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S.S. Juan Pablo II, En el sacramento de la penitencia el cristiano experimenta la misericordia de Dios
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En el sacramento de la penitencia el cristiano experimenta la misericordia de Dios

Homilía de su S.S. Juan Pablo II del primer Domingo de Cuaresma

21 de Febrero de 1999

1. «Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo» (Mt 4, 1).

Al comienzo del tiempo cuaresmal, la liturgia nos presenta a Jesús que, en el desierto, afronta al tentador. El Hijo de Dios, probado duramente por el maligno, supera las tres tentaciones fundamentales que insidian toda existencia humana: la concupiscencia, la manipulación de Dios y la idolatría.

Las tres insinuaciones solapadas de satanás: «Si eres hijo de Dios...» son el contrapunto de la proclamación solemne del Padre celestial en el momento del bautismo en el Jordán: «Éste es mi Hijo amado» (Mt 3, 17). Constituyen, por tanto, una prueba que guarda una profunda relación con la misión del Salvador. Y la victoria de Cristo, al comienzo de su vida pública, anuncia su triunfo definitivo sobre el pecado y la muerte, que se realizará en el misterio pascual.

Con su muerte y resurrección, Jesús no sólo borrará el pecado de los primeros padres, sino que también comunicará al hombre, a todo hombre, la sobreabundancia de la gracia de Dios. Es lo que recuerda el apóstol san Pablo en la segunda lectura, que acabamos de proclamar: «Como por la desobediencia de uno todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos» (Rm 5, 19).

2. «No sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt 4, 4).

Al comienzo de la Cuaresma, tiempo litúrgico «fuerte» que nos invita a la conversión, estas palabras de Jesús resuenan para cada uno de nosotros. Dejemos que la «palabra que sale de la boca de Dios» nos interpele y alimente nuestro espíritu, puesto que «no sólo de pan vive el hombre». Nuestro corazón tiene necesidad, sobre todo, de Dios.

Amadísimos hermanos y hermanas de la parroquia de San Ramón Nonato, (…)

4. «Misericordia, Señor: hemos pecado» (Salmo responsorial).

Como todos sabemos, la Cuaresma es un tiempo fuerte de penitencia y de gracia. Este año, invita de manera mucho más significativa al arrepentimiento y a la conversión, con vistas al jubileo del año 2000. Ya sabéis que la conversión «comprende tanto un aspecto "negativo" de liberación del pecado, como un aspecto "positivo" de elección del bien, manifestado por los valores éticos contenidos en la ley natural, confirmada y profundizada por el Evangelio» (Tertio millennio adveniente, 50).

Queridos hermanos, vivamos todos la Cuaresma con este espíritu. Poned especial atención en la celebración del sacramento de la penitencia. En la recepción frecuente de este sacramento, el cristiano experimenta la misericordia divina y, a su vez, se hace capaz de perdonar y amar. Ojalá que la cercanía del acontecimiento jubilar despierte en cada creyente un interés activo por este sacramento; que los sacerdotes estén dispuestos a desempeñar con esmero y dedicación este ministerio sacramental indispensable, que se multipliquen en la ciudad los lugares de celebración de la penitencia, con confesores disponibles en los diversos horarios de la jornada, preparados para dispensar en abundancia la inagotable misericordia de Dios.

5. «Misericordia Dios mío, por tu bondad, (...) lava del todo mi delito. (...) Crea en mí un corazón puro. (...) Devuélveme la alegría de tu salvación; afiánzame con espíritu generoso. Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza» (Salmo responsorial).

Resuena en nuestro espíritu el eco de esta oración de David, conmovido por las palabras del profeta Natán. Es el salmo llamado Miserere, muy utilizado por la liturgia y apreciado por la piedad popular. La Cuaresma es el tiempo propicio para hacerlo nuestro y suscitar en nuestro corazón las disposiciones oportunas para encontrar al Dios de la reconciliación y de la paz con «un espíritu contrito, un corazón quebrantado y humillado»

«Misericordia, Dios mío por tu bondad»: como nos sugiere la liturgia de hoy, así emprenderemos, Señor, el camino cuaresmal con la fuerza de tu palabra, «para vencer las tentaciones del maligno y llegar a la Pascua con la alegría del Espíritu». Amén.

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