Soporte
S.S. Juan Pablo II, Homil铆a de S.S. Juan Pablo II n la Jornada del Perd贸n del A帽o Santo del 2000
Incrementar tama帽o de fuente Disminuir tama帽o de fuente
Compartir

Homil铆a de S.S. Juan Pablo II en la Jornada del Perd贸n del A帽o Santo del 2000

1. "En nombre de Cristo os suplicamos: 隆reconciliaos con Dios! A quien no conoci贸 pecado, le hizo pecado por nosotros, para que vini茅semos a ser justicia de Dios en 茅l" (2 Co 5, 20-21).

La Iglesia relee estas palabras de san Pablo cada a帽o, el mi茅rcoles de Ceniza, al comienzo de la Cuaresma. Durante el tiempo cuaresmal, la Iglesia desea unirse de modo particular a Cristo, que, impulsado interiormente por el Esp铆ritu Santo, inici贸 su misi贸n mesi谩nica dirigi茅ndose al desierto, donde ayun贸 durante cuarenta d铆as y cuarenta noches (cf. Mc 1, 12-13).

Al t茅rmino de ese ayuno fue tentado por Satan谩s, como narra sint茅ticamente, en la liturgia de hoy, el evangelista san Marcos (cf. Mc 1, 13). San Mateo y san Lucas, en cambio, tratan con mayor amplitud ese combate de Cristo en el desierto y su victoria definitiva sobre el tentador: "Vete, Satan谩s, porque est谩 escrito: "Al Se帽or tu Dios adorar谩s, y s贸lo a 茅l dar谩s culto"" (Mt 4, 10).

Quien habla as铆 es aquel "que no conoci贸 pecado" (2 Co 5, 21), Jes煤s, "el Santo de Dios" (Mc 1, 24).

2. "A quien no conoci贸 pecado, le hizo pecado por nosotros" (2 Co 5, 21). Acabamos de escuchar en la segunda lectura esta afirmaci贸n sorprendente del Ap贸stol. 驴Qu茅 significan estas palabras? Parecen una paradoja y, efectivamente, lo son. 驴C贸mo pudo Dios, que es la santidad misma, "hacer pecado" a su Hijo unig茅nito, enviado al mundo? Sin embargo, esto es precisamente lo que leemos en el pasaje de la segunda carta de san Pablo a los Corintios. Nos encontramos ante un misterio: misterio que, a primera vista, resulta desconcertante, pero que se inscribe claramente en la Revelaci贸n divina.

Ya en el Antiguo Testamento, el libro de Isa铆as habla de ello con inspiraci贸n prof茅tica en el cuarto canto del Siervo de Yahveh: "Todos nosotros como ovejas erramos, cada uno march贸 por su camino, y el Se帽or descarg贸 sobre 茅l la culpa de todos nosotros" (Is 53, 6).

Cristo, el Santo, a pesar de estar absolutamente sin pecado, acepta tomar sobre s铆 nuestros pecados. Acepta para redimirnos; acepta cargar con nuestros pecados para cumplir la misi贸n recibida del Padre, que, como escribe el evangelista san Juan, "tanto am贸 al mundo que dio a su Hijo 煤nico, para que todo el que crea en 茅l (...) tenga vida eterna" (Jn 3, 16).

3. Ante Cristo que, por amor, carg贸 con nuestras iniquidades, todos estamos invitados a un profundo examen de conciencia. Uno de los elementos caracter铆sticos del gran jubileo es el que he calificado como "purificaci贸n de la memoria" (Incarnationis mysterium, 11). Como Sucesor de Pedro, he pedido que "en este a帽o de misericordia la Iglesia, persuadida de la santidad que recibe de su Se帽or, se postre ante Dios e implore perd贸n por los pecados pasados y presentes de sus hijos" (ib.). Este primer domingo de Cuaresma me ha parecido la ocasi贸n propicia para que la Iglesia, reunida espiritualmente en torno al Sucesor de Pedro, implore el perd贸n divino por las culpas de todos los creyentes. 隆Perdonemos y pidamos perd贸n!

Esta exhortaci贸n ha suscitado en la comunidad eclesial una profunda y provechosa reflexi贸n, que ha llevado a la publicaci贸n, en d铆as pasados, de un documento de la Comisi贸n teol贸gica internacional, titulado: "Memoria y reconciliaci贸n: la Iglesia y las culpas del pasado". Doy las gracias a todos los que han contribuido a la elaboraci贸n de este texto. Es muy 煤til para una comprensi贸n y aplicaci贸n correctas de la aut茅ntica petici贸n de perd贸n, fundada en la responsabilidad objetiva que une a los cristianos, en cuanto miembros del Cuerpo m铆stico, y que impulsa a los fieles de hoy a reconocer, adem谩s de sus culpas propias, las de los cristianos de ayer, a la luz de un cuidadoso discernimiento hist贸rico y teol贸gico. En efecto, "por el v铆nculo que une a unos y otros en el Cuerpo m铆stico, y aun sin tener responsabilidad personal ni eludir el juicio de Dios, el 煤nico que conoce los corazones, somos portadores del peso de los errores y de las culpas de quienes nos han precedido" (Incarnationis mysterium, 11). Reconocer las desviaciones del pasado sirve para despertar nuestra conciencia ante los compromisos del presente, abriendo a cada uno el camino de la conversi贸n.

4. 隆Perdonemos y pidamos perd贸n! A la vez que alabamos a Dios, que, en su amor misericordioso, ha suscitado en la Iglesia una cosecha maravillosa de santidad, de celo misionero y de entrega total a Cristo y al pr贸jimo, no podemos menos de reconocer las infidelidades al Evangelio que han cometido algunos de nuestros hermanos, especialmente durante el segundo milenio. Pidamos perd贸n por las divisiones que han surgido entre los cristianos, por el uso de la violencia que algunos de ellos hicieron al servicio de la verdad, y por las actitudes de desconfianza y hostilidad adoptadas a veces con respecto a los seguidores de otras religiones.

Confesemos, con mayor raz贸n, nuestras responsabilidades de cristianos por los males actuales. Frente al ate铆smo, a la indiferencia religiosa, al secularismo, al relativismo 茅tico, a las violaciones del derecho a la vida, al desinter茅s por la pobreza de numerosos pa铆ses, no podemos menos de preguntarnos cu谩les son nuestras responsabilidades.

Por la parte que cada uno de nosotros, con sus comportamientos, ha tenido en estos males, contribuyendo a desfigurar el rostro de la Iglesia, pidamos humildemente perd贸n.

Al mismo tiempo que confesamos nuestras culpas, perdonemos las culpas cometidas por los dem谩s contra nosotros. En el curso de la historia los cristianos han sufrido muchas veces atropellos, prepotencias y persecuciones a causa de su fe. Al igual que perdonaron las v铆ctimas de dichos abusos, as铆 tambi茅n perdonemos nosotros. La Iglesia de hoy y de siempre se siente comprometida a purificar la memoria de esos tristes hechos de todo sentimiento de rencor o venganza. De este modo, el jubileo se transforma para todos en ocasi贸n propicia de profunda conversi贸n al Evangelio. De la acogida del perd贸n divino brota el compromiso de perdonar a los hermanos y de reconciliaci贸n rec铆proca.

5. Pero 驴qu茅 significa para nosotros el t茅rmino "reconciliaci贸n"? Para captar su sentido y su valor exactos, es necesario ante todo darse cuenta de la posibilidad de la divisi贸n, de la separaci贸n. S铆, el hombre es la 煤nica criatura en la tierra que puede establecer una relaci贸n de comuni贸n con su Creador, pero tambi茅n es la 煤nica que puede separarse de 茅l. De hecho, por desgracia, con frecuencia se aleja de Dios.

Afortunadamente, muchos, como el hijo pr贸digo, del que habla el evangelio de san Lucas (cf. Lc 15, 13), despu茅s de abandonar la casa paterna y disipar la herencia recibida, al tocar fondo, se dan cuenta de todo lo que han perdido (cf. Lc 15, 13-17). Entonces, emprenden el camino de vuelta: 芦 Me levantar茅, ir茅 a mi padre y le dir茅: "Padre, pequ茅..." 禄 (Lc 15, 18).

Dios, bien representado por el padre de la par谩bola, acoge a todo hijo pr贸digo que vuelve a 茅l. Lo acoge por medio de Cristo, en quien el pecador puede volver a ser "justo" con la justicia de Dios. Lo acoge, porque hizo pecado por nosotros a su Hijo eterno. S铆, s贸lo por medio de Cristo podemos llegar a ser justicia de Dios (cf. 2 Co 5, 21).

6. "Dios tanto am贸 al mundo que dio a su Hijo 煤nico". 隆脡ste es en s铆ntesis, el significado, del misterio de la redenci贸n del mundo! Hay que darse cuenta plenamente del valor del gran don que el Padre nos ha hecho en Jes煤s. Es necesario que ante la mirada de nuestra alma se presente Cristo, el Cristo de Getseman铆, el Cristo flagelado, coronado de espinas, con la cruz a cuestas y, por 煤ltimo, crucificado. Cristo tom贸 sobre s铆 el peso de los pecados de todos los hombres, el peso de nuestros pecados, para que, en virtud de su sacrificio salv铆fico, pudi茅ramos reconciliarnos con Dios.

Saulo de Tarso, convertido en san Pablo, se presenta hoy ante nosotros como testigo: 茅l experiment贸, de modo singular, la fuerza de la cruz en el camino de Damasco. El Resucitado se le manifest贸 con todo el esplendor de su poder: "Saulo, Saulo, 驴por qu茅 me persigues? (...) 驴Qui茅n eres, Se帽or? (...) Yo soy Jes煤s, a quien t煤 persigues" (Hch 9, 4-5). San Pablo, que experiment贸 con tanta fuerza el poder de la cruz de Cristo, se dirige hoy a nosotros con una ardiente s煤plica: "Os exhortamos a que no recib谩is en vano la gracia de Dios". San Pablo insiste en que esta gracia nos la ofrece Dios mismo, que nos dice hoy a nosotros: "En el tiempo favorable te escuch茅 y en el d铆a de salvaci贸n te ayud茅" (2 Co 6, 2).

Mar铆a, Madre del perd贸n, ay煤danos a acoger la gracia del perd贸n que el jubileo nos ofrece abundantemente. Haz que la Cuaresma de este extraordinario A帽o santo sea para todos los creyentes, y para cada hombre que busca a Dios, el momento favorable, el tiempo de la reconciliaci贸n, el tiempo de la salvaci贸n.

Consultas

© Copyright 2013. BIBLIOTECA ELECTR脫NICA CRISTIANA -BEC- VE MULTIMEDIOS鈩�. La versi贸n electr贸nica de este documento ha sido realizada por VE MULTIMEDIOS - VIDA Y ESPIRITUALIDAD. Todos los derechos reservados. La -BEC- est谩 protegida por las leyes de derechos de autor nacionales e internacionales que prescriben par谩metros para su uso. Hecho el dep贸sito legal.


Dise帽o web :: Hosting Cat贸lico