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Congregaci贸n para la Educaci贸n Cat贸lica, Orientaciones educativas sobre el amor humano. Pautas de educaci贸n sexual
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Orientaciones educativas sobre el amor humano. Pautas de educaci贸n sexual

INTRODUCCI脫N

1. El desarrollo arm贸nico de la personalidad humana revela progresivamente en el hombre la imagen de hijo de Dios. 芦La verdadera educaci贸n se propone la formaci贸n de la persona humana en orden a su fin 煤ltimo禄.1 Tratando de la educaci贸n cristiana, el Concilio Vaticano II ha se帽alado la necesidad de ofrecer 芦una positiva y prudente educaci贸n sexual禄 a los ni帽os y a los j贸venes.2

La Congregaci贸n para la Educaci贸n Cat贸lica, dentro del 谩mbito de su competencia, considera un deber contribuir a la aplicaci贸n de la Declaraci贸n Conciliar, as铆 como lo vienen haciendo las Conferencias Episcopales en sus demarcaciones respectivas.

2. Este documento, elaborado con la ayuda de expertos en problemas educativos y sometido a una vasta consulta, se propone un objetivo concreto: examinar el aspecto pedag贸gico de la educaci贸n indicando orientaciones oportunas para la formaci贸n integral del cristiano, seg煤n la vocaci贸n de cada uno.

Aunque no se descienda en cada ocasi贸n a la cita expl铆cita, se presuponen siempre los principios doctrinales y las normas morales correspondientes, seg煤n el Magisterio.

3. La Congregaci贸n es muy consciente de las diferencias culturales y sociales existentes en los diversos pa铆ses. Por tanto, estas orientaciones deber谩n ser adaptadas por los respectivos episcopados a las necesidades propias de cada Iglesia local.

Significado de la sexualidad

4. La sexualidad es un elemento b谩sico de la personalidad; un modo propio de ser, de manifestarse, de comunicarse con los otros, de sentir, expresar y vivir el amor humano. Por eso, es parte integrante del desarrollo de la personalidad y de su proceso educativo: 芦A la verdad en el sexo radican las notas caracter铆sticas que constituyen a las personas como hombres y mujeres en el plano biol贸gico, psicol贸gico y espiritual, teniendo as铆 mucha parte en su evoluci贸n individual y en su inserci贸n en la sociedad禄.3

5. La sexualidad caracteriza al hombre y a la mujer no s贸lo en el plano f铆sico, sino tambi茅n en el psicol贸gico y espiritual con su impronta consiguiente en todas sus manifestaciones. Esta diversidad, aneja a la complementariedad de los dos sexos, responde cumplidamente al dise帽o de Dios en la vocaci贸n enderezada a cada uno.

La genitalidad, orientada a la procreaci贸n, es la expresi贸n m谩xima, en el plano f铆sico, de la comuni贸n de amor de los c贸nyuges. Arrancada de este contexto de don rec铆proco 鈥攔ealidad que el cristiano vive sostenido y enriquecido de una manera muy especial, por la gracia de Dios鈥� la genitalidad pierde su significado, cede al ego铆smo individual y pasa a ser un desorden moral.4

6. La sexualidad orientada, elevada e integrada por el amor adquiere verdadera calidad humana. En el cuadro del desarrollo biol贸gico y ps铆quico, crece arm贸nicamente y s贸lo se realiza en sentido pleno con la conquista de la madurez afectiva que se manifiesta en el amor desinteresado y en la total donaci贸n de s铆.

Situaci贸n actual

7. Se pueden observar actualmente, aun entre cristianos, notables divergencias respecto a la educaci贸n sexual. En el clima presente de desorientaci贸n moral amaga el peligro tanto del conformismo que acarrea no leves da帽os, como del prejuicio que falsea la 铆ntima naturaleza del ser humano salida 铆ntegra de las manos del Creador.

8. Reactivo necesario frente a tal situaci贸n, es para muchos una oportuna educaci贸n sexual. Conviene observar que si bien la necesidad es una convicci贸n ampliamente difundida en teor铆a, en la pr谩ctica persisten incertidumbres y divergencias notables sea respecto a las personas e instituciones que deber铆an asumir la responsabilidad educativa, sea en relaci贸n al contenido y metodolog铆a.

9. Los educadores y los padres reconocen con frecuencia no estar suficientemente preparados para llevar a cabo una adecuada educaci贸n sexual. La escuela no siempre est谩 capacitada para ofrecer una visi贸n integral del tema; la cual quedar铆a incompleta con la sola informaci贸n cient铆fica.

10. Particulares dificultades se encuentran en pa铆ses donde la urgencia del problema no se advierte o se piensa, tal vez, que pueda resolverse por s铆 mismo, al margen de una educaci贸n espec铆fica.

11. En general, es necesario reconocer que se trata de una empresa dif铆cil por la complejidad de los diversos elementos (fisiol贸gicos, psicol贸gicos, pedag贸gicos, socio-culturales, jur铆dicos, morales y religiosos) que intervienen en la acci贸n educativa.

12. Algunos organismos cat贸licos, en diversas partes, 鈥攃on la aprobaci贸n y el est铆mulo del Episcopado local鈥� han comenzado a desarrollar una positiva tarea de educaci贸n sexual, dirigida no s贸lo a ayudar a los ni帽os y adolescentes en el camino hacia la madurez psicol贸gica y espiritual, sino tambi茅n, y sobre todo, a prevenirlos contra los peligros provenientes de la ignorancia y degradaci贸n ambientales.

13. Es tambi茅n laudable el esfuerzo de cuantos, con seriedad cient铆fica, estudian el problema, a partir de las ciencias humanas integrando los resultados de tales investigaciones en un proyecto conforme a las exigencias de la dignidad humana, como aparece en el Evangelio.

Declaraciones del Magisterio

14. Las declaraciones del Magisterio sobre educaci贸n sexual reflejan un progreso que responde a las justas exigencias de la historia en plena fidelidad a la tradici贸n.5

El Concilio Vaticano II en la 芦Declaraci贸n sobre la Educaci贸n cristiana禄 presenta la perspectiva correspondiente a la educaci贸n sexual6 tras afirmar el derecho de la juventud a recibir una educaci贸n adecuada a las exigencias personales.

El Concilio concreta: 芦Hay que ayudar, pues, a los ni帽os y a los adolescentes, teniendo en cuenta el progreso de la psicolog铆a, de la pedagog铆a y de la did谩ctica, para desarrollar arm贸nicamente sus condiciones f铆sicas, morales e intelectuales, a fin de que adquieran gradualmente un sentido m谩s perfecto de la responsabilidad en el recto y laborioso desarrollo de la vida, y en la consecuci贸n de la verdadera libertad, superando los obst谩culos con grandeza y constancia de alma. Hay que iniciarlos, conforme avanza su edad, en una positiva y prudente educaci贸n sexual禄.7

15. La Constituci贸n Pastoral 芦Gaudium et spes禄, a prop贸sito de la dignidad del matrimonio y de la familia, presenta esta 煤ltima como el lugar preferente para la formaci贸n de los j贸venes en la castidad.8 Pero siendo 茅sta un aspecto de la educaci贸n integral, exige la cooperaci贸n de los educadores con los padres en el cumplimiento de su misi贸n.9 Esta educaci贸n, en definitiva, se debe ofrecer a los ni帽os y j贸venes en el 谩mbito de la familia10 y darla de manera gradual, mirando siempre a la formaci贸n integral de la persona.

16. En la Exhortaci贸n apost贸lica sobre la misi贸n de la familia cristiana en el mundo actual, Juan Pablo II reserva un puesto destacado a la educaci贸n sexual como un valor de la persona. 芦La educaci贸n para el amor como don de s铆 mismo, dice el Santo Padre, constituye tambi茅n la premisa indispensable para los padres, llamados a ofrecer a los hijos una educaci贸n sexual clara y delicada. Ante una cultura que "banaliza" en gran parte la sexualidad humana, porque la interpreta y la vive de manera reductiva y empobrecida, relacion谩ndola 煤nicamente con el cuerpo y el placer ego铆sta, el servicio educativo de los padres debe basarse sobre una cultura sexual que sea verdadera y plenamente personal. En efecto, la sexualidad es una riqueza de toda la persona 鈥攃uerpo, sentimiento y esp铆ritu鈥� y manifiesta su significado intimo al llevar la persona hacia el don de s铆 misma en el amor禄.11

17. El Papa, inmediatamente despu茅s, hace a la escuela responsable de esta educaci贸n al servicio y en sinton铆a con los padres. 芦La educaci贸n sexual, derecho y deber fundamental de los padres, debe realizarse siempre bajo su direcci贸n sol铆cita, tanto en casa como en los centros educativos elegidos y controlados por ellos. En este sentido la Iglesia reafirma la ley de la subsidiariedad, que la escuela tiene que observar cuando coopera en la educaci贸n sexual, situ谩ndose en el espfritu mismo que anima a los padres禄.12

18. Para que el valor de la sexualidad alcance su plena realizaci贸n, 芦es del todo irrenunciable la educaci贸n para la castidad, como virtud que desarrolla la aut茅ntica madurez de la persona y la hace capaz de respetar y promover el "significado esponsal" del cuerpo禄.13 La castidad consiste en el dominio de s铆, en la capacidad de orientar el instinto sexual al servicio del amor y de integrarlo en el desarrollo de la persona. Fruto de la gracia de Dios y de nuestra colaboraci贸n, la castidad tiende a armonizar los diversos elementos que componen la persona y a superar la debilidad de la naturaleza humana, marcada por el pecado, para que cada uno pueda seguir la vocaci贸n a la que Dios lo llame.

En el esfuerzo por conseguir una completa educaci贸n para la castidad, 芦los padres cristianos reservar谩n una atenci贸n y cuidado especial 鈥攄iscerniendo los signos de la llamada de Dios鈥� a la educaci贸n para la virginidad, como forma suprema del don de uno mismo que constituye el sentido genuino de la sexualidad humana禄.14

19. En la ense帽anza de Juan Pablo II, la consideraci贸n positiva de los valores que se deben descubrir y apreciar, antecede a la norma que no se debe violar. 脡sta, sin embargo, interpreta y formula los valores a que el hombre debe tender. 芦Por los v铆nculos estrechos que hay entre la dimensi贸n sexual de la persona y sus valores 茅ticos, esta educaci贸n debe llevar a los hijos a conocer y estimar las normas morales como garant铆a necesaria y preciosa para un crecimiento personal y responsable en la sexualidad humana. Por esto la Iglesia se opone firmemente a un sistema de informaci贸n sexual separado de los principios morales y tan frecuentemente difundido, el cual no seria m谩s que una introducci贸n a la experiencia del placer y un estimulo que lleva a perder la serenidad, abriendo el camino al vicio desde los a帽os de la inocencia禄.15

20. Este documento, por tanto, partiendo de la visi贸n cristiana del hombre y anclado en los principios enunciados recientemente por el Magisterio, desea ofrecer a los educadores algunas orientaciones fundamentales sobre la educaci贸n sexual y las condiciones y modalidades a tener presentes en el plano operativo.

I. ALGUNOS PRINCIPIOS FUNDAMENTALES

21. Toda educaci贸n se inspira en una determinada concepci贸n del hombre. La educaci贸n cristiana aspira a conseguir la realizaci贸n del hombre a trav茅s del desarrollo de todo su ser, esp铆ritu encarnado, y de los dones de naturaleza y gracia de que ha sido enriquecido por Dios. Est谩 enraizada en la fe que 芦todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino sobre la entera vocaci贸n del hombre禄.16

Concepci贸n cristiana de la sexualidad.

22. La visi贸n cristiana del hombre, reconoce al cuerpo una particular funci贸n, puesto que contribuye a revelar el sentido de la vida y de la vocaci贸n humana. La corporeidad es, en efecto, el modo espec铆fico de existir y de obrar del espfritu humano. Este significado es ante todo de naturaleza antropol贸gica: 芦el cuerpo revela el hombre禄,17 芦expresa la persona禄18 y por eso es el primer mensaje de Dios al hombre mismo, casi una especie de 芦sacramento primordial, entendido como signo que transmite eficazmente en el mundo visible, el misterio invisible escondido en Dios desde la eternidad禄.19

23. Hay un segundo significado de naturaleza teologal: el cuerpo contribuye a revelar a Dios y su amor creador, en cuanto manifiesta la creaturalidad del hombre, su dependencia de un don fundamental que es don del amor. 芦Esto es el cuerpo: testigo de la creaci贸n como de un don fundamental, testigo, pues, del Amor como fuente de la que naci贸 este mismo donar禄.20

24. El cuerpo, en cuanto sexuado, manifiesta la vocaci贸n del hombre a la reciprocidad, esto es, al amor y al mutuo don de s铆.21 El cuerpo, en fin, llama al hombre y a la mujer a su constitutiva vocaci贸n a la fecundidad, como uno de los significados fundamentales de su ser sexuado.22

25. La distinci贸n sexual, que aparece como una determinaci贸n del ser humano, supone diferencia, pero en igualdad de naturaleza y dignidad.23

La persona humana, por su 铆ntima naturaleza, exige una relaci贸n de alteridad que implica una reciprocidad de amor.24 Los sexos son complementarios: iguales y distintos al mismo tiempo; no id茅nticos, pero s铆 iguales en dignidad personal; son semejantes para entenderse, diferentes para completarse rec铆procamente.

26. El hombre y la mujer constituyen dos modos de realizar, por parte de la criatura humana, una determinada participaci贸n del Ser divino: han sido creados 芦a imagen y semejanza de Dios禄 y llenan esa vocaci贸n no s贸lo como personas individuales, sino asociados en pareja, como comunidad de amor.25 Orientados a la uni贸n y a la fecundidad, el marido y la esposa participan del amor creador de Dios, viviendo a trav茅s del otro la comuni贸n con El.26

27. La presencia del pecado, que obscurece la inocencia original del hombre, dificulta la percepci贸n de estos mensajes; su interpretaci贸n se ha convertido as铆 en quehacer 茅tico, objeto de una ardua tarea confiada al hombre: 芦El hombre y la mujer despu茅s del pecado original perder谩n la inocencia originaria. El descubrimiento del significado esponsalicio del cuerpo dejar谩 de ser para ellos una simple realidad de la revelaci贸n y de la gracia. Sin embargo, este significado permanecer谩 como una prenda dada al hombre por el 芦ethos禄 del don, inscrito en lo profundo del coraz贸n humano, como eco lejano de la inocencia originaria禄.27

En presencia de esta capacidad del cuerpo de ser al mismo tiempo signo e instrumento de vocaci贸n 茅tica cabe descubrir una analog铆a entre el cuerpo mismo y la economfa sacramental, que es el camino concreto a trav茅s del cual alcanza el hombre la gracia y la salvaci贸n.

28. Dada la inclinaci贸n del hombre 芦hist贸rico禄 a reducir la sexualidad a la sola experiencia genital, se explican las reacciones tendentes a desvalorizar el sexo, como si por naturaleza fuese indigno del hombre. Las presentes orientaciones pretenden oponerse a tal desvalorizaci贸n.

29. 芦El misterio del hombre s贸lo se esclarece en el misterio del Verbo Encarnado禄28 y la existencia humana adquiere su significado pleno en la vocaci贸n a la vida divina. S贸lo siguiendo a Cristo, responde el hombre a esta vocaci贸n y se afirma plenamente tal creciendo hasta llegar a ser 芦hombre perfecto, a la medida de la plenitud de Cristo禄.29

30. A la luz del misterio de Cristo, la sexualidad aparece como una vocaci贸n a realizar el amor que el Esp铆ritu Santo infunde en el coraz贸n de los redimidos. Jesucristo ha sublimado tal vocaci贸n con el Sacramento del matrimonio.

31. Jes煤s ha indicado, por otra parte, con el ejemplo y la palabra, la vocaci贸n a la virginidad por el reino de los cielos.30 La virginidad es vocaci贸n al amor: hace que el coraz贸n est茅 m谩s libre para amar a Dios.31 Exento de los deberes propios del amor conyugal, el coraz贸n virgen puede sentirse, por tanto, m谩s disponible para el amor gratuito hacia los hermanos.

En consecuencia, la virginidad por el reino de los cielos, expresa mejor la donaci贸n de Cristo al Padre por los hermanos y prefigura con mayor exactitud la realidad de la vida eterna, que ser谩 esencialmente caridad.32

La virginidad implica, ciertamente, renuncia a la forma de amor t铆pica del matrimonio, pero asume a nivel m谩s profundo el dinamismo, inherente a la sexualidad, de apertura oblativa a los otros, potenciado y transfigurado por la presencia del Esp铆ritu el cual ense帽a a amar al Padre y a los hermanos como el Se帽or Jes煤s.

32. En s铆ntesis, la sexualidad est谩 llamada a expresar valores diversos a los que corresponden exigencias morales espec铆ficas; orientada hacia el di谩logo interpersonal, contribuye a la maduraci贸n integral del hombre abri茅ndolo al don de s铆 en el amor; vinculada, por otra parte, en el orden de la creaci贸n, a la fecundidad y a la transmisi贸n de la vida, est谩 llamada a ser fiel tambi茅n, a esta finalidad suya interna. Amor y fecundidad son, por tanto, significados y valores de la sexualidad que se incluyen y reclaman mutuamente y no pueden, en consecuencia, ser considerados ni alternativos ni opuestos.

33. La vida afectiva, propia de cada sexo, se manifiesta de modo caracter铆stico en los diversos estados de vida: la uni贸n de los c贸nyuges, el celibato consagrado elegido por el Reino, la condici贸n del cristiano que no ha llegado al momento de su compromiso matrimonial o porque es todav铆a c茅libe o porque ha elegido permanecer tal. En todos los casos esta vida afectiva debe ser acogida e integrada en la persona humana.

Naturaleza, finalidad y medios de la educaci贸n sexual

34. Objetivo fundamental de esta educaci贸n es un conocimiento adecuado de la naturaleza e importancia de la sexualidad y del desarrollo arm贸nico e integral de la persona hacia su madurez psicol贸gica con vistas a la plenitud de vida espiritual, a la que todos los creyentes est谩n llamados.33

A este fin el educador cristiano recordar谩 los principios de fe y los diversos m茅todos de intervenci贸n, teniendo en cuenta la positiva valoraci贸n que la pedagog铆a actual hace de la sexualidad.

35. En perspectiva antropol贸gica cristiana, la educaci贸n afectivo-sexual considera la totalidad de la persona y exige, por tanto, la integraci贸n de los elementos biol贸gicos, psico-afectivos, sociales y espirituales. Esta integraci贸n resulta dif铆cil porque tambi茅n el creyente lleva las consecuencias del pecado original.

Una verdadera 芦formaci贸n禄, no se limita a informar la inteligencia, sino que presta particular atenci贸n a la educaci贸n de la voluntad, de los sentimientos y de las emociones. En efecto, para tender a la madurez de la vida afectivosexual, es necesario el dominio de s铆, el cual presupone virtudes como el pudor, la templanza, el respeto propio y ajeno y la apertura al pr贸jimo.

Todo esto no es posible sino en virtud de la salvaci贸n que viene de nuestro Se帽or Jesucristo.

36. Aunque son diversas las modalidades que asume la sexualidad en cada persona, la educaci贸n debe promover sobre todo aquella madurez que 芦comporta no s贸lo la aceptaci贸n del valor sexual integrado en el conjunto de los valores, sino tambi茅n la potencialidad "oblativa", es decir la capacidad de donaci贸n, de amor altruista. Cuando esta capacidad se realiza en la medida adecuada, la persona se hace id贸nea para establecer un contacto espont谩neo, para dominarse emocionalmente y comprometerse con seriedad禄.34

37. La pedagog铆a contempor谩nea de inspiraci贸n cristiana ve en el educando, considerado en su totalidad compleja, el principal sujeto de la educaci贸n. Debe ser ayudado, creando un clima de confianza, a desarrollar todas sus capacidades para el bien. Demasiado f谩cilmente se olvida esto cuando se da excesivo peso a la simple informaci贸n en detrimento de las otras dimensiones de la educaci贸n sexual. En la educaci贸n, en efecto, es de m谩xima importancia el conocimiento de nuevas nociones, pero vivificado por la asimilaci贸n de los valores correspondientes y de una viva toma de conciencia de las responsabilidades personales relacionadas con la edad adulta.

38. Debido a las repercusiones de la sexualidad en toda la persona humana, es necesario tener presentes multitud de aspectos: las condiciones de salud, las influencias del ambiente familiar y social, las impresiones recibidas y las reacciones del sujeto, la educaci贸n de la voluntad y el grado de desarrollo de la vida espiritual sostenida por el auxilio de la gracia.

39. Todo lo que se ha dicho hasta aqu铆 sirve a los educadores como ayuda y gu铆a en la formaci贸n de la personalidad de los j贸venes. Los educadores deben estimularlos a una reflexi贸n cr铆tica sobre las impresiones recibidas y, al mismo tiempo que les proponen valores, deben darles testimonio de una vida espiritual aut茅ntica tanto personal como comunitaria.

40. Vistos los estrechos lazos existentes entre moral y sexualidad, es necesario que el conocimiento de las normas morales est茅 acompa帽ado de claras motivaciones a fin de conseguir una sincera adhesi贸n personal.

41. La pedagog铆a contempor谩nea tiene plena conciencia de que la vida humana est谩 sometida a una evoluci贸n constante y que la formaci贸n personal es un proceso permanente. Esto es tambi茅n verdadero respecto a la sexualidad que se manifiesta con caracter铆sticas particulares en las diversas fases de la vida. Lo cual conlleva, evidentemente, riquezas y dificultades no leves en cada etapa de su maduraci贸n.

42. Los educadores tienen presente las etapas fundamentales de tal evoluci贸n: el instinto primitivo, que al principio presenta car谩cter rudimentario, pasa luego a un clima de ambivalencia entre el bien y el mal; despu茅s con ayuda de la educaci贸n los sentimientos se estabilizan a la vez que aumenta el sentido de responsabilidad. Gradualmente el ego铆smo se elimina, se establece un cierto ascetismo, el otro es aceptado y amado por s铆 mismo; se integran los elementos de la sexualidad: genitalidad, erotismo, amor y caridad. Aunque no se obtiene siempre el resultado completo, son m谩s numerosos de lo que se piensa, los que se aproximan a la meta a que aspiran.

43. Los educadores cristianos est谩n persuadidos de que la educaci贸n sexual s贸lo se realiza plenamente en el 谩mbito de la fe. Incorporado por el bautismo a Cristo resucitado, el cristiano sabe que tambi茅n su cuerpo ha sido vivificado y purificado por el Esp铆ritu que Jes煤s le comunica.35

La fe en el misterio de Cristo resucitado, que por su Esp铆ritu act煤a y prolonga en los fieles el misterio de la pascua, descubre al creyente la vocaci贸n a la resurrecci贸n de la carne, ya incoada gracias al Esp铆ritu que habita en el justo como prenda y germen de la resurrecci贸n total y definitiva.

44. El desorden provocado por el pecado, presente y operante en el individuo como tambi茅n en la cultura que caracteriza la sociedad, ejerce una presi贸n fuerte a concebir y vivir la sexualidad en oposici贸n a la ley de Cristo, al comp谩s de lo que San Pablo denominara la ley del pecado.36 A veces, las estructuras econ贸micas, las leyes estatales, los mass-media, los sistemas de vida de las grandes metr贸polis son factores que inciden negativamente sobre el hombre. De todo ello la educaci贸n cristiana toma nota e indica orientaciones oportunas para oponerse responsablemente a tales incentivos.

45. Este esfuerzo constante es sostenido y aun hecho posible por la gracia divina mediante la Palabra de Dios recibida con fe, la oraci贸n filial y la participaci贸n en los sacramentos. Figura en primer t茅rmino la Eucarist铆a, comuni贸n con Cristo en el acto mismo de su sacrificio, donde, efectivamente, el creyente encuentra el Pan de vida como 芦vi谩tico禄 para afrontar y superar los obst谩culos de su terreno peregrinar. El sacramento de la Reconciliaci贸n, a trav茅s de la gracia que le es propia y con la ayuda de la direcci贸n espiritual, no solamente refuerza la capacidad de resistencia al mal, sino que confiere energ铆a para levantarse despu茅s de una ca铆da.

Estos sacramentos son ofrecidos y celebrados en la comunidad eclesial. Quien se inscribe vitalmente en el seno de tal comunidad, halla en los sacramentos la fuerza para llevar, en su estado, una vida casta.

46. La oraci贸n personal y comunitaria es el medio insustituible para obtener de Dios fidelidad a las promesas del bautismo, resistencia a los impulsos de la naturaleza humana herida por el pecado y equilibrio de las emociones que surgen por influencias negativas del medio ambiente.

El esp铆ritu de oraci贸n ayuda a vivir coherentemente la pr谩ctica de los valores evang茅licos cuales son la lealtad y sinceridad de coraz贸n y la pobreza y humildad, en el esfuerzo diario de trabajo y de inter茅s por el pr贸jimo. La vida interior lleva a la alegr铆a cristiana, siempre victoriosa, m谩s all谩 de todo moralismo y ayuda psicol贸gica, en la lucha contra el mal.

Del contacto 铆ntimo y frecuente con el Se帽or todos, y los j贸venes en particular, recaban fuerza y entusiasmo para vivir con pureza y realizar su vocaci贸n humana y cristiana con un sereno dominio de s铆 y con una donaci贸n generosa a los dem谩s.

A nadie debe escap谩rsele la importancia de estas afirmaciones, pues hay muchas personas que, impl铆cita o expl铆citamente, tienen una actitud pesimista respecto a la capacidad de la naturaleza humana para asumir un compromiso definitivo para toda la vida, especialmente en el matrimonio. La educaci贸n cristiana debe reforzar la confianza de los j贸venes de manera que su comprensi贸n y preparaci贸n para un compromiso de este g茅nero est茅 acompa帽ada de la certeza de que Dios les ayuda con su Gracia para que puedan llevar a cabo sus designios sobre ellos.

47. La imitaci贸n y uni贸n con Cristo, vividos y transmitidos por los santos, son las motivaciones m谩s profundas de nuestra esperanza de realizar el alto ideal de vida casta inalcanzable con las solas fuerzas humanas.

La Virgen Mar铆a es ejemplo eminente de vida cristiana. La Iglesia, por secular experiencia, certifica que los fieles, especialmente los j贸venes, que le son devotos, han sabido realizar este sublime ideal.

II. RESPONSABILIDAD EN LA REALIZACI脫N DE LA EDUCACION SEXUAL

Funci贸n de la familia

48. La educaci贸n corresponde, especialmente, a la familia que 芦es escuela del m谩s rico humanismo禄.37 La familia, en efecto, es el mejor ambiente para llenar el deber de asegurar una gradual educaci贸n de la vida sexual. Ella cuenta con reservas afectivas capaces de hacer aceptar, sin traumas, aun las realidades m谩s delicadas e integrarlas arm贸nicamente en una personalidad equilibrada y rica.

49. El afecto y la confianza rec铆proca que se viven en la familia ayudan al desarrollo arm贸nico y equilibrado del ni帽o desde su nacimiento. Para que los lazos afectivos naturales que unen a los padres con los hijos sean positivos en el m谩ximo grado, los padres, sobre la base de un sereno equilibrio sexual, establezcan una relaci贸n de confianza y di谩logo con sus hijos, siempre adecuada a su edad y desarrollo.

50. Para brindar a los hijos orientaciones eficaces necesarias para resolver los problemas del momento, antes de dar conocimientos te贸ricos, sean los adultos ejemplo con el propio comportamiento. Los padres cristianos deben tener conciencia de que ese ejemplo constituye la aportaci贸n m谩s v谩lida a la educaci贸n de sus hijos. 脡stos, a su vez, podr谩n adquirir la certeza de que el ideal cristiano es una realidad vivida en el seno de la propia familia.

51. La apertura y la colaboraci贸n de los padres con los otros educadores corresponsables de la formaci贸n, influir谩n positivamente en la maduraci贸n del joven. La preparaci贸n te贸rica y la experiencia de los padres ayudar谩n a los hijos a comprender el valor y el papel espec铆ficos de la realidad masculina y femenina.

52 La plena realizaci贸n de la vida conyugal y, en consecuencia, la estabilidad y santidad de la familia dependen de la formaci贸n de la conciencia y de los valores asimilados durante todo el proceso formativo de los mismos padres. Los valores morales vividos en familia se transmiten m谩s f谩cilmente a los hijos.38 Entre estos valores morales hay que destacar el respeto a la vida desde el seno materno y, en general, el respeto a la persona de cualquier edad y condici贸n. Se debe ayudar a los j贸venes a conocer, apreciar y respetar estos valores fundamentales de la existencia.

Dada la importancia de los mismos para la vida cristiana, e incluso en la perspectiva de una llamada divina de los hijos al sacerdocio o a la vida consagrada, la educaci贸n sexual adquiere tambi茅n una dimensi贸n eclesial.

La comunidad eclesial

53. La Iglesia, madre de los fieles engendrados en la fe por ella en el Bautismo, tiene, confiada por Cristo, una misi贸n educativa que se realiza especialmente a trav茅s del anuncio, la plena comuni贸n con Dios y los hermanos y la participaci贸n consciente y activa en la liturgia eucar铆stica y en la actividad apost贸lica.39 La comunidad eclesial constituye, desde el abrirse a la vida, un ambiente adecuado a la asimilaci贸n de la 茅tica cristiana en la que los fieles aprenden a testimoniar la Buena Nueva.

54. Las dificultades que la educaci贸n sexual encuentra a menudo en el seno de la familia, requieren una mayor atenci贸n por parte de la comunidad cristiana y, en particular de los sacerdotes, para lograr la educaci贸n de los bautizados. En este campo est谩n llamados a cooperar con la familia, la escuela cat贸lica, la parroquia y otras instituciones eclesiales.

55. Del car谩cter eclesial de la fe deriva la corresponsabilidad de la comunidad cristiana en ayudar a los bautizados a vivir coherente y conscientemente las obligaciones asumidas en el bautismo. Corresponde a los Obispos dar normas y orientaciones adaptadas a las necesidades de las Iglesias particulares.

Catequesis y educaci贸n sexual

56. La catequesis est谩 llamada a ser terreno fecundo para la renovaci贸n de toda la comunidad eclesial. Por tanto, para llevar a los fieles a la madurez de la fe, aqu茅lla debe ilustrar los valores positivos de la sexualidad, integr谩ndolos con los de la virginidad y el matrimonio, a la luz del misterio de Cristo y de la Iglesia.

Esta catequesis deber铆a poner de relieve que la primera vocaci贸n del cristiano es amar, y que la vocaci贸n al amor se realiza por dos caminos diversos: el matrimonio o el celibato por el Reino.40 芦El matrimonio y la virginidad son dos modos de expresar y de vivir el 煤nico Misterio de la Alianza de Dios con su pueblo禄.41

57. Para que las familias tengan la certeza de que la catequesis no se separa en absoluto del Magisterio de la Iglesia, los Pastores deben preocuparse tanto de la elecci贸n y preparaci贸n del personal responsable cuanto del determinar los contenidos y m茅todos.

58. Persiste en su pleno valor la norma indicada en el n. 48: en lo que concierne a los aspectos m谩s 铆ntimos, biol贸gicos o afectivos, se deber铆a privilegiar la educaci贸n individual, preferiblemente en el 谩mbito de la familia.

59. Siendo siempre v谩lido que la catequesis realizada en familia constituye una forma privilegiada, si en algunas circunstancias, los padres no se sienten capacitados para asumir este deber, pueden acudir a otras personas que gocen de su confianza. Una iniciaci贸n sabia, prudente y adaptada a la edad y al ambiente, puede evitar traumas a los ni帽os y hacerles m谩s f谩cil la soluci贸n de los problemas sexuales. En todo caso, no bastan lecciones formales; para impartir estas ense帽anzas lo mejor es aprovechar las m煤ltiples ocasiones ofrecidas por la vida cotidiana.

Catequesis prematrimonial

60. Un aspecto fundamental de la preparaci贸n de los j贸venes para el matrimonio consiste en darles una visi贸n exacta la 茅tica cristiana respecto a la sexualidad. La catequesis ofrece la ventaja de situarse en la perspectiva inmediata del matrimonio. Pero, para conseguir plenamente el objetivo, esta catequesis debe ser continuada convenientemente de manera que constituya un verdadero y propio catecumenado. Aspira, adem谩s, a sostener y robustecer la castidad propia de los novios, a prepararlos para la vida conyugal, vivida cristianamente, y para la misi贸n espec铆fica que los esposos tienen en el Pueblo de Dios.

61. Los futuros esposos deben conocer el significado profundo del matrimonio, entendido como uni贸n de amor para su pleno desarollo personal y para la procreaci贸n. La estabilidad del matrimonio y del amor conyugal exige, como condici贸n indispensable, la castidad y el dominio de s铆, la formaci贸n del car谩cter y el esp铆ritu de sacrificio. En vista de las dificultades de la vida matrimonial, agudizadas en las condiciones de nuestro tiempo, la castidad juvenil, en cuanto preparaci贸n adecuada para la castidad matrimonial, ser谩 de ayuda decisiva para los esposos. 脡stos, por otra parte, ser谩n instruidos sobre la ley divina, declarada por el Magisterio eclesi谩stico, necesaria para la formaci贸n de su conciencia.42

62. Instruidos sobre el valor y la grandeza del sacramento del matrimonio, que especifica para ellos la gracia y la vocaci贸n del bautismo, los esposos cristianos estar谩n en grado de vivir conscientemente los valores y las obligaciones propias de su vida moral como exigencia y fruto de la gracia y de la acci贸n del Esp铆ritu, ya que 芦para cumplir dignamente su deber de estado, est谩n fortificados y como consagrados por un sacramento especial禄.43

Por otra parte, a fin de vivir su sexualidad y llevar a cabo sus responsabilidades de acuerdo con el designio divino44 es importante que los esposos tengan conocimiento de los m茅todos naturales para regular su fertilidad. Como ha dicho Juan Pablo II: 芦Conviene hacer lo posible para que semejante conocimiento se haga accesible a todos los esposos, y ante todo a las personas j贸venes, mediante una informaci贸n y una educaci贸n clara, oportuna y seria, por parte de parejas, de m茅dicos y de expertos禄.45 Hay que hacer notar que la contracepci贸n, de la que actualmente se hace intensa propaganda, contrasta con estos ideales cristianos y estas normas de moralidad en que la Iglesia es maestra. Este hecho hace todav铆a m谩s urgente la necesidad de que la ense帽anza de la Iglesia sobre los medios artificiales de contracepci贸n y los motivos de tales ense帽anzas, sean transmitidos a los j贸venes a la edad conveniente para prepararlos a vivir su matrimonio responsablemente, pleno de amor y abierto a la vida.

Orientaciones para los adultos

63. Una s贸lida preparaci贸n catequ铆stica de los adultos, sobre el amor humano, pone las bases para la educaci贸n sexual de los ni帽os. As铆 se asegura la posesi贸n de la madurez humana iluminada por la fe, que ser谩 decisiva en el di谩logo que los adultos deben establecer con las nuevas generaciones. Adem谩s de las indicaciones concernientes a los m茅todos a usarse, dicha catequesis favorecer谩 un oportuno cambio de ideas sobre problemas particulares, har谩 conocer mejor el material a utilizar y permitir谩 eventuales encuentros con expertos, cuya colaboraci贸n podr铆a ser particularmente 煤til en los casos dif铆ciles.

Funci贸n de la sociedad civil

64. La persona deber铆a encontrar en la sociedad, expresados y vividos, los valores que ejercen un influjo no secundario en el proceso formativo. Ser谩, por tanto, deber de la sociedad civil, en cuanto se trata del bien com煤n,46 vigilar con el fin de que se asegure un sano ambiente f铆sico y moral en las escuelas y se promuevan las condiciones que respondan a la positiva petici贸n de los padres o cuenten con su libre adhesi贸n.

65. Es deber del Estado tutelar a los ciudadanos contra las injusticias y des贸rdenes morales como el abuso de los menores y toda forma de violencia sexual, la degradaci贸n de costumbres, la permisividad y la pornograf铆a, y la manipulaci贸n de los datos demogr谩ficos.

Responsabilidad en la educaci贸n para el uso de los instrumentos de comunicaci贸n social

66. En el mundo actual los instrumentos de comunicaci贸n social, con su irrupci贸n arrolladora y fuerza de sugesti贸n, ejercen sobre los j贸venes y los menores, en general y sobre todo en el campo de la educaci贸n sexual, una continua y condicionarte obra de informaci贸n y de amaestramiento bastante m谩s incisiva que aquella propia de la familia.

Juan Pablo II ha indicado la situaci贸n en la que vienen a encontrarse los ni帽os frente a los instrumentos de comunicaci贸n social: 芦Fascinados y privados de defensas ante el mundo y ante los adultos, los ni帽os est谩n naturalmente dispuestos a acoger lo que se les ofrece, ya se trate del bien o del mal ... Los ni帽os se sienten atra铆dos por la 芦peque帽a pantalla禄 y por la 芦pantalla grande禄: siguen todos los gestos que aparecen en ellas y perciben, antes y mejor que cualquier otra persona, las emociones y sentimientos consiguientes禄.47

67. Hay que destacar, adem谩s, que por la misma evoluci贸n tecnol贸gica se hace menos f谩cil el realizar oportunamente el necesario control. De aqu铆 la urgencia, aun con miras a una recta educaci贸n sexual, de que 芦los destinatarios, sobre todo los j贸venes, procuren acostumbrarse a ser moderados y disciplinados en el uso de estos instrumentos; pongan, adem谩s, empe帽o en entender bien lo o铆do, visto y le铆do; dialoguen con educadores y peritos en la materia y aprendan a formar recto juicio禄.48

68. En defensa de los derechos del ni帽o en este campo, Juan Pablo II estimula la conciencia de todos los cristianos responsables, en particular de los padres y de los operadores de los medios de comunicaci贸n social, para que no escondan, bajo pretexto de neutralidad o de respeto por el espont谩neo desarrollo del ni帽o, lo que en realidad constituye un comportamiento de preocupante desinter茅s.49

芦Las autoridades civiles tienen peculiares deberes en esta materia en raz贸n del bien com煤n禄,50 el cual exige que un reglamento jur铆dico de los instrumentos de comunicaci贸n social proteja la moralidad p煤blica, en particular el mundo juvenil, especialmente en lo que concierne a revistas, filmes, programas radio-televisivos, exposiciones, espect谩culos y publicidad.

Funci贸n de la escuela en relaci贸n a la educaci贸n sexual

69. Supuesto el deber primario de la familia, cometido propio de la escuela es el de asistir y completar la obra de los padres, proporcionando a los ni帽os y j贸venes una estima de la 芦sexualidad como valor y funci贸n de toda la persona creada, var贸n y mujer, a imagen de Dios禄.51

70. El di谩logo interpersonal, exigido por la educaci贸n sexual, tiende a suscitar en el educando una disposici贸n interior apta para motivar y guiar el comportamiento de la persona.

Ahora bien, tal actitud est谩 estrechamente conectada con los valores inspirados en la concepci贸n de la vida. La educaci贸n sexual no se reduce a simple materia de ense帽anza o a s贸lo conocimientos te贸ricos; no consiste en un programa a desarrollar progresivamente, sino que tiene un objetivo espec铆fico: la maduraci贸n afectiva del alumno, el hacerlo llegar a ser due帽o de s铆 y el formarlo para el recto comportamiento en las relaciones sociales.

71. La escuela puede contribuir a la consecuci贸n de este objetivo de diversas maneras. Todas las materias se prestan al desarrollo de los temas relativos a la sexualidad; el profesor lo har谩 siempre en clave positiva y con gran delicadeza, discerniendo concretamente la oportunidad y el modo.

La educaci贸n sexual individual por su valor prioritario, no puede ser confiada indistintamente a cualquier miembro de la comunidad escolar. En efecto, como se especificar谩 m谩s adelante, adem谩s de recto juicio, sentido de responsabilidad, competencia profesional, madurez afectiva y pudor, esta educaci贸n exige en el educador una sensibilidad exquisita para iniciar al ni帽o y al adolescente en los problemas del amor y de la vida sin perturbar su desarrollo psicol贸gico.

72. Aun cuando el educador posea las cualidades necesarias para una educaci贸n sexual en grupo, hay que tener en cuenta la situaci贸n concreta del grupo mismo. Esto se aplica, sobre todo, en el caso de grupos mixtos que reclaman especiales precauciones. En todo caso, las autoridades responsables deben juzgar con los padres la oportunidad de proceder de este modo. Dada la complejidad del problema, es bueno proporcionar al educando ocasi贸n para coloquios personales en los que se le facilite el pedir los consejos o aclaraciones que, por un instintivo sentido del pudor, no se atrever铆a a manifestar en p煤blico. S贸lo una estrecha colaboraci贸n entre la escuela y la familia asegura un provechoso cambio de experiencias entre padres y profesores, en bien de los alumnos.52

Corresponde a los Obispos, teniendo en cuenta las legislaciones escol谩sticas y las circunstancias locales, dar indicaciones sobre la educaci贸n sexual en grupos, sobre todo si son mixtos.

73. Puede, tal vez, ocurrir que determinados sucesos de la vida escolar exijan una intervenci贸n oportuna. En cuyo caso, las autoridades escolares, coherentes con el principio de colaboraci贸n, se pondr谩n en contacto con los padres interesados para acordar la soluci贸n oportuna.

74. Personas particularmente aptas por su competencia y equilibrio y que gozan de la confianza de los padres, podr谩n ser invitadas y tener coloquios privados con los alumnos para ayudarlos a desarrollar su maduraci贸n afectiva y a dar el justo equilibrio a sus relaciones. Tales intervenciones de orientaci贸n personal se imponen en especial en los casos m谩s dif铆ciles, a menos que la gravedad de la situaci贸n no haga necesario el recurso al especialista en materia.

75. La formaci贸n y el desarrollo de una personalidad arm贸nica exigen una atm贸sfera serena, fruto de comprensi贸n, confianza recfproca y colaboraci贸n entre los responsables. Esto se logra con el mutuo respeto a la competencia espec铆fica de los diversos operadores de la educaci贸n, a las respectivas responsabilidades y a la elecci贸n de los medios diferenciados a disposici贸n de cada uno.

Material did谩ctico apropiado

76. Facilita la educaci贸n sexual correcta, un material did谩ctico apropiado. Para prepararlo adecuadamente, se requiere la colaboraci贸n de especialistas en teolog铆a moral y pastoral, de catequistas y de pedagogos y psic贸logos cat贸licos. P贸ngase particular atenci贸n al material destinado al uso inmediato de los alumnos.

Ciertos textos escolares sobre la sexualidad, por su car谩cter naturalista, resultan nocivos al ni帽o y al adolescente. A煤n m谩s nocivo es el material gr谩fico y audiovisual, cuando presenta crudamente realidades sexuales para las que el alumno no est谩 preparado y as铆 le proporciona impresiones traum谩ticas o suscita en 茅l malsanas curiosidades que lo inducen al mal. Los educadores piensen seriamente en los graves da帽os que una irresponsable actitud en materia tan delicada puede causar a los alumnos.

Grupos juveniles

77. Existe en la educaci贸n un factor no despreciable que se asocia a la acci贸n de la familia y de la escuela y, a menudo, tiene una influencia a煤n mayor en la formaci贸n de la persona: son los grupos juveniles que se constituyen en las actividades del tiempo libre y que ocupan intensamente la vida del adolescente y del joven. Las ciencias humanas consideran los 'grupos' como una condici贸n positiva para la formaci贸n, porque no es posible la maduraci贸n de la personalidad sin eficaces relaciones interpersonales.

III. CONDICIONES Y MODALIDAD DE LA EDUCACI脫N SEXUAL

78. La complejidad y delicadeza de esta tarea requiere esmerada preparaci贸n de los educadores, cualidades espec铆ficas para esta acci贸n educativa y particular atenci贸n a objetivos precisos.

Preparaci贸n para los educadores

79. La personalidad madura de los educadores, su preparaci贸n y equilibrio ps铆quico influyen fuertemente sobre los educandos. Una exacta y completa visi贸n del significado y del valor de la sexualidad y una serena integraci贸n de la misma en la propia personalidad son indispensables a los educadores para una constructiva acci贸n educativa. Su capacitaci贸n no es tanto fruto de conocimientos te贸ricos como resultado de su madurez afectiva, lo cual no dispensa de la adquisici贸n de conocimientos cient铆帽cos adaptados a su tarea educativa, particularmente ardua en nuestros d铆as. Los encuentros con las familias podr谩n ser de gran ayuda.

80. Las disposiciones que deben caracterizar al educador son el resultado de una formaci贸n general, fundada en una concepci贸n positiva y constructiva de la vida, y en el esfuerzo constante por realizarla. Una tal formaci贸n rebasa la necesaria preparaci贸n profesional y penetra los aspectos m谩s 铆ntimos de la personalidad, incluso el religioso y espiritual. Este 煤ltimo, garantiza el recurso tanto a los principios cristianos como a los medios sobrenaturales que deben sostener las intervenciones educativas.

81. El educador que desarrolla su tarea fuera del ambiente familiar, necesita una preparaci贸n psico-pedag贸gica adaptada y seria, que le permita captar situaciones particulares que requieren una especial solicitud. As铆, estar谩 en disposici贸n de aconsejar aun a los mismos padres, sobre todo cuando el muchacho o la muchacha necesitan un psic贸logo.

82. Entre los sujetos normales y los casos patol贸gicos, existe toda una gama de individuos con problemas, m谩s o menos agudos y persistentes amenazados de escasa atenci贸n pese a su gran necesidad de ayuda. En estos casos, m谩s que una terapia a nivel m茅dico, se requiere una constante obra de apoyo y gu铆a por parte de los educadores.

Cualidades de los m茅todos educativos

83. Se impone un conocimiento claro de la situaci贸n, porque el m茅todo utilizado no s贸lo condiciona grandemente el resultado de esta delicada educaci贸n, sino tambi茅n la colaboraci贸n entre los diversos responsables. En realidad las cr铆ticas en curso, ordinariamente, se refieren m谩s a los m茅todos usados por algunos educadores que al hecho de su intervenci贸n. Estos m茅todos deben tener determinadas cualidades, relativas unas al sujeto y a los educadores mismos y otras a la finalidad que tal educaci贸n se propone.

Exigencias del sujeto e intervenci贸n educativa

84. La educaci贸n afectivo-sexual, estando m谩s condicionada que otras por el grado de desarrollo f铆sico y psicol贸gico del educando, debe ser siempre adaptada al individuo. En ciertos casos, es necesario prevenir al sujeto prepar谩ndolo para situaciones particularmente dif铆ciles, cuando se prev茅 que deber谩 afrontarlas, o avis谩ndole acerca de peligros inminentes o constantes.

85. Sin embargo, es preciso respetar el car谩cter progresivo de esta educaci贸n. Se debe intervenir gradualmente prestando atenci贸n a los momentos del desarrollo f铆sico y psicol贸gico que requieren una preparaci贸n m谩s cuidadosa y un tiempo de maduraci贸n prolongado. Es necesario asegurarse de que el educando ha asimilado los valores, los conocimientos y las motivaciones que le han sido propuestos o los cambios y evoluciones que ha podido observar en s铆 mismo y de los que el educador indica oportunamente las causas, las relaciones y la finalidad.

Cualidad de las intervenciones educativas

86. Una v谩lida contribuci贸n al desarrollo arm贸nico y equilibrado de los j贸venes impone a los educadores regular sus intervenciones de acuerdo al particular papel que desempe帽an. El sujeto no percibe ni acepta de la misma manera de parte de los diversos educadores las informaciones y motivaciones que le son dadas, porque afectan de modo diverso su intimidad. Objetividad y prudencia deben caracterizar tales intervenciones.

87. La informaci贸n progresiva requiere una explicaci贸n incompleta, pero siempre ajustada a la verdad. Han de evitarse explicaciones deformadas por reticencias o falta de franqueza. Sin embargo, la prudencia exige al educador no s贸lo una oportuna adaptaci贸n del argumento a las expectativas del sujeto, sino tambi茅n la elecci贸n del lenguaje, del modo y del tiempo en el que intervenir; exige tambi茅n que se tenga en cuenta el pudor del ni帽o. El educador recuerde, adem谩s, la influencia de los padres: su preocupaci贸n por esta dimensi贸n de la educaci贸n, el car谩cter particular de la educaci贸n familiar, su concepci贸n de la vida y el grado de apertura a los otros ambientes educativos.

88. Se debe instistir, sobre todo, en los valores humanos y cristianos de la sexualidad para procurar su aprecio y para suscitar el deseo de proyectarlos en la vida personal y en las relaciones con los dem谩s. Sin desconocer las dificultades que el desarrollo sexual supone, pero sin obsesionarse con ello, el educador tenga confianza en la acci贸n educativa: 茅sta puede contar con la resonancia que los verdaderos valores encuentran en los j贸venes, cuando son presentados con convicci贸n y confirmados por el testimonio de vida.

89. Dada la importancia de la educaci贸n sexual en la formaci贸n integral de la persona, los educadores, habida cuenta de los varios aspectos de la sexualidad y de su incidencia sobre la personalidad global, se esfuercen, especialmente, por no separar los conocimientos de los valores correspondientes que dan un sentido y una orientaci贸n a las informaciones biol贸gicas, psicol贸gicas y sociales. Por tanto, cuando presenten las normas morales, es necesario que muestren su respaldo y los valores que involuran.

Educaci贸n para el pudor y la amistad

90. El pudor, elemento fundamental de la personalidad, se puede considerar 鈥攅n el plano educativo鈥� como la conciencia vigilante en defensa de la dignidad del hombre y del amor aut茅ntico. Tiende a reaccionar ante ciertas actitudes y a frenar comportamientos que ensombrecen la dignidad de la persona. Es un medio necesario y eficaz para dominar los instintos, hacer florecer el amor verdadero e integrar la vida afectivo-sexual en el marco armonioso de la persona. El pudor entra帽a grandes posibilidades pedag贸gicas. y merece por tanto, ser valorizado. Ni帽os y j贸venes aprender谩n as铆 a respetar el propio cuerpo como don de Dios, miembro de Cristo y templo del Esp铆ritu Santo; aprender谩n a resistir al mal que les rodea, a tener una mirada y una imaginaci贸n limpias y a buscar el manifestar en el encuentro afectivo con los dem谩s un amor verdaderamente humano con todos sus elementos espirituales.

91. Con este fin se les presenten modelos concretos y atrayentes de virtud, se les desarrolle el sentido est茅tico, despert谩ndoles el gusto por la belleza presente en la naturaleza, en el arte y en la vida moral; se eduque a los j贸venes para asimilar un sistema de valores, sensibles y espirituales, en un despliegue desinteresado de fe y de amor.

92. La amistad es el v茅rtice de la maduraci贸n afectiva y se diferencia de la simple camarader铆a por su dimensi贸n interior, por una comunicaci贸n que permite y favorece la verdadera comuni贸n, por la rec铆proca generosidad y la estabilidad. La educaci贸n para la amistad puede llegar a ser un factor de extraordinaria importancia para la construcci贸n de la personalidad en su dimensi贸n individual y social.

93. Los v铆nculos de amistad que unen a los j贸venes de distinto sexo, contribuyen a la comprensi贸n y a la estima reciproca, siempre que se mantengan en los limites de normales expresiones afectivas. Si en cambio, se convierten o tienden a convertirse en manifestaciones de tipo genital, esos v铆nculos pierden el aut茅ntico significado de amistad madura, perjudicando los aspectos relacionales de ese momento y las perspectivas de un posible matrimonio futuro, y restando atenci贸n a una eventual vocaci贸n a la vida consagrada.

IV. ALGUNOS PROBLEMAS PARTICULARES

El educador podr谩 encontrarse, en el ejercicio de su misi贸n, delante de algunos problemas particulares sobre los que, ahora, se juzga oportuno detenerse.

94. La educaci贸n sexual debe conducir a los j贸venes a tomar conciencia de las diversas expresiones y de los dinamismos de la sexualidad, as铆 como de los valores humanos que deben se respetados. El verdadero amor es capacidad de abrirse al pr贸jimo en ayuda generosa, es dedicaci贸n al otro para su bien; sabe respetar su personalidad y libertad; no es ego铆sta, no se busca a s铆 mismo en el pr贸jimo,53 es oblativo, no posesivo. El instinto sexual, en cambio, si abandonado a s铆 mismo, se reduce a genitalidad y tiende a adue帽arse del otro, buscando inmediatamente una satisfacci贸n personal.

95. Las relaciones 铆ntimas deben llevarse a cabo s贸lo dentro del matrimonio, porque 煤nicamente en 茅l se verifica la conexi贸n inseparable, querida por Dios, entre el significado unitivo y el procreativo de tales relaciones, dirigidas a mantener, confirmar y manifestar una definitiva comuni贸n de vida 鈥斅玼na sola carne禄鈥�54 mediante la realizaci贸n de un amor 芦humano禄, 芦total禄, 芦fiel y exclusivo禄 y 芦fecundo禄,55 cual el amor conyugal. Por esto las relaciones sexuales fuera del contexto matrimonial, constituyen un desorden grave, porque son expresiones de una realidad que no existe todav铆a;56 son un lenguaje que no encuentra correspondencia objetiva en la vida de las dos personas, a煤n no constituidas en comunidad definitiva con el necesario reconocimiento y garant铆a de la sociedad civil y, para los c贸nyuges cat贸licos, tambi茅n religiosa.

96. Se van difundiendo, cada vez m谩s, entre los adolescentes y j贸venes ciertas manifestaciones de tipo sexual que de suyo disponen a la relaci贸n completa, aunque sin llegar a ella. Estas manifestaciones genitales son un desorden moral porque se dan fuera de un contexto matrimonial.

97. La educaci贸n sexual ayudar谩 a los adolescentes a descubrir los valores profundos del amor y a comprender el da帽o que tales manifestaciones producen a su maduraci贸n afectiva, en cuanto conducen a un encuentro no personal, sino instintivo, con frecuencia desvirtuado por reservas y c谩lculos ego铆stas, y desprovisto del car谩cter de una verdadera relaci贸n personal y mucho menos definitiva. Una aut茅ntica educaci贸n conducir谩 a los j贸venes hacia la madurez y el dominio de s铆, frutos de una elecci贸n consciente y de un esfuerzo personal.

98. Es objetivo de una aut茅ntica educaci贸n sexual favorecer un progreso continuo en el control de los impulsos, para abrirse a su tiempo a un amor verdadero y oblativo. Un problema particularmente complejo y delicado que puede presentarse, es el de la masturbaci贸n y sus repercusiones en el crecimiento integral de la persona. La masturbaci贸n, seg煤n la doctrina cat贸lica, es un grave desorden moral,57 principalmente porque es usar de la facultad sexual de una manera que contradice esencialmente su finalidad, por no estar al servicio del amor y de la vida seg煤n el designio de Dios.58

99. Un educador y consejero perspicaz debe esforzarse por individuar las causas de la desviaci贸n, para ayudar al adolescente a superar la inmadurez que supone este h谩bito. Desde el punto de vista educativo, es necesario tener presente que la masturbaci贸n y otras formas de autoerotismo, son s铆ntomas de problemas mucho m谩s profundos los cuales provocan una tensi贸n sexual que el sujeto busca superar recurriendo a tal comportamiento. Este hecho requiere que la acci贸n pedag贸gica sea orientada m谩s hacia las causas que hacia la represi贸n directa del fen贸meno.59

Aun teniendo en cuenta la gravedad objetiva de la masturbaci贸n se requiere gran cautela para evaluar la responsabilidad subjetiva de la persona.60

100. Para ayudar al adolescente a sentirse acogido en una comuni贸n de caridad y liberado de su cerraz贸n en s铆 mismo, el educador 芦debe despojar de todo dramatismo el hecho de la masturbaci贸n y no disminuir el aprecio y benevolencia al sujeto禄;61 debe ayudarlo a integrarse socialmente, a abrirse e interesarse por los dem谩s, para poder liberarse de esta forma de autoerotismo, orient谩ndose hacia el amor oblativo, propio de una afectividad madura; al mismo tiempo lo animar谩 a recurrir a los medios recomendados por la ascesis cristiana, como la oraci贸n y los sacramentos, y a ocuparse en obras de justicia y caridad.

101. La homosexualidad que impide a la persona el llegar a su madurez sexual, tanto desde el punto de vista individual como interpersonal, es un problema que debe ser asumido por el sujeto y el educador, cuando se presente el caso, con toda objetividad.

芦Esas personas homosexuales deben ser acogidas, en la acci贸n pastoral, con comprensi贸n y deben ser sostenidas en la esperanza de superar sus dificultades personales y su inadaptaci贸n social. Tambi茅n su culpabilidad debe ser juzgada con prudencia. Pero no se puede emplear ning煤n m茅todo pastoral que reconozca una justificaci贸n moral a estos actos, por considerarlos conformes a la condici贸n de esas personas. Seg煤n el orden moral objetivo, las relaciones homosexuales son actos privados de su regla esencial e indispensable禄.62

102. Ser谩 funci贸n de la familia y del educador buscar, sobre todo, el individuar los factores que impulsan hacia la homosexualidad, ver si se trata de factores fisiol贸gicos o psicol贸gicos, si es el resultado de una falsa educaci贸n o de la falta de una evoluci贸n sexual normal, si proviene de h谩bitos contra铆dos o de malos ejemplos63 o de otros factores. En concreto, al buscar las causas de este desorden, la familia y el educador tendr谩n en cuenta primeramente los elementos de juicio propuestos por el Magisterio y se servir谩n de la contribuci贸n que diversas disciplinas pueden ofrecer. Despu茅s se analizar谩n diferentes elementos: falta de afecto, inmadurez, impulsos obsesivos, seducci贸n, aislamiento social, la depravaci贸n de costumbres y lo licencioso de los espect谩culos y las publicaciones. Tendr谩n presente que en lo profundo del hombre yace su innata debilidad, consecuencia del pecado original, que puede desembocar en p茅rdida del sentido de Dios y del hombre y tener sus repercusiones en la esfera de la sexualidad.64

103. Individuadas y comprendidas las causas, la familia y el educador ofrecer谩n una ayuda eficaz al proceso de crecimiento integral: acogiendo con comprensi贸n; creando un clima de confianza; animando a la liberaci贸n y progreso en el dominio de s铆; promoviendo un aut茅ntico esfuerzo moral de conversi贸n hacia el amor de Dios y del pr贸jimo; sugiriendo 鈥攕i fuera necesario鈥� la asistencia m茅dico-psicol贸gica de una persona atenta y respetuosa a las ense帽anzas de la Iglesia.

104. Una sociedad permisiva que no ofrece valores sobre los que fundamentar la vida, favorece evasiones alienantes a las que son sensibles, en modo particular, los j贸venes. Su carga de idealismo choca con la dureza de la vida originando una tensi贸n que puede provocar, a causa de la debilidad de la voluntad, una demoledora evasi贸n en la droga.

Este es un problema que se agrava cada vez m谩s y que toma aspectos dram谩ticos para el educador. Algunas substancias psicotr贸picas aumentan la sensibilidad para el placer sexual y, en general, disminuyen la capacidad de autocontrol y, por tanto, de defensa. El abuso prolongado de la droga lleva a la destrucci贸n f铆sica y ps铆quica. Droga, autonomfa mal entedida y desorden sexual se encuentran a menudo juntos. La situaci贸n psicol贸gica y el contexto humano de aislamiento, abandono y rebeli贸n, en que viven los drogados, crean condiciones tales que llevan f谩cilmente a abusos sexuales.

105. La intervenci贸n reeducativa, que exige una profunda transformaci贸n interna y externa del individuo, es fatigosa y larga porque debe ayudar a reconstruir la personalidad y sus relaciones con el mundo de las personas y de los vares. M谩s eficaz es la acci贸n preventiva. 脡sta procura evitar las carencias afectivas profundas. El amor y la atenci贸n educan en el valor; la dignidad y el respeto a la vida, al cuerpo, al sexo y a la salud. La comunidad civil y cristiana debe saber acoger oportunamente a los j贸venes abandonados, marginados, solos o inseguros, ayud谩ndolos a inserirse en el estudio y en el trabajo, a ocupar el tiempo libre ofreci茅ndoles lugares sanos de encuentro, de alegr铆a, de ocupaciones interesantes y proporcion谩ndoles ocasiones para nuevas relaciones afectivas y de solidaridad.

En especial el deporte, al servicio del hombre, posee un gran valor educativo no s贸lo como disciplina corporal, sino tambi茅n como ocasi贸n de sana distensi贸n en la que el sujeto se ejercita en renunciar a su ego铆smo y a competir con los otros. S贸lo una libertad aut茅ntica, educada, ayudada y promovida, defiende de la b煤squeda de la libertad ilusoria de la droga y del sexo.

CONCLUSI脫N

106. De estas reflexiones se puede concluir que, en la actual situaci贸n socio-cultural es urgente dar a los ni帽os, a los adolescentes y a los j贸venes una positiva y gradual educaci贸n afectivo-sexual, ateni茅ndose a las disposiciones conciliares. El silencio no es una norma absoluta de conducta en esta materia, sobre todo cuando se piensa en los numerosos 芦persuasores ocultos禄 que usan un lenguaje insinuante. Su influjo hoy es innegable, por tanto, corresponde a los padres vigilar no s贸lo para reparar los da帽os causados por intervenciones inoportunas y nocivas, sino, especialmente, para prevenir a sus hijos ofreci茅ndoles una educaci贸n positiva y convincente.

107. La defensa de los derechos fundamentales del ni帽o y del adolescente para el desarrollo arm贸nico y completo de la personalidad conforme a la dignidad de hijos de Dios, corresponde en primer lugar a los padres. La maduraci贸n personal exige, en efecto, una continuidad en el proceso educativo protegido por el amor y la confianza propias del ambiente familiar.

108. En el cumplimiento de su misi贸n la Iglesia tiene el deber y el derecho de atender a la educaci贸n moral de los bautizados. La intervenci贸n de la escuela en toda la educaci贸n, y particularmente en esta materia tan delicada, debe llevarse a cabo de acuerdo con la familia. Esto supone en los educadores, y en aquellos que intervienen por deber expl铆cito o impl铆cito, un criterio recto acerca de la finalidad de su intervenci贸n y la preparaci贸n adecuada para poder exponer este tema con delicadeza y en un clima de serena confianza.

109. Para que la informaci贸n y la educaci贸n afectivo-sexual sean eficaces, deben efectuarse con oportuna prudencia, con expresiones adecuadas y preferiblemente en forma individual. El 茅xito de esta educaci贸n depender谩, en gran parte, de la visi贸n humana y cristiana con que el educador presentar谩 los valores de la vida y del amor.

110. El educador cristiano, sea padre o madre de familia, profesor o de alguna forma responsable, puede, hoy sobre todo, sentir la tentaci贸n de remitir a otros un deber que exige tanta delicadeza, criterio, paciencia y esfuerzo y que requiere tambi茅n mucha generosidad y empe帽o por parte del educando. Por tanto, es necesario, al terminar este documento, reafirmar que este aspecto de la acci贸n educativa es, sobre todo para un cristiano, obra de fe y de confiado recurso a la gracia: todo aspecto de la educaci贸n sexual se inspira en la fe y saca de ella y de la gracia la fuerza indispensable. La carta de S. Pablo a los G谩latas incluye el dominio de s铆 y la templanza en el 谩mbito de cuanto el Esp铆ritu, y s贸lo 脡l, puede realizar en el creyente. Es Dios el que da la luz, es Dios el que comunica la energ铆a suficiente.65

111. La Congregaci贸n para la Educaci贸n Cat贸lica conf铆a que las Conferencias Episcopales promuevan la uni贸n de los padres, las comunidades cristianas y los educadores con miras a la acci贸n convergente en un sector tan importante para el futuro de los j贸venes y el bien de la sociedad. Invita a asumir esta tarea educativa con rec铆proca confianza y gran respeto de los derechos y competencias espec铆ficas para lograr una completa formaci贸n cristiana.

Roma, 1 de noviembre de 1983, fiesta de Todos los Santos.

WILLIAM Card. BAUM
Prefecto

Antonio M. Javierre, Secretario
Arzobispo tit. de Meta


1

Conc. Ec. Vat. II: Decl. Gravissimum educationis, n. 1.

2

Ibid.

3

S. Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe: Declaraci贸n acerca de algunas cuestiones de 茅tica sexual, Persona humana, 29 diciembre 1975, AAS 68 76 p. 77, n. 1.

4

Cf. Juan Pablo II, Ex. Ap. Familiaris consortio, 22 noviembre 1981, AAS 74. 1982 p. 128, n. 37; cf. infra n. 16.

5

P铆o XI en su Enc铆clica Divini illius Magistri, del 31 diciembre 1929, declaraba err贸nea la educaci贸n sexual tal y como se hac铆a en su tiempo, es decir una informaci贸n naturalista, impartida precoz e indiscriminadamente, (AAS 2 1930 pp. 49-86).Con esta misma visi贸n se debe leer el Decreto del S. Oficio del 31 de marzo de 1931, (AAS 3 31 pp. 118-119). Sin embargo, P铆o XI consideraba la posibilidad de una educaci贸n sexual positiva, individual 芦por parte de aquellos que han recibido de Dios la misi贸n educativa y la gracia de estado禄, (AAS 2 1930 p. 71). Este valor positivo de la educaci贸n sexual, se帽alado por P铆o XI, ha sido gradualmente desarrollado por los sucesivos Pont铆fices. P铆o XII, en el discurso al V Congreso Internacional de Psicoterapia y Psicolog铆a cl铆nica del 13 de abril de 1953 (AAS 5 1953 pp. 278-286) y en la Alocuci贸n a las Mujeres de Acci贸n Cat贸lica italiana del 26 de octubre de 1941 (AAS 3 41 pp. 450-458) concreta c贸mo debe realizarse la educaci贸n sexual en familia. Cf. tambi茅n P铆o XII a los Carmelitas: AAS 43 1951 pp. 734-738; a los padres de familia franceses; AAS 43 51 pp. 730-734) . El Magisterio de P铆o XII prepara el camino para la declaraci贸n conciliar Gravissimum educationis.

6

Cf. Gravissimum educationis, n. 1.

7

Ibid.

8

Cf. Conc. Ec. Vat. II: Cons. Gaudium et spes, n. 49.

9

Cf. Gravissimum educationis, n. 5.

10

Ibid; n. 3; cf. Gaudium et spes, n. 52.

11

Familiaris consortio, n. 37.

12

Ibid.

13

Ibid.

14

Familiaris consortio, n. 37.

15

Ibid.

16

Gaudium et spes, n. 11.

17

Juan Pablo II: Audiencia general 14 noviembre 1979, Insegnamenti di Giovanni Paolo II, 1979, II-2, p. 1156, n. 4.

18

Juan Pablo II: Audiencia general 9 enero 1980, Insegnamenti di Giovanni Paolo II, 1980, III- I, p. 90, n. 4.

19

Juan Pablo II: Audiencia general 20 febrero 1980, Insegnamenti di Giovanni Paolo II, 1980, III-I, p. 430, n. 4.

20

Juan Pablo II: Audiencia general: 9 enero 1980, Insegnamenti di Giovanni Paolo II, 1980, III-I, p. 90, n. 4.

21

Ibid.: 芦Precisamente atravesando la profundidad de esta soledad originaria, surge ahora el hombre en la dimensi贸n del don rec铆proco, cuya expresi贸n 鈥攓ue por esto mismo es expresi贸n de su existencia como persona鈥� es el cuerpo humano en toda la verdad originaria de su masculinidad y feminidad. El cuerpo que expresa la feminidad 芦para禄 la masculinidad, y viceversa, la masculinidad 芦para禄 la feminidad, manifiesta la reciprocidad y la comuni贸n de las personas. La expresa a trav茅s del don como caracter铆stica fundamental de la existencia personal禄.

22

Cf. Juan Pablo II: Audiencia general 26 marzo 1980, Insegnamenti di Giovanni Paolo II, 1980, III-I, pp. 737-741.

23

Cf. Gaudium et spes, n. 49.

24

Ibid., n. 12.

25

Ibid., donde se comenta el sentido social de Gen, 1, 27.

26

Ibid., nn. 47-52.

27

Juan Pablo II: Audiencia general 20 febrero 1980, Insegnamenti di Giovanni Paolo II, 1980, III-I, p. 429, n. 2.

28

Gaudium et spes, n. 22.

29

Ef 4, 13.

30

Cf. Mt. 19,3-12.

31

Cf. 1 Cor. 7,32-34.

32

Ibid., 13,4-8; cf. Familiaris consortio, n. 16.

33

Cf. Conc. Vat. II: Cons. Lumen gentium, n. 39.

34

S. Congregaci贸n para la Educaci贸n Cat贸lica: Orientaciones para la educaci贸n en el celibato sacerdotal, 11 abril 1974, n. 22.

35

Cf. 1 Cor. 6, 15. 19-20.

36

Cf. Rom. 7, 18-23.

37

Gaudium et spes, n. 52, cf. Familiaris consortio, n. 37.

38

Cf. Familiaris consortio, n. 37.

39

Cf Gravissimum educationis, nn. 3-4; cf. P铆o XI, Divini illius Magistri, I. c., pp. 53ss., 56ss.

40

Cf. Familiaris consortio, n. 11.

41

Familiaris consortio, n. 16.

42

Cf. Pablo VI, Enc. Humanae vitae, 25 julio1968, AAS 60 68 p. 493ss., n. 17ss.

43

Gaudium et spes, n. 48.

44

Cf Humanae vitae, n. 10.

45

Familiaris consortio, n. 33. Respecto a la actual propaganda contraceptiva tan ampliamente difundida, cf. Humanae vitae, nn. 14-17.

46

Cf. Gaudium et spes, n. 26; cf. Humanae vitae, n. 23.

47

Juan Pablo II, Mensaje para la XIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 23 mayo 1979, AAS 71 79II) p. 930.

48

Conc. Ec. Vat. II: Decr. Inter mirifica, n. 10; cf. Comisi贸n Pontificia para las Comunicaciones Sociales: Inst. past. Communio et progressio, AAS 63 71 p. 619, n. 68.

49

Cf. Juan Pablo II, Mensaje para la XIII Jornada Mundial de las Comunicaciones sociales, 23 mayo 1979, AAS 71 79II) pp. 930-933.

50

Inter mirifica, n. 12.

51

Familiaris consortio, n. 32.

52

Cf. supra n. 58.

53

Cf. 1 Cor. 13,5.

54

Mt. 19,5.

55

Humanae vitae, AAS 60 68 p. 486, n. 9.

56

Cf. Persona humana, n. 7.

57

Ibid., n. 9.

58

Ibid.

59

Ibid.

60

Ibid. pp. 85-87, n. 9.

61

Orientaciones para la educaci贸n en el celibato sacerdotal, n. 63.

62

Persona humana, n. 8.

63

Cf. Ibid.

64

Cf. Rom. 1,26-28; Cf., por analog铆a, Persona humana, n. 9.

65

Cf. G谩l. 5, 22-24.
Consultas

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