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S.S. Juan Pablo II, Homilía de S.S. Juan Pablo II en la Solemnidad del Domingo de Ramos del 2000
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Homilía de S.S. Juan Pablo II en la Solemnidad del Domingo de Ramos

1. "Benedictus, qui venit in nomine Domini... Bendito el que viene en nombre del Se√Īor" (Mt 21, 9; cf. Sal 118, 26).

Al escuchar estas palabras, llega hasta nosotros el eco del entusiasmo con el que los habitantes de Jerusal√©n acogieron a Jes√ļs para la fiesta de la Pascua. Las volvemos a escuchar cada vez que durante la misa cantamos el Sanctus. Despu√©s de decir: "Pleni sunt coeli et terra gloria tua", a√Īadimos: "Benedictus qui venit in nomine Domini. Hosanna in excelsis".

En este himno, cuya primera parte est√° tomada del profeta Isa√≠as (cf. Is 6, 3), se exalta a Dios "tres veces santo". Se prosigue, luego, en la segunda, expresando la alegr√≠a y la acci√≥n de gracias de la asamblea por el cumplimiento de las promesas mesi√°nicas: "Bendito el que viene en nombre del Se√Īor. ¬°Hosanna en el cielo!".

Nuestro pensamiento va, naturalmente, al pueblo de la Alianza, que, durante siglos y generaciones, vivi√≥ a la espera del Mes√≠as. Algunos creyeron ver en Juan Bautista a aquel en quien se cumpl√≠an las promesas. Pero, como sabemos, a la pregunta expl√≠cita sobre su posible identidad mesi√°nica, el Precursor respondi√≥ con una clara negaci√≥n, remitiendo a Jes√ļs a cuantos le preguntaban.

El convencimiento de que los tiempos mesi√°nicos ya hab√≠an llegado fue creciendo en el pueblo, primero por el testimonio del Bautista y despu√©s gracias a las palabras y a los signos realizados por Jes√ļs y, de modo especial, a causa de la resurrecci√≥n de L√°zaro, que se produjo algunos d√≠as antes de la entrada en Jerusal√©n, de la que habla el evangelio de hoy. Por eso la muchedumbre, cuando Jes√ļs llega a la ciudad montado en un asno, lo acoge con una explosi√≥n de alegr√≠a: "Bendito el que viene en nombre del Se√Īor. ¬°Hosanna en el cielo!" (Mt 21, 9).

2. Los ritos del domingo de Ramos reflejan el j√ļbilo del pueblo que espera al Mes√≠as, pero, al mismo tiempo, se caracterizan como liturgia "de pasi√≥n" en sentido pleno. En efecto, nos abren la perspectiva del drama ya inminente, que acabamos de revivir en la narraci√≥n del evangelista san Marcos. Tambi√©n las otras lecturas nos introducen en el misterio de la pasi√≥n y muerte del Se√Īor. Las palabras del profeta Isa√≠as, a quien algunos consideran casi como un evangelista de la antigua Alianza, nos presentan la imagen de un condenado flagelado y abofeteado (cf. Is 50, 6). El estribillo del Salmo responsorial: "Dios m√≠o, Dios m√≠o, ¬Ņpor qu√© me has abandonado?", nos permite contemplar la agon√≠a de Jes√ļs en la cruz (cf. Mc 15, 34).

Sin embargo, el ap√≥stol san Pablo, en la segunda lectura, nos introduce en el an√°lisis m√°s profundo del misterio pascual: Jes√ļs, "a pesar de su condici√≥n divina, no hizo alarde de su categor√≠a de Dios; al contrario, se despoj√≥ de su rango, y tom√≥ la condici√≥n de esclavo, pasando por uno de tantos. Y as√≠, actuando como un hombre cualquiera, se rebaj√≥ hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz" (Flp 2, 6-8). En la austera liturgia del Viernes santo volveremos a escuchar estas palabras, que prosiguen as√≠: "Por eso Dios lo exalt√≥ sobre todo, y le concedi√≥ el nombre que est√° sobre todo nombre; de modo que al nombre de Jes√ļs toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en el abismo, y toda lengua proclame: ¬°Jesucristo es Se√Īor!, para gloria de Dios Padre" (Flp 2, 9-11).

La humillación y la exaltación: esta es la clave para comprender el misterio pascual; ésta es la clave para penetrar en la admirable economía de Dios, que se realiza en los acontecimientos de la Pascua.

3. ¬ŅPor qu√©, como todos los a√Īos, est√°n presentes numerosos j√≥venes en esta solemne liturgia? En efecto, desde hace algunos a√Īos, el domingo de Ramos se ha convertido en la fiesta anual de los j√≥venes. Aqu√≠, en 1984, a√Īo de la juventud, y en cierto sentido A√Īo jubilar de los j√≥venes, comenz√≥ la peregrinaci√≥n de las Jornadas mundiales de la juventud, que, pasando por Buenos Aires, Santiago de Compostela, Czestochowa, Denver, Manila y Par√≠s, volver√° a Roma el pr√≥ximo mes de agosto para la Jornada mundial de la juventud del A√Īo santo 2000.

As√≠ pues, ¬Ņpor qu√© tantos j√≥venes se dan cita para el domingo de Ramos aqu√≠ en Roma y en todas las di√≥cesis? Ciertamente, son muchas las razones y las circunstancias que pueden explicar este hecho. Sin embargo, al parecer, la motivaci√≥n m√°s profunda, que subyace en todas las otras, se puede identificar en lo que nos revela la liturgia de hoy: el misterioso plan de salvaci√≥n del Padre celestial, que se realiza en la humillaci√≥n y en la exaltaci√≥n de su Hijo unig√©nito, Jesucristo. Esta es la respuesta a los interrogantes y a las inquietudes fundamentales de todo hombre y de toda mujer y, especialmente, de los j√≥venes.

"Por nosotros Cristo se hizo obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exalt√≥". ¬°Qu√© cercanas a nuestra existencia est√°n estas palabras! Vosotros, queridos j√≥venes, comenz√°is a experimentar el car√°cter dram√°tico de la vida. Y os interrog√°is sobre el sentido de la existencia, sobre vuestra relaci√≥n con vosotros mismos, con los dem√°s y con Dios. A vuestro coraz√≥n sediento de verdad y paz, a vuestros numerosos interrogantes y problemas, a veces incluso llenos de angustia, Cristo, Siervo sufriente y humillado, que se abaj√≥ hasta la muerte de cruz y fue exaltado en la gloria a la diestra del Padre, se ofrece a s√≠ mismo como √ļnica respuesta v√°lida. De hecho, no existe ninguna otra respuesta tan sencilla, completa y convincente.

4. Queridos j√≥venes, gracias por vuestra participaci√≥n en esta solemne liturgia. Cristo, con su entrada en Jerusal√©n, comienza el camino de amor y de dolor de la cruz. Contempladlo con renovado impulso de fe. ¬°Seguidlo! √Čl no promete una felicidad ilusoria; al contrario, para que logr√©is la aut√©ntica madurez humana y espiritual, os invita a seguir su ejemplo exigente, haciendo vuestras sus comprometedoras elecciones.

Mar√≠a, la fiel disc√≠pula del Se√Īor, os acompa√Īe en este itinerario de conversi√≥n y progresiva intimidad con su Hijo divino, quien, como recuerda el tema de la pr√≥xima Jornada mundial de la juventud, "se hizo carne y habit√≥ entre nosotros" (Jn 1, 14). Jes√ļs se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza, y carg√≥ con nuestras culpas para redimirnos con su sangre derramada en la cruz. S√≠, por nosotros Cristo se hizo obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.

"¬°Gloria y alabanza a ti, oh Cristo!".

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