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S.S. Juan Pablo II, Oración con los jóvenes por la Paz
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Oración de S.S. Juan Pablo II con los jóvenes por la Paz

Señor Jesús, junto al Sucesor de Pedro y con todo el pueblo redimido, acudimos a ti desde los rincones del mundo.

No huímos de nuestro tiempo, ni nos atemoriza nuestra juventud, y sin embargo estamos concientes de que peregrinamos en una década crucial.

Señor, la humanidad que Tú salvaste ha convertido muchos arados en espadas y las amenazas y los gritos del miedo parecen acallar las canciones de la vida.

Tú que prometiste quedarte con nosotros todos los días, escucha hoy el clamor de esta juventud y se Tú para nuestra generación el maestro y pastor que conduce a la paz.

Mientras más absurdo se manifiesta el proyecto de la nueva Torre de Babel que las ideologías proponen y más angustiosos son los pronósticos de los que han construído sobre arena, nosotros nos volvemos a Ti con una decisión más firme.

Sube, Señor, nuevamente a la montaña, nosotros vamos contigo a escucharte proclamarpara nuestra generación el código de la felicidad verdadera.

Dinos con tu voz sabia y recia la promesa y el programa:

“Bienaventurados los contructores de la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios”.

Hoy aceptamos te invitación y queremos hacer de la paz del mundo nuestra tarea permanente.

No queremos cruzar el umbral del tercer milenio arrastrando cañones ni despojos, queremos iniciarlo en tu nombre llevando las gavillas de un generoso trigo que alegre todas las mesas con tu paz y tu amistad.

Sabemos; Jesús, que este propósito requiere ahora de nosotros valentía y un estilo de vida vigilante.

Por ello danos la pureza del corazón humilde para comprender la verdad y rechazar las ilusiones engañosas.

Concédenos la libertad de tu gracia, para vivir la justicia y el amor responsible.

Enséñanos a plasmar una cultura nueva done la participación sea posible para cada hombre, grupo, pueblo y raza.

Que nunca nos fascine el mundo con esa paz aparente, oportunista y efímera que Tú rechazaste. Señor Jesucristo, danos tu paz, la que brota de tu corazón traspasado, paz en la verdad, la justicia y el amor.

Danos tu paz, no para retenerla, entrégala a nuestra generación de jóvenes para que la compartamos con los que aguardan sedientos, para que la acrecentemos como precioso legado a los que vendrán.

Maestro, mientras peregrinamos hacia la casa de tu Padre, enséñanos a cargar con sabiduría el fardo de los conflictos de nuestra naturaleza herida, sin abandonarnos a la resignada pasividad.

Constrúyenos en los defensores de Abel dondequiera que hoy viva, de Abel pobre y marginado, de Abel anciano o sin trabajo digno, del Abel perseguido por su fe, del Abel desvalido en el seno materno.

A los Caínes de nuestro tiempo, perdónalos porque no saben lo que hacen.

Convierte a tu paz a opresores y violentos.

A lo gobernantes y dirigentes de las naciones, dales luz y audacia para detener la espiral de esa lógica insensata que lleva a restar recursos a la vida para sumarlos a la muerte y a la destrucción del planeta.

Se Tú, Jesús, nuestra paz.

Tu Espíritu Santo pacifique nuestro ánimo en los sacramentos de tu Iglesia, y así podremos ser nosotros paz de todos nuestros hermanos.

Tú Madre, Señor, sea para tus discípulos jóvenes, el espejo de tu rostro donde se refleja la perfecta reconciliación con Dios, consigo mismo y con el mundo.

Sea Ella la educadora de nuestra esperanza, haciéndola paciente, valerosa, inmarchitable, su mano maternal cure nuestras heridas de violencia y nos guarde heroicamente pacíficos cuando el maligno nos empuje por las sendas de Caín.

Señor, en la noche de tu nacimiento, los pobres pastores de Belén escucharon la promesa de paz.

Nosotros hemos apostado a la vida y creemos que si las convulsiones de nuestro siglo son agonía de un mundo viejo, son también los dolores del parto de una nueva natividad tuya.

Percibimos que se aproxima la hora de dar a luz para la joven madre del adviento nuevo, y que el Padre quiere extender para nosotros el arco iris de su alianza de reconciliación.

Señor, que los ángeles canten pronto la bienaventuranza a todos los de un corazón pobre en esta tierra, y así, esperanzados, descubran que para ellos se acerca tu reino eterno y universal, el Reino de la verdad y la vida, el Reino de la santidad y la gracia, el Reino de la justicia, el amor y la paz. Amén.

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