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S.S. Juan Pablo II, Plegaria por las víctimas de la catástrofe que provocó el volcán Nevado del Ruiz
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Plegaria de S.S. Juan Pablo II por las víctimas de la catástrofe que provocó el volcán Nevado del Ruiz

Armero, Colombia; 6 de julio de 1986

1. Padre celestial, de quien procede todo bien, recibe compasivo en tu seno misericordioso a tantos hermanos nuestros aquí sepultados por las fuerzas desatadas de la naturaleza. Condúcelos a la morada eterna que Jesús, tu Hijo, ha preparado a los que lo reconocen como tu enviado y lo sirven con amor, descubriendo su presencia en los hermanos más pequeños.

Estos hijos tuyos, Padre de bondad, cayeron como trigo en las entrañas de la tierra para germinar en la resurrección de los muertos.

Ellos creyeron y esperaron en Ti; recibieron el bautismo de regeneración, se nutrieron con las Eucaristía, que es germen de inmortalidad, vivieron con el amor con que tu premias eternamente.

2. Padre, rico en misericordia, consuela el dolor de tantas familias, enjuaga las lágrimas de tantos hermanos, protege la soledad de tantos huérfanos.

Infunde a todos ánimo y esperanza para que el dolor se cambie en gozo y la muerte, por la fe, sea germen de vida nueva.

Haz que mediante la solidaridad, el trabajo y el tesón de las gentes de esta tierra, surja, como de entre las cenizas, una nueva ciudad de hijos tuyos y hermanos, donde reine la fraternidad, se renueven las familias, se llenen de pan las mesas y de cantos los hogares y los campos

3. Bendice esta cruz alzada aquí como signo de nuestra redención, baluarte de esperanza, símbolo de muerte y de vida, de dolor y de gozo.

Esta cruz que es el trono de Cristo, tu Hijo, desde donde, levantado, reina atrayendo todas las cosa hacia Él.

Que todas las miradas se vuelvan hacia esta cruz, árbol de vida, punto de convergencia entre el cielo y la tierra, donde se obtiene la reconciliación y renace la esperanza.

Y que junto a la cruz y el dolor de cada uno esté siempre María, la Madre de Jesús para acompañarnos en todas las penas, para animarnos con su mirada maternal, para ayudarnos a construir una sociedad nueva con la civilización del amor.

4. Te lo pedimos por Jesucristo tu Hijo, en quien creer es vivir y a quien servir es reinar. El que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

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