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Congregaci贸n para la Educaci贸n Cat贸lica, Dimensi贸n religiosa de la educaci贸n en la escuela cat贸lica. Orientaciones para la reflexi贸n y revisi贸n
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Dimensi贸n religiosa de la educaci贸n en la escuela cat贸lica. Orientaciones para la reflexi贸n y revisi贸n

INTRODUCCI脫N

1. El 28 de octubre de 1965 el Concilio Vaticano II aprob贸 la declaraci贸n Gravissimum educationis sobre la educaci贸n cristiana. Ella establece el elemento caracter铆stico de la escuela cat贸lica: 芦Esta persigue, en no menor grado que las dem谩s escuelas, los fines culturales y la formaci贸n humana de la juventud. Su nota distintiva es crear un ambiente en la comunidad escolar animado por el esp铆ritu evang茅lico de libertad y caridad, ayudar a los adolescentes para que en el desarrollo de la propia personalidad crezcan a un tiempo seg煤n la nueva criatura que han sido hechos por el bautismo, y ordenar, finalmente, toda la cultura humana seg煤n el mensaje de salvaci贸n, de suerte que quede iluminado por la fe el conocimiento que los alumnos van adquiriendo del mundo, de la vida y del hombre禄.1

El Concilio permite, pues, subrayar como caracter铆stica espec铆fica de la escuela cat贸lica, la dimensi贸n religiosa: a) en el ambiente educativo; b) en el desarrollo de la personalidad juvenil; c) en la coordinaci贸n entre cultura y evangelio; d) de modo que todo sea iluminado por la fe.

2. Han transcurrido ya m谩s de veinte a帽os desde la declaraci贸n conciliar; por tanto, acogiendo las sugerencias llegadas de muchas partes, la Congregaci贸n para la Educaci贸n Cat贸lica dirige una cordial invitaci贸n a todos los Excelent铆simos Ordinarios locales y a los Reverend铆simos Superiores y Superioras de los Institutos dedicados a la educaci贸n de la juventud, a fin de que examinen si se han seguido tales directrices del Concilio. La ocasi贸n, contando tambi茅n con los deseos expresados en la Segunda Asamblea General Extraordinaria del S铆nodo de los Obispos de 1985, no debe dejarse pasar. Al examen deben seguir decisiones sobre qu茅 cosa se puede y debe hacer, a fin de que las esperanzas puestas por la Iglesia en la misma escuela y compartidas por numerosas familias y alumnos, encuentren respuestas cada vez m谩s eficaces.

3. Para dar cumplimiento a la declaraci贸n conciliar, la Congregaci贸n ha intervenido en los problemas de estas escuelas. Con el documento La Escuela Cat贸lica2 present贸 un texto sobre su identidad y su misi贸n en el mundo de hoy. Con El laico cat贸lico testigo de la fe en la escuela3 quiso valorar el trabajo de los laicos, que se suma a aqu茅l de gran valor, que han realizado y realizan numerosas familias religiosas masculinas y femeninas. El presente texto se basa en las mismas fuentes, convenientemente actualizadas, de los documentos anteriores y guarda con ellos estrecha relaci贸n.4

4. Por fidelidad al tema propuesto, se tratar谩 s贸lo de las escuelas cat贸licas, esto es, de todas las escuelas e instituciones de ense帽anza y educaci贸n de cualquier orden y nivel pre-universitario dependientes de la autoridad eclesi谩stica, orientados a la formaci贸n de la juventud laica, que operan en el 谩rea de competencia de este Dicasterio. Conscientemente se dejan sin respuesta otros problemas. Hemos preferido centrar la atenci贸n en uno solo, antes que dispersarla en muchos. Esperamos poder tratar de ellos oportunamente.5

5. Las p谩ginas que siguen ofrecen orientaciones de car谩cter general. De hecho, las situaciones hist贸ricas, ambientales y personales difieren de un lugar a otro, de una escuela a otra y de una a otra clase.

La Congregaci贸n insta, por tanto, a los responsables de las escuelas cat贸licas: Obispos, Superiores y Superioras religiosos, Directores de centros, a que reflexionen sobre tales orientaciones generales y las adapten a las situaciones locales concretas, que s贸lo ellos conocen bien.

6. Las escuelas cat贸licas son frecuentadas tambi茅n por alumnos no cat贸licos y no cristianos. En algunos Pa铆ses constituyen, incluso, la gran mayor铆a. El Concilio era consciente de ello.6 Por tanto ser谩 respetada la libertad religiosa y de conciencia de los alumnos y de las familias. Libertad firmemente tutelada por la Iglesia.7

Por su parte, la escuela cat贸lica no puede renunciar a la libertad de proclamar el mensaje evang茅lico y exponer los valores de la educaci贸n cristiana. Es su derecho y su deber. Deber铆a quedar claro a todos que exponer o proponer no equivale a imponer. El imponer, en efecto, supone violencia moral, que el mismo mensaje evang茅lico y la disciplina de la Iglesia rechazan resueltamente.8

PRIMERA PARTE
LOS J脫VENES DE HOY ANTE LA DIMENSI脫N RELIGIOSA DE LA VIDA

1. La juventud en un mundo que cambia

7. El Concilio propuso un an谩lisis realista de la situaci贸n religiosa de nuestro tiempo;9 incluso hizo expresa referencia a la condici贸n juvenil.10 Otro tanto deben hacer los educadores. Cualquiera que sea el m茅todo que se use, proc煤rese aprovechar los resultados obtenidos en la encuesta sobre los j贸venes en su propio ambiente, sin olvidar que las nuevas generaciones, en ciertos aspectos, son diferentes de aqu茅llas a las que se refer铆a el Concilio.

8. Gran n煤mero de escuelas cat贸licas se encuentran en aquellas partes del mundo donde se producen actualmente profundos cambios de mentalidad y de vida. Se trata de grandes 谩reas urbanizadas, industrializadas, que progresan en la llamada econom铆a terciaria. Se caracterizan por la amplia disponibilidad de bienes de consumo, m煤ltiples oportunidades de estudio, complejos sistemas de comunicaci贸n. Los j贸venes est谩n en contacto con los 芦mass-media禄 desde los primeros a帽os de su vida. Escuchan opiniones de todo g茅nero. Se les informa precozmente de todo.

9. Por todos los medios posibles, entre ellos la escuela, reciben informaciones muy diversas, sin estar capacitados para ordenarlas sintetizarlas. De hecho no tienen todav铆a o no siempre, capacidad cr铆tica para distinguir lo que es verdadero y bueno de lo que no lo es, ni siempre disponen de puntos de referencia religiosa y moral, para asumir una postura independiente y recta frente a las mentalidades y a las costumbres dominantes. El perfil de lo verdadero, de lo bueno y de lo bello ha quedado tan difuso, que los j贸venes no saben qu茅 direcci贸n seguir; y si a煤n creen en algunos valores, son incapaces de sistematizarlos, inclin谩ndose, con frecuencia, a seguir su propia filosof铆a a tenor del gusto dominante.

Los cambios no llegan a todas partes del mismo modo ni con el mismo ritmo. En todo caso, a la escuela le toca indagar 芦in situ禄 el comportamiento religioso de los j贸venes, para conocer que piensan, como viven, como reaccionan donde los cambios son profundos, donde se est谩n iniciando y donde son rechazados por las culturas locales, pero que igualmente llegan a trav茅s de los medios de comunicaci贸n, para los que no existen fronteras.

2. La situaci贸n juvenil

10. A pesar de la gran diversidad de situaciones ambientales, los j贸venes manifiestan caracter铆sticas comunes que merecen la atenci贸n de los educadores.

Muchos de ellos viven con gran inestabilidad. Por una parte se encuentran en un mundo unidimensional, en el que s贸lo cuenta lo que es 煤til y, sobre todo, lo que ofrece resultados pr谩cticos y t茅cnicos. Por otra, parece que han superado ya esta etapa; de alg煤n modo se constata en todas partes voluntad de salir de ella.

11. Muchos j贸venes viven en un ambiente pobre en relaciones y sufren, por lo tanto, soledad y falta de afecto. Es un fen贸meno universal, a pesar de las diferentes condiciones de vida en las situaciones de opresi贸n, en el desarraigo de las 芦chabolas禄 y en las f r铆as viviendas del mundo moderno. Se nota, m谩s que en otros tiempos, el abatimiento de los j贸venes, y esto atestigua sin duda la gran pobreza de relaciones en la familia y en la sociedad.

12. Una gran masa de j贸venes mira con intranquilidad su propio porvenir. Esto es debido a que f谩cilmente se deslizan hacia la anarqu铆a de valores humanos, erradicados de Dios y convertidos en propiedad exclusiva del hombre. Esta situaci贸n crea en ellos cierto temor ligado, evidentemente, a los grandes problemas de nuestro tiempo, tales como: el peligro at贸mico, el desempleo, el alto porcentaje de separaciones y divorcios, la pobreza, etc. El temor y la inseguridad del porvenir implican, sobre todo, fuerte tendencia a la excesiva concentraci贸n en s铆 mismos y favorecen, al mismo tiempo, en muchas reuniones juveniles la violencia no s贸lo verbal.

13. No pocos j贸venes, al no saber dar un sentido a su vida, con tal de huir de la soledad, se refugian en el alcohol, la droga, el erotismo, en ex贸ticas experiencias, etc.

La educaci贸n cristiana tiene, en este campo, una gran tarea que cumplir con relaci贸n a la juventud: ayudarla a dar un significado a la vida.

14. La volubilidad juvenil se acent煤a con el paso del tiempo; a sus decisiones les falta firmeza: del 芦s铆禄 de hoy pasan con suma facilidad al 芦no禄 de ma帽ana.

Una vaga generosidad, en fin, caracteriza a muchos j贸venes. Surgen movimientos animados de gran entusiasmo, pero no siempre ordenados seg煤n una 贸ptica bien definida, ni iluminados desde el interior. Es importante, pues, aprovechar esas energ铆as potenciales y orientarlas oportunamente con la luz de la fe.

15. En alguna regi贸n, una encuesta particular podr铆a referirse al fen贸meno del alejamiento de la fe de muchos j贸venes. El fen贸meno comienza frecuentemente por el gradual abandono de la pr谩ctica religiosa. Con el tiempo nace una hostilidad hacia las instituciones eclesi谩sticas y una crisis de aceptaci贸n de la fe y de los valores morales a ella vinculados, especialmente en aquellos pa铆ses donde la educaci贸n general es laica o francamente atea. Este fen贸meno parece darse m谩s a menudo en zonas de fuerte desarrollo econ贸mico y de r谩pidos cambios culturales y sociales. Sin embargo, no es un fen贸meno reciente. Habi茅ndose dado en los padres, pasa a las nuevas generaciones. No es ya crisis personal, sino crisis religiosa de una civilizaci贸n. Se ha hablado de 芦ruptura entre Evangelio y Cultura禄11

16. El alejamiento toma, a menudo, aspecto de total indiferencia religiosa. Los expertos se preguntan si ciertos comportamientos juveniles no pueden interpretarse como sustitutivos para rellenar el vac铆o religioso: culto pagano al cuerpo, evasi贸n en la droga, gigantescos 芦ritos de masas禄 que pueden desembocar en formas de fanatismo o de alienaci贸n.

17. Los educadores no deben limitarse a observar los fen贸menos, sino que deben buscar sus causas. Quiz谩 haya carencias en el punto de partida, es decir, en el ambiente familiar. Tal vez es insuficiente la propuesta de la comunidad eclesial. La formaci贸n cristiana de la infancia y de la primera adolescencia no siempre resiste los choques del ambiente. Quiz谩 deba buscarse la causa, alguna vez, en la propia escuela cat贸lica.

18. Existen numerosos s铆ntomas positivos y muy prometedores. En una escuela cat贸lica, como en cualquier otra escuela, se pueden encontrar j贸venes ejemplares por su comportamiento religioso, moral y escolar. Analizando las causas de esta ejemplaridad, a menudo aparece un 贸ptimo ambiente familiar ayudado por la comunidad eclesial y por la misma escuela. Un conjunto de condiciones abierto a la acci贸n interior de la gracia.

Hay j贸venes que, buscando una religiosidad m谩s consciente, se preguntan por el sentido de la vida y encuentran en el Evangelio la respuesta a sus inquietudes. Otros, superando las crisis de indiferencia y duda, se acercan o retornan a la vida cristiana. Estas realidades positivas son motivo para esperar que la religiosidad de la juventud puede crecer en extensi贸n y profundidad.

19. Pero hay tambi茅n, j贸venes para los que su permanencia en la escuela cat贸lica influye poco en su vida religiosa; adoptan actitudes no positivas frente a las principales experiencias de las pr谩cticas cristianas 鈥攐raci贸n, participaci贸n en la Santa Misa, frecuencia de sacramentos鈥� o adoptan alguna forma de rechazo, sobre todo, respecto a la religi贸n de la Iglesia.

Podr铆amos tener escuelas irreprochables en el aspecto did谩ctico, pero que son defectuosas en su testimonio y en la exposici贸n clara de los aut茅nticos valores. En estos casos es evidente, desde el punto de vista pedag贸gico-pastoral, la necesidad de revisar no s贸lo la metodolog铆a y los contenidos educativos religiosos, sino tambi茅n el proyecto global en el que se desarrolla todo el proceso educativo de los alumnos.

20. Se deber铆a conocer mejor la naturaleza de la demanda religiosa juvenil. No pocos se preguntan para qu茅 vale tanta ciencia y tecnolog铆a, si todo puede acabar en una hecatombe nuclear; reflexionan sobre la civilizaci贸n que ha inundado el mundo de 芦cosas禄, incluso bellas y 煤tiles, y se preguntan si el fin del hombre consiste en tener muchas 芦cosas禄 y no en algo distinto que vale mucho m谩s; y quedan desconcertados por la injusticia de que haya pueblos libres y ricos y pueblos pobres y sin libertad.

21. En muchos j贸venes, la posici贸n cr铆tica frente al mundo, llega a ser demanda cr铆tica ante la religi贸n para saber si ella puede responder a los problemas de la humanidad. En muchos, hay una exigencia de profundizaci贸n en la fe y de vivir con coherencia. A ella se a帽ade otra de compromiso responsable en la acci贸n.

Los observadores valorar谩n el fen贸meno de los grupos juveniles y de los movimientos de espiritualidad, apostolado y servicio. Se帽al de que los j贸venes no se contentan con palabras, sino que quieren hacer algo que valga para s铆 mismos y para los dem谩s.

22. La escuela cat贸lica acoge a millones de j贸venes de todo el mundo,12 hijos de su estirpe, de su naci贸n, de sus tradiciones, de sus familias y, tambi茅n, hijos de nuestro condiciones a las tiempo. Cada uno lleva en s铆 mismo las huellas de su origen y los rasgos de su individualidad. Esta escuela no se limita a impartir lecciones, sino que desarrolla un proyecto educativo iluminado por el mensaje evang茅lico y atento a las necesidades de los j贸venes de hoy. El conocimiento exacto de la realidad sugiere las mejores actuaciones educativas.

23. Seg煤n los casos, hay que volver a empezar desde los fundamentos, integrar aquello que los alumnos han asimilado, dar respuesta a las cuestiones que surgen en su esp铆ritu curioso y cr铆tico, destruir el muro de la indiferencia, ayudar a los ya bien educados a llegar a un 芦camino mejor禄 y darles una ciencia unida a la sabidur铆a cristiana.13 Las formas y el avance gradual en el desarrollo del proyecto educativo est谩n, pues, condicionados y guiados por el nivel de conocimiento de las situaciones personales de los alumnos.14

SEGUNDA PARTE
DIMENSI脫N RELIGIOSA DEL AMBIENTE

1. Concepto de ambiente educativo cristiano

24. Tanto la pedagog铆a actual como la del pasado, da mucha importancia al ambiente educativo. Este es el conjunto de elementos coexistentes y cooperantes capaces de ofrecer condiciones favorables al proceso formativo. Todo proceso educativo se desarrolla en ciertas condiciones de espacio y tiempo, en presencia de personas que act煤an y se influyen rec铆procamente, siguiendo un programa racionalmente ordenado y aceptado libremente. Por tanto, personas, espacios, tiempo, relaciones, ense帽anza, estudio y actividades diversas son elementos que hay que considerar en una visi贸n org谩nica del ambiente educativo.

25. Desde el primer d铆a de su ingreso en la escuela cat贸lica, el alumno debe recibir la impresi贸n de encontrarse en un ambiente nuevo, iluminado por la fe y con caracter铆sticas peculiares. El Concilio las resumi贸 en un ambiente animado del esp铆ritu evang茅lico de caridad y libertad.15 Todos deben poder percibir en la escuela cat贸lica la presencia viva de Jes煤s 芦Maestro禄 que, hoy como siempre, camina por la v铆a de la historia y es el 煤nico 芦Maestro禄 y Hombre perfecto en quien todos los valores encuentran su plena valoraci贸n.

Pero es preciso pasar de la inspiraci贸n ideal a la realidad. El esp铆ritu evang茅lico debe manifestarse en un estilo cristiano de pensamiento y de vida que impregne a todos los elementos del ambiente educativo.

La imagen del Crucificado en el ambiente recordar谩 a todos, educadores y alumnos, esta sugestiva y familiar presencia de Jes煤s 芦Maestro禄, que en la cruz nos dio la lecci贸n m谩s sublime y completa.

26. Los educadores cristianos, como personas y como comunidad, son los primeros responsables en crear el peculiar estilo cristiano. La dimensi贸n religiosa del ambiente se manifiesta a trav茅s de la expresi贸n cristiana de valores como la palabra, los signos sacramentales, los comportamientos, la misma presencia serena y acogedora acompa帽ada de amistosa disponibilidad. Por este testimonio diario los alumnos comprender谩n 芦qu茅禄 tiene de espec铆fico el ambiente al que est谩 confiada su juventud. Si as铆 no fuera, poco o nada quedar铆a de una escuela cat贸lica.

2. La escuela cat贸lica como ambiente f铆sico

27. Muchos alumnos frecuentan la escuela cat贸lica desde la infancia hasta la madurez. Es justo que sientan la escuela como una prolongaci贸n de su casa. Es obligado, tambi茅n, que la escuela-casa posea alguna de aquellas caracter铆sticas que hacen agradable la vida en un ambiente familiar feliz. Y, donde 茅ste no existe, la escuela puede hacer mucho para que sea menos dolorosa la falta del mismo.

28. A crear ese ambiente agradable contribuye la adecuada distribuci贸n del edificio, con zonas reservadas a las activldades did谩cticas, recreativas y deportivas y a otras, tales como reuniones de padres, profesores, trabajos de grupo etc. Las posibilidades, sin embargo, var铆an de un lugar a otro. Con realismo debe admitirse que existen edificios desprovistos de funcionalidad y comodidad. Sin embargo, los alumnos en un ambiente materialmente modesto se encontrar谩n igualmente a gusto, si humana y espiritualmente es rico.

29. El testimonio de sencillez y pobreza evang茅licas caracteristico de la escuela catol铆ca no es contrario a la adecuada dotaci贸n de material did谩ctico. El dinamismo del progreso tecnol贸gico exige que las escuelas est茅n provistas de equipos a veces complejos y costosos. No es un lujo, sino un deber basado en la finalidad did谩ctica de la escuela. Por ello las escuelas de la Iglesia tienen derecho a recibir ayuda para su actualizaci贸n did谩ctica.16 Personas y entidades deber铆an cumplir con esta necesaria obra de ayuda.

Los alumnos, por su parte, se responsabilizar谩n del cuidado de su escuela-casa para conservarla en las mejores condiciones de orden y limpieza. El cuidado del ambiente es un cap铆tulo de la educaci贸n ecol贸gica cada d铆a m谩s sentida y necesaria.

En la organizaci贸n y en el desarrollo de la escuela cat贸lica como 芦casa禄, ser谩 de gran ayuda el conocimiento de la presencia en ella de Mar铆a Sant铆sima, Madre y Maestra de la Iglesia, que sigui贸 el crecimiento en sabidur铆a y en gracia de su Hijo y, desde el comienzo, acompa帽a a la Iglesia en su misi贸n salvadora.

30. Contribuye grandemente a los fines de la educaci贸n el emplazamiento de la capilla en el conjunto de la construcci贸n, no como cuerpo extra帽o, sino como lugar familiar e 铆ntimo donde los j贸venes creyentes encuentran la presencia del Se帽or: 芦Sabed que yo estoy con vosotros todos los d铆as禄.17 Y donde, adem谩s, se tienen, con cuidado especial, las celebraciones lit煤rgicas previstas en el calendario del curso escolar en armon铆a con la comunidad eclesial.

3. La escuela cat贸lica como ambiente eclesial educador

31. La declaraci贸n Gravissimum educationis18 marca un cambio decisivo en la historia de la escuela cat贸lica: el paso de la escuela-instituci贸n al de escuela-comunidad. La dimensi贸n comunitaria es especialmente fruto de la diversa conciencia que de Iglesia alcanz贸 el Concilio. Dicha dimensi贸n comunitaria en cuanto tal no es en el texto conciliar una simple categor铆a sociol贸gica, sino que es, sobre todo, teol贸gica. De este modo se recobra la visi贸n de Iglesia como Pueblo de Dios, tratada en el cap铆tulo segundo de la Lumen gentium.

La Iglesia, reflexionando sobre la misi贸n que el Se帽or le confi贸, escoge en cada momento los medios pastorales que cree m谩s eficaces para el anuncio evang茅lico y la promoci贸n completa del hombre. Considerada en este marco, tambi茅n la escuela cat贸lica desempe帽a un verdadero y espec铆fico servicio pastoral, pues efect煤a una mediaci贸n cultural, fiel a la nueva evang茅lica y, al mismo tiempo, respetuosa de la autonom铆a y competencia propias de la investigaci贸n cient铆fica.

32. De la escuela-comunidad forman parte todos los que est谩n comprometidos directamente en ella: profesores, personal directivo, administrativo y auxiliar; los padres, figura central en cuanto naturales e insustituibles educadores de sus hijos y, los alumnos, copart铆cipes y responsables como verdaderos protagonistas y sujetos activos del proceso educativo.19

La comunidad escolar en su conjunto 鈥攃on diversidad de funciones, pero con id茅nticos fines鈥� posee las caracter铆sticas de la comunidad cristiana, si es un lugar impregnado de caridad.

33. La escuela cat贸lica tiene desde el Concilio una identidad bien definida: posee todos los elementos que le permiten ser reconocida no s贸lo como medio privilegiado para hacer presente a la Iglesia en la sociedad, sino tambi茅n como verdadero y particular sujeto eclesial. Ella misma es, pues, lugar de evangelizaci贸n, de aut茅ntico apostolado y de acci贸n pastoral, no en virtud de actividades complementarias o paralelas o paraescolares, sino por la naturaleza misma de su misi贸n, directamente dirigida a formar la personalidad cristiana. En este aspecto es esclarecedor el pensamiento del Santo Padre, Juan Pablo II, para quien 芦la escuela cat贸lica no es un hecho marginal o secundario en la misi贸n pastoral del obispo. Tampoco se le puede atribuir 煤nicamente una funci贸n de mera suplencia de la escuela estatal禄.20

34. La escuela cat贸lica encuentra su verdadera justificaci贸n en la misi贸n misma de la Iglesia; se basa en un proyecto educativo en el que se funden arm贸nicamente fe, cultura y vida. Por su medio la Iglesia local evangeliza, educa y colabora en la formaci贸n de un ambiente moralmente sano y firme en el pueblo.

El mismo Pont铆fice afirm贸 tambi茅n que, 芦la necesidad de la escuela cat贸lica se manifiesta, con toda su clara evidencia, en su contribuci贸n al cumplimiento de la misi贸n del pueblo de Dios, al di谩logo entre Iglesia y comunidad humana, a la tutela de la libertad de conciencia ...禄. Para el Pont铆fice, la escuela cat贸lica busca, sobre todo, el logro de dos objetivos: ella, 芦en efecto, por s铆 misma tiene por fin conducir al hombre a su perfecci贸n humana y cristiana y a su maduraci贸n en la fe. Para los creyentes en el mensaje de Cristo, son dos facetas de una 煤nica realidad禄.21

35. La mayor parte de las escuelas cat贸licas dependen de Institutos de vida consagrada, los cuales enriquecen el ambiente escolar con los valores de su comunidad de consagrados. Con su misma vida comunitaria manifiestan visiblemente la vida de la Iglesia que ora, trabaja y ama.

Sus miembros ofrecen su vida al servicio de los alumnos, sin intereses personales, convencidos de que en ellos sirven al Se帽or.22 Aportan a la escuela la riqueza de su tradici贸n educativa, moldeada en el carisma fundacional. Ofrecen una preparaci贸n profesional esmerada, exigida por su vocaci贸n docente, e iluminan su trabajo con la fuerza y el amor de su propia consagraci贸n.

Los alumnos comprender谩n el valor de su testimonio. M谩s a煤n, cobrar谩n especial afecto a estos educadores, que saben conservar el don de una perenne juventud espiritual. Tal afecto perdurar谩 por mucho tiempo una vez finalizados los a帽os de escuela.

36. La Iglesia alienta la consagraci贸n de cuantos quieren vivir su propio carisma educativo.23 Anima a los educadores a no desistir de su labor, aun cuando vaya acompa帽ada de sufrimientos y dificultades. Antes bien, desea y reza para que otros muchos sigan su especial vocaci贸n. Pero si aparecieran dudas e incertidumbres, si se multiplicaran las dificultades deben retornar a los primeros d铆as de su consagraci贸n, la que es una forma de holocausto.24 Holocausto aceptado 芦en la perfecci贸n del amor, que es el fin de la vida consagrada禄.25 Y tanto m谩s meritorio cuanto se consume en servicio de la juventud, esperanza de la Iglesia.

37. Tambi茅n los educadores laicos, no menos que los sacerdotes y religiosos, aportan a la escuela cat贸lica su competencia y el testimonio de su fe. Este testimonio laical, vivido como ideal, es ejemplo concreto para la vocaci贸n de la mayor铆a de los alumnos. A los educadores laicos cat贸licos la Congregaci贸n dedic贸 un documento especial,26 concebido como un llamamiento a la responsabilidad apost贸lica de los laicos en el campo educativo, y por tanto, como participaci贸n fraterna en una misi贸n com煤n, que encuentra su punto de uni贸n en la unidad de la Iglesia. En ella todos son miembros activos y cooperadores, en uno u otro campo de acci贸n, aunque viviendo en estados diversos de vida, seg煤n la vocaci贸n de cada uno.

38. De esto se sigue que la Iglesia funda sus escuelas y las conf铆a a los laicos; o tambi茅n, que sean 茅stos los que las establezcan. En todo caso el reconocimiento de escuela cat贸lica est谩 reservado a la autoridad competente.27 En tales circunstancias, los laicos tendr谩n como primera preocupaci贸n la de crear un ambiente comunitario penetrado por el esp铆ritu de caridad y libertad, atestiguado por su misma vida.

39. La comunidad educativa trabaja tanto m谩s eficazmente cuanto m谩s se refuerza en el ambiente la voluntad de participaci贸n. El proyecto educativo debe interesar igualmente a educadores, j贸venes y familias, de modo que cada uno pueda cumplir su parte, siempre con esp铆ritu evang茅lico de caridad y libertad. Las v铆as de comunicaci贸n deben estar, por lo tanto, abiertas en todas las direcciones entre quienes est谩n interesados en la vida de la escuela. Un ambiente positivo favorece los encuentros. Y a su vez, un an谩lisis fraterno de los problemas comunes lo enriquece.

Frente a los problemas diarios de la vida, agravados quiz谩s por incomprensiones y tensiones, la voluntad de participar en el programa educativo puede allanar dificultades, conciliar puntos de vista diferentes, facilitar la toma de decisiones en armon铆a con el proyecto educativo y, respetando la autoridad, hacer tambi茅n posible la evaluaci贸n cr铆tica de la marcha de la escuela con la participaci贸n de educadores, alumnos y familias en el com煤n intento de procurar el bien com煤n.

40. El clima comunitario de las escuelas primarias, en consideraci贸n a las peculiares condiciones de los alumnos, reproducir谩 en lo posible el ambiente 铆ntimo y acogedor de la familia. Los responsables se empe帽ar谩n en fomentar rec铆procas relaciones llenas de gran confianza y espontaneidad. Ser谩n, tambi茅n, sol铆citos en establecer estrecha y constante colaboraci贸n con los padres de los alumnos. La integraci贸n funcional entre escuela y familia representa, en efecto, la condici贸n esencial en la que se hacen evidentes y desarrollan todas las facultades que los alumnos revelan en relaci贸n con uno u otro ambiente, incluida su apertura al sentimiento religioso y lo que tal apertura supone.

41. La Congregaci贸n quiere expresar su reconocimiento y satisfacci贸n a aquellas di贸cesis que trabajan, sobre todo, por medio de las escuelas parroquiales primarias, muy merecedoras de la ayuda de toda la comunidad eclesial, y a aquellos Institutos religiosos que sostienen con evidentes sacrificios las escuelas primarias. Anima ardientemente a cuantas di贸cesis e Institutos religiosos tienen el deseo y la voluntad de crearlos.

No basta el cine, los entretenimientos, el campo de deportes, y la misma aula de religi贸n, a menudo, no es suficiente. Se necesita la escuela. Con lo que se llega a una meta que en algunos pa铆ses ha sido el punto de partida. All铆, en efecto, se comenz贸 con la escuela, para construir despu茅s el edificio sagrado y promover una nueva comunidad cristiana.28

4. La escuela cat贸lica como comunidad abierta

42. La escuela cat贸lica tiene inter茅s en proseguir e intensificar la colaboraci贸n con las familias. Esta colaboraci贸n tiene por objeto no s贸lo las cuestiones escolares, sino que tiende, sobre todo, a la realizaci贸n del proyecto educativo, y se acrecienta cuando se trata de cuestiones delicadas, como: la formaci贸n religiosa, moral y sexual, la orientaci贸n profesional y la opci贸n por vocaciones especiales. Colaboraci贸n que no se debe a motivos de oportunidad, sino que se basa en motivos de fe. La tradici贸n cat贸lica ense帽a que la familia tiene una misi贸n educativa propia y original, que viene de Dios.

43. Los padres son los primeros y principales educadores de sus hijos.29 La escuela es consciente de ello. Mas no siempre lo son las familias. La escuela, en este caso, asume tambi茅n el deber de instruirlos. Todo lo que se haga a este respecto ser谩 poco. El camino que hay que seguir es el de la apertura, del encuentro y de la colaboraci贸n. No pocas veces sucede que cuando se habla de los hijos, se despierta la conciencia educativa de los padres. Al mismo tiempo, la escuela trata de involucrar sobre todo a las familias en el proyecto educativo, sea en la etapa de programaci贸n, sea en la de evaluaci贸n. La experiencia ense帽a que padres poco sensibles en un principio han llegado a ser 贸ptimos colaboradores despu茅s.

44. 芦La presencia de la Iglesia en el campo escolar se manifiesta especialmente por la escuela cat贸lica禄.30 Esta afirmaci贸n del Concilio tiene valor hist贸rico y program谩tico. En muchos lugares, y desde tiempos lejanos, las escuelas de la Iglesia han surgido en torno a los monasterios, a las iglesias catedrales y parroquiales. Signo visible de presencia y de unidad.

La Iglesia ha amado sus escuelas, donde cumple el deber de formar a sus hijos. Despu茅s de haberlas establecido por obra de obispos, de innumerables familias de vida consagrada y de laicos, no ha cesado de sostenerlas en las dificultades de todo g茅nero y de defenderlas frente a gobiernos inclinados a abolirlas o a apropiarse de ellas.

A la presencia de la Iglesia en la escuela corresponde la de la escuela en la Iglesia. Es la consecuencia l贸gica de una rec铆proca vinculaci贸n. La Iglesia que es horizonte preciso e insuperable de la Redenci贸n de Cristo y, tambi茅n, el lugar donde la escuela cat贸lica se sit煤a como en su manantial, reconociendo en el Papa el centro y la medida de la unidad de toda la comunidad cristiana. El amor y la fidelidad a la Iglesia animan la escuela cat贸lica.

Los educadores unidos entre s铆 en comuni贸n generosa y humilde con el Papa, encuentran luz y fuerza para una aut茅ntica educaci贸n cristiana. En t茅rminos pr谩cticos, el proyecto educativo de la escuela est谩 abierto a la vida y a los problemas de la Iglesia local y universal, atento al magisterio eclesi谩stico y dispuesto a la colaboraci贸n. A los alumnos cat贸licos se les ayuda a insertarse en la comunidad parroquial y diocesana. Encontrar谩n la forma de adherirse a las asociaciones y movimientos juveniles y de colaborar en iniciativas locales.

Con el trato directo entre las escuelas cat贸licas, el obispo y dem谩s ministros de la comunidad eclesial, se reforzar谩n la estima y cooperaci贸n mutuas. De hecho, hoy d铆a, el inter茅s de las Iglesias locales por las escuelas cat贸licas va haci茅ndose m谩s vivo en las diversas partes del mundo.31

45. La educaci贸n cristiana exige respeto hacia el Estado y sus representantes, observancia de las leyes justas y b煤squeda del bien com煤n. Por tanto, todas las causas nobles, como: libertad, justicia, trabajo, progreso ... est谩n presentes en el proyecto educativo y son sinceramente sentidas en el ambiente de la escuela. Acontecimientos y celebraciones nacionales de los respectivos Pa铆ses tienen en 茅l la debida resonancia.

Del mismo modo est谩n presentes y se viven los problemas de la sociedad internacional. Para la educaci贸n cristiana, la humanidad es una gran familia dividida, sin duda, por razones hist贸ricas y pol铆ticas, pero siempre unida en Dios, Padre de todos. De ah铆 que los llamamientos de la Iglesia en favor de la paz, justicia, libertad, progreso de todos los pueblos y ayuda fraterna a los menos afortunados, tienen en la escuela convencida acogida. An谩loga atenci贸n presta a los llamamientos provenientes de autorizados organismos internacionales, tales como la ONU y la UNESCO.

46. La apertura de las escuelas cat贸licas a la sociedad civil es una realidad que cualquiera puede constatar. Por lo que, gobiernos y opini贸n p煤blica deber铆an reconocer la labor de estas escuelas como servicio real a la sociedad. No es noble aceptar el servicio e ignorar o combatir al servidor. Afortunadamente parece que la comprensi贸n hacia las escuelas cat贸licas va mejorando, al menos en un buen n煤mero de Pa铆ses.32 Hay indicios de que los tiempos cambian, como lo demuestra una reciente encuesta hecha por la Congregaci贸n.

TERCERA PARTE
DIMENSI脫N RELIGIOSA DE LA VIDA Y DEL TRABAJO ESCOLARES

1. Dimensi贸n religiosa de la vida escolar

47. Los alumnos emplean la mayor parte de sus d铆as y de su juventud en la vida y trabajo escolares. A menudo se identifica 芦escuela禄 con 芦ense帽anza禄. En realidad la docencia es s贸lo una parte de la vida escolar.

En armon铆a con la actividad did谩ctica desarrollada por el profesor, est谩 la participaci贸n del alumno que trabaja individual y comunitariamente: estudio, investigaci贸n, ejercicios, actividades para-escolares, ex谩menes, relaciones con los profesores y compa帽eros, actividades de grupo, asambleas de clase y de centro ...

En la compleja vida escolar, la escuela cat贸lica, totalmente af铆n a las otras escuelas, difiere de ellas en un punto esencial: ella est谩 anclada en el Evangelio, de donde le viene su inspiraci贸n y su fuerza. El principio de que ning煤n acto humano es moralmente indiferente ante la propia conciencia y ante Dios encuentra aplicaci贸n precisa en la vida escolar. De ah铆 el trabajo escolar acogido como deber y desarrollado con buena voluntad; 谩nimo y perseverancia en los momentos dif铆ciles; respeto al profesor; lealtad y caridad con los compa帽eros; sinceridad, tolerancia y bondad con todos.

48. No es s贸lo progreso educativo humano, sino verdadero itinerario cristiano hacia la perfecci贸n. El alumno religiosamente sensible sabe que cumple la voluntad de Dios en el trabajo y en las relaciones humanas cotidianas, y que sigue el ejemplo del Maestro, quien ocup贸 su juventud en el trabajo e hizo bien a todos.33

Otros estudiantes, que no tienen esta dimensi贸n religiosa, no podr谩n obtener frutos ben茅ficos y se exponen a vivir superficialmente los a帽os m谩s hermosos de su juventud.

49. En el marco de la vida escolar merece una menci贸n especial el trabajo intelectual del alumno. Este trabajo no debe ir separado de la vida cristiana, entendida como adhesi贸n al amor de Dios y cumplimiento de su voluntad. La luz de la fe cristiana estimula el deseo de conocer el universo creado por Dios. Enciende el amor a la verdad, que excluye la superficialidad en el aprender y en el juzgar. Reaviva el sentido cr铆tico, que rechaza la aceptaci贸n ingenua de muchas afirmaciones. Conduce al orden, al m茅todo y a la precisi贸n, expresi贸n de una mente bien formada y que trabaja con sentido de responsabilidad. Soporta el sacrificio y tiene la constancia requeridos por el trabajo intelectual. En las horas de trabajo el estudiante cristiano recuerda la ley del G茅nesis34 y la invitaci贸n del Se帽or.35

50. El trabajo intelectual, enriquecido con esta dimensi贸n religiosa, act煤a, por lo tanto, en diversas direcciones: estimula con nuevas motivaciones el rendimiento escolar, refuerza la formaci贸n de la personalidad cristiana y enriquece al alumno con m茅ritos sobrenaturales. Ser铆a una pena que los j贸venes confiados a las escuelas de la Iglesia afrontaran tantas fatigas ignorando estas realidades.

2. Dimensi贸n religiosa de la cultura escolar

51. El crecimiento del cristiano sigue arm贸nicamente el ritmo del desarrollo escolar. Con el paso de los a帽os, se impone en la escuela cat贸lica, con exigencia creciente, la coordinaci贸n entre cultura y fe.36 En esta escuela, la cultura humana sigue siendo cultura humana, expuesta con objetividad cient铆fica. Pero el profesor y el alumno creyentes exponen y reciben cr铆ticamente la cultura sin separarla de la fe.37 Si se diera esta separaci贸n ser铆a un empobrecimiento espiritual.

La coordinaci贸n entre el universo cultural humano y el universo religioso se produce en el intelecto y en la conciencia del mismo hombre-creyente. Los dos universos no son paralelas entre las que no es posible la comunicaci贸n. Cuando se buscan los puntos de contacto, que hay que individuar en la persona humana, protagonista de la cultura y sujeto de la religi贸n, se encuentran.38 Encontrarlos no es competencia exclusiva de la ense帽anza religiosa. A ello dedica un tiempo limitado. Las otras ense帽anzas disponen de muchas horas al d铆a para ello.

Todos los profesores tienen el deber de actuar de mutuo acuerdo. Cada uno desarrollar谩 su programa con competencia cient铆fica, mas, en el momento adecuado, ayudar谩 a los alumnos a mirar m谩s all谩 del horizonte limitado de las realidades humanas. En la escuela cat贸lica y, an谩logamente, en toda otra escuela Dios no puede ser el Gran-Ausente o un intruso mal recibido. El Creador del universo no obstaculiza el trabajo de quien quiere conocer dicho universo, que la fe llena de significados nuevos.

52. La escuela cat贸lica media o secundaria prestar谩 atenci贸n especial a los desaf铆os que la cultura lanza a la fe. Se ayudar谩 a los estudiantes a conseguir la s铆ntesis de fe y cultura, necesaria para la madurez del creyente y a identificar y refutar cr铆ticamente las deformaciones culturales, que atentan contra la persona y, por tanto, son contrarias al Evangelio.39

Nadie se hace la ilusi贸n de que los problemas de la religi贸n y la fe pueden encontrar total soluci贸n en la sola realidad de la escuela. Sin embargo, se quiere expresar la convicci贸n de que el ambiente escolar es el camino privilegiado para afrontar de manera adecuada los problemas indicados arriba.

La declaraci贸n Gravissimum educationis, en sinton铆a con la Gaudium et spes,40 se帽ala como una de las caracter铆sticas de la escuela cat贸lica, la de interpretar y disponer la cultura humana a la luz de la fe.41

53. El ordenamiento de toda la cultura al anuncio de la salvaci贸n, seg煤n las indicaciones del Concilio, no puede obviamente significar que la escuela cat贸lica no debe respetar la autonom铆a y metodolog铆a propias de las diversas ciencias del saber humano, y que puede considerar a las dem谩s ciencias como simples auxiliares de la fe. Lo que se quiere subrayar es que la justa autonom铆a de la cultura debe ser distinta de una visi贸n aut贸noma del hombre y del mundo que niegue los valores espirituales o prescinda de ellos.

En este campo es indispensable tener presente que la fe, que no se identifica con ninguna cultura y es independiente de todas ellas, est谩 llamada a inspirar a todas: 芦Una fe que no se hace cultura es una fe que no ha sido recibida plenamente, ni pensada enteramente, ni vivida fielmente禄 .42

54. Los programas y las reformas escolares de muchos Pa铆ses reservan cada vez m谩s espacio a las ense帽anzas cient铆fica y tecnol贸gica. A estas ense帽anzas no les puede faltar la dimensi贸n religiosa. Se ayudar谩 a los alumnos a comprender que el mundo de las ciencias de la naturaleza y sus respectivas tecnolog铆as pertenecen al mundo creado por Dios. Tal comprensi贸n acrecienta el gusto por la investigaci贸n. Desde los lejan铆simos cuerpos celestes y las incomensurables fuerzas c贸smicas hasta las infinitesimales part铆culas y fuerzas de la materia, todo lleva en s铆 la impronta de la sabidur铆a y del poder del Creador. La admiraci贸n antigua que sent铆a el hombre b铆blico ante el universo,43 es v谩lida para el estudiante moderno, con la diferencia de que 茅ste posee conocimientos m谩s vastos y profundos. No hay contradicci贸n entre fe y verdadera ciencia de la naturaleza, porque Dios es la causa primera de una y otra.

El estudiante que posee armonizadas una y otra en su esp铆ritu, estar谩 mejor preparado, en sus futuras ocupaciones profesionales, para emplear ciencia y t茅cnica al servicio del hombre y de Dios. Es como restituir a 茅l, lo que 茅l nos ha dado.44

55. La escuela cat贸lica debe esforzarse por superar la fragmentaci贸n e insuficiencia de los programas. A los profesores de etnolog铆a, biolog铆a, sicolog铆a, sociolog铆a y filosof铆a se les presenta la ocasi贸n de exponer una visi贸n unitaria del hombre, necesitado de redenci贸n, e introducir en ellas la dimensi贸n religiosa. Se ayudar谩 a los alumnos a concebir al hombre como un ser viviente con naturaleza f铆sica y espiritual, y con alma inmortal. Los mayores llegar谩n a un concepto m谩s maduro de la persona con todo lo que le pertenece: inteligencia, voluntad, libertad, sentimientos, facultades operativas y creativas, derechos y obligaciones, relaciones sociales y misi贸n en el mundo y en la historia.

56 Esta visi贸n del hombre est谩 caracterizada por la dimensi贸n religiosa. El hombre posee una dignidad y grandeza superior a toda otra criatura porque es obra de Dios, elevado al orden sobrenatural como hijo de Dios y, por tanto, con un origen divino y un destino eterno que trasciende este universo.45 El profesor de religi贸n encuentra el camino preparado para presentar org谩nicamente la antropolog铆a cristiana.

57 Todo pueblo ha heredado un patrimonio sapiencial. Muchos se inspiran en concepciones filos贸fico-religiosas de vitalidad milenaria. El genio sistem谩tico heleno y europeo ha producido con los siglos no s贸lo una multitud de doctrinas, sino tambi茅n un sistema de verdades, que ha sido reconocido como filosof铆a perenne. La escuela cat贸lica hace suyos los programas vigentes, pero los acoge en el marco global de la perspectiva religiosa.

Se pueden dar algunos criterios: Respeto al hombre que busca la verdad, plante谩ndose los grandes problemas de la existencia.46 Confianza en su capacidad de alcanzarla, al menos en cierta medida; no confianza sentimental, sino religiosamente justificada, en cuanto que Dios, que cre贸 al hombre 芦a su imagen y semejanza禄, no le ha negado la inteligencia para descubrir la verdad necesaria para orientar su vida.47 Sentido cr铆tico para juzgar y elegir entre lo verdadero y lo que no lo es.48 Atenci贸n a un cuadro sistem谩tico, como el ofrecido por la filosof铆a perenne, para situar en 茅l las respuestas humanas adecuadas a las cuestiones que se refieren al hombre, al mundo, a Dios49 Intercambio vital entre las culturas de los pueblos y el mensaje evang茅lico.50 Plenitud de verdad contenida en el mismo mensaje evang茅lico, que acoge e integra la cultura de los pueblos y los enriquece con la revelaci贸n de los misterios divinos, que s贸lo Dios conoce y que, por amor, ha querido revelar al hombre.51 De este modo, en la inteligencia de los alumnos, que por el estudio de la filosof铆a se han acostumbrado a pensar profundamente, la sabidur铆a humana se encuentra con la sabidur铆a divina.

58 El profesor orienta el trabajo de los alumnos de modo que descubran la dimensi贸n religiosa en el universo de la historia humana. Primeramente les har谩 sentir gusto por la verdad hist贸rica y por consiguiente el deber de criticar los programas y textos impuestos a veces por los gobiernos o manipulados seg煤n la ideolog铆a de los autores. Luego, los conducir谩 a concebir la historia en su realidad como el teatro de las grandezas y miserias del hombre.52

Protagonista de la historia es el hombre que proyecta en el mundo, agigantados, el bien y el mal que lleva en s铆 mismo. La historia asume el aspecto de una lucha terrible entre ambas realidades.53 Por esto la historia resulta objeto de un juicio moral. Pero el juicio ha de ser imparcial.

59. Para ello el profesor ayudar谩 a los alumnos a captar el sentido de la universalidad de la historia. Mirando las cosas desde arriba, ver谩n las conquistas de la civilizaci贸n, del progreso econ贸mico, de la libertad y de la colaboraci贸n entre los pueblos. Tales conquistas tranquilizar谩n su esp铆ritu turbado por las p谩ginas oscuras de la historia. Pero a煤n no es todo. Oportunamente les invitar谩 a reflexionar sobre c贸mo los aconteceres humanos son atravesados por la historia de la salvaci贸n universal. En este momento la dimensi贸n religiosa de la historia comenzar谩 a aparecer en su luminosa grandeza.54

60. El crecimiento de la ense帽anza cient铆fica y t茅cnica no debe marginar la human铆stica: filosof铆a, historia, literatura y arte. Todos los pueblos, desde sus or铆genes m谩s remotos, han creado y transmitido su legado art铆stico y literario. Reuniendo estas riquezas culturales, se obtiene el patrimonio de la humanidad. De este modo el profesor, mientras despierta en los alumnos el gusto est茅tico, los educa en el mejor conocimiento de la gran familia humana. El camino m谩s f谩cil para descubrir la dimensi贸n religiosa en el mundo art铆stico y literario, consiste en partir desde expresiones concretas. En todo pueblo, el arte y la literatura han tenido relaci贸n con las creencias religiosas. El patrimonio art铆stico y literario cristiano, a su vez, tiene tal amplitud, que constituye una prueba visible de la fe a lo largo de los siglos y milenios.

61 En particular, las obras literarias y art铆sticas describen los acontecimientos de los pueblos, familias y personas. Escudri帽an lo m谩s profundo del coraz贸n humano, poniendo de relieve luces y sombras, esperanzas y desalientos. La perspectiva cristiana supera la visi贸n puramente humana ofreciendo criterios m谩s penetrantes para comprender las vicisitudes de los pueblos y los misterios del alma.55 Adem谩s, una adecuada formaci贸n religiosa est谩 en la base de numerosas vocaciones cristianas de artistas y cr铆ticos de arte.

Y si la clase est谩 preparada, el profesor puede conducir a los estudiantes a una comprensi贸n m谩s profunda de la obra de arte, como forma sensible que refleja la belleza divina. Lo han ense帽ado los Padres de la Iglesia y los maestros de la filosof铆a cristiana en sus intervenciones en el campo de la est茅tica. Particularmente San Agust铆n y Santo Tom谩s: el primero invita a trascender la intenci贸n del artista para ver en la obra de arte el orden eterno de Dios; el segundo contempla en la obra de arte la presencia del Verbo Divino.56

62 La escuela cat贸lica, particularmente atenta a los problemas educativos, es de gran importancia para la sociedad y para la Iglesia.

Los programas estatales prev茅n, con frecuencia, cursos de pedagog铆a, de sicolog铆a y de did谩ctica en forma hist贸rica y sistem谩tica. Recientemente las ciencias de la educaci贸n se han dividido en gran n煤mero de especializaciones y corrientes. Adem谩s, han sido invadidas por ideolog铆as filos贸ficas y pol铆ticas. Los alumnos tienen a veces la impresi贸n de una confusa fragmentaci贸n. Los profesores de ciencias pedag贸gicas ayudar谩n a los estudiantes a superar tal dispersi贸n y a que se formen una s铆ntesis cr铆tica.

La elaboraci贸n de dicha s铆ntesis parte de la premisa de que toda corriente pedag贸gica contiene cosas ciertas y 煤tiles. Es preciso, pues, conocer, juzgar y seleccionar.

63. Se ayudar谩 a los alumnos a descubrir que el centro de las ciencias de la educaci贸n lo ocupa siempre la persona con sus energ铆as f铆sicas y espirituales, con sus aptitudes operativas y creativas, con su misi贸n en la sociedad y con su apertura religiosa. La persona es 铆ntimamente libre. No pertenece ni al Estado ni a ning煤n otro grupo humano. Toda la obra educativa est谩, pues, al servicio de la persona, a fin de que consiga una formaci贸n completa.

En la persona humana se injerta el modelo cristiano, inspirado en la persona de Cristo. Este modelo, acogiendo los esquemas de la educaci贸n humana, los enriquece de dones, virtudes, valores y vocaciones de orden sobrenatural. Con exactitud cient铆fica se habla de educaci贸n cristiana. La declaraci贸n conciliar traz贸 una clara s铆ntesis de ella.57 La buena orientaci贸n de la ense帽anza pedag贸gica, conduce, pues, a los alumnos a educarse a s铆 mismos humana y cristianamente. Es la mejor preparaci贸n para llegar a ser educadores de otros.

64. El trabajo interdisciplinar introducido en las escuelas cat贸licas obtiene resultados positivos. De hecho, en el proceso did谩ctico se presentan temas y problemas que superan los l铆mites de cada asignatura. Aqu铆 interesan los temas religiosos, que aparecen f谩cilmente cuando se trata del hombre, de la familia, de la sociedad y de la historia. Los profesores de las diversas materias estar谩n preparados y prontos a dar las respuestas precisas.

65. El profesor de religi贸n no est谩 fuera de sitio. Su misi贸n es ofrecer una ense帽anza sistem谩tica de la religi贸n. No obstante, y dentro de las posibilidades concretas, puede ser invitado a otras clases para esclarecer cuestiones de su competencia; o bien 茅l mismo decidir谩 invitar a otros colegas expertos. En todo caso, los alumnos quedar谩n bien impresionados de la colaboraci贸n fraterna entre los diversos profesores con el 煤nico prop贸sito de ayudarles a crecer en conocimientos y en convicciones.

CUARTA PARTE
ENSE脩ANZA RELIGIOSA ESCOLAR Y DIMENSI脫N RELIGIOSA DE LA EDUCACI脫N

1. Identidad de la ense帽anza religiosa escolar

66. La Iglesia tiene la misi贸n de evangelizar para transformar en lo 铆ntimo y renovar a la humanidad.58 Entre los medios de evangelizaci贸n los j贸venes encuentran el de la escuela.59 Conviene reflexionar sobre las declaraciones del magisterio: 芦Junto a la familia y colaborando con ella, la escuela ofrece a la catequesis posibilidades no despreciables ... Esto se refiere, ante todo, 鈥攃omo es evidente鈥� a la escuela cat贸lica: 驴Seguir铆a mereciendo este nombre si, aun brillando por el nivel alto de su ense帽anza en las materias profanas, hubiera motivo justificado para reprocharle su negligencia o desviaci贸n en la educaci贸n propiamente religiosa? 隆No se diga que 茅sta se dar谩 impl铆citamente o de manera indirecta! El car谩cter propio y la raz贸n profunda de la escuela cat贸lica, el motivo por el que los padres deber铆an preferirla, es precisamente la calidad de la ense帽anza religiosa integrada en la educaci贸n de los alumnos禄.60

67 A veces pueden aflorar incertidumbres, divergencias e, incluso, malestar en cuanto a los planteamientos te贸ricos generales y, por tanto, de acci贸n operativa acerca de las exigencias de la ense帽anza de la religi贸n en la escuela cat贸lica.

Esta escuela tiene, por un lado una 芦estructura civil禄 con metas, m茅todos y caracter铆sticas comunes a cualquier otra instituci贸n escolar. Y, por otro, se presenta tambi茅n como 芦comunidad cristiana禄, teniendo en su base un proyecto educativo cristiano cuya ra铆z est谩 en Cristo y en su Evangelio.

La armonizaci贸n de ambos aspectos no siempre es f谩cil y requiere una constante atenci贸n, para que no se produzca una antinomia con perjuicio del planteamiento serio de la cultura y del recio testimonio del Evangelio.

68. Hay nexo indisoluble y clara distinci贸n entre ense帽anza de la religi贸n y catequesis,61 que es la transmisi贸n del mensaje evang茅lico, una etapa de la evangelizaci贸n.

El nexo se justifica para que la escuela se mantenga en su nivel de escuela, orientada a dar una cultura completa e integrable en el mensaje cristiano. La distinci贸n estriba en que la catequesis, a diferencia de la ense帽anza religiosa escolar, presupone ante todo la aceptaci贸n vital del mensaje cristiano como realidad salv铆fica. Adem谩s, el lugar espec铆fico de la catequesis es una comunidad que vive la fe en un espacio m谩s vasto y por un per铆odo m谩s largo que el escolar, es decir, toda la vida.

69. Ante el mensaje cristiano, la catequesis trata de promover la maduraci贸n espiritual, lit煤rgica, sacramental y apost贸lica que se realiza en la comunidad eclesial local. La escuela, por el contrario, tomando en consideraci贸n los mismos elementos del mensaje cristiano, trata de hacer conocer lo que de hecho constituye la identidad del cristianismo y lo que los cristianos coherentemente se esfuerzan por realizar en su vida. Sin embargo, hay que advertir que tambi茅n una ense帽anza religiosa dirigida a los alumnos creyentes no puede dejar de contribuir a reforzar su fe, igual que la experiencia religiosa de la catequesis refuerza el conocimiento del mensaje cristiano.

Tal ense帽anza procura igualmente subrayar el aspecto de racionalidad que distingue y motiva la elecci贸n cristiana del creyente, y antes a煤n la experienza religiosa del hombre en cuanto tal.

La distinci贸n entre ense帽anza de la religi贸n y catequesis no excluye que la escuela cat贸lica, en cuanto tal, pueda y deba ofrecer su aportaci贸n espec铆fica a la catequesis. Con su proyecto de formaci贸n orientado globalmente en sentido cristiano, toda la escuela se inserta en la funci贸n evangelizadora de la Iglesia, favoreciendo y promoviendo una educaci贸n en la fe.

70 El magisterio reciente ha insistido en un aspecto esencial: 芦El principio de fondo que debe orientar el trabajo en este delicado sector de la pastoral es el de la distinci贸n y, al mismo tiempo, el de la complementariedad entre la ense帽anza de la religi贸n y la catequesis. En la escuela, pues, se trabaja en la formaci贸n completa del alumno. La ense帽anza de la religi贸n debe, por lo tanto, distinguirse en relaci贸n a los objetivos y criterios propios de una estructura escolar moderna禄.62 Ata帽e a los responsables tener en cuenta estas directrices del magisterio y respetar las caracter铆sticas distintivas de la ense帽anza religiosa escolar. Esta ense帽anza, debe ocupar un puesto digno en clase entre las dem谩s asignaturas; se desarrolla seg煤n un programa propio y aprobado por la autoridad competente; busca 煤tiles relaciones interdisciplinarias con las dem谩s materias, de tal manera que se realice una coordinaci贸n entre el saber humano y el conocimiento religioso; junto con las otras ense帽anzas tiende a la promoci贸n cultural de los alumnos; emplea los mejores medios did谩cticos en uso en la escuela de hoy; en algunos Pa铆ses la evaluaci贸n de aprovechamiento tiene igual valor acad茅mico legal que el de las otras asignaturas.

2. Algunos presupuestos a la ense帽anza religiosa escolar

71. No hay que extra帽arse de que los alumnos lleven a la clase lo que oyen o ven en los modelos de pensamiento y de vida de la gente. Son portadores de las impresiones recibidas de la 芦civilizaci贸n de las comunicaciones禄 . Algunos, quiz谩, demuestran indiferencia e insensibilidad. Los programas escolares no tocan estos aspectos, pero el profesor los tiene muy presentes. As铆 pues, como experto, acoge a los alumnos con simpat铆a y caridad. Los acepta como son. Explica que la duda y la indiferencia son fen贸menos comunes y comprensibles. Luego les invita amistosamente a buscar y descubrir juntos el mensaje evang茅lico, fuente de gozo y serenidad.

A preparar el terreno63 contribuir谩n la personalidad y prestigio del profesor. A帽谩dase a ello su vida interior y la oraci贸n por quienes le est谩n confiados.64

72 Un medio eficaz de sintonizar con los alumnos es hablar con ellos y dejarles hablar. En un atm贸sfera de confianza y cordialidad podr谩 aflorar cierto n煤mero de cuestiones, distintas seg煤n los lugares y la edad, pero con tendencia a hacerse cada vez m谩s universales y precoces.65 Son para los j贸venes cuestiones serias, que obstaculizan un estudio sereno de la fe. El profesor responder谩 con paciencia y humildad, sin declaraciones perentorias, que podr铆an ser impugnadas.

Invitar谩 a la clase a expertos en historia y ciencias modernas. Pondr谩 al servicio de los j贸venes su preparaci贸n cultural. Se guiar谩 por las numerosas y ponderadas respuestas que el Vaticano II dio a este g茅nero de cuestiones.

En teor铆a, esta paciente obra esclarecedora deber铆a tenerse al comienzo del curso, debido a que durante las vacaciones los alumnos han tenido ocasi贸n de experimentar nuevas dificultades. La experiencia aconseja intervenir siempre que convenga.

73. No es f谩cil hacer una presentaci贸n actualizada de la fe cristiana como programa de ense帽anza religiosa para las escuelas cat贸licas.

La Segunda Asamblea General Extraordinaria del S铆nodo de los Obispos de 1985 sugiri贸 la composici贸n de un catecismo para toda la Iglesia. El Santo Padre confi贸 inmediatamente el trabajo preparatorio del mismo a una comisi贸n especial. Despu茅s ser谩 preciso realizar las oportunas aplicaciones concretas, para responder a los programas establecidos por las autoridades competentes y a las situaciones de tiempo y lugar.

En espera de la realizaci贸n del mandato recibido del S铆nodo sobre la s铆ntesis de la doctrina cristiana, se presenta ahora, como ejemplo, un esquema avalado por la experiencia y cuya redacci贸n ofrece contenidos completos y fieles al mensaje evang茅lico, de forma org谩nica y con un ritmo metodol贸gico apoyado en los dichos y hechos del Se帽or.

3. Orientaciones para una presentaci贸n org谩nica del hecho y del mensaje cristianos

74. El profesor, siguiendo las indicaciones del Vaticano II, resume y expone con lenguaje actual la cristolog铆a. Seg煤n el nivel de la escuela, antepone las necesarias nociones sobre la Sagrada Escritura, particularmente sobre los Evangelios, la divina Revelaci贸n y la Tradici贸n viva de la Iglesia.66 Con estas bases, orienta la investigaci贸n sobre el Se帽or Jes煤s. Su persona, su mensaje, sus obras y el hecho hist贸rico de su resurrecci贸n permiten remontarse al misterio de su divinidad: 芦T煤 eres el Mes铆as, el Hijo de Dios vivo禄 .67 La madurez de los alumnos permite extender las reflexiones sobre Jes煤s Salvador, Sacerdote, Maestro de la humanidad y Se帽or del universo. Junto a 茅l comienza a perfilarse la figura de Mar铆a, su Madre Sant铆sima, colaboradora en su misi贸n.68

Este descubrimiento tiene un valor educativo esencial. La persona del Se帽or cobra vida ante los alumnos. Estos ven, oyen y escuchan de nuevo los ejemplos de su vida, sus palabras y la invitaci贸n que les hace: 芦Venid a m铆 todos ...禄69 Encuentran as铆 fundamento la fe en 茅l y su seguimiento, que cada uno cultivar谩 seg煤n el grado de buena voluntad y de colaboraci贸n a la gracia.

75. El profesor dispone de un camino seguro para acercar a los j贸venes al misterio revelado por Dios, en cuanto es humanamente posible.70 El camino es el indicado por el Salvador: 芦Quien me ha visto a m铆, ha visto al Padre禄.71

En su persona y en su mensaje resplandece la imagen de Dios. Se estudia lo que dijo del Padre y lo que hizo en nombre del Padre. Del Se帽or Jes煤s, se remonta, pues, al misterio de Dios Padre, que cre贸 el universo y envi贸 al Hijo al mundo para la salvaci贸n de la humanidad.72 De Cristo se asciende al misterio del Esp铆ritu Santo, enviado al mundo para dar cumplimiento a su misi贸n.73 Se nos aproxima, as铆, al misterio supremo de la Sant铆sima Trinidad, en s铆 misma y actuante en el mundo. Misterio que la Iglesia venera y proclama repitiendo el credo, con las palabras de las primeras comunidades cristianas.

El valor educativo de esta b煤squeda es grande. En su buen resultado se basan las virtudes de la fe y de la religi贸n cristianas, que tienen por objeto a Dios: Padre, Hijo y Esp铆ritu Santo, conocido, amado y servido en esta vida en la espera del encuentro final.

76. Los alumnos conocen muchas cosas sobre el hombre seg煤n la ciencia. Pero la ciencia enmudece ante el misterio. El profesor gu铆a a los alumnos a descubrir el enigma del hombre, como Pablo gui贸 a los atenienses a descubrir al 芦Dios desconocido禄. El texto de Juan, ya citado,74 establece el encuentro entre Dios y el hombre, acaecido en la historia, por medio de Cristo. Encuentro que partiendo del amor del Padre se manifiesta en el amor de Jes煤s hasta el sacrificio extremo: 芦Nadie tiene amor m谩s grande que el que da la vida por sus amigos禄 .75 Los alumnos ver谩n desfilar en torno a Jes煤s una muchedumbre de personas de toda condici贸n, como una s铆ntesis de la humanidad. Comenzar谩n a preguntarse por qu茅 ama a todos, llama a todos y por todos da la vida. De lo que deducir谩n que para Dios el hombre es una criatura privilegiada, pues la trata con tan gran amor. De esta manera se delinea la historia del hombre, captado en el misterio de la historia divina de la salvaci贸n: partiendo de los or铆genes, pasando por la primera culpa, la vocaci贸n del antiguo pueblo de Dios, la espera y venida de Jes煤s Salvador, hasta el nuevo pueblo de Dios, peregrino en la tierra hacia la patria eterna.76

El valor educativo de la antropolog铆a cristiana, en el marco de la historia de la salvaci贸n, es evidente. Los alumnos descubren el valor de la persona, objeto del amor divino, con una misi贸n terrena y un destino inmortal. De ah铆, las virtudes de respeto y caridad hacia s铆 mismos, hacia los m谩s pr贸ximos y hacia todos. Por fin, la aceptaci贸n de la vida y de la propia vocaci贸n, que hay que orientar seg煤n la voluntad de Dios.

77. La historia de la salvaci贸n contin煤a en la Iglesia, realidad hist贸rica visible y que los alumnos tienen ante sus ojos. El profesor los estimula a descubrir sus or铆genes. En los Evangelios, en los Hechos y en las cartas de los Ap贸stoles se ve a la Iglesia nacer, crecer y realizarse en el mundo. De sus or铆genes, de su admirable expansi贸n y de su fidelidad al mensaje evang茅lico, se llega al misterio de la Iglesia.

El profesor ayuda a sus alumnos a descubrir a la Iglesia como pueblo de Dios, integrada por hombres y mujeres como nosotros, que lleva la salvaci贸n a toda la humanidad. Iglesia conducida por Jes煤s, Pastor eterno; guiada por el Esp铆ritu Santo, que la sostiene y la renueva continuamente; dirigida visiblemente por los Pastores que ha establecido: el Sumo Pont铆fice y los Obispos, ayudados por los sacerdotes y di谩conos colaboradores suyos en el sacerdocio y en el ministerio. Iglesia que act煤a en el mundo por nuestro medio, llamada por Dios a ser santa en todos sus miembros. Es el misterio de la Iglesia una, santa, cat贸lica y apost贸lica que proclamamos en el credo.77

El valor educativo de la eclesiolog铆a es inestimable. En la Iglesia se realiza el ideal de la familia humana universal. El joven se conciencia de su pertenencia a la Iglesia, a quien aprende a escuchar y a amar con afecto filial, con todas las consecuencias que se derivan de ello para la vida, el apostolado y la visi贸n cristiana del mundo.

78. Muchos j贸venes, conforme van creciendo, se alejan de los sacramentos. Se帽al de que no los han comprendido. Quiz谩 los juzgan pr谩cticas infantiles de devoci贸n, costumbres populares acompa帽adas de fiestas profanas. El profesor, que conoce la peligrosidad del fen贸meno, gu铆a a los alumnos a descubrir el valor del itinerario sacramental que el creyente recorre desde el principio hasta el final de su vida. Itinerario que se realiza en la Iglesia, y por tanto cada vez m谩s comprensible para el alumno a medida que toma conciencia de su pertenencia a la Iglesia.

El punto fundamental que los alumnos deben comprender es 茅ste: Jesucristo est谩 siempre presente en los sacramentos por 茅l instituidos.78 Su presencia los hace medios eficaces de gracia. El momento culminante del encuentro con el Se帽or se realiza en la Eucarist铆a, que es a un tiempo sacrificio y sacramento. En la Eucarist铆a convergen dos actos supremos de amor: el Se帽or que renueva su sacrificio por nuestra salvaci贸n y que se nos da realmente.

79. La comprensi贸n del itinerario sacramental puede tener profundas repercusiones de car谩cter educativo. El alumno llega a ser consciente de que su pertenencia a la Iglesia es din谩mica. Ella corresponde a la exigencia de crecimiento del ser humano. Cuando el Se帽or Jes煤s se encuentra con cada uno de nosotros en los sacramentos, no deja las cosas como antes. Mediante el Esp铆ritu nos hace crecer en la Iglesia, ofreci茅ndonos 芦gracia tras gracia禄 .79 Pide solamente nuestra colaboraci贸n. Las consecuencias educativas interesan las relaciones con Dios, el testimonio cristiano y la b煤squeda de la vocaci贸n personal.80

80. Los j贸venes de hoy, asaltados por muchas distracciones, no se encuentran en las mejores condiciones para pensar en las realidades 煤ltimas. El educador dispone de un medio eficaz para aproximarles tambi茅n a estos misterios de fe. El Se帽or nos los propone con su estilo inimitable. En el relato de L谩zaro, 茅l se presenta como 芦resurrecci贸n y vida禄.81 En la par谩bola del 芦rico epul贸n禄, da a entender que cada uno de nosotros tendr谩 un juicio particular.82 En el drama impresionante del juicio final, se帽ala el destino eterno que todo hombre ha merecido con sus obras.83 El bien y el mal hecho a cualquier ser humano, resultar谩 hecho a 茅l mismo.84

81. Despu茅s, en la l铆nea de los 芦s铆mbolos禄 de la fe, el educador hace saber a los alumnos que en el Reino eterno se encuentran ya los que han cre铆do en 茅l y vivido para 茅l. La Iglesia los llama 芦santos禄, si bien no todos son venerados como tales. La primera de todos Mar铆a, madre de Jes煤s, viviente en su persona glorificada junto al Dijo. Los que han alcanzado la meta no est谩n separados de nosotros. Ellos forman con nosotros la 煤nica Iglesia, pueblo de Dios, todos unidos en la 芦comuni贸n de los santos禄. Los seres queridos que nos han dejado, viven y est谩n en comuni贸n con nosotros.85

Estas verdades de fe ofrecen una aportaci贸n excepcional a la maduraci贸n humana y cristiana. Sentido de la dignidad de la persona, destinada a la inmortalidad. Esperanza cristiana, que da serenidad en las dificultades. Responsabilidad personal en todo, porque hay que dar cuenta a Dios.

4. Orientaciones para una presentaci贸n org谩nica de la vida cristiana

82. Dado que toda verdad de fe es generadora de educaci贸n y de vida, es preciso guiar prontamente a los alumnos a descubrir estas conexiones. Pero tambi茅n es necesario que la presentaci贸n de la 茅tica cristiana adopte una forma sistem谩tica.

Con este fin se ponen algunos ejemplos. Para mejor establecer la uni贸n entre fe y vida en el campo de la 茅tica religiosa, ser谩 煤til una reflexi贸n sobre las primeras comunidades cristianas. En ellas, el anuncio evang茅lico iba acompa帽ado de la oraci贸n y de las celebraciones sacramentales.86 Todo esto tiene valor permanente. Los alumnos llegar谩n a comprender qu茅 es la virtud de la fe: adhesi贸n plena, libre, personal, afectuosa y ayudada de la gracia a Dios que se revela mediante el Hijo.

Esta adhesi贸n, a su vez, no es autom谩tica. Es un don de Dios. Es menester pedirlo y esperar. D茅se al alumno tiempo para crecer.

83. La vida de fe se manifiesta con actos de religi贸n. El profesor ayuda a los alumnos a abrirse confidencialmente al Padre, al Hijo y al Esp铆ritu Santo. Esto se realiza en la oraci贸n privada y en la lit煤rgica, que no es una de tantas formas de orar: es la oraci贸n oficial de la Iglesia, que actualiza el misterio de Cristo en nosotros. Especialmente mediante el sacrificio y sacramento eucar铆stico y el sacramento de la reconciliaci贸n. Se actuar谩 de manera que la pr谩ctica religiosa no se sienta como una imposici贸n externa, sino como libre y afectuosa respuesta a Dios, que nos ha amado primero.87 Las virtudes de la fe y de la religi贸n as铆 fundamentadas y cultivadas est谩n en condiciones de crecer durante la juventud y despu茅s.

84. El hombre est谩 siempre presente en las verdades de fe: creado a 芦imagen y semejanza禄 de Dios; elevado por Dios a la dignidad de hijo; infiel a Dios en la culpa original, pero redimido por Cristo; morada del Esp铆ritu Santo; miembro de la Iglesia y destinado a vida inmortal.

Los alumnos podr谩n observar lo lejos que est谩n los hombres de este ideal. El profesor escucha las pruebas de pesimismo y hace ver que tambi茅n se encuentran en el Evangelio.88 Luego trata de convencer a los alumnos que es mejor fijarse en los aspectos positivos de la 茅tica personal cristiana, que perderse en el an谩lisis de las miserias humanas. En la pr谩ctica: respetar la propia persona y la de los dem谩s; cultivar la inteligencia y las dem谩s facultades espirituales, especialmente en el trabajo escolar; cuidar el propio cuerpo y la salud, incluso con actividades f铆sicas y deportivas; guardar la integridad sexual con la virtud de la castidad, pues tambi茅n las energ铆as sexuales son don de Dios que contribuyen a la perfecci贸n de la persona y tienen una funci贸n providencial para la vida de la sociedad y de la Iglesia89 As铆, progresivamente, gu铆a a los alumnos a concebir y a realizar su proyecto educativo.

85. El amor cristiano no es sentimentalismo ni se reduce a sentimiento humanitario. Es, por el contrario, realidad nueva que pertenece al mundo de la fe. El profesor recuerda que el designio divino de salvaci贸n universal est谩 dominado por el amor de Dios. El Se帽or Jes煤s vino a nosotros para manifestar el amor del Padre. Su sacrificio supremo es el testimonio de amor por sus amigos. En el marco de la fe se coloca la nueva ley del Se帽or: 芦Este es mi mandamiento: que os am茅is unos a otros como yo os he amado禄.90 En este 芦como禄 est谩 el modelo y la medida del nuevo amor cristiano.

86. Los alumnos presentar谩n las consabidas dificultades: violencias en el mundo; odios raciales; cr铆menes diarios; ego铆smo de j贸venes y de adultos que buscan 煤nicamente su propio inter茅s. El profesor acepta la discusi贸n; pero subraya que la ley cristiana es nueva hasta en el oponerse a toda clase de maldad y ego铆smo. Es ley revolucionaria. La nueva 茅tica cristiana del amor debe ser entendida y puesta en pr谩ctica.

87. Por tanto en el peque帽o mundo de la familia y de la escuela: afecto, respeto, obediencia, gratitud, amabilidad, bondad, ayuda, servicio, ejemplo. Eliminaci贸n de todo sentimiento de ego铆smo y rebeli贸n, de antipat铆a y odio, de envidia y venganza. En el gran mundo de la Iglesia: amor a todos, sin exclusi贸n alguna por raz贸n de fe, de naci贸n o de raza; oraci贸n por todos, para que conozcan al Se帽or; colaboraci贸n en el apostolado y en las iniciativas para aliviar los sufrimientos humanos; preferencia por los menos afortunados los enfermos, pobres, disminuidos y abandonanados. Al crecer en la caridad eclesial, algunos j贸venes se deciden a ponerse al servicio de la Iglesia, siguiendo la vocaci贸n al sacerdocio o a la vida consagrada.

En el tiempo de preparaci贸n a la propia familia: oponerse a toda profanaci贸n del amor; descubrir la novedad y profundidad del amor cristiano entre el hombre y la mujer, el respeto mutuo y el pudor con que se manifiesta y la ternura sincera con que se conserva. De este modo se vive la experiencia juvenil de amor, a partir de las primeras amistades, a trav茅s del noviazgo, hasta cuando se consagre en el sacramento del matrimonio para toda la vida.

88. El fundamento de la 茅tica social cristiana est谩 siempre en la fe. La 茅tica social cristiana posee la fuerza de iluminar tambi茅n las ciencias que se relacionan con ella, tales como el derecho, la econom铆a y la pol铆tica, que entran en el campo de la investigaci贸n y de las experiencias humanas.91 Es un sector abyerto a interesantes estudios interdisciplinares.

Pero lo que aqu铆 importa afirmar es el principio de que Dios puso el mundo al servicio del hombre.92 Si en las relaciones sociales existen violencias e injusticias, 茅stas provienen del hombre, que no cumple la voluntad de Dios. Es el diagn贸stico hecho por el Se帽or mismo.93 Mas 茅l, ofreciendo la salvaci贸n al hombre, salva tambi茅n las obras del hombre. De un coraz贸n renovado surge un mundo renovado. Amor, justicia, libertad y paz son el santo y se帽a cristiano de la nueva humanidad.94

89. Sobre estas bases el profesor gu铆a a los alumnos a conocer los elementos de la 茅tica social cristiana: Persona humana, centro din谩mico del orden social. Justicia, reconocer a cada uno lo que le es debido. Libertad, derecho primario de la persona y de la sociedad. Paz mundial, tranquilidad en el orden y en la justicia a la que todos los hombres, hijos de Dios, tienen derecho. Bienestar nacional e internacional, los bienes de la tierra, don de Dios, no son privilegio de algunos pueblos o personas, con perjuicio de los dem谩s. La miseria y el hambre pesan sobre la conciencia de la humanidad y reclaman justicia ante Dios.

90. Es una ense帽anza que abre amplias perspectivas. Los alumnos se enriquecen con estos principios y valores, los cuales har谩n m谩s eficaces sus obras al servicio de la sociedad. La Iglesia est谩 con ellos y los ilumina con su magisterio social, que espera sea puesto en pr谩ctica por creyentes valientes y generosos.95

91. Las ideas que se acaban de exponer podr铆an producir una impresi贸n excesivamente optimista. Es preciso, pedag贸gicamene, que el hecho y el mensaje cristianos sean expuestos como 芦gozosa nueva禄.96 Sin embargo, el realismo de la revelaci贸n, de la historia y de la experiencia cotidiana exigen que los alumnos adquieran clara conciencia del mal que act煤a en el mundo y en el hombre. El Se帽or habl贸 del imperio de las tinieblas.97 Lejos de Dios, rebeldes al mensaje evang茅lico, los hombres contin煤an envenenando al mundo con guerras, violencias, injusticias y cr铆menes

92. El profesor invita a sus alumnos a examinar su propia conciencia. 驴Qui茅n puede considerarse verdaderamente sin culpa?98 De esta forma, adquieren el sentido del pecado: el grande de la humanidad, y el personal, que cada uno descubre en s铆 mismo. Pecado que es alejamiento de Dios, rechazo del mensaje de Cristo, transgresi贸n de su ley de amor, traici贸n a la conciencia, abuso del don de la libertad, ofensa a los otros hijos de Dios y herida a la Iglesia de la que somos miembros.

93. Mas no todo est谩 perdido. El profesor ofrece a los alumnos una visi贸n m谩s serena de la realidad a la luz de la fe. En el 谩mbito universal, el mensaje evang茅lico contin煤a 芦muriendo禄 como 芦semilla禄 en los surcos del mundo, para florecer y fructi帽car a su debido tiempo.99 En la esfera personal, el Se帽or nos espera en el sacramento de la reconciliaci贸n; no simple pr谩ctica de devoci贸n, sino encuentro personal con 茅l, mediante su ministro. Tras este encuentro se reanuda el camino con 谩nimo y gozo renovados.

94. En conjunto, esta ense帽anza hace que los alumnos conciban al cristianismo con mentalidad nueva y madura. En efecto, el Se帽or les exhorta a una lucha sin cuartel: resistencia al desaf铆o del mal, esfuerzo para vencerlo con su auxilio. Un cristianismo vivo y esforzado en el plano de la historia y de la intimidad de cada uno.100

Al cristiano se le insta ante todo y principalmente a luchar por liberarse de la esclavitud radical del pecado y, consiguientemente, de las otras mucha esclavitudes de orden cultural, econ贸mico, social y pol铆tico que, en definitiva, provienen todas del pecado y constituyen otros tantos obst谩culos que impiden a los hombres vivir conforme a su dignidad.101

95. El tema de la perfecci贸n tiene cabida en la presentaci贸n org谩nica del hecho y del mensaje cristianos. Ocultarlo no ser铆a leal ni para con el Se帽or, que propuso una perfecci贸n sin l铆mites,102 ni para con la Iglesia, que nos anima a todos a alcanzarla,103 ni para con los j贸venes, que tienen derecho a saber lo que el Se帽or y la Iglesia esperan de ellos. El profesor, por tanto, recordar谩 a los alumnos creyentes que, por el bautismo, quedaron insertados en la Iglesia.

Por consiguiente, est谩n llamados a la perfecci贸n cristiana, don de Jes煤s, mediante el Esp铆ritu, con quien deben colaborar; perfecci贸n que se debe hacer patente en la historia con una proyecci贸n misionera en el presente y en el futuro.

Superado el temor a tener que hacer demasiado, los alumnos comprenden que la perfecci贸n est谩 al alcance de la mano. Simplemente, deben vivir perfectamente su vida de estudiantes.104 Cumplir lo mejor posible los deberes del estudio, del trabajo y del apostolado. Ejercitarse en las virtudes cristianas, conocidas en teor铆a. Especialmente la caridad; vivirla en clase, en la familia y entre los amigos. Soportar con valent铆a las dificultades. Ayudar al necesitado. Dar buen ejemplo. Hablar con el Se帽or Jes煤s en la oraci贸n. Recibirlo en la Eucarist铆a. Buscar en su mensaje y en sus ejemplos la inspiraci贸n para la vida diaria. Los alumnos no dir谩n que es un proyecto imposible.

Lo ideal ser铆a que cada uno para adquirir una formaci贸n a la interioridad, se sirviese de la direcci贸n espiritual. Esta, en efecto, orienta y lleva a la perfecci贸n la ense帽anza religiosa de la escuela y, al mismo tiempo, perfecciona y llena el propio ambiente.

5. El profesor de religi贸n

96. Los frutos de la ense帽anza org谩nica de la fe y de la 茅tica cristianas, dependen, en gran parte, del profesor de religi贸n: de lo que es y de lo que hace.

El es persona-clave, agente esencial en la realizaci贸n del proyecto educativo. La incidencia de su ense帽anza est谩, sin embargo, vinculada a su testimonio de vida, que actualiza eficazmente a los ojos de los alumnos la ense帽anza misma. Se espera, por tanto, que sea una persona rica en dones naturales y de gracia, capaz de manifestarlos en la vida; preparada adecuadamente para la ense帽anza, con amplia base cultural y profesional, pedag贸gica y did谩ctica, y abierta al di谩logo.

En particular, los alumnos captan ante todo en el profesor sus cualidades humanas. Es maestro de fe; debe ser, tambi茅n, a semejanza de su modelo, Cristo, maestro de humanidad. No s贸lo cultura, sino tambi茅n afecto, tacto, comprensi贸n, rectitud de esp铆ritu, equilibrio en los juicios, paciencia en la escucha, calma en las respuestas, disponibilidad al coloquio personal. El profesor que posee una visi贸n l铆mpida del universo cristiano y vive consecuente con ella, logra llevar a los alumnos a la misma claridad de visi贸n y los incita a actuar coherentemente.

97 Tambi茅n en este sector de la ense帽anza, toda improvisaci贸n es nociva. Es preciso hacer lo posible para que la escuela cat贸lica tenga profesores id贸neos para su misi贸n. Su formaci贸n es una de las necesidades intr铆nsecas m谩s importantes, pedida universalmente con insistencia. Especialmente la inserci贸n creciente de laicos en la escuela cat贸lica obliga a procurarles aquel particular conocimiento experimental del misterio de Cristo y de la Iglesia que los sacerdotes y personas consagradas adquieren en los a帽os de su formaci贸n. Mirando al futuro, se necesita favorecer la creaci贸n de centros para la formaci贸n de los profesores. Por su parte, las universidades y facultades eclesi谩sticas procurar谩n organizar cursos de preparaci贸n espec铆帽ca a fin de que los futuros profesores puedan desempe帽ar su misi贸n con la competencia y eficacia que ella requiere.105

QUINTA PARTE
S脥NTESIS GENERAL: DIMENSI脫N RELIGIOSA DEL PROCESO EDUCATIVO

1. Idea del proceso educativo cristiano

98. La declaraci贸n conciliar insiste en el aspecto din谩mico de la educaci贸n humana completa.106 Sin embargo, desde el punto de vista cristiano, este desarrollo humano es insuficiente. En efecto, la educaci贸n cristiana 芦no persigue solamente la madurez de la persona humana antes descrita, sino que busca, sobre todo, que los bautizados se hagan m谩s conscientes cada d铆a del don recibido de la fe...禄 .107 Por otra parte la escuela cat贸lica tiene como nota distintiva la de ayudar a los alumnos 芦para que en el desarrollo de la propia persona crezcan a un tiempo seg煤n la nueva criatura que han sido hechos por el bautismo ... 禄.108 Se debe, pues, concebir la educaci贸n cristiana como movimiento, progreso, maduraci贸n hacia un fin ideal, que supera toda limitaci贸n humana.109 Y todo debe suceder conjunta y arm贸nicamente en el trascurso de la educaci贸n humana. No son, por lo tanto, dos recorridos diversos o paralelos, sino una concordancia de factores educativos, unidos en la intenci贸n de los educadores y en la libre cooperaci贸n de los alumnos. Ya el Evangelio se帽ala este desarrollo arm贸nico en el joven Jes煤s.110

99. Se podr铆a, pues, describir el proceso educativo cristiano, como un conjunto org谩nico de factores orientados a promover una evoluci贸n gradual de todas las facultades del alumno, de modo que pueda conseguir una educaci贸n completa en el marco de la dimensi贸n religiosa cristiana, con el auxilio de la gracia.

No interesa el nombre, sino la realidad del proceso educativo: 茅ste asegura la acci贸n conjuntada de los educadores, evitando actuaciones ocasionales, fragmentarias, no coordinadas y, quiz谩, acompa帽adas de conflictos de opiniones entre los mismo educadores, con grave da帽o para el desarrollo de la personalidad de los alumnos.

2. Proyecto educativo

100 Las incumbencias de una escuela cat贸lica son bastante amplias y articuladas: adem谩s de la obligaci贸n de respetar las normas constitucionales y las leyes ordinarias, y de confrontarse con m茅todos, programas, estructuras, etc., tiene el deber de llevar a cabo su propio proyecto educativo, encaminado a coordinar el conjunto de la cultura humana con el mensaje de salvaci贸n; ayudar a los alumnos en la actuaci贸n de su realidad de nueva criatura y adiestrarlos para sus obligaciones de ciudadano adulto. Se trata de un proyecto global 芦caracterizado禄, en cuanto dirigido a la consecuci贸n de unos objetivos peculiares, que se debe realizar con la colaboraci贸n de todos sus miembros.

En concreto, el proyecto se configura como un cuadro de referencias que:

鈥� define la identidad de la escuela, explicitando los valores evang茅licos en que se inspira;

鈥� precisa los objetivos en el plano educativo, cultural y did谩ctico;

鈥� presenta los contenidos-valores que hay que transmitir;

鈥� establece la organizaci贸n y el funcionamiento;

鈥� prev茅 algunas partes fijas, preestablecidas por los profesionales (gestores y docentes); qu茅 se debe gestionar conjuntamente con los padres y estudiantes y qu茅 espacios se dejan a su libre iniciativa;

鈥� indica los instrumentos de control y evaluaci贸n.

101. Se prestar谩 especial consideraci贸n a la exposici贸n de algunos criterios generales, que deber谩n inspirar y hacer homog茅neo todo el proyecto, armoniz谩ndose en 茅l las opciones culturales, did谩cticas, sociales, civiles y pol铆ticas:

a) Fidelidad al Evangelio anunciado por la Iglesia. La acci贸n de la escuela cat贸lica se sit煤a, ante todo, dentro de la misi贸n evangelizadora de la Iglesia, insert谩ndose activamente en el contexto eclesial del Pa铆s en el que trabaja y en la vida de la comunidad cristiana local.

b) Rigor de la investigaci贸n cultural y del fundamento cr铆tico, respetando la justa autonom铆a de las leyes y m茅todos de investigaci贸n de cada una de las ciencias, orientados a la formaci贸n completa de la persona.

c) Avance gradual y adaptaci贸n de la propuesta educativa a las diversas situaciones de cada persona y de las familias.

d) Corresponsabilidad eclesial. Aun siendo la comunidad docente el centro propulsor y responsable principal de toda la experiencia educativa y cultural, el proyecto debe nacer tambi茅n de la confrontaci贸n con la comunidad eclesial con las formas de responsabilidad que se juzguen oportunas.

El proyecto educativo, pues, se distingue netamente del reglamento interno, de la programaci贸n did谩ctica y de una gen茅rica presentaci贸n de intenciones.

102. El proyecto educativo, actualizado anualmente teniendo en cuenta las experiencias y las necesidades, se realiza en el proceso; 茅ste prev茅 per铆odos o momentos determinados: punto de partida, etapas intermedias y meta final. Al final del per铆odo, educadores, alumnos y familias comprobar谩n si se han cumplido las previsiones. En caso contrario, se buscar谩n las causas y los remedios. Lo esencial es, que este modo de proceder sea sentido sinceramente por todos como un empe帽o com煤n.

El final de cada a帽o constituye ya una meta. Considerarlo s贸lo como tiempo de ex谩menes es poco en la visi贸n educativa cristiana. El programa escolar es s贸lo una parte del todo. Es, m谩s bien, tiempo de hacer balance inteligente y serio de cu谩nto del proyecto educativo se ha realizado o se ha incumplido.

Meta m谩s importante es la alcanzada al final del per铆odo escolar. A tal meta deber铆a corresponder el m谩s alto nivel de educaci贸n completa humana y cristiana conseguido por los alumnos.111

103. La dimensi贸n religiosa del ambiente potencia la calidad del proceso educativo cuando se cumplen algunas condiciones que dependen de los educadores y de los alumnos.

Conviene subrayar, en especial, que los alumnos no son meros espectadores, sino que constituyen parte din谩mica del ambiente. La condiciones favorables se dan cuando en torno al proyecto educativo se establece el grato consenso y la voluntad de cooperaci贸n de todos; cuando la relaciones interpersonales se mantienen en la l铆nea de la caridad y libertad cristianas; cuando cada uno ofrece a los dem谩s su testimonio evang茅lico en las vicisitudes de la vida cotidiana; cuando en el ambiente llega a crearse una voluntad de llegar a las metas m谩s altas en todos los aspectos, humanos y cristianos, del proceso educativo; cuando el ambiente permanece constantemente abierto a las familias, insertado en la comunidad eclesial y abierto a la sociedad civil, nacional e internacional. Estas condiciones positivas se ven favorecidas por la fe com煤n.

104. Es preciso un esfuerzo decidido para superar los s铆ntomas patol贸gicos del ambiente, tales como: ausencia o debilidad del proyecto educativo; preparaci贸n insuficiente de las personas responsables; atenci贸n preferentemente centrada en los 茅xitos acad茅micos; distanciamiento sicol贸gico entre educadores y alumnos; antagonismos entre los mismos educadores; disciplina impuesta externamente sin la participaci贸n convencida de los alumnos; relaciones puramente formales e incluso tensiones con las familias, no involucradas en el proyecto educativo; manifestaciones inoportunas de unos u otros; poca cooperaci贸n de cada uno al bien com煤n; aislamiento respecto de la comunidad eclesial; desinter茅s o cerraz贸n para con los problemas de la sociedad; tal vez una ense帽anza religiosa rutinaria ... Si se diesen alguno o varios de estos s铆ntomas la dimensi贸n religiosa de la educaci贸n se ver铆a seriamente comprometida. La misma ense帽anza religiosa sonar铆a quiz谩 como palabra vac铆a en un ambiente empobrecido, que no sabe manifestar un testimonio y un clima verdaderamente cristianos. Es necesario reaccionar ante estos s铆ntomas de malestar recordando que el Evangelio invita a una continua conversi贸n.

105. Buena parte de la actividad educativa tiende a asegurar la colaboraci贸n del alumno, que es siempre imprescindible, dada su condici贸n de protagonista en el proceso educativo. Ya que la persona humana ha sido creada inteligente y libre, no es posible concebir una verdadera educaci贸n sin la decisiva colaboraci贸n del sujeto de la misma, el cual act煤a y reacciona con su inteligencia, libertad, voluntad y con su complejo mundo emotivo. Por lo que el proceso no avanza si el alumno no coopera. Los educadores expertos conocen las causas de las inhibiciones juveniles. Son causas de orden sicol贸gico e incluso teol贸gico vinculadas a la culpa original.

106. Varios factores pueden concurrir a estimular la colaboraci贸n del joven en el proyecto educativo. Al alumno que ha alcanzado suficiente nivel intelectual se le debe invitar a participar en la elaboraci贸n del proyecto, no, como es obvio, para establecer los objetivos que hay que conseguir, sino para determinar mejor c贸mo realizarlo. Dar responsabilidad y confianza, pedir consejo y ayuda para el bien com煤n es un factor que produce satisfacci贸n y contribuye a vencer la indiferencia y la inercia. El alumno comenzar谩 a insertarse de buen grado en el proceso educativo, cuando advierta que el proyecto tiende 煤nicamente a favorecer su maduraci贸n personal.

El alumno, aunque tenga pocos a帽os, capta si la pertenencia al ambiente es grata. Si se siente bien acogido, estimado y querido, surge en 茅l la disposici贸n a colaborar. Y se reafirma en esta disposici贸n cuando el ambiente est谩 impregnado de una atm贸sfera serena y amistosa, con profesores disponibles y compa帽eros con los que es agradable convivir.

107. Los valores y motivos religiosos que se derivan especialmente de la ense帽anza religiosa escolar, facilitan mucho el logro de la alegre y voluntaria participaci贸n del alumno en el proceso educativo. No se puede, sin embargo, subestimar el hecho de que los valores y motivos religiosos sean expuestos en el desarrollo de las otras materias o en las diversas intervenciones de la comunidad docente. El profesor-educador favorece el estudio y la adhesi贸n a los valores religiosos motiv谩ndolos con la referencia constante al Absoluto. La experiencia educativa del profesor ayuda a los alumnos a que la verdad religiosa, ense帽ada y aprendida, sea tambi茅n amada. Esta verdad amada, que ya en s铆 misma es un valor, llega a ser valor tambi茅n para el mismo alumno. El planteamiento cristol贸gico de la ense帽anza religiosa tiene la ventaja de facilitar el amor de los j贸venes que se centra en la persona de Jes煤s. Ellos aman a una persona, dif铆cilmente aman las f贸rmulas. El amor a Cristo se transfiere a su mensaje, que se convierte en valor cuando es amado.

El profesor-educador sabe que tiene que dar un paso m谩s. El valor debe impulsar a la acci贸n, llegar a ser motivo de actuar. De la verdad se llega a la vida mediante el dinamismo sobrenatural de la gracia, que ilumina y mueve a creer, amar y obrar seg煤n la voluntad de Dios, por medio del Se帽or Jes煤s, en el Esp铆ritu Santo. El proceso educativo cristiano se desarrolla en la continua interacci贸n entre la actuaci贸n experta de los educadores, la libre cooperaci贸n de los alumnos y el auxilio de la gracia.

108. Dada la situaci贸n que se ha creado en varias partes del mund贸 鈥攍a escuela cat贸lica recibe a un contingente escolar cada vez m谩s numeroso de credos e ideolog铆as diversos鈥� se hace inaplazable la necesidad de aclarar la dial茅ctica que es preciso establecer entre el aspecto cultural propiamente dicho y el desarrollo de la dimensi贸n religiosa. Esta dimensi贸n religiosa es un aspecto imprescindible y sigue siendo la tarea espec铆fica de todos los cristianos que trabajan en las instituciones educativas.

Sin embargo en tales situaciones no siempre ser谩 f谩cil o posible llevar a cabo el proceso de evangelizaci贸n. Se deber谩, entonces, atender a la pre-evangelizaci贸n, esto es, a la apertura al sentido religioso de la vida. Esto conlleva la individuaci贸n y profundizaci贸n de elementos positivos sobre 芦el c贸mo禄 y 芦el qu茅禄 del proceso formativo espec铆fico.

La transmisi贸n de la cultura debe estar atenta, ante todo, a la consecuci贸n de los fines propios y a potenciar los aspectos que forman al hombre y, en particular, la dimensi贸n religiosa y la aparici贸n de la exigencia 茅tica.

Teniendo en cuenta la unidad en el pluralismo es preciso realizar un discernimiento inteligente entre lo que es esencial y lo que es accidental.

La exactitud del 芦c贸mo禄 y del 芦qu茅禄 permitir谩 el desarrollo completo del hombre en el proceso educativo, desarrollo que puede considerarse como verdadera preevangelizaci贸n. Terreno este donde 芦construir禄.

109. Al hablar del proceso educativo es obligado proceder por an谩lisis de diversos elementos. En la realidad no se procede siempre del mismo modo. La escuela cat贸lica es un centro de vida. Y la vida es s铆ntesis. En este centro vital, el proceso educativo se desarrolla en continuidad mediante un intercambio de acciones y reacciones en sentido horizontal y vertical. Es un punto que califica la escuela cat贸lica y no encuentra analog铆a en otras escuelas no inspiradas en un proyecto educativo cristiano.

110. En la relaci贸n interpersonal los educadores quieren y manifiestan este amor a sus alumnos y no pierden ocasi贸n, por lo tanto, de animarlos y estimularlos en la l铆nea del proyecto educativo. Palabra, testimonio, aliento, ayuda, consejo, correcci贸n amistosa ... todo favorece el proceso educativo, entendido siempre en su sentido completo del conocimiento escolar, comportamiento moral y dimensi贸n religiosa.

Los alumnos, si se sienten queridos, aprender谩n a amar a sus educadores. Con sus preguntas, confidencias, observaciones cr铆ticas y propuestas para mejorar el trabajo de clase y de la vida del ambiente, enriquecer谩n la experiencia de sus educadores y facilitar谩n el esfuerzo com煤n en el proceso educativo.

111. En la escuela cat贸lica se va m谩s all谩: hacia el continuo intercambio vertical, donde la dimensi贸n religiosa de la educaci贸n se expresa con toda su fuerza. Cada alumno tiene una vida propia, con su pasado familiar y social no siempre feliz, con las inquietudes del muchacho y del adolescente que crece, y con los problemas y preocupaciones del joven llegado a la madurez. Por cada uno de ellos rezan los educadores, a fin de que la gracia de frecuentar una escuela cat贸lica abarque y penetre toda su vida, ilumin谩ndola y asisti茅ndola en todas las necesidades de la existencia cristiana.

Por su parte, los alumnos aprenden a rezar por sus educadores; conforme van creciendo, se dan cuenta de sus dificultades y sufrimientos. Por esto rezan para que su carisma educativo crezca en eficacia, su trabajo sea alentado por los 茅xitos y su vida, llena de sacrificios, tenga el apoyo y la serenidad de la gracia.

112. De este modo se establece un intercambio humano y divino, una corriente de amor y gracia que pone el sello de autenticidad a una escuela cat贸lica. Mientras tanto los a帽os pasan. A帽o tras a帽o el alumno tiene la gozosa sensaci贸n de que crece no s贸lo f铆sica, sino tambi茅n intelectual y espiritualmente, hasta conseguir la maduraci贸n de su personalidad cristiana.

Mirando su pasado, reconocer谩 que el proyecto educativo de la escuela, con su colaboraci贸n, se ha hecho realidad. Mirando al futuro, se sentir谩 m谩s libre y seguro para afrontar las nuevas e inminentes etapas de su vida.

CONCLUSI脫N

113. El entregar a los Excelent铆simos Ordinarios locales y a los Revmos. Superiores y Revmas. Superioras de los Instit煤tos Religiosos dedicadas a la educaci贸n de la juventud estos elementos de reflexi贸n que ofrecemos a todos los educadores de las escuelas cat贸licas, la Congregaci贸n desea renovarles su sentido aprecio por su inestimable labor al servicio de la juventud y de la Iglesia.

114. Por esto, la Congregaci贸n agradece profundamente a todos los responsables la labor realizada y que contin煤an realizando, a pesar de las dificultades de todo g茅nero: pol铆ticas, econ贸micas, organizativas ... Muchos desarrollan su labor con grandes sacrificios. La Iglesia est谩 agradecida a cuantos consagran su propia existencia a la misi贸n fundamental de la educaci贸n y de la escuela cat贸lica. Y conf铆a que otros muchos, con el auxilio divino, reciban el carisma y acojan generosamente la apremiante llamada a unirse a ellos en la misma misi贸n.

115. La Congregaci贸n querr铆a a帽adir una invitaci贸n cordial a la investigaci贸n, estudio y experimentaci贸n de cuanto concierne a la dimensi贸n religiosa de la educaci贸n en la escuela cat贸lica. Mucho se ha hecho ya en este sentido. De muchas partes piden que se haga m谩s. Creemos que esto es posible en todas las escuelas que gozan de suficiente libertad, asegurada por las leyes estatales. Tal posibilidad aparece m谩s comprometida en aquellos Estados en que, si bien no se impide la funci贸n docente de la escuela cat贸lica, la formaci贸n religiosa es contestada. En estos casos, la experiencia local es determinante. La dimensi贸n religiosa ser谩 evidenciada, en la medida de lo posible, dentro de la escuela o fuera de ella. No faltan familias y alumnos de confesiones o religiones diversas que optan por la escuela cat贸lica, pues aprecian su calidad did谩ctica, reforzada por la dimensi贸n religiosa de su educaci贸n. Los educadores deber谩n responder, del mejor modo posible, a su confianza, teniendo siempre presente que el camino del di谩logo ofrece fundadas esperanzas en un mundo de cultura pluralista.

Roma, 7 de abril de 1988, San Juan Bautista de La Salle, Patrono Principal de los educadores de la infancia y de la juventud.

WILLIAM Card. BAUM
Prefecto

ANTONIO M. JAVIERRE ORTAS
Arzobispo tit. de Meta
Secretario


1

Gravissimum educationis, 8.

2

19 de marzo de 1977.

3

15 de octubre de 1982.

4

CONCILIO VATICANO II, declaraci贸n sobre la educaci贸n cristiana Gravissimum educationis. Constituci贸n dogm谩tica sobre la Iglesia Lumen gentium. Constituci贸n pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes. Constituci贸n dogm谩tica sobre la divina revelaci贸n Dei Verbum. Constituci贸n sobre la liturgia Sacrosanctum Concilium. Decreto sobre el apostolado de los laicos Apostolicam actuositatem. Decreto sobre la actividad misionera Ad gentes divinitus. Declaraci贸n sobre las religiones no cristianas Nostra aetate. Decreto sobre el ecumenismo Unitatis redintegratio. Declaraci贸n sobre la libertad religiosa Dignitatis humanae. PABLO VI, exhortaci贸n apost贸lica Evangelii nuntiandi, 8 de diciembre de 1975. JUAN PABLO II, exhortaci贸n apost贸lica Catechesi tradendae, 16 de octubre de 1979. Adem谩s, numerosas alocuciones dirigidas a educadores y j贸venes, que se intercalan en el texto. Congregaci贸n para el Clero, Directorium catechisticum generale, 11 de abril de 1971. En las notas sucesivas, tales documentos ser谩n citados por su t铆tulo en lat铆n. Los testimonios del magisterio episcopal se citar谩n en su lugar.

5

Mientras tanto la Congregaci贸n ha publicado un documento: Orientaciones educativas sobre el amor humano. Pautas de educaci贸n sexual, 1 de noviembre de 1983. Consecuentemente tal tema, en el presente texto, apenas si ser谩 aludido.

6

Gravissimum educationis, 9: 芦La Iglesia aprecia mucho igualmente las escuelas cat贸licas a las que, de modo especial en los territorios de las nuevas Iglesias, asisten tambi茅n alumnos no cat贸licos禄.

7

Cf Dignitatis humanae, 2, 9, 10, 12 y otros.

8

C.I.C., can. 748, 2: 芦Homines ad amplectendam fidem catholicam contra ipsorum conscientiam per coactionem adducere nemini umquam fas est禄.

9

Cf Gaudium et spes, 4-10.

10

Ib., 7: 芦El cambio de mentalidad y de estructuras somete con frecuencia a discusi贸n las ideas recibidas ... particularmente entre los j贸venes禄.

11

Cf Evangelii nuntiandi, 20.

12

Cf Annuario Statistico della Chiesa, publicado por la Oficina Central de Estad铆stica de la Iglesia, dependiente de la Secretar铆a de Estado, Ciudad del Vaticano. A t铆tulo de ejemplo, el 31 de diciembre de 1985 eran 154.126 las escuelas cat贸licas en el mundo, frecuentadas por 38.243.304 alumnos.

13

Cf 1 Cor 12, 31.

14

Varios aspectos de la religiosidad juvenil, considerados en este documento, han sido objeto del reciente magisterio pontificio. Para una f谩cil consulta de las frecuentes intervenciones, v茅ase el libro editado por el 芦Consejo Pontificio para los laicos禄: El Santo Padre habla a los j贸venes: 1980-1985, Ciudad del Vaticano. Est谩 publicado en varias lenguas.

15

Cf Gravissimum educationis, 8. Para el esp铆ritu evang茅lico de caridad y libertad, cf Gaudium et spes, 38: 芦#El e帽or Jes煤s) nos revela que Dios es amor, n 4, 8) y a la vez nos ense帽a que la ley fundamental de la perfecci贸n humana y, por tanto, de la transformaci贸n del mundo, es el nuevo mandamiento del amor. Asimismo en 2 Cor 3, 17: 芦Donde hay Esp铆ritu del Se帽or, hay libertad禄.

16

De este problema habla el documento La Escuela Cat贸lica, 81-82.

17

Mt 28, 20.

18

6.

19

Cf Juan Pablo II a los padres, profesores y alumnos de la escuela cat贸lica del Lacio, 9-3-1985, Insegnamenti, VIII/1, p. 620.

20

Juan Pablo II a los obispos lombardos en visita 芦Ad limina禄, el 15-1-1982, Insegnamenti, V/1, 1982, p. 105.

21

Insegnamenti, VIII/1, 1985, p. 618...

22

Mt 25, 40: 芦Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis禄.

23

Cf Perfectae caritatis, 8: 芦Hay en la Iglesia much铆simos institutos, clericales o laicales, consagrados a las obras de apostolado, que tienen dones diferentes seg煤n la gracia que les ha sido dada: "ora el que ense帽a, en la ense帽anza" Cf Om 12, 5-8)禄. Cf tambi茅n en Ad gentes divinitus, 40.

24

Summa Th. II-II, q. 186, a, 1: Por antonomasia se llaman 芦religiosos aquellos que se dedican al servicio divino, como ofreci茅ndose en holocausto al Se帽or禄.

25

Ib., a. 2.

26

芦El laico cat贸lico testigo de la fe en la escuela禄.

27

Las normas de la Iglesia al respecto se encuentran en el nuevo C.I.C., c谩nones, 800-803.

28

Cf Pablo VI a los participantes en el Congreso Nacional de Dirigentes diocesanos del Movimiento de Maestros de Acci贸n Cat贸lica, Insegnamenti, I, 1963, p. 594.

29

Cf Gravissimum educationis, 3.

30

Gravissimum educationis, 8.

31

Numerosos documentos episcopales nacionales y diocesanos han sido dedicados al tema de la escuela cat贸lica. Es un deber conocerlos y llevarlos a la pr谩ctica.

32

Ver, por ejemplo, la Resoluci贸n del Parlamento Europeo sobre la libertad de ense帽anza en la Comunidad Europea, aprobada por gran mayor铆a el 14 de marzo de 1984.

33

Cf Mc 6, 3; Hch 10, 38. Para la aplicaci贸n 煤til de la 茅tica laboral al trabajo escolar, ver: JUAN PABLO II, enc铆clica Laborem exercens, 14 de setiembre de 1981, especialmente en su parte quinta.

34

Gn 3, 19: 芦Con sudor de tu frente comer谩s el pan禄.

35

Lc 9, 23: 芦... cargue con su cruz cada d铆a禄.

36

Gravissimum educationis, 8: una de las notas distintivas de la escuela cat贸lica es: 芦ordenar ... toda la cultura humana seg煤n el mensaje de la salvaci贸n, de suerte que quede iluminado por la fe el conocimiento que los alumnos van adquiriendo del mundo, de la vida y del hombre禄.

37

Para una descripci贸n de la cultura y para las relaciones entre cultura y fe, cf Gaudium et spes, 54 y siguientes.

38

Cf DENZ-SCH脰N. 3016 3017 acerca de la doctrina cl谩sica sobre las relaciones entre raz贸n y fe, definidas por el Concilio Vaticano I.

39

Cf Juan Pablo II a los profesores y estudiantes de las escuelas cat贸licas de Melbourne, con ocasi贸n de su peregrinaci贸n pastoral al Extremo Oriente y Ocean铆a, el 28 de noviembre de 1986, Insegnamenti, IX/2, 1986, p. 1710 ss.

40

Cf 53-62.

41

Cf 8.

42

Juan Pablo II a los participantes al Congreso Nacional del Movimiento Eclesial de Promoci贸n cultural: Insegnamenti, V/1, 1982, p. 131; cf Juan Pablo II, Epistula qua Pontificium Consilium pro hominum Cultura instituitur: AAS 74 2, p. 685.

43

Sab 13, 5: 芦Por la magnitud y belleza de las criaturas, se percibe por analog铆a al que les dio el ser禄. Sal 18 , 2 .... 芦Los cielos narran la gloria de Dios ...禄.

44

Cf Mt 25, 14-30.

45

Cf Gaudium et spes, 12, 14, 17, 22.

46

Cf Gaudium et spes, 10.

47

Cf DENZ.-SCH脰N. 3004 para el conocimiento de Dios por la raz贸n humana y, 3005 para el de otras verdades.

48

1 Ts 5, 21: 芦Examinadlo todo, qued谩ndoos con lo bueno禄. Flp 4, 8: 芦Todo lo que es verdadero, noble, justo ... tenedlo en cuenta禄.

49

Cf Gaudium et spes, 61: sobre el deber de tener firmes algunos conceptos fundamentales.

50

Ib., 44: 芦A1 mismo tiempo se fomenta un intercambio vital entre la Iglesia y las diversas culturas禄.

51

Cf Dei Verbum, 2.

52

Cf PASCAL, BLAISE, Pens茅es, fr. 397.

53

Gaudium et spes, 37: 芦A trav茅s de toda la historia humana existe una dura batalla contra el poder de las tinieblas禄.

54

En Lumen gentium y Dei Verbum hay orientaciones muy interesantes para presentar la historia divina de la salvaci贸n.

55

Cf Gaudium et spes, 62.

56

Cf SAN AGUST脥N, De libero arbitrio, II, 16, 42. PL 32, 1264; Sto. TOM脕S, Contra gentiles, IV, 42.

57

Cf Gravissimum educationis, 1-2.

58

Evangelii nuntiandi, 18: 芦Evangelizar, para la Iglesia, es llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad, y con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad禄.

59

Ib., 44: 芦El esfuerzo de evangelizaci贸n sacar谩 gran provecho en el plano de la ense帽anza catequ茅tica dada en la Iglesia, en la escuela donde sea posible y en todas las familias cristianas禄.

60

Cf Catechesi tradendae, 69.

61

Cf Pablo VI a los fieles asistentes a la audiencia del mi茅rcoles 31 de mayo de 1967, Insegnamenti, V, 1967, p. 768.

62

Juan Pablo II a los sacerdotes de la di贸cesis de Roma, el 5 de marzo de 1981, Insegnamenti, IV/1, pp. 629 s.

63

Cf Mt 3, 1-3, sobre la misi贸n del Precursor.

64

Cf Jn 17, 9, oraci贸n del Se帽or por los que le fueron dados.

65

Dejando aparte problemas locales, en general se trata de cuestiones que, en estudios superiores, ocupan los manuales cl谩sicos de 芦apolog茅tica禄 y conciernen a los 芦pre谩mbulos de la fe禄. Para los estudiantes de hoy tales problemas adquieren matices particulares, inspirados por las materias escolares y por situaciones de actualidad. Por ejemplo: ate铆smo, religiones no cristianas, divisiones entre cristianos, hechos de la historia eclesi谩stica, violencias e injusticias cometidas en el pasado por pueblos cristianos, etc.

66

Revelaci贸n, Escritura, Tradici贸n y temas cristol贸gicos en Dei Verbum, Lumen gentium, Gaudium et spes. Al estudio sobre los Evangelios debe acompa帽ar el de estos documentos.

67

Mt 16, 16.

68

Cf Carta enc铆clica Redemptoris Mater del Sumo Pont铆fice Juan Pablo II, sobre la Bienaventurada Virgen Mar铆a en la vida de la Iglesia peregrina, 39.

69

Mt 11, 28.

70

Cf DENZ.-SCH脰N. 2854: no se puede hablar de Dios como se habla de los objetos de la ciencia humana.

71

Jn 14, 9.

72

Cf Lc 12, 24-28; Jn 3, 16...

73

Cf Jn 16, 13.

74

Cf Jn 3, 16.

75

Jn 15, 13.

76

Es indispensable un trabajo de clase sobre antropolog铆a cristiana, en el marco de la salvaci贸n: Lumen gentium y Gaudium et spes.

77

Lumen gentium ofrece elementos 煤tiles para la did谩ctica y pedagog铆a eclesiol贸gicas.

78

Sacrosanctum Concilium, 7: 芦Cristo est谩 presente con su virtud en los Sacramentos, de modo que, cuando alguien bautiza, es Cristo quien bautiza ...禄.

79

Jn 1, 16.

80

La did谩ctica y la pedagog铆a sacramentales se enriquecen mediante el estudio de algunos puntos de la Lumen gentium y de la Sacrosanctum Concilium.

81

Cf Jn 11, 25-27.

82

Cf Lc 16, 19-31.

83

Cf Mt 25, 31-46.

84

Cf Ib. 25, 40.

85

Cf Lumen gentium, cap. VII, sobre la 铆ndole escatol贸gica de la Iglesia peregrinante y su uni贸n con la Iglesia celestial.

86

Cf Ef 1, 1-4; Col 1, 13-20: doxolog铆as que manifiestan la fe de las primeras comunidades cristianas. Hch 10, evangelizaci贸n, conversi贸n, fe, don del Esp铆ritu Santo en casa del centuri贸n romano Cornelio. Hch 20, 7-12: evangelizaci贸n y eucarist铆a en una casa de Tr贸ade.

87

1 Jn 4, 10: 芦En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios sino en que 茅l nos am贸 ...禄.

88

Cf Mt 15, 9 y s.

89

Cf Documento, Orientaciones educativas sobre el amor humano. Pautas de educaci贸n sexual.

90

Jn 15, 12.

91

Cf Gaudium et spes, 63-66 y relativas aplicaciones.

92

Cf Gen 1, 27 y s.

93

Cf Mt 15, 19 y s.

94

Cf Gaudium et spes, 93.

95

Pres茅ntese a los alumnos alguno de los documentos sociales de la Iglesia.

96

Lc 2, 10: 芦Os traigo la buena noticia, la gran alegr铆a ...禄.

97

Lc 22, 53: 芦Pero 茅sta es vuestra hora: cuando mandan las tinieblas禄; en ella saltan a la vista: los abusos, las injusticias, los atentados a la libertad, el peso aplastante de la miseria con sus consecuencias de muertes, enfermedades y depresiones; el esc谩ndalo de las notorias desigualdades entre ricos y pobres, la falta de equidad y de sentido de solidaridad en los intercambios internacionales #cf ongregaci贸n para la Doctrina de la Fe, Algunos aspectos de la 芦teolog铆a de la liberaci贸n禄, Introducci贸n y I).

98

Jn 8, 7: 芦El que est茅 sin pecado, que le tire la primera piedra ...禄.

99

Cf Lc 8, 4-15.

100

Cf Ef 6, 10-17, caracter铆stica vigorosa del premio paulino.

101

Cf Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, Algunos aspectos de la 芦teolog铆a de la liberaci贸n禄, 6 de agosto de 1984, Introducci贸n.

102

Mt 5, 48: 芦Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto禄.

103

Lumen gentium, 42: 芦Quedan ... invitados y aun obligados todos los fieles cristianos a buscar insistentemente la santidad y la perfecci贸n dentro del propio estado禄.

104

Ib., 39: 芦Esta santidad de la Iglesia ... se expresa multiformente en cada uno de los que ... se acercan a la perfecci贸n de la caridad en su propio g茅nero de vida禄.

105

Algunos aspectos son tratados en los documentos ya citados: La Escuela Cat贸lica, 78-80. El laico cat贸lico testigo de la fe en la escuela, especialmente en 56-59, con indicaciones v谩lidas no s贸lo para los laicos.

106

Ib., 1: 芦Hay que ayudar a los ni帽os y a los adolescentes ... a desarrollar arm贸nicamente sus condiciones f铆sicas, morales e intelectuales, a fin de que adquieran gradualmente un sentido m谩s perfecto de la responsabilidad ...禄.

107

Ib., 2.

108

Ib., 8.

109

Cf Mt 5, 48.

110

Lc 2, 40: 芦El Ni帽o iba creciendo y robusteci茅ndose y se llenaba de sabidur铆a; y la gracia de Dios le acompa帽aba禄. Ib 2, 52: 芦Y Jes煤s iba creciendo en sabidur铆a, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres禄.

111

Cf Gravissimum educationis, 1-2.
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