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S.S. Juan Pablo II, Discurso del Santo Padre Juan Pablo II a los j贸venes enfermos y minusv谩lidos
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Discurso del Santo Padre Juan Pablo II a los j贸venes enfermos y minusv谩lidos

Viaje Pastoral a Santiago de Compostela y Asturias con motivo de la IV Jornada Mundial de la Juventud

Seminario Mayor de Santiago de Compostela

Queridos hermanos y hermanas:

1. En este significativo d铆a en el que tantos j贸venes y tantas j贸venes del mundo entero, reunidos en Santiago de Compostela o en los m谩s remotos lugares del orbe, se sienten unidos con el Papa para celebrar a Cristo Redentor, vosotros constitu铆s el centro de la atenci贸n eclesial, porque el sufrimiento os coloca especialmente cercanos a Cristo; m谩s a煤n, hace de vosotros Cristos vivos en medio del mundo, pues 芦el hombre que sufre es camino de la Iglesia porque, antes que nada, es camino del mismo Cristo, el buen Samaritano que 鈥渘o pas贸 de largo鈥�, sino que 鈥� tuvo compasi贸n y acerc谩ndose vend贸 sus heridas... y cuid贸 de 茅l 鈥� (Lc 10, 32-34禄.(Christifideles laici, 53)

Por eso, yo siento una especial satisfacci贸n pastoral al acercarme a vosotros para saludaros 鈥晀uisiera hacerlo a cada uno personalmente鈥�, para dialogar sobre vuestra situaci贸n, para animaros, para bendeciros y para hacer ver ante todos los dem谩s hombres y mujeres lo que vosotros sois y lo que signific谩is para la humanidad entera.

Deseo agradecer ahora las vivas expresiones con que un representante vuestro ha puesto de manifiesto vuestros anhelos as铆 como vuestra disponibilidad a la voluntad del Se帽or; expresiones y testimonios de vida que est谩n resumidos en el libro que me hab茅is entregado.

Tambi茅n quiero mostrar mi aprecio por los sentimientos de cercan铆a y solidaridad con los que sufr铆s o est谩is m谩s limitados, manifestados por un joven de vuestra misma edad.

Dende a vosa enfermidade non solo sodes 贸s privilexiados ante a mirada de Deus sen贸n que sodes 贸s que mellor podedes pedir e facer que a xuventude do mundo atope a Xes煤s Cristo, Cami帽o, Verdade e Vida. Nun tempo no que se oculta a Cruz, v贸s acept谩ndoa sodes testemu帽as de que Xesucristo quiso abraza-la pr谩 nosa salvaci贸n.

(Desde vuestra enfermedad no s贸lo sois privilegiados ante la mirada de Dios sino que sois los que mejor pod茅is pedir y hacer que la juventud del mundo encuentre a Jesucristo, Camino, Verdad y Vida. En un tiempo en el que se oculta la cruz, vosotros, acept谩ndola sois testimonios de que Jesucristo quiso abrazarla para nuestra salvaci贸n).

2. 隆J贸venes enfermos y minusv谩lidos! Precisamente en el per铆odo m谩s bello de la vida, en el que el vigor y el dinamismo constituyen una caracter铆stica peculiar del hombre, vosotros os encontr谩is fr谩giles y sin las fuerzas necesarias para realizar tantas actividades como pueden hacerlo otros muchachos y muchachas de vuestra misma edad.

Efectivamente, tantos coet谩neos vuestros han venido hoy caminando hasta el Monte del Gozo, donde nos reuniremos esta tarde. Vosotros no est谩is en disposici贸n de hacer caminatas, pero 鈥昿odr铆amos decirlo con una paradoja鈥� hab茅is llegado antes que nadie al 鈥�monte del gozo鈥�. S铆, porque el Calvario, donde Jes煤s muri贸 y resucit贸 y donde vosotros est谩is con El, es mirado con los ojos de la fe, el monte del gozo, la colina de la alegr铆a perfecta, la cumbre de la esperanza.

3. Yo conozco tambi茅n 鈥昿orque lo he probado en mi persona鈥� el sufrimiento que produce la incapacidad f铆sica, la debilidad propia de la enfermedad, la carencia de energ铆as para el trabajo, el no sentirse en forma para desarrollar una vida normal. Pero s茅 tambi茅n 鈥晊 quisiera hac茅roslo ver a vosotros鈥� que ese sufrimiento tiene otra vertiente sublime: da una gran capacidad espiritual, porque el sufrimiento es purificaci贸n para uno mismo y para los dem谩s, y si es vivido en la dimensi贸n cristiana puede convertirse en don ofrecido para completar en la propia carne 鈥渓o que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia鈥� (Col 1, 24).

Por esto, el sufrimiento capacita para la santidad, dado que encierra grandes posibilidades apost贸licas y tiene un valor salv铆fico excepcional cuando va unido a los sufrimientos de Cristo.

Es inconmensurable tambi茅n la fuerza evangelizadora que posee el dolor. Por eso, cuando yo llamo a todos los fieles cristianos a la gran empresa misionera de realizar una nueva evangelizaci贸n, tengo presente que en primera l铆nea estar谩n, como evangelizadores de excepci贸n, los enfermos, los j贸venes enfermos 鈥�Tambi茅n los enfermos son enviados como obreros a su vi帽a鈥� Porque 鈥渆l peso que oprime los miembros del cuerpo y menoscaba la serenidad del alma, lejos de retraerles del trabajar en la vi帽a, los llama a vivir su vocaci贸n humana y cristiana y a participar en el crecimiento del Reino de Dios con nuevas modalidades, incluso m谩s valiosas鈥� (Christifideles laici, 53).

4. En la Carta Apost贸lica 鈥�Salvifici Doloris鈥� he hablado largamente del sentido cristiano del sufrimiento y me he referido a varias de las ideas antes expuestas. Quisiera que esa Carta fuera como una gu铆a para vuestra vida, de forma que contempl茅is siempre vuestra situaci贸n a la luz del Evangelio, fijando la mirada en Jesucristo crucificado, Se帽or de la vida, Se帽or de nuestra salud y de nuestras enfermedades, Due帽o de nuestros destinos.

Vosotros, ofreciendo al Se帽or vuestras limitadas fuerzas, sois la riqueza de la Iglesia, la reserva de energ铆as para su tarea evangelizadora. Sois la expresi贸n de una sabidur铆a inefable, que s贸lo se aprende en el sufrimiento: 鈥淢e estuvo bien el sufrir, ya que as铆 aprend铆 tus mandamientos鈥� (Ps 119 [118], 71). Con el dolor la vida se hace m谩s hunda, m谩s comprensiva, m谩s humilde, m谩s sincera, m谩s solidaria, m谩s generosa. En la enfermedad entendemos mejor que nuestra existencia es gratuita y que la salud es un inmenso don de Dios.

Vosotros, mis queridos amigos en el dolor, a trav茅s del sufrimiento descubrir茅is m谩s f谩cilmente, y nos ense帽ar茅is a los dem谩s, a descubrir a Jesucristo 鈥�Camino, Verdad y Vida鈥�. Mirad al Se帽or, Var贸n de dolores. Centrad vuestra atenci贸n en Jes煤s que joven tambi茅n como vosotros, con su muerte en la cruz, hizo ver al hombre el valor inestimable de la vida, que conlleva necesariamente la aceptaci贸n de la voluntad de Dios Padre.

5. Antes de finalizar este encuentro, quiero dirigirme a todas las personas que, por lazos de sangre o por su profesi贸n sanitaria y de asistencia humana y social, est谩is en continuo contacto con nuestros queridos j贸venes enfermos.

Os expreso mi aprecio por la generosidad, y a veces abnegaci贸n, con que os esforz谩is por crear en torno a 茅stos, im谩genes vivas del Cristo doliente, un ambiente familiar, acogedor y sereno. Vosotros sent铆s el deber de realizar vuestro trabajo como un verdadero servicio, de hermano a hermano. Sab茅is bien que quien sufre no s贸lo busca un alivio a sus dolencias o limitaciones, sino tambi茅n al hermano o hermana, capaz de comprender su estado de 谩nimo y ayudarle a aceptarse a s铆 mismo y superarse en su vida diaria.

Para ello es fundamental la fe, que os permite entrever en el enfermo el rostro amigo de Cristo. 驴No dijo El: 鈥渆staba enfermo y me visitasteis鈥�? (Mt 25,36). En esta dimensi贸n cristiana vuestro servicio, a veces prolongado y fatigoso, tiene un valor inestimable ante la sociedad y, sobre todo, ante el Se帽or.

A vosotros, queridos enfermos y minusv谩lidos, os bendigo con mi mayor afecto. Y esta misma bendici贸n la extiendo complacido a vuestros seres queridos y a cuantos os atienden y acompa帽an en el 谩mbito espiritual, humano y sanitario.

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