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S.S. Juan Pablo II, Oración a Jesús Sacramentado antes de la bendición eucarística
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Oración de S.S. Juan Pablo II Jesús Sacramentado antes de la bendición eucarística

Plaza de San Marcos, Venecia, 16 de junio de 1985

1. Señor Jesús, estamos reunidos ante Ti, el Sucesor de tu Apóstol Pedro y la Iglesia que Tú has congregado en esta ciudad de Venecia. Tú eres el Hijo de Dios hecho hombre, crucificado por nosotros y resucitado por el Padre. Tú, el viviente, realmente presente en medio de nosotros. Tú, el camino, la verdad y la vida: Tú, el único que tienes palabras de vida eterna. Tú, el único fundamento de nuestra salvación y el único nombre que podemos invocar para tener esperanza. Tú, el Amor: el Amor no amado. Señor Jesús, nosotros creemos en ti, te adoramos, te amamos con todo nuestro corazón, y proclamamos tu nombre por encima de todo otro nombre.

2. En este momento, grande y solemne, te pedimos por esta ciudad y por su territorio. Mírala, Cristo, desde tu cruz, y sálvala. Mira a los pobres, enfermos, ancianos, marginados, a los jóvenes y a las mujeres que se han metido por caminos desesperados, a tantas familias en dificultades y afectadas por las desgracias y los disturbios sociales. ¡Mira y ten piedad! Mira a los que no saben ya creer en el Padre que está en los cielos y no perciben ya su ternura, a los que no logran leer en tu rostro, oh Crucificado, su dolor, su promesa y sus angustias. Mira a cuantos yacen en el pecado, lejos de Ti, que eres la fuente del agua viva: el único que apaga la sed y aplaca el deseo y el ansia inquieta del corazón humano. Míralos y ten piedad.

3. Bendice a esta ciudad y a su territorio: desde Venecia a las islas, desde las Caorlas a Mira. Bendice a Mestre y Marghera, con las fábricas y el puerto. Bendice a todos los trabajadores que con la fatiga cotidiana proveen a las necesidades de la familia y al progreso de la sociedad. Bendice a los jóvenes, para que nunca se extinga en su corazón la esperanza de un mundo mejor, y la voluntad de gastarse generosamente para edificarlo. Bendice a los que nos gobiernan, para que sean agentes de justicia y de paz. Bendice a los sacerdotes que guían a las comunidades, a los religiosas y a las religiosas. Bendice al seminario, y concédenos a esta Iglesia, jóvenes y muchachas generosos, dispuestos a acoger la llamada al don total de sí en el servicio al Evangelio y a los hermanos.

4. Concede , Señor Jesús, a esta Iglesia, que se confirme en la fe del bautismo, para que tenga la alegría y la verdad, único camino que lleva a la vida. Concédele la gracia de la reconciliación que brota de tu costado abierto, oh Crucificado: a fin de que, reconciliada y unida, pueda convertirse en fuerza que supera las divisiones, en levadura de una mentalidad nueva de solidaridad y coparticipación, en viviente invitación a seguirte a ti que te has hecho hermano de todos. Concédele finalmente que sea una Iglesia mensajera de esperanza para todos los hombres, a fin de que por este testimonio de esperanza todos se sientan estimulados a comprometerse, trabajando por un mundo más solidario y pacífico conforme a la voluntad de tu Padre, nuestro Creador.

5. Señor Jesús, danos al paz, Tú que eres la paz y en tu cruz has vencido toda división. Y has de nosotros verdaderos realizadores de paz y de justicia: hombres y mujeres que se comprometan a construír un mundo más justo, más solidario y más fraterno. Señor Jesús, vuelve a nosotros y haznos vigilantes en la esperanza de tu venida. Amén.

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