de aliento en la fidelidad.

Pastoral Vocacional

32. Cada sacerdote reservar谩 una atenci贸n esmerada a la pastoral vocacional. No dejar谩 de incentivar la oraci贸n por las vocaciones y se prodigar谩 en la catequesis. Ha de esforzarse, tambi茅n, en la formaci贸n de los ac贸litos, lectores y colaboradores de todo g茅nero. Favorecer谩, adem谩s, iniciativas apropiadas, que, mediante una relaci贸n personal, hagan descubrir los talentos y sepa individuar la voluntad de Dios hacia una elecci贸n valiente en el seguimiento de Cristo 95 .

Deben estar integrados a la pastoral org谩nica y ordinaria, porque constituyen elementos imprescindibles de esta labor, entre otros: la conciencia clara de la propia identidad, la coherencia de vida, la alegr铆a sincera y el ardor misionero.

El sacerdote mantendr谩 siempre relaciones de colaboraci贸n cordial y de afecto sincero con el seminario, cuna de la propia vocaci贸n y palestra de aprendizaje de la primera experiencia de vida comunitaria.

Es "exigencia ineludible de la caridad pastoral" 96 que cada presb铆tero -secundando la gracia del Esp铆ritu Santo- se preocupe de suscitar al menos una vocaci贸n sacerdotal que pueda continuar su ministerio.

Compromiso pol铆tico y social

33. El sacerdote estar谩 por encima de toda parcialidad pol铆tica, pues es servidor de la Iglesia: no olvidemos que la Esposa de Cristo, por su universalidad y catolicidad, no puede atarse a las contingencias hist贸ricas. No puede tomar parte activa en partidos pol铆ticos o en la conducci贸n de asociaciones sindicales, a menos que, seg煤n el juicio de la autoridad eclesi谩stica competente, as铆 lo requieran la defensa de los derechos de la Iglesia y la promoci贸n del bien com煤n 97 . Las actividades pol铆ticas y sindicales son cosas en s铆 mismas buenas, pero son ajenas al estado clerical, ya que pueden constituir un grave peligro de ruptura de la comuni贸n eclesial 98 .

Como Jes煤s (cf. Jn 6,15ss), el presb铆tero "debe renunciar a comprometerse en formas de pol铆tica activa, sobre todo cuando se trata de tomar partido -lo que casi siempre ocurre para permanecer como el hombre de todos en clave de fraternidad espiritual" 99 . Todo fiel debe poder siempre acudir al sacerdote, sin sentirse excluido por ninguna raz贸n.

El presb铆tero recordar谩 que "no corresponde a los Pastores de la Iglesia intervenir directamente en la acci贸n pol铆tica ni en la organizaci贸n social. Esta tarea, de hecho, es parte de la vocaci贸n de los fieles laicos, quienes act煤an por su propia iniciativa junto con sus conciudadanos" 100 . Adem谩s, el presb铆tero ha de empe帽arse "en el esfuerzo por formar rectamente la conciencia de los fieles laicos" 101 .

La reducci贸n de su misi贸n a tareas temporales -puramente sociales o pol铆ticas, ajenas, en todo caso, a su propia identidad- no es una conquista sino una grav铆sima p茅rdida para la fecundidad evang茅lica de la Iglesia entera.

Cap铆tulo II: Espiritualidad Sacerdotal

Interpretar los signos de los tiempos

34. La vida y el ministerio de los sacerdotes se desarrollan siempre en el contexto hist贸rico, a veces lleno de nuevos problemas y de ventajas in茅ditas, en el que le toca vivir a la Iglesia peregrina en el mundo.

El sacerdocio no nace de la historia sino de la inmutable voluntad del Se帽or. Sin embargo, se enfrenta con las circunstancias hist贸ricas y, aunque sigue fiel a s铆 mismo, se configura en cuanto a sus rasgos concretos mediante una relaci贸n cr铆tica y una b煤squeda de sinton铆a evang茅lica con los "signos de los tiempos". Por lo tanto, los presb铆teros tienen el deber de interpretar estos "signos" a la luz de la fe y someterlos a un discernimiento prudente. En cualquier caso, no podr谩n ignorarlos, sobre todo si se quiere orientar de modo eficaz e id贸neo la propia vida, de manera que su servicio y testimonio sean siempre m谩s fecundos para el reino de Dios.

En la fase actual de la vida de la Iglesia y de la sociedad, los presb铆teros son llamados a vivir con profundidad su ministerio, teniendo en consideraci贸n las exigencias m谩s profundas, numerosas y delicadas, no s贸lo de orden pastoral, sino tambi茅n las realidades sociales y culturales a las que tienen que hacer frente 102 .

Hoy, por lo tanto, ellos est谩n empe帽ados en diversos campos de apostolado, que requieren dedicaci贸n completa, generosidad, preparaci贸n intelectual y, sobre todo, una vida espiritual madura y profunda, radicada en la caridad pastoral, que es el camino espec铆fico de santidad para ellos y, adem谩s, constituye un aut茅ntico servicio a los fieles en el ministerio pastoral.

La exigencia de la nueva evangelizaci贸n

35 De esto deriva que el sacerdote est谩 comprometido, de modo particular铆simo, en el empe帽o de toda la Iglesia para la nueva evangelizaci贸n. Partiendo de la fe en Jesucristo, Redentor del hombre, tiene la certeza de que en 脡l hay una "inescrutable riqueza " (Ef 3,8), que no puede agotar ninguna 茅poca ni ninguna cultura, y a la que los hombres siempre pueden acercarse para enriquecerse 103 .

Por tanto, 茅sta es la hora de una renovaci贸n de nuestra fe en Jesucristo, que es el mismo "ayer, hoy y siempre" (Hebr 13,8). Por eso, "la llamada a la nueva evangelizaci贸n es sobre todo una llamada a la conversi贸n" 104 . Al mismo tiempo, es una llamada a aquella esperanza "que se apoya en las promesas de Dios, y que tiene como certeza indefectible la resurrecci贸n de Cristo, su victoria definitiva sobre el pecado y sobre la muerte, primer anuncio y ra铆z de toda evangelizaci贸n, fundamento de toda promoci贸n humana, principio de toda aut茅ntica cultura cristiana" 105 .

En un contexto as铆, el sacerdote debe sobre todo reavivar su fe, su esperanza y su amor sincero al Se帽or, de modo que pueda ofrecer a Jes煤s a la contemplaci贸n de los fieles y de todos los hombres como realmente es: una Persona viva, fascinante, que nos ama m谩s que nadie porque ha dado su vida por nosotros; "no hay amor m谩s grande que dar la vida por los amigos" (Jn 15,13).

Al mismo tiempo, el sacerdote, consciente de que toda persona est谩 -de modos diversos- a la b煤squeda de un amor capaz de llevarla m谩s all谩 de los estrechos l铆mites de la propia debilidad, del propio ego铆smo y, sobre todo, de la misma muerte, proclamar谩 que Jesucristo es la respuesta a todas estas inquietudes.

En la nueva evangelizaci贸n, el sacerdote est谩 llamado a ser heraldo de la esperanza 106 .

El desaf铆o de las sectas y de los nuevos cultos

36. La proliferaci贸n de sectas y nuevos cultos, as铆 como su difusi贸n, tambi茅n entre fieles cat贸licos, constituye un particular desaf铆o al ministerio pastoral. Hay motivaciones diversas y complejas en el origen de este fen贸meno. De todos modos, el ministerio de los presb铆teros ha de responder con prontitud e incisividad a la b煤squeda -que hoy emerge con particular fuerza- de lo sagrado y de la verdadera espiritualidad.

En estos 煤ltimos a帽os se advierte con evidencia que son eminentemente pastorales las motivaciones que reclaman al sacerdote como hombre de Dios y maestro de oraci贸n.

Al mismo tiempo, se impone la necesidad de hacer que la comunidad, confiada a sus cuidados pastorales sea realmente acogedora, de modo que se evite el anonimato y que nadie sea tratado con indiferencia.

Se trata de una responsabilidad que recae, ciertamente, sobre cada uno de los fieles y, de modo totalmente particular, sobre el presb铆tero, que es el hombre de la comuni贸n.

Si 茅l sabe acoger con estima y respeto a todos los que se le acerquen, sabiendo valorar la personalidad de todos, entonces crear谩 un estilo de caridad aut茅ntica, que resultar谩 contagioso y se extender谩 gradualmente a toda la comunidad.

Para vencer el desaf铆o de las sectas y cultos nuevos, es particularmente importante una catequesis madura y completa; este trabajo catequ茅tico requiere hoy un esfuerzo especial por parte del sacerdote, a fin de que todos sus fieles conozcan realmente el significado de la vocaci贸n cristiana y de la fe cat贸lica. De modo particular, los fieles deben ser educados en el conocimiento profundo de la relaci贸n, que existe entre su espec铆fica vocaci贸n en Cristo y la pertenencia a su Iglesia, a la que deben aprender a amar filial y tenazmente.

Todo esto se realizar谩 si el sacerdote evita, tanto en su vida como en su ministerio, todo lo que pueda provocar indiferencia, frialdad o identificaci贸n selectiva en relaci贸n con la Iglesia.

Luces y sombras de la labor ministerial

37. Es un motivo de consuelo se帽alar que hoy la gran mayor铆a de los sacerdotes de todas las edades desarrollan su ministerio con un esfuerzo gozoso, frecuentemente fruto de un hero铆smo silencioso. Trabajan hasta el l铆mite de sus propias energ铆as, sin ver, a veces, los frutos de su labor.

En virtud de este esfuerzo, ellos constituyen hoy un anuncio vivo de la gracia divina que, una vez recibida en el momento de la ordenaci贸n, sigue dando un 铆mpetu siempre nuevo al ejercicio del sagrado ministerio.

Junto a estas luces, que iluminan la vida del sacerdote, no faltan sombras, que tienden a disminuir la belleza de su testimonio y a hacerlo menos cre铆ble al mundo.

El ministerio sacerdotal es una empresa fascinante pero ardua, siempre expuesta a la incomprensi贸n y a la marginaci贸n; sobre todo hoy d铆a, el sacerdote sufre con frecuencia la fatiga, la desconfianza, el aislamiento y la soledad.

Para vencer este desaf铆o, que la mentalidad secularista plantea al presb铆tero, 茅ste har谩 todos los esfuerzos posibles para reservar el primado absoluto a la vida espiritual, al estar siempre con Cristo, y a vivir con generosidad la caridad pastoral intensificando la comuni贸n con todos y, en primer lugar, con los otros sacerdotes.

Estar con Cristo en la oraci贸n

La primac铆a de la vida espiritual

38. Se podr铆a decir que el presb铆tero ha sido concebido en la larga noche de oraci贸n en la que el Se帽or Jes煤s habl贸 al Padre acerca de sus Ap贸stoles y, ciertamente, de todos aquellos que, a lo largo de los siglos, participar铆an de su misma misi贸n (Cf. Lc 6,12; Jn 17,15-20). La misma oraci贸n de Jes煤s en el huerto de Getseman铆 (Cf. Mt 26,36-44), dirigida toda ella hacia el sacrificio sacerdotal del G贸lgota, manifiesta de modo paradigm谩tico "hasta qu茅 punto nuestro sacerdocio debe esta profundamente vinculado a la oraci贸n, radicado en la oraci贸n" 107 .

Nacidos como fruto de esta oraci贸n, los presb铆teros mantendr谩n vivo su ministerio con una vida espiritual a la que dar谩n primac铆a absoluta, evitando descuidarla a causa de las diversas actividades. Para desarrollar un ministerio pastoral fructuoso, el sacerdote necesita tener una sinton铆a particular y profunda con Cristo, el Buen Pastor, el 煤nico protagonista principal de cada acci贸n pastoral.

Los medios para la vida espiritual

39. Tal vida espiritual debe encarnarse en la existencia de cada presb铆tero a trav茅s de la liturgia, la oraci贸n personal, el tenor de vida y la pr谩ctica de las virtudes cristianas; todo esto contribuye a la fecundidad de la acci贸n ministerial. La misma configuraci贸n con Cristo exige respirar un clima de amistad y de encuentro personal con el Se帽or Jes煤s y de servicio a la Iglesia, su Cuerpo, que el presb铆tero amar谩, d谩ndose a ella mediante el servicio ministerial a cada uno de los fieles 108 .

Por lo tanto, es necesario que el sacerdote organice su vida de oraci贸n de modo que incluya: la celebraci贸n diaria de la eucarist铆a 109 con una adecuada preparaci贸n y acci贸n de gracias; la confesi贸n frecuente 110 , y la direcci贸n espiritual ya practicada en el Seminario 111 ; la celebraci贸n 铆ntegra y fervorosa de la liturgia de las horas 112 , obligaci贸n cotidiana 113 ; el examen de conciencia 114 ; la oraci贸n mental propiamente dicha 115 ; la lectio divina 116 , los ratos prolongados de silencio y de di谩logo, sobre todo, en ejercicios y retiros espirituales peri贸dicos 117 ; las preciosas expresiones de devoci贸n mariana como el Rosario 118 ; el Via Crucis y otros ejercicios piadosos 119 ; la provechosa lectura hagiogr谩fica 120 .

Cada a帽o, como un signo del deseo duradero de fidelidad, los presb铆teros renuevan en la S. Misa de Jueves Santo, delante del Obispo y junto con 茅l, las promesas hechas en la ordenaci贸n 121 .

El cuidado de la vida espiritual se debe sentir como una exigencia gozosa por parte del mismo sacerdote, pero tambi茅n como un derecho de los fieles que buscan en 茅l -consciente o inconscientemente al hombre de Dios, al consejero, al mediador de paz, al amigo fiel y prudente y al gu铆a seguro en quien se pueda confiar en los momentos m谩s dif铆ciles de la vida para hallar consuelo y firmeza 122 .

Imitar a Cristo que ora.

40. A causa de las numerosas obligaciones muchas veces procedentes de la actividad pastoral, hoy m谩s que nunca, la vida de los presb铆teros est谩 expuesta a una serie de solicitudes, que lo podr铆an llevar a un creciente activismo exterior, someti茅ndolo a un ritmo a veces fren茅tico y desolador.

Contra tal tentaci贸n no se debe olvidar que la primera intenci贸n de Jes煤s fue convocar en torno a s铆 a los Ap贸stoles, sobre todo para que "estuviesen con 茅l" (Mc 3,14).

El mismo Hijo de Dios ha querido dejarnos el testimonio de su oraci贸n.

De hecho, con mucha frecuencia los Evangelios nos presentan a Cristo en oraci贸n: cuando el Padre le revela su misi贸n (Lc 3,21-22), antes de la llamada de los Ap贸stoles (Lc 6,12), en la acci贸n de gracias durante la multiplicaci贸n de los panes (Mt 14,19; 15,36; Mc 6,41; 8,7; Lc 9,16; Jn 6,11), en la transfiguraci贸n en el monte (Lc 9,28-29), cuando sana al sordomudo (Mc 7,34) y resucita a L谩zaro (Jn 11,41 ss), antes de la confesi贸n de Pedro (Lc 9,18), cuando ense帽a a los disc铆pulos a orar (Lc 11,1), cuando regresan de su misi贸n (Mt 11,25 ss; Lc 10,21), al bendecir a los ni帽os (Mt 19,13) y al rezar por Pedro (Lc 22,32).

Toda su actividad cotidiana nac铆a de la oraci贸n. Se retiraba al desierto o al monte a orar (Mc 1,35; 6,46; Lc 5,16; Mt 4,1; 14,23), se levantaba de madrugada (Mc 1,35) y pasaba la noche entera en oraci贸n con Dios (Mt 14,23.25; Mc 6,46.48; Lc 6,12).

Hasta el final de su vida, en la 煤ltima Cena (Jn 17,1-26), durante la agon铆a (Mt 26,36-44), en la Cruz (Lc 23,34.46; Mt 27,46; Mc 15,34) el divino Maestro demostr贸 que la oraci贸n animaba su ministerio mesi谩nico y su 茅xodo pascual. Resucitado de la muerte, vive para siempre e intercede por nosotros (Hebr 7,25) 123 .

Siguiendo el ejemplo de Cristo, el sacerdote debe saber mantener -vivos y frecuentes- los ratos de silencio y de oraci贸n, en los que cultiva y profundiza en el trato existencial con la Persona viva de Nuestro Se帽or Jes煤s.

Imitar a la Iglesia que ora

41. Para permanecer fiel al empe帽o de "estar con Jes煤s", hace falta que el presb铆tero sepa imitar a la Iglesia que ora.

Al difundir la Palabra de Dios, que 茅l mismo ha recibido con gozo, el sacerdote recuerda la exhortaci贸n del evangelio hecha por el obispo el d铆a de su ordenaci贸n: "Por esto, haciendo de la Palabra el objeto continuo de tu reflexi贸n, cree siempre lo que lees, ense帽a lo que crees y haz vida lo que ense帽as. De este modo, mientras dar谩s alimento al Pueblo de Dios con la doctrina y ser谩s consuelo y apoyo con el buen testimonio de vida, ser谩s constructor del templo de Dios, que es la Iglesia". De modo semejante, en cuanto a la celebraci贸n de los sacramentos, y en particular de la Eucarist铆a: "S茅 por lo tanto consciente de lo que haces, imita lo que realizas y, ya que celebras el misterio de la muerte y resurrecci贸n del Se帽or, lleva la muerte de Cristo en tu cuerpo y camina en su vida nueva". Finalmente, con respecto a la direcci贸n pastoral del Pueblo de Dios, a fin de conducirlo al Padre: "Por esto, no ceses nunca de tener la mirada puesta en Cristo, Pastor bueno, que ha venido no para ser servido, sino para servir y para buscar y salvar a los que se han perdido" 124 .

La Oraci贸n como comuni贸n

42 Fortalecido por el especial v铆nculo con el Se帽or, el presb铆tero sabr谩 afrontar los momentos en que se podr铆a sentir solo entre los hombres; adem谩s, renovar谩 con vigor su trato con Jes煤s, que en la Eucarist铆a es su refugio y su mejor descanso.

As铆 como Jes煤s, que, mientras estaba a solas, estaba continuamente con el Padre (cf. Lc 3,21; Mc 1,35), tambi茅n el presb铆tero debe ser el hombre, que, en la soledad, encuentra la comuni贸n con Dios 125 , por lo que podr谩 decir con San Ambrosio: "Nunca estoy tan poco solo como cuando estoy solo" 126 .

Junto al Se帽or, el presb铆tero encontrar谩 la fuerza y los instrumentos para acercar a los hombres a Dios, para encender la fe de los dem谩s, para suscitar esfuerzo y coparticipaci贸n.

La caridad pastoral

Manifestaci贸n de la caridad de Cristo

43. La caridad pastoral constituye el principio interior y din谩mico capaz de unificar las m煤ltiples y diversas actividades del sacerdote y -dado el contexto socio-cultural en el que vive es instrumento indispensable para llevar a los hombres a la vida de la gracia.

Plasmada con esta caridad, la actividad ministerial ser谩 una manifestaci贸n de la caridad de Cristo, de la que el presb铆tero sabr谩 expresar actitudes y conductas hasta la donaci贸n total de s铆 mismo a la grey, que le ha sido confiada 127 .

La asimilaci贸n de la caridad pastoral de Cristo -de manera que d茅 forma a la propia vida- es una meta, que exige del sacerdote continuos esfuerzos y sacrificios, porque esta no se improvisa, no conoce descanso y no se puede alcanzar de una vez para siempre. El ministro de Cristo se sentir谩 obligado a vivir esta realidad y a dar testimonio de ella, incluso cuando, por su edad, se le quite el peso de encargos pastorales concretos.

Activismo

44. Hoy d铆a, la caridad pastoral corre el riesgo de ser vaciada de su significado por un cierto "funcionalismo". De hecho, no es raro percibir en algunos sacerdotes la influencia de una mentalidad, que equivocadamente tiende a reducir el sacerdocio ministerial a los aspectos funcionales. Esta concepci贸n reduccionista del ministerio sacerdotal lleva el peligro de vaciar la vida de los presb铆teros y, con frecuencia, llenarla de formas no conformes al propio ministerio.

El sacerdote, que se sabe ministro de Cristo y de su Esposa, encontrar谩 en la oraci贸n, en el estudio y en la lectura espiritual, la fuerza necesaria para vencer tambi茅n este peligro 128 .

La predicaci贸n de la Palabra

Fidelidad a la Palabra.

45. Cristo encomend贸 a los Ap贸stoles y a la Iglesia la misi贸n de predicar la Buena Nueva a todos los hombres.

Transmitir la fe es revelar, anunciar y profundizar en la vocaci贸n cristiana: la llamada, que Dios dirige a cada hombre al manifestarle el misterio de la salvaci贸n y, a la vez, el puesto, que debe ocupar con referencia al mismo misterio, como hijo adoptivo en el Hijo 129 .

Este doble aspecto est谩 expresado sint茅ticamente en el S铆mbolo de la Fe, que es la acci贸n con la que la Iglesia responde a la llamada de Dios 130 .

En el ministerio del presb铆tero hay dos exigencias, que son como las dos caras de una moneda. En primer lugar, est谩 el car谩cter misionero de la transmisi贸n de la fe. El ministerio de la Palabra no puede ser abstracto o estar apartado de la vida de la gente; por el contrario, debe hacer referencia al sentido de la vida del hombre, de cada hombre y, por tanto, deber谩 entrar en las cuestiones m谩s apremiantes, que est谩n delante de la conciencia humana.

Por otro lado est谩 la exigencia de autenticidad, de conformidad con la fe de la Iglesia, custodia de la verdad acerca de Dios y de la vocaci贸n del hombre. Esto se debe hacer con un gran sentido de responsabilidad, consciente que se trata de una cuesti贸n de suma importancia en cuanto que pone en juego la vida del hombre y el sentido de su existencia.

Para realizar un fructuoso ministerio de la Palabra, el sacerdote tambi茅n tendr谩 en cuenta que el testimonio de su vida permite descubrir el poder del amor de Dios y hace persuasiva la palabra del predicador; la predicaci贸n expl铆cita del misterio de Cristo a los creyentes, a los no creyentes y a los no cristianos; la catequesis, que es exposici贸n ordenada y org谩nica de la doctrina de la Iglesia y palabra, que aplica la verdad revelada a la soluci贸n de casos concretos 131 .

La conciencia de la absoluta necesidad de "permanecer" fiel y anclado en la Palabra de Dios y en la Tradici贸n para ser verdaderos disc铆pulos de Cristo y conocer la verdad (Cf. Jn 8,31-32), siempre ha acompa帽ado la historia de la espiritualidad sacerdotal y ha estado respaldada tambi茅n con la autoridad del Concilio Ecum茅nico Vaticano II 132 .

Para la sociedad contempor谩nea, signada por el materialismo pr谩ctico y te贸rico, por el subjetivismo y el problematicismo, es necesario que se presente al Evangelio como "poder de Dios para salvar a aquellos que creen" (Rom 1,16). Los presb铆teros, recordando que "la fe viene de la predicaci贸n, y la predicaci贸n de la palabra de Cristo" (Rom 10,17), empe帽ar谩n todas sus energ铆as en corresponder a esta misi贸n, que tiene primac铆a en su ministerio. De hecho, ellos son no solamente los testigos, sino los heraldos y mensajeros de la fe 133 .

Este ministerio -realizado en la comuni贸n jer谩rquica- los habilita a ense帽ar con autoridad la fe cat贸lica y a dar testimonio oficial de la fe de la Iglesia. El Pueblo de Dios, en efecto, "es congregado sobre todo por medio de la palabra de Dios viviente, que todos tienen el derecho de buscar en los labios de los sacerdotes" 134 .

Para que la Palabra sea aut茅ntica se debe transmitir "sin doblez y sin ninguna falsificaci贸n, sino manifestando con franqueza la verdad delante de Dios" (2Cor 4,2). Con madurez responsable, el sacerdote evitar谩 reducir, distorsionar o diluir el contenido del mensaje divino. Su tarea consiste en "no ense帽ar su propia sabidur铆a, sino la palabra de Dios e invitar con insistencia a todos a la conversi贸n y la santidad" 135 .

Por lo tanto, la predicaci贸n no se puede reducir a la comunicaci贸n de pensamientos propios, experiencias personales, simples explicaciones de car谩cter psicol贸gico 136 , sociol贸gico o filantr贸pico y tampoco puede usar excesivamente el encanto de la ret贸rica empleada tanto en los medios de comunicaci贸n social. Se trata de anunciar una Palabra de la que no se puede disponer porque ha sido dada a la Iglesia a fin de que la custodie, examine y transmita fielmente 137 .

Palabra y vida

46. La conciencia de la misi贸n propia como heraldo del Evangelio se debe concretar siempre m谩s en la pastoral, de manera que, a la luz de la Palabra de Dios, pueda dar vida a las muchas situaciones y ambientes en que el sacerdote desempe帽a su ministerio.

Para ser eficaz y cre铆ble, es importante, por esto, que el presb铆tero en la perspectiva de la fe y de su ministerio conozca, con constructivo sentido cr铆tico, las ideolog铆as, el lenguaje, los entramados culturales, las tipolog铆as difundidas por los medios de comunicaci贸n y que, en gran parte, condicionan las mentalidades.

Estimulado por el Ap贸stol, que exclamaba: "Ay de m铆 si no evangelizara!" (1Cor 9,16), 茅l sabr谩 utilizar todos los medios de transmisi贸n, que le ofrecen la ciencia y la tecnolog铆a modernas.

Sin lugar a duda, no depende todo solamente de estos medios o de la capacidad humana, ya que la gracia divina puede alcanzar su efecto independientemente del trabajo de los hombres. Sin embargo, en el plan de Dios la predicaci贸n de la Palabra es normalmente el canal privilegiado para la transmisi贸n de la fe y para la misi贸n de evangelizaci贸n.

La exigencia dada por la nueva evangelizaci贸n constituye un desaf铆o para el sacerdote. Para los que hoy est谩n fuera o lejos del anuncio de Cristo, el presb铆tero sentir谩 particularmente urgente y actual la angustiosa pregunta: "C贸mo creer谩n sin haber o铆do de 脡l? Y c贸mo oir谩n si nadie les predica?" (Rom 10,14).

Para responder a tales interrogantes, 茅l se sentir谩 personalmente comprometido a conocer particularmente la Sagrada Escritura por medio del estudio de una sana ex茅gesis, sobre todo patr铆stica; la Palabra de Dios ser谩 materia de su meditaci贸n -que practicar谩 de acuerdo con los diversos m茅todos probados por la tradici贸n espiritual de la Iglesia-; as铆 lograr谩 tener una comprensi贸n de las Sagradas Escrituras animada por el amor 138 . Con este fin, el presb铆tero sentir谩 el deber de preparar -tanto remota como pr贸ximamente la homil铆a lit煤rgica con gran atenci贸n a sus contenidos y al equilibrio entre parte expositiva y pr谩ctica, as铆 como a la pedagog铆a y a la t茅cnica del buen hablar, llegando incluso hasta la buena dicci贸n por respeto a la dignidad del acto y de los destinatarios 139 .

Palabra y catequesis

47. La catequesis es una parte destacada de esta misi贸n de evangelizaci贸n porque es un instrumento privilegiado de ense帽anza y maduraci贸n de la fe 140 .

El presb铆tero, en cuanto colaborador del Obispo y por mandato del mismo, tiene la responsabilidad de animar, coordinar y dirigir la actividad catequ茅tica de la comunidad, que le ha sido encomendada. Es importante que sepa integrar esta labor dentro de un proyecto org谩nico de evangelizaci贸n, asegurando por encima de todo, la comuni贸n de la catequesis en la propia comunidad con la persona del Obispo, con la Iglesia particular y con la Iglesia universal 141 .

De manera particular, sabr谩 suscitar la justa y oportuna colaboraci贸n y responsabilidad -en lo referente a la catequesis- de los miembros de institutos de vida consagrada o sociedades de vida apost贸lica, respetando el car谩cter del instituto a que pertenecen; y tambi茅n de los fieles laicos 142 , preparados adecuadamente y demostr谩ndoles agradecimiento y estima por su labor catequ茅tica.

Pondr谩 especial af谩n en el cuidado de la formaci贸n inicial y permanente de los catequistas. En la medida de lo posible, el sacerdote debe ser el catequista de los catequistas, formando con ellos una verdadera comunidad de disc铆pulos del Se帽or, que sirva como punto de referencia para los catequizados.

Maestro 143 , y educador en la fe 144 , el sacerdote har谩 que la catequesis, especialmente la de los sacramentos, sea una parte privilegiada en la educaci贸n cristiana de la familia, en la ense帽anza religiosa, en la formaci贸n de movimientos apost贸licos, etc.; y que se dirija a todas las categor铆as de fieles: ni帽os, j贸venes, adolescentes, adultos y ancianos. Sabr谩 transmitir la ense帽anza catequ茅tica haciendo uso de todas las ayudas, medios did谩cticos e instrumentos de comunicaci贸n, que puedan ser eficaces a fin de que los fieles -de un modo adecuado a su car谩cter, capacidad, edad y condici贸n de vida- est茅n en condiciones de aprender m谩s plenamente la doctrina cristiana y de ponerla en pr谩ctica de la manera m谩s conveniente 145 .

Con esta finalidad, el presb铆tero no dejar谩 de tener como principal punto de referencia el Catecismo de la Iglesia Cat贸lica. De hecho, este texto constituye una norma segura y aut茅ntica de la ense帽anza de la Iglesia 146 .

El sacramento de la Eucarist铆a

El misterio eucar铆stico

48. Si bien el ministerio de la Palabra es un elemento fundamental en la labor sacerdotal, el n煤cleo y centro vital es, sin duda, la Eucarist铆a: presencia real en el tiempo del 煤nico y eterno sacrificio de Cristo 147 .

La Eucarist铆a -memorial sacramental de la muerte y resurrecci贸n de Cristo, representaci贸n real y eficaz del 煤nico Sacrificio redentor, fuente y culmen de la vida cristiana y de toda la evangelizaci贸n 148 - es el medio y el fin del ministerio sacerdotal, ya que "todos los ministerios eclesi谩sticos y obras de apostolado est谩n 铆ntimamente trabados con la Eucarist铆a y a ella se ordenan" 149 . El presb铆tero, consagrado para perpetuar el Santo Sacrificio, manifiesta as铆, del modo m谩s evidente, su identidad.

De hecho, existe una 铆ntima uni贸n entre la primac铆a de la Eucarist铆a, la caridad pastoral y la unidad de vida del presb铆tero 150 : en ella encuentra las se帽ales decisivas para el itinerario de santidad al que est谩 espec铆ficamente llamado.

Si el presb铆tero presta a Cristo -Sumo y Eterno Sacerdote- la inteligencia, la voluntad, la voz y las manos para que mediante su propio ministerio pueda ofrecer al Padre el sacrificio sacramental de la redenci贸n, 茅l deber谩 hacer suyas las disposiciones del Maestro y como 脡l, vivir como don para sus hermanos. Consecuentemente deber谩 aprender a unirse 铆ntimamente a la ofrenda, poniendo sobre el altar del sacrificio la vida entera como un signo claro del amor gratuito y providente de Dios.

Celebraci贸n de la Eucarist铆a

49. Es necesario recordar el valor incalculable, que la celebraci贸n diaria de la Santa Misa tiene para el sacerdote, a煤n cuando no estuviere presente ning煤n fiel 151 . 脡l la vivir谩 como el momento central de cada d铆a y del ministerio cotidiano, como fruto de un deseo sincero y como ocasi贸n de un encuentro profundo y eficaz con Cristo. Pondr谩 cuidadosa atenci贸n para celebrarla con devoci贸n, y participar谩 铆ntimamente con la mente y el coraz贸n.

En una sociedad cada vez m谩s sensible a la comunicaci贸n a trav茅s de signos e im谩genes, el sacerdote cuidar谩 adecuadamente todo lo que puede aumentar el decoro y el aspecto sagrado de la celebraci贸n. Es importante que en la celebraci贸n eucar铆stica haya un adecuado cuidado de la limpieza del lugar, del dise帽o del altar y del sagrario 152 , de la nobleza de los vasos sagrados, de los ornamentos 153 , del canto 154 , de la m煤sica 155 , del silencio sagrado 156 , etc. Todos estos elementos pueden contribuir a una mejor participaci贸n en el Sacrificio eucar铆stico. De hecho, la falta de atenci贸n a estos aspectos simb贸licos de la liturgia y, aun peor, el descuido, la prisa, la superficialidad y el desorden, vac铆an de significado y debilitan la funci贸n de aumentar la fe 157 . El que celebra mal, manifiesta la debilidad de su fe y no educa a los dem谩s en la fe. Al contrario, celebrar bien constituye una primera e importante catequesis sobre el Santo Sacrificio.

El sacerdote, entonces, al poner todas sus capacidades para ayudar a que todos los fieles participen vivamente en la celebraci贸n eucar铆stica, debe atenerse al rito establecido en los libros lit煤rgicos aprobados por la autoridad competente, sin a帽adir, quitar o cambiar nada 158 .

Todos los Ordinarios, Superiores de los Institutos de vida consagrada, y los Moderadores de las sociedades de vida apost贸lica, tienen el deber grave no s贸lo de preceder con el ejemplo, sino de vigilar para que se cumplan fielmente las normas lit煤rgicas referentes a la celebraci贸n eucar铆stica en todos los lugares.

Los sacerdotes, que celebran o concelebran est谩n obligados al uso de los ornamentos sagrados prescriptos por las r煤bricas 159 .

La adoraci贸n eucar铆stica

50 La centralidad de la Eucarist铆a se debe indicar no s贸lo por la digna y piadosa celebraci贸n del Sacrificio, sino a煤n m谩s por la adoraci贸n habitual del Sacramento. El presb铆tero debe mostrarse modelo de la grey tambi茅n en el devoto cuidado del Se帽or en el sagrario y en la meditaci贸n asidua que hace siempre que sea posible ante Jes煤s Sacramentado. Es conveniente que los sacerdotes encargados de la direcci贸n de una comunidad dediquen espacios largos de tiempo para la adoraci贸n en comunidad, y tributen atenciones y honores, mayores que a cualquier otro rito, al Sant铆simo Sacramento del altar, tambi茅n fuera de la Santa Misa. "La fe y el amor por la Eucarist铆a hacen imposible que la presencia de Cristo en el sagrario permanezca solitaria" 160 .

La liturgia de las horas puede ser un momento privilegiado para la adoraci贸n eucar铆stica. Esta liturgia es una verdadera prolongaci贸n, a lo largo de la jornada, del sacrificio de alabanza y acci贸n de gracias, que tiene en la Santa Misa el centro y la fuente sacramental. En ella, el sacerdote unido a Cristo es la voz de la Iglesia para el mundo entero. La liturgia de las horas tambi茅n se celebrar谩 comunitariamente cuando sea posible, y de una manera oportuna, para que sea "int茅rprete y veh铆culo de la voz universal, que canta la gloria de Dios y pide la salvaci贸n del hombre" 161 .

Ejemplar solemnidad tendr谩 esta celebraci贸n en los Cap铆tulos de can贸nigos.

Siempre se deber谩 evitar, tanto en la celebraci贸n comunitaria como en la individual, reducirla al mero "deber" mec谩nico de una simple y r谩pida lectura sin la necesaria atenci贸n al sentido del texto.

Sacramento de la penitencia

Ministro de la reconciliaci贸n

51. El Esp铆ritu Santo para la remisi贸n de los pecados es un don de la resurrecci贸n, que se da a los Ap贸stoles: "Recibid el Esp铆ritu Santo; a quien perdonareis los pecados, les ser谩n perdonados; a quienes se los retuviereis, les ser谩n retenidos" (Jn 20,22-23). Cristo confi贸 la obra de reconciliaci贸n del hombre con Dios exclusivamente a sus Ap贸stoles y a aquellos que les suceden en la misma misi贸n. Los sacerdotes son, por voluntad de Cristo, los 煤nicos ministros del sacramento de la reconciliaci贸n 162 . Como Cristo, son enviados a convertir a los pecadores y a llevarlos otra vez al Padre.

La reconciliaci贸n sacramental restablece la amistad con Dios Padre y con todos sus hijos en su familia, que es la Iglesia. Por lo tanto, 茅sta se rejuvenece y se construye en todas sus dimensiones: universal, diocesana y parroquial 163 .

A pesar de la triste realidad de la p茅rdida del sentido del pecado muy extendida en la cultura de nuestro tiempo, el sacerdote debe practicar con gozo y dedicaci贸n el ministerio de la formaci贸n de la conciencia, del perd贸n y de la paz.

Conviene que 茅l, en cierto sentido, sepa identificarse con este sacramento y asumiendo la actitud de Cristo se incline con misericordia, como buen samaritano, sobre la humanidad herida y muestre la novedad cristiana de la dimensi贸n medicinal de la Penitencia, que est谩 dirigida a sanar y perdonar 164 .

Dedicaci贸n al ministerio de la Reconciliaci贸n

52. El presb铆tero deber谩 dedicar tiempo y energ铆a para escuchar las confesiones de los fieles, tanto por su oficio 165 como por la ordenaci贸n sacramental, pues los cristianos como demuestra la experiencia -acuden con gusto a recibir este Sacramento, all铆 donde saben que hay sacerdotes disponibles. Esto se aplica a todas partes, pero especialmente, a las zonas con las iglesias m谩s frecuentadas y a los santuarios, donde es posible una colaboraci贸n fraterna y responsable con los sacerdotes religiosos y los ancianos.

Cada sacerdote seguir谩 la normativa eclesial que defiende y promueve el valor de la confesi贸n individual y la absoluci贸n personal e 铆ntegra de los pecados en el coloquio directo con el confesor 166 . La confesi贸n y la absoluci贸n colectiva se reserva s贸lo para casos extraordinarios contemplados en las disposiciones vigentes y con las condiciones requeridas 167 . El confesor tendr谩 oportunidad de iluminar la conciencia del penitente con unas palabras que, aunque breves, ser谩n apropiadas para su situaci贸n concreta. 脡stas ayudar谩n a la renovada orientaci贸n personal hacia la conversi贸n e influir谩n profundamente en su camino espiritual, tambi茅n a trav茅s de una satisfacci贸n oportuna 168 .

En cada caso, el presb铆tero sabr谩 mantener la celebraci贸n de la Reconciliaci贸n a nivel sacramental, superando el peligro de reducirla a una actividad puramente psicol贸gica o de simple formalidad.

Entre otras cosas, esto se manifestar谩 en el cumplimiento fiel de la disciplina vigente acerca del lugar y la sede para las confesiones 169 .

La necesidad de confesarse

53. Como todo buen fiel, el sacerdote tambi茅n tiene necesidad de confesar sus propios pecados y debilidades. 脡l es el primero en saber que la pr谩ctica de este sacramento lo fortalece en la fe y en la caridad hacia Dios y los hermanos.

Para hallarse en las mejores condiciones de mostrar con eficacia la belleza de la Penitencia, es esencial que el ministro del sacramento ofrezca un testimonio personal precediendo a los dem谩s fieles en esta experiencia del perd贸n. Adem谩s, esto constituye la primera condici贸n para la revaloraci贸n pastoral del sacramento de la Reconciliaci贸n. En este sentido, es una cosa buena que los fieles sepan y vean que tambi茅n sus sacerdotes se confiesan con regularidad 170 : "Toda la existencia sacerdotal sufre un inexorable decaimiento si viene a faltarle por negligencia o cualquier otro motivo el recurso peri贸dico, inspirado por aut茅ntica fe y devoci贸n, al Sacramento de la Penitencia. En un sacerdote que no se confesara m谩s o se confesara mal, su ser sacerdotal y su hacer sacerdotal se resentir谩n muy r谩pidamente, y tambi茅n la comunidad, de la cual es pastor, se dar铆a cuenta" 171 .

La direcci贸n espiritual para s铆 mismo y para los otros

54. De manera paralela al Sacramento de la Reconciliaci贸n, el presb铆tero no dejar谩 de ejercer el ministerio de la direcci贸n espiritual. El descubrimiento y la difusi贸n de esta pr谩ctica, tambi茅n en momentos distintos de la administraci贸n de la Penitencia, es un beneficio grande para la Iglesia en el tiempo presente 172 . La actitud generosa y activa de los presb铆teros al practicarla constituye tambi茅n una ocasi贸n importante para individualizar y sostener la vocaci贸n al sacerdocio y a las distintas formas de vida consagrada.

Para contribuir al mejoramiento de su propia vida espiritual, es necesario que los presb铆teros practiquen ellos mismos la direcci贸n espiritual. Al poner la formaci贸n de sus almas en las manos de un hermano sabio, madurar谩n -desde los primeros pasos de su ministerio la conciencia de la importancia de no caminar solos por el camino de la vida espiritual y del empe帽o pastoral. Para el uso de este eficaz medio de formaci贸n tan experimentado en la Iglesia, los presb铆teros tendr谩n plena libertad en la elecci贸n de la persona a la que confiar谩n la direcci贸n de la propia vida espiritual.

Gu铆a de la comunidad

Sacerdote para la comunidad

55. El sacerdote est谩 llamado a ocuparse de otro aspecto de su ministerio, adem谩s de aqu茅llos ya analizados. Se trata del desvelo por la vida de la comunidad, que le ha sido confiada, y que se manifiesta sobre todo en el testimonio de la caridad.

Pastor de la comunidad, el sacerdote existe y vive para ella; por ella reza, estudia, trabaja y se sacrifica.

Estar谩 dispuesto a dar la vida por ella, la amar谩 como ama a Cristo, volcando sobre ella todo su amor y su afecto 173 , dedic谩ndose -con todas sus fuerzas y sin l铆mite de tiempo- a configurarla, a imagen de la Iglesia Esposa de Cristo, siempre m谩s hermosa y digna de la complacencia del Padre y del amor del Esp铆ritu Santo.

Esta dimensi贸n esponsal de la vida del presb铆tero como pastor, actuar谩 de manera que gu铆e su comunidad sirviendo con abnegaci贸n a todos y cada uno de sus miembros, iluminando sus conciencias con la luz de la verdad revelada, custodiando con autoridad la autenticidad evang茅lica de la vida cristiana, corrigiendo los errores, perdonando, curando las heridas, consolando las aflicciones, promoviendo la fraternidad 174 .

Este conjunto de atenciones, delicadas y complejas, adem谩s de garantizar un testimonio de caridad siempre m谩s transparente y eficaz, manifestar谩 tambi茅n la profunda comuni贸n, que debe existir entre el presb铆tero y su comunidad, que es casi la continuaci贸n y la actualizaci贸n de la comuni贸n con Dios, con Cristo y con la Iglesia 175 .

Sentir con la Iglesia

56. Para ser un buen gu铆a de su Pueblo, el presb铆tero estar谩 tambi茅n atento para conocer los signos de los tiempos: desde aquellos amplios y profundos que se refieren a la Iglesia universal y a su camino en la historia de los hombres, hasta aquellos otros m谩s pr贸ximos a la situaci贸n concreta de cada comunidad.

Esta capacidad de discernimiento requiere la constante y adecuada puesta al d铆a en el estudio de los problemas teol贸gicos y pastorales, en el ejercicio de una sabia reflexi贸n sobre los datos sociales, culturales y cient铆ficos, que caracterizan nuestro tiempo.

En el desarrollo de su ministerio, los presb铆teros sabr谩n traducir esta exigencia en una constante y sincera actitud para sentir con la Iglesia, de tal manera que trabajar谩n siempre en el v铆nculo de la comuni贸n con el Papa, con los Obispos, con los dem谩s hermanos en el sacerdocio, as铆 como con los fieles consagrados por medio de la profesi贸n de los votos evang茅licos y con los fieles laicos.

脡stos mismos, por otro lado, podr谩n requerir en la forma adecuada y teniendo en cuenta la capacidad de cada uno la cooperaci贸n de los fieles consagrados y de los fieles laicos, en el ejercicio de su actividad.

Celibato sacerdotal

Firme voluntad de la Iglesia

57. La Iglesia, convencida de las profundas motivaciones teol贸gicas y pastorales, que sostienen la relaci贸n entre celibato y sacerdocio, e iluminada por el testimonio, que confirma tambi茅n hoy -a pesar de los dolorosos casos negativos- la validez espiritual y evang茅lica en tantas existencias sacerdotales, ha confirmado, en el Concilio Vaticano II y repetidamente en el sucesivo Magisterio Pontificio, la "firme voluntad de mantener la ley, que exige el celibato libremente escogido y perpetuo para los candidatos a la ordenaci贸n sacerdotal en el rito latino" 176 .

El celibato, en efecto, es un don, que la Iglesia ha recibido y quiere custodiar, convencida de que 茅ste es un bien para s铆 misma y para el mundo.

Motivo teol贸gico-espiritual del celibato

58. Como todo valor evang茅lico, tambi茅n el celibato debe ser vivido como una novedad liberadora, como testimonio de radicalidad en el seguimiento de Cristo y como signo de la realidad escatol贸gica. "No todos pueden entenderlo, sino s贸lo aquellos a los que les ha sido concedido. Existen, en efecto, eunucos que han nacido as铆 del vientre de su madre; otros han sido hechos eunucos por los hombres y hay tambi茅n algunos, que se han hecho eunucos por el Reino de los cielos. El que pueda entender, que entienda" (Mt 19,10-12) 177 .

Para vivir con amor y con generosidad el don recibido, es particularmente importante que el sacerdote entienda desde la formaci贸n del seminario la motivaci贸n teol贸gica y espiritual de la disciplina sobre el celibato 178 . 脡ste, como don y carisma particular de Dios, requiere la observancia de la castidad y, por tanto, de la perfecta y perpetua continencia por el Reino de los cielos, para que los ministros sagrados puedan unirse m谩s f谩cilmente a Cristo con un coraz贸n indiviso, y dedicarse m谩s libremente al servicio de Dios y de los hombres 179 . La disciplina eclesi谩stica manifiesta, antes que la voluntad del sujeto expresada por medio de su disponibilidad, la voluntad de la Iglesia, la cual encuentra su raz贸n 煤ltima en el estrecho v铆nculo, que el celibato tiene con la sagrada ordenaci贸n, que configura al sacerdote con Jesucristo, Cabeza y Esposo de la Iglesia 180 .

La carta a los Efesios (cf. 5,25-27) pone en estrecha relaci贸n la oblaci贸n sacerdotal de Cristo (cf. 5,25) con la santificaci贸n de la Iglesia (cf. 5,26), amada con amor esponsal. Insertado sacramentalmente en este sacerdocio de amor exclusivo de Cristo por la Iglesia, su Esposa fiel, el presb铆tero expresa con su compromiso de celibato dicho amor, que se convierte en caudalosa fuente de eficacia pastoral.

El celibato, por tanto, no es un influjo, que cae desde fuera sobre el ministerio sacerdotal, ni puede ser considerado simplemente como una instituci贸n impuesta por ley, porque el que recibe el sacramento del Orden se compromete a ello con plena conciencia y libertad 181 despu茅s de una preparaci贸n que dura varios a帽os, de una profunda reflexi贸n y oraci贸n asidua. Una vez que ha llegado a la firme convicci贸n de que Cristo le concede este don por el bien de la Iglesia y para el servicio a los dem谩s, el sacerdote lo asume para toda la vida, reforzando esta voluntad suya con la promesa que ya hecho durante el rito de la ordenaci贸n diaconal 182 .

Por estas razones, la ley eclesi谩stica sanciona, por un lado, el carisma del celibato, mostrando c贸mo 茅ste est谩 en 铆ntima conexi贸n con el ministerio sagrado -en su doble dimensi贸n de relaci贸n con Cristo y con la Iglesia- y, por otro, la libertad de aqu茅l, que lo asume 183 . El presb铆tero, entonces, consagrado a Cristo por un nuevo y excelso t铆tulo 184 , debe ser bien consciente de que ha recibido un don, sancionado por un preciso v铆nculo jur铆dico, del que deriva la obligaci贸n moral de la observancia. Este v铆nculo, asumido libremente, tiene car谩cter teologal y moral, antes que jur铆dico, y es signo de aquella realidad esponsal, que se realiza en la ordenaci贸n sacramental. Con 茅sta, el sacerdote adquiere tambi茅n esta paternidad espiritual -pero real- que tiene dimensi贸n universal y que, de modo particular, se concreta con respecto a la comunidad, que le ha sido confiada 185 .

Ejemplo de Jes煤s

59 El celibato, as铆 entendido, es entrega de s铆 mismo "en" y "con" Cristo a su Iglesia, y expresa el servicio del sacerdote a la Iglesia "en" y "con" el Se帽or 186 .

Se permanecer铆a en una continua inmadurez si el celibato fuese vivido como "un tributo, que se paga al Se帽or" para acceder a las sagradas 脫rdenes, y no m谩s bien como "un don que se recibe de su misericordia" 187 , como elecci贸n de libertad y grata acogida de una particular vocaci贸n de amor por Dios y por los hombres.

El ejemplo del Se帽or mismo quien, yendo en contra de la que se puede considerar la cultura dominante de su tiempo, ha elegido libremente vivir c茅libe. En su seguimiento, sus disc铆pulos han dejado "todo" para cumplir la misi贸n, que les ha sido confiada (Lc 18, 28-30).

Por tal motivo la Iglesia, desde los tiempos apost贸licos, ha querido conservar el don de la continencia perpetua de los cl茅rigos, y ha tendido a escoger a los candidatos al Orden Sagrado entre los c茅libes (cf. 2Tes 2,15; 1Cor 7,5; 1Tim 3,2-12; 5,9; Tit 1,6-8) 188 .

En el actual clima cultural, condicionado a menudo por una visi贸n del hombre carente de valores y, sobre todo, incapaz de dar un sentido pleno, positivo y liberador a la sexualidad humana, aparece con frecuencia el interrogante sobre el valor del celibto sacerdotal o, por lo menos, sobre la oportunidad de afirmar su estrecho v铆nculo y su profunda sintonia con el sacerdocio ministerial.

Las dificultades u las objeciones han acompa帽ado siempre, a lo largo de los siglos, la decisi贸n de la Iglesia Latina y de algunas Iglesias Orientales de conferir el sacerdocio ministerial s贸lo a aquellos hombres que han recibido de Dios el don de la castidad en el celibato. La disciplina de otras Iglesias Orientales que admiten al sacerdocio a hombres casados, no se contrapone a la de la Iglesia Latina: de hecho, las mismas Iglesias Orientales exigen el celibato de los Obispos; tampoco admiten el matrimonio de los sacerdotes y no permiten sucesivas nupcias a los ministros que enviudaron. Se trata, siempre y solamente, de la ordenaci贸n de hombres, que ya estaban casados.

Las dificultades, que algunos presentan hoy 189 , se fundan a menudo en argumentos pretenciosos, como, por ejemplo, la acusaci贸n de espiritualismo desencarnado, o que la continencia comporte desconfianza o desprecio hacia la sexualidad, o tambi茅n buscan motivo al considerar los casos dif铆ciles y dolorosos, o del mismo modo generalizan casos particulares. Se olvida, por el contrario, el testimonio ofrecido por la inmensa mayor铆a de los sacerdotes, que viven el propio celibato con libertad interior, con ricas motivaciones evang茅licas, con fecundidad espiritual, en un horizonte de convencida y alegre fidelidad a la propia vocaci贸n y misi贸n. Est谩 claro que, para garantizar y custodiar este don en un clima de sereno equilibrio y de progreso espiritual, deben ser puestas en pr谩ctica todas aquellas medidas que alejan al sacerdote de toda posible dificultad 190 .

Es necesario, por tanto, que los presb铆teros se comporten con la debida prudencia en las relaciones con las personas cuya proximidad puede poner en peligro la fidelidad a este don, e incluso suscitar el esc谩ndalo de los fieles 191 . En los casos particulares se debe someter al juicio del Obispo, que tiene la obligaci贸n de impartir normas precisas sobre esta materia 192 .

Los sacerdotes, pues, no descuiden aquellas normas asc茅ticas, que han sido garantizadas por la experiencia de la Iglesia, y que son ahora m谩s necesarias debido a las circunstancias actuales, por las cuales prudentemente evitar谩n frecuentar lugares y asistir a espect谩culos, o realizar lecturas, que pueden poner en peligro la observancia de la castidad en el celibato 193 . En el hacer uso de los medios de comunicaci贸n social, como agentes o como usufructuarios, observen la necesaria discreci贸n y eviten todo lo que pueda da帽ar la vocaci贸n.

Para custodiar con amor el don recibido, en un clima de exasperado permisivismo sexual, 茅stos deber谩n encontrar en la comuni贸n con Cristo y con la Iglesia, y en la devoci贸n a Santa Mar铆a Virgen, as铆 como en la consideraci贸n del ejemplo de los sacerdotes santos de todos los tiempos, la fuerza necesaria para superar las dificultades, que encuentran en su camino y para actuar con aquella madurez, que los hace cre铆bles ante el mundo 194 .

La obediencia

Fundamento de la obediencia.

61. La obediencia es un valor sacerdotal de primordial importancia. El mismo sacrificio de Jes煤s sobre la Cruz adquiri贸 significado y valor salv铆fico a causa de su obediencia y de su fidelidad a la voluntad del Padre. 脡l fue "obediente hasta la muerte, y muerte de Cruz" (Fil 2,8). La carta a los Hebreos subraya tambi茅n que Jes煤s "con lo que padeci贸 experiment贸 la obediencia" (Hebr 5,8). Se puede decir, por tanto, que la obediencia al Padre est谩 en el mismo coraz贸n del Sacerdocio de Cristo.

Al igual que para Cristo, tambi茅n para el presb铆tero la obediencia expresa la voluntad de Dios, que le es manifestada por medio de los Superiores. Esta disponibilidad debe ser entendida como una verdadera actuaci贸n de la libertad personal, consecuencia de una elecci贸n madurada constantemente en la presencia de Dios en la oraci贸n. La virtud de la obediencia, intr铆nsecamente requerida por el sacramento y por la estructura jer谩rquica de la Iglesia, es claramente prometida por el cl茅rigo, primeramente en el rito de la ordenaci贸n diaconal y, despu茅s, en el de la ordenaci贸n presbiteral. Con 茅sta el presb铆tero refuerza su voluntad de sumisi贸n, entrando de este modo en la din谩mica de la obediencia de Cristo, que se ha hecho Siervo obediente hasta la muerte de Cruz (cf. Fil 2,7-8) 195 .

En la cultura contempor谩nea se subraya el valor de la subjetividad y de la autonom铆a de cada persona, como algo intr铆nseco a la propia dignidad. Este valor, en s铆 mismo positivo, cuando es absolutizado y exigido fuera de su justo contexto, adquiere un valor negativo 196 . Esto puede manifestarse tambi茅n en el 谩mbito eclesial y en la misma vida del sacerdote, si la fe, la vida cristiana y la actividad desarrollada al servicio de la comunidad, fuesen reducidas a un hecho puramente subjetivo.

El presb铆tero est谩, por la misma naturaleza de su ministerio, al servicio de Cristo y de la Iglesia. 脡ste, por tanto, se pondr谩 en disposici贸n de acoger cuanto le es indicado justamente por los Superiores y, si no est谩 leg铆timamente impedido, debe aceptar y cumplir fielmente el encargo, que le ha sido confiado por su Ordinario 197 .

Obediencia jer谩rquica

62. El presb铆tero tiene una "obligaci贸n especial de respeto y obediencia" al Sumo Pont铆fice y al propio Ordinario 198 . En virtud de la pertenencia a un determinado presbiterio, 茅l est谩 dedicado al servicio de una Iglesia particular, cuyo principio y fundamento de unidad es el Obispo 199 ; 茅ste 煤ltimo tiene sobre ella toda la potestad ordinaria, propia e inmediata, necesaria para el ejercicio de su oficio pastoral 200 . La subordinaci贸n jer谩rquica requerida por el sacramento del Orden encuentra su actualizaci贸n eclesiol贸gico-estructural en referencia al propio Obispo y al Romano Pont铆fice; 茅ste 煤ltimo tiene el primado (principatus) de la potestad ordinaria sobre todas las Iglesias particulares 201 .

La obligaci贸n de adherir al Magisterio en materia de fe y de moral est谩 intr铆nsecamente ligada a todas las funciones, que el sacerdote debe desarrollar en la Iglesia. El disentir en este campo debe considerarse algo grave, en cuanto que produce esc谩ndalo y desorientaci贸n entre los fieles.

Nadie mejor que el presb铆tero tiene conciencia del hecho de que la Iglesia tiene necesidad de normas: ya que su estructura jer谩rquica y org谩nica es visible, el ejercicio de las funciones divinamente confiadas a Ella -especialmente la de gu铆a y la de celebraci贸n de los sacramentos-, debe ser organizado adecuadamente 202 .

En cuanto ministro de Cristo y de su Iglesia, el presb铆tero asume generosamente el compromiso de observar fielmente todas y cada una de las normas, evitando toda forma de adhesi贸n parcial seg煤n criterios subjetivos, que crean divisi贸n y repercuten -con notable da帽o pastoral- sobre los fieles laicos y sobre la opini贸n p煤blica. En efecto, "las leyes can贸nicas, por su misma naturaleza, exigen la observancia" y requieren que "todo lo que sea mandado por la cabeza, sea observado por los miembros" 203 .

Con la obediencia a la Autoridad constituida, el sacerdote -entre otras cosas- favorecer谩 la mutua caridad dentro del presbiterio, y fomentar谩 la unidad, que tiene su fundamento en la verdad.

Autoridad ejercitada con caridad

63. Para que la observancia de la obediencia sea real y pueda alimentar la comuni贸n eclesial, todos los que han sido constituidos en autoridad -los Ordinarios, los Superiores religiosos, los Moderadores de Sociedades de vida apost贸lica-, adem谩s de ofrecer el necesario y constante ejemplo personal, deben ejercitar con caridad el propio carisma institucional, bien sea previniendo, bien requiriendo -en el modo y en el momento oportuno- la adhesi贸n a todas las disposiciones en el 谩mbito magisterial y disciplinar 204 .

Tal adhesi贸n es fuente de libertad, en cuanto que no impide, sino que estimula la madura espontaneidad del presb铆tero, quien sabr谩 asumir una postura pastoral serena y equilibrada, creando una armon铆a en la que la capacidad personal se funde en una superior unidad.

Respeto de las normas lit煤rgicas

64. Entre varios aspectos del problema, hoy mayormente relevantes, merece la pena que se ponga en evidencia el del respeto convencido de las normas lit煤rgicas.

La liturgia es el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo 205 , "la cumbre hacia la cual tiende la acci贸n de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de la que mana toda su fuerza" 206 . Ella constituye un 谩mbito en el que el sacerdote debe tener particular conciencia de ser ministro y de obedecer fielmente a la Iglesia. "Regular la sagrada liturgia compete 煤nicamente a la autoridad de la Iglesia, que reside en la Sede Apost贸lica y, seg煤n norma de derecho, en el Obispo" 207 . El sacerdote, por tanto, en tal materia no a帽adir谩, quitar谩 o cambiar谩 nada por propia iniciativa 208 .

Esto vale de modo especial para los sacramentos, que son por excelencia actos de Cristo y de la Iglesia, y que el sacerdote administra en la persona de Cristo y en nombre de la Iglesia, para el bien de los fieles 209 .

Estos tienen verdadero derecho a participar en las celebraciones lit煤rgicas tal como las quiere la Iglesia, y no seg煤n los gustos personales de cada ministro, ni tampoco seg煤n particularismos rituales no aprobados, expresiones de grupos, que tienden a cerrarse a la universalidad del Pueblo de Dios.

Unidad en los planes pastorales

65. Es necesario que los sacerdotes, en el ejercicio de su ministerio, no s贸lo participen responsablemente en la definici贸n de los planes pastorales, que el Obispo -con la colaboraci贸n del Consejo Presbiteral 210 - determina, sino que adem谩s armonicen con 茅stos las realizaciones pr谩cticas en la propia comunidad.

La sabia creatividad, el esp铆ritu de iniciativa propio de la madurez de los presb铆teros, no s贸lo no ser谩n suprimidos, sino que podr谩n ser adecuadamente valorados en beneficio de la fecundidad pastoral. Tomar caminos diversos en este campo puede significar, de hecho, el debilitamiento de la misma obra de evangelizaci贸n.

Obligaci贸n del traje eclesi谩stico

66. En una sociedad secularizada y tendencialmente materialista, donde tienden a desaparecer incluso los signos externos de las realidades sagradas y sobrenaturales, se siente particularmente la necesidad de que el presb铆tero -hombre de Dios, dispensador de sus misterios- sea reconocible a los ojos de la comunidad, tambi茅n por el vestido que lleva, como signo inequ铆voco de su dedicaci贸n y de la identidad del que desempe帽a un ministerio p煤blico 211 . El presb铆tero debe ser reconocible sobre todo, por su comportamiento, pero tambi茅n por un modo de vestir, que ponga de manifiesto de modo inmediatamente perceptible por todo fiel -m谩s a煤n, por todo hombre 212 - su identidad y su pertenencia a Dios y a la Iglesia.

Por esta raz贸n, el cl茅rigo debe llevar "un traje eclesi谩stico decoroso, seg煤n las normas establecidas por la Conferencia Episcopal y seg煤n las leg铆timas costumbres locales" 213 . El traje, cuando es distinto del talar, debe ser diverso de la manera de vestir de los laicos y conforme a la dignidad y sacralidad de su ministerio. La forma y el color deben ser establecidos por la Conferencia Episcopal, siempre en armon铆a con las disposiciones de derecho universal.

Por su incoherencia con el esp铆ritu de tal disciplina, las praxis contrarias no se pueden considerar leg铆timas costumbres y deben ser removidas por la autoridad competente 214 .

Exceptuando las situaciones del todo excepcionales, el no usar el traje eclesi谩stico por parte del cl茅rigo puede manifestar un escaso sentido de la propia identidad de pastor, enteramente dedicado al servicio de la Iglesia 215 .

Esp铆ritu sacerdotal de pobreza

Pobreza como disponibilidad

67. La pobreza de Jes煤s tiene una finalidad salv铆fica. Cristo, siendo rico, se hizo pobre por nosotros, para enriquecernos por medio de su pobreza (cf. 2Cor 8,9).

La carta a los Filipenses nos ense帽a la relaci贸n entre el despojarse de s铆 mismo y el esp铆ritu de servicio, que debe animar el ministerio pastoral. Dice San Pablo que Jes煤s no consider贸 "un bien codiciable el ser igual a Dios, sino que se humill贸 a S铆 mismo tomando forma de Siervo" (Fil 2,6-7). En verdad, dif铆cilmente el sacerdote podr谩 ser verdadero servidor y ministro de sus hermanos si est谩 excesivamente preocupado por su comodidad y por un bienestar excesivo.

A trav茅s de la condici贸n de pobre, Cristo manifiesta que ha recibido todo del Padre desde la eternidad, y todo lo devuelve al Padre hasta la ofrenda total de su vida.

El ejemplo de Cristo pobre debe llevar al presb铆tero a conformarse con 脡l en la libertad interior ante todos los bienes y riquezas del mundo 216 . El Se帽or nos ense帽a que Dios es el verdadero bien y que la verdadera riqueza es conseguir la vida eterna: "De qu茅 le sirve al hombre ganar el mundo entero, si despu茅s pierde la propia alma? Y qu茅 podr铆a dar el hombre a cambio de su alma?" (Mc 8,36-37).

El sacerdote, cuya parte de la herencia es el Se帽or (cf. N煤m 18,20), sabe que su misi贸n como la de la Iglesia -se desarrolla en medio del mundo, y es consciente de que los bienes creados son necesarios para el desarrollo personal del hombre. Sin embargo, el sacerdote ha de usar estos bienes con sentido de responsabilidad, recta intenci贸n, moderaci贸n y desprendimiento: todo esto porque sabe que tiene su tesoro en los Cielos; es consciente, en fin, de que todo debe ser usado para la edificaci贸n del Reino de Dios 217 , y por ello se abstendr谩 de actividades lucrativas impropias de su ministerio (Lc 10,7; Mt 10,9-10; 1Cor 9,14; Gal 6,6) 218 .

Recordando que el don, que ha recibido, es gratuito, ha de estar dispuesto a dar gratuitamente (Mt 10,8; Hch 8,18-25) 219 ; y a emplear para el bien de la Iglesia y para obras de caridad todo lo que recibe por ejercer su oficio, despu茅s de haber satisfecho su honesto sustento y de haber cumplido los deberes del propio estado 220 .

El presb铆tero -si bien no asume la pobreza con una promesa p煤blica- est谩 obligado a llevar una vida sencilla; por tanto, se abstendr谩 de todo lo que huela a vanidad 221 ; abrazar谩, pues, la pobreza voluntaria, con el fin de seguir a Jesucristo m谩s de cerca 222 . En todo (habitaci贸n, medios de transporte, vacaciones, etc.), el presb铆tero elimine todo tipo de afectaci贸n y de lujo 223 .

Amigo de los m谩s pobres, 茅l reservar谩 a ellos las m谩s delicadas atenciones de su caridad pastoral, con una opci贸n preferencial por todas las formas de pobreza -viejas y nuevas-, que est谩n tr谩gicamente presentes en nuestro mundo; recordar谩 siempre que la primera miseria de la que debe ser liberado el hombre es el pecado, ra铆z 煤ltima de todos los males.

Devoci贸n a Mar铆a

Las virtudes de la Madre

68. Existe una "relaci贸n esencial (...) entre la Madre de Jes煤s y el sacerdocio de los ministros del Hijo", que deriva de la relaci贸n que hay entre la divina maternidad de Mar铆a y el sacerdocio de Cristo 224 .

En dicha relaci贸n est谩 radicada la espiritualidad mariana de todo presb铆tero. La espiritualidad sacerdotal no puede considerarse completa si no toma seriamente en consideraci贸n el testamento de Cristo crucificado, que quiso confiar a su Madre al disc铆pulo predilecto y, a trav茅s de 茅l, a todos los sacerdotes, que han sido llamados a continuar su obra de redenci贸n.

Como a Juan al pie de la Cruz, as铆 es confiada Mar铆a a cada presb铆tero, como Madre de modo especial (cf. Jn 19,26-27).

Los sacerdotes, que se cuentan entre los disc铆pulos m谩s amados por Jes煤s crucificado y resucitado, deben acoger en su vida a Mar铆a como a su Madre: ser谩 Ella, por tanto, objeto de sus continuas atenciones y de sus oraciones. La Siempre Virgen es para los sacerdotes la Madre, que los conduce a Cristo, a la vez que los hace amar aut茅nticamente a la Iglesia y los gu铆a al Reino de los Cielos.

Todo presb铆tero sabe que Mar铆a, por ser Madre, es la formadora eminente de su sacerdocio: ya que Ella es quien sabe modelar el coraz贸n sacerdotal; la Virgen, pues, sabe y quiere proteger a los sacerdotes de los peligros, cansancios y des谩nimos: Ella vela, con solicitud materna, para que el presb铆tero pueda crecer en sabidur铆a, edad y gracia delante de Dios y de los hombres (cf. Lc 2,40).

No ser谩n hijos devotos, quienes no sepan imitar las virtudes de la Madre. El presb铆tero, por tanto, ha de mirar a Mar铆a si quiere ser un ministro humilde obediente y casto, que pueda dar testimonio de caridad a trav茅s de la donaci贸n total al Se帽or y a la Iglesia 225 .

Obra maestra del Sacrificio sacerdotal de Cristo, la Virgen representa a la Iglesia del modo m谩s puro, "sin mancha ni arruga", totalmente "santa e inmaculada" (Ef 5,27). La contemplaci贸n de la Sant铆sima Virgen pone siempre ante la mirada del presb铆tero el ideal al que ha de tender en el ministerio en favor de la propia comunidad, para que tambi茅n 茅sta 煤ltima sea "Iglesia totalmente gloriosa" (ibid.) mediante el don sacerdotal de la propia vida.

Cap铆tulo III: Formaci贸n permanente

Necesidad actual de la formaci贸n permanente

69. La formaci贸n permanente es una exigencia, que nace y se desarrolla a partir de la recepci贸n del sacramento del Orden, con el cual el sacerdote no es s贸lo "consagrado" por el Padre, "enviado" por el Hijo, sino tambi茅n "animado" por el Esp铆ritu Santo. Esta exigencia, por tanto, surge de la gracia, que libera una fuerza sobrenatural, destinada a asimilar progresivamente y de modo siempre m谩s amplio y profundo toda la vida y la acci贸n del presb铆tero en la fidelidad al don recibido: "Te recuerdo escribe S. Pablo a Timoteo de reavivar el don de Dios, que est谩 en ti" (2Tim 1,6).

Se trata de una necesidad intr铆nseca al mismo don divino 226 , que debe ser continuamente "vivificado" para que el presb铆tero pueda responder adecuadamente a su vocaci贸n. El, en cuanto hombre situado hist贸ricamente, tiene necesidad de perfeccionarse en todos los aspectos de su existencia humana y espiritual para poder alcanzar aquella conformaci贸n con Cristo, que es el principio unificador de todas las cosas.

Las r谩pidas y difundidas transformaciones y un tejido social frecuentemente secularizado, t铆picos del mundo contempor谩neo, son otros factores, que hacen absolutamente ineludible el deber del presb铆tero de estar adecuadamente preparado, para no perder la propia identidad y para responder a las necesidades de la nueva evangelizaci贸n. A este grave deber corresponde un preciso derecho de parte de los fieles, sobre los cuales recaen positivamente los efectos de la buena formaci贸n y de la santidad de los sacerdotes 227 .

Continuo trabajo sobre s铆 mismos

70. La vida espiritual del sacerdote y su ministerio pastoral van unidos a aquel continuo trabajo sobre s铆 mismos, que permite profundizar y recoger en arm贸nica s铆ntesis tanto la formaci贸n espiritual, como la humana, intelectual y pastoral. Este trabajo, que se debe iniciar desde el tiempo del seminario, debe ser favorecido por los Obispos a todos los niveles: nacional, regional y, principalmente, diocesano.

Es motivo de alegr铆a constatar que son ya muchas las Di贸cesis y las Conferencias Episcopales actualmente empe帽adas en prometedoras iniciativas para dar una verdadera formaci贸n permanente a los propios sacerdotes. Es de desear que todas las Di贸cesis puedan dar respuesta a esta necesidad. De todos modos, donde esto no fuera moment谩neamente posible, es aconsejable que ellas se pongan de acuerdo entre s铆, o tomen contacto con instituciones o personas especialmente preparadas para desempe帽ar una tarea tan delicada 228 .

71. La formaci贸n permanente es un medio necesario para que el presb铆tero de hoy alcance el fin de su vocaci贸n, que es el servicio de Dios y de su Pueblo.

Esta formaci贸n consiste, en la pr谩ctica, en ayudar a todos los sacerdotes a dar una respuesta generosa en el empe帽o requerido por la dignidad y responsabilidad, que Dios les ha confiado por medio del sacramento del Orden; en cuidar, defender y desarrollar su espec铆fica identidad y vocaci贸n; en santificarse a s铆 mismos y a los dem谩s mediante el ejercicio del ministerio.

Esto significa que el presb铆tero debe evitar toda forma de dualismo entre espiritualidad y ministerio, origen profundo de ciertas crisis.

Est谩 claro que para alcanzar estos fines de orden sobrenatural, deben ser descubiertos y analizados los criterios generales sobre los que se debe estructurar la formaci贸n permanente de los presb铆teros.

Tales criterios o principios generales de organizaci贸n deben ser pensados a partir de la finalidad, que se han propuesto o, mejor dicho, deben ser buscados en ella.

Impartida por la Iglesia

72. La formaci贸n permanente es un derecho y un deber del presb铆tero e impartirla es un derecho y un deber de la Iglesia. Por tanto, as铆 lo establece la ley universal 229 . En efecto, como la vocaci贸n al ministerio sagrado se recibe en la Iglesia, solamente a Ella le compete impartir la espec铆fica formaci贸n, seg煤n la responsabilidad propia de tal ministerio. La formaci贸n permanente, por tanto, siendo una actividad unida al ejercicio del sacerdocio ministerial, pertenece a la responsabilidad del Papa y de los Obispos. La Iglesia tiene, por tanto, el deber y el derecho de continuar formando a sus ministros, ayud谩ndolos a progresar en la respuesta generosa al don, que Dios les ha concedido.

A su vez, el ministro ha recibido tambi茅n, como exigencia del don, que recibi贸 en la ordenaci贸n, el derecho a tener la ayuda necesaria por parte de la Iglesia para realizar eficaz y santamente su servicio.

Formaci贸n permanente

73 La actividad de formaci贸n se basa sobre una exigencia din谩mica, intr铆nseca al carisma ministerial, que es en s铆 mismo permanente e irreversible. Aquella, por tanto, no puede nunca considerarse terminada, ni por parte de la Iglesia, que la da, ni por parte del ministro, que la recibe. Es necesario, entonces, que sea pensada y desarrollada de modo que todos los presb铆teros puedan recibirla siempre, teniendo en cuenta las posibilidades y caracter铆sticas, que se relacionan con el cambio de la edad, de la condici贸n de vida y de las tareas confiadas 230 .

Completa

74. Tal formaci贸n debe comprender y armonizar todas las dimensiones de la vida sacerdotal; es decir, debe tender a ayudar a cada presb铆tero: a desarrollar una personalidad humana madurada en el esp铆ritu de servicio a los dem谩s, cualquiera que sea el encargo recibido; a estar intelectualmente preparado en las ciencias teol贸gicas y tambi茅n en las humanas en cuanto relacionadas con el propio ministerio, de manera que desempe帽e con mayor eficacia su funci贸n de testigo de la fe; a poseer una vida espiritual profunda, nutrida por la intimidad con Jesucristo y del amor por la Iglesia; a ejercer su ministerio pastoral con empe帽o y dedicaci贸n.

En definitiva, tal formaci贸n debe ser completa: humana, espiritual, intelectual, pastoral, sistem谩tica y personalizada.

Humana

75. Esta formaci贸n es extremadamente importante en el mundo de hoy como, por otra parte, siempre lo ha sido. El presb铆tero no debe olvidar que es un hombre elegido entre los dem谩s hombres para estar al servicio del hombre.

Para santificarse y para conseguir resultados en su misi贸n sacerdotal, deber谩 presentarse con un bagaje de virtudes humanas, que lo hagan digno de la estima de sus hermanos.

En particular, deber谩 practicar la bondad de coraz贸n, la paciencia, la amabilidad, la fortaleza de 谩nimo, el amor por la justicia, el equilibrio, la fidelidad a la palabra dada, la coherencia con las obligaciones libremente asumidas, etc. 231 .

Tambi茅n es importante que el sacerdote reflexione sobre su comportamiento social, sobre la correcci贸n en las variadas formas de relaciones humanas, sobre los valores de la amistad, sobre el se帽or铆o del trato, etc.

Espiritual

76. Teniendo presente cuanto ya ha sido ampliamente expuesto acerca de la vida espiritual, s贸lo se presentar谩n algunos medios pr谩cticos de formaci贸n.

Ser铆a necesario, en primer lugar, profundizar en los aspectos principales de la existencia sacerdotal haciendo referencia, en particular, a la ense帽anza b铆blica, patr铆stica y hagiogr谩fica, en la cual el presb铆tero debe estar continuamente al d铆a, no s贸lo mediante la lectura de buenos libros, sino tambi茅n participando en cursos de estudio, congresos, etc. 232 .

Algunas sesiones particulares podr铆an estar dedicadas al cuidado de la celebraci贸n de los Sacramentos, as铆 como tambi茅n al estudio de cuestiones de espiritualidad, tales como las virtudes cristianas y humanas, el modo de rezar, la relaci贸n entre la vida espiritual y el ministerio lit煤rgico, etc.

M谩s concretamente, es deseable que cada presb铆tero, quiz谩s con ocasi贸n de los peri贸dicos ejercicios espirituales, elabore un proyecto concreto de vida personal -a ser posible de acuerdo con el propio director espiritual- para el cual se se帽alan algunos puntos:

1) meditaci贸n diaria sobre la Palabra o sobre un misterio de la fe;

2) encuentro diario y personal con Jes煤s en la Eucarist铆a, adem谩s de la devota celebraci贸n de la Santa Misa;

3) devoci贸n mariana (rosario, consagraci贸n o acto de abandono, coloquio 铆ntimo);

4) momento de formaci贸n doctrinal y hagiogr谩fica;

5) descanso debido;

6) renovado empe帽o sobre la puesta en pr谩ctica de las indicaciones del propio Obispo y de la propia convicci贸n en el modo de adherirse al Magisterio y a la disciplina eclesi谩stica;

7) cuidado de la comuni贸n y de la amistad sacerdotal.

Intelectual

77. Teniendo en cuenta la gran influencia que las corrientes human铆stico-filos贸ficas tienen en la cultura moderna, as铆 como tambi茅n el hecho de que algunos presb铆teros no han recibido la adecuada preparaci贸n en tales disciplinas, quiz谩s tambi茅n porque provengan de orientaciones escol谩sticas diversas, se hace necesario que, en los encuentros, est茅n presentes los temas m谩s relevantes de car谩cter human铆stico y filos贸fico o que, en cualquier caso, "tengan una relaci贸n con las ciencias sagradas, particularmente en cuanto pueden ser 煤tiles en el ejercicio del ministerio pastoral" 233 . Estas tem谩ticas constituyen tambi茅n una valiosa ayuda para tratar correctamente los principales argumentos de teolog铆a fundamental, dogm谩tica y moral, de Sagrada Escritura, de liturgia, de derecho can贸nico, de ecumenismo, etc., teniendo presente que la ense帽anza de estas materias no debe ser problem谩tica, ni solamente te贸rica o informativa, sino que debe llevar a la aut茅ntica formaci贸n, es decir, a la oraci贸n, a la comuni贸n y a la acci贸n pastoral.

Debe hacerse de tal manera que, en los encuentros sacerdotales, los documentos del Magisterio sean profundizados comunitariamente, bajo una gu铆a autorizada, de modo que se facilite en la pastoral diocesana la unidad de interpretaci贸n y de praxis que tanto beneficia a la obra de la evangelizaci贸n.

Debe darse particular importancia, en la formaci贸n intelectual, al tratamiento de temas, que hoy tienen mayor relevancia en el debate cultural y en la praxis pastoral, como, por ejemplo, aquellos relativos a la 茅tica social, a la bio茅tica, etc.

Un tratamiento especial debe ser reservado a los problemas presentados por el progreso cient铆fico, particularmente influyentes sobre la mentalidad y la vida de los hombres contempor谩neos. Los presb铆teros no deber谩n eximirse de mantenerse adecuadamente actualizados y preparados para responder a las preguntas, que la ciencia puede presentar en su progreso, no dejando de consultar a expertos preparados y seguros.

Es del mayor inter茅s estudiar, profundizar y difundir la doctrina social de la Iglesia. Siguiendo el empuje de la ense帽anza magisterial, es necesario que el inter茅s de todos los sacerdotes -y, a trav茅s de ellos, de todos los fieles- en favor de los necesitados no quede a nivel de piadoso deseo, sino que se concrete en un empe帽o de la propia vida. "Hoy m谩s que nunca la Iglesia es consciente de que su mensaje social encontrar谩 credibilidad por el testimonio de las obras, antes que por su coherencia y l贸gica interna" 234 .

Una exigencia imprescindible para la formaci贸n intelectual de los sacerdotes es el conocimiento y la utilizaci贸n, en su actividad ministerial, de los medios de comunicaci贸n social. 脡stos, si est谩n bien utilizados, constituyen un providencial instrumento de evangelizaci贸n, pudiendo llegar no s贸lo a una gran cantidad de fieles y de alejados, sino tambi茅n incidir profundamente sobre su mentalidad y sobre su modo de actuar.

A tal efecto, ser铆a oportuno que el Obispo o la misma Conferencia Episcopal preparasen programas e instrumentos t茅cnicos adecuados a este fin.

Pastoral

78. Para una adecuada formaci贸n pastoral es necesario realizar encuentros, que tengan como objetivo principal la reflexi贸n sobre el plan pastoral de la Di贸cesis. En ellos, no deber铆a faltar tampoco el estudio de todas las cuestiones relacionadas con la vida y la pr谩ctica pastoral de los presb铆teros como, por ejemplo, la moral fundamental, la 茅tica en la vida profesional y social, etc.

Deber谩 prestarse especial atenci贸n a conocer la vida y la espiritualidad de los di谩conos permanentes -donde existan-, de los religiosos y religiosas, as铆 como tambi茅n de los fieles laicos.

Otros temas a tratar, particularmente 煤tiles, pueden ser los relacionados con la catequesis, la familia, las vocaciones sacerdotales y religiosas, los j贸venes, los ancianos, los enfermos, el ecumenismo, los "alejados", etc.

Es muy importante para la pastoral, en las actuales circunstancias, organizar ciclos especiales para profundizar y asimilar el Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, que -de modo especial para los sacerdotes- constituye un precioso instrumento de formaci贸n tanto para la predicaci贸n como, en general, para la obra de evangelizaci贸n.

Sistem谩tica

79. Para que la formaci贸n permanente sea completa, es necesario que est茅 estructurada "no como algo, que sucede de vez en cuando, sino como una propuesta sistem谩tica de contenidos, que se desarrolla en etapas y se reviste de modalidades precisas" 235 . Esto comporta la necesidad de crear una cierta estructura organizativa, que establezca oportunamente los instrumentos, los tiempos y los contenidos para su concreta y adecuada realizaci贸n.

Tal organizaci贸n debe estar acompa帽ada por el h谩bito del estudio personal, ya que tambi茅n resultar铆an de escasa utilidad los cursos peri贸dicos si no estuvieran acompa帽ados de la aplicaci贸n al estudio 236 .

Personalizada

80. Si bien es impartida a todos, la formaci贸n permanente tiene como objetivo directo el servicio a cada uno de aquellos, que la reciben. De este modo, junto con los medios colectivos o comunes, deben existir adem谩s todos los dem谩s medios, que tienden a concretar la formaci贸n de cada uno.

Por esta raz贸n debe ser favorecida, sobre todo entre los responsables directos, la conciencia de tener que llegar a cada sacerdote personalmente, haci茅ndose cargo de cada uno, no content谩ndose con poner a disposici贸n de todos las distintas oportunidades.

A su vez, cada presb铆tero debe sentirse animado, con la palabra y el ejemplo de su Obispo y de sus hermanos en el sacerdocio, a asumir la responsabilidad de la propia formaci贸n, siendo el primer formador de s铆 mismo 237 .

Organizaci贸n y medios

Encuentros sacerdotales

81. El itinerario de los encuentros sacerdotales debe tener la caracter铆stica de la unidad y del progreso por etapas.

Tal unidad debe apuntar a la conformaci贸n con Cristo, de modo que la verdad de fe, la vida espiritual y la actividad ministerial lleven a la progresiva maduraci贸n de todo el presbiterio.

El camino formativo unitario est谩 marcado por etapas bien definidas. Esto exigir谩 una espec铆fica atenci贸n a las diversas edades de los presb铆teros, no descuidando ninguna, como tambi茅n una verificaci贸n de las etapas ya cumplidas, con la advertencia de acordar entre ellos los caminos formativos comunitarios con los personales, sin los cuales los primeros no podr铆an surtir efecto.

Los encuentros de los sacerdotes deben considerarse necesarios para crecer en la comuni贸n, para una toma de conciencia cada vez mayor y para un adecuado examen de los problemas propios de cada edad.

Acerca de los contenidos de tales reuniones, se pueden tomar los temas eventualmente propuestos por las Conferencias Episcopales nacionales y regionales. En todo caso, es necesario que 茅stos sean establecidos en un preciso plan de formaci贸n de la Di贸cesis que, de ser posible, se actualice cada a帽o 238 .

Su organizaci贸n y desarrollo podr谩n ser prudentemente confiados por el Obispo a Facultades o Institutos teol贸gicos y pastorales, al Seminario, a organismos o federaciones empe帽adas en la formaci贸n sacerdotal 239 , o a alg煤n otro Centro o Instituto que, seg煤n las posibilidades y la oportunidad, podr谩 ser diocesano, regional o nacional. En todo caso debe quedar garantizada la correspondencia a las exigencias de ortodoxia doctrinal, de fidelidad al Magisterio y a la disciplina eclesi谩stica, la competencia cient铆fica y el adecuado conocimiento de las reales situaciones pastorales.

A帽o Pastoral

82. Ser谩 responsabilidad del Obispo, tambi茅n a trav茅s de eventuales cooperaciones prudentemente elegidas, proveer para que en el a帽o sucesivo a la ordenaci贸n presbiteral o a la diaconal, sea programado un a帽o llamado pastoral. Esto facilitar谩 el paso de la indispensable vida propia del seminario al ejercicio del sagrado ministerio, procediendo gradualmente, facilitando una progresiva y arm贸nica maduraci贸n humana y espec铆ficamente sacerdotal 240 .

Durante el curso de este a帽o, ser谩 conveniente evitar que los nuevos ordenados sean colocados en situaciones excesivamente gravosas o delicadas, as铆 como tambi茅n se deber谩n evitar destinos en los cuales 茅stos se encuentren actuando lejos de sus hermanos. Es m谩s, ser铆a conveniente, en la medida de las posibilidades, favorecer alguna oportuna forma de vida en com煤n.

Este per铆odo de formaci贸n podr铆a transcurrir en una residencia destinada a prop贸sito para este fin (Casa del Clero) o en un lugar, que pueda constituir un preciso y sereno punto de referencia para todos los sacerdotes, que est谩n en las primeras experiencias pastorales. Esto facilitar谩 el coloquio y el di谩logo con el Obispo y con los hermanos, la oraci贸n en com煤n (Liturgia de las Horas, concelebraci贸n y adoraci贸n eucar铆stica, Santo Rosario, etc.), el intercambio de experiencias, el animarse rec铆procamente, el florecer de buenas relaciones de amistad.

Ser铆a oportuno que el Obispo enviase a los nuevos sacerdotes con hermanos de vida ejemplar y celo pastoral. La primera destinaci贸n, no obstante las frecuentemente graves urgencias pastorales, deber铆a responder, sobre todo, a la exigencia de encaminar correctamente a los j贸venes presb铆teros. El sacrificio de un a帽o podr谩 entonces ser m谩s fructuoso para el futuro.

No es superfluo subrayar el hecho de que este a帽o, delicado y precioso, deber谩 favorecer la plena maduraci贸n del conocimiento entre el presb铆tero y su Obispo, que, comenzada en el Seminario, debe convertirse en una aut茅ntica relaci贸n de hijo con su padre.

En lo que se refiere a la parte intelectual, este a帽o no deber谩 ser tanto un per铆odo de aprendizaje de nuevas materias, sino m谩s bien de profunda asimilaci贸n e interiorizaci贸n de lo que ha sido estudiado en los cursos institucionales. De este modo se favorecer谩 la formaci贸n de una mentalidad capaz de valorar los particulares a la luz del plan de Dios 241 .

En este contexto, podr谩n oportunamente estructurarse lecciones y seminarios de praxis de la confesi贸n, de liturgia, de catequesis y de predicaci贸n, de derecho can贸nico, de espiritualidad sacerdotal, laical y religiosa, de doctrina social, de la comunicaci贸n y de sus medios, de conocimiento de las sectas o de las nuevas formas de religi贸n, etc.

En definitiva, la tarea de s铆ntesis debe constituir el camino por el que transcurre el a帽o pastoral. Cada elemento debe corresponder al proyecto fundamental de maduraci贸n de la vida espiritual.

El 茅xito del a帽o pastoral est谩 siempre condicionado por el empe帽o personal del mismo interesado, que debe tender cada d铆a a la santidad, en la continua b煤squeda de los medios de santificaci贸n, que lo han ayudado desde el seminario.

Tiempos "sab谩ticos"

83. Existen algunos factores, que pueden insinuar el des谩nimo en quien ejerce una actividad pastoral: el peligro de la rutina; el cansancio f铆sico debido al gran trabajo al que, hoy especialmente, est谩n sometidos los presb铆teros a causa del empe帽o pastoral; el mismo cansancio psicol贸gico causado, a menudo, por la lucha continua contra la incomprensi贸n, los malentendidos, los prejuicios, el ir contra fuerzas organizadas y poderosas, que tienden a dar la impresi贸n que hoy el sacerdote pertenece a una minor铆a culturalmente obsoleta.

No obstante las urgencias pastorales, es m谩s, justamente para hacer frente a 茅stas de modo adecuado, es conveniente que se concedan a los presb铆teros tiempos m谩s o menos amplios -de acuerdo con las reales posibilidades- para poder estar por un tiempo m谩s largo y m谩s intenso con el Se帽or Jes煤s, recobrando fuerza y 谩nimo para continuar el camino de santificaci贸n.

Para responder a esta particular exigencia, en muchas di贸cesis ya han sido experimentadas, a menudo con resultados prometedores, diversas iniciativas.

Estas experiencias son v谩lidas y pueden ser tomadas en consideraci贸n, no obstante las dificultades, que se encuentran en algunas zonas donde mayormente se sufre la carencia num茅rica de presb铆teros.

Para este fin, podr铆an tener una funci贸n notable los monasterios, los santuarios u otros lugares de espiritualidad, a ser posible fuera de los grandes centros, dejando al presb铆tero libre de responsabilidades pastorales directas.

En algunos casos podr谩 ser 煤til que estos per铆odos tengan una finalidad de estudio o de actualizaci贸n en las ciencias sagradas, sin olvidar, al mismo tiempo, el fin de fortalecimiento espiritual y apost贸lico.

En todo caso, sea cuidadosamente evitado el peligro de considerar el per铆odo sab谩tico como un tiempo de vacaciones o de reivindicarlo como un derecho.

Casa del clero

84. Es deseable, donde sea posible, erigir una "Casa del Clero" que podr铆a constituir lugar de encuentro para tener los citados encuentros de formaci贸n, y de referencia para otras muchas circunstancias. Tal casa deber铆a ofrecer todas aquellas estructuras organizativas, que puedan hacerla confortable y atrayente.

All铆 donde a煤n no existiese y las necesidades lo sugirieran, es aconsejable crear, a nivel nacional o regional, estructuras adaptadas para la recuperaci贸n f铆sica, ps铆quica y espiritual de los sacerdotes con especiales necesidades.

Retiros y ejercicios espirituales

85. Como demuestra la larga experiencia espiritual de la Iglesia, los Retiros y los Ejercicios Espirituales son un instrumento id贸neo y eficaz para una adecuada formaci贸n permanente del clero. Ellos conservan hoy tambi茅n toda su necesidad y actualidad. Contra una praxis, que tiende a vaciar al hombre de todo lo que sea interioridad, el sacerdote debe encontrar a Dios y a s铆 mismo haciendo un reposo espiritual para sumergirse en la meditaci贸n y en la oraci贸n.

Por este motivo la legislaci贸n can贸nica establece que los cl茅rigos: "est谩n llamados a participar de los retiros espirituales, seg煤n las disposiciones del derecho particular" 242 . Los dos modos m谩s usuales, que podr铆an ser prescritos por el Obispo en la propia di贸cesis son: el retiro espiritual de un d铆a -de ser posible mensual- y los Ejercicios Espirituales anuales.

Es muy oportuno que el Obispo programe y organice los Retiros y los Ejercicios Espirituales de modo que cada sacerdote tenga la posibilidad de elegirlos entre los que normalmente se hacen, en la Di贸cesis o fuera de ella, dados por sacerdotes ejemplares o por Institutos religiosos especialmente experimentados por su mismo carisma en la formaci贸n espiritual, o en monasterios.

Adem谩s es aconsejable la organizaci贸n de un retiro especial para los sacerdotes ordenados en los 煤ltimos a帽os, en el que tenga parte activa el mismo Obispo 243 .

Durante tales encuentros, es importante que se traten temas espirituales, se ofrezcan largos espacios de silencio y de oraci贸n y sean particularmente cuidadas las celebraciones lit煤rgicas, el sacramento de la Penitencia, la adoraci贸n eucar铆stica, la direcci贸n espiritual y los actos de veneraci贸n y culto a la Virgen Mar铆a.

Para conferir mayor importancia y eficacia a estos instrumentos de formaci贸n, el Obispo podr铆a nombrar en particular un sacerdote con la tarea de organizar los tiempos y los modos de su desarrollo.

En todo caso, es necesario que los retiros y especialmente los Ejercicios Espirituales anuales sean vividos como tiempos de oraci贸n y no como cursos de actualizaci贸n teol贸gico-pastoral.

Necesidad de la programaci贸n

86. Aun reconociendo las dificultades que la formaci贸n permanente suele encontrar, a causa sobre todo de las numerosas y gravosas obligaciones a las que est谩n sometidos los sacerdotes, hay que decir que todas las dificultades son superables cuando se pone empe帽o para dirigirla con responsabilidad.

Para mantenerse a la altura de las circunstancias y afrontar las exigencias del urgente trabajo de evangelizaci贸n, se hace necesaria -entre otros instrumentos- una animada acci贸n de gobierno pastoral dirigida a hacerse cargo de los sacerdotes de modo muy particular. Es indispensable que los Obispos exijan, con la fuerza del amor, que sus sacerdotes sigan generosamente las leg铆timas disposiciones emanadas en esta materia.

La existencia de un "plan de formaci贸n permanente" significa que 茅ste sea no s贸lo concebido o programado, sino realizado. Por esto, es necesaria una clara estructuraci贸n del trabajo, con objetivos, contenidos e instrumentos para realizarlo.

Responsables

El presb铆tero

87. El primer y principal responsable de la propia formaci贸n permanente es el mismo presb铆tero. En realidad, a cada sacerdote incumbe el deber de ser fiel al don de Dios y al dinamismo de conversi贸n cotidiana, que viene del mismo don 244 .

Tal deber deriva del hecho de que ninguno puede sustituir al propio presb铆tero en el vigilar sobre s铆 mismo (cf. 1Tim 4,16). 脡l, en efecto, por participar del 煤nico sacerdocio de Cristo, est谩 llamado a revelar y a actuar, seg煤n una vocaci贸n suya, 煤nica e irrepetible, alg煤n aspecto de la extraordinaria riqueza de gracia, que ha recibido.

Por otra parte, las condiciones y situaciones de vida de cada sacerdote son tales que, tambi茅n desde un punto de vista meramente humano, exigen que 茅l tome parte personalmente en su propia formaci贸n, de manera que ponga en ejercicio las propias capacidades y posibilidades.

脡l, por tanto, participar谩 activamente en los encuentros de formaci贸n, dando su propia contribuci贸n en base a sus competencias y posibilidades concretas, y se ocupar谩 de proveerse y de leer libros y revistas, que sean de segura doctrina y de experimentada utilidad para su vida espiritual y para un fructuoso desempe帽o de su ministerio.

Entre las lecturas, el primer puesto debe ser ocupado por la Sagrada Escritura; despu茅s por los escritos de los Padres, de los Maestros de espiritualidad antiguos y modernos, y de los Documentos del Magisterio eclesi谩stico, los cuales constituyen la fuente m谩s autorizada y actualizada de la formaci贸n permanente. Los presb铆teros, por tanto, los estudiar谩n y profundizar谩n de modo directo y personal para poderlos presentar adecuadamente a los fieles laicos.

Ayuda a sus hermanos

88. En todos los aspectos de la existencia sacerdotal emerger谩n los "particulares v铆nculos de caridad apost贸lica, de ministerio y de fraternidad" 245 , en los cuales se funda la ayuda rec铆proca, que se prestar谩n los presb铆teros 246 . Es de desear que crezca y se desarrolle la cooperaci贸n de todos los presb铆teros en el cuidado de su vida espiritual y humana, as铆 como del servicio ministerial. La ayuda, que en este campo se debe prestar a los sacerdotes, puede encontrar un s贸lido apoyo en diversas Asociaciones sacerdotales, que tienden a formar una espiritualidad verdaderamente diocesana. Se trata de Asociaciones que "teniendo estatutos aprobados por la autoridad competente, estimulan a la santidad en el ejercicio del ministerio y favorecen la unidad de los cl茅rigos entre s铆 y con el propio Obispo" 247 .

Desde este punto de vista, hay que respetar con gran cuidado el derecho de cada sacerdote diocesano a practicar la propia vida espiritual del modo que considere m谩s oportuno, siempre de acuerdo -como es obvio- con las caracter铆sticas de la propia vocaci贸n, as铆 como con los v铆nculos, que de ella derivan.

El trabajo, que estas Asociaciones, como tambi茅n el de los Movimientos aprobados, cumplen en favor de los sacerdotes, es tenido en gran consideraci贸n por la Iglesia 248 , que lo reconoce como un signo de la vitalidad con que el Esp铆ritu Santo la renueva continuamente.

El Obispo

89. Por amplia y dif铆cil que sea la porci贸n del Pueblo de Dios, que le ha sido confiada, el Obispo debe prestar una atenci贸n del todo particular en lo que se refiere a la formaci贸n permanente de sus presb铆teros 249 .

Existe, en efecto, una relaci贸n especial entre 茅stos y el Obispo, debido al "hecho que los presb铆teros reciben a trav茅s de 茅l su sacerdocio y comparten con 茅l la solicitud pastoral por el Pueblo de Dios" 250 . Eso determina tambi茅n que el Obispo tenga responsabilidades espec铆ficas en el campo de la formaci贸n sacerdotal.

Tales responsabilidades se expresan tanto en relaci贸n con cada uno de los presb铆teros -para quienes la formaci贸n debe ser lo m谩s personalizada posible-, como en relaci贸n con el conjunto de todos los que forman el presbiterio diocesano. En este sentido, el Obispo cultivar谩 con empe帽o la comunicaci贸n y la comuni贸n entre los presb铆teros, teniendo cuidado, en particular, de custodiar y promover la verdadera 铆ndole de la formaci贸n permanente, educar sus conciencias acerca de su importancia y necesidad y, finalmente, programarla y organizarla, estableciendo un plan de formaci贸n con las estructuras necesarias y las personas adecuadas para llevarlo a cabo 251 .

Al ocuparse de la formaci贸n de sus sacerdotes, es necesario que el Obispo se comprometa con la propia y personal formaci贸n permanente. La experiencia ense帽a que, en la medida en que el Obispo est谩 m谩s convencido y empe帽ado en la propia formaci贸n, tanto m谩s sabr谩 estimular y sostener la de su presbiterio.

En esta delicada tarea, el Obispo -si bien desempe帽a un papel insustituible e indelegable- sabr谩 pedir la colaboraci贸n del Consejo presbiteral que, por su naturaleza y finalidad, parece el organismo id贸neo para ayudarlo especialmente en lo que se refiere, por ejemplo, a la elaboraci贸n del plan de formaci贸n.

Todo Obispo, pues, se sentir谩 sostenido y ayudado en su tarea por sus dem谩s hermanos en el Episcopado, reunidos en Conferencia 252 .

La formaci贸n de los formadores

90 Ninguna formaci贸n es posible si no hay, adem谩s del sujeto que se debe formar, tambi茅n el sujeto que forma, el formador. La bondad y la eficacia de un plan de formaci贸n dependen en parte de las estructuras pero, principalmente, de las personas de los formadores.

Es evidente que la responsabilidad del Obispo hacia esos formadores es particularmente delicada e importante.

Es necesario, por tanto, que el mismo Obispo nombre un "grupo de formadores" y que las personas sean elegidas entre aquellos sacerdotes altamente cualificados y estimados por su preparaci贸n y madurez humana, espiritual, cultural y pastoral. Los formadores, en efecto, deben ser ante todo hombres de oraci贸n, docentes con marcado sentido sobrenatural, de profunda vida espiritual, de conducta ejemplar, con adecuada experiencia en el ministerio sacerdotal, capaces de conjugar -como los Padres de la Iglesia y los santos maestros de todos los tiempos- las exigencias espirituales con aquellas m谩s propiamente humanas del sacerdote. 脡stos pueden ser elegidos tambi茅n entre los miembros de los Seminarios, de los Centros o Instituciones acad茅micas aprobadas por la Autoridad eclesi谩stica, y tambi茅n entre aquellos Institutos cuyo carisma se refiere justamente a la vida y la espiritualidad sacerdotal. En todo caso deben ser garantizadas la ortodoxia de la doctrina y la fidelidad a la disciplina eclesi谩stica. Los formadores, adem谩s, deben ser colaboradores de confianza del Obispo, que es siempre el responsable 煤ltimo de la formaci贸n de sus m谩s preciados colaboradores.

Es oportuno que se cree tambi茅n un grupo de programaci贸n y de realizaci贸n con el fin de ayudar al Obispo a fijar los contenidos, que deben desarrollarse cada a帽o en cada uno de los 谩mbitos de la formaci贸n permanente; preparar los elementos necesarios; predisponer los cursos, las sesiones, los encuentros y los retiros; organizar oportunamente los calendarios, de modo que se prevean las ausencias y las sustituciones de los presb铆teros, etc. Para una buena programaci贸n se puede tambi茅n realizar la consulta de alg煤n especialista en temas particulares.

Mientras que es suficiente un solo grupo de formadores, sin embargo es posible que existan -si las necesidades lo requieren- varios grupos de programaci贸n y de realizaci贸n.

Colaboraci贸n entre las Iglesias

91. En lo referente sobre todo a los medios colectivos, la programaci贸n de los diferentes medios de formaci贸n permanente y de sus contenidos concretos puede ser establecida de com煤n acuerdo entre varias Iglesias particulares, tanto a nivel nacional y regional -a trav茅s de las respectivas Conferencias de los Obispos- como, principalmente, entre Di贸cesis lim铆trofes o cercanas. As铆, por ejemplo, se podr铆an utilizar -si se consideran adecuadas- las estructuras interdiocesanas, como las Facultades y los Institutos teol贸gicos y pastorales, y tambi茅n los organismos o las federaciones empe帽ados en la formaci贸n presbiteral. Tal uni贸n de fuerzas, adem谩s de realizar una aut茅ntica comuni贸n entre las Iglesias particulares, podr铆a ofrecer a todos m谩s cualificadas y estimulantes posibilidades para la formaci贸n permanente 253 .

Colaboraci贸n de centros acad茅micos y de espiritualidad

92. Adem谩s, los Institutos de estudio, de investigaci贸n y los Centros de espiritualidad, as铆 como tambi茅n los Monasterios de observancia ejemplar y los Santuarios constituyen otros puntos de referencia para la actualizaci贸n teol贸gica y pastoral, para lugares de silencio, oraci贸n, confesi贸n sacramental y direcci贸n espiritual, saludable reposo incluso f铆sico, momentos de fraternidad sacerdotal. De este modo tambi茅n las familias religiosas podr铆an colaborar en la formaci贸n permanente y contribuir a la renovaci贸n del clero exigida por la nueva evangelizaci贸n del Tercer Milenio.

Necesidades en orden a la edad y a situaciones especiales.

Primeros a帽os de sacerdocio

93. Durante los primeros a帽os posteriores a la ordenaci贸n, se deber铆a facilitar a los sacerdotes la posibilidad de encontrar las condiciones de vida y ministerio, que les permitan traducir en obras los ideales forjados durante el per铆odo de formaci贸n en el seminario 254 . Estos primeros a帽os, que constituyen una necesaria verificaci贸n de la formaci贸n inicial despu茅s del delicado primer impacto con la realidad, son los m谩s decisivos para el futuro. Estos a帽os requieren, pues, una arm贸nica maduraci贸n para hacer frente -con fe y con fortaleza- a los momentos de dificultad. Con este fin, los j贸venes sacerdotes deber谩n tener la posibilidad de una relaci贸n personal con el propio Obispo y con un sabio padre espiritual; les ser谩n facilitados tiempos de descanso, de meditaci贸n, de retiro mensual.

Teniendo presente cuanto ya se ha dicho para el a帽o pastoral, es necesario organizar, en los primeros a帽os de sacerdocio, encuentros anuales de formaci贸n en los que se elaboren y profundicen adecuados temas teol贸gicos, jur铆dicos, espirituales y culturales, sesiones especiales dedicadas a problemas de moral, de pastoral, de liturgia, etc. Tales encuentros pueden tambi茅n ser ocasi贸n para renovar el permiso de confesar, seg煤n lo que est谩 establecido por el C贸digo de Derecho Can贸nico y por el Obispo 255 . Ser铆a 煤til tambi茅n que a los j贸venes presb铆teros se facilitara la posibilidad de una convivencia familiar entre ellos y con los m谩s maduros, de modo que sea posible el intercambio de experiencias, el conocimiento rec铆proco y tambi茅n la delicada pr谩ctica evang茅lica de la correcci贸n fraterna.

Conviene, en definitiva, que el clero joven crezca en un ambiente espiritual de aut茅ntica fraternidad y delicadeza, que se manifiesta en la atenci贸n personal, tambi茅n en lo que respecta a la salud f铆sica y a los diversos aspectos materiales de la vida.

Despu茅s de un cierto n煤mero de a帽os

94. Transcurrido un cierto n煤mero de a帽os de ministerio, los presb铆teros adquieren una s贸lida experiencia y el gran m茅rito de gastarse por completo por el crecimiento del Reino de Dios en el trabajo cotidiano. Este grupo de sacerdotes constituye un gran recurso espiritual y pastoral.

Ellos necesitan que les den 谩nimos, que los valoren con inteligencia y que les sea posible profundizar en la formaci贸n en todas sus dimensiones, con el fin de examinarse a s铆 mismos y a su propio actuar; reavivar las motivaciones del sagrado ministerio; reflexionar sobre las metodolog铆as pastorales a la luz de lo que es esencial; sobre su comuni贸n con el presbiterio; la amistad con el propio Obispo; la superaci贸n de eventuales sentimientos de cansancio, de frustraci贸n, de soledad, redescubrir, en definitiva, el manantial de la espiritualidad sacerdotal 256 .

Por este motivo, es importante que estos presb铆teros se beneficien de especiales y profundas sesiones de formaci贸n en las cuales -adem谩s de los contenidos teol贸gicos y pastorales- se examinen todas las dificultades psicol贸gicas y afectivas, que pudieran nacer durante tal per铆odo. Es aconsejable, por tanto, que en tales encuentros est茅n presentes no s贸lo el Obispo, sino tambi茅n aquellos expertos, que puedan dar una v谩lida y segura contribuci贸n para la soluci贸n de los problemas expuestos.

Edad avanzada

95. Los presb铆teros ancianos o de edad avanzada, a los cuales se debe otorgar delicadamente todo signo de consideraci贸n, entran tambi茅n ellos en el circuito vital de la formaci贸n permanente, considerada quiz谩s no tanto como un estudio profundo o debate cultural, sino como "confirmaci贸n serena y segura de la funci贸n que todav铆a est谩n llamados a desempe帽ar en el Presbiterio" 257 .

Adem谩s de la formaci贸n organizada para los sacerdotes de edad madura, 茅stos podr谩n convenientemente disfrutar de momentos, ambientes y encuentros especialmente dirigidos a profundizar en el sentido contemplativo de la vida sacerdotal; para redescubrir y gustar de la riqueza doctrinal de cuanto ha sido ya estudiado; para sentirse -como lo son- 煤tiles, pudiendo ser valorados en formas adecuadas de verdadero y propio ministerio, sobre todo como expertos confesores y directores espirituales. De modo particular, 茅stos podr谩n compartir con los dem谩s las propias experiencias, animar, acoger, escuchar y dar serenidad a sus hermanos, estar disponibles cuando se les pida el servicio de "convertirse ellos mismos en valiosos maestros y formadores de otros sacerdotes" 258 .

Sacerdotes en situaciones peculiares

96. Independientemente de la edad, los presb铆teros se pueden encontrar en "una situaci贸n de debilidad f铆sica o de cansancio moral" 259 . 脡stos, ofreciendo sus sufrimientos, contribuyen de modo eminente a la obra de la redenci贸n, dando "un testimonio signado por la elecci贸n de la cruz acogida con la esperanza y la alegr铆a pascual" 260 .

A esta categor铆a de presb铆teros, la formaci贸n permanente debe ofrecer est铆mulos para "continuar de modo sereno y fuerte su servicio a la Iglesia" 261 , y para ser signo elocuente de la primac铆a del ser sobre el obrar, de los contenidos sobre las t茅cnicas, de la gracia sobre la eficacia exterior. De este modo, podr谩n vivir la experiencia de S. Pablo: "Me alegro en los padecimientos, que sufro por vosotros y completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, en favor de su Cuerpo que es la Iglesia" (Col 1,24).

El Obispo y sus sacerdotes jam谩s deber谩n dejar de realizar visitas peri贸dicas a estos hermanos enfermos, que podr谩n ser informados, sobre todo, de los acontecimientos de la di贸cesis, de modo que se sientan miembros vivos del presbiterio y de la Iglesia universal, a la que edifican con sus sufrimientos.

De un particular y afectuoso cuidado deber谩n estar rodeados los presb铆teros que se aproximan a concluir su jornada terrena, gastada al servicio de Dios para la salvaci贸n de sus hermanos.

Al continuo consuelo de la fe, a la pronta administraci贸n de los Sacramentos, se seguir谩n los sufragios por parte de todo el presbiterio.

Soledad del sacerdote

97. El sacerdote puede experimentar a cualquier edad y en cualquier situaci贸n, el sentido de la soledad 262 . 脡sta, lejos de ser entendida como aislamiento psicol贸gico, puede ser del todo normal y consecuencia de vivir sinceramente el Evangelio y constituir una preciosa dimensi贸n de la propia vida. En algunos casos, sin embargo, podr铆a deberse a especiales dificultades, como marginaciones, incomprensiones, desviaciones, abandonos, imprudencias, limitaciones de car谩cter propias y de otros, calumnias, humillaciones, etc. De aqu铆 se podr铆a derivar un agudo sentido de frustraci贸n que ser铆a sumamente perjudicial.

Sin embargo, tambi茅n estos momentos de dificultad se pueden convertir, con la ayuda del Se帽or, en ocasiones privilegiadas para un crecimiento en el camino de la santidad y del apostolado. En ellos, en efecto, el sacerdote puede descubrir que "se trata de una soledad habitada por la presencia del Se帽or" 263 . Obviamente esto no puede hacer olvidar la grave responsabilidad del Obispo y de todo el presbiterio por evitar toda soledad producida por descuido de la comuni贸n sacerdotal.

No hay que olvidarse tampoco de aquellos hermanos, que han abandonado el ministerio, con el fin de ofrecerles la ayuda necesaria, sobre todo con la oraci贸n y la penitencia. La debida postura de caridad hacia ellos no debe inducir jam谩s a considerar la posibilidad de confiarles tareas eclesi谩sticas, que puedan crear confusi贸n y desconcierto, sobre todo entre los fieles, a prop贸sito de su situaci贸n.

CONCLUSI脫N

El Due帽o de la mies, que llama y env铆a a los operarios, que deben trabajar en su campo (cf. Mt 9,38), ha prometido con fidelidad eterna: "os dar茅 pastores seg煤n mi coraz贸n" (Jer 3,15). La esperanza de recibir abundantes y santas vocaciones sacerdotales, ya constatable en varios pa铆ses, as铆 como la certeza de que el Se帽or no permitir谩 que falte a su Iglesia la luz necesaria para afrontar la apasionante aventura de arrojar las redes al lago, est谩n basadas sobre la fidelidad divina, siempre viva y operante en la Iglesia 264 .

Al don de Dios, la Iglesia responde con acciones de gracias, fidelidad, docilidad al Esp铆ritu, y con una oraci贸n humilde e insistente.

Para realizar su misi贸n apost贸lica, todo sacerdote llevar谩 esculpidas en el coraz贸n las palabras del Se帽or: "Padre, yo te he glorificado en esta tierra, pues he cumplido la obra, que T煤 me has encargado: dar la vida eterna a los hombres" (Jn 17,2-4). Para esto, el sacerdote gastar谩 la propia vida por el bien de sus hermanos, y vivir谩 as铆 -como un signo de caridad sobrenatural- en la obediencia, en la castidad del celibato, en la sencillez de vida y en el respeto a la disciplina y la comuni贸n de la Iglesia.

En su obra evangelizadora, el presb铆tero trasciende el orden natural para adherir "a las cosas que se refieren a Dios" (Hebr 5,1). El sacerdote, pues, est谩 llamado a elevar al hombre gener谩ndolo a la vida divina y haci茅ndolo crecer en la relaci贸n con Dios hasta llegar a la plenitud de Cristo. 脡sta es la raz贸n por la que un sacerdote aut茅ntico, movido por su fidelidad a Cristo y a la Iglesia, constituye una fuerza incomparable de verdadero progreso para bien del mundo entero.

"La nueva evangelizaci贸n requiere nuevos evangelizadores, y 茅stos son los sacerdotes, que se esfuerzan por vivir su ministerio como camino espec铆fico hacia la santidad" 265 . 隆Las obras de Dios las hacen los hombres de Dios!

Como Cristo, el sacerdote debe presentarse al mundo como modelo de vida sobrenatural: "os he dado ejemplo para que tambi茅n vosotros hag谩is como he hecho Yo" (Jn 13,15).

El testimonio dado con la vida es lo que eleva al presb铆tero; el testimonio es, adem谩s, la m谩s elocuente predicaci贸n. La misma disciplina eclesi谩stica, vivida por aut茅nticas motivaciones interiores, es una ayuda magn铆fica para vivir la propia identidad, para fomentar la caridad y para dar ese aut茅ntico testimonio de vida sin el cual la preparaci贸n cultural o la programaci贸n m谩s rigurosa resultar铆an vanas ilusiones. De nada sirve el "hacer", si falta el "estar con Cristo".

Aqu铆 est谩 el horizonte de la identidad, de la vida, del ministerio, de la formaci贸n permanente del sacerdote. Un deber de trabajo inmenso, abierto, valiente, iluminado por la fe, sostenido por la esperanza, radicado en la caridad.

En esta obra tan necesaria como urgente, nadie est谩 solo. Es necesario que los presb铆teros sean ayudados por una acci贸n de gobierno pastoral de los propios Obispos, que sea ejemplar, vigorosa, llena de autoridad, realizada siempre en perfecta y transparente comuni贸n con la Sede Apost贸lica y apoyada por la colaboraci贸n fraterna del entero presbiterio y de todo el Pueblo de Dios.

A Mar铆a, Madre de la Esperanza, se conf铆e todo sacerdote. En Ella, "modelo del amor materno, que debe animar a todos los que coadyuvan a la regeneraci贸n de los hombres en la misi贸n apost贸lica de la Iglesia" 266 , los sacerdotes encontrar谩n la ayuda, que les permitir谩 renovar sus vidas; la protecci贸n constante de Mar铆a har谩 brotar de sus vidas sacerdotales una fuerza evangelizadora cada vez m谩s intensa y renovada, a las puertas del tercer milenio de la Redenci贸n.

Su Santidad el papa Juan Pablo II, el 31 de enero de 1994, ha aprobado el presente Directorio y ha autorizado la publicaci贸n.

JOS脡 T. Card. S脕NCHEZ
Prefecto

CRESCENZIO SEPE
Arzob. tit. de Grado Secretario


1

Entre los documentos m谩s recientes, Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Constituci贸n dogm谩tica sobre la Iglesia Lumen gentium, 28; Decreto sobre la formaci贸n sacerdotal Optatam Totius, 22; Decreto sobre el oficio pastoral de los Obispos en la Iglesia Christus Dominus, 16; Decreto sobre el ministerio y vida de los presb铆teros Presbyterorum Ordinis; PABLO VI, Carta Enc. Sacerdotalis coelibatus (24 junio 1967): AAS 59 (1967), 657-697; S. CONGREGACI脫N PARA EL CLERO, Carta circular Inter ea (4 noviembre 1969): AAS 62 ( 1970), 123-134; S脥NODO DE LOS OBISPOS, Documento sobre el sacerdocio ministerial Ultimis temporibus (30 noviembre 1971): AAS 63 (1971), 898-922; Codex Iuris Canonici (25 enero 1983), can. 273-289; 232-264; 1008-1054; CONGREGACI脫N PARA LA EDUCACI脫N CAT脫LICA, Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis (19 marzo 1985), 101; JUAN PABLO II, Cartas a los Sacerdotes con ocasi贸n del Jueves Santo; Catequesis sobre los sacerdotes, en las Audiencias Generales del 31 marzo al 22 septiembre 1993.

2

2 JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis (25 marzo 1992): AAS 84 (1992), 657-804.

3

Ibid., 18: o.ci, 685.

4

CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 2.

5

CONC. ECUM. VATICANO II, Const dogm. Lumen gentium, 1.

6

JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 11: o c, 675.

7

Ibid, 15: o c, 680.

8

Ibid, 21: o c, 688; cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 2; 12.

9

Gr. JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 12c: o.c., 676.

10

Ibid, 18: o.c, 685-686; Mensaje de los Padres sinodales al Pueblo de Dios (28 octubre 1990), III: "L'Osservatore Romano" 29-30 de octubre de 1990.

11

JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 16: o.c., 682.

12

Cf. ibid, 12: o.c, 675-677.

13

Cf. CONC. ECUM. TRIDENT., Sessio XXIII, De sacramento Ordinis: DS, 1763-1778; JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 11-18: O.C., 673-686; Catequesis en la Audiencia general del 31 marzo 1993: "L'Osservatore Romano", 1 abril 1993.

14

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, CONST. DOGM. Lumen gentium, 18-31; Decr. Presbyterorum Ordinis, 2; C I C, can. 1008.

15

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Const. dogm. Lumen gentium, 10; Decr. Presbyterorum Ordinis, 2.

16

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Apostolicam Actuositatem, 3; JUAN PABLO II, Ex. ap. post-sinodal Christifideles laici, (30 diciembre 1988), 14: AAS 81 (1989), 409-413.

17

Cf. JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 13-14: O.C., 677-679; Catequesis en la Audiencia General del 31 marzo 1993: "L'Osservatore Romano", 1 abril 1993.

18

Cf. JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 18: o.c., 684-686.

19

Cf. ibid, 15: o c, 679-681.

20

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Const. dogm. Dei Verbum, 10; Decr. Presbyterorum Ordinis, 4.

21

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 5; Catecismo de la Iglesia Cat贸lica. 1120.

22

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 6.

23

JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 16: O.C. 681.

24

Cf. ibid.

25

Ibid, 3 O.C., 661.

26

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Const. dogm. Lumen gentium 28; Decr. Presbyterorum Ordinis, 7; Decr Christus Dominus, 28; Decr. Ad Gentes, 19; JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 17: o.c., 683.

27

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Const. dogm. Lumen gentium, 28; Pontificale Romanum, Ordinatio Episcoporum, Presbyterorum et diaconorum, cap. I, n. 51, Ed. typica altera 1990, p. 26.

28

CONC. ECUM. VATICANO II, Const. dogm. Lumen gentium 28.

29

Cf. JUAN PABLO II, Exhort. ap . post-sinodal Pastores dabo vobis, 16 O.C., 681.

30

Cf. CONGREGACI脫N PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Carta sobre la Iglesia como comuni贸n Communiones notio (28 de mayo de 1992), 10: AAS 85 (1993), 844.

31

Cf. JUAN PABLO II, Enc. Redemptoris missio, 23a: AAS 83 (1991), 269.

32

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 10; cf. JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 32: o.c., 709-710.

33

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Const. dogm. Lumen gentium, 28, Decr. Presbyterorum Ordinis, 7.

34

Cf. C I C, can. 266 SS 1.

35

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Const. dogm. Lumen Gentium, 23; 26; S. CONGREGACI脫N PARA EL CLERO, Nt. dir. Postquam Apostoli (25 marzo 1980), 5; 14; 23: AAS 72 (1980) 346-347; 353-354; 360-361; TERTULIANO, De praescriptione, 20, 5-9: CCL 1, 201-202.

36

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Const. dogm. Lumen gentium, 23; Decr. Presbyterorum Ordinis, 10; JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis 32: o c., 709-710; S. CONGREGACI脫N PARA EL CLERO, Nt. Direc. Postquam Apostoli (25 marzo 1980): AAS 72 (1980) 343-364; CONGREGACI脫N PARA LA EVANGELIZACI脫N DE LOS PUEBLOS, Gu铆a pastoral para los sacerdotes diocesanos de las Iglesias dependientes de la Congregaci贸n para la Evangelizaci贸n de los Pueblos (1 octubre 1989), 4; C I C, can. 271.

37

Cf. CONGREGACI脫N PARA LA EVANGELIZACI脫N DE LOS PUEBLOS, Gu铆a pastoral para los sacerdotes diocesanos de las Iglesias dependientes de la Congregaci贸n para la Evangelizaci贸n de los Pueblos (1 de octubre 1989); JUAN PABLO II, Carta Enc. Redemptoris missio (7 diciembre 1990), 54 67: AAS 83 (1991), 301-302, 315-316.

38

Cf. S. AGUST脥N, In Iohannis Evangelium Tractatus 123, 5: CCL 36, 678.

39

Cf. JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 21: o.c., 688-690; C.I.C., can. 274.

40

Cf. C.I.C, can. 275 & 2; 529 & 1.

41

Cf. ibid, can. 574 & 1.

42

Cf. CONC. ECUM. TRIDENT. Sessio XXIII, De sacramento Ordinis, cap. 1 e 4, can. 3, 4, 6: DS, 1763-l776; CONC. ECUM. VATICANO II, Const. dogm. Lumen gentium. 10; S. CONGREGACI脫N PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Carta a los Obispos de la Iglesia Cat贸lica sobre algunas cuestiones referentes al ministro de la Eucarist铆a Sacerdotium ministeriale (6 agosto 1983), l: AAS 75 (1983), 1001.

43

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, dogm. Lumen gentium. 9.

44

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 7.

45

Cf. CONGREGACI脫N PARA LA EVANGELIZACI脫N DE LOS PUEBLOS, Gu铆a pastoral para los sacerdotes diocesanos de las Iglesias dependientes de la

46

Congregaci贸n para la Evangelizaci贸n de los Pueblos (1 octubre 1989),3. Cf. S. CONGREGACI脫N PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Carta a los Obispos de la Iglesia Cat贸lica sobre algunas cuestiones con respecto al ministro de la Eucarist铆a Sacerdotium ministeriale (6 de agosto de 1983), II. 3, III. 2: AAS 75 (1983), 1001-1009; Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 875.

47

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 11.

48

Cf. JUAN PABLO II, Discurso al Episcopado de Suiza (15 de junio de 1984) Insegnamenti; VII/I (1984) 1784.

49

Cf. JUAN PABLO II, Discurso a los participantes en el Simposio internacional sobre "El sacerdote hoy": "L'Osservatore Romano", 29 mayo 1993; Discurso a los participantes del Simposium internationale "Ius in vita et in missione Ecclesiae ", (23 de abril de 1993) en "L'Osservatore Romano", 25 de abril de 1993.

50

JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 12 O.C., 676; Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Const. dogm. Lumen gentium, 1.

51

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Const. dogm. Lumen gentium, 8 52.

52

Cf. S. AGUST脥N, Sermo 46 30 CCL 41 555-557.

53

JUAN PABLO II, Ex. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 28 O. C., 701-702.

54

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Const. dogm Lumen gentium, 28; Decr. Presbyterorum Ordinis, 7; 15.

55

Cf. C.I.C can. 331; 333 SS 1.

56

Cf. CONC . ECUM . VATICANO II, Const. dogm. Lumen gentium, 22; Decr. Christus Dominus, 4; C.I.C, can. 336.

57

Cf. CONGREGACI脫N PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Carta sobre la Iglesia como comuni贸n Communionis notio (28 mayo 1992), 14: AAS 85 (1993), 847.

58

Cf. C.I.C., can. 902; S. CONGREGACI脫N PARA LOS SACRAMENTOS Y EL CULTO DIVINO, Decr. part. Promulgato Codice (12 septiembre 1983), II, I, 153: Notitiae 19 (1983), 542.

59

Cf. S. TOMAS DE AQUINO, Summa Theologiae, III, q. 82, a. 2 ad 2; Sent. IV, d. 13, q. 1, a. 2, q. 2; CONC. ECUM. VATICANO II, Const. Sacrosanctum Concilium, 41, 57; S. CONGREGACI脫N DE LOS RITOS, Decreto general Ecclesiae semper (7 marzo 1965): AAS 57 (1965), 410-412; Instrucci贸n Eucaristicum Mysterium (25 mayo 1965): AAS 57 (1967), 565-566.

60

Cf. S. CONGREGACI脫N DE LOS RITOS, Instrucci贸n Eucaristicum Mysterium (25 mayo 1967), 47: AAS 59 (1967), 565-566.

61

Cf. C.I.C can. 273.

62

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 15; JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 65; 79: o.c., 770-772; 796-798.

63

S. IGNACIO DE ANTIOQUIA, Ad Ephesios, XX, 1-2: " Si el Se帽or me revelara que cada uno por su cuenta y todos juntos (...), vosotros est谩is unidos de coraz贸n en una inquebrantable sumisi贸n al Obispo y al presbiterio, dividiendo el 煤nico pan, que es remedio de inmortalidad, ant铆doto para no morir, sino para vivir siempre en Jesucristo": Patres Apostolici, ed. F.X. FUNK, II, 203-205.

64

JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 17: o c, 683; cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Const. dogm. Lumen gentium, 28; Decr. Presbyterorum ordinis, 8; C.I.C, can. 275 SS 1.

65

Cf. JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 74: o.c, 790; CONGREGACI脫N PARA LA EVANGELIZACI脫N DE LOS PUEBLOS, Gu铆a pastoral para los sacerdotes diocesanos de las Iglesias dependientes de la Congregaci贸n para la Evangelizaci贸n de los Pueblos (1 octubre 1989), 6.

66

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 8; C. I. C, can. 369, 498, 499.

67

Cf. Pontificale Romanum, De Ordenatione Episcopi, Presbyterorum et Diaconorum, cap. II, nn. 105; 130, editio typica altera, 1990, pp 51; 66-67; CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 8.

68

Cf. C.I.C., can. 265.

69

Cf. JUAN PABLO II, Discurso en la Catedral de Quito a los Obispos, a los Sacerdotes y a los Seminaristas (29 enero 1985): Insegnamenti; VIII/1 (1985), 247-253.

70

JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 31: o c., 708.

71

Cf. ibid . 17, 74: o c, 683; 790.

72

Cf. C.I.C., can. 498 SS 1, 2.

73

JUAN PABLO II, Ex. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 31: o c, 708-709.

74

Cf. ibid, 31; 41; 68: o c. 708; 728-729; 775-777.

75

Cf. C.I.C. can. 271.

76

JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 74: o.c., 790.

77

JUAN PABLO II, Catequesis en la Audiencia General del 4 agosto 1993, n. 4: "L'Osservatore Romano", 5 agosto 1993.

78

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 12-14.

79

Cf. ibid, 8.

80

Cf. S. AGUST脥N, Sermones 355, 356, De vita et moribus clericorum: PL 39, 1568-1581.

81

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Const. dogm Lumen gentium, 28c; Decr. Presbyterorum Ordinis, 8; Decr. Christus Dominus, 30a.

82

Cf. S. CONGREGACI脫N PARA LOS OBISPOS, Directorio Ecclesiae Imago (22 febrero 1973), n. 112; C.I.C, can. 280; 245 SS 2; 550 SS 1; JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 81: o.c., 799-800.

83

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Const. Sacrosanctum Concilium, 26; 99; Liturgia Horarum, Institutio Generalis n. 25.

84

Cf. C.I.C., can. 278 SS 2; JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 31; 68; 81 o.c., 708; 777; 799.

85

Cf. C.I.C., can. 550 SS 2.

86

Cf. ibid, can. 545 SS 1.

87

Cf. JUAN PABLO II, Catequesis en la Audiencia general del 7 julio 1993: "L'Osservatore Romano", 8 julio 1993; CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 15b.

88

JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 15: o.c., 679-680.

89

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 9; C.I.C., can. 275 SS 2; 529 SS 2.

90

JUAN PABLO II, Ex. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 74: o.c., 788.

91

Cf. C.I.C., can. 529 SS 2.

92

Cf. JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 74: o.c., 788; PABLO VI, Carta enc. Ecclesiam suam (6 agosto 1964),III: AAS 56 (1964), 647.

93

Cf. JUAN PABLO II, Catequesis en la Audiencia General del 7 julio 1993: "L'Osservatore Romano", 8 julio 1993.

94

Cf. C.I.C., can. 529 & 1.

95

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 11; C.I.C, can. 233 SS 1.

96

JUAN PABLO II, EX. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 74C: O C, 789.

97

Cf. C.I.C, can. 287 SS 2; S. CONGREGACI脫N PARA EL CLERO, Decr. Quidam Episcopi (8 de marzo de 1982) AAS 74 (1982) 642-645.

98

Cf. CONGREGACI脫N PARA LA EVANGELIZACI脫N DE LOS PUEBLOS, Gu铆a pastoral para los sacerdotes diocesanos de las Iglesias dependientes de la Congregaci贸n para la Evangelizaci贸n de los Pueblos. (1 octubre 1989) 9; S CONGREGACI脫N PARA EL CLERO, Decr. Quidam Episcopi (8 de marzo de 1982) AAS 74 (1982) 642-645.

99

JUAN PABLO II, Catequesis en la Audiencia General del 28 julio 1993, n. 3: "L'Osservatore Romano", 29 julio 1993, Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Const. past. Gaudium et Spes, 43; S脥NODO DE LOS OBISPOS, documento sobre al sacerdocio ministerial Ultimis temporibus (30 noviembre 1971), II, I, 2b: AAS 63 (1971) 912-913; C.I.C can. 285 SS 3; 287 SS 1.

100

Cf. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 2442; Cf. C. I. C., can. 227.

101

S脥NODO DE LOS OBISPOS, Documento sobre el sacerdocio ministerial Ultimis temporibus (30 de noviembre de 1971), II, I, 2b: AAS 63 (1971), 913.

102

Cf. JUAN PABLO II, Exhort. apost. post-sinodal Pastores dabo vobis; 5: o.c., 663-665.

103

Cf. JUAN PABLO II, Discurso inaugural a la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (Santo Domingo, 12-28 de octubre de 1992), n. 24: AAS 85 (1993), 826.

104

Ibid., 1: o.c, 808-809.

105

Ibid., 25: o.c., 827.

106

Cf. Ibid.

107

JUAN PABLO II, Carta a los sacerdotes del Jueves Santo ( 13 de abril de 1987) 10: AAS 79 (1987), 1292.

108

Cf. C.I.C., can. 276 SS 2, 1deg..

109

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 5; 18; JUAN PABLO II, Exhort. apost. post-sinodal Pastores dabo vobis, 23; 26; 38; 46; 48: o.c., 691-694; 697-700; 720-723; 738-740; 742-745; C. I. C., can. 246 SS 1; 276 & 2, 2潞.

110

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 5; 18; C.I.C., can. 246 & 4; 276 & 2, 5; JUAN PABLO II, Exhort. apost. post-sinodal Pastores dabo vobis, 26; 48: o.c., 697-700; 742-745.

111

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 18; C. I. C., can. 239; JUAN PABLO II, Exhort. apost. post-sinodal Pastores dabo vobis, 40, 50, 81: o.c. 724-726; 746-748; 799-800.

112

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 18; C. I. C., can. 246 & 2; 276 SS 2, 3; JUAN PABLO II, Exhort. apost. post-sinodal Pastores dabo vobis, 26, 72: o.c. 697-700, 783-797.

113

Cf. C.I. C., 1174 & 1.

114

CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 18; JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 26; 37-38; 47; 51; 53; 72: o.c., 697-700; 718-723; 740-742; 748-750; 751-753,783-787.

115

Cf. C. I. C., can. 276 SS 2, 5deg..

116

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 4; 13; 18; JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 26; 47; 53; 70; 72: o.c., 697-700; 740-742; 751-753; 778-782; 783-787.

117

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 18; C. I. C., can. 276 & 2, 4; JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 80: o.c., 798-800.

118

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 18; C. I. C., can. 246 SS 3; 276 & 2, 5; JUAN PABLO II, Exhort. ap. postsinodal Pastores dabo vobis, 36; 38; 45; 82: o.c., 715-718; 720-723; 736-738; 800-804.

119

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 18; JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 26; 37-38; 47; 51; 53; 72: o.c., 697-700; 718-723; 740-742; 748-750; 751-753 783-787.

120

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 18c.

121

JUAN PABLO II, Carta a los Sacerdotes Novo incipiente con motivo del Jueves Santo 1979, 8 abril 1979, 1: AAS 71 (1979), 394; Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 80: o.c., 798-799.

122

Cf. POSIDONIO, Vita Sancti Aurelii Augustini, 31: PL 32, 63-66.

123

Cf. Liturgia Horarum, Institutio Generalis, nn. 3-4.

124

Cf. Pontificale Romanum - De ordinatione Episcopi, Presbyterorum et Diaconorum, cap. II, n. 151, Ed. typica altera 1990, pp. 87-88.

125

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 18; S脥NODO DE LOS OBISPOS, Documento sobre el sacerdocio ministerial Ultimis temporibus (30 noviembre 1971), II, I, 3: AAS 63 (1971), 913-915; JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 46-47: o.c., 738-742; Catequesis en la Audiencia General del 2 junio 1993, n. 3: "L'Osservatore Romano", 3 junio 1993.

126

"Numquam enim minus solus sum, quam cum solus esse videor": Epist. 33 (Maur. 49). 1: CSEL, 82, 229.

127

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 14; JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 23: o.c., 691-694.

128

Cf. C.I.C. can. 279 & 1.

129

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Const. Dei Verbum, 5; Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 1-2, 142.

130

Cf. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 150-152, 185-187.

131

Cf. JUAN PABLO II, Catequesis en la audiencia general, 21 abril 1993, 6: "L'Osservatore Romano" 22 abril 1993.

132

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Const. dogm. Dei Verbum, 25.

133

Cf. C.I.C., CC. 757, 762, 776.

134

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis 4.

135

Ibid; Cf. JUAN PABLO II, EX. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 26: o.c., 697-700.

136

Cf. JUAN PABLO II, Catequesis en la audiencia general, 21 abril 1993: "L'Osservatore Romano", 22 abril 1993.

137

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Const. Dogm. Dei Verbum, 10; JUAN PABLO II, Catequesis en la Audiencia General del 21 abril de 1993: "L'Osservatore Romano", 22 abril de 1993.

138

Cf. S. TOM脕S DE AQUINO, Summa Theologiae, I, q 43, a. 5.

139

Cf. C.I.C., Can 769.

140

Cf. JUAN PABLO II, Exhort. ap. Catechesi Tradendae, (16 Octubre 1979), 18: AAS 71 (1979), 1291-1292.

141

Cf. C.I.C., Can 768.

142

Cf. C.I.C., c. 776.

143

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 9.

144

Cf. ibid, 6.

145

Cf. C.I.C., c 779.

146

Cf. JUAN PABLO II, Const. apost. Fidei Depositum (11 octubre 1992), 4.

147

Cf. JUAN PABLO II, Catequesis en la audiencia general, 12 mayo 1993, n. 3: "L'Osservatore Romano" 14 mayo 1993.

148

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 5

149

Ibid.

150

Ibid 5, 13; SAN JUSTINO, Apolog铆a I, 67: PG 6, 429-432; SAN AGUST脥N, In Ioannis Evangelium Tractatus, 26, 13-15: CCL 36, 266-268.

151

Cf. C.I.C., can. 904.

152

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Const. Sacrosanctum Concilium, 128.

153

Cf. Ibid, 122-124.

154

Cf. Ibid, 112, 114, 116.

155

Cf. Ibid, 120.

156

Cf. Ibid 30.

157

Cf. C.I.C., c. 899 SS 3.

158

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Const. Sacrosanctum Concilium, 22, C.I.C., c. 846 SS 1.

159

Cf. C.I.C., can. 929; Missale Romanum, Institutio Generalis, nn. 81 Y 298; S. CONGREGACI脫N PARA EL CULTO DIVINO, Instrucci贸n Liturgicae Instaurationes (5 de septiembre de 1970), 8 C AAS 62 (1970), 701.

160

JUAN PABLO II, Catequesis en la Audiencia General del 9 junio 1993, n. 6, "L'Osservatore Romano", 10 de junio de 1993; Cf. Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 48: o.c., 744; S. CONGREGACI脫N DE LOS RITOS, Instr. Eucaristicum Mysterium (25 mayo 1967), 50: AAS 59 (1967), 539-573; Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 1418.

161

JUAN PABLO II, Catequesis en la Audiencia General del 2 junio 1993, n. 5; "L'Osservatore Romano", 3 junio 1993; Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Const. Sacrosanctum Concilium, 99-100.

162

Cf. CONC. ECUM. TRIDENT., ses. VI, de iustificatione, c 14; se. XIV, de poenitentia, c. 1, 2, 5-7, can. 10; ses. XXIII, de ordine, c 1: DS 1542-1543; 1668-1672; 1679-1688; CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 2, 5; C.I.C., can. 965. 163

163

Cf. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 1443-1445.

164

Cf. C.I.C., can. 966 SS 1; 978 SS 1; 981; JUAN PABLO II, Discurso a la Penitenciar铆a Apost贸lica (27 de marzo de 1993): L'Osservatore Romano, 28 marzo 1993.

165

Cf. C.I.C., can. 986.

166

Cf. ibid, can. 960; JUAN PABLO II, Carta enc. Redemptor hominis, 20: AAS 71 (1979), 309-316.

167

Cf. C.I.C., can. 961-963; PABLO VI, Alocuci贸n (20 marzo 1978), AAS 70 (1978), 328-332; JUAN PABLO II, Alocuci贸n (30 enero 1981): AAS 73 (1981), 201-204; Exhort. ap. post-sinodal Reconciliatio et Poenitentia (2 diciembre 1984), 33: AAS 77 (1985), 269-271.

168

Cf. C.I.C., can 978 SS 1; 981.

169

Cf. ibid, can. 964.

170

Cf. Ibid, can. 276 SS 2, 5deg.; CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 18b.

171

JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Reconciliatio et Poenitentia, (2 diciembre 1984), 31: AAS 77 (1985), 266; Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 26: o.c., 699.

172

Cf. JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Reconciliatio et Poenitentia (2 diciembre 1984), 32: AAS 77 (1985), 267-269.

173

JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 22-23: o.c., 690-694; Cf. Carta ap. Mulieris dignitatem (15 agosto 1988), 26: AAS 80 (1988), 1715-1716.

174

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 6; C.I.C., can. 529 SS 1.

175

S. JUAN CRIS脫STOMO, De sacerdote, III, 6: PG, 48, 643-644: "El nacimiento espiritual de las almas es privilegio de los sacerdotes: ellos las hacen nacer a la vida de la gracia por medio del bautismo; por medio de ellos, nos revestimos de Cristo, somos sepultados con el Hijo de Dios y llegamos a ser miembros de aquella santa Cabeza (Cf. Rom 6,1; Gal 3,27). Por lo tanto, nosotros debemos respetar a los sacerdotes m谩s que a pr铆ncipes y reyes, y venerarlos m谩s que a nuestros padres. 脡stos 煤ltimos nos han engendrado por medio de la sangre y de la voluntad de la carne (Cf. Jn 1,13); los sacerdotes, en cambio, nos hacen nacer como hijos de Dios, pues son los instrumentos de nuestra bienaventurada regeneraci贸n, de nuestra libertad y de nuestra adopci贸n en el orden de la gracia".

176

JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 29: o.c., 704. Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 16; PABLO VI, Carta Enc. Sacerdotalis coelibatus (24 de junio de 1967), 14: AAS 59 (1967), 662; C.I.C., can. 277 & 1.

177

Cf. JUAN PABLO II, Carta Enc. Veritatis splendor (6 agosto 1993), 22b-c: AAS 85 (1993), 1151.

178

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Optatam totius, 10; C.I.C., can. 247 SS1; CONGREGACI脫N PARA LA EDUCACI脫N CAT脫LICA, Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis (19 marzo 1985), 48; Orientaciones educativas para la formaci贸n en el celibato sacerdotal (11 de abril de 1974), n. 16.

179

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 16; JUAN PABLO II, Carta a los sacerdotes del Jueves Santo Novo incipiente (8 de abril de 1979), 8: AAS 71 (1979) 405-409; Ex. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 29: o.c., 703-705; C.I.C., can. 277 & 1.

180

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 16a; PABLO VI, Carta Enc. Sacerdotalis coelibatus (24 junio 1967), 14: AAS 59 (1967), 662.

181

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 16c; C.I.C., can. 1036; 1037.

182

Cf. Pontificale Romanum - De ordinatione Episcopi, Presbyterorum et Diaconorum cap. III, n. 228, Ed. typica altera, 1990, p. 134; JUAN PABLO II, Carta a los sacerdotes para el Jueves Santo 1979 Novo incipiente (8 abril 1979), 9: AAS 71 (1979), 409-411.

183

Cf. S脥NODO DE LOS OBISPOS, Documento Ultimus temporibus (30 noviembre 1971), II, Y, 4c: AAS 63 (1971), 916-917.

184

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 16b

185

Cf. Ibid.

186

Cf. JUAN PABLO II, Exhort. ap. post sinodal Pastores dabo vobis, 29; o.c., 703-705.

187

S. CONGREGACI脫N PARA LA EDUCACI脫N CAT脫LICA, Orientaciones educativas para la formaci贸n en el celibato sacerdotal (11 de Abril 1974), n: 16.

188

Para la interpretaci贸n de estos textos, Cf. CONC. DE ELVIRA, (a. 300-305) can. 27; 33; BRUNS HERM. Canones Apostolorum et Conciliorum saec. IV-VII, 5-6; CONC. DE NEOCESAREA (a. 314), can. 1: Pont. Commissio ad redigendum C.I.C. Orientalis, IX, Y/2, 74-82; CONC. ECUM. NICENO Y (a. 325), can. 3: Conc. Oecum. Decr., 6; S脥NODO ROMANO (A. 386): Concilia Africae a. 345-325, CCL 149, (in Conc. de Telepte), 58-63; CONC. DE CARTAGO (a. 390): ibid., 13; 133ss.; CONC. TRULLANO (a. 691), can. 3, 6, 12, 13, 26, 30,48: Pont. Commissio ad redigendum C.I.C. Orientalis, IX, Y/1, 125-186; SIRICIO, decretal Directa (a. 386): PL 13, 1131-1147; INOCENCIO I, carta Dominus inter (a. 405): BRUNS cit. 274-277. S. LEON MAGNO, carta a Rusticus (a. 456): PL 54, 1191; EUSEBIO DA CESAREA, Demostratio Evangelica, 1, 9: PG 22, 82 (78-83); EPIFANIO DE SALAMINA, Panarion, PG 41, 868, 1024; Expositio Fidei, PG 42, 822-826.

189

Cf. JUAN PABLO II, Carta a todos los sacerdotes de la Iglesia con ocasi贸n del Jueves Santo 1993 (8 abril 1993): AAS 85 (1993), 880-883; para posteriores profundizaciones, Cf. Solo per amore, riflessioni sul celibato sacerdotale, a cargo de la Congregaci贸n para el Clero, Ed. Paoline, 1993; Identit脿 e missione del Sacerdote, a cargo di G. PITTAU-C. SEPE, Ed. Citt脿 Nuova 1994.

190

S. JUAN CRIS脫STOMO, De Sacerdotio, VI, 2: PG 48, 679: "El alma del sacerdote debe ser m谩s pura que los rayos del sol, para que el Esp铆ritu Santo no lo abandone y para que pueda decir: Ya no soy yo el que vive, sino que es Cristo quien vive en m铆 (Gal 2,20). Si los anacoretas del desierto, alejados de la ciudad y de los encuentros p煤blicos y de todo ruido propio de esos lugares, gozando plenamente del puerto y de la bonanza, no se conf铆an en la seguridad propia de esa vida, sino que agregan multitud de otros cuidados, creciendo en virtudes y cuidando de hacer y decir las cosas con diligencia, para poder presentarse en la presencia de Dios con confianza e intacta pureza, en todo lo que resulta a las facultades humanas; 驴qu茅 fuerza y violencia te parece que ser谩n necesarias al sacerdote, para sustraer su alma de toda mancha y conservar intacta la belleza espiritual? 脡l ciertamente necesita una mayor pureza que los monjes. Y, sin embargo, justamente 茅l, que necesita m谩s, est谩 expuesto a mayores ocasiones inevitables, en las cuales puede resultar contaminado si, con asidua sobriedad y vigilancia, no hace que su alma sea inaccesible a esas insidias".

191

Cf. C.I.C., can. 277 SS 2.

192

Cf. Ibid, can. 277 SS 3.

193

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, DECR. Presbyterorum Ordinis, 16C.

194

PABLO VI, Carta Enc. Sacerdotalis coelibatus (24 junio 1967), 79-81: AAS 59 (1967) 688-689; JUAN PABLO II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 29: o.c., 703-705.

195

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 15c; JUAN PABLO II. Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 27: o.c., 700-701.

196

Cf. JUAN PABLO II, Carta Enc. Veritatis splendor (6 agosto 1993), 31; 32; 106: AAS. 85 (1993), 1159-1160; 1216.

197

Cf. C.I.C., can. 274 SS 2.

198

Cf. C.I.C., can. 273.

199

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Const. dogm. Lumen gentium, 23a.

200

Cf. Ibid, 27a; C.I.C., can. 381 SS 1.

201

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Christus Dominus, 2a; Const. dogm. Lumen gentium, 22b; C.I.C., can. 333 SS 1.

202

Cf. JUAN PABLO II, Const. ap. Sacrae disciplinae leges (25 enero 1983) AAS 75 (1983) Pars II, XIII; Discurso a los participantes del Symposium Internattonale "Ius in vita et in missione Ecclesiae", (23 abril 1993), en "L'Osservatore Romano", 25 abril 1993.

203

Cf. JUAN PABLO II, Const. Ap. Sacrae disciplinae leges (25 enero 1983): AAS 75 (1983) Pars II, XIII.

204

Cf. C.I.C., can. 392.

205

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Const. Sacrosanctum Concilium, 7.

206

Cf. ibid. 10.

207

C.I.C., can. 838.

208

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Const. Sacrosanctum Concilium, 22.

209

Cf. C.I.C., can. 846 & 1.

210

Cf. S. CONGREGACI脫N PARA EL CLERO, Carta circular Omnis Christifideles (25 enero 1973), 9.

211

Cf. JUAN PABLO II, Carta al Card. Vicario de Roma (8 septiembre 1982): "L'Osservatore Romano", 18-19 octubre 1982.

212

Cf. PABLO VI, Alocuciones al clero (17 febrero 1969; 17 febrero 1972; 10 febrero 1978): AAS 61 (1969), 190; 64 (1972), 223; 70 (1978), 191; JUAN PABLO II, Carta a todos los sacerdotes en ocasi贸n del Jueves Santo de 1979 Novo incipiente (7 abril 1979), 7: AAS 71, 403-405; Alocuciones al clero (9 noviembre 1978; 19 abril 1979): Insegnamenti; I (1978), 116; II (1979), 929.

213

C.I.C., can. 284.

214

Cf. PABLO VI, Motu Proprio Ecclesiae Sanctae, I, 25 SS 2d: AAS 58 (1966), 770; S. CONGREGACI脫N PARA LOS OBISPOS, Carta circular a todos los representantes pontificios Per venire incontro (27 enero 1976); S. CONGREGACI脫N PARA LA EDUCACI脫N CAT脫LICA, Carta circular The document (6 enero 1980): "L'Osservatore Romano" supl., 12 de abril de 1980.

215

Cf. PABLO VI, Catequesis en la Audiencia general del 17 de septiembre de 1969; Alocuci贸n al clero (1 marzo 1973): Insegnamenti; VII (1969), 1065; XI (1973), 176.

216

Cf. CONC. ECUM . VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 17 a d; 20-21.

217

Cf. ibid, 17 a.C.; JUAN PABLO II, Catequesis en la Audiencia general del 21 de julio de 1993, n. 3: "L'Osservatore Romano", 22 julio 1993.

218

Cf. C.I.C., Can 286 y 1392.

219

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 17 d.

220

Cf. Ibid, 17C; C.I.C., Can 282, 222 SS 2, 529 SS 1.

221

Cf. C.I.C., Can 282 SS 1.

222

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis 17 d.

223

Cf. Ibid, 17 e.

224

Cf. JUAN PABLO II, Catequesis en la Audiencia General del 30 junio 1993: "L'Osservatore Romano", 30 junio - 1 julio 1993.

225

226

Cf. JUAN PABLO II, Ex. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 70: o c, 778-782.

227

Cf. ibid.

228

Cf. ibid, 79: o.c., 797.

229

Cf. C.I.C., can. 279.

230

Cf. JUAN PABLO II, Ex. ap post-sinodal Pastores dabo vobis, 76: o c., 793-794.

231

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 3.

232

Cf. ibid, 19; Decr. Optatam totius, 22; CIC, can. 279 SS 2; CONGREGACI脫N PARA LA EDUCACI脫N CAT脫LICA, Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis (19 marzo 1985), 101.

233

C.I.C., can. 279 SS 3.

234

Cf. JUAN PABLO II, Enc. Centesimus annus (1 mayo 1991), 57: AAS 83 (1991), 862-863.

235

JUAN PABLO II, Exhort ap post-sinodal Pastores dabo vobis, 79: o.c., 797.

236

Cf. ibid.

237

Cf. ibid.

238

Cf. ibid.

239

Cf. ibid, CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Optatam totius, 22; Decr. Presbyterorum Ordinis, 19c.

240

Cf. PABLO VI, Motu Proprio Ecclesiae Sanctae (6 de agosto de 1966), I, 7: AAS 58 ( 1966), 761; S. CONGREGACI脫N PARA EL CLERO, Carta circular a los Presidentes de las Conferencias Episcopales Inter ea (4 noviembre 1969), 16: AAS 62 (1970), 130-131; CONGREGACI脫N PARA LA EDUCACI脫N CAT脫LICA, Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis (19 marzo 1985), 63; 101; C.I.C., can. 1032 SS 2.

241

Cf. CONGREGACI脫N PARA LA EDUCACI脫N CAT脫LICA, Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis (19 marzo 1985), 63.

242

C.I.C., can. 276 SS 2, 4潞; Cf. can. 533 SS 2; 550 SS 3.

243

Cf. CONGREGACI脫N PARA LA EDUCACI脫N CAT脫LICA Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis (19 marzo 1985), l01.

244

JUAN PABLO II, Exhort. ap post-sinodal Pastores dabo vobis, 70: o.c., 778-782.

245

CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 8.

246

Cf. ibid.

247

C.I.C., can. 278 & 2. Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 8.

248

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 8; C.I.C., can. 278 & 2; JUAN PABLO II, Exhort ap post-sinodal Pastores dabo vobis, 81: o c. 799-800.

249

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Christus Dominus, 16 d.

250

JUAN PABLO II, Exhort. ap post-sinodal Pastores dabo vobis, 79: o.c., 797.

251

Cf. ibid: o.c., 797-798.

252

Cf. CONC. ECUM. VATICANO II, Decr. Optatam totius, 22; CONGREGACI脫N PARA LA EDUCACI脫N CAT脫LICA, Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis (19 marzo 1985), 101.

253

JUAN PABLO II, Exhort ap post-sinodal Pastores dabo vobis, 79: o.c. 796-798.

254

Cf. ibid, 76: o.c., 793-794.

255

Cf. C.I.C., can. 970; 972.

256

JUAN PABLO II, Exhort ap post-sinodal Pastores dabo vobis, 77: o.c., 794-795.

257

Ibid o.c., 794.

258

Ibid.

259

Ibid.

260

Ibid, 41: o.c., 727.

261

Ibid . 77: o.c., 794.

262

Cf. ibid., 74; o.c., 794.

263

Ibid.

264

Cf. Ibid, 82: o c, 800.

265

Ibid, 82: o.c., 801.

266

CONC. ECUM. VATICANO II, Const dogm. Lumen gentium, 65.
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