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S.S. Juan Pablo II, Homilía de S.S. Juan Pablo II en la celebración del Jubileo de los Enfermos y de los Agentes Sanitarios
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Homilía de S.S. Juan Pablo en la celebración del Jubileo de los Enfermos y de los Agentes Sanitarios

1. "Nos visitará el sol que nace de lo alto" (Lc 1, 78). Con estas palabras, Zacarías anunciaba la ya próxima venida del Mesías al mundo.

En la p√°gina evang√©lica que acabamos de proclamar, hemos revivido el episodio de la Visitaci√≥n: la visitaci√≥n de Mar√≠a a su prima Isabel, la visitaci√≥n de Jes√ļs a Juan, la visitaci√≥n de Dios al hombre.

Amad√≠simos hermanos y hermanas enfermos, que hab√©is venido hoy a esta plaza para celebrar vuestro jubileo, tambi√©n el acontecimiento que estamos viviendo es expresi√≥n de una peculiar visitaci√≥n de Dios. Con esta certeza, os acojo y os saludo cordialmente. Est√°is en el coraz√≥n del Sucesor de Pedro, que comparte todas vuestras preocupaciones y angustias: ¬°sed bienvenidos! Con √≠ntima emoci√≥n celebro hoy el gran jubileo del a√Īo 2000 junto con vosotros, y con los agentes sanitarios, los familiares y los voluntarios que os acompa√Īan con diligente abnegaci√≥n.

Saludo al arzobispo monse√Īor Javier Lozano Barrag√°n, presidente del Consejo pontificio para la pastoral de los agentes sanitarios, y a sus colaboradores, que se han ocupado de la organizaci√≥n de este encuentro jubilar. Saludo a los se√Īores cardenales y obispos presentes, as√≠ como a los prelados y sacerdotes que han acompa√Īado a grupos de enfermos en esta celebraci√≥n. Saludo a la ministra de Salud p√ļblica del Gobierno italiano y a las dem√°s autoridades que han participado. Por √ļltimo, saludo y doy las gracias a los numeros√≠simos profesionales y voluntarios que han estado dispuestos a ponerse al servicio de los enfermos durante estos d√≠as.

2. "Nos visitar√° el sol que nace de lo alto". ¬°S√≠, Dios nos ha visitado hoy! √Čl est√° con nosotros en toda situaci√≥n dif√≠cil. Pero el jubileo es experiencia de una visitaci√≥n suya muy singular. Al hacerse hombre, el Hijo de Dios ha venido a visitar a cada una de las personas y se ha convertido para cada una de ellas en "la Puerta": Puerta de la vida, Puerta de la salvaci√≥n. Si el hombre quiere encontrar la salvaci√≥n, debe entrar a trav√©s de esta Puerta. Cada uno est√° invitado a cruzar este umbral.

Hoy estáis invitados a cruzarlo especialmente vosotros, queridos enfermos y personas que sufrís, que habéis acudido a la plaza de San Pedro desde Roma, desde Italia y desde el mundo entero. También estáis invitados vosotros que, comunicados por un puente televisivo especial, os unís a nosotros en la oración desde el santuario de Czestochowa (Polonia): os envío mi saludo cordial, que extiendo de buen grado a cuantos, mediante la televisión y la radio, siguen nuestra celebración en Italia y en el extranjero.

Amad√≠simos hermanos y hermanas, algunos de vosotros est√°is inmovilizados desde hace a√Īos en un lecho de dolor: pido a Dios que este encuentro constituya para ellos un extraordinario alivio f√≠sico y espiritual. Deseo que esta conmovedora celebraci√≥n ofrezca a todos, sanos y enfermos, la oportunidad de meditar en el valor salv√≠fico del sufrimiento.

3. El dolor y la enfermedad forman parte del misterio del hombre en la tierra. Ciertamente, es justo luchar contra la enfermedad, porque la salud es un don de Dios. Pero es importante tambi√©n saber leer el designio de Dios cuando el sufrimiento llama a nuestra puerta. La "clave" de dicha lectura es la cruz de Cristo. El Verbo encarnado acogi√≥ nuestra debilidad, asumi√©ndola sobre s√≠ en el misterio de la cruz. Desde entonces, el sufrimiento tiene una posibilidad de sentido, que lo hace singularmente valioso. Desde hace dos mil a√Īos, desde el d√≠a de la pasi√≥n, la cruz brilla como suprema manifestaci√≥n del amor que Dios siente por nosotros. Quien sabe acogerla en su vida, experimenta c√≥mo el dolor, iluminado por la fe, se transforma en fuente de esperanza y salvaci√≥n.

Ojal√° que Cristo sea la Puerta para vosotros, queridos enfermos llamados en este momento a llevar una cruz m√°s pesada. Que Cristo sea tambi√©n la Puerta para vosotros, queridos acompa√Īantes, que los cuid√°is. Como el buen samaritano, todo creyente debe dar amor a quien sufre. No est√° permitido "pasar de largo" ante quien est√° probado por la enfermedad. Por el contrario, hay que detenerse, inclinarse sobre su enfermedad y compartirla generosamente, aliviando su peso y sus dificultades.

4. Santiago escribe: "¬ŅEst√° enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presb√≠teros de la Iglesia, que oren sobre √©l y le unjan con √≥leo en el nombre del Se√Īor. Y la oraci√≥n de la fe salvar√° al enfermo, y el Se√Īor har√° que se levante, y si hubiera cometido pecados, le ser√°n perdonados" (St 5, 14-15). Dentro de poco reviviremos de modo singular esta exhortaci√≥n del Ap√≥stol, cuando algunos de vosotros, queridos enfermos, recib√°is el sacramento de la unci√≥n de los enfermos. √Čl, devolviendo el vigor espiritual y f√≠sico, pone muy bien de relieve que Cristo es para la persona que sufre la Puerta que conduce a la vida.

Queridos enfermos, √©ste es el momento culminante de vuestro jubileo. Al cruzar el umbral de la Puerta santa, un√≠os a todos los que, en todas las partes del mundo, ya la han cruzado, y a cuantos la cruzar√°n durante el A√Īo jubilar. Ojal√° que pasar a trav√©s de la Puerta santa sea signo de vuestro ingreso espiritual en el misterio de Cristo, el Redentor crucificado y resucitado, que por amor "llev√≥ nuestras dolencias y soport√≥ nuestros dolores" (Is 53, 4).

5. La Iglesia entra en el nuevo milenio estrechando en su corazón el evangelio del sufrimiento, que es anuncio de redención y salvación. Hermanos y hermanas enfermos, sois testigos singulares de este Evangelio. El tercer milenio espera este testimonio de los cristianos que sufren. Lo espera también de vosotros, agentes de la pastoral sanitaria, que con funciones diferentes cumplís junto a los enfermos una misión tan significativa y apreciada, apreciadísima.

Que se incline sobre cada uno de vosotros la Virgen Inmaculada, que nos visitó en Lourdes, como hoy recordamos con alegría y gratitud. En la gruta de Massabielle confió a santa Bernardita un mensaje que lleva al corazón del Evangelio: a la conversión y a la penitencia, a la oración y al abandono confiado en las manos de Dios.

Con Mar√≠a, la Virgen de la Visitaci√≥n, elevamos tambi√©n nosotros al Se√Īor el "Magn√≠ficat", que es el canto de la esperanza de todos los pobres, los enfermos y los que sufren en el mundo, que exultan de alegr√≠a porque saben que Dios est√° junto a ellos como Salvador.

As√≠ pues, con la Virgen sant√≠sima queremos proclamar: "Proclama mi alma la grandeza del Se√Īor", y dirigir nuestros pasos hacia la verdadera Puerta jubilar: Jesucristo, que es el mismo ayer, hoy y siempre.

Saludos

(En inglés)

Saludo cari√Īosamente a los peregrinos de lengua inglesa que toman parte en esta especial celebraci√≥n jubilar para los enfermos y los agentes sanitarios. Encomend√°ndoos a todos a la poderosa intercesi√≥n de la Bienaventurada Virgen Mar√≠a, auxilio de los cristianos y consuelo de los afligidos, invoco sobre vosotros fuerza y paz en su Hijo, nuestro Se√Īor Jesucristo.

(En francés)

Dirijo un saludo muy cordial a los enfermos y a quienes los acompa√Īan. Habiendo venido para vivir juntos este jubileo, form√°is una magn√≠fica comunidad de fe y esperanza. Vuestro testimonio y vuestra oraci√≥n son un tesoro precioso, y constituyen una misi√≥n esencial para la Iglesia y el mundo. En efecto, toda oraci√≥n, incluso la m√°s rec√≥ndita, contribuye a elevar el mundo a Dios. Servir a nuestros hermanos significa servir a Cristo. ¬°Que la Virgen Mar√≠a os gu√≠e cada d√≠a!

(En espa√Īol)

Me dirijo ahora a los peregrinos de lengua espa√Īola participantes en esta celebraci√≥n del jubileo de los enfermos. Que la gracia jubilar os ayude a ser testigos valientes de Jesucristo, ofreciendo con √©l vuestra vida, alegr√≠as y tristezas, para la salvaci√≥n de todos.

(En alem√°n)

Saludo con particular cordialidad a todos los peregrinos de lengua alemana que han venido a Roma para el jubileo de los enfermos. Expreso mi estima a quienes se dedican al cuidado y a la asistencia de los enfermos. Ojalá que la celebración de esta liturgia divina refuerce vuestra fe, mediante la cual renováis vuestra valentía de vivir.

(En portugués)

Dirijo un saludo amistoso y solidario a todos los enfermos de lengua portuguesa que participan f√≠sica o espiritualmente en esta peregrinaci√≥n jubilar: deseo aseguraros que encomiendo diariamente a Dios, Padre de toda consolaci√≥n, vuestro calvario, para que vuestra fe y vuestra esperanza en el divino Crucificado no desfallezcan; √©l puede transformar en j√ļbilo vuestra aflicci√≥n, y vuestros dolores en remedio de salvaci√≥n para quienes am√°is.

(En polaco)

Saludo a los peregrinos procedentes de Polonia, de modo particular a los enfermos y a los que sufren, as√≠ como a las personas que los asisten y a los sacerdotes. A trav√©s de vuestro sufrimiento, est√°is particularmente unidos a Cristo. √Čl, que con su pasi√≥n y su muerte en la cruz ha redimido el mundo, sea siempre vuestra fuerza en el dolor.

Hermanos y hermanas que sufrís, tenemos una deuda con vosotros. ¡La Iglesia tiene una deuda con vosotros, y también el Papa! Rezad por nosotros.

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