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Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, Instrucci贸n sobre las oraciones para obtener de Dios la Curaci贸n
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Instrucci贸n sobre las oraciones para obtener de Dios la curaci贸n

INTRODUCCI脫N

El anhelo de felicidad, profundamente radicado en el coraz贸n humano, ha sido acompa帽ado desde siempre por el deseo de obtener la liberaci贸n de la enfermedad y de entender su sentido cuando se experimenta. Se trata de un fen贸meno humano que, interesando de una manera u otra a toda persona, encuentra en la Iglesia una resonancia particular. En efecto, la enfermedad se entiende como medio de uni贸n con Cristo y de purificaci贸n espiritual y, por parte de aquellos que se encuentran ante la persona enferma, como una ocasi贸n para el ejercicio de la caridad. Pero no s贸lo eso, puesto que la enfermedad, como los dem谩s sufrimientos humanos, constituye un momento privilegiado para la oraci贸n: sea para pedir la gracia de acoger la enfermedad con fe y aceptaci贸n de la voluntad divina, sea para suplicar la curaci贸n.

La oraci贸n que implora la recuperaci贸n de la salud es, por lo tanto, una experiencia presente en toda 茅poca de la Iglesia, y naturalmente lo es en el momento actual. Lo que constituye un fen贸meno en cierto modo nuevo es la multiplicaci贸n de encuentros de oraci贸n, unidos a veces a celebraciones lit煤rgicas, cuya finalidad es obtener de Dios la curaci贸n, o mejor, las curaciones. En algunos casos, no del todo espor谩dicos, se proclaman curaciones realizadas, suscit谩ndose as铆 esperanzas de que el mismo fen贸meno se repetir谩 en otros encuentros semejantes. En este contexto a veces se apela a un pretendido carisma de curaci贸n.

Semejantes encuentros de oraci贸n para obtener curaciones plantean adem谩s la cuesti贸n de su justo discernimiento desde el punto de vista lit煤rgico, con particular atenci贸n a la autoridad eclesi谩stica, a la cual compete vigilar y dar normas oportunas para el recto desarrollo de las celebraciones lit煤rgicas.

Ha parecido, por tanto, oportuno publicar una Instrucci贸n que, a norma del can. 34 del C贸digo de Derecho Can贸nico, sirva sobre todo para ayudar a los Ordinarios del lugar, de manera que puedan guiar mejor a los fieles en esta materia, favoreciendo cuanto hay de bueno y corrigiendo lo que se debe evitar. Era preciso, sin embargo, que las disposiciones disciplinares tuvieran con punto de referencia un marco doctrinal bien fundado, que garantizara su justa orientaci贸n y aclarara su raz贸n normativa. Con este fin, la Congregaci贸n par la Doctrina de la Fe, simult谩neamente a la susodicha Instrucci贸n, publica una Nota doctrinal sobre la gracia de la curaci贸n y las oraciones para obtenerla.

I. ASPECTOS DOCTRINALES

Enfermedad y curaci贸n: su sentido y valor en la econom铆a de la salvaci贸n

"El hombre est谩 llamado a la alegr铆a, pero experimenta diariamente tant铆simas formas de sufrimiento y de dolor".1 Por eso el Se帽or, al prometer la redenci贸n, anuncia el gozo del coraz贸n unido a la liberaci贸n del sufrimiento (cf. Is 30,29; 35,10; Ba 4,29). En efecto, 脡l es "aquel que libra de todo mal" (Sab 16, 8). Entre los sufrimientos, aquellos que acompa帽an la enfermedad son una realidad continuamente presente en la historia humana, y son tambi茅n parte del profundo deseo del hombre de ser liberado de todo mal. Pero la enfermedad se manifiesta con un car谩cter ambivalente, ya que por una parte se presenta como un mal cuya aparici贸n en la historia est谩 vinculada al pecado y del cual se anhela la salvaci贸n, y por otra parte puede llegar a ser medio de victoria contra el pecado.

En el Antiguo Testamento, "Israel experimenta que la enfermedad, de una manera misteriosa, se vincula al pecado y al mal".2 Entre los castigos con los cuales Dios amenazaba al pueblo por su infidelidad, encuentran un amplio espacio las enfermedades (cf. Dt 28, 21-22.27-29.35). El enfermo que implora de Dios la curaci贸n confiesa que ha sido justamente castigado por sus pecados (cf. Sal 37[38]; 40[41]; 106[107], 17-21).

Pero la enfermedad hiere tambi茅n a los justos, y el hombre se pregunta el porqu茅. En el libro de Job este interrogante atraviesa muchas de sus p谩ginas. "Si es verdad que el sufrimiento tiene un sentido como castigo cuando est谩 unido a la culpa, no es verdad, por el contrario, que todo sufrimiento sea consecuencia de la culpa y tenga car谩cter de castigo. La figura del justo Job es una prueba elocuente en el Antiguo Testamento鈥� Si el Se帽or consiente en probar a Job con el sufrimiento, lo hace para demostrar su justicia. El sufrimiento tiene car谩cter de prueba".3

La enfermedad, a煤n teniendo aspectos positivos en cuanto demostraci贸n de la fidelidad del justo y medio para compensar la justicia violada por el pecado, y tambi茅n como ocasi贸n para que el pecador se arrepienta y recorra el camino de la conversi贸n, sigue siendo un mal. Por eso el profeta anuncia un tiempo futuro en el cual no habr谩 desgracias ni invalidez, ni el curso de la vida ser谩 jam谩s truncado por la enfermedad mortal (cf. Is 35, 5-6; 65, 19-20).

Sin embargo, es en el Nuevo Testamento donde encontramos una respuesta plena a la pregunta de por qu茅 la enfermedad hiere tambi茅n al justo. En su actividad p煤blica, la relaci贸n de Jes煤s con los enfermos no es espor谩dica, sino constante. 脡l cura a muchos de manera admirable, hasta el punto de que las curaciones milagrosas caracterizan su actividad: "Jes煤s recorr铆a todas las ciudades y aldeas; ense帽ando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanado toda enfermedad y toda dolencia" (Mt 9, 35; cf. 4, 23). Las curaciones son signo de su misi贸n mesi谩nica (cf. Lc 7, 20-23). Ellas manifiestan la victoria del Reino de Dios sobre todo tipo de mal y se convierten en s铆mbolo de la curaci贸n del hombre entero, cuerpo y alma. En efecto, sirven para demostrar que Jes煤s tiene el poder de perdonar los pecados (cf. Mc 2, 1-12), y son signo de los bienes salv铆ficos, como la curaci贸n del paral铆tico de Bethesda (cf. Jn 5, 2-9.19.21) y del ciego de nacimiento (cf. Jn 9).

Tambi茅n la primera evangelizaci贸n, seg煤n las indicaciones del Nuevo testamento, fue acompa帽ada de numerosas curaciones prodigiosas que corroboraban la potencia del anuncio evang茅lico. 脡sta hab铆a sido la promesa hecha por Jes煤s resucitado, y las primeras comunidades cristianas ve铆an su cumplimiento en medio de ellas: "Estas son las se帽ales que acompa帽ar谩n a los que crean: (鈥�) impondr谩n las manos sobre los enfermos y se pondr谩n bien" (Mc 16, 17-18). La predicaci贸n de Felipe en Samar铆a fue acompa帽ada por curaciones milagrosas: "Felipe baj贸 a una ciudad de Samar铆a y les predicaba a Cristo. La gente escuchaba con atenci贸n y con un mismo esp铆ritu lo que dec铆a Felipe, porque le o铆an y ve铆an las se帽ales que realizaba; pues de muchos posesos sal铆an los esp铆ritus inmundos dando grandes voces, y muchos paral铆ticos y cojos quedaron curados" (Hch 8, 5-7). San Pablo presenta su anuncio del Evangelio como caracterizado por signos y prodigios realizados con la potencia del Esp铆ritu: "Pues no me atrever茅 a hablar de cosa alguna que Cristo no haya realizado por medio de m铆 para conseguir la obediencia de los gentiles, de palabra y de obra, en virtud de se帽ales y prodigios, en virtud del Esp铆ritu de Dios" (Rm 15, 18-19; cf. 1 Ts 1, 5; 1 Co 2, 4-5). No es en absoluto arbitrario suponer que tales signos y prodigios, manifestaciones de la potencia divina que asist铆a la predicaci贸n, estaban constituidos en gran parte por curaciones portentosas. Eran prodigios que no estaban ligados exclusivamente a la persona del Ap贸stol, sino que se manifestaban tambi茅n por medio de los fieles: "El que os otorga, pues, el Esp铆ritu y obra milagros entre vosotros, 驴lo hace porque observ谩is la ley o porque ten茅is fe en la predicaci贸n" (Ga 3, 5).

La victoria mesi谩nica sobre la enfermedad, as铆 como sobre otros sufrimientos humanos, no se da solamente a trav茅s de su eliminaci贸n por medio de curaciones portentosas, sino tambi茅n por medio del sufrimiento voluntario e inocente de Cristo en su pasi贸n y dando a cada hombre la posibilidad de asociarse a ella. En efecto, "el mismo Cristo, que no cometi贸 ning煤n pecado, sufri贸 en su pasi贸n penas y tormentos de todo tipo, e hizo suyos los dolores de todos los hombres: cumpliendo as铆 lo que de 脡l hab铆a escrito el profeta Isa铆as (cf. Is 53, 4-5)".4 Pero hay m谩s: "En la cruz de Cristo no s贸lo se ha cumplido la redenci贸n mediante el sufrimiento, sino que el mismo sufrimiento humano ha quedado redimido. (鈥�) Llevando a efecto la redenci贸n mediante el sufrimiento, Cristo ha elevado juntamente el sufrimiento humano a nivel de redenci贸n. Consiguientemente, todo hombre, en su sufrimiento, puede hacerse tambi茅n part铆cipe del sufrimiento redentor de Cristo".5

La Iglesia acoge a los enfermos no solamente como objeto de su cuidado amoroso, sino tambi茅n porque reconoce en ellos la llamada "a vivir su vocaci贸n humana y cristiana y a participar en el crecimiento del Reino de Dios con nuevas modalidades, incluso m谩s valiosas. Las palabras del ap贸stol Pablo han de convertirse en su programa de vida y, antes todav铆a, son luz que hace resplandecer a sus ojos el significado de gracia de su misma situaci贸n: "Completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia" (Col 1, 24).6 Precisamente haciendo este descubrimiento, el ap贸stol alcanz贸 la alegr铆a: "Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros" (Col 1, 24)". Se trata del gozo pascual, fruto del Esp铆ritu Santo. Y, como San Pablo, tambi茅n "muchos enfermos pueden convertirse en portadores del "gozo del Esp铆ritu Santo en medio de muchas tribulaciones" (Is 1, 6) y ser testigos de la Resurrecci贸n de Jes煤s".7

2. El deseo de curaci贸n y la oraci贸n para obtenerla.

Supuesta la aceptaci贸n de la voluntad de Dios, el deseo del enfermo de obtener la curaci贸n es bueno y profundamente humano, especialmente cuando se traduce en la oraci贸n llena de confianza dirigida a Dios. A 茅sta exhorta el Sir谩cida: "Hijo, en tu enfermedad no te deprimas, sino ruega al Se帽or, que 茅l te curar谩" (Si 38, 9). Varios salmos constituyen una s煤plica por la curaci贸n (cf. Sal 6, 37[38]; 40[41]; 87[88]).

Durante la actividad p煤blica de Jes煤s, muchos enfermos se dirigen a 脡l, ya sea directamente o por medio de sus amigos o parientes, implorando la restituci贸n de la salud. El Se帽or acoge estas s煤plicas y los Evangelios no contienen la m铆nima cr铆tica a tales peticiones. El 煤nico lamento del Se帽or tiene qu茅 ver con la eventual falta de fe: "隆Qu茅 es eso de si puedes! 隆Todo es posible para quien cree!" (Mc 9, 23; cf. Mc 6, 5-6; Jn 4, 48).

No solamente es loable la oraci贸n de los fieles individuales que piden la propia curaci贸n o la de otro, sino que la Iglesia en la liturgia pide al Se帽or la curaci贸n de los enfermos. Ante todo, dispone de un sacramento "especialmente destinado a reconfortar a los atribulados por la enfermedad: la Unci贸n de los enfermos".8 "En 茅l, por medio de la unci贸n, acompa帽ada por la oraci贸n de los sacerdotes, la Iglesia encomienda los enfermos al Se帽or sufriente y glorificado, para que les d茅 el alivio y la salvaci贸n".9 Inmediatamente antes, en la Bendici贸n del 贸leo, la Iglesia pide: "infunde tu santa bendici贸n, para que cuantos reciban la unci贸n con este 贸leo sean confortados en el cuerpo, en el alma y en el esp铆ritu, y sean liberados de todo dolor, de toda debilidad y de toda dolencia";10 y m谩s tarde, en los dos primeros formularios de oraci贸n despu茅s de la unci贸n, se pide la curaci贸n del enfermo.11 脡sta, puesto que el sacramento es prenda y promesa del reino futuro, es tambi茅n anuncio de la resurrecci贸n, cuando "no habr谩 ya muerte ni habr谩 llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado" (Ap 21, 4). Adem谩s, el Missale Romanum contiene una Misa pro infirmis y en ella, junto a las gracias espirituales, se pide la salud de los enfermos.12

En el De benedictionibus del Rituale Romanum, existe un Ordo benedictionis infirmorum, en el cual hay varios textos eucol贸gicos que imploran la curaci贸n: en el segundo formulario de las Preces13, en las cuatro Orationes benedictionis pro adultis,14 en las dos Orationes benedictionis pro pueris,15 en la oraci贸n del Ritus brevior16.

Obviamente, el recurso a la oraci贸n no excluye, sino que al contrario anima a usar los medios naturales para conservar y recuperar la salud, as铆 como tambi茅n incita a los hijos de la Iglesia a cuidar a los enfermos y a llevarles alivio en el cuerpo y en el esp铆ritu, tratando de vencer la enfermedad. En efecto, "es parte del plan de Dios y de su providencia que el hombre luche con todas sus fuerzas contra la enfermedad en todas sus manifestaciones, y que se emplee, por todos los medios a su alcance, para conservarse sano".17

3. El carisma de la curaci贸n en el Nuevo Testamento.

No solamente las curaciones prodigiosas confirmaban la potencia del anuncio evang茅lico en los tiempos apost贸licos, sino que el mismo Nuevo Testamento hace referencia a una verdadera y propia concesi贸n hecha por Jes煤s a los Ap贸stoles y a otros primeros evangelizadores de un poder para curar las enfermedades. As铆, en el env铆o de los Doce a su primera misi贸n, seg煤n las narraciones de Mateo y Lucas, el Se帽or les concede "poder sobre los esp铆ritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia" (Mt 10, 1; cf. Lc 9, 1), y les da la orden: "curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios" (Mt 10, 8). Tambi茅n en la misi贸n de los Setenta y dos disc铆pulos, la orden del Se帽or es: "curad a los enfermos que encontr茅is" (Lc 10, 9). El poder, por lo tanto, viene conferido dentro de un contexto misionero, no para exaltar sus personas, sino para confirmar la misi贸n.

Los Hechos de los Ap贸stoles hacen referencia en general a prodigios realizados por ellos: "los Ap贸stoles realizaban muchos prodigios y se帽ales" (Hch 2, 43; cf. 5, 12). Eran prodigios y se帽ales, o sea, obras portentosas que manifestaban la verdad y la fuerza de su misi贸n. Pero, aparte de estas breves indicaciones gen茅ricas, los Hechos hacen referencia sobre todo a curaciones milagrosas realizadas por obra de evangelizadores individuales: Esteban (cf. Hch 6, 8), Felipe (cf. Hch 8, 6-7), y sobre todo Pedro (cf. Hch 3, 1-10; 5, 15; 9, 33-34.40-41) y Pablo (cf. Hch 14, 3.8-10; 15, 12; 19, 11-12; 20, 9-10; 28, 8-9).

Tanto el final del Evangelio de Marcos como la carta a los G谩latas, como se ha visto m谩s arriba, ampl铆an la perspectiva y no limitan las curaciones milagrosas a la actividad de los Ap贸stoles o de a algunos evangelizadores con un papel de relieve en la primera misi贸n. Bajo este aspecto, adquieren especial importancia las referencias a los "carismas de curaci贸n" (cf. 1 Co 12, 9.28.30). El significado de carisma es, en s铆 mismo, muy amplio: significa "don generoso"; y en este caso se trata de "dones de curaci贸n ya obtenidos". Estas gracias, en plural, son atribuidas a un individuo (cf. Co 12,9); por lo tanto, no se pueden entender en sentido distributivo, como si fueran curaciones que cada uno de los beneficiados obtiene para s铆 mismo, sino como un don concedido a una persona para que obtenga las gracias de curaci贸n en favor de los dem谩s. Ese don se concede in uno Spiritu, pero no se especifica c贸mo aquella persona obtiene las curaciones. No es arbitrario sobreentender que lo hace por medio de la oraci贸n, tal vez acompa帽ada de alg煤n gesto simb贸lico.

En la Carta de Santiago se hace referencia a una intervenci贸n de la Iglesia, por medio de los presb铆teros, en favor de la salvaci贸n de los enfermos, entendida tambi茅n en sentido f铆sico. Sin embargo, no se da a entender que se trate de curaciones prodigiosas; nos encontramos en un 谩mbito diferente al de los "carismas de curaci贸n" de 1 Co 12, 9. "驴Est谩 enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presb铆teros de la Iglesia, que oren sobre 茅l y le unjan con 贸leo en el nombre del Se帽or. Y la oraci贸n de la fe salvar谩 al enfermo y el Se帽or lo levantar谩, y si hubiera cometido pecados, le ser谩n perdonados" (St 5, 14-15). Se trata de una acci贸n sacramental: unci贸n del enfermo con aceite y oraci贸n sobre 茅l, no simplemente "por 茅l", como si no fuera m谩s que una oraci贸n de intercesi贸n o de petici贸n; se trata m谩s bien de una acci贸n eficaz sobre el enfermo.18 Los verbos "salvar谩" y "levantar谩" no sugieren una acci贸n dirigida exclusivamente, o sobre todo, a la curaci贸n f铆sica, pero en un cierto modo la incluyen. El primero verbo, aunque en las otras ocasiones en aparece en la Carta se refiere a la salvaci贸n espiritual (cf. 1, 21; 2, 14; 4, 12; 5, 20), en el Nuevo Testamento se usa tambi茅n en el sentido de curar (cf. Mt 9, 21; Mc 5, 28.34; 6, 56; 10, 52; Lc 8, 48); el segundo verbo, aunque asume a veces el sentido de "resucitar" (cf. Mt 10, 8; 11, 5; 14, 2), tambi茅n se usa para indicar el gesto de "levantar" a la persona postrada a causa de una enfermedad, cur谩ndola milagrosamente (cf. Mt 9, 5; Mc 1, 31; 9, 27; Hch 3, 7).

4. Las oraciones lit煤rgicas para obtener de Dios la curaci贸n en la Tradici贸n.

Los Padres de la Iglesia consideraban algo normal que los creyentes pidieran a Dios no solamente la salud del alma, sino tambi茅n la del cuerpo. A prop贸sito de los bienes de la vida, de la salud y de la integridad f铆sica, San Agust铆n escrib铆a: "Es necesario rezar para que nos sean conservados, cuando se tienen, y que nos sean concedidos, cuando no se tienen".19 El mismo Padre de la Iglesia nos ha dejado un testimonio acerca de la curaci贸n de un amigo, obtenida en su casa por medio de las oraciones de un Obispo, de un sacerdote y de algunos di谩conos.20

La misma orientaci贸n se observa en los ritos lit煤rgicos tanto occidentales como orientales. En una oraci贸n despu茅s de la comuni贸n se pide que "el poder de este sacramento鈥� nos colme en el cuerpo y en el alma"21. En la solemne acci贸n lit煤rgica del Viernes Santo se invita a orar a Dios Padre omnipotente para que "aleje las enfermedades鈥� conceda la salud a los enfermos"22. Entre los textos m谩s significativos se se帽ala el de la bendici贸n del 贸leo para los enfermos. Aqu铆 se pide a Dios que infunda su santa bendici贸n "para que cuantos reciban la unci贸n con este 贸leo obtengan la salud del cuerpo, del alma y del esp铆ritu, y sean liberados de toda dolencia, debilidad y sufrimiento"23.

No son diferentes las expresiones que se leen en los ritos orientales de la unci贸n de los enfermos. Recordamos solamente algunas entre las m谩s significativas. En el rito bizantino, durante la unci贸n del enfermo, se dice: "Padre Santo, m茅dico de las almas y de los cuerpos, que has mandado a tu Unig茅nito Hijo Jesucristo a curar toda enfermedad y a librarnos de la muerte, cura tambi茅n a este siervo tuyo de la enfermedad de cuerpo y del esp铆ritu que ahora lo aflige, por la gracia de tu Cristo"24. En el rito copto se invoca al Se帽or para que bendiga el 贸leo a fin de que todos aquellos que reciban la unci贸n puedan obtener la salud del esp铆ritu y del cuerpo. M谩s adelante, durante la unci贸n del enfermo, los sacerdotes, despu茅s de haber hecho menci贸n a Jesucristo, que fue enviado al mundo "para curar todas las enfermedades a librar de la muerte", piden a Dios que "cure al enfermo de la dolencia del cuerpo y que le conceda caminar por la v铆a de la rectitud"25.

5. Implicaciones doctrinales del "carisma de curaci贸n" en el contexto actual

Durante los siglos de la historia de la Iglesia no han faltado santos taumaturgos que han operado curaciones milagrosas. El fen贸meno, por lo tanto, no se limita a los tiempos apost贸licos; sin embargo, el llamado "carisma de curaci贸n" acerca del cual es oportuno ofrecer ahora algunas aclaraciones doctrinales, no se cuenta entre esos fen贸menos taumat煤rgicos. La cuesti贸n se refiere m谩s bien a los encuentros de oraci贸n organizados expresamente para obtener curaciones prodigiosas entre los enfermos participantes, o tambi茅n a las oraciones de curaci贸n que se tienen al final de la comuni贸n eucar铆stica con el mismo prop贸sito.

Las curaciones ligadas a lugares de oraci贸n (santuarios, recintos donde se custodian reliquias de m谩rtires o de otros santos, etc.) han sido testimoniadas abundantemente a trav茅s de la historia de la Iglesia. Ellas contribuyeron a popularizar, en la antig眉edad y en el medioevo, las peregrinaciones a algunos santuarios que, tambi茅n por esta raz贸n, se hicieron famosos, como el de San Mart铆n de Tours o la catedral de Santiago de Compostela, y tantos otros. Tambi茅n actualmente sucede lo mismo, como por ejemplo en Lourdes, desde hace m谩s de un siglo. Tales curaciones no implican un "carisma de curaci贸n", ya que no pueden atribuirse a un eventual sujeto de tal carisma, sin embargo, es necesario tener cuenta de las mismas cuando se trate de evaluar doctrinalmente los ya mencionados encuentros de oraci贸n.

Por lo que se refiere a los encuentros de oraci贸n con el objetivo preciso de obtener curaciones 鈥攐bjetivo que, aunque no sea prevalente, al menos ciertamente influye en la programaci贸n de los encuentros鈥�, es oportuno distinguir entre aquellos que pueden hacer pensar en un "carisma de curaci贸n", sea verdadero o aparente, o los otros que no tienen ninguna conexi贸n con tal carisma. Para que puedan considerarse referidos a un eventual carisma, es necesario que aparezca determinante para la eficacia de la oraci贸n la intervenci贸n de una o m谩s personas individuales o pertenecientes a una categor铆a cualificada, como, por ejemplo, los dirigentes del grupo que promueve el encuentro. Si no hay conexi贸n con el "carisma de curaci贸n", obviamente, las celebraciones previstas en los libros lit煤rgicos, realizadas en el respeto de las normas lit煤rgicas, son l铆citas, y con frecuencia oportunas, como en el caso de la Misa pro infirmis. Si no respetan las normas lit煤rgicas, carecen de legitimidad.

En los santuarios tambi茅n son frecuentes otras celebraciones que por s铆 mismas no est谩n orientadas espec铆ficamente a pedirle a Dios gracias de curaciones, y sin embargo, en la intenci贸n de los organizadores y de los participantes, tienen como parte importante de su finalidad la obtenci贸n de la curaci贸n; se realizan por esta raz贸n celebraciones lit煤rgicas, como por ejemplo, la exposici贸n de Sant铆simo Sacramento con la bendici贸n, o no lit煤rgicas, sino de piedad popular, animada por la Iglesia, como la recitaci贸n solemne del Rosario. Tambi茅n estas celebraciones son leg铆timas, siempre que no se altere su aut茅ntico sentido. Por ejemplo, no se puede poner en primer plano el deseo de obtener la curaci贸n de los enfermos, haciendo perder a la exposici贸n de la Sant铆sima Eucarist铆a su propia finalidad; 茅sta, en efecto, "lleva a los fieles a reconocer en ella la presencia admirable de Cristo y los invita a la uni贸n de esp铆ritu con 脡l, uni贸n que encuentra su culmen en la Comuni贸n sacramental".26

El "carisma de curaci贸n" no puede ser atribuido a una determinada clase de fieles. En efecto, queda bien claro que San Pablo, cuando se refiere a los diferentes carismas en 1 Co 12, no atribuye el don de los "carismas de curaci贸n" a un grupo particular, ya sea el de los ap贸stoles, el de los profetas, el de los maestros, el de los que gobiernan o el de alg煤n otro; es otra, al contrario, la l贸gica la que gu铆a su distribuci贸n: "Pero todas estas cosas las obra un mismo y 煤nico Esp铆ritu, distribuy茅ndolas a cada uno en particular seg煤n su voluntad" (1Co 12, 11). En consecuencia, en los encuentros de oraci贸n organizados para pedir curaciones, ser铆a arbitrario atribuir un "carisma de curaci贸n" a una cierta categor铆a de participantes, por ejemplo, los dirigentes del grupo; no queda otra opci贸n que la de confiar en la lib茅rrima voluntad del Esp铆ritu Santo, el cual dona a algunos un carisma especial de curaci贸n para manifestar la fuerza de la gracia del Resucitado. Sin embargo, ni siquiera las oraciones m谩s intensas obtiene la curaci贸n de todas las enfermedades. As铆, el Se帽or dice a San Pablo: "Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza" (2 Co 12, 9); y San Pablo mismo, refiri茅ndose al sentido de los sufrimientos que hay que soportar, dir谩 "completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia" (Col 1, 24).

II. ASPECTOS DISCIPLINARES

Art. 1 鈥� Los fieles son libres de elevar oraciones a Dios para obtener la curaci贸n. Cuando 茅stas se realizan en la Iglesia o en otro lugar sagrado, es conveniente que sean guiadas por un sacerdote o un di谩cono.

Art. 2 鈥� Las oraciones de curaci贸n son lit煤rgicas si aparecen en los libros lit煤rgicos aprobados por la autoridad competente de la Iglesia; de lo contrario no son lit煤rgicas.

Art. 3 - 搂 1. Las oraciones lit煤rgicas de curaci贸n deben ser celebradas de acuerdo con el rito prescrito y con las vestiduras sagradas indicadas en el Ordo benedictionis infirmorum del Rituale Romanum.27

搂 2. Las Conferencias Episcopales, conforme con lo establecido en los Prenotanda, V, De aptationibus quae Conferentiae Episcoporum competunt,28 del mismo Rituale Romanum, pueden introducir adaptaciones al rito de las bendiciones de los enfermos, que se retengan pastoralmente oportunas o eventualmente necesarias, previa revisi贸n de la Sede Apost贸lica.

Art. 4 - 搂 1. El Obispo diocesano29 tiene derecho a emanar normas para su Iglesia particular sobre las celebraciones lit煤rgicas de curaci贸n, de acuerdo con el can. 838 搂 4.

搂 2. Quienes preparan los mencionados encuentros lit煤rgicos, antes de proceder a su realizaci贸n, deben atenerse a tales normas.

搂 3. El permiso debe ser expl铆cito, incluso cuando las celebraciones son organizadas o cuentan con la participaci贸n de Obispos o Cardenales de la Santa Iglesia Romana. El Obispo diocesano tiene derecho a prohibir tales acciones a otro Obispo, siempre que subsista una causa justa y proporcionada.

Art. 5 - 搂 1. Las oraciones de curaci贸n no lit煤rgicas se realizan con modalidades distintas de las celebraciones lit煤rgicas, como encuentros de oraci贸n o lectura de la Palabra de Dios, sin menoscabo de la vigilancia del Ordinario del lugar, a tenor del can. 839 搂 2.

搂 2. Ev铆tese cuidadosamente cualquier tipo de confusi贸n entre estas oraciones libres no lit煤rgicas y las celebraciones lit煤rgicas propiamente dichas.

搂 3. Es necesario, adem谩s, que durante su desarrollo no se llegue, sobre todo por parte de quienes los gu铆an, a formas semejantes al histerismo, a la artificiosidad, a la teatralidad o al sensacionalismo.

Art. 6 鈥� El uso de los instrumentos de comunicaci贸n social, en particular la televisi贸n, mientras se desarrollan las oraciones de curaci贸n, lit煤rgicas o no lit煤rgicas, queda sometido a la vigilancia del Obispo diocesano, de acuerdo con el can. 823, y a las normas establecidas por la Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe en la Instrucci贸n del 30 de marzo de 1992.30

Art. 7 - 搂 1. Manteni茅ndose lo dispuesto m谩s arriba en el art. 3, y salvas las funciones para los enfermos previstas en los libros lit煤rgicos, en la celebraci贸n de la Sant铆sima Eucarist铆a, de los Sacramentos y de la Liturgia de las Horas no se deben introducir oraciones de curaci贸n, lit煤rgicas o no lit煤rgicas.

搂 2. Durante las celebraciones, a las que hace referencia el 搂 1, se da la posibilidad de introducir intenciones especiales de oraci贸n por la curaci贸n de los enfermos en la oraci贸n com煤n o "de los fieles", cuando 茅sta sea prevista.

Art. 8 - 搂 1. El ministerio del exorcistado debe ser ejercitado en estrecha dependencia del Obispo diocesano, y de acuerdo con el can. 1172, la Carta de la Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe del 29 de septiembre de 198531 y el Rituale Romanum.32

搂 2. Las oraciones de exorcismo, contenidas en el Rituale Romanum, debe permanecer distintas de las oraciones usadas en las celebraciones de curaci贸n, lit煤rgicas o no lit煤rgicas.

搂 3. Queda absolutamente prohibido introducir tales oraciones en la celebraci贸n de la Santa Misa, de los Sacramentos o de la Liturgia de las Horas.

Art. 9 鈥� Quienes gu铆an las celebraciones, lit煤rgicas o no, se deben esforzar por mantener un clima de serena devoci贸n en la asamblea y usar la prudencia necesaria si se produce alguna curaci贸n entre los presentes; concluida la celebraci贸n, podr谩n recoger con simplicidad y precisi贸n los eventuales testimonios y someter el hecho a la autoridad eclesi谩stica competente.

Art. 10 鈥� La intervenci贸n del Obispo diocesano es necesaria cuando se verifiquen abusos en las celebraciones de curaci贸n, lit煤rgicas o no lit煤rgicas, en caso de evidente esc谩ndalo para comunidad de fieles y cuando se produzcan graves desobediencias a las normas lit煤rgicas e disciplinares.

El Sumo Pont铆fice Juan Pablo II, en el curso de la audiencia concedida al Prefecto, ha aprobado la presente Instrucci贸n, decidida en la reuni贸n ordinaria de esta Congregaci贸n, y ha ordenado su publicaci贸n.

Roma, en la sede de la Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, 14 de semptiembre de 2000, Fiesta de la Exaltacion de la Cruz.

Ioseph Card. RATZINGER
Prefecto

Tarcisio BERTONE, S.D.B
Arzobispo em茅rito de Vercelli
Secretario


1

JUAN PABLO II, Exhortaci贸n Apost贸lica Christifideles laici, n. 53, AAS 81(1989), p. 498.

2

Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 1502.

3

JUAN PABLO II, Carta Apost贸lica Salvificis doloris, n. 11, AAS 76(1984), p. 212.

4

Rituale Romanum, Ex Decreto Sacrosancti Oecumenici Concilii Vaticani II instauratum, Auctoritate Pauli PP. VI promulgatum, Ordo Unctionis Infirmorum eorunque Pastoralis Curae, Edtio tyipica, Typis Polyglottis Vaticanis, MCMLXXII, n. 2.

5

JUAN PABLO II, Carta Apost贸lica Salvificis doloris, n. 19, AAS 76(1984), p. 225.

6

JUAN PABLO II, Exhortaci贸n Apost贸lica Christifideles laici, n. 53, AAS 81(1989), p. 499.

7

Ibid., n. 53.

8

Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 1511.

9

Cf. Rituale Romanum, Ordo Unctionis Infirmorum eorunque Pastoralis Curae, n. 5.

10

Ibid., n. 75.

11

Ibid., n. 77.

12

Missale Romanum, Ex Decreto Sacrosancti Oecumenici Concilii Vaticani II instauratum, Auctoritate Pauli PP. VI promulgatum, Edtio typica altera, Typis Polyglottis Vaticanis, MCMLXXV, pp. 838-839.

13

Cf. Rituale Romanum, Ex Decreto Sacrosancti Oecumenici Concilii Vaticani II instauratum, Auctoritate Ioannis Pauli PP. II promulgatum, De Benedictionibus, Edtio tyipica, Typis Polyglottis Vaticanis, MCMLXXXIV, n. 305.

14

Cf. Ibid., nn. 306-309.

15

Cf. Ibid., nn. 315-316.

16

Cf. Ibid., n. 319.

17

Rituale Romanum, Ordo Unctionis Infirmorum eorunque Pastoralis Curae, n. 3.

18

Cf. CONCILIO DE TRENTO, secc. XIV, Doctrina de sacramento estremae unctionis, cap. 2: DS, 1696.

19

AUGUSTINUS IPPONIENSIS, Espistulae 130, VI,13 (PL 33,499).

20

Cf. AUGUSTINUS IPPONIENSIS, De Civitate Dei, 22, 8,3 (= PL 41,762-763).

21

Cf. Missale Romanum, p. 563.

22

Ibid., Oratio universalis, n. X (Pro tribulatis, p. 256).

23

Rituale Romanum, Ordo Unctionis Infirmorum eorunque Pastoralis Curae, n. 75.

24

GOAR J., Euchologion sive Rituale Grecorum, Venetiis 1730, (Graz 1960), n. 338.

25

DENZINGER H., Ritus Orientalium in administrandis Sacramentis, vv. I-II, W眉rzburg 1863 (Graz 1961), v. II, pp. 497-498.

26

Rituale Romanum, Ex Decreto Sacrosancti Oecumenici Concilii Vaticani II instauratum, Auctoritate Pauli PP. VI promulgatum, De Sacra Communione et de Cultu Mysterii Eucharistici Extra Missam, Edtio tyipica, Typis Polyglottis Vaticanis, MCMLXXIII, n. 82.

27

Cf. Rituale Romanum, De Benedictionibus, nn. 290-320.

28

Ibid., n. 39.

29

Y los que a 茅l se equiparan, de acuerdo con el can. 381, 搂 2.

30

Congregaci贸n Para La Doctrina De La Fe, Instrucci贸n El Concilio Vaticano II, acerca de algunos aspectos del uso de los instrumentos de comunicaci贸n social en la promoci贸n de la doctrina de la fe, 30 de marzo de 1992, Ciudad del Vaticano [1992].

31

Congregatio Pro Doctrina Fidei, Epistula Inde ab aliquot annis, Ordinariis locorum missa: in mentem normae vigentes de exorcismis revocatur, 29 septembris 1985, in AAS 77(1985), pp. 1169-1170.

32

Cf. Rituale Romanum, Ex Decreto Sacrosancti Oecumenici Concilii Vaticani II instauratum, Auctoritate Ioannis Pauli PP. VI promulgatum, De exorcismis et supplicationibus quibusdam, Edtio tyipica, Typis Polyglottis Vaticanis, MIM, Praenotanda, nn. 13-19.
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