Soporte
S.S. Juan Pablo II, Discurso a los participantes del encuentro con ocasi贸n del Jubileo de los Agricultores
Incrementar tama帽o de fuente Disminuir tama帽o de fuente
Compartir

Discruso de S.S. Juan Pablo II a los participantes del encuentro con ocasi贸n del Jubileo de los Agricultores

Ilustres se帽ores;
amad铆simos hermanos y hermanas:

1. Me alegra poder encontrarme con vosotros, con ocasi贸n del jubileo del mundo agr铆cola, en este momento de "fiesta" y, al mismo tiempo, de reflexi贸n sobre el estado actual de este importante sector de la vida y de la econom铆a, y sobre sus perspectivas 茅ticas y sociales.

Agradezco al se帽or cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado, las amables palabras que me ha dirigido, interpretando los sentimientos y las expectativas que animan a todos los presentes. Saludo con deferencia a las ilustres personalidades, tambi茅n a las de diversa inspiraci贸n religiosa, que en representaci贸n de varias organizaciones est谩n presentes aqu铆 esta tarde para brindarnos la contribuci贸n de su testimonio.

2. El jubileo de los trabajadores de la tierra coincide con la tradicional "Jornada de acci贸n de gracias", organizada en Italia por la benem茅rita Confederaci贸n de cultivadores directos, a la que saludo muy cordialmente. Esta "Jornada" es un fuerte llamamiento a los valores perennes que conserva el mundo agr铆cola y, entre estos, sobre todo a su notable sentido religioso. Dar gracias es alabar a Dios, que cre贸 la tierra y cuanto ella produce, a Dios que se complaci贸 en ella como algo "muy bueno" (Gn 1, 12), y la confi贸 al hombre para que la administrara de modo sabio y activo.

Amad铆simos hombres del mundo agr铆cola, a vosotros se os ha confiado la tarea de hacer fructificar la tierra. Es una tarea muy importante, cuya urgencia resulta cada vez m谩s evidente. La ciencia econ贸mica suele llamar "sector primario" a vuestro 谩mbito de trabajo. En el escenario de la econom铆a mundial, en relaci贸n con los dem谩s sectores, su espacio se presenta muy diferenciado, seg煤n los continentes y las naciones. Pero cualquiera que sea su peso en t茅rminos econ贸micos, basta el sentido com煤n para poner de relieve su "primado" real con respecto a las exigencias vitales del hombre. Cuando este sector es subestimado o descuidado, las consecuencias para la vida, la salud y el equilibrio ecol贸gico son siempre graves y, en general, dif铆cilmente remediables, al menos a corto plazo.

3. La Iglesia ha tenido siempre, una consideraci贸n especial por este 谩mbito de trabajo, que tambi茅n se ha expresado en importantes documentos magisteriales. A este prop贸sito, no podemos olvidar la enc铆clica Mater et magistra del beato Juan XXIII. 脡l puso oportunamente, por decirlo as铆, "el dedo en la llaga", denunciando los problemas que, por desgracia, ya en aquellos a帽os hac铆an de la agricultura un "sector deprimido", tanto por lo que toca "al 铆ndice de productividad del trabajo" como por lo que respecta "al nivel de vida de las poblaciones rurales" (n. 124).

Ciertamente, no se puede decir que los problemas se hayan solucionado en el arco de tiempo que va de la Mater et magistra a nuestros d铆as. M谩s bien, hay que constatar que se han a帽adido otros, en el marco de las nuevas problem谩ticas que derivan de la globalizaci贸n de la econom铆a y de la agudizaci贸n de la "cuesti贸n ecol贸gica".

4. Obviamente, la Iglesia no tiene soluciones "t茅cnicas" para proponer. Su contribuci贸n consiste en el testimonio evang茅lico, y se expresa a trav茅s de la propuesta de los valores espirituales que dan sentido a la vida y orientan las opciones concretas tambi茅n en el 谩mbito de la econom铆a y del trabajo.

El primer valor en juego cuando se considera la tierra y las personas que la trabajan es, sin duda alguna, el principio que atribuye la tierra a su Creador: 隆La tierra es de Dios! Por tanto, se la ha de tratar seg煤n su ley. Si, con respecto a los recursos naturales, se ha consolidado, especialmente por el impulso de la industrializaci贸n, una cultura irresponsable del "dominio" con consecuencias ecol贸gicas devastadoras, no responde ciertamente al designio de Dios. "Henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos" (Gn 1, 28). Con estas conocidas palabras del G茅nesis Dios entrega la tierra al hombre para que la use, no para que abuse de ella. Seg煤n ellas, el hombre no es el 谩rbitro absoluto del gobierno de la tierra, sino el "colaborador" del Creador: misi贸n estupenda, pero tambi茅n marcada por confines precisos, que no pueden superarse impunemente.

Es un principio que hay que recordar en la misma producci贸n, cuando se trata de promoverla con la aplicaci贸n de biotecnolog铆as, que no pueden evaluarse exclusivamente seg煤n intereses econ贸micos inmediatos. Es necesario someterlas previamente a un riguroso control cient铆fico y 茅tico, para evitar que desemboquen en desastres para la salud del hombre y el futuro de la tierra.

5. La pertenencia constitutiva de la tierra a Dios funda tambi茅n el principio, tan destacado en la doctrina social de la Iglesia, del destino universal de los bienes de la tierra (cf. Centesimus annus, 6). Lo que Dios dio al hombre, se lo dio con coraz贸n de Padre, que cuida de sus hijos, sin excluir a nadie. As铆 pues, la tierra de Dios es tambi茅n la tierra del hombre, y de todos los hombres. Ciertamente, esto no implica la ilegitimidad del derecho de propiedad, pero exige una concepci贸n, y una consiguiente regulaci贸n, que salvaguarden y promuevan su intr铆nseca "funci贸n social" (cf. Mater et magistra, 106; Populorum progressio, 23).

Todo hombre y todo pueblo tienen derecho a vivir de los frutos de la tierra. Es un esc谩ndalo intolerable, al comienzo del nuevo milenio, que much铆simas personas pasen a煤n hambre y vivan en condiciones indignas del hombre. Ya no podemos limitarnos a reflexiones acad茅micas: es preciso eliminar esta verg眉enza de la humanidad con adecuadas opciones pol铆ticas y econ贸micas de alcance planetario. Como escrib铆 en el Mensaje al director general de la Organizaci贸n de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentaci贸n (FAO) con ocasi贸n de la Jornada mundial de la alimentaci贸n, hay que "extirpar de ra铆z las causas del hambre y de la desnutrici贸n" (Mensaje del 4 de octubre de 2000: L'Osservatore Romano, edici贸n en lengua espa帽ola, 27 de octubre de 2000, p. 7). Como es sabido, son muchas las causas de esta situaci贸n. Entre las m谩s absurdas figuran los frecuentes conflictos internos de los Estados, a menudo verdaderas guerras entre pobres. Existe asimismo la gravosa herencia de una distribuci贸n de la riqueza con frecuencia injusta, dentro de cada naci贸n y a nivel mundial.

6. Se trata de un aspecto al que precisamente la celebraci贸n del jubileo nos pide prestar especial atenci贸n. En efecto, la instituci贸n originaria del jubileo, en su designio b铆blico, estaba orientada a restablecer la igualdad entre los hijos de Israel, tambi茅n a trav茅s de la restituci贸n de los bienes, para que los m谩s pobres pudieran levantarse, y todos pudieran experimentar, incluso en el 谩mbito de una vida digna, la alegr铆a de pertenecer al 煤nico pueblo de Dios.

Nuestro jubileo, en el bimilenario del nacimiento de Cristo, no puede por menos de manifestar este signo de fraternidad universal. Constituye un mensaje dirigido no s贸lo a los creyentes, sino tambi茅n a todos los hombres de buena voluntad, para que, en las opciones econ贸micas, se decidan a abandonar la l贸gica del mero inter茅s, y conjuguen los beneficios leg铆timos con el valor y la pr谩ctica de la solidaridad. Como he dicho en otras ocasiones, es necesaria una globalizaci贸n de la solidaridad, que supone a su vez una "cultura de la solidaridad", que debe florecer en el coraz贸n de cada uno.

7. Por consiguiente, al mismo tiempo que seguimos solicitando a los poderes p煤blicos, a las grandes fuerzas econ贸micas y a las instituciones m谩s influyentes a que act煤en en esa direcci贸n, debemos estar convencidos de que todos debemos llevar a cabo una "conversi贸n" personal.

Hemos de comenzar desde nosotros mismos. Por eso, en la enc铆clica Centesimus annus, adem谩s de los temas relativos a la problem谩tica ecol贸gica, se帽al茅 la urgencia de una "ecolog铆a humana". Con este concepto se quiere recordar que "no s贸lo la tierra ha sido dada por Dios al hombre, el cual debe usarla respetando la intenci贸n originaria de que es un bien, seg煤n la cual le ha sido dada; incluso el hombre es para s铆 mismo un don de Dios y, por tanto, debe respetar la estructura natural y moral de la que ha sido dotado" (n. 38). Si el hombre pierde el sentido de la vida y la seguridad de sus orientaciones morales, extravi谩ndose en la niebla del indiferentismo, ninguna pol铆tica ser谩 capaz de salvaguardar conjuntamente las razones de la naturaleza y las de la sociedad. En efecto, es el hombre quien puede construir y destruir, respetar y despreciar, compartir o rechazar. Tambi茅n los grandes problemas planteados por el sector agr铆cola, que os incumbe directamente, han de afrontarse no s贸lo como problemas "t茅cnicos" o "pol铆ticos", sino antes a煤n como "problemas morales".

8. Por tanto, cuantos act煤an con el nombre de cristianos tienen la responsabilidad ineludible de dar tambi茅n en este 谩mbito un testimonio cre铆ble. Por desgracia, en los pa铆ses del mundo que se suele definir "desarrollado" se va extendiendo un consumismo irracional, una especie de "cultura del derroche", que se ha convertido en un estilo generalizado de vida. Hay que contrastar esta tendencia. Educar para un uso de los bienes que no olvide jam谩s ni los l铆mites de los recursos disponibles ni la condici贸n de penuria de tantos seres humanos, y que, por consiguiente, forje el estilo de vida seg煤n el deber de la comuni贸n fraterna, es un verdadero desaf铆o pedag贸gico y una opci贸n de gran clarividencia. El mundo de los trabajadores de la tierra, con su tradici贸n de sobriedad, con su patrimonio de sabidur铆a acumulado incluso con grandes sufrimientos, puede dar aqu铆 una contribuci贸n incomparable.

9. Por tanto, os agradezco sinceramente este testimonio "jubilar", que atrae la atenci贸n de toda la comunidad cristiana y de la sociedad entera hacia los grandes valores de que es depositario el mundo agr铆cola. Caminad en la l铆nea de vuestra mejor tradici贸n, abri茅ndoos a todos los avances significativos de la era tecnol贸gica, pero conservando celosamente los valores perennes que os distinguen. Este es el camino para dar tambi茅n al mundo agr铆cola un futuro de esperanza. Una esperanza fundada en la obra de Dios, que el salmista canta as铆: "T煤 cuidas de la tierra, la riegas y la enriqueces sin medida" (Sal 65, 10).

Invocando esta solicitud de Dios, fuente de prosperidad y paz para las innumerables familias que trabajan en el mundo rural. Quiero impartir a todos la bendici贸n apost贸lica como conclusi贸n de este encuentro.

Consultas

© Copyright 2013. BIBLIOTECA ELECTR脫NICA CRISTIANA -BEC- VE MULTIMEDIOS鈩�. La versi贸n electr贸nica de este documento ha sido realizada por VE MULTIMEDIOS - VIDA Y ESPIRITUALIDAD. Todos los derechos reservados. La -BEC- est谩 protegida por las leyes de derechos de autor nacionales e internacionales que prescriben par谩metros para su uso. Hecho el dep贸sito legal.


Dise帽o web :: Hosting Cat贸lico