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Luis Fernando Figari, Una eclesiolog铆a de comuni贸n y reconciliaci贸n
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Una eclesiolog铆a de comuni贸n y reconciliaci贸n

Sobre la Constituci贸n dogm谩tica Lumen gentium

1. Introducci贸n

Con alegr铆a estamos reunidos en este ciclo de conferencias para reflexionar en torno a la aut茅ntica gracia de Dios y don del Esp铆ritu Santo 1 que es para la Iglesia el Concilio Vaticano II. Queremos, en esta oportunidad, renovar nuestra plena adhesi贸n a las ense帽anzas conciliares, en el firme convencimiento de que son cauce fundamental a trav茅s del cual el Esp铆ritu busca impulsar al Pueblo de Dios a que se renueve, cooperando intensamente con la gracia, manifestando una m谩s coherente y profunda fidelidad a su fe y dando ardorosos testimonios de vida cristiana.

En esta ocasi贸n trataremos sobre la Constituci贸n dogm谩tica sobre la Iglesia, la Lumen gentium, que tiene un lugar central en las ense帽anzas conciliares. Procuraremos considerar algunos de sus aspectos m谩s importantes, tratando de poner de manifiesto algo de la enorme riqueza eclesiol贸gica de sus planteamientos. 脡sta bien puede ser llamada una eclesiolog铆a de comuni贸n y reconciliaci贸n, para expresar hoy su sentido.

La Lumen gentium figura a la cabeza de los textos conciliares, pues hace como columna vertebral de todos ellos. La Constituci贸n es una de las dos designadas por el Concilio como dogm谩ticas. La otra es la Dei Verbum, sobre la Divina Revelaci贸n.

2. Historia

Para llegar a su aprobaci贸n pr谩cticamente un谩nime con 2,151 votos a favor y s贸lo 5 en contra, en la sesi贸n del Concilio del 21 de noviembre de 1964, hubo de recorrerse un largo camino.

Todo empez贸 con los trabajos de la subcomisi贸n De Ecclesia, que desde el 26 de noviembre de 1960 hasta el 21 de noviembre de 1962 trabaja preparando lo que se conoce como el Primer proyecto. 脡ste es discutido en las Congregaciones Generales 31 a 36, y recibe numerosas observaciones.

La Comisi贸n elabora y presenta luego un Segundo proyecto y unas Emendationes recogiendo las observaciones de los Padres del Concilio, as铆 como las pautas del Papa Juan XXIII, en su discurso del 11 de octubre de 1962, y del Papa Pablo VI, en el discurso de apertura del segundo per铆odo conciliar, el 29 de setiembre de 1963. Al revisar la propuesta se va fijando la estructura a la que se suma un cap铆tulo especial sobre la Virgen Mar铆a.

A lo largo de 1964 se va elaborando el Proyecto final incorporando pacientemente los diversos modos y abri茅ndose a todas las sugerencias, en un esp铆ritu de efectiva fraternidad episcopal, en torno a la com煤n b煤squeda de la verdad que el Esp铆ritu estaba manifestando a la Iglesia. El trabajo de s铆ntesis en torno a la doctrina que realiza la Comisi贸n teol贸gica resulta verdaderamente ejemplar. Una clara muestra de ello es la presentaci贸n del cap铆tulo sobre la Virgen realizado sobre la perspectiva tanto cristol贸gica como eclesiol贸gica, evidenciando el momento privilegiado de maduraci贸n y preparaci贸n para los nuevos tiempos que fue el Concilio 2 .

El 21 de noviembre de 1964 se aprueba definitivamente el texto de la Lumen gentium, en una solemne sesi贸n, en la que el Papa Pablo VI pronuncia un memorable discurso del que destacan los hermos铆simos pasajes que dedica a la Sant铆sima Virgen, poniendo de relieve el homenaje que le hace el Concilio en la Constituci贸n sobre la Iglesia ya aprobada, y 芦que tiene como v茅rtice y corona todo un cap铆tulo dedicado a la Virgen, justamente --sigue diciendo Pablo VI-- podemos afirmar que la presente sesi贸n se clausura como un incomparable himno de alabanza y honor de Mar铆a禄. Es en aquella misma ocasi贸n, con toda la solemnidad de la sesi贸n del Concilio, que el Papa notifica a todos los fieles cristianos: 芦As铆, pues, para gloria de la Virgen y consuelo nuestro, Nos proclamamos a Mar铆a Sant铆sima Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el Pueblo de Dios 3 . Es un momento important铆simo en la historia conciliar.

Dos hitos fundamentales

Para situarnos debidamente ante la Lumen gentium a煤n hace falta hacer referencia a dos importantes documentos. Uno de ellos es el radiomensaje de Juan XXIII, en v铆speras del Concilio, conocido como Ecclesia Christi lumen gentium, del 11 de setiembre de 1962.

En verdad impresiona sobremanera leer retrospectivamente el contenido de este texto y correlacionarlo con los documentos del Concilio. En lo que respecta a la Constituci贸n que estamos considerando, vale la pena recoger un p谩rrafo de aquel radiomensaje: 芦驴Qu茅 otra cosa es, en efecto, un Concilio Ecum茅nico sino la renovaci贸n de este encuentro de la faz de Cristo resucitado, rey glorioso e inmortal, radiante sobre la Iglesia toda, para salud, para alegr铆a y para resplandor de las humanas gentes?禄 4 . Los par谩metros que pone en esta ocasi贸n son la b煤squeda de la Iglesia, como ella es, 芦en su estructura interior --vitalidad ad intra--, cuando presenta ante todo a sus hijos los tesoros de la fe iluminante y de la gracia santificadora禄 5 ; y de la Iglesia considerada 芦en las relaciones de su vitalidad ad extra禄 6 ante cuyas necesidades debe responder con su ense帽anza 7 .

Y, junto a este texto, la program谩tica primera enc铆clica del Papa Pablo VI, la Ecclesiam suam, del 6 de agosto de 1964. En ella el Papa Pablo plantea como eje prioritario de toda tarea eclesial la profundizaci贸n de la Iglesia 芦en la conciencia que ella ha de tener de s铆 misma, del tesoro de verdad del que es heredera y depositaria, y de la misi贸n que debe cumplir en el mundo禄 8 . A partir de esa conciencia el Pueblo de Dios debe lanzarse hacia la renovaci贸n de s铆; con el horizonte de la perfecci贸n 芦en su concepci贸n ideal, el pensamiento divino, la Iglesia ha de tender a la perfecci贸n en su expresi贸n real, en su existencia terrenal禄 9 . Y desde la conciencia de s铆 y desde el esfuerzo por la perfecci贸n, debe ir al encuentro del mundo, no para confundirse con 茅l sino para cumplir con su misi贸n a trav茅s de un di谩logo consciente del 芦anuncio que debe difundir. Es el deber de la evangelizaci贸n禄 10 . En este di谩logo la 芦Iglesia se hace palabra; la Iglesia se hace mensaje; la Iglesia se hace coloquio禄 11 . Las reflexiones que comparte el Papa se tornan horizonte y vida dentro del dinamismo conciliar. A treinta a帽os de finalizado el Concilio, y cuando se habla de hermen茅utica conciliar, los mensajes de los dos Papas del Concilio constituyen valios铆simos instrumentos para ahondar y mejor comprender el Concilio y su din谩mica para hoy y para ma帽ana.

3. La estructura de la Lumen gentium

La estructura de la Constituci贸n es sumamente clara. Est谩 dividida en ocho cap铆tulos que forman a su vez cuatro parejas tem谩ticas, cada una de las cuales ha sido presentada bajo la figura de las dos tablas de un d铆ptico. Brevemente pasaremos revista a los mismos para hacernos una idea global de la Constituci贸n.

Es importante se帽alar c贸mo ya desde la misma estructura de la Lumen gentium se percibe una opci贸n por la comuni贸n, la s铆ntesis, la din谩mica de la armon铆a y complementariedad, todo lo cual ir谩 permitiendo la integraci贸n de la pluralidad de elementos en la unidad del Pueblo peregrino como concreci贸n de la esencia de la Iglesia.

3.1. El primer d铆ptico est谩 integrado por el cap铆tulo I que se llama El misterio de la Iglesia, centrado m谩s en su origen y naturaleza; y por el cap铆tulo II, llamado El Pueblo de Dios, que muestra a la Iglesia en su despliegue y peregrinar hist贸rico en la realizaci贸n de su misi贸n.

3.2. El segundo d铆ptico incluye el cap铆tulo III que, titulado La constituci贸n jer谩rquica de la Iglesia y en particular del episcopado, presenta la visi贸n de la estructura org谩nica de la Iglesia fundamentalmente desarrollando las notas de su constituci贸n jer谩rquica. Ella es a su vez complementada mediante el cap铆tulo IV que se llama Los laicos, completando con ello la visi贸n de la estructura originaria querida por el mismo Se帽or Jes煤s en la visi贸n conjunta del Cuerpo m铆stico o Pueblo de Dios.

3.3. El tercer d铆ptico presenta la vocaci贸n a la santidad en la Iglesia. El Concilio va a desarrollar este llamado a la perfecci贸n de la vida cristiana tanto en su dimensi贸n universal, en la que est谩n incluidos todos los fieles del Pueblo de Dios, en el cap铆tulo V, titulado La vocaci贸n universal a la santidad en la Iglesia, como tratando en el cap铆tulo VI sobre aquellos que dentro de la vocaci贸n general tienen un llamado a una especial consagraci贸n por el ejercicio de los consejos evang茅licos de castidad perfecta, pobreza y obediencia, Los religiosos.

3.4. Y el cuarto d铆ptico nos sit煤a ante la perspectiva teleol贸gica de la vida cristiana, ante la din谩mica de su peregrinar y la meta a la que se dirige. Para ello en el cap铆tulo VII, titulado Car谩cter escatol贸gico de la Iglesia peregrina y su uni贸n con la Iglesia del cielo, muestra c贸mo la Iglesia peregrina en la tierra pero no se agota en la historia; se proyecta desde su origen mismo hacia la plenitud que s贸lo alcanzar谩 en el triunfo final de Cristo. Y finalmente el cap铆tulo VIII en que con el t铆tulo de La Bienaventurada Virgen Mar铆a, Madre de Dios, en el Misterio de Cristo y de la Iglesia, se muestra como una gema preciosa la iluminadora reflexi贸n de las maternales relaciones de Santa Mar铆a y la Iglesia. En ella la Madre aparece como la concreci贸n ya realizada de toda esta din谩mica eclesial recorrida en la Constituci贸n. Precisamente sus misterios muestran paradigm谩ticamente el recto sentido del caminar y su meta.

4. Clave hermen茅utica y piedra angular del magisterio conciliar

La Lumen gentium tiene un lugar central en el gran conjunto que constituyen las ense帽anzas conciliares. Teniendo en cuenta la preocupaci贸n por comprender m谩s y mejor el misterio de la Iglesia que recorri贸 como r铆o subterr谩neo todas las reflexiones y trabajos conciliares, ella puede ser considerada como la clave hermen茅utica de toda la doctrina conciliar 12 . El Papa Juan Pablo II recientemente la ha calificado en ese sentido como 芦la piedra angular de todo el magisterio conciliar禄 13 .

En l铆nea semejante se expresaba G茅rard Philips, quien tuviera un destacado rol en los trabajos de redacci贸n de la Lumen gentium: 芦Nadie, creemos, pondr谩 en duda que la Constituci贸n del Vaticano II "sobre la Iglesia" ha de ser considerada como la piedra angular de todos los decretos publicados禄 14 . No es dif铆cil constatar c贸mo los diversos documentos articulan su ense帽anza a partir de las l铆neas teol贸gicas maestras de la Lumen gentium y c贸mo, a partir de su iluminaci贸n sobre la identidad de la Iglesia, se ordenan y reciben su sentido pleno 15 .

Una lectura atenta de los documentos conciliares pone r谩pidamente de manifiesto la centralidad de la ense帽anza eclesiol贸gica de la Lumen gentium 16 . Es elocuente en este sentido la abundancia de citas de la Constituci贸n que hacen otros documentos del Concilio 17 . El Cardenal Henri de Lubac afirmaba que era la 芦columna vertebral de la obra conciliar禄 18 . Justo Collantes, a su vez, la considera 芦el documento central del Concilio Vaticano II禄 19 . Y as铆 tantos otros que ser铆a largo citar.

5. Iglesia, 驴qu茅 dices de ti misma?

La preocupaci贸n central de los Papas del Concilio y de los Padres conciliares fue ciertamente la conciencia de la Iglesia sobre s铆 misma. No para quedarse ensimismada sino para vivir m谩s plenamente su misterio, en s铆 misma como Pueblo de Dios en marcha y de cara al mundo.

Hab铆a una pregunta que reson贸 con gran fuerza al final de la primera sesi贸n conciliar y que no dejar谩 de acompa帽ar las intensas jornadas de trabajo de las cuatro etapas conciliares: Iglesia, 驴qu茅 dices de ti misma? Las labores conciliares encontrar谩n en esta pregunta una especie de marco de trabajo, el gran tel贸n de fondo para sus reflexiones. El Cardenal Montini 20 formular谩 una respuesta en dos direcciones: 驴Qu茅 es la Iglesia? y 驴Qu茅 hace la Iglesia? --recogiendo los planteamientos de Juan XXIII y un discurso del Cardenal Suenens 21 --. Se explicitaban as铆 las dos dimensiones de la identidad de la Iglesia en el ser y el quehacer, que ser谩n a la postre las claves articuladoras de la ense帽anza conciliar.

En primer lugar se debe destacar la exigente coherencia que lleva a la pregunta sobre la fidelidad a la propia identidad y misi贸n. El punto de partida de esto se descubre en algo que es fundamental para el Pueblo de Dios: Ecclesia semper reformanda. La Iglesia pon铆a en primer lugar la consideraci贸n de la necesidad de renovarse permanentemente en su fidelidad al Se帽or Jes煤s y al designio divino 22 . As铆 pues, la invitaci贸n a la renovaci贸n de la Iglesia, no perfecta en su expresi贸n humana, aunque siempre tendiendo a la perfecci贸n 23 , ofreci贸 la oportunidad para mirarla m谩s en profundidad, en el espejo de la Revelaci贸n, y comprender con mayor hondura su misi贸n.

Puesto en palabras del Papa Juan XXIII: se trataba de impulsar con vigor una renovaci贸n para conseguir para la Iglesia un aggiornamento 24 --concepto que podr铆a ser traducido al castellano como puesta al d铆a--. Se pueden distinguir dos momentos del dinamismo que puso en marcha el Papa Roncalli. Renovaci贸n profunda que es volver a las mismas fuentes, a los fundamentos y a los valores permanentes del Evangelio, en fidelidad a la tradici贸n viva que hemos heredado. Renovaci贸n que tambi茅n libere de los elementos accidentales para salir al encuentro del ser humano de estos dif铆ciles y contradictorios tiempos de transformaciones culturales 25 y ofrecerle la Buena Nueva, al Se帽or Jes煤s, el mismo ayer, hoy y siempre 26 .

Todo esto llev贸 a que el proyecto del Concilio se enrumbara hacia una mejor y m谩s plena comprensi贸n del misterio de la Iglesia teniendo en cuenta adem谩s su relaci贸n con los tiempos actuales, en funci贸n de hacer que resplandezca con fidelidad la luz del Se帽or Jes煤s para los seres humanos en camino al Tercer Milenio. El Concilio ser铆a planteado, en consecuencia, con una orientaci贸n m谩s pastoral que puramente doctrinal 27 , lo que no quiere decir que no porte fundamentales elementos doctrinales. Es decir que se ensayaba una aproximaci贸n a la Iglesia ya no s贸lo como "objeto", sino como "sujeto". Son muy ilustrativas las reflexiones que hac铆a el entonces Cardenal Wojtyla sobre el particular: 芦La Iglesia es verdad de fe y objeto de uno de los art铆culos del Credo: "Creo en la Iglesia, que es una, santa, cat贸lica y apost贸lica". Si la 贸ptica del Concilio fuera "puramente doctrinal", a lo mejor la doctrina acerca de la verdad de la fe que se refiere a la Iglesia se habr铆a desarrollado de otra manera. Pero precisamente en este punto ten铆a el Concilio que ser eminentemente pastoral. No era posible tratar a la Iglesia solamente como "objeto". Era necesario expresarla tambi茅n como "sujeto". Semejante intenci贸n acompa帽aba ciertamente la primera pregunta que se hizo el Concilio: Ecclesia, quid dicis de te ipsa?: Iglesia, 驴qu茅 dices de ti misma? Esta pregunta dirigida a la Iglesia-sujeto, se enderezaba tambi茅n a cuantos constituyen este sujeto禄 28 . La Lumen gentium es la respuesta que, con el divino auxilio, el Pueblo de Dios se da a s铆 mismo de cara a las tareas de vivir la fe y la evangelizaci贸n que presenta el mundo hodierno y el milenio adveniente.

6. Cristo, luz de los pueblos

La Constituci贸n empieza con una confesi贸n cristol贸gica: 芦Lumen gentium cum sit Christus禄, 芦Cristo es la luz de los pueblos禄 29 . Hermosas palabras que nos ponen ante la maravillosa realidad del Reconciliador. Como vemos en el Evangelio seg煤n San Lucas, 脡l vino 芦a fin de iluminar a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte禄 30 , vino como la 芦luz para iluminar a los pueblos禄 31 , pues 脡l es 芦la luz de los hombres禄 32 . Y los Padres conciliares, en apertura al Esp铆ritu de vida y verdad, manifiestan que desean 芦vehementemente iluminar a todos los hombres con la luz de Cristo, que resplandece sobre el rostro de la Iglesia, anunciando el Evangelio a todas las criaturas (cf. Mt 16,15)禄 33 .

La Lumen gentium nos sit煤a de manera inmediata e incondicional ante la persona misma del Verbo Encarnado, cuya luz resplandece en la Iglesia 34 . Se pone en evidencia de esta manera que la Iglesia es "luz del mundo" en la medida en que refleja la luz que es el Se帽or Jes煤s; as铆, ser谩 siempre 芦luz en el Se帽or禄 35 , de all铆 la importancia de la exhortaci贸n del Ap贸stol: 芦Vivid como hijos de la luz禄 36 . De esta manera se introduce la reflexi贸n sobre la Iglesia dentro de la consideraci贸n del designio redentor del Padre y la obra salvadora y reconciliadora del Verbo Eterno, prolongada por obra del Esp铆ritu Santo en la Iglesia, Cuerpo m铆stico de Cristo.

Hay un marcado acento cristol贸gico --que sella toda la eclesiolog铆a conciliar-- y que est谩 presente desde el principio mismo de la Lumen gentium. El texto conciliar dice: 芦La Iglesia es en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la uni贸n 铆ntima con Dios y de la unidad de todo el g茅nero humano禄 37 . Este primer p谩rrafo de la Constituci贸n viene a ser una suerte de clave de lectura de toda ella, e indica la orientaci贸n de fondo de su aproximaci贸n al misterio de la Iglesia.

7. Dimensi贸n trinitaria

Junto a este acento marcadamente cristol贸gico se debe tambi茅n destacar una perspectiva claramente trinitaria 38 . La atenci贸n a la persona del Se帽or Jes煤s, el Verbo de Dios hecho Hijo de Mujer para la salvaci贸n de los seres humanos, remite inmediatamente hacia el misterio de la Sant铆sima Trinidad y el designio redentor. Esto tambi茅n queda de manifiesto en los primeros p谩rrafos de la Lumen gentium. Despu茅s de la hermosa introducci贸n, los siguientes tres numerales explicitan la dimensi贸n trinitaria de toda aproximaci贸n al misterio de la Iglesia: El Plan de salvaci贸n del Padre 39 , La misi贸n del Hijo 40 y El Esp铆ritu que santifica a la Iglesia 41 .

A trav茅s del Se帽or Jes煤s, en 脡l y por 脡l, enviado por el Padre, quien tambi茅n nos env铆a al Esp铆ritu Santo, la Iglesia realiza el divino Plan de redenci贸n y reconciliaci贸n. As铆 como leemos en la Constituci贸n, 芦toda la Iglesia aparece como el pueblo unido "por la unidad del Padre, del Hijo y del Esp铆ritu Santo"禄 42 .

8. Llamada a evangelizar, a anunciar al Se帽or Jes煤s

La preocupaci贸n de los Padres conciliares estaba centrada en que la luz del Reconciliador resplandeciera mejor y con m谩s fuerza en la Iglesia para que pueda irradiar al mundo entero. As铆, al tiempo que reitera la centralidad del Se帽or Jes煤s, el documento dirige su atenci贸n a toda la humanidad. Todos los seres humanos est谩n invitados a participar del don de la redenci贸n, que es la plenitud de la vida. La Iglesia, que quiere anunciar y realizar esta obra, es por naturaleza misionera 43 . Por eso desde el primer p谩rrafo se invita a todo el Pueblo de Dios a anunciar el Evangelio del Se帽or, pues, como recordaba el Papa Pablo VI en esa memorable exhortaci贸n apost贸lica Evangelii nuntiandi, evangelizar constituye 芦la dicha y vocaci贸n propia de la Iglesia, su identidad m谩s profunda禄 44 .

Como se帽ala Hans Urs von Balthasar: 芦Toda la esencia del mensaje conciliar queda as铆 expresada en dos proposiciones inexorables: el ser de la Iglesia (como misi贸n) es inseparable de su acci贸n, y el amor de Dios vivido y anunciado es el principio de la uni贸n de la humanidad en el esp铆ritu de la fraternidad禄 45 .

9. Una eclesiolog铆a din谩mica y pastoral

La eclesiolog铆a de la Lumen gentium, y de todo el Concilio, evidencia un talante muy din谩mico y pastoral.

Este talante tiene una directa relaci贸n a un doble dinamismo: vuelta a las fuentes y proyecci贸n hacia la realidad del ser humano mirando al futuro.

La vuelta a las fuentes es un aspecto fundamental. Pero debe entenderse no s贸lo por situarse en relaci贸n a su propio "ser", sino al despliegue de ese ser en la visi贸n tanto "hacia adentro" como "hacia afuera" de la Iglesia. Por eso se dirige primero a quienes constituyen la Iglesia peregrina, a los cat贸licos 46 , para luego, a partir del interior, ir dirigi茅ndose en c铆rculos conc茅ntricos hacia los cristianos no cat贸licos 47 , y tambi茅n a los no cristianos 48 .

La Lumen gentium ofrece una extraordinaria y luminosa s铆ntesis de los variados elementos de la esencia de la Iglesia y de su desarrollo hist贸rico, como se puede ver ahondando en la estructura de la Constituci贸n. Precisamente eso permite constatar c贸mo se puede usar dicha estructura como una especie de 铆ndice gu铆a para situar, en referencia a la Constituci贸n sobre la Iglesia, los dem谩s documentos del Concilio 49 .

La eclesiolog铆a que se desarrolla en perspectiva Trinitaria, Cristol贸gica, din谩mica, se vuelca en figuras e im谩genes tomadas de la Sagrada Escritura 50 . Se descubre en esto la intenci贸n de recurrir al valor din谩mico del s铆mbolo para expresar la riqueza de un misterio, que como tal es inagotable conceptualmente. Las expresiones sobre la Iglesia, pues, no agotan jam谩s su sentido profundo.

En ese marco aparecen dos conceptos sumamente din谩micos: la Iglesia como sacramento y como Pueblo de Dios. El Cardenal Ratzinger los ha llamado 芦los dos conceptos clave eclesiol贸gicos del Concilio禄 51 . No obstante que el concepto de "sacramento" ocupe el lugar predominante como l铆nea maestra de fondo de toda la aproximaci贸n eclesiol贸gica, 茅ste mismo necesita de la figura del "Pueblo de Dios" para que pueda ser mejor comprendido. Pero m谩s all谩 parece clara la intenci贸n del Concilio de que ambos conceptos sean entendidos en forma complementaria 52 .

En ese sentido el recurso para expresar la rica realidad de la Iglesia lleva a que a la perspectiva sacramental --elemento nuclear de la aproximaci贸n eclesiol贸gica-- se le a帽adan otras maneras de expresar el misterio. 芦El Concilio describi贸 de diversos modos la Iglesia, como Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo, Esposa de Cristo, templo del Esp铆ritu Santo, familia de Dios. Estas descripciones de la Iglesia se completan mutuamente y deben entenderse a la luz del misterio de Cristo o de la Iglesia en Cristo禄 53 . Entre 茅stas tiene un lugar especial el concepto de "Cuerpo m铆stico de Cristo", que se expresa igualmente en la rica noci贸n de "Pueblo de Dios" 54 , que hace presente el Reino y lo plasma hist贸ricamente en un dinamismo de concordia y de unidad de las personas y aun de los pueblos, expresando una rica universalidad, que integra arm贸nicamente la diversidad, en la que 芦cada grupo aporta sus dones a los dem谩s y a toda la Iglesia, de manera que el conjunto y cada una de sus partes se enriquecen con el compartir mutuo y con la b煤squeda de la plenitud en la unidad禄 55 .

La descripci贸n del fundamento y naturaleza jer谩rquica de la Iglesia, y las funciones de la jerarqu铆a, se complementan con el desarrollo de las peculiaridades del laico y de su vocaci贸n, con un horizonte integrador de su naturaleza laical en la misi贸n com煤n de la Iglesia, en la que cada cual participa, a partir de su condici贸n de bautizado, seg煤n las caracter铆sticas de su estado y funci贸n. Aparece aqu铆 un elemento fundamental, la comuni贸n jer谩rquica se define y contextualiza en la comuni贸n de la Iglesia toda, que busca significar la Comuni贸n de Amor, el misterio del Padre, Hijo y Esp铆ritu Santo, un solo Dios.

En relaci贸n a la realizaci贸n hist贸rica del misterio de la Iglesia se ha de vincular el llamado universal a la santidad y los llamados espec铆ficos. La sacramentalidad de la Iglesia peregrina est谩 vinculada a este esfuerzo de cooperaci贸n al don de Dios, al trabajo por la santificaci贸n personal de sus miembros. La misma comuni贸n y reconciliaci贸n permanente del Pueblo en peregrinaci贸n est谩 informada por la vigencia efectiva y concreta de este horizonte de santidad en la vida de los hijos de la Iglesia.

Esa misma perspectiva de comuni贸n de la militante Iglesia que peregrina por el mundo se descubre tambi茅n en relaci贸n a la Iglesia del cielo, de manera que 芦la uni贸n de toda la Iglesia en el Esp铆ritu se vea reforzada por la pr谩ctica del amor fraterno 56 . En efecto, as铆 como la uni贸n de los cristianos todav铆a en camino nos lleva m谩s cerca de Cristo, as铆 la comuni贸n con los santos nos une a Cristo, del que mana, como Fuente y Cabeza, toda la gracia y la vida del Pueblo de Dios禄 57 .

Y, en Mar铆a, como un s铆mbolo din谩mico efectivo, el Concilio presenta la imagen de la respuesta plena a la gracia y el modelo de realizaci贸n eclesial. Por ello es Madre, Maestra y Modelo de la Iglesia, a la vez que es el fruto m谩s preciado y paradigm谩tico entre cuantos siguen al Se帽or Jes煤s.

10. Iglesia sacramento de comuni贸n y reconciliaci贸n

Una perspectiva especial de la Constituci贸n se puede descubrir en el horizonte de sacramento de comuni贸n y reconciliaci贸n.

10.1 Sacramento

Ya desde el primer n煤mero de la Lumen gentium, como hemos mencionado, la Iglesia es presentada como un sacramento. En ese pasaje que hace como de clave de aproximaci贸n a toda la Constituci贸n, se dice: 芦La Iglesia es en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la uni贸n 铆ntima con Dios y de la unidad de todo el g茅nero humano禄 58 .

Los Padres conciliares al presentar a la Iglesia como sacramento retoman un concepto de honda ra铆z patr铆stica que est谩 en perfecta consonancia con la Revelaci贸n 59 . El tema hab铆a reaparecido en los a帽os previos al Concilio Vaticano II. Es conocido, por ejemplo, el pasaje de la memorable obra de Henri de Lubac, Meditaci贸n sobre la Iglesia, sobre el particular: 芦La Iglesia es un misterio, lo cual equivale a decir que es tambi茅n un sacramento. Adem谩s de ser "la depositaria total de los sacramentos cristianos", ella misma es el gran sacramento que contiene y vivifica a todos los dem谩s. Ella es en el mundo el sacramento de Jesucristo, de igual manera que el mismo Jesucristo es para nosotros, en su humanidad, el sacramento de Dios禄 60 .

Cuando se afirma la dimensi贸n sacramental en relaci贸n a la Iglesia, se afirma siempre en relaci贸n al Se帽or Jes煤s, 芦sacramento fundamental禄 61 , a quien est谩 referida. Su humanidad es el signo visible de la gracia que salva --puesto que es la 芦imagen del Dios invisible禄 62 --, y es tambi茅n el medio mediante el cual alcanzamos la justificaci贸n de nuestros pecados y fuimos reconciliados con el Padre 63 . En la Iglesia el Se帽or Jes煤s prolonga su presencia y sigue obrando la reconciliaci贸n de manera real. Es a partir de esta realidad que se asimila anal贸gicamente la Iglesia al misterio de la encarnaci贸n. As铆 como el Se帽or Jes煤s es el sacramento del Padre, la Iglesia es an谩logamente el sacramento de Cristo, signo e instrumento de salvaci贸n para la humanidad 64 .

10.2 De comuni贸n

La carta Communionis notio 65 ha puesto de manifiesto la enorme importancia que tiene el concepto de comuni贸n para una visi贸n adecuada de la Iglesia. 芦La eclesiolog铆a de comuni贸n es una idea central y fundamental en los documentos del Concilio禄 66 . Esto es especialmente notorio en la Lumen gentium en diversos pasajes 67 .

Por un lado, este concepto permite expresar tanto la dimensi贸n vertical --comuni贸n con Dios-- como la dimensi贸n horizontal --comuni贸n con los hermanos--. Es un concepto que se expresa en figura cruciforme, vertical y horizontal. Es una comuni贸n que tiene su origen y sustento en Dios mismo, que es alimentada en la Eucarist铆a, que se hace visible en la vida cotidiana de los seres humanos, y es no s贸lo de orden moral, sino ontol贸gica y sobrenatural.

Como se帽ala la carta Communionis notio: 芦el concepto de comuni贸n debe ser capaz de expresar tambi茅n la naturaleza sacramental de la Iglesia mientras "caminamos lejos del Se帽or", as铆 como la peculiar unidad que hace a los fieles ser miembros de un mismo Cuerpo, el Cuerpo m铆stico de Cristo, una comunidad org谩nicamente estructurada, "un pueblo reunido por la unidad del Padre y del Hijo y del Esp铆ritu Santo", dotado tambi茅n de los medios adecuados para la uni贸n visible y social禄 68 .

10.3 Y de reconciliaci贸n

Venimos considerando c贸mo la Iglesia es signo e instrumento de la uni贸n con Dios y al hacerlo se est谩 afirmando que es sacramento de salvaci贸n. Pues, qu茅 otra cosa es la salvaci贸n que la uni贸n con Dios y la participaci贸n de su vida divina. La plenitud de la existencia del ser humano se alcanza con la recuperaci贸n de la comuni贸n perdida con Dios. Esta comuni贸n es obtenida a trav茅s de la reconciliaci贸n que nos trajo el Se帽or Jes煤s y que seguimos alcanzando a trav茅s de la Iglesia 69 . Ella misma nos impulsa a ser testigos de la reconciliaci贸n, buscando anunciar y testimoniar el don recibido, compartirlo y vivir coherentemente como miembros de la Iglesia, recordando que 芦ninguna actividad humana, ni siquiera en los asuntos temporales, puede sustraerse a la soberan铆a de Dios禄 70 .

A su vez la Iglesia es tambi茅n sacramento de unidad entre los seres humanos. Puesto esto despu茅s de la unidad con Dios, queda claro que en el Se帽or el g茅nero humano alcanza su unidad, m谩s perfecta que la mera unidad de especie. Queda as铆 tambi茅n de manifiesto la fuerza del dinamismo reconciliador que nos ha tra铆do el Se帽or Jes煤s, que abre el camino para rehacer la comuni贸n desde su sentido m谩s pleno, con todos los seres humanos. As铆 lo explicita la misma Constituci贸n al desarrollar la figura del campo de Dios donde crece el antiguo olivo, lugar permanente de reconciliaci贸n 71 .

Como es f谩cil percibir, los conceptos de comuni贸n y de reconciliaci贸n se suponen mutuamente. El paso previo para alcanzar la comuni贸n es recomponer las rupturas. El S铆nodo extraordinario sobre el Concilio Vaticano II en su Relaci贸n final --instrumento clave para comprender las ense帽anzas conciliares-- los asocia expl铆citamente en relaci贸n a la dimensi贸n sacramental de la Iglesia: 芦la Iglesia es como un sacramento, es decir, signo e instrumento de la comuni贸n con Dios y tambi茅n de la comuni贸n y reconciliaci贸n de los hombres entre s铆禄 72 . Y en otro pasaje afirma tambi茅n: 芦la Iglesia en cuanto una y 煤nica es como sacramento, es decir, signo e instrumento de la unidad, de la reconciliaci贸n, de la paz entre los hombres, las naciones, las clases y las razas禄 73 . El Papa Juan Pablo II dice que en el Cuerpo de Cristo 芦debe realizarse en plenitud la reconciliaci贸n y la comuni贸n禄 74 .

Tanto Pablo VI 75 , como Juan Pablo II 76 han profundizado sobre la dimensi贸n sacramental de la Iglesia uniendo sus aspectos de comuni贸n y reconciliaci贸n. Tambi茅n el documento de Santo Domingo ha puesto en un lugar central de su desarrollo eclesiol贸gico el concepto de sacramento destacando sus dimensiones de comuni贸n y reconciliaci贸n.

As铆, pues, los ricos conceptos de sacramentalidad, comuni贸n y reconciliaci贸n son como antorchas fulgurantes que nos ayudan a profundizar en el misterio de la Iglesia y tomar conciencia de sus alcances.

11. Vivir el Concilio de cara al Tercer Milenio

Para nadie es novedad que despu茅s del Concilio sobrevino una enorme crisis cuyos ecos intensos a煤n se mantienen vivos, afectando a la vida y a la misi贸n de la Iglesia. Precisamente por ello se ha hecho necesaria la convocatoria a una ardorosa y Nueva Evangelizaci贸n.

Al poner de relieve la bendici贸n que constituye el Concilio Vaticano II y el valor fundamental de sus documentos --como en este caso la Lumen gentium--, no nos situamos en una perspectiva ingenua. Nada de eso. Precisamente, es un t贸pico com煤n afirmar que la "crisis" surgi贸 con el Vaticano II, no a causa de 茅ste. Y es verdad. No es el Concilio el que genera la "crisis", ella estaba ya latente lista para explotar. M谩s bien el Concilio se adelanta con su respuesta de "renovaci贸n en continuidad" para dar un horizonte y brindar salidas a la crisis. El problema es previo al Concilio, y lamentablemente avanza a pesar del Concilio, nunca a causa de 茅l, como es obvio.

Ver as铆 el Concilio, permite comprenderlo mejor, y descubrir sus ricas virtualidades, muchas a煤n esperando implementarse, y tambi茅n permite conocer c贸mo es que se le achaca una culpa que jam谩s tuvo. La crisis antecedente se expresa en la reacci贸n de aquellos que por apegarse a los rasgos accidentales del recorrido hist贸rico de la Iglesia se muestran reacios a aceptar el Concilio, y ella va pareja con otra expresi贸n, la de aquellos que carecen igualmente de una 贸ptica realista, y se mueven en lo superficial, confundiendo lo accidental con lo fundamental, y quieren arrasar con todo lo que les parece no conforme a sus im谩genes subjetivas de la Iglesia, ignorando la realidad 贸nticamente fundante del misterio de la Iglesia. Los cambios y reformas no pueden aplicarse 芦ni a la concepci贸n esencial, ni a las estructuras fundamentales de la Iglesia cat贸lica禄 77 , ense帽aba en su momento el Papa Pablo VI.

Por lo dicho se ve que la "crisis" que ya estaba presente se expresa con ocasi贸n de la recepci贸n e interpretaci贸n del Concilio 78 , precisamente porque 茅l es portador de una recta visi贸n que busca responder a los problemas de los creyentes y en general de la humanidad en horizonte de presente y futuro. El mostrar con claridad las inconsecuencias existentes en muchos, es fruto de la luz que arroja sobre la marcha de la comunidad. La gu铆a es clara. La respuesta est谩 librada a la libertad de cada cual.

El hoy Cardenal Ratzinger, hace veinticinco a帽os se preguntaba: 芦驴C贸mo se ha podido llegar a una tan extra帽a situaci贸n de confusi贸n en el momento en que se esperaba un nuevo pentecost茅s? 驴C贸mo ha sido posible que precisamente cuando el concilio parec铆a recoger los frutos maduros de los 煤ltimos decenios, esta plenitud haya dado paso de repente a un vac铆o desconcertante? 驴Qu茅 ha sucedido para que del gran impulso hacia la unidad haya surgido la disgregaci贸n?禄 79 . A帽os despu茅s, Hans Urs von Balthasar ofrec铆a una respuesta con la que convengo plenamente: 芦Es l谩stima que los a帽os posconciliares no parecen haber entendido toda la magnitud del programa (del Concilio), que, desde luego, s贸lo puede percibirse desde la 贸ptica de su unidad禄 80 .

Hoy se hace indispensable recuperar la visi贸n unitaria y comprender al Concilio en su integridad y en su sentido aut茅ntico. Para ello la Lumen gentium, desde su perspectiva central de columna vertebral, permite apuntar algunas l铆neas de acci贸n para acometer con mayor ardor y eficacia las tareas de la Nueva Evangelizaci贸n. 驴C贸mo, pues, no valorar y agradecer la realizaci贸n del Concilio y de sus documentos?

1. La primera es tomar viva conciencia de la propia identidad, de lo que significa ser miembro de la Iglesia, ser hijo de la Iglesia. De aquella que es vista por la Constituci贸n en una perspectiva que ofrece desde la profundidad dogm谩tica un claro marco pastoral para aproximarse al ser humano de hoy, en el dinamismo de una Iglesia que se sabe convocada para la misi贸n, para anunciar la Buena Nueva del Se帽or Jes煤s, y que est谩 llamada a ser signo e instrumento de unidad, fermento de comuni贸n y reconciliaci贸n para todos los seres humanos, vivi茅ndolos en s铆 misma.

2. La segunda, a partir de la conciencia del horizonte del designio divino y de la distancia que de 茅l nos separa, buscar efectivamente, poniendo los medios proporcionales y adecuados, acercarnos a ese ideal en la concreta existencia temporal 81 , buscando erradicar cuanto constituye obst谩culo para la realizaci贸n del Plan divino y la libre cooperaci贸n a 茅l.

As铆, pues, se trata de asumir un programa de renovaci贸n personal y colectiva tomando realmente en serio la vocaci贸n universal a la santidad, y la gran responsabilidad de las exigencias de sacramentalidad en la propia vida y en la vida de la comunidad eclesial.

En esto 煤ltimo, resulta fundamental recordar la comuni贸n en torno a la verdad, a la fe de la Iglesia, aspirando a dar ante el mundo el testimonio de unidad al que nos invita el Se帽or Jes煤s.

3. Tercera. Inserci贸n en el mundo, pero desde la propia identidad eclesial. Presencia, s铆, pero sin confusi贸n. Una vez m谩s, el tema fue extensa y orientadoramente tratado por Pablo VI en su enc铆clica program谩tica Ecclesiam suam, a la que se debe recurrir como uno de los instrumentos fundamentales para comprender bien el Concilio.

El dinamismo del mundo moderno nos lleva a prestar excesiva atenci贸n al momento que vivimos. Y nos olvidamos que ese momento es parte de una secuencia, que tiene antecedentes, en los cuales se funda y se basa, y que tiene proyecciones, hacia las cuales se dirige. No podemos jam谩s --para poder ser nosotros mismos, para poder ser personas conscientes, para poder ser consecuentes hijos de la Iglesia-- olvidar las propias ra铆ces. Tenemos que partir de ellas. Y a la luz de ellas y en su dinamismo vivir el momento presente y proyectarnos hacia el futuro. Lo dem谩s no tiene sentido. Es un absurdo. Precisamente, debemos recuperar la dimensi贸n de historia en nuestras propias realidades personales y en nuestra realidad eclesial. Por all铆 est谩 el camino para vivir la propia identidad, y ser coherentes con ella.

4. Cuarta. Asumir en serio la misi贸n evangelizadora. La convocatoria incesante del Papa Juan Pablo II y de los Pastores latinoamericanos para una Nueva Evangelizaci贸n brota del dinamismo de la reconciliaci贸n obrada en el Se帽or Jes煤s y que invita a la efusi贸n gozosa de esa experiencia de encuentro con Dios y al anuncio de que s贸lo hay un salvador y portador de vida: el Se帽or Jes煤s.

Si no se parte de estas convicciones y del esfuerzo por cooperar con la gracia para responder, desde el n煤cleo de nuestro ser, a ese testimonio de vida cristiana y a ese anuncio, la Nueva Evangelizaci贸n no ser谩. Cada uno de nosotros tiene una tarea que cumplir, tiene una misi贸n que debe asumir con coherencia, a pesar de las propias debilidades, confiando en la gracia de Dios, cooperando siempre con esa gracia de Dios, para cumplir con su Plan, para responder al horizonte que en cada tiempo aparece y que hoy tenemos ante nosotros con el nombre de Nueva Evangelizaci贸n.

La Virgen Mar铆a y la Nueva Evangelizaci贸n

Llegando al final de esta r谩pida reflexi贸n sobre la Lumen gentium, he querido culminar como lo hace la magna Constituci贸n, refiri茅ndome a la Virgen Mar铆a, Madre de Dios y de la Iglesia.

El hermoso cap铆tulo VIII que la Constituci贸n dogm谩tica dedica a Santa Mar铆a es como la culminaci贸n de lo dicho, destacando las profundas relaciones entre la Virgen Madre y la Iglesia a quien dedica intensos pasajes tan cargados de ense帽anzas como bellamente expresados.

Al proclamar a Mar铆a Madre de la Iglesia, es decir de todo el Pueblo de Dios, el Papa Pablo VI lo hace con una reflexi贸n de la que citamos un significativo p谩rrafo: 芦La realidad de la Iglesia ciertamente no se agota en su estructura jer谩rquica, en su liturgia, en sus sacramentos, ni en sus ordenamientos jur铆dicos. Su esencia 铆ntima, la principal fuente de su eficacia santificadora, se debe buscar en su m铆stica uni贸n con Cristo; uni贸n que no podemos pensarla separada de Aquella que es la Madre del Verbo Encarnado, y que Cristo mismo quiso tan 铆ntimamente unida a 脡l para nuestra salvaci贸n. Y ciertamente que debe encuadrarse en la visi贸n de la Iglesia la contemplaci贸n amorosa de las maravillas que Dios ha obrado en su Santa Madre. Y el conocimiento de la doctrina verdaderamente cat贸lica sobre Mar铆a ser谩 siempre la clave de la exacta comprensi贸n del misterio de Cristo y de la Iglesia禄 82 .

As铆, pues, hay tantas razones para acercarse con amor filial al misterio de la Virgen Mar铆a. En este caso resulta fundamental para profundizar en las orientaciones del Concilio, y en particular para vivir el horizonte de realizaci贸n eclesial y de Nueva Evangelizaci贸n al que estamos todos llamados. Pongamos estos prop贸sitos en las manos de Aquella que hoy podemos llamar con confianza Santa Mar铆a de la Alborada de la renovada evangelizaci贸n de nuestras tierras americanas.


1

Ver S铆nodo extraordinario de 1985, Relaci贸n final, I, 2.

2

Un hecho muy importante es la Nota explicativa previa dada pocos d铆as antes de la aprobaci贸n de la Lumen gentium y que figura como una especie de ap茅ndice de la Constituci贸n.

3

S.S. Pablo VI, Discurso en la sesi贸n del Concilio del 21 de noviembre de 1964, 10. En aquella misma ocasi贸n finaliza su intervenci贸n con una hermosa plegaria a Mar铆a, Madre de la Iglesia.

4

S.S. Juan XXIII, Ecclesia Christi lumen gentium, 3.

5

All铆 mismo, 4.

6

Lug. cit.

7

Ver lug. cit.

8

S.S. Pablo VI, Ecclesiam suam, 5. Ver el contexto para comprender mejor el acento sobre la prioridad de esta conciencia de la Iglesia sobre s铆 misma.

9

All铆 mismo, 14.

10

All铆 mismo, 26. Nuevamente el contexto ayuda para comprender mejor el sentido, en particular la lectura desde el n. 24 en adelante.

11

All铆 mismo, 27.

12

As铆 lo afirmaba el entonces Cardenal Karol Wojtyla en su importante libro sobre la aplicaci贸n del Concilio Vaticano II, La renovaci贸n en sus fuentes. Hablando de la Lumen gentium dice: 芦Esta Constituci贸n constituye, en cierto sentido, la clave del pensamiento conciliar en su totalidad. En ella volvemos a encontrar tambi茅n el conjunto de los caminos del enriquecimiento de la fe, que parten del Vaticano II hacia el futuro禄 (La renovaci贸n en sus fuentes, BAC, Madrid 1981, p. 27).

13

S.S. Juan Pablo II, La Constituci贸n "Lumen gentium", piedra angular del magisterio conciliar, 22/10/1995, 1.

14

G茅rard Philips, La Iglesia y su misterio en el Concilio Vaticano II. Historia, texto y comentario de la Constituci贸n "Lumen gentium", Herder, Barcelona 1968, t. I, p. 11.

15

Ver la introducci贸n que hace Olegario Gonz谩lez de Cardedal a la nueva traducci贸n de la Lumen gentium de la BAC, p. 5.

16

Lo cual no quiere decir que se agote en la Lumen gentium toda la eclesiolog铆a del Concilio Vaticano II. La lectura atenta de los dem谩s documentos revela tambi茅n importantes desarrollos eclesiol贸gicos que aunque est谩n en sinton铆a con la Lumen tambi茅n son aportes, desarrollos y complementaciones.

17

Hay unas cien citas de la Lumen gentium en los dem谩s documentos del Concilio, lo que constituye un indicio de su influjo, aunque obviamente 茅se no es el 煤nico medio de medirlo. Una r谩pida cuenta --no exhaustiva-- da que la Gaudium et spes la cita 14 veces; Christus Dominus 7 veces; Optatam totius 8; Gravissimum educationis 4; Nostra aetate 1; Apostolicam actuositatem 16; Ad gentes 35; Presbyterorum ordinis 12.

18

Cardenal Henri de Lubac, Di谩logo sobre el Vaticano II. Recuerdos y reflexiones, BAC, Madrid 1985, p. 26.

19

Justo Collantes, La Iglesia de la Palabra, t. I, BAC, Madrid 1972, p. 64. La frase completa dice: 芦Puede, ciertamente, afirmarse que la Constituci贸n sobre la Iglesia es el documento central del Concilio Vaticano II禄.

20

Discurso del 5 de diciembre de 1962.

21

Principalmente el mensaje radial de S.S. Juan XXIII, Ecclesia Christi lumen gentium, del 11 de setiembre de 1962. El discurso del Cardenal L.J. Suenens es del 4 de diciembre de 1962.

22

Pablo VI afirmaba en el discurso durante la cuarta y 煤ltima sesi贸n del Concilio Vaticano II, el 7 de diciembre de 1965: 芦Se dir谩 que el Concilio, m谩s que de verdades divinas, se ha ocupado principalmente de la Iglesia, de su naturaleza, de su composici贸n, de su vocaci贸n ecum茅nica, de su actividad apost贸lica y misionera. Esta secular sociedad religiosa, que es la Iglesia, ha tratado de realizar un acto reflejo sobre s铆 misma, para conocerse mejor y para disponer consiguientemente sus sentimientos y sus preceptos. Es verdad. Pero esta introspecci贸n no ten铆a por fin a s铆 misma, no ha sido acto de puro saber humano ni s贸lo cultura terrena: la Iglesia se ha recogido en su 铆ntima conciencia espiritual, no para complacerse en eruditos an谩lisis de psicolog铆a religiosa, o de historia de su experiencia, o para dedicarse a reafirmar sus derechos, o a formar sus leyes, sino para hallar en s铆 misma, viviente y operante en el Esp铆ritu Santo, la Palabra de Cristo y sondear m谩s a fondo el misterio, o sea el designio y la presencia de Dios, por encima y dentro de s铆, y para reavivar en s铆 la fe, que es el secreto de su seguridad y de su sabidur铆a禄.

23

Ver S.S. Pablo VI, Ecclesiam suam, 3 y 14ss; tambi茅n ver Lumen gentium, 48.

24

Ver S.S. Pablo VI, Ecclesiam suam, 19; tambi茅n Aggiornamento 驴c贸mo?, 6 de setiembre de 1963.

25

芦El sacrosanto Concilio se propone acrecentar cada vez m谩s la vida cristiana entre los fieles, adaptar mejor a las necesidades de nuestro tiempo las instituciones que est谩n sujetas a cambio, promover cuanto pueda contribuir a la uni贸n de todos los que creen en Cristo y fortalecer todo lo que sirve para invitar a todos al seno de la Iglesia禄 (Sacrosanctum Concilium, 1).

26

Ver Heb 13,8.

27

Son interesantes las palabras del Papa Juan XXIII en el discurso en la inauguraci贸n del Concilio Vaticano II hablando de la manera de impulsar la doctrina de la Iglesia que hab铆a fijado como tarea principal del Concilio: 芦Esta doctrina es, sin duda, verdadera e inmutable, y el fiel debe prestarle obediencia, pero hay que investigarla y exponerla seg煤n las exigencias de nuestro tiempo. Una cosa, en efecto, es el dep贸sito de la fe o las verdades que contiene nuestra venerable doctrina, y otra distinta es el modo como se enuncian estas verdades, conservando, sin embargo, el mismo sentido y significado. Hay que darle mucha importancia a la elaboraci贸n de ese modo de exponerlas y trabajar pacientemente si fuera necesario. Hay que presentar un modo de exponer las cosas que est茅 m谩s de acuerdo con el Magisterio, que tiene, sobre todo, un car谩cter pastoral禄 (Juan XXIII, Discurso de inauguraci贸n del Concilio Vaticano II, 11/10/1962 --en BAC, p. 1095--).

28

Cardenal Karol Wojtyla, La renovaci贸n en sus fuentes, ob. cit., p. 27.

29

Lumen gentium, 1.

30

Lc 1,79.

31

Lc 2,32.

32

Jn 1,4. Ver Jn 1,9; 3,19; 8,12; 12,46; Mt 4,16.

33

Lumen gentium, 1.

34

芦Toda la importancia de la Iglesia se deriva de su conexi贸n con Cristo禄 (S铆nodo extraordinario de 1985, Relaci贸n final, II, A, 3).

35

Ef 5,8.

36

Ef 5,8. 芦La Madre Iglesia... anima a sus hijos a purificarse y renovarse para que la se帽al de Cristo brille con m谩s claridad en el rostro de la Iglesia禄 (Lumen gentium, 15).

37

Lumen gentium, 1.

38

芦El anuncio sobre la Iglesia, como lo describe el Concilio Vaticano II, es trinitario y cristoc茅ntrico禄 (S铆nodo extraordinario de 1985, Relaci贸n final, II, A, 2).

39

Ver Lumen gentium, 2.

40

Ver Lumen gentium, 3.

41

Ver Lumen gentium, 4.

42

Lug. cit.

43

Ver Lumen gentium, 17.

44

S.S. Pablo VI, Evangelii nuntiandi, 14. El resto de este hermoso pasaje dice: 芦Ella existe para evangelizar, es decir, para predicar y ense帽ar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la santa Misa, memorial de su muerte y resurrecci贸n gloriosa禄 (n. 14).

45

Hans Urs von Balthasar, Puntos centrales de la fe, BAC, Madrid 1985, p. 86.

46

Ver Lumen gentium, 14.

47

Ver Lumen gentium, 15.

48

Ver Lumen gentium, 16.

49

Ver un sucinto ensayo de este procedimiento en el art. Vatican Council II de Joseph A. Komonchak, en The New Dictionary of Theology, Liturgical Press, Collegeville, 1074ss.

50

En el Catecismo (n. 753) se dice: 芦En la Sagrada Escritura encontramos multitud de im谩genes y de figuras relacionadas entre s铆, mediante las cuales la revelaci贸n habla del Misterio inagotable de la Iglesia. Las im谩genes tomadas del Antiguo Testamento constituyen variaciones de una idea de fondo, la del "Pueblo de Dios". En el Nuevo Testamento (ver Ef 1,22; Col 1,18), todas estas im谩genes adquieren un nuevo centro por el hecho de que Cristo viene a ser "la Cabeza" de este Pueblo (ver LG 9), el cual es desde entonces su Cuerpo. En torno a este centro se agrupan im谩genes "tomadas de la vida de los pastores, de la agricultura, de la construcci贸n, incluso de la familia y del matrimonio" (LG 6)禄.

51

Cardenal Joseph Ratzinger, Teor铆a de los principios teol贸gicos, Herder, Barcelona 1985, p. 62.

52

Hablando de los conceptos de sacramento y Pueblo de Dios el Cardenal Ratzinger afirma: 芦Seg煤n la intenci贸n del Concilio, cada una de estas dos expresiones deb铆a ser complemento de la otra. En efecto, el concepto de Pueblo de Dios s贸lo tiene sentido pleno desde el tel贸n de fondo del concepto de sacramento禄 (all铆 mismo, p. 51). Y en otro pasaje se帽ala hablando de la poca resonancia que hab铆a tenido el concepto de sacramento en muchos ambientes en los que se hab铆a difundido ampliamente el de Pueblo de Dios: 芦Tal vez la palabra sacramento como denominaci贸n de la Iglesia quede circunscrita, por diversas razones, a la lingua docta, al lenguaje especializado de los te贸logos. Pero si tambi茅n el contenido de la palabra sigue siendo esot茅rico, entonces el concepto aislado de Pueblo de Dios s贸lo ser铆a una caricatura de la eclesiolog铆a conciliar. Norbert Lohfink ha mostrado c贸mo ya en el Antiguo Testamento "Pueblo de Dios" no era una simple denominaci贸n del pueblo de Israel en cualquier situaci贸n, sino que se utilizaba exclusivamente para designarlo en el acto de ser interpelado por Dios y de la respuesta a esa llamada. Y lo mismo acontece tambi茅n en el Nuevo Testamento. En s铆 misma, la Iglesia no es un pueblo, sino una sociedad extremadamente heterog茅nea. El "no pueblo" s贸lo puede convertirse en pueblo en virtud de aquello que lo unifica desde arriba y desde el interior: por obra de la comuni贸n con Cristo. Sin esta mediaci贸n cristol贸gica, la autodenominaci贸n de Pueblo de Dios es arrogancia, si no ya incluso blasfemia. Y as铆, una de las tareas hoy decisivas en la elaboraci贸n y estudio de la herencia conciliar consiste en explorar de nuevo el car谩cter sacramental de la Iglesia y, de este modo, abrir los ojos a aquello que es lo verdaderamente importante: la uni贸n con Dios, que es condici贸n de la unidad y la libertad de los hombres禄 (all铆 mismo, p. 62).

53

S铆nodo extraordinario de 1985, Relaci贸n final, II, A, 3; ver S.S. Pablo VI, Discurso de apertura de la segunda sesi贸n, 29 de setiembre de 1963, (芦Profundizar la definici贸n de la Iglesia禄).

54

Ver Lumen gentium, 9ss.

55

Lumen gentium, 13.

56

Ver Ef 4,1-6.

57

Lumen gentium, 50.

58

Lumen gentium, 1.

59

El Catecismo de la Iglesia Cat贸lica precisa el sentido del t茅rmino sacramento de la siguiente manera: 芦La palabra griega "mysterion" ha sido traducida en lat铆n por dos t茅rminos: "mysterium" y "sacramentum". En la interpretaci贸n posterior, el t茅rmino sacramentum expresa mejor el signo visible de la realidad oculta de la salvaci贸n, indicada por el t茅rmino mysterium. En este sentido, Cristo es 脡l mismo el Misterio de salvaci贸n: Non est enim aliud Dei mysterium, nisi Christus ("No hay otro misterio de Dios fuera de Cristo", San Agust铆n, ep. 187, 34). La obra salv铆fica de su humanidad santa y santificante es el sacramento de la salvaci贸n que se manifiesta y act煤a en los sacramentos de la Iglesia (que las Iglesias de Oriente llaman tambi茅n "los santos Misterios"). Los siete sacramentos son los signos y los instrumentos mediante los cuales el Esp铆ritu Santo distribuye la gracia de Cristo, que es la Cabeza, en la Iglesia que es su Cuerpo. La Iglesia contiene por tanto y comunica la gracia invisible que ella significa. En este sentido anal贸gico ella es llamada "sacramento"禄 (Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 774).

60

Henri de Lubac, Meditaci贸n sobre la Iglesia, Encuentro, Madrid 1980, p. 163. Ver en l铆nea semejante Lumen gentium, 8. Se puede ver tambi茅n la obra de Otto Semmelroth, anterior al Concilio: La Iglesia como sacramento original, Dinor, San Sebasti谩n 1963.

61

Como se帽ala G. Philips: 芦s贸lo Cristo es el sacramento fundamental; la Iglesia no lo es sino como asociada禄 (G. Philips, La Iglesia y su misterio en el Concilio Vaticano II, ob. cit., t. I, p. 93).

62

Col 1,15. Ver tambi茅n Jn 14,9.

63

Ver Rom 8,17 y 2Cor 5,18-21.

64

Al hablar de sacramento se tiene en mente el concepto tradicional de sacramento como signo eficaz de gracia instituido por Cristo, pero de manera an谩loga --ni un铆voca, ni equ铆voca--. Por eso en el primer numeral de la Lumen gentium, en el trascendental pasaje donde se presenta a la Iglesia como sacramento, signo e instrumento, se a帽ade un cuidadoso como --veluti en el lat铆n original-- para indicar que no se trata un铆vocamente de un sacramento sino que se est谩 utilizando una analog铆a para expresar el car谩cter de signo e instrumento que es la Iglesia. Es muy ilustrativa la opini贸n del Cardenal Ratzinger sobre el particular: 芦Podr铆amos decir que los siete sacramentos no son ni posibles ni concebibles sin el sacramento uno de la Iglesia. S贸lo son inteligibles como realizaciones concretas de lo que la Iglesia es en cuanto tal y totalmente. La Iglesia es el sacramento en los sacramentos; los sacramentos son modos de realizarse la sacramentalidad de la Iglesia. La Iglesia y los sacramentos se interpretan mutuamente禄 (Teor铆a de los principios teol贸gicos, ob. cit., p. 54).

65

芦El concepto de comuni贸n (koinon铆a), ya puesto de relieve en los textos del Concilio Vaticano II, es muy adecuado para expresar el n煤cleo profundo del misterio de la Iglesia y, ciertamente, puede ser una clave de lectura para una renovada eclesiolog铆a cat贸lica禄 (Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, Communionis notio, 28/5/1992, 1).

66

S铆nodo extraordinario de 1985, Relaci贸n final, II, C, 1.

67

Ver Lumen gentium, 4. Ver tambi茅n los nn. 8, 13, 14, 15, 18, 21, 24, 25.

68

Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, Communionis notio, 28/5/1992, 3.

69

芦La misi贸n de Cristo y del Esp铆ritu Santo se realiza en la Iglesia, Cuerpo de Cristo y Templo del Esp铆ritu Santo. Esta misi贸n conjunta asocia desde ahora a los fieles de Cristo en su Comuni贸n con el Padre en el Esp铆ritu Santo: el Esp铆ritu Santo prepara a los hombres, los previene por su gracia, para atraerlos hacia Cristo. Les manifiesta al Se帽or resucitado, les recuerda su palabra y abre su mente para entender su Muerte y su Resurrecci贸n. Les hace presente el Misterio de Cristo, sobre todo en la Eucarist铆a para reconciliarlos, para conducirlos a la Comuni贸n con Dios, para que den "mucho fruto" (Jn 15,5.8.16)禄 (Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 737).

70

Lumen gentium, 36.

71

Ver Lumen gentium, 6c.

72

S铆nodo extraordinario de 1985, Relaci贸n final, II, A, 2.

73

All铆 mismo, II, C, 2.

74

S.S. Juan Pablo II, Ut unum sint, 6.

75

Ver S.S. Pablo VI, La reconciliaci贸n dentro de la Iglesia, 8/12/1974.

76

Ver S.S. Juan Pablo II, Reconciliatio et paenitentia. Se puede ver tambi茅n: Reconciliaci贸n. Magisterio de Juan Pablo II para Am茅rica Latina, Vida y Espiritualidad, Lima 1992.

77

S.S. Pablo VI, Ecclesiam suam, 17.

78

El Papa Pablo VI, en un discurso al Colegio de Cardenales sobre la renovaci贸n postconciliar, el 24 de junio de 1967, apunta a estas distorsiones diciendo: 芦Y, a fin de no faltar a Nuestro deber doctrinal y pastoral, muchas veces hemos tenido que rectificar --mediante Nuestros discursos-- las tendencias enderezadas a interpretaciones inexactas y arbitrarias de las ense帽anzas conciliares, y estimular el sentido de una pura ortodoxia hacia la aut茅ntica doctrina de la Iglesia, recomendando, por esta misma raz贸n, la imprescindible necesidad de un continuado cotejo y de una leal adhesi贸n al magisterio eclesi谩stico, en el que debe reconocerse el carisma de una perenne y activa asistencia del Esp铆ritu que anima a la Iglesia y que es Maestro de cada verdad revelada禄 (n. 8).

79

Joseph Ratzinger, 驴Por qu茅 permanezco en la Iglesia?, en Hans Urs von Balthasar y Joseph Ratzinger, 驴Por qu茅 soy todav铆a cristiano? 驴Por qu茅 permanezco en la Iglesia?, S铆gueme, Salamanca 1974, p. 59. La versi贸n original en alem谩n es de 1971.

80

Hans Urs von Balthasar, Puntos centrales de la fe, ob. cit., p. 101.

81

Ver S.S. Pablo VI, Ecclesiam suam, 14.

82

S.S. Pablo VI, Discurso en la sesi贸n de Clausura de la III etapa del Concilio, 21 de noviembre de 1964, 9.
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