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S.S. Juan Pablo II, Porque viene el Se√Īor
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Porque viene el Se√Īor

Catequesis de S.S. Juan Pablo II en la audiencia general de los miércoles

Vivir de la Iglesia

1. Por tercera vez ya en estos encuentros nuestros del mi√©rcoles vuelvo a tocar el tema del Adviento siguiendo el ritmo de la liturgia que nos introduce en la vida de la Iglesia del modo m√°s sencillo y, a la vez, m√°s profundo. El Concilio Vaticano II, que nos ha dado una doctrina rica y universal sobre la Iglesia, atrajo nuestra atenci√≥n tambi√©n hacia la liturgia. A trav√©s de √©sta no s√≥lo conocemos qu√© es la Iglesia, sino que experimentamos d√≠a a d√≠a de qu√© vive. Tambi√©n nosotros vivimos de ella, pues somos la Iglesia: ¬ęLa liturgia... contribuye en sumo grado a que los fieles expresen en su vida y manifiesten a los dem√°s el misterio de Cristo y la naturaleza aut√©ntica de la verdadera Iglesia. Es caracter√≠stico de la Iglesia ser a la vez humana y divina, visible y dotada de elementos invisibles, entregada a la acci√≥n y dada a la contemplaci√≥n, presente en el mundo y, sin embargo, peregrina¬Ľ (Sacrosanctum Concilium 2).

La liturgia del Adviento

La Iglesia ahora est√° viviendo el Adviento, y por ello nuestros encuentros del mi√©rcoles se centran en este per√≠odo lit√ļrgico. Adviento significa ¬ęvenida¬Ľ. Para penetrar en la realidad del Adviento, hasta ahora hemos procurado mirar en direcci√≥n de qui√©n es el que viene y para qui√©n viene. Hemos hablado, por lo tanto, de un Dios que al crear el mundo se revela a S√≠ mismo: un Dios Creador. Y el mi√©rcoles pasado hablamos del hombre. Hoy seguiremos adelante para hallar respuesta m√°s completa a la pregunta: ¬Ņpor qu√© el ¬ęAdviento¬Ľ?, ¬Ņpor qu√© viene Dios?, ¬Ņpor qu√© quiere venir hasta el hombre?

La liturgia del Adviento se funda principalmente en textos de los profetas del Antiguo Testamento. En ella habla casi todos los d√≠as el profeta Isa√≠as. En la historia del Pueblo de Dios de la Antigua Alianza, √©l era un ¬ęint√©rprete¬Ľ particular de la promesa que este pueblo hab√≠a recibido de Dios hac√≠a tiempo en la persona del fundador de su estirpe: Abraham. Como todos los dem√°s profetas, y quiz√° m√°s que todos, Isa√≠as reforzaba en sus contempor√°neos la fe en las promesas de Dios confirmadas por la alianza al pie del monte Sina√≠. Inculcaba sobre todo la perseverancia en la expectaci√≥n y la fidelidad: ¬ęPueblo de Si√≥n, el Se√Īor vendr√° a salvar a los pueblos y har√° o√≠r su voz majestuosa para dar gozo a vuestro coraz√≥n¬Ľ (cf. Is 30, 19.30).

Cuando Cristo estaba en el mundo aludi√≥ una y otra vez a las palabras de Isa√≠as. Dec√≠a claramente: ¬ęHoy se cumple esta escritura que acab√°is de o√≠r¬Ľ (Lc 4, 21).

Los primeros capítulos del libro del Génesis

2. La liturgia del Adviento es de carácter histórico. La expectación de la venida del Ungido (Mesías) fue un proceso histórico. De hecho impregnó toda la historia de Israel, que fue elegido precisamente para preparar la venida del Salvador.

Pero en cierto modo nuestras consideraciones van m√°s all√° de la liturgia diaria del Adviento. Volvamos, pues, a la pregunta fundamental: ¬ŅPor qu√© viene Dios' ¬ŅPor qu√© quiere venir al hombre, a la humanidad? Busquemos respuestas adecuadas a estas preguntas; y busqu√©moslas en los or√≠genes mismos, es decir, antes de que comenzara la historia del pueblo elegido. Este a√Īo enfocamos la atenci√≥n hacia los cap√≠tulos primeros del libro del G√©nesis. E1 adviento ¬ęhist√≥rico¬Ľ no ser√≠a inteligible sin la lectura cuidadosa y el an√°lisis de esos cap√≠tulos.

Por lo tanto, buscando una respuesta a la pregunta ¬Ņ¬ępor qu√©¬Ľ el Adviento?, debemos volver a leer otra vez atentamente toda la descripci√≥n de la creaci√≥n del mundo, y en particular de la creaci√≥n del hombre. Es significativo (y ya he tenido ocasi√≥n de aludir a ello) c√≥mo cada uno de los d√≠as de la creaci√≥n termina comprobando: ¬ęvio Dios ser bueno¬Ľ; y despu√©s de la creaci√≥n del hombre: ¬ę...vio ser muy bueno¬Ľ. Como ya dije la semana pasada, esta comprobaci√≥n se enlaza con la bendici√≥n de la creaci√≥n, y sobre todo con la bendici√≥n expl√≠cita del hombre.

En toda esta descripci√≥n est√° ante nosotros un Dios que se complace en la verdad y en el bien, seg√ļn la expresi√≥n de San Pablo (cf. 1 Cor 13, 6). All√≠ donde est√° la alegr√≠a que brota del bien, all√≠ est√° el amor. Y s√≥lo donde hay amor existe la alegr√≠a que procede del bien. El libro del G√©nesis, desde los primeros cap√≠tulos, nos revela a Dios, que es amor (si bien esta expresi√≥n la utilizar√° San Juan mucho m√°s tarde). Es amor porque goza con el bien. Por consiguiente, la creaci√≥n es a la vez donaci√≥n aut√©ntica: donde hay amor, hay don.

El libro del G√©nesis se√Īala el comienzo de la existencia del mundo y del hombre. Al interpretarla, debemos ciertamente construir, como lo ha hecho Santo Tom√°s de Aquino, una consiguiente filosof√≠a del ser, filosof√≠a en la que quedar√° expresado el orden mismo de la existencia Sin embargo, el libro del G√©nesis habla de la creaci√≥n como don. Al crear el mundo visible, Dios es el donante, y el hombre es el que recibe el don. Es aquel para quien Dios crea el mundo visible, aquel a quien Dios introduce desde los comienzos no s√≥lo en el orden de la existencia, sino tambi√©n en el orden de la donaci√≥n. El hecho de que el hombre es ¬ęimagen y semejanza¬Ľ de Dios significa, entre otras cosas, que es capaz de recibir el don, que es sensible a este don y que es capaz de corresponder a √©l. Por esto precisamente establece Dios desde el principio con el hombre -y s√≥lo con √©l- la alianza. El libro del G√©nesis nos revela no s√≥lo el orden natural de la existencia, sino tambi√©n, a la vez y desde el principio, el orden sobrenatural de la gracia. De la gracia podemos hablar s√≥lo si admitimos la realidad del don. Recordemos el catecismo: la gracia es el don sobrenatural de Dios por el que llegamos a ser hijos de Dios y herederos del cielo.

Dios Salvador

3. Qu√© relaci√≥n tiene todo esto con el Adviento, podemos preguntarnos con raz√≥n. Contesto: El Adviento se deline√≥ por vez primera en el horizonte de la historia del hombre cuando Dios se revel√≥ a S√≠ mismo como Aquel que se complace en el bien, que ama y da. En este don al hombre, Dios no se limit√≥ a ¬ędarle¬Ľ el mundo visible ‚ÄĒesto est√° claro desde el principio‚ÄĒ, sino que al dar al hombre el mundo visible, Dios quiere darse tambi√©n a S√≠ mismo, tal como el hombre es capaz de darse, tal como ¬ęse da a s√≠ mismo¬Ľ a otro hombre: de persona a persona; es decir, darse a S√≠ mismo a √©l, admiti√©ndolo a la participaci√≥n en sus misterios o, mejor a√ļn, a la participaci√≥n en su vida. Esto se lleva a efecto de modo palpable en las relaciones entre familiares: marido, mujer, padres, hijos. He aqu√≠ por qu√© los profetas se refieren muy a menudo a tales relaciones para mostrar la imagen verdadera de Dios.

El orden de la gracia es posible s√≥lo ¬ęen el mundo de las personas¬Ľ. Y se refiere al don que tiende siempre a la formaci√≥n y comuni√≥n de las personas; de hecho, el libro del G√©nesis nos presenta tal donaci√≥n. En √©l, la forma de esta ¬ęcomuni√≥n de las personas¬Ľ est√° delineada ya desde el principio. El hombre est√° llamado a la familiaridad con Dios, a la intimidad y amistad con √Čl. Dios quiere estar cercano a √©l. Quiere hacerle part√≠cipe de sus designios. Quiere hacerle part√≠cipe de su vida. Quiere hacerle feliz con su misma felicidad (con su mismo Ser).

Para todo ello es necesaria la Venida de Dios y la expectación del hombre: la disponibilidad del hombre.

Sabemos que el primer hombre, que disfrutaba de la inocencia original y de una particular cercanía de su Creador, no mostró tal disponibilidad. La primera alianza de Dios con el hombre quedó interrumpida, pero nunca cesó de parte de Dios la voluntad de salvar al hombre. No se quebrantó el orden de la gracia, y por eso el Adviento dura siempre.

La realidad del Adviento est√° expresada, entre otras, en las palabras siguientes de San Pablo: ¬ęDios quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad¬Ľ (1 Tim 2, 4).

Este ¬ęDios quiere¬Ľ es justamente el Adviento y se encuentra en la base de todo adviento.

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