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S.S. Juan Pablo II, Homil├şa del Santo Padre Juan Pablo II durante la Celebraci├│n de Domingo de Ramos y de la Pasi├│n del Se├▒or, a├▒o 1996
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Homil├şa del Santo Padre Juan Pablo II durante la Celebraci├│n de Domingo de Ramos y de la Pasi├│n del Se├▒or

XI Jornada Mundial de la Juventud Domingo de Ramos, 31 de marzo de 1996

1. ┬źHosanna al Hijo de David. Bendito el que viene en nombre del Se├▒or┬╗ (Ant├şfona de entrada).

El domingo de Ramos, en el que la Iglesia hace memoria de la entrada triunfal de Cristo en Jerusal├ęn, es como un solemne p├│rtico que introduce en la Semana santa. Mirando este d├şa en clave de espiritualidad lit├║rgica, podemos considerarlo, en cierto modo, presente en toda celebraci├│n eucar├şstica. En efecto, as├ş como en su momento constituy├│ el umbral de los acontecimientos de la semana pascual de Cristo, as├ş tambi├ęn representa constantemente el umbral del misterio eucar├şstico. M├ís a├║n, el umbral mismo de la liturgia. En el momento en que cruzamos este umbral, nos acercamos al centro del mysterium fidei.

Cristo celebra y realiza este mysterium, ┬źsiempre y en todo lugar┬╗, mediante el servicio del sacerdote, ministro de la Eucarist├şa. Cristo sumo y eterno Sacerdote, llega a Jerusal├ęn para realizar su ├║nico sacrificio, el sacrificio de la nueva alianza: primero, en la ultima cena del Jueves santo, como sacramento; despu├ęs, en el Calvario, como realidad redentora.

┬źBendito el que viene en nombre del Se├▒or┬╗.

2. Su venida es una revelaci├│n, a revelaci├│n radical e integral de la santidad de Dios: ┬źSanctus, sanctus, sanctus Dominus Deus Sabaoth┬╗. ┬źSanto, santo, santo es el Se├▒or, Dios del universo. Llenos est├ín el cielo y la tierra de tu gloria┬╗.

Precisamente esta semana -que, humanamente hablando, esta completamente llena del sufrimiento, de la humillaci├│n y del anonadamiento, en una palabra, de la k├ęnosis de Dios- encierra la revelaci├│n de la santidad de Dios, culmen de la historia del mundo. "Santo, santo, santo (...). Hosanna en el cielo┬╗.

Del fondo de la humillaci├│n redentora de Cristo, el hombre recibe, como don, la fuerza para alcanzar la cumbre de su propio ser y de su, propio destino. En este d├şa y en esta semana, que con raz├│n se llama Santa, el Hosanna en el cielo encuentra la plenitud de su significado.

3. Desde hace once a├▒os, en el domingo de Ramos se celebra la Jornada mundial de la juventud. En cierto sentido, puede decirse que la ┬źjornada de la juventud┬╗ comenz├│ a ser tal ya desde el principio, desde el d├şa que hoy conmemoramos, cuando los j├│venes de Jerusal├ęn salieron al encuentro de Cristo que entraba en la ciudad, manso y humilde, montado en un asno, seg├║n la profec├şa de Zacar├şas (cf. Zc 9, 9). Salieron a saludarlo y a acogerlo con las palabras del salmo: ┬źBendito el que viene en nombre del Se├▒or┬╗ (Sal 117, 26).

Cristo no olvida. Recuerda todo lo que sucedi├│ entonces. Y tambi├ęn los j├│venes recuerdan. Cristo es fiel. Y tambi├ęn los j├│venes saben ser fieles a quien les da confianza.

Los j├│venes vuelven, a├▒o tras a├▒o, a este encuentro, nacido de su incontenible entusiasmo por Jes├║s y por el Evangelio. As├ş, empez├│ una peregrinaci├│n que atraviesa las di├│cesis del mundo entero y, cada dos a├▒os, converge en un gran encuentro internacional, construyendo puentes de fraternidad y de esperanza entre los continentes, los pueblos y las culturas. Se trata de un camino siempre en acto, como la vida. Como la juventud.

Este a├▒o, a mitad de camino, por decirlo as├ş, entre la inolvidable etapa de Manila y la prevista para Par├şs en agosto de 1997, el itinerario del pueblo joven vuelve a detenerse hoy en las Iglesias particulares, enriquecido tambi├ęn de la peregrinaci├│n europea a la Santa Casa de Loreto.

4. Amad├şsimos j├│venes presentes hoy en la plaza de San Pedro, os dirijo mi saludo especial. Doy una calurosa bienvenida a cuantos han venido de lejos y, en particular, a los j├│venes filipinos, que dentro de poco pasar├ín la cruz de la Jornada mundial a las manos de sus amigos franceses.

Abrazar este d├şa la cruz, y pasarla de mano en mano, es un gesto muy elocuente. Es como decir: Se├▒or, no queremos permanecer contigo solamente en el momento de los hosanna; sino que, con tu ayuda, queremos acompa├▒arte en el camino de la cruz, como hicieron Mar├şa, Madre tuya y nuestra, y el ap├│stol Juan. S├ş, Se├▒or, porque ┬źT├║ tienes palabras de vida eterna┬╗ (Jn 6, 68), y nosotros hemos cre├şdo que precisamente tu cruz es palabra de vida eterna.

Amad├şsimos j├│venes, bien sab├ęis que el Se├▒or no os enga├▒a con falsos espejismos de felicidad, sino que nos dice: ┬źSi alguno quiere venir en pos de m├ş (...), tome su cruz y s├şgame┬╗ (Mc 8, 34). Este lenguaje es duro, pero sincero, y encierra la verdad fundamental para la vida: s├│lo por el amor se realiza el hombre, y no hay amor sin sacrificio.

Id, queridos j├│venes, y llevad esta palabra de vida por los senderos del mundo, que ya se aproxima al tercer milenio. La cruz de Cristo es la esperanza del mundo.

En la liturgia del domingo de Ramos, los j├│venes desempe├▒an un papel de protagonistas, como los ┬źlos ni├▒os hebreos┬╗ que, ┬źllevando ramos de olivo, salieron al encuentro del Se├▒or, aclamando: "Hosanna en el cielo"┬╗ (Ant├şfona de la procesi├│n).

Salieron al encuentro del Se├▒or.

J├│venes de Roma y del mundo, Cristo os llama: salid a su encuentro.

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