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S.S. Juan Pablo II, Homilía del Santo Padre Juan Pablo II durante la Beatificación de Pío IX, Juan XXIII, Tomás Reggio, Guillermo José Chaminade y Columba Marmion
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Homilía del Santo Padre Juan Pablo II durante la Beatificación de Pío IX, Juan XXIII, Tomás Reggio, Guillermo José Chaminade y Columba Marmion

1. En el marco del A√Īo jubilar, con √≠ntima alegr√≠a he declarado beatos a dos Pont√≠fices, P√≠o IX y Juan XXIII, y otros tres servidores del Evangelio en el ministerio y en la vida consagrada: el arzobispo de G√©nova Tom√°s Reggio, el sacerdote diocesano Guillermo Jos√© Chaminade y el monje benedictino Columba Marmion.

Cinco personalidades diversas, cada una con su fisonom√≠a y su misi√≥n, pero todas unidas por la aspiraci√≥n a la santidad. Es precisamente su santidad lo que reconocemos hoy: santidad que es relaci√≥n profunda y transformadora con Dios, construida y vivida en el compromiso diario de adhesi√≥n a su voluntad. La santidad se vive en la historia, y ning√ļn santo est√° exento de las limitaciones y los condicionamientos propios de nuestra humanidad. Al beatificar a un hijo suyo, la Iglesia no celebra opciones hist√≥ricas particulares realizadas por √©l; m√°s bien, lo propone como modelo a la imitaci√≥n y veneraci√≥n por sus virtudes, para alabanza de la gracia divina que resplandece en ellas.

Dirijo mi saludo deferente a las delegaciones oficiales de Italia, Francia, Irlanda, B√©lgica, Turqu√≠a y Bulgaria, que han venido aqu√≠ para esta solemne circunstancia. Saludo asimismo a los familiares de los nuevos beatos, as√≠ como a los cardenales, los obispos y las personalidades civiles y religiosas que han querido participar en esta celebraci√≥n. Por √ļltimo, os saludo a todos vosotros, queridos hermanos y hermanas, que hab√©is acudido en gran n√ļmero para rendir homenaje a los siervos de Dios que la Iglesia inscribe hoy en el cat√°logo de los beatos.

2. Al escuchar las palabras de la aclamaci√≥n del Evangelio: "Se√Īor, gu√≠anos por el recto camino", nuestro pensamiento ha ido espont√°neamente a la historia humana y religiosa del Papa P√≠o IX, Giovanni Maria Mastai Ferretti. En medio de los acontecimientos turbulentos de su tiempo, fue ejemplo de adhesi√≥n incondicional al dep√≥sito inmutable de las verdades reveladas. Fiel a los compromisos de su ministerio en todas las circunstancias, supo atribuir siempre el primado absoluto a Dios y a los valores espirituales. Su largu√≠simo pontificado no fue f√°cil, y tuvo que sufrir mucho para cumplir su misi√≥n al servicio del Evangelio. Fue muy amado, pero tambi√©n odiado y calumniado.

Sin embargo, precisamente en medio de esos contrastes resplandeció con mayor intensidad la luz de sus virtudes: las prolongadas tribulaciones templaron su confianza en la divina Providencia, de cuyo soberano dominio sobre los acontecimientos humanos jamás dudó. De ella nacía la profunda serenidad de Pío IX, aun en medio de las incomprensiones y los ataques de muchas personas hostiles. A quienes lo rodeaban, solía decirles: "En las cosas humanas es necesario contentarse con actuar lo mejor posible; en todo lo demás hay que abandonarse a la Providencia, la cual suplirá los defectos y las insuficiencias del hombre".

Sostenido por esa convicción interior, convocó el concilio ecuménico Vaticano I, que aclaró con autoridad magistral algunas cuestiones entonces debatidas, confirmando la armonía entre fe y razón. En los momentos de prueba, Pío IX encontró apoyo en María, de la que era muy devoto. Al proclamar el dogma de la Inmaculada Concepción, recordó a todos que en las tempestades de la existencia humana resplandece en la Virgen la luz de Cristo, más fuerte que el pecado y la muerte.

3. "T√ļ eres bueno y dispuesto al perd√≥n" (Ant√≠fona de entrada). Contemplamos hoy en la gloria del Se√Īor a otro Pont√≠fice, Juan XXIII, el Papa que conmovi√≥ al mundo por la afabilidad de su trato, que reflejaba la singular bondad de su coraz√≥n. Los designios divinos han querido que esta beatificaci√≥n uniera a dos Papas que vivieron en √©pocas hist√≥ricas muy diferentes, pero que est√°n unidos, m√°s all√° de las apariencias, por muchas semejanzas en el plano humano y espiritual. Es muy conocida la profunda veneraci√≥n que el Papa Juan XXIII sent√≠a por P√≠o IX, cuya beatificaci√≥n deseaba. Durante un retiro espiritual, en 1959, escribi√≥ en su Diario: "Pienso siempre en P√≠o IX, de santa y gloriosa memoria, e, imit√°ndolo en sus sacrificios, quisiera ser digno de celebrar su canonizaci√≥n" (Diario del alma, p. 560).

Ha quedado en el recuerdo de todos la imagen del rostro sonriente del Papa Juan y de sus brazos abiertos para abrazar al mundo entero. ¬°Cu√°ntas personas han sido conquistadas por la sencillez de su coraz√≥n, unida a una amplia experiencia de hombres y cosas! Ciertamente la r√°faga de novedad que aport√≥ no se refer√≠a a la doctrina, sino m√°s bien al modo de exponerla; era nuevo su modo de hablar y actuar, y era nueva la simpat√≠a con que se acercaba a las personas comunes y a los poderosos de la tierra. Con ese esp√≠ritu convoc√≥ el concilio ecum√©nico Vaticano II, con el que inici√≥ una nueva p√°gina en la historia de la Iglesia: los cristianos se sintieron llamados a anunciar el Evangelio con renovada valent√≠a y con mayor atenci√≥n a los "signos" de los tiempos. Realmente, el Concilio fue una intuici√≥n prof√©tica de este anciano Pont√≠fice, que inaugur√≥, entre muchas dificultades, un tiempo de esperanza para los cristianos y para la humanidad. En los √ļltimos momentos de su existencia terrena, confi√≥ a la Iglesia su testamento: "Lo que m√°s vale en la vida es Jesucristo bendito, su santa Iglesia, su Evangelio, la verdad y la bondad". Tambi√©n nosotros queremos recoger hoy este testamento, a la vez que damos gracias a Dios por hab√©rnoslo dado como Pastor.

4. "Llevad a la pr√°ctica la Palabra y no os limit√©is a escucharla" (St 1, 22). Estas palabras del ap√≥stol Santiago nos hacen pensar en la existencia y en el apostolado de Tom√°s Reggio, sacerdote y periodista, que fue obispo de Ventimiglia y, luego, arzobispo de G√©nova. Fue hombre de fe y cultura y, como pastor, supo convertirse en gu√≠a atento de los fieles en todas las circunstancias. Sensible a los m√ļltiples sufrimientos y a la pobreza de su pueblo, organiz√≥ una ayuda tempestiva en todas las situaciones de necesidad. Precisamente para este fin fund√≥ la familia religiosa de las Religiosas de Santa Marta, encomend√°ndoles la tarea de ayudar a los pastores de la Iglesia, sobre todo en el campo de la caridad y la educaci√≥n.

Su mensaje puede resumirse en dos palabras: verdad y caridad. Ante todo la verdad, que significa escucha atenta de la palabra de Dios e impulso valiente en la defensa y en la difusi√≥n de las ense√Īanzas del Evangelio. Y luego, la caridad, que estimula a amar a Dios y, por amor a √©l, a abrazar a todos, por ser hermanos en Cristo. Si hubo alguna preferencia en las opciones de Tom√°s Reggio, fue por los que atravesaban dificultades y los que sufr√≠an. Por eso hoy es propuesto como modelo no s√≥lo a los miembros de su familia espiritual, sino tambi√©n a obispos, sacerdotes y laicos.

5. La beatificaci√≥n, durante el A√Īo jubilar, de Guillermo Jos√© Chaminade, fundador de los marianistas, recuerda a los fieles que deben inventar sin cesar modos nuevos de ser testigos de la fe, sobre todo para llegar a quienes se hallan alejados de la Iglesia y carecen de los medios habituales para conocer a Cristo. Guillermo Jos√© Chaminade invita a cada cristiano a arraigarse en su bautismo, que lo conforma al Se√Īor Jes√ļs y le comunica el Esp√≠ritu Santo.

El amor del padre Chaminade a Cristo, que se inscribe en la espiritualidad de la escuela francesa, lo impuls√≥ a proseguir incansablemente su obra mediante la fundaci√≥n de familias espirituales, en un per√≠odo agitado de la historia religiosa de Francia. Su devoci√≥n filial a Mar√≠a le ayud√≥ a mantener la paz interior en todas las circunstancias y a cumplir la voluntad de Cristo. Su solicitud por la educaci√≥n humana, moral y religiosa es una invitaci√≥n a toda la Iglesia a prestar una atenci√≥n renovada a la juventud, que necesita a la vez educadores y testigos para volverse al Se√Īor y participar en la misi√≥n de la Iglesia.

6. Hoy, la orden benedictina se alegra por la beatificaci√≥n de uno de sus hijos m√°s ilustres, dom Columba Marmion, monje y abad de Maredsous. Dom Marmion nos leg√≥ un aut√©ntico tesoro de doctrina espiritual para la Iglesia de nuestro tiempo. En sus escritos ense√Īa un camino de santidad, sencillo pero exigente, para todos los fieles, a quienes Dios ha destinado por amor a ser sus hijos adoptivos en Cristo Jes√ļs (cf. Ef 1, 5). Jesucristo, nuestro Redentor y fuente de toda gracia, es el centro de nuestra vida espiritual, nuestro modelo de santidad.

Antes de entrar en la orden benedictina, Columba Marmion se dedic√≥ durante algunos a√Īos al cuidado pastoral de las almas como sacerdote de su archidi√≥cesis natal, Dubl√≠n. A lo largo de toda su vida el beato Columba fue un excepcional director espiritual, que prest√≥ atenci√≥n especial a la vida interior de los sacerdotes y los religiosos. A un joven que se preparaba para la ordenaci√≥n le escribi√≥: "La mejor preparaci√≥n para el sacerdocio es vivir a diario con amor donde la obediencia y la Providencia nos ponen" (Carta del 27 de diciembre de 1915). Ojal√° que un amplio redescubrimiento de los escritos espirituales del beato Columba Marmion ayude a los sacerdotes, a los religiosos y a los laicos a crecer en su uni√≥n con Cristo y a dar testimonio fiel de √©l con amor ardiente a Dios y un servicio generoso a sus hermanos y hermanas.

7. A los nuevos beatos Pío IX, Juan XXIII, Tomás Reggio, Guillermo José Chaminade y Columba Marmion les pedimos con confianza que nos ayuden a vivir de modo cada vez más conforme al Espíritu de Cristo. Que su amor a Dios y a sus hermanos ilumine nuestros pasos en esta alba del tercer milenio.

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