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S.S. Juan Pablo II, Plegaria a la Virgen de la Encina
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Plegaria de S.S. Juan Pablo II a la Virgen de la Encina

Palacio de los Papas, Viterbo, 1984

Oh Virgen de la Encina, desde hace siglos, el pueblo te venera con tierna devoción y ferviente confianza en este santuario, que el arte hizo bello, luminoso y acogedor.

Hace muchos siglos un hombre, perseguido por sus enemigos, cansado y angustiado, se echó a los pies de tu imagen, colocada sobre una encina, abrazando su tronco y confiándote a Ti, única y última esperanza suya, la propia vida en peligro inminente.

¡Tú lo salvaste!

También hoy, yo, Sucesor de Pedro, vengo como peregrino orante a venerarte, a implorarte, a pedir tu ayuda para la Iglesia y para toda la humanidad. ¡Sálvanos también a nosotros, Virgen Santísima!

¡Protege a la Iglesia en camino sobre esta tierra, entre peligros e insidias. Haz que sea siempre signo e instrumento de la redención realizada por tu Hijo!

¡Protege a esta ciudad y a sus habitantes de todos los males, pero en particular del mal del pecado, que separa de tu Hijo divino, el cual se encarnó, murió y resucitó por nuestra salvación!

¡Protege a los sacerdotes, a estos sacerdotes!

¡Haz que, día tras día, reaviven, con la fe y la oración, el don de Dios, que recibieron por la imposición de las manos del obispo (cf. 2 Tim 1, 6); que sean siempre alegres e infatigables testigos y ministros de la redención!

¡Protege a los religiosos, a estos religiosos!

Haz que mediante la práctica gozosa de los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia, den aquí en la tierra un testimonio creíble de los cielos nuevos y de la tierra nueva, que esperamos en la fe y en la esperanza cristiana (cf. Is 65, 17; 2 Pe 3, 13).

¡Protege a los seminaristas, a estos seminaristas, que se preparan al sacerdocio!

Haz que se abran siempre dócilmente a la Palabra de tu Hijo, que los ha llamado a su seguimiento.

¡Suscita en los jóvenes de hoy, que buscan ideales y valores auténticos, la disponibilidad de servir a Dios con todo el impulso de su edad!

¡Oh Virgen de la Encina, haz que los pueblos y las naciones vivan en la concordia, en la justicia, en la paz! ¡Amén!

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