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S.S. Juan Pablo II, Plegaria ante el sepulcro de San Nicolás
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Plegaria de S.S. Juan Pablo II ante el sepulcro de San Nicolás

Sepulcro de San Nicolás, Suiza, 1984

Señor mío y Dios mío: una gran confianza en tu obra bondadosa en nuestros días me ha conducido a este santo lugar. Desde aquí, por intercesión del Santo hermano Nicolás, se han irradiado tantas bendiciones y gracias en favor de al paz.

Muchos hombres experimenan hoy los desórdenes del pecado que aleja de Ti y promete a cambio una gran libertad, la felicidad y la paz. Pero de hecho trae consigo egoísmo, conflictos, descontento y discordias, guerra y destrucción. El pecado ciega al hombre y conduce al error.

Dios de verdad y misericordia, Tú nos has enviado a tu Hijo como Redentor nuestro. El cargó sobre voluntariamente sobre sí el amargo Viernes Santo de todo el mundo y, en virtud de la fuerza omnipotente de su Espíritu Santo, venció el pecado y la muerte.

El Señor resucitado se dirige hoy también a nosotros diciéndonos como dijo entonces a sus desanimados discípulos: “La paz sea con vosotros”.

Señor mío y Dios mío, en Pentecostés derramaste tu Espíritu divino en los corazones de los hombres: el Espíritu que condujo a hombres de lenguas y culturas diferentes al lenguaje único del amor y de la paz, a la comunidad de la Iglesia. Conmovido por la acción que realizaste entre los hombres el día de Pentecostés, me postro yo hoy en actitud suplicante ante el sepulcro el santo hermano Nicolás a quien Tú llamaste de un modo especial a ser artífice de paz. Confiado en su intercesión, uno mis oraciones y súplicas en favor de la paz y de la reconciliación entre los hombres a las de este gran santo.

En una época difícil, Tú llamaste al Santo hermano Nicolás a ser “conciencia” de sus ciudadanos y artífice de paz. Gracias a tu guía, la comunidad del matrimonio y la familia se convirtió en el Flueli en lugar de fe y de oración. Gracias a tu benévola Providencia, el hermano Nicolás encontró en Dorotea una esposa comprensiva, que luchó y oró con él a fin de conseguir la fuerza para obedecer tu divina voluntad. Tú llamaste a Dorotea a asumir, en luigar de su esposo, la responsabilidad de la familia, del hogar y de la hacienda, con el fin de que el camino del Santo quedara libre para la vida en el Ranft, libre para al oración, libre para cumplir la misión que Tú le habías encomendado de establecer la paz.

Oh Dios, fuente de la paz, unido a los miles y miles de personas que han orado aquí por la paz, te doy las gracias por este abogado y acmpeón de la paz, el Santo hermano Nicolás. Te damos las gracias por la vocación de aquellos hombres que ayudan en nuestros días a reconocer y a cumplir tu voluntad. Haz que, con el hermnao Nicolás y con su santa esposa Dorotea, nos demos cuenta de que la reconciliación auténtica y que la paz duradera proceden sólo de Ti. Por ello nos abrimos a tu Espíritu al pedirle unidos y encarecidamente por la paz de nuestros propios corazones y la paz del mundo, utilizando para ello la oración preferida del Santo:

Señor mío y Dios mío, quita de mí todo aquello que me impide ir hacia Tí, Señor mío y Dios mío; concédeme todo aquello que me lleve hacia Ti, Señor mío y Dios mío; tómame a mí todo entero y entrégame enteramente a Ti. Amén.

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