18,1.- Sólo puede haber un Dios verdadero. Si hubiera más, o uno mandaría sobre los demás -y éste sería el único Dios verdadero-, o serían independientes unos de otros. Pero esto es imposible, porque el Dios verdadero tiene que tener dominio absoluto sobre todo lo que existe fuera de Él. Si no, no lo podría todo. Y Dios -como demuestran los filósofos- lo puede todo247.
Dice la Biblia: "Así habla Yahvé...; no hay otro Dios fuera de mí"248.
Los hebreos, por respeto a Dios, no querían ni siquiera pronunciar su nombre. Lo escribían sólo con consonantes: "YHVH". Había que rellenar las consonantes con vocales. De ahí los nombres de "Yahveh" o "Yehovah" con los que se llama a Dios.
19,1.- "Dios es amor", por eso es trinitario; porque el amor reclama alteridad, necesita otra persona a quien amar. Por eso en Dios hay tres personas.
20,1.- El Padre nos ama y nos ha hecho sus hijos. El Hijo nos ha salvado muriendo por nosotros. El Espíritu Santo nos ayuda con su gracia a ser buenos cristianos.
20,2.- Con la sola razón podemos llegar a conocer algo de Dios: su eternidad, su omniperfección. Pero no la vida íntima de Dios (la Trinidad).
La Segunda Persona es como la idea que brota del entendimiento. Por eso se le llama Verbo: Palabra. La Tercera Persona es el Amor que brota entre las dos Primeras Personas. Sin embargo las tres Personas son simultáneas en el tiempo, porque las Tres son eternas.
22,1.- La Segunda Persona de la Santísima Trinidad procede del Padre, pero no es posterior a Él en el tiempo. Es procedencia de origen, no de tiempo. Podemos ilustrarlo con un ejemplo. Si yo enciendo la luz de mi cuarto, de noche, veo simultáneamente mi mano y la sombra de ella sobre la mesa. La sombra está originada por mi mano, pero veo las dos simultáneamente. No hay prioridad en el tiempo. La sombra y la mano aparecen ante mis ojos simultáneamente, aunque la sombra está originada por la mano.
22,2.- Los Testigos de Jehová que no creen que el Hijo sea Dios como el Padre, engañan a los incautos que les escuchan diciendo que si el Hijo es engendrado por el Padre es posterior al Padre y no eterno como Él. Es que ignoran la distinción filosófica entre prioridad de origen y de tiempo. Por ejemplo: el fuego da origen a la luz; pero la luz no es posterior al fuego, sino que surge simultáneamente con el fuego. Lo mismo ocurre en Dios con el Padre y el Hijo.
23,1.- Dijo Cristo: "Os es conveniente que yo me vaya, porque si no me voy no vendrá con vosotros el Consolador; pero si me voy, os lo enviaré"249.
El Espíritu Santo es también una Persona Divina, por lo tanto debe recibir la misma adoración y honor que las otras dos.
Los Testigos de Jehová niegan que el Espíritu Santo sea Persona Divina; sin embargo, la Sagrada Escritura da al Espíritu Santo atributos de Dios: Omnisciencia250, omnipresencia251, omnipotencia252. El Espíritu Santo es el poder activo de Dios; es Dios en acción253. Dice Jesucristo que el Espíritu Santo nos inspira254 y nos enseña255, y San Lucas que mentir al Espíritu Santo es mentir a Dios256. San Juan dice que nos inspira257, y nos consuela258. San Pablo dice que es dador de la vida259, y que nos santifica260.
El Espíritu Santo nos ayuda a comprender mejor lo que Jesús nos dijo, y nos da fuerza para seguir al Señor.
En el Credo del Concilio Niceno-Constantinopolitano se dice que el Espíritu Santo procede del Padre: ex Patre. Esta fórmula significa que tiene la misma naturaleza del Padre, es decir, que es Dios como el Padre.
Cuando vivimos en gracia santificante somos templos vivos del Espíritu Santo261. Él habita en nosotros y nos llena de sus dones. Sin su inspiración y ayuda, nada bueno podemos hacer.
Dice Jesucristo que el pecado contra el Espíritu Santo no se perdona.
Los teólogos lo interpretan como la voluntad de no querer arrepentirse. Y Dios no puede perdonar a quien no quiere arrepentirse262.
Semejante endurecimiento puede conducir a la condenación final y a la perdición eterna.
23,2.- El Catecismo habla de los Dones del Espíritu Santo, que son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu Santo. son siete:
Don de Sabiduría: Es un gusto especial para lo espiritual.
Don de Entendimiento: Es una gracia del Espíritu Santo para comprender la Palabra de Dios y profundizar en las verdades reveladas.
Don de Consejo: Es una luz para saber en cada momento lo que es la voluntad de Dios.
Don de Ciencia: Nos hace saber distinguir entre lo verdadero y lo falso en orden a la vida eterna.
Don de Fortaleza: Es una fuerza especial para obrar valerosamente lo que Dios quiere de nosotros, y sobrellevar las contrariedades de la vida.
Don de Piedad: Es un afecto filial a Dios como Padre.
Don de Temor de Dios: Es una humilde actitud de temor a ofender a Dios, reconociendo nuestra debilidad.
24,1.- Las tres Personas son distintas, porque el Padre no es el Hijo ni el Espíritu Santo, y el Hijo y el Espíritu Santo se distinguen del Padre y entre sí.
Pero las tres Personas tienen la misma y única naturaleza divina. La misma grandeza, poder, sabiduría, bondad, santidad, el mismo querer y el mismo obrar, etc. Lo que hace una Persona lo hacen las tres; sin embargo, ciertas actividades parecen más apropiadas a una Persona que a otra: la Creación al Padre, la Redención al Hijo, y la Santificación al Espíritu Santo.
No es que entre las tres Personas se repartan la divinidad, el poder, la sabiduría, etc., sino que cada una de las tres Personas tiene toda la divinidad, todo el poder, toda la sabiduría, etc.
Esto es un misterio profundo, pero estamos seguros de que es así, porque Dios mismo lo ha dicho, y Dios no puede engañarse ni engañarnos.
La Trinidad es un misterio de amor. El amor es un darse mutuamente para formar un nosotros. En la Trinidad, las Tres Personas se funden por el amor formando una sola naturaleza.
24,2.- Los Testigos de Jehová también niegan la Trinidad, diciendo que esta palabra no aparece en la Biblia. Es verdad que no está la palabra Trinidad, pero está la doctrina, que se deduce de todo el Evangelio, y que Cristo condensó cuando dijo que había que bautizar en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Precisamente por expresar esta fórmula la Trinidad, los Testigos de Jehová la eliminan en la administración de su bautismo con lo cual desobedecen a lo que Cristo dijo.
Los Testigos de Jehová dicen que el Misterio de la Santísima Trinidad lo hemos copiado del hinduismo, en que las tres divinidades Brahama, Vishnú y Shiva forman una trinidad. Sin embargo, el Padre Ceferino Santos, S.I., explica en su Cátedra de Filosofía Oriental de la Universidad de Comillas en Madrid, que aunque estas tres divinidades se nombran en el Mahabarata y en algunos Puranas antes de Jesucristo, eran divinidades independientes entre sí, e incluso opuestas. La trimurti hindú (triple forma de la divinidad) es algo totalmente diferente de la Trinidad de la fe cristiana. La trimurti hindú nunca llega a ser una trinidad en sentido cristiano.
Estas divinidades hindúes se relacionan como trimurti a partir del siglo V después de Cristo, probablemente por el influjo de la predicación del apóstol Santo Tomás en la India. Hay testimonios que se remontan al siglo III, de distintas procedencias, de que Santo Tomás evangelizó por la India. Allí fue muerto y su cuerpo está enterrado en la Catedral de Madrás (India).
Es decir, que la verdad histórica es totalmente al revés de lo que andan diciendo los Testigos de Jehová engañando a los incautos que se fían de ellos.
No debes hablar de religión con los Testigos de Jehová, porque con sus mentiras y sofismas pueden hacerte daño. Quien toma veneno se envenena. Ya nos advierte San Juan que no recibamos en nuestra casa al que viene con una doctrina que no es la de Jesucristo.
24,3.- En nuestra Santa Religión hay algunos misterios incomprensibles para el corto entendimiento humano, pero que debemos creerlos porque han sido revelados por Dios. Y Dios no enseña falsedades.
Además, los filósofos y los teólogos demuestran que los misterios de la fe son superiores al entendimiento humano, pero no contrarios a la razón, es decir, que no son imposibles y absurdos. Así lo afirmó el Concilio Vaticano I. Ocurre con ellos lo que con otras muchas cosas de la vida, que las usamos continuamente y no sabemos lo que son: el magnetismo nos ofrece no pocos misterios. «Las ecuaciones de Maxwell, con ser tan portentosas, no nos dicen qué son en sí mismos el magnetismo y la electricidad, sino cómo se comporta la materia, magnética y eléctricamente»263. Nadie sabe lo que es la luz. Se la define como «agente físico que hace visible los objetos» pero su naturaleza es desconocida. Su actuación se explica por la doble teoría, corpuscular de Newton y ondulatoria de Huygens, y la teoría del corpúsculo con onda asociada de Schrüdinger. Pero la naturaleza de la luz es un tanto misteriosa.
Lo mismo ocurre con la gravedad: la atracción mutua de las masas materiales. Desconocemos su naturaleza. El mismo Newton, que expresó esta atracción en una sencilla fórmula matemática,confesó que él conocía las leyes de la atracción pero no sabía lo que era la esencia de tal atracción264.
Es que la Física sólo nos habla de los hechos. Nada nos dice de la esencia de las cosas y de sus últimas causas. Hay verdades que se conocen por demostración: los ángulos del triángulo valen dos rectos.
Pero otras cosas sólo se pueden conocer por el testimonio de autoridad: el misterio de la Santísima Trinidad.
La vida está llena de misterios. ¿Vamos a extrañarnos de que también los haya en un Dios infinito, que sobrepasa tan totalmente nuestra capacidad intelectual? Ni la inmensidad del mar cabe en nuestro ojo, ni la de Dios en nuestro entendimiento. Si Dios cupiera en nuestro entendimiento,sería limitado. Dejaría de ser Dios, pues Dios tiene que ser infinito. Nosotros no podemos conocer a Dios del todo con ciencia adecuada y perfecta. Sería absurdo creer que sólo puede ser verdad lo que cabe en nuestro pequeño entendimiento. Cuando creemos en los misterios, hacemos un acto de humildad reconociendo que Dios sabe más que nosotros.
Niels Bohr, uno de los primeros científicos que descubrió la estructura del átomo, discutiendo con Einstein, también creyente, le dijo: «No es, ni puede ser, tarea nuestra ordenar a Dios cómo debe Él regir el mundo»265.
Algunos se dejan llevar de un exceso de racionalismo, que rechaza todo lo que supera la razón.
Los misterios, ni son exclusivos de la Religión, ni son obstáculo para creer. Y lo mismo que en las demás ciencias, cuando no entendemos una cosa, nos fiamos de lo que nos dicen los que entienden de esa ciencia, así en cosas de Religión debemos fiarnos de lo que Dios dice en la Revelación, obra de Dios, aunque nuestro pequeño entendimiento no alcance a comprenderlo perfectamente.
Tampoco una hormiga entiende el ajedrez, y sin embargo el juego del ajedrez es una realidad.
En la Física hay cosas inexplicables, y no por eso el físico reniega de la Física; y en la Medicina hay casos que no tienen solución, y no por eso el médico reniega de la Medicina. Es decir, en la Religión hay cosas que superan nuestro entendimiento, pero debemos fiarnos de Dios que nos las comunica.
Como aquel negrito del África ecuatorial que no había visto nunca el hielo y por eso no creía al misionero cuando éste le decía que con el frío, a veces, el agua se endurece de tal forma que puede un hombre andar sobre ella sin hundirse. El negrito no comprendía cómo esto puede ocurrir, pero si le constaba de la honradez del misionero y de que éste sabía lo que decía, debía fiarse de él, aunque su entendimiento no lo comprendiera. Lo mismo nosotros debemos creer los misterios de la Religión que Dios nos enseña por medio de la Iglesia, divinamente asistida por Él. Creo firmemente lo que no veo, porque creo a Aquel que lo ve todo (Bossuet ).
Es decir, que aunque está bien que busquemos las razones que hacen nuestra fe razonable, sin embargo, no creemos porque a nosotros nos parezca razonable, sino porque nos fiamos de la Ciencia y Veracidad de Dios, y aceptamos confiadamente todo cuanto Él nos diga.
Con todo, en el cielo entenderemos claramente todos los misterios que ahora no entendemos.
24,4.- El misterio de que hay un solo Dios y tres Personas distintas se llama Misterio de la Santísima Trinidad. Aunque no podamos entenderlo perfectamente, podemos, sin embargo, aclararlo con comparaciones.
El agua puede estar en tres estados (sólido, líquido y gaseoso) sin perder su misma naturaleza: H2O.
Tres cerillas unidas tienen una sola llama: cada cerilla tiene llama, pero no son tres llamas, sino una sola.
En un triángulo cada ángulo abarca todo el triángulo, sin embargo los tres ángulos son distintos. Etc., etc., etc.
«El Hijo Único del Padre, sin perder la naturaleza divina, asumió la naturaleza humana».
26,1.- Jesucristo es verdadero Dios y verdadero Hombre en la unidad de su Persona Divina.
Jesucristo posee dos naturalezas, la Divina y la Humana, unidas en la única Persona del Hijo de Dios.
En el año 431, el Concilio de Éfeso condenó a Nestorio por decir que en Cristo había dos Personas, y en el año 451 el Concilio de Calcedonia condenó a Eutiques por decir que en Cristo había una sola naturaleza.
27,1.- Jesucristo se dejaba llamar Hijo de Dios. Cuando Pedro se lo dice, Cristo contesta que eso se lo ha revelado el Padre que está en los cielos266.
28,1.- Aunque la comparación sea inexacta, también nosotros llevamos el primer apellido de nuestro padre y el segundo de nuestra madre.
Jesucristo es Dios y Hombre. Dios porque es Hijo de Dios; y Hombre, porque también es Hijo de la Virgen María. Cristo es una sola Persona, pero en Él hay dos naturalezas, la divina y la humana compuesta de cuerpo y alma.
28,2.- Hay que distinguir entre naturaleza y persona. La naturaleza responde al qué es». La persona al quién es» La naturaleza es el conjunto de características comunes a los individuos de la misma especie, que los distingue de otras especies: piedra, flor, hombre.
La persona es el conjunto de características propias del yo que lo diferencian de los demás individuos de la misma especie: Pedro, Juan, Antonio. La persona es única e intransferible. La persona se refiere siempre a una naturaleza intelectual.Persona es el sujeto de una naturaleza intelectual. Persona es el ser individual autónomo que se realiza en la posesión consciente y en la libre disposición de sí mismo.
28,3.- El Concilio de Nicea en el año 325 define como dogma de fe la divinidad de Jesús; y en el año 451 el Concilio de Calcedonia define su plena humanidad.
María es la criatura más exelsa salida de la mano de Dios.
Podemos imaginarnos cómo será María que es la mujer proyectada y realizada por un Dios Omnipotente, para ser su propia madre. Por eso fue dotada de tantas gracias y privilegios.
Ya en el siglo II se decía: «María, por encima de Ti, sólo Dios; por debajo de Ti, todo lo que no sea Dios».
30,1. María es la Madre de Jesucristo, pues ella le dio un cuerpo humano. Pero como Jesucristo, además de ser Hombre, es Dios, María Santísima es también Madre de Dios. María es madre de un hombre que tiene Persona Divina.
Ocurre lo mismo que si a uno le hacen alcalde. Su madre sería la madre del alcalde. Ella no le ha dado la alcaldía, pero por haberle dado el cuerpo es su madre; y al ser su madre es madre de todo lo que él es:
madre del alcalde.
Pero María Santísima es Madre de Dios todavía con más razón; porque Jesucristo es Dios desde el momento de su concepción, por lo tanto la Persona que nace de María es Dios, y por lo mismo María es Madre de Dios. Dice San Pablo: «Al llegar la plenitud de los tiempos envió Dios a su Hijo nacido de una mujer»267.
Que María es Madre de Dios es dogma de fe. Fue definido por el Concilio de Éfeso en el año 431268.
Jesús fue concebido, no por obra de varón, sino milagrosamente, por virtud del Espíritu Santo.
Dice San Mateo: «El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: desposada María con José, sin haber estado juntos, se halló que ella había concebido por obra del Espíritu Santo»269.
Los desposorios entre los judíos equivalían a nuestra boda, aunque no eran nupcias definitivas. Si después de los desposorios ella era infiel a su marido se la consideraba adúltera, y si éste moría, a ella se la consideraba viuda.
Los desposorios judíos suponían un compromiso tan real que al prometido se llamaba "marido".
Aunque María no vivía todavía con San José, ya era su legítima esposa. Por eso el ángel llama a María esposa: «José, no temas aceptar a María, tu esposa»270.
San Lucas dice: «Lo que nacerá de ti se llamará Hijo de Dios»271.
Jesús fue concebido, no por obra de varón, sino milagrosamente, por virtud del Espíritu Santo.
Dice San Mateo: El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:
desposada María con José, sin haber estado juntos, se halló que ella había concebido por obra del Espíritu Santo.
El teólogo protestante de fama internacional Max Thurian dice que los que niegan la concepción virginal de Cristo no son fieles a la Biblia:
«La virginidad de María constituye un indudable dato objetivo del texto del Nuevo Testamento»272.
Max Thurian murió, a los 75 años, el 15 de Agosto de 1996, en Ginebra, su ciudad natal. Se convirtió al catolicismo en 1987. Sus estudios bíblicos le llevaron a descubrir el papel de María en la Iglesia.
Dios formó en las entrañas purísimas de María Santísima un cuerpo como el nuestro y creó un alma como la nuestra. A este Ser Humano, en el instante de su concepción, se unió el Hijo de Dios, es decir, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, y así el que era Hijo de Dios quedó hecho Hombre sin dejar de ser Dios. Éste es el misterio de la Encarnación.
En la genealogía del Evangelio de San Mateo se dice siempre: Fulano engendró a Zutano. Y al llegar a José, no dice que engendró a Jesús, como en los casos anteriores, sino que dice: «Jacob engendró a José, esposo de María, de la que nació Jesús»273, dando a entender que José no engendró a Jesús, sino que su concepción fue virginal. Y San Lucas dice de Jesús «que se pensaba que era hijo de José»274, dando a entender que en la realidad no lo era en el sentido que la gente creía. Dice San Mateo: «Sin que José hubiera tenido relación con María, ella dio a luz un hijo»275.
Las mismas dudas de José confirman la concepción virginal de María, pues cuando él vio las señales externas del embarazo de su mujer, sabiendo que aquello no era suyo, pues él no había hecho nada para dejarla embarazada, le entraron tremendas dudas ante lo que sus ojos le evidenciaban y la virtud que él conocía de María. Al no poder armonizar las dos cosas, estaba en una duda angustiosa hasta que el ángel le tranquilizó afirmándole que lo de su mujer era obra del Espíritu Santo276.
30,2. La Virgen María tuvo un solo hijo, que fue Jesucristo. Cuando el Evangelio habla de los hermanos de Jesús277, se refiere a los primos hermanos y parientes, que, entre los judíos, también se llamaban hermanos. En hebreo no había palabra para decir primo. La palabra hermano abarcaba varios grados de parentesco.
Los Testigos de Jehová para hacer creer a la gente que María Santísima no fue virgen, sino que tuvo muchos hijos, enseñan el texto del Evangelio donde dice que Santiago y José eran hermanos de Jesús278.
Pero aquí, como en otros muchos de sus engaños, presentan el texto que puede complicar, y ocultan el texto que puede aclarar. Efectivamente, el mismo Santo Evangelio dice que al pie de la cruz estaba la Madre de Jesús279, y junto a ella la madre de Santiago y José280.
Era la mujer de Cleofás281, hermano de San José. Cleofás es el mismo nombre en griego que Alfeo en arameo. Son los dos nombres que se daban al hermano mayor de José, esposo de la Virgen. Era el padre de Santiago el Menor282 y José, y estaba casado con la otra María que estaba al pie de la cruz junto a la Virgen. Se casó con ella después de enviudar de su primer matrimonio del que nacieron Simón y Judas Tadeo.
Luego la madre de Santiago y José es distinta de la madre de Jesús.
Entonces, ¿por qué dice el Evangelio que Santiago y José eran hermanos de Jesús? Porque eran parientes, y éstos entre los hebreos se llamaban hermanos. Efectivamente, sabemos por la Biblia que Abrahán era tío de Lot283. Sin embargo, Lot y Abrahán se llaman entre sí «hermanos» cinco veces284. En otro sitio dice que Labán era tío de Jacob285.
Y después dice que Labán llama «hermano» a Jacob286.
Si la Virgen María hubiera tenido otros hijos, Jesús en la cruz no se la hubiera encargado a Juan, sino a ellos.
Es decir, María Santísima tuvo un solo hijo: Jesús. Cuando el Evangelio lo llama primogénito afirma que es el primer hijo; pero eso no significa, según el modo de hablar de entonces, que siguieran otros hijos después. Primogénito significa no precedido de otro. Prescinde de la existencia de otros posteriores.
Hace poco se ha descubierto una inscripción sepulcral de una madre joven hebrea que «murió al dar a luz a su hijo primogénito»287. Es decir, a su hijo primogénito no siguieron otros.
Cuando los Testigos de Jehová van engañando a los incautos que les escuchan diciendo que María tuvo muchos hijos, saben que no es así, pues presumen de conocer la Biblia. Enseñan el texto oscuro que he citado y se callan el texto claro. Esto no es honrado, pero es su modo de proceder.
La virginida» de María es dogma de fe. Fue definido en el año 649, en el Concilio I de Letrán.
La Iglesia enseña, desde el siglo V, que María fue virgen antes del parto, en el parto y después del parto. «La "virginidad en el parto" es fe de toda la Iglesia desde el siglo IV»288.. Fue confirmada por el Concilio Vaticano II. Por eso la llama siempre Virgen María.
Es de fe que María Santísima permaneció siempre virgen289.
«La traducción literal de "hasta que" admite en castellano &"después sí". Pero en la Biblia no acepta cambio de situación posterior»290.
30,3. La Santísima Virgen es nuestra Madre del cielo.
María es nuestra madre, pues es madre de Jesucristo, que es cabeza del Cuerpo Místico de Cristo. La madre de la cabeza, es también madre de todos los miembros del mismo cuerpo. Y nosotros somos los miembros del Cuerpo Místico de Cristo. Por eso María es Madre de la Iglesia.
Así lo proclamó Pablo VI el año 1964 en el discurso de clausura de la III Sesión del Concilio Vaticano II.
Que Jesús encargue a Juan que se ocupe de su Madre es perfectamente normal; lo que no es normal es el encargo paralelo a María diciéndole que cuide con cariño de Juan. Esto parece innecesario. Si Juan se va a encargar de María la correspondencia de ella era evidente. Insistir en ello parece superfluo y poco delicado. Toda mujer normal no necesita que se lo digan. Lo hace espontáneamente. El encargo de Jesús supone un contenido teológico trascendental. En Juan estamos todos representados. Además, allí presente estaba la madre de Juan.
Encargar Juan a María sería ofensivo para su madre María Salomé. No hay duda de que en las palabras de Jesús hay un sentido más profundo de lo que parecen indicar: Jesús entrega una MADRE a la HUMANIDAD.
Estas palabras tienen un sentido trascendental, dicen relación a todos los hombres, tienen sentido universal.
María es madre física de Jesús y madre espiritual de los hombres.
Debemos amar a María y honrarla de todo corazón. Así daremos gusto al Señor que, como todo hijo bien nacido, se alegra de ver a su Madre Santísima honrada y amada.
Para valorar las cualidades de María, bastaría caer en la cuenta de que Cristo pudo hacer a su Madre a su gusto. ¡Cómo hubieras tú dotado a tu madre si esto hubiera estado en tu mano! Cristo pudo hacerlo y era omnipotente.
La Santísima Virgen es la mujer más grande que ha existido en el mundo María Santísima es la criatura más excelsa que ha salido de las manos de Dios.
Debemos acudir a la Santísima Virgen en todas nuestras penas y tentaciones. Ella lo puede todo, pues Dios todo se lo concede, porque es la Madre de Cristo, y porque nunca tuvo pecado, ni siquiera el original.
Por eso San Lucas la llama «llena de gracia»291.
El hecho de que María Santísima haya sido preservada del pecado original desde el primer instante de su concepción, en el seno de su madre Santa Ana, es lo que queremos expresar al decir la Inmaculada Concepción.
El pueblo español veneraba a la Inmaculada Concepción muchos años antes de ser definida. El mismo Murillo pintó sus treinta cuadros de la Virgen Inmaculada, trescientos años antes de la definición dogmática.
El dogma de la Concepción Inmaculada de María fue definido, el 8 de diciembre de 1854, por el Papa Pío IX.
La redención de María fue preventiva en atención a que iba a ser Madre de Dios.
Dios pudo haber hecho que Jesucristo apareciese en el mundo en edad adulta, pero no quiso. Se lo entregó a María. Lo puso en sus manos.
Dios ha querido servirse de ella en la encarnación, en la redención y en la salvación de todos los hombres.
Cristo nos lleva al Padre: «Nadie va al Padre sino por Mí»292.
Cristo es el mediador con el Padre293. Él es mediador principal, porque nos ha redimido por sus propios méritos. Sin dependencia de otra persona. María es el camino para llegar a Cristo. En Belén lo presentó a pastores y reyes, en Caná es intercesora, al pie de la cruz es corredentora, y en el cenáculo ora por todos.
María es la mediadora secundaria, subordinada a Cristo. Es mediadora porque intercede por nosotros. El Concilio Vaticano II dice de María que «su múltiple intercesión nos obtiene los dones de la salvación eterna»294.
30,4. En las iglesias suele haber muchas imágenes de la Virgen: del Carmen, del Rosario, de los Dolores, de las Angustias, de los Remedios, del Socorro, de la Consolación, de la Misericordia, de la Paz, etc. Es que María Santísima tiene muchos títulos y prerrogativas.
Cada pueblo tiene su Virgen, su Patrona. Pero todas son imágenes o retratos de la única y verdadera Virgen María, que está en el cielo en cuerpo y alma.
Esta elevación de María al cielo en cuerpo y alma se llama Asunción.
La Asunción fue declarada dogma de fe, por el Papa Pío XII, el 1 de noviembre de 1950. Pero la fiesta de la Asunción se celebraba ya el 15 de agosto por los años 500 después de Cristo.
30,5. Una de las mejores devociones a la Santísima Virgen es el rezo del Santo Rosario. Si puedes rezarlo en una iglesia, mejor. Si no, rézalo en cualquier rato libre, o mientras te viene el sueño. Te aconsejo que hagas un esfuerzo por rezarlo, pues es un obsequio muy agradable a la Virgen, como ella misma lo ha dicho en Lourdes y Fátima. Y mejor todavía si lo rezas en familia. Es ésta una práctica muy cristiana. Procura introducir en tu casa esta costumbre, si no la tenéis ya; pues une mucho a la familia. Al final del libro, en los Apéndices, tienes el modo de rezarlo. Rezado en una iglesia o en común, tiene indulgencia plenaria.
Si rezarlo entero te resulta largo, reza un misterio cada día.
El rezar a la Virgen es una devoción muy bonita. María es la mujer más digna de amor que ha existido jamás. Es un amor que dignifica y engrandece. Su dulce recuerdo puede protegerte contra tentaciones que están en el extremo opuesto de la pureza. Otra recomendable devoción a la Virgen es el Santo Escapulario. Fue una revelación a San Simón Stock, General de los Carmelitas, en el siglo XIII. La Virgen le prometió que quien muera llevando el Escapulario del Carmen no se condenaría. Este escapulario debe ser impuesto por un sacerdote, y hay que rezar diariamente tres Avemarías.
El escapulario de tela puede ser sustituido por una medalla que lleve por un lado la imagen del Corazón de Jesús y por el otro una imagen de la Virgen. Así lo concedió el Papa.
30,6. Tener devoción a María es prenda de salvación. Todo el que rece diariamente en su honor tres Avemarías conseguirá una ayuda especial para tener una buena muerte, según revelación de Dios a Santa Matilde, y como lo demuestra una larga experiencia.
«Recuerden, pues, los fieles que la verdadera devoción a María no consiste ni en un afecto estéril y transitorio, ni en vana credulidad;
sino que procede de la fe verdadera por la que somos conducidos a conocer la excelencia de la Madre de Dios y somos excitados a un amor filial hacia nuestra Madre y a la imitación de sus virtudes»295.
Sobre todo su amor a Cristo, su fe firme en la Anunciación, y su fidelidad hasta la cruz.
Los protestantes nos acusan a los católicos de que adoramos a la Virgen María, pero esto es una calumnia. Todos los católicos sabemos que la Virgen no es Dios. Y la adoración es exclusiva de Dios.
Nosotros no adoramos a la Virgen Santísima, sino que la honramos y veneramos porque es Madre de Dios. Por eso en el Avemaría decimos ruega por nosotros. En las letanías del Rosario, cuando nos dirigimos a Dios decimos ten misericordia de nosotros. En cambio, cuando nos dirigimos a la Virgen decimos ruega por nosotros. Acudimos a María para que Ella nos lleve a Dios.
31,1. San José vivió con la Santísima Virgen en perfecta castidad, sin usar del matrimonio, como si fueran hermanos. Pero como era el verdadero esposo de María, es también padre de Jesucristo ; aunque no según la carne, sino según la ley. Jesucristo no tuvo padre carnal.
Según un trabajo del P. Sebastián Bartina, S.I., Catedrático de Ciencias Bíblicas, que ha publicado en la Revista de Estudios Josefinos, San José era heredero legal del rey David. Por ser descendiente directo le correspondían los derechos reales. La familia real de José fue a esconderse a Nazaret, huyendo de Herodes, el usurpador del trono, que no era de raza judía, sino idumeo. Al ser Jesús hijo legal de José, era rey de Israel, no sólo espiritualmente, sino también legalmente.
Providencialmente, el letrero que Pilatos puso en la cruz expresaba una realidad: Jesús Nazareno Rey de los Judíos.
El Evangelio le llama «hombre justo»296, que en el modo de hablar hebreo significa hombre santo.
San José fue carpintero de Nazaret. Fue modelo de trabajador. Por eso la Iglesia lo ha nombrado Patrono de todos los obreros. Murió entre Jesús y María. Por eso también es el Patrono de la buena muerte.
Cuando fundes un hogar, escoge por Patrono a San José, que también supo lo que significa la preocupación de mantener un hogar. Dice Santa Teresa que nunca pidió una cosa a San José y que el Santo no se la concediera. Y a los que no lo crean, les dice que hagan la prueba.
31,2.-Para conocer bien a San José recomiendo la obra de Bonifacio Llamera, O.P.: Teología de San José. De esta obra dice el gran teólogo español Antonio Royo recomiendo la obra de Bonifacio Llamera, O.P.: Teología de San José. De esta obra dice el gran teólogo español Antonio Royo María, nº 406. Ed. BAC.
Madrid, O.P.: «Esta obra es, con mucho, la mejor que se ha escrito hasta hoy de San José en el mundo entero»297.
32,1. La Historia de Jesús no empezó con su nacimiento. Muchos siglos antes de que naciera hablaron de él los profetas.
Miqueas, 730 años antes de nacer, dice dónde nacerá (5:2).
Isaías, 734 años antes de nacer, dice que nacerá de una virgen (7:14), y describe su Pasión (53:3-8).
Zacarías, 520 años antes de nacer, dice que será vendido por 30 monedas (11:12s) con las cuales se comprará el campo de un alfarero.
Ochocientos años antes que sucediera Isaías profetizó que sería tratado como un malhechor (53:12), azotado (50:6) y condenado a muerte (53:8).
Los Salmos predicen que sortearán su túnica (22:19).
«Jesús no nació, como suele decirse, en el año primero de la Era Cristiana. El sabio benedictino Dionisio el Exiguo, que en el año 533 empezó por vez primera a contar los años a partir del nacimiento del Señor, sustituyendo la antigua numeración que partía de la fundación de Roma, se equivocó en 6 años»299. él hizo coincidir el 1 de enero el año uno, con el 1 de enero del año 754 de la fundación de Roma, en vez de escoger el 748 que hoy se considera como exacto. Por lo tanto, debemos colocar el nacimiento de Cristo seis años antes de la Era Cristiana.
Según los historiadores, Herodes el Grande murió el año 4 antes de nuestra Era. Como él mandó matar los niños de Belén menores de dos años, podemos suponer que Jesús nació dos años antes, es decir, el 6 antes de nuestra Era. Esto se confirma porque según el matemático y astrónomo Kepler, el año del nacimiento de Cristo, hubo una conjunción de Júpiter y Saturno, es decir, se pusieron uno detrás del otro, lo cual provoca una luz intensa, muy visible en el firmamento estrellado. Sería esto la estrella de Belén» Del día del año del nacimiento de Jesús no nos dicen nada los Evangelios, pero desde el siglo I se celebra el 25 de diciembre.
El día de la muerte de Jesús se piensa que quizás fuera el 14 de Nisán, del año 785 de la fundación de Roma que corresponde al viernes 3 de abril del año 33, que fue Primer Viernes de mes.
Recientes estudios astronómicos efectuados por Colin Humphreys y W.G.
Waddington, de la Universidad de Oxford, han revelado que un eclipse parcial oscureció visiblemente el cielo de Jerusalén el 3 de abril del año 33, que corresponde al 14 de Nisán del calendario judío, que es el día que murió Jesucristo. Así se explican «las tinieblas que cubrieron la Tierra» aquel día, según el Evangelio.
Sin embargo, otros sostienen como más probable la Pascua del año 32.
«Por estas oscuridades vemos que los evangelistas no pretendían publicar ningún "Diario de la vida de Jesús". La determinación exacta de las fechas y lugares no les interesa especialmente. Con frecuencia dicen en términos generales "en aquel tiempo" ; y muchas veces sigue una descripción muy indeterminada del lugar: "subió a un monte". Los Evangelios quieren transmitir las predicaciones de la fe de los Apóstoles, y dibujar una imagen suficiente de Cristo, a fin de que cada uno pueda convencerse de la verdad de la fe. Ninguno de ellos pretende contar todo; al contrario, cada uno se toma la libertad de reunir lo que le parece a él más importante, y ordenarlo según sus determinados puntos de vista»300.
Para conocer bien Tierra Santa en sus aspectos arqueológico, histórico, católico y teológico puede ser interesante mi vídeo: «Por la Tierra de Jesús: vídeo documental de Tierra Santa.» Para hacer este vídeo me fui allí con dos técnicos de TV para que tomaran las imágenes. El texto es de los padres jesuitas Bartina y Manzano, Catedrático de Ciencias Bíblicas y especialista en Tierra Santa, respectivamente. Yo sólo he puesto la voz.
Plinio el Joven, que fue gobernador romano de Bitinia (Asia Menor) el año 112, en carta al emperador Trajano, hablando de los cristianos que se negaban a ofrecer sacrificios al emperador, dice que se reunían al amanecer para cantar himnos a Cristo, su Dios.
Flavio Josefo escribe en el año 93 del siglo I: Por aquel tiempo apareció Jesús, hombre excepcional, si le podemos llamar hombre, pues realizó prodigios sorprendentes... Tanto entre los judíos como entre los griegos tenía muchos discípulos que le seguían. Por denuncia de los jefes del pueblo, Pilato le hizo condenar al suplicio de la cruz.
Pero ello no impidió que sus discípulos continuarán amándolo como antes. A los tres días de su muerte apareció vivo.
Cayo Suetonio, historiador de los césares desde Augusto hasta Domiciano, en su obra compuesta entre los años 110 y 120 alude dos veces a los cristianos. Una en la vida de Nerón (n.16) y otra en la Claudio (n.225).
También habla de los cristianos Cornelio Tácito, gran historiador, discípulo de Plinio el Viejo. Al relatar el año 100 el incendio de Roma por orden de Nerón el año 64, dice:... se imputó a los cristianos que toman su nombre de Cristo, el cual durante el imperio de Tiberio, había sido condenado a muerte por el Procurador Poncio Pilato.
32,3. Pero sobre todo nos hablan de Jesucristo los Santos Evangelios.
Evangelio significa buena noticia. La buena noticia es la venida de Jesús, Salvador de los hombres. La palabra evangelio no significa primeramente un texto, un libro. Sino que, por su etimología y su uso bíblico, designa originariamente un feliz mensaje un anuncio que hace feliz. El Evangelio fue, pues, primeramente la palabra de Jesús.
Nadie había hablado como él.
Los Evangelios son libros escritos entre los años 40 y 100 por testigos oculares que cuentan lo que vieron y oyeron ; o por quienes estuvieron en contacto con testigos presenciales. Dice San Juan: «Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos... os lo anunciamos»301. Dice San Lucas: «Muchos se han dedicado a componer un relato de los acontecimientos, tales como nos los han transmitido quienes desde el principio fueron los testigos oculares y los servidores de la palabra»302.
32,4. Las teorías del profesor protestante Rudolph Bultmann, que durante algún tiempo han orientado las interpretaciones de los textos bíblicos del Nuevo Testamento, están hoy desprestigiadas gracias a las investigaciones de los especialistas hebreos. Sobre todo por los trabajos de David Flusser303 y Geza Vermes304, que han llegado a la conclusión que detrás de estas afirmaciones de Bultmann sobre los textos bíblicos había mucha ideología filosófica alemana.
Geza Vermes llega a decir: El mito de Jesús sólo ha existido en algunas mentes alemanas. Los estudios históricos del judaísmo del siglo I, permiten rescatar nuevos aspectos del Jesús histórico.
Sin embargo la oposición a las teorías de Bultmann comenzó entre sus mismos discípulos, como son Ernst Käsemann305 y Günther Bornkann306.
32,5. El Concilio Vaticano II afirma la historicidad de los Evangelios: «La Santa Madre Iglesia firme y constantemente ha creído y cree, que los cuatro Evangelios, cuya historicidad afirma sin vacilar, transmiten fielmente lo que Jesús, Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, hizo y enseñó realmente»307.
La historicidad de los Evangelios, además de ser clara para los críticos, es para los católicos una verdad de fe divina y católica.
San Ireneo, nacido en Asia Menor, que llegó a ser Obispo de Lyon y había sido discípulo de San Policarpo en Esmirna, y éste del evangelista San Juan, es decir, que es una de las figuras más representativas del siglo II, dice: «Mateo publicó un Evangelio escrito para los hebreos y en su lengua... ; Marcos, discípulo de San Pedro, nos transmitió también por escrito las cosas predicadas por Pedro ; Lucas, discípulo de Pablo, puso en forma de libro el Evangelio predicado por su maestro. Más tarde, Juan, discípulo del Señor... también publicó un Evangelio durante su estancia en éfeso»308.
Tenemos otros dos documentos del siglo II:
Papías dice que Mateo escribió su Evangelio en hebreo, y que Marcos fue intérprete de la evangelización de Pedro.
El otro documento es el Canon de Muratori en el que se habla de San Lucas como autor del tercer Evangelio, y de San Juan como del cuarto.
El P. Vaccari, S.I., especialista de la Biblia, de talla internacional, afirma que hasta la campaña de los protestantes racionalistas del siglo pasado, nadie había dudado de que los Evangelios fueran de Mateo, Marcos, Lucas y Juan.
El Dr. John A.T. Robinson, Catedrático en Cambridge, ha publicado en 1977 un libro titulado «Redating the New Testament», donde afirma que todos los libros del Nuevo Testamento exceptuando a San Juan, se escribieron antes del año 70, y que los nombres de los autores Mateo y Juan corresponden a los Apóstoles de Jesús. Marcos y Lucas estuvieron en contacto directo e inmediato con los testigos, y manejaron documentos de contemporáneos. Dice San Lucas que él escribe su Evangelio «después de haber investigado todo diligentemente desde los orígenes»309.
32,6. Además, estos libros se escribieron para contemporáneos de Jesús. Los hechos que narran eran conocidos de todos; bien por haberlos visto personalmente, bien por haberlos oído a quienes los vieron. No pudieron, por lo tanto, desfigurar nada de la realidad. En este caso hubieran sido desmentidos, y no hay huella alguna de rectificaciones310.
Si los evangelistas hubieran dicho lo que no es verdad, sus Evangelios hubieran sido rechazados por aquella generación que era testigo de los hechos. No existe ningún documento que muestre este rechazo311.
En cambio los Evangelios Apócrifos, que carecen de rigor histórico, fueron comúnmente rechazados312. Son relatos fantasiosos e inverosímiles313. Contienen errores en la geografía de Palestina, y les falta fidelidad al marco histórico.
Los Evangelios falsarios llamados Evangelios Apócrifos nunca han sido aceptados por la Iglesia, por no estar contenidos en el «Canon de Muratori» que es una lista de los libros inspirados que hizo la Iglesia en el siglo II314.
Los datos que dan los Evangelios sobre la geografía del país, situación política y religiosa, y sobre las costumbres, concuerdan con lo que sabemos de todo esto por otras fuentes.
Además, los evangelistas murieron por defender la verdad de lo que decían; y nadie da su vida por lo que sabe que es mentira.
Aparte de que como están inspirados por Dios no pueden equivocarse ni mentir. El Concilio Vaticano II dice que la Biblia entera está inspirada por Dios315. Y San Pablo: «La Escritura está inspirada por Dios»316.
32,7. Por otra parte, los cuatro Evangelios narran los mismos hechos, coincidiendo en lo fundamental y diferenciándose en lo accidental. Si cada uno por su lado se hubiera propuesto engañar, no hubieran coincidido tanto; y si se hubieran puesto de acuerdo para engañar, se hubieran evitado las diferencias llamativas. Cada uno ha narrado sinceramente los hechos recogiendo los detalles que a él más le habían impresionado. Cada evangelista hizo su selección de materiales y acontecimientos, e incluso la sucesión de los hechos, según su finalidad catequética.
Cada evangelista presenta desde un ángulo de visión personal la figura y doctrina de Jesús. El Evangelio de Mateo, dirigido a una comunidad cristiana proveniente del judaísmo, y el Evangelio de Lucas dirigido a una comunidad proveniente de la gentilidad, muestran enfoque diverso.
Los Evangelios ofrecen diferencias debidas a que no siempre citan textualmente las palabras de Jesús, ni cuentan las cosas con la exactitud rigurosa que exigimos modernamente. Cada uno cuenta lo que recuerda a su modo, según su propio estilo: unos se limitan a lo esencial, otros se extienden más en los detalles, sin destacar claramente los elementos esenciales; unos tienen una narración más abstracta, otros más concreta o popular, etc. Varía mucho la narración de un hecho según la psicología del narrador, de su modo de observar, de su memoria, de su imaginación, de su carácter y del auditorio al que se dirige. Teniendo en cuenta que no se trata de observadores o narradores de psicología occidental y moderna de hoy día, sino de un mundo antiguo, de cultura y mentalidad muy simple, en que domina más el elemento imaginativo. Pero como son libros inspirados, todo lo que dicen tiene la aprobación de Dios, que respeta la peculiaridad del escritor-instrumento, y no le dicta como a un mecanógrafo las cosas que tiene que decir, sino que respeta su modo de hablar, y tan sólo le detiene ante el error.
El Evangelio de San Mateo se escribe para los judíos, por eso se insiste en que Jesús es el Mesías profetizado en el Antiguo Testamento.
El Evangelio de San Marcos refleja la catequesis en Roma de San Pedro a quien acompañaba; por eso explica muchas costumbres y tradiciones judías a los que no lo son.
El Evangelio de San Lucas se escribe para comunidades de cristianos de mentalidad griega, procedentes del paganismo, por eso se insiste en que Jesús es el Salvador.
El Evangelio de San Juan es el último que se escribe. Por eso completa a los otros tres, que se parecen mucho entre sí (por eso se llaman sinópticos), y cuenta cosas que los otros omitieron. Se centra en la persona de Jesús, y es el más teológico de los cuatro.
32,8. Los evangelistas no escribieron sus libros como un historiador actual puede describir un hecho histórico investigado por él con fechas concretas e itinerarios exactos.
Los Evangelios no son una sucesión de hechos cronológicamente narrados, sino una catequesis para la fiel trasmisión de la verdad cristiana Los Evangelios no tienen forma histórica, sino de mensaje. Los evangelistas no pretenden relatar los acontecimientos en orden exactamente cronológico, sino presentar la persona, la doctrina, la obra redentora de Jesús, a los hombres con el fin de que crean.
«Los Evangelios son relatos fragmentarios y esquemáticos, selecciones y resúmenes. Por otra parte, han tenido siempre la finalidad práctica de la predicación: pretenden ser una enseñanza, transmitir un mensaje que hemos de acoger y vivir en la fe; no pretenden tanto darnos una información, cuanto contribuir a la formación de un mundo nuevo, nacido de la obra redentora de Cristo ; presentan al Señor Jesús, para que uno se encuentre con él y se haga su discípulo»317.
«Los Evangelios no son ni un diario ni una biografía en el sentido moderno de la palabra. Son síntesis de la predicación apostólica.
Cuanto más se penetra en los métodos propios de los evangelistas, en su fin y en su plan, más se convence uno del carácter episódico y fragmentario que los distingue, y cuán poco les interesaba a ellos muchas cosas pequeñas que a nosotros nos pueden parecer hoy problemas casi substanciales. Los evangelistas pretenden cimentar la fe de sus lectores, y para ello les basta escoger algo de lo más saliente de la vida y doctrina del Señor. El marco topográfico y cronológico no era necesario y, por lo mismo, lo descuidan. Muchos hechos y muchas palabras están fuera de su marco histórico»318 Generalmente, el evangelista, no tiene ningún interés cronológico. A veces acumula parábolas, milagros o controversias con los judíos con una palabra de enlace («entonces», «enseguida», «después»); aunque hayan ocurrido en momentos muy distantes. «La intención de los evangelistas fue inculcar una forma de vida, una enseñanza religiosa.
Lo histórico es base de la narración, pero no como nosotros entendemos hoy la historia».
Los Evangelios son libros históricos aunque la historia no la entiendan al modo actual. Pero su estilo describiendo lugares y encajando personajes históricos en su tiempo, dan a entender claramente que no pretenden hacer una obra de ficción. A veces, aunque no siempre, señalan con exactitud el día y la hora, y dan una porción de detalles que muestran la voluntad de describir hechos reales.
El Evangelio es histórico en el sentido vulgar, corriente. Así lo creyó siempre la Iglesia: los Padres y los fieles. Es evidente que no fueron inventados.
Los evangelistas afirman que lo que narran es la verdad. San Lucas al principio de su evangelio garantiza a los lectores de la certeza de su narración, pues son «cosas verdaderas y auténticas». Dice San Lucas que se ha determinado escribir los acontecimientos recientemente ocurridos «después de haber investigado con exactitud todos esos sucesos desde su origen»319. Y San Juan afirma que lo que él narra es «lo que vieron sus ojos y oyeron sus oídos»320.
«Aquel que lo ha visto da testimonio de ello, y su testimonio es cierto: y él sabe que dice la verdad a fin de que vosotros creáis»321.
«Los Evangelios aparecen, escritos sin verdadera preocupación apologética, en el sentido moderno de la palabra, sino con el fin de transmitir, tal cual, el hecho de que dan testimonio... Los Evangelios no son una especulación doctrinal, sino la atestación de un hecho... Los autores no sólo no hacen su propio elogio, sino que hasta desaparecen detrás de su obra. No se inciensa a los Apóstoles, se les presenta sin inteligencia, ambiciosos, pendencieros, cobardes, traidores. Se presenta a Cristo abandonado del Padre... Los milagros están descritos con una sobriedad que los distingue inmediatamente de los relatos no evangélicos»322.
«El origen apostólico, directo o indirecto, y la génesis literaria de los Evangelios justifican su valor histórico. Derivados de una predicación oral que se remonta a los orígenes de la comunidad primitiva, tienen en su base la garantía de testigos oculares.
Indudablemente ni los Apóstoles ni los demás predicadores y narradores evangélicos trataron de hacer historia en el sentido técnico de esta palabra; su propósito era menos profano y más teológico; hablaron para convertir y edificar, para inculcar e ilustrar la fe, para defenderla contra los adversarios. Pero lo hicieron apoyándose en testimonios verídicos y controlables, exigidos tanto por la probidad de su conciencia como por el afán de no dar pie a refutaciones hostiles... Si los Evangelios no son "libros de historia", no es menos cierto que no tratan de ofrecer nada que no sea histórico»323. «El valor histórico de los Evangelios, aparte de ser cierto para el crítico, es para el católico una verdad de fe»324.
Se han hecho estudios comparativos de todas las copias que conservamos de cada uno de los evangelistas. Hort, uno de los más seguros críticos del siglo XIX resume sus investigaciones de veinticinco años, y las de su colega Wescott, en su edición crítica del original griego del Nuevo Testamento con estas palabras: «las variantes que tocan a la sustancia del texto son muy poco numerosas, y pueden ser valuadas en menos de la milésima parte del texto»325. «La inmensa mayoría de la variantes se refieren únicamente a la forma exterior: ortografía, orden de las palabras y términos sinónimos»326. De las ciento cincuenta mil variantes, sólo quince son de importancia, y ni una sola toca a la fe de la Iglesia327. Eso da idea del esmero con que se copiaron.
32,9. Nada nos dice el Evangelio sobre el aspecto externo de Jesús.
No era costumbre en los historiadores de aquel tiempo. Por eso los cuatro evangelistas guardaron silencio sobre su estatura, el color de sus ojos, el tono de su voz y los rasgos de sus facciones.
Sabemos que su mirada era irresistible: una mirada capaz de hacer, con sólo su fuerza, que los hombres lo abandonaran todo por seguirle. Una mirada profunda, tierna, penetrante. Una mirada llena de bondad, de un Ser que era todo bondad. De un Ser que recorrió haciendo el bien las tierras de Judea, Galilea, Samaría..., curando enfermos, consolando a los desheredados del mundo..., dándose a todos, apiadándose de todos, amando a todos... Del Ser que pronunciara las palabras más dulces que jamás tomaron forma en unos labios humanos: «Venid a mí todos los fatigados y agobiados, y Yo os aliviaré»328.
«Creo que no existe nada más bello, más profundo, más atractivo, más viril y más perfecto que Cristo» (F. Dostoieski).
En la Biblioteca Nacional de Madrid he leído un incunable en el que el cónsul romano Léntulo habla de cómo fue Jesucristo. Dice: «En nuestro tiempo apareció un tal Jesús, de gran fortaleza, rostro venerable, ojos serenos y abundante barba. Sus discípulos le llamaron Hijo de Dios, pues resucitó muertos y curó enfermedades»329.
Los Evangelios nos describen a un ser excepcional, a un hombre que en sólo tres años de vida pública, en un radio de acción de escasos kilómetros, trastornó al mundo, de modo que el tiempo se divide en los siglos que le esperaron y los que siguen a su venida.
Cristo iluminó con su doctrina la vida del hombre con visión de eternidad, y transformó los valores del pensamiento humano.
Jesucristo ha sido el hombre más grande de la historia. Genios como Calderón de la Barca y Miguel Angel, militares como César y Napoleón, después de su muerte, han sido admirados; pero no amados. Jesucristo es el único hombre que ha sido amado más allá de su tumba. A los dos mil años de su muerte, legiones de hombres y mujeres, dejando su familia paterna y su familia futura, sus riquezas y su Patria, despojándose de todo, han vivido sólo para él.
Jesucristo ha sido amado con heroísmo. Millares y millares de mártires dieron por él su sangre.
Millares y millares de santos centraron en él su vida.
Santos de todos los tiempos, de todas las edades, de todas las clases sociales. Unos con corona de reyes, y otros con los pies descalzos; unos con hábito de monje, y otros con cinturón de soldado; unos con chaqueta y corbata, y otros con manos encallecidas de obrero; muchachos de corazón puro, y muchachas de mirada limpia y andar recatado. Todos éstos le amaron heroicamente y alcanzaron la corona de la inmortalidad.
Jesús ha sido también el hombre más combatido de la humanidad. Qué tendrá este hombre que murió hace dos mil años y hoy molesta a tantos vivos»
32,10. Jesús vivió la mayor parte de su vida como un obrero, ganando su sustento con el sudor de su frente y el trabajo de sus manos.
Ejercía el oficio de carpintero en un taller humilde y alegre de Nazaret. De este modo dignificó y ennobleció el trabajo.
Cristo, como dice la Biblia: «se hizo igual al hombre en todo menos en el pecado»330. Cuando San Pablo dice que «Cristo se hizo pecado por nosotros»331 se refiere a que tomó sobre sí la pena debida por nuestros pecados; pero no la culpa, lo cual sería incompatible con la infinita Bondad de Dios.
La vida y doctrina de Jesucristo son para nosotros un ejemplo de lo que tenemos que hacer para alcanzar el Reino de los Cielos, es decir, para salvarnos. él nos enseña el camino del cielo.
Cuando Jesucristo tenía unos treinta años comenzó a predicar su doctrina. Sanó milagrosamente a muchísimos enfermos y remedió a necesitados. Su vida pública puede resumirse en estas palabras de San Pedro: «Pasó haciendo el bien»332.
Por eso muchos le seguían como discípulos. De entre ellos eligió doce para formarlos especialmente y para que, al faltar él, continuaran su obra.
Pero la clase dirigente judía no podía tolerar que un desconocido, no educado con ellos, les desplazara del favor popular. Creció la envidia y con ella el odio. Se cegaron hasta no ver las cosas más claras. Este hombre -decían- hace muchos milagros y todos se van con él. Lo lógico hubiera sido que, ya que reconocían los milagros, se rindieran ante ese testimonio de Dios, y le siguieran.
Pero no: se obcecaron y no pararon hasta que lo prendieron y lo entregaron a la autoridad romana, arrancándole la sentencia de muerte en cruz, que es la muerte más afrentosa que entonces se conocía.
Hoy hay un acercamiento de los judíos a la persona de Jesús. Se han escrito varios libros de judíos en este sentido. Uno de los más conocidos es el de Joseph Klausmer titulado: «Jesús von Nazaret», publicado en Jerusalén.
Recientemente han pasado al catolicismo del judaísmo personas eminentes, como el historiador Ludovico Pastor y Edith Stein, filósofa; Nadiuska, artista de cine, y André Frossard, que fue hijo del Primer Secretario General del Partido Comunista Francés, y es autor del libro «Dios existe, yo me lo encontré», un éxito mundial.
32,11. Los evangelistas escriben desde su fe en que Jesús es Hijo de Dios. Así lo afirma Marcos al principio de su Evangelio, y San Juan al final del suyo.
La expresión Hijo de Dios no siempre supone divinidad, según el uso de esta expresión entre los judíos. Pero el Profesor de la Universidad Gregoriana de Roma, José Caba, S.I., demuestra, en uno de sus libros, cómo en algunos pasajes de los Evangelios se expresa claramente la divinidad de Cristo333.
Jesucristo se presenta como Dios. Ningún otro fundador de religiones ha tenido tal osadía.
Mahoma, Buda, Confucio, Lao-Tse, Zarathustra o Zoroastro334 presentaron una religión más o menos moralizante, pero ninguno de ellos pretendió ser Dios335.
Jesucristo dijo que él era Dios.
Repetidas veces se presentaba a sí mismo como Dios: «Yo no soy de este mundo»336; «Yo existía antes que el mundo existiese»337; «Quien me ve a Mí, ve al Padre»338; «El Padre y Yo somos una misma cosa»339. Es como decir: los dos somos de la misma naturaleza. Yo soy Dios como el Padre.
Los textos en que Jesucristo muestra su inferioridad respecto al Padre, son siempre refiriéndose a su naturaleza humana.
Como Cristo tenía dos naturalezas, de Dios y de hombre, los textos del Evangelio unas veces se refieren a Jesucristo como Dios, y otras a Jesucristo como hombre. Que Jesucristo fue verdadero hombre es clarísimo: pasaba hambre y por eso se acercaba a la higuera a ver si tenía higos; pasaba sed y le pedía a la samaritana que le diera agua del pozo; se cansaba y se quedaba dormido en la barca, etc. etc.
Jesucristo se llamaba a sí mismo El Hijo del Hombre. Así aparece ochenta y dos veces en los Evangelios; y siempre en boca de Jesús. Es una alusión al nombre que el profeta Daniel daba al Mesías.
Pero Jesucristo también tenía naturaleza divina como se deduce de multitud de textos. Repetidas veces se llama Hijo de Dios.
Pero esta filiación divina de Jesucristo es de distinta manera que la del resto de los hombres. Por eso hace esta distinción: «Mi Padre y vuestro Padre»340. Mientras los hombres somos hijos adoptivos, Jesucristo es Hijo natural, es decir, de la misma naturaleza del Padre: tiene la misma naturaleza divina.
Los hijos siempre tienen la misma naturaleza que sus padres: el hijo de un pez es pez, el hijo de un pájaro es pájaro, el hijo de un hombre es hombre, el hijo de Dios es Dios.
Nosotros somos hijos por adopción341. Jesucristo lo es por generación. Por eso se llama «Hijo Unigénito»342. Dice San Pablo que Cristo «siendo de naturaleza divina no alardeó de su dignidad, sino que prescindiendo de su categoría de Dios, tomó naturaleza de hombre»343. Y añade San Pablo que Jesucristo «no consideró usurpación el ser igual a Dios»344, pues ya lo era por naturaleza.
Por eso, al hacerse también semejante a los hombres, «se anonadó a sí mismo», es decir, se rebajó al asumir la naturaleza de hombre siendo Dios como era.
32,12. El Apóstol Santo Tomás llamó a Jesús: «Señor mío y Dios mío»345. Jesús no le hizo rectificar como si aquello fuera una exageración.
El Concilio II de Constantinopla declara autorizadamente que Cristo ha sido llamado Dios en este pasaje.
San Pablo afirma repetidas veces que Cristo es Dios: dice que es «de condición divina»346; que «en él reside toda la plenitud de la divinidad»347; le llama «Dios bendito»348 y «gran Dios»349. San Pablo transmite la creencia de la primera comunidad cristiana. De lo contrario los otros Apóstoles hubieran protestado.
Por el contrario, todos decían lo mismo.
San Pedro lo llama Dios antes de recibir las llaves del Reino de los Cielos350 y al principio de su Segunda Carta llama a Jesús, Dios y Salvador.
San Juan dice que Cristo es «Hijo Unico de Dios»351, «verdadero Dios»352.
San Pablo afirmaba: «Tanto ellos como yo, esto es lo que predicamos»353.
Si los Apóstoles no hubieran creído que Cristo es Dios no hubieran dado la vida por él, pues nadie da la vida por lo que sabe que es mentira.
Los Testigos de Jehová niegan la divinidad de Cristo, y para ello han hecho una traducción de la Biblia que llaman del Nuevo Mundo, donde introducen palabras que no están en el texto original y que cambian el sentido de las frases en que se habla de la divinidad de Cristo. Esta introducción de palabras que cambian el sentido del texto original es un auténtico fraude. Esta Biblia de los Testigos de Jehová es una Biblia falsaria (ver n 6, 9).
32,13. Los judíos entendieron que Jesús se tenía por Dios, por eso querían quitarle la vida, por hacerse igual a Dios. «Te apedreamos por blasfemo, porque siendo hombre te haces Dios»354. «Debe morir porque se hace Hijo de Dios»355.
El pueblo judío era monoteísta y no concebía otro Dios que Yahvé.
Cristo afirmaba claramente su divinidad. Por eso le llamaban blasfemo.
También a Caifás le sonó a blasfemia la respuesta de Jesús en el Sanedrín afirmando que él era Hijo de Dios. Y por blasfemo lo condenaron a muerte. Si Cristo se hubiera llamado Hijo de Dios del mismo modo que Dios era Padre del resto de los hombres, aquello no tendría por qué haber sonado a blasfemia. Pero Cristo se identificaba con el Padre, pues tenía su misma naturaleza de Dios.
Todos los textos que los Testigos de Jehová citan para quitar a los católicos la fe en Cristo-Dios, se refieren a Cristo-Hombre. Ignorar los textos en que se afirma la divinidad de Cristo es no conocer la Biblia; o querer engañar, que es peor.
Los Testigos de Jehová no tienen derecho a llamarse cristianos, pues no creen que Cristo sea Dios. Por eso son excluidos del Consejo Mundial de las Iglesias Cristianas356.
Dice San Juan: «Todo el que niega al Hijo tampoco posee al Padre.
Quien confiesa al Hijo posee también al Padre»357.
Jesús estaba convencido de ser Hijo de Dios en un sentido especial, único. Jesucristo llama a Dios su Padre de un modo familiar. Utilizaba la palabra «abbá» que equivale a «papá».
El investigador alemán Joaquín Jeremías en su opúsculo «La oración del Señor» y en su libro «El mensaje esencial del Nuevo Testamento» da mucha importancia al término «abbá». Dice que «hasta hoy nadie ha podido aducir un solo caso dentro del judaísmo palestinense en que Dios sea invocado como "mi padre" por un individuo. Para la mentalidad judía hubiera sonado a irreverencia. Lo que hacía inimaginable el llamar a Dios con ese término coloquial. Es algo nuevo, excepcional, de lo que nunca se había tenido siquiera una sospecha. Nos hallamos frente a algo nuevo e inaudito, que rompe los moldes del judaísmo»358.
Cristo es Hijo de Dios en un sentido real. No figurado: hombre santo, pero no de naturaleza divina. Por eso escribe San Agustín: «A quienes dicen que Jesucristo es Hijo de Dios en cuanto que es un hombre tan santo que merece ser llamado Hijo de Dios, a estos tales los expulsa de nuestra comunidad la institución católica»359.
Algunos quieren rebajar la divinidad de Cristo. Para ellos Jesús sería un hombre divinizado en el sentido afectivo, no efectivo. Por eso en lugar de hablar de la divinidad de Cristo, prefieren hablar de la presencia de la divinidad en Cristo. Como si Cristo no fuera verdadero Dios, sino tan sólo un hombre en el que Dios resplandeció de modo excepcional. Pero si leemos el Evangelio sin prejuicios como dice Greeley, está claro que Cristo se siente unido al Padre de un modo excepcional y único: «Quien me ve a Mí ve al Padre»360, pone San Juan en boca de Jesús.
Es más, Jesús se siente con autoridad para cambiar el Antiguo Testamento. Los Profetas de la Antigüedad apoyaban sus palabras en al autoridad de Dios. Decían: Así habla el Señor. Jesús habla en nombre propio, y se atreve a corregir la ley mosaica, por considerarse superior a ella.
Habla por derecho propio. «Se dijo a los antiguos, pero Yo os digo»361.
Jesús habló con la suficiente claridad para que pudiéramos descubrir su divinidad, pero de un modo velado para no escandalizar a aquel pueblo, esencialmente monoteísta, que no podía aceptar a otro Dios que a Yahvé.
Por eso Jesús descubrió su divinidad paulatinamente. Afirmarla de golpe hubiera provocado escándalo.
Sólo al final de su vida desvela el misterio de su personalidad divina. Jesús respondió a Caifás que le preguntaba por su divinidad:
Tú lo has dicho, que es un modo de hablar, que significa: «Así es como tú dices»362.
Para ser cristiano es necesario creer que Jesucristo es el Hijo de Dios363.
32,14. Jesucristo demostró con sus milagros que lo que decía era verdad: porque sólo con el poder de Dios se pueden hacer milagros.
El milagro supera las leyes de la Naturaleza, y esto sólo puede hacerse con el poder de Dios.
Jesucristo había dicho muchas veces: Si no creéis en mis palabras, creed en mis obras ; Mis obras dan testimonio de Mí ; Si no hubiera hecho entre ellos obras tales, cuales ningún otro ha hecho, no tendrían culpa.
Jesucristo aludía a los milagros que hacía para que creyésemos en Él.
Jesucristo hacía los milagros en nombre propio. Le dice al viento: Yo te lo digo, párate; y el viento se para. Y al mar: Yo te lo digo, cálmate; y el mar se calma. Y al paralítico: Yo te lo digo, levántate ; y el paralítico se levanta. Jesucristo hacía siempre los milagros en nombre propio: Yo te lo digo. En cambio San Pedro los hacía en nombre de Jesucristo.
32,15. El milagro es una obra, un hecho visible y perceptible por los sentidos, que supera las fuerzas de la Naturaleza ; y que se hace por Dios, bien directa-mente, bien por medio de los ángeles o de los hombres.
Dios hace milagros siempre con un fin bueno: como un signo de salvación.
El milagro es el sello de Dios. Todo lo que lleva el sello del milagro es verdad, porque Dios no puede respaldar con su autoridad una mentira.
La fuerza del milagro está en que Dios es el único que puede cambiar las leyes de la Naturaleza, y en que Él es la Suma Verdad. Por lo tanto el milagro realizado para confirmar una afirmación de labios humanos, es una aprobación de Dios a la afirmación del hombre; y Dios no puede aprobar el error ni la mentira.
Los milagros ayudan la fe, pero no la fuerzan, pues el acto de fe debe ser libre. Si no, no sería meritorio. La fe trasciende las razones, pero es razonable. Si la fe no fuera razonable los creyentes seríamos estúpidos (ver nº 3, 8).
No son milagros los hechos extraordinarios que provienen de ciertas habilidades de los hombres o de intervenciones del demonio.
No es lo mismo milagro que prodigio. Un prodigio puede ser obra de un prestidigitador o un fenómeno parapsicológico. Un prestidigitador que se saca palomas de la manga, o un radiestesista encontrando manantiales de agua no tienen nada de milagroso. Se trata de trucos, habilidades, cualidades excepcionales. Pero nada de esto supera las leyes de la Naturaleza. El milagro es un rompimiento de las leyes de la Naturaleza, y en un contexto religioso.
Dios puede cambiar las leyes de la Naturaleza, que son obra suya. Pero Dios no puede hacer un círculo cuadrado, pues esto es absurdo, y Dios no hace absurdos.
Hay fenómenos que todavía no conocemos bien, como la radiestesia, la telepatía, la telergia, la telequinesia, la precognición, etc. Aunque hay un constante rechazo por la práctica totalidad del mundo científico de todas las afirmaciones de la Parapsicología acerca de la capacidad de influir en la materia por medios subjetivos; tanto en la predicción de resultados aleatorios como en la telequinesia.
Pero el milagro es algo que sabemos supera las fuerzas de la Naturaleza: como resucitar a un muerto de cuatro días que ya está en estado de putrefacción. Quizás no sepamos hasta dónde puedan llegar, en algunos casos, las leyes de la Naturaleza. Pero hay cosas que ciertamente comprendemos que la Naturaleza no puede hacer: un hombre tan alto que toque la Luna con su mano, obtener oro uniendo hidrógeno y oxígeno, o sacar rosas sembrando un grano de trigo.
Hay cosas que superan evidentemente las posibilidades de los hombres, como dijo Rabindranath Tagore, Premio Nobel de Literatura: Tú puedes apagar de un soplo una vela; pero es imposible apagar el Sol a fuerza de soplidos. Un cerdo, por mucho que se le entrene, nunca podrá competir con un caballo de carreras; a lo más llegará a ser un cerdo veloz.
Hoy la ciencia médica obtiene curaciones estupendas, pero valiéndose de medios adecuados, con frecuencia complicados y largos. En esto no hay prodigio, sino técnica y uso inteligente de medios proporcionados al fin. Pero si un hombre cura a un ciego, o aun leproso, con una simple palabra entonces la ciencia y la razón quedan eliminadas, y es preciso buscar la causa del hecho fuera de las leyes y los medios naturales.
32,16. Algunas personas se resisten a creer en los milagros de Jesucristo. Niegan el milagro porque dicen que eso es imposible. Pero esta negación no tiene valor ninguno. Si se prueba que son hechos reales, hay que darles alguna explicación. Las curaciones de las enfermedades quieren atribuirlas a procedimientos ocultos y desconocidos; y cuando esto les resulta demasiado absurdo, entonces se limitan a negar tranquilamente el hecho. Este procedimiento es muy cómodo, pero resulta poco científico.
La fuerza de Jesucristo está en que confirmó su doctrina con milagros que nos consta se realizaron por la historicidad de los Evangelios, y que por exceder a todo poder humano son una confirmación divina.
Una vez admitida la actividad taumatúrgica como un dato indudable de la vida de Cristo, no hay fundamento para hacer una selección entre los milagros de los Evangelios, admitiendo unos como históricos y rechazando otros como legendarios... De la historicidad de los milagros, no puede dudarse.
La mejor fuente histórica es lo que dijeron del hecho del contemporáneos que lo vieron o lo oyeron de quienes fueron testigos. Pues bien, los milagros de Jesucristo nos los refieren quienes los vieron con sus propios ojos y murieron por defender la verdad de lo que decían. Dice San Juan: Lo que mis ojos vieron y oyeron mis oídos, de esto doy testimonio. Incluso los mismos enemigos de Jesús no podían negar los hechos milagrosos que Jesús hacía, y por eso los atribuían a Satanás. Incluso deciden matarlo porque: Este hombre hace muchos milagros. Si lo dejamos, todos creerán en él. Y el mismo San Pedro en su discurso de Jerusalén, el día de Pentecostés, dijo: Israelitas, escuchadme: Dios acreditó entre vosotros a Jesús el Nazareno con los milagros que hizo.
32,17. La fe personal en Jesucristo es la aceptación de su propio testimonio hasta la adhesión y la entrega total a su divina Persona. No es la mera aceptación de que Él existe y vive entre nosotros tan realmente como cuando vivió en Palestina; ni tampoco una adhesión de sólo el entendimiento a las verdades que el Evangelio nos propone, según la autorizada interpretación del Magisterio de la Iglesia. Es algo mucho más existencial y totalizante. Dice el Concilio VATICANO I: La Iglesia Católica enseña infaliblemente que la fe es esencialmente un asentimiento sobrenatural del entendimiento a las verdades reveladas por Dios ; pero la fe no sólo es aceptar una verdad con el entendimiento, sino también con el corazón. Es el compromiso de nuestra propia persona con la persona de Cristo en una relación de intimidad que lleva consigo exigencias a las que jamás ideología alguna será capaz de llevar. Para que se dé fe auténtica y madura hay que pasar del frío concepto al calor de la amistad y del decidido compromiso. Por eso una fe así en Jesucristo es la que da fuerza y eficacia a una vida cristiana plenamente renovada, como la que quiere promover el Concilio Vaticano II.
Lo esencial de la fe es aceptar una verdad por la autoridad de Dios que la ha revelado. El que para creer que Jesucristo está en la eucaristía exige una demostración científica, no tiene fe en la eucaristía.
Lo único que sí es razonable es buscar las garantías que nos lleven a aceptar que realmente esa verdad ha sido revelada por Dios. Ésos son los motivos de credibilidad. Entre éstos está la definición infalible de la Iglesia que me confirma que una verdad determinada está realmente revelada por Dios.
Cuando la Iglesia, ya sea por definición dogmática, ya sea por su Magisterio ordinario y universal, propone a los fieles alguna verdad para ser creída como revelada por Dios, no puede fallar en virtud de la asistencia especial del Espíritu Santo que no puede permitir que la Iglesia entera yerre en alguna doctrina relativa a la fe o las costumbres.
La fe no es sólo la aceptación de unas fórmulas sino también la adhesión personal a Cristo. La fe, más que creer en algo que no vemos es creer en alguien que nos ha hablado. Fe quiere decir tener algo por real y verdadero en virtud del testimonio de otro, porque nos fiamos de su ciencia y veracidad.
La fe sobrenatural me da la suprema de las certezas, pues no me fío de la aptitud natural del entendimiento humano para conocer la verdad, ni de la veracidad de un hombre, sino de la ciencia y veracidad de Dios.
Porque creo en Cristo, me fío de su palabra. Acepto a Cristo como norma suprema, y todo lo valoro como lo valora Él. Los hechos son la expresión del nivel de fe de una persona. No hay posible aceptación del programa de Jesús si no es mediante el lenguaje de los hechos.
Seguir a Jesús quiere decir escuchar sus palabras, asimilar sus actitudes, comportarse como Él, identificarse plenamente con Él. Los que siguen a Jesús de verdad quieren parecerse a Él, se esfuerzan en pensar como Él, haciendo las cosas que le gustan a Él. Desean obrar bien, ayudar a los demás, perdonar, ser generosos y amar a todos..
Tener fe lleva consigo un estilo de vida, un modo de ser.
La fe es esencialmente la respuesta de la persona humana al Dios personal, y por lo tanto el encuentro de dos personas. El hombre queda en ella totalmente comprometido. La fe es cierta, no porque implica la evidencia de una cosa vista, sino porque es la adhesión a una persona que ve. La transmisión de la fe se verifica por el testimonio... Un cristiano da testimonio en la medida en que se entrega totalmente a Dios y a su obra... Normalmente, la verdad cristiana se hace reconocer a través de la persona cristiana.
El que no tiene fe no entiende al que la tiene, y sabe estimar los valores eternos. Es como hablarle a un ciego de colores.
32,18. Hoy está de moda insistir en que la fe es algo inseguro. Esto tiene algo de verdad, pues la fe no se nos presenta con una seguridad metafísica, como un axioma filosófico. Pero la fe es muy razonable, como hemos visto en páginas precedentes (n 3, 8). Y esto nos da seguridad a los creyentes. Esta seguridad no hay que menospreciarla. Los psicólogos afirman que la seguridad es uno de los elementos indispensables para el ser humano, de tal manera que su falta es fuente de neurosis. El deseo de seguridad es inherente a la naturaleza humana: nadie pone su dinero en un Banco donde tiene peligro de perderlo, nadie come alimentos podridos que puedan intoxicarle, un alpinista que escala una pared no se agarra a un clavo mientras éste no esté bien afirmado.
La fe es iluminadora, optimista y esperanzadora; porque es razonable.
Algunos hablan de una fe oscura, vaga, difusa, nebulosa. La Iglesia y la experiencia nos hacen sonreír ante este razonamiento ramplón, fruto del complejo de inferioridad que tienen hoy algunos creyentes, aun de los que escriben y enseñan.El seguimiento de Cristo exige un esfuerzo por ir asumiendo las actitudes fundamentales que dieron sentido a toda su vida: creer lo que Él creyó, dar importancia a lo que Él se la dio, defender lo que Él defendió, vivir y morir por lo que Él vivió y murió.
El hombre sin valores es un hombre inmaduro, cambiante, se mueve según el viento que corre, carece de responsabilidad.
33,1. Redimir del pecado es rescatar a precio. Desde el pecado original que cometieron Adán y Eva, las puertas del cielo estaban cerradas y nadie podía entrar allí. Por los méritos de la Redención de Jesucristo se nos perdonan todos nuestros pecados y se nos abren las puertas del cielo. Dios envió a su Hijo para redimir a los hombres:
«Habéis sido rescatados..., con la preciosa sangre de Cristo»364 «Habéis sido comprados a gran precio». «Él salvará a su pueblo de sus pecados»365. «Jesucristo se dio a sí mismo como rescate para todos»366. «El Hijo del Hombre vino a dar su vida para redención de todos»367. Cristo murió por nosotros. Cristo murió por todos.
Pero para salvarnos hace falta creer en las verdades reveladas por Dios y hacer buenas obras: «El que creyere, se salvará; y el que no creyere, será condenado»368. «Si quieres entrar en la vida eterna, guarda los mandamientos»369.
33,2. Iba el filósofo franciscano irlandés Duns Scoto paseando por un camino y se encontró con un labrador que, sudoroso, hundía la reja del arado en la tierra dura. Empiezan a hablar de Dios. A las pocas palabras el labriego le interrumpe:
- Me permite hacerle una pregunta» - Vamos a ver.
- Dios lo sabe todo. Dios es infalible. No se puede equivocar. En este instante Dios sabe si me voy a salvar o si me voy a condenar. Ahora bien, si Dios sabe que me voy a salvar, por más que peque, me salvaré;
en cambio, si Dios sabe que me voy a condenar, por más que me esfuerce, me condenaré. Por tanto, para qué me voy a preocupar de hacer buenas obras» - Dios conoce si te salvarás o condenarás, del mismo modo que conoce si este año recogerás una cosecha espléndida o lo perderás todo en una helada. Según tu razonamiento, como Dios ya sabe lo que ocurrirá con tu cosecha, y Dios no se puede equivocar, es inútil que te esfuerces en arar y sembrar la tierra. Recoge tu arado, vete a tu casa y espera a ver qué pasa.
Y abriendo su libro de rezos, siguió su paseo por el camino adelante.
El labriego se quedó sin saber qué decir. A pesar de la ciencia infalible de Dios, si él no sembraba, era cierto que no recogería cosecha.
Y es que el recoger o no recoger cosecha, el que yo me salve o me condene, no ocurre porque Dios ya lo sabe; sino que Dios ya lo sabe desde ahora porque, de hecho, ocurrirá después. Si tú dejas caer una piedra desde tu ventana, antes de que llegue al suelo, sabes que dará un golpe.
Efectivamente, a los pocos segundos oyes el golpe. Pero el golpe no ocurrió porque tú lo sabías, sino que tú lo sabías porque de hecho iba a ocurrir necesariamente. La diferencia está en que nosotros sólo podemos conocer el futuro cuando éste depende de las leyes físicas necesarias, en cambio, Dios conoce también el futuro de los seres libres; pues por Él no pasa el tiempo. Dios conoce ya la película de tu vida, y sabe cómo va a terminar. Pero la película la haces tú, libre y voluntariamente. Saldrá lo que tú quieras.
Si yo veo grabado en vídeo un partido de fútbol, al que he asistido personalmente, sé de antemano el resultado, pero no por eso soy
responsable de la goleada. Dios conoce mi futuro, pues para Él todo es presente; pero mi futuro depende de mí.
El que se condena es porque no ha querido cooperar a las gracias que Dios le ha dado: «Os he llamado y no me habéis escuchado»370; «Tú eres culpable de tu perdición»371.
33,3. Preguntaron a un niño en la escuela:
- Quién creó los demonios»
Respondió:
- Dios los hizo ángeles; pero ellos se hicieron demonios.
Bien respondido. Lo mismo ocurre con nosotros. Dios nos crea para el cielo; pero nosotros nos hacemos merecedores del infierno, si morimos en pecado.
Dios no te condena. Eres tú quien te condenas por no cumplir. Lo mismo que no es correcto decir que el profesor suspende. Es el alumno el que se suspende al responder mal. El profesor justo lo único que hace es declarar que el alumno está mal preparado. Lo mismo Dios. Él te crea para que te salves, desea que te salves; pero si no cumples, tendrá que declarar que no eres apto para la salvación, sino para el infierno.
34,1. La muerte de Jesucristo clavado en la cruz es el hecho más grande que ha visto la historia. Para la reparación del género humano, en plan de justicia estricta y perfecta (condigna), fue absolutamente necesario la Encarnación y Redención de Cristo372.
Dios pudo haber mandado al infierno a todos los hombres que hubieran pecado mortalmente; pero -por el mucho amor que nos tiene- no hizo eso, sino que, al contrario, quiso hacerse hombre para redimirnos. Y aunque hubiera bastado para esto una sola lágrima de sus ojos o una palabra de sus labios373, quiso sufrir tormentos tan espantosos y muerte tan cruel, para que veamos el valor de nuestra alma y tengamos horror al pecado, para darnos prueba de su amor a nosotros, y para servirnos de ejemplo en nuestros trabajos y penalidades.
34,2. Jesús quiere que correspondamos al amor que nos tiene. Por eso, en muchas de sus imágenes, nos enseña el Corazón, pidiendo que nosotros le amemos también a Él y le consagremos y le dediquemos todos los actos de nuestra vida, principalmente los que más nos cuestan. El dolor y el sufrimiento son un tesoro si se saben aprovechar para la otra vida ofreciéndolos a Dios.
La vida cristiana, aun en sus más mínimas acciones, posee una riqueza de valor inapreciable, debido a la unión de todo bautizado con Cristo, de cuya misión y méritos redentores participa. Todo ese valor y precio puede ofrecerse a Dios para reparar los pecados y colaborar en salvar el mundo, y aun para conseguir de la omnipotencia de Dios gracias y favores en beneficio propio y ajeno.
El Apostolado de la Oración, es una Obra de la Iglesia que asocia a treinta y siete millones de personas, unidas en Cristo, para vivir los grandes intereses de su Reino, mediante el sincero ofrecimiento del valor redentor de todas sus acciones, sufrimientos, alegrías y oraciones.
La Dirección en España del Apostolado de la Oración está en Núñez de Balboa 115, Madrid-28006, Telf.: (91) 562 80 49. Hay que santificar el trabajo. Hacer las cosas lo mejor que podamos, por amor de Dios. El seglar no puede santificarse a base de largos rezos y tremendas penitencias. Algo debe rezar siempre, pero no podrá rezar mucho. Algo tendrá que sacrificarse siempre, aparte de los muchos sacrificios que la vida trae consigo. Pero lo constante, lo que será de todos los días, y de todos los momentos de cada día, es hacer bien lo que se está haciendo; y eso para complacer a Dios, cumpliendo su santa voluntad. En esto ha de buscar el seglar su auténtica santidad.
Para facilitarte el ofrecimiento de tus obras, te pongo en los Apéndices el Ofrecimiento de Obras del Apostolado de la Oración, que te recomiendo reces todos los días.
Este ofrecerte a ti mismo a Jesucristo, y contigo todas tus cosas, en correspondencia a su Amor Infinito y en reparación de los pecados y ofensas que continuamente recibe, se llama culto al Sagrado Corazón de Jesús. Este culto, que lleva consigo la veneración de la imagen del Corazón Herido por la lanza del soldado, es un verdadero compendio de nuestra Santa Religión y el mejor modo de vivir nuestra fe, porque nos brinda la manera práctica de entregarnos a Cristo y al prójimo, amándolos de verdad y reparando los pecados.
La religiosidad popular, hoy revaluada, con su sentido concreto y sensible, encuentra en el corazón de Cristo el camino más fácil de llegar al amor de Dios.
La devoción al Sagrado Corazón no es una devoción más. Es la respuesta a Cristo porque me ama.
Es toda una espiritualidad.
Tenemos que caer en la cuenta del amor enorme que nos tiene Dios. Por eso se hizo hombre, y murió por salvarnos. Por eso después de esta vida nos prepara otra maravillosa. Y ese amor lo simboliza en su Corazón.
Dios nos quiere como el mejor Padre! Sólo el cristiano llama Padre a Dios.
Veamos el amor de Dios en todas las circunstancias que nos rodean:
buenas o malas. Confiemos plenamente en ese inmenso amor de nuestro Padre: Corazón de Jesús, en Ti confío, porque creo que me amas.
34,3.La devoción al Sagrado Corazón de Jesús, nos consigue grandes beneficios por Él prometidos; sobre todo nuestra salvación eterna, si comulgamos nueve Primeros Viernes de mes seguidos, como Él mismo prometió a Santa Margarita María de Alacoque.
El Papa Juan Pablo II, el 5 de Octubre de 1986, dijo en Paray le Monial que se siga difundiendo la práctica de los Nueve Primeros Viernes de mes, y que se ayude a los fieles a la participación en los sacramentos. La razón de la devoción de los Nueve Primeros Viernes de mes, podría ser que Cristo murió un Primer Viernes de abril374, y estuvo nueve meses en el seno de María. Se conmemoran así dos grandes hechos de la Redención: la Encarnación y la Muerte.
Es evidente que quien hace los Primeros Viernes y después, fiado de esta promesa, se dedica a pecar a sus anchas, se está burlando del Corazón de Jesús ; y no parece éste el mejor camino para alcanzar el cumplimiento de la promesa. Dijo San Pablo que de Dios no se ríe nadie375. Si alguien comulgase presuntuosamente, es decir, sin propósito de enmienda, pensando pecar después, está claro que su comunión sería sacrílega, no válida, y no ganaría la promesa.
La promesa del Corazón de Jesús no es un seguro de salvación para los que quieran llevar una vida de pecado. El Concilio de Trento condena -y es de fe- a los que presumen de tener seguridad absoluta de salvarse. A no ser que hayan tenido revelación especial de ello.
No podemos tener una certeza infalible y de fe, pero sí podemos tener una certeza moral; pues nadie pierde la gracia si no peca mortalmente, y nadie peca mortalmente si no es responsable de lo que hace. Lo que ocurre es que hay hechos de los que no somos responsables, pero sí somos responsables de las causas remotas: hoy no vemos, porque la vista la perdimos poco a poco voluntariamente, y por lo tanto responsablemente. También puede ocurrir que el acto lo cometí libre y voluntariamente, y después me olvido del grado de voluntariedad que tuve. Por eso es conveniente terminar las confesiones diciendo: Me arrepiento además de todos los pecados de mi vida pasada y de aquellos de los que me haya olvidado.
Hay que tener en cuenta que la promesa del Corazón de Jesús sólo sirve para los que quieran salvarse; pues esta promesa no aniquila nuestra libertad. Quien se empeñe en ir por el camino del infierno, y no quiera rectificar, se condenará aunque haya hecho los Primeros Viernes. Pero a quien los ha hecho bien, y tiene voluntad de ir por el camino de salvación, aunque tanga caídas por fragilidad, hay muy sólidos fundamentos para creer que Dios se encargará de protegerle con una Providencia especial para que muera en estado de gracia.
Deberías tener en tu casa una imagen, cuadro o placa del Sagrado Corazón, pues Él también ha prometido que bendecirá las casas en las que su imagen esté expuesta y sea honrada. Harías bien en consagrar tu casa al Sagrado Corazón. En los Apéndices te pongo una fórmula para que puedas hacerlo estando la familia reunida.
35,1. Jesucristo, después de ser crucificado, estuvo muerto y enterrado, y al tercer día resucitó juntando su cuerpo y su alma gloriosos para nunca más morir. Por tanto, Jesucristo está ahora en el cielo en cuerpo y alma.
La resurrección de Cristo es el dogma fundamental del cristianismo.
«La expresión de San Mateo atribuye a Jesús sepultado una duración de "tres días y tres noches".
Pero tal expresión venía a ser idéntica a la duración hasta el tercer día, al juzgarse el día como una unidad de día-noche. El decir "tres días y tres noches" es un modismo equivalente a "al tercer día"»376.
Antes de morir Jesús había profetizado varias veces su resurrección.
Por lo tanto, al resucitar por su propio poder, demostraba nuevamente, y con la prueba más convincente, que era Dios.
Dice San Mateo, que los fariseos mandaron a sus soldados que habían estado guardando la tumba, que dijeran: «Sus discípulos vinieron de noche estando nosotros dormidos y lo robaron».
San Agustín dio a esto una respuesta definitiva: «Si estaban durmiendo, no pudieron ver nada. Y si no vieron nada, ¿cómo pueden ser testigos?»377.
Los teólogos modernos buscan diversas explicaciones al hecho de la resurrección de Cristo. Pero cualquiera que sea la interpretación debe incluir la revivificación del cuerpo, si no se quiere hundir la teología de la resurrección.
Algunos dicen que la resurrección de Cristo no es un hecho histórico, pues no hay testigos. Este modo de hablar es ambiguo y puede confundir; pues «no histórico» puede confundirse con «no real».
Por eso no debe emplearse, como recomienda el padre José Caba, S.I., Catedrático de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, en su libro «Resucitó Cristo, mi esperanza»378. La resurrección de Cristo es un hecho que ha sucedido en la realidad.
Aunque no haya habido propiamente ningún testigo del hecho de la resurrección, en cuanto tal, es histórica en razón de las huellas dejadas en nuestro mundo y de las que dan testimonio los Apóstoles.
Si aparece un coche en el fondo de un barranco y está destrozado el pretil de la curva que hay en ese sitio, no necesito haber visto el accidente, para comprender lo que ha pasado. De la misma manera puedo conocer la resurrección de Jesucristo.
Para otros sí se puede considerar como hecho histórico, pues puede localizarse en el.espacio y en el tiempo; y según Pannemberg es histórico todo suceso que puede ser colocado en unas coordenadas de espacio y tiempo379.
Por eso para el P.Ignacio de La Potterie, S.I., que es uno de los mejores especialistas en el mundo del Evangelio de San Juan, la resurrección de Cristo tuvo una realidad física, histórica380.
La resurrección de Cristo la refiere San Pablo en carta a los Corintios, el año 57, es decir, a contemporáneos de los hechos:
«Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó al tercer día»381. Y lo atestigua San Pedro: «De Jesús resucitado todos nosotros somos testigos»382. San Lucas lo afirma enfáticamente: «El Señor ha resucitado verdaderamente»383.
35,2. Cristo estaba muerto en la cruz. Por eso los verdugos no le partieron las piernas como solían hacer para rematar a los crucificados. Si no hubiera estado muerto, le hubiera matado la lanzada que le abrió la aurícula derecha del corazón.
La cantidad de sangre que salió después de la lanzada, según el relato de San Juan que estaba allí presente, dicen los médicos, sólo se explica porque la lanza perforó la aurícula derecha que en los cadáveres está llena de sangre líquida384.
Al tercer día el sepulcro estaba vacío: no estaba el cuerpo de Cristo.
La fe en la resurrección de Jesucristo parte del sepulcro vacío. Oscar Cullmann, protestante, de la Universidad de Basilea, dice: la tumba vacía seguirá siendo un acontecimiento histórico. Los Apóstoles no habrían creído en la resurrección de Jesús de haber encontrado su cadáver en el sepulcro. Los cuatro evangelistas relacionan el sepulcro vacío con la resurrección de Cristo.
a) San Mateo: «No está aquí, pues ha resucitado»385.
b) San Marcos: «Ha resucitado, no está aquí»386.
c) San Lucas: «No está aquí, sino que ha resucitado»387.
d) San Juan al ver la tumba vacía y la disposición de los lienzos «vio y creyó»388 que había resucitado; pues si alguien hubiera robado el cadáver, no hubiera dejado los lienzos tan bien puestecitos.
San Juan vio la sábana, que había cubierto el cadáver de Jesús, yaciendo en el suelo, y doblado aparte el sudario que había estado sobre su cabeza.
Según los especialistas389 la palabra «ozonia» usada por San Juan debe traducirse por «lienzos» y no por «vendas» como hacen algunos equivocadamente. Es verdad que las vendas son lienzos, pero no todos los lienzos son vendas.
El sepulcro vacío sólo tiene dos explicaciones. O alguien se llevó el cadáver o Cristo resucitó.
El cadáver no lo robaron los enemigos de Cristo, pues al correrse la noticia de la resurrección la mejor manera de refutarla hubiera sido enseñar el cadáver. Si no lo hicieron, es porque no lo tenían.
Tampoco lo tenían sus amigos, pues los Apóstoles murieron por su fe en Cristo resucitado, y nadie da la vida por lo que sabe es una patraña.
Se puede dar la vida por un ideal equivocado, pero no por defender lo que se sabe que es mentira. Es evidente que los Apóstoles no escondieron el cadáver.
Luego si Cristo estaba muerto, y el sepulcro estaba vacío, y nadie robó el cadáver, sólo queda una explicación: Cristo resucitó.
San Pablo nos habla también de la resurrección de Cristo en la Primera Carta a los Tesalonicenses del año 51 de nuestra era: Jesús murió y resucitó ; y en la Primera Carta a los Corintios del año 55: Cristo resucitó al tercer día.
Una confirmación de la resurrección de Cristo es la Sábana Santa de Turín donde ha quedado grabada a fuego su imagen por una radiación en el momento de la resurrección. No hay explicación más aclaratoria.
Sobre la Sábana Santa yo he hecho tres vídeos titulados: «La autenticidad de la Sábana Santa», «La Sábana Santa y el Carbono-14», «La Sábana Santa y el Sudario de Oviedo». Los tres se complementan, aunque algunas cosas se repiten.
La resurrección de Jesucristo es totalmente distinta de la resurrección de Lázaro o de la del hijo de la viuda de Naín: éstos resucitaron para volver a morir, pero Cristo resucita para nunca más morir. «Cristo resucitado de entre los muertos, ya no vuelve a morir»390.
La resurrección de Cristo no fue una reviviscencia para volver a morir, como le pasó a Lázaro; tampoco fue una reencarnación, propia del budismo y del hinduismo; menos aún fue el mero recuerdo de Jesús en el ánimo de sus discípulos. Fue el encuentro con Jesús resucitado lo que provocó la fe de los discípulos en la resurrección, y no viceversa. La resurrección no fue la consecuencia, sino la causa de la fe de los discípulos. (...) Jesucristo fue restituido con su humanidad a la vida gloriosa, plena e inmortal de Dios. (...) Se trata de la transformación gloriosa del cuerpo.
Después de resucitar, antes de subir al cielo con su Padre, estuvo varios días apareciéndose a los Apóstoles que comieron con Él y le palparon con sus propias manos. Los fantasmas no comen ni se dejan palpar. Cristo resucitado cenó con los Apóstoles y se dejó palpar por Santo Tomas. Decía Cristo: «Soy Yo. Tocadme y ved. Un espíritu no tiene carne y hueso, como veis que Yo tengo»391.
San Pedro lo recuerda: «Nosotros hemos comido y bebido con Él después que resucitó de entre los muertos»392. En una ocasión se apareció a más de quinientos estando reunidos. Así nos lo cuenta San Pablo escribiendo a los Corintios, y añadiendo que muchos de los que lo vieron, todavía vivían cuando él escribía aquella carta393, en los años 55-56 de nuestra Era.
El verbo empleado por San Pablo excluye una interpretación subjetiva del término, «aparición»394. Las apariciones de Jesús son un motivo de credibilidad en la resurrección de Cristo.
Jesús resucitado tiene un cuerpo glorioso con propiedades distintas a las de un cuerpo material.
En la Biblioteca Nacional de Madrid he leído un incunable en el que Poncio Pilato escribe al emperador Tiberio sobre Cristo. Dice:
Después de ser flagelado, lo crucificaron. Su sepultura fue custodiada por mis soldados. Al tercer día resucitó. Los soldados recibieron dinero de los judíos para que dijeran que los discípulos robaron su cadáver. Pero ellos no quisieron callar y testificaron su resurrección. Sabemos con certeza que existieron unas actas oficiales de Poncio Pilato, Procurador de Judea, al Emperador Tiberio, como era obligación y costumbre en el Imperio por testimonio de Tertuliano (siglo III)395.
36,1.-El camino para llegar a Dios es el que Él mismo nos ha señalado revelándonos una religión.
La religión verdadera sólo puede ser una, pues las religiones se contradicen entre sí, y la verdad sólo puede estar en uno de los dos campos: si sobre un punto concreto, y desde un mismo punto de vista, unos dicen que sí y otros que no, no pueden los dos tener la razón al mismo tiempo. Si uno dice que Cervantes nació en España y otro dice que nació en Inglaterra, es evidente que no pueden tener los dos razón al mismo tiempo. Uno de los dos se equivoca. Los católicos decimos que Cristo es Dios. Otros lo niegan. Es claro que no podemos tener todos la razón.
Por eso sólo hay una religión verdadera. Pero para conocerla no hace falta estudiar todas las religiones. Basta conocer los motivos de credibilidad del cristianismo para saber que es la religión verdadera.
Sería absurdo pensar que Dios ha revelado varias religiones contradictorias entre sí.
La única religión verdadera es la que Dios ha revelado, y la podemos conocer por señales ciertas, como son los milagros de Jesucristo.
La religión católica ha sido fundada por Cristo-Dios. Todas las demás religiones han sido fundadas por hombres. Ni Buda, ni Confucio, ni Mahoma, ni Lutero, etc., pretendieron ser Dios.
Jesucristo afirmó repetidas veces en su vida que Él era Dios (ver n 32 ). La ocasión más solemne fue ante el sane