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S.S. Juan Pablo II, Un nuevo Pentecostés
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Un nuevo Pentecostés

Homilía de S.S. Juan Pablo II a los delegados del Foro Internacional

1. ¬ę¬°Que todos los pueblos te conozcan, Se√Īor!¬Ľ. Estas palabras de la liturgia de hoy se dirigen, ante todo, a vosotros, representantes de todas las naciones que particip√°is en la Jornada mundial de la juventud en Par√≠s. Vuestra presencia testimonia el cumplimiento de la misi√≥n que los Ap√≥stoles recibieron de Cristo despu√©s de su resurrecci√≥n: ¬ęId, pues, y haced disc√≠pulos a todas las gentes bautiz√°ndolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp√≠ritu Santo¬Ľ (Mt 28, 19). Sois los representantes de los pueblos donde fue anunciado y acogido el Evangelio, pueblos cuyas culturas ya han sido impregnadas y transfiguradas por √©l.

Est√°is aqu√≠, no s√≥lo porque hab√©is recibido la fe y el bautismo, sino tambi√©n porque dese√°is transmitir esta fe a los dem√°s. ¬°Son tantos los corazones que esperan el Evangelio! El grito de la liturgia de este d√≠a puede adquirir todo su sentido en vuestros labios: ¬ę¬°Que todas las naciones te conozcan, Se√Īor!¬Ľ.

2. La Jornada mundial de la juventud tiene una clara dimensi√≥n misionera. La liturgia de hoy lo manifiesta. La primera lectura, tomada del libro de Isa√≠as, dice: ¬ę¬°Qu√© hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia salvaci√≥n, que dice a Si√≥n: "Ya reina tu Dios"!¬Ľ (Is 52, 7). El profeta piensa, ciertamente, en el Mes√≠as esperado entonces. Ser√° Cristo, el Mes√≠as, quien anuncie ante todo la buena nueva. Pero, esta buena nueva la transmitir√° a los Ap√≥stoles. Por su participaci√≥n en su misi√≥n prof√©tica, sacerdotal y real, ellos, y despu√©s de ellos todo el pueblo de Dios de la nueva alianza, se convertir√°n en sus mensajeros por todo el mundo. Por tanto, las palabras del profeta les ata√Īen: ¬ę¬°Qu√© hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que trae buenas nuevas...!¬Ľ.

Estas palabras os ata√Īen a vosotros que est√°is reunidos aqu√≠; a vosotros que particip√°is en la Jornada mundial de la juventud de todas las naciones que hay bajo el sol. Vuestra asamblea es como un nuevo Pentecost√©s. Y es preciso que sea as√≠. Es necesario que, como los Ap√≥stoles en el cen√°culo y m√°s all√° de la percepci√≥n de nuestros sentidos, oigamos el ruido, la r√°faga de un viento impetuoso; que sobre la cabeza de todos los que est√°n aqu√≠ aparezcan las lenguas de fuego del Esp√≠ritu santo, y que todos comiencen a proclamar en las diferentes lenguas las maravillas de Dios (cf. Hch 2, 1-4). Entonces ser√©is, en el tercer milenio, los testigos de la buena nueva.

3. La lectura del evangelio de san Mateo nos recuerda la parábola del sembrador. Ya la conocemos, pero podemos releer continuamente las palabras del Evangelio y encontrar siempre en ellas una luz nueva. Salió un sembrador a sembrar. Mientras sembraba unas semillas cayeron a lo largo del camino, otras en un pedregal; algunas entre abrojos, otras en tierra buena, y sólo éstas dieron fruto (cf. Mt 13, 3-8).

Jes√ļs no se contenta con presentar la par√°bola, la explica. Escuchemos tambi√©n nosotros la explicaci√≥n de la par√°bola del sembrador. Las semillas ca√≠das a lo largo del camino designan a quienes oyen la palabra del reino de Dios, pero no la comprenden; viene el maligno y arrebata lo sembrado en su coraz√≥n (cf. Mt 13, 19). El maligno recorre frecuentemente este camino, y se dedica a impedir que las semillas germinen en el coraz√≥n de los hombres. Esta es la primera comparaci√≥n. La segunda es la de las semillas ca√≠das en un pedregal. Este suelo designa a las personas que oyen la palabra y la reciben enseguida con alegr√≠a; pero no tienen ra√≠z en s√≠ mismas y son inconstantes. Cuando llega una tribulaci√≥n o una persecuci√≥n por causa de la Palabra, sucumben enseguida (cf. Mt 13, 20-21). ¬°Qu√© psicolog√≠a encierra esta comparaci√≥n de Cristo! ¬°Conocemos bien, en nosotros y a nuestro alrededor, la inconstancia de personas sin ra√≠ces que puedan hacer crecer la palabra! La tercera es la de las semillas ca√≠das entre abrojos. Cristo explica que se refiere a las personas que oyen la palabra, pero que, a causa de las preocupaciones de este mundo y de su apego a las riquezas, la ahogan y queda sin fruto (cf. Mt 13, 22).

Por √ļltimo, las semillas ca√≠das en tierra buena representan a quienes oyen la palabra y la comprenden, y da fruto en ellos (cf. Mt 13, 23). Toda esta magn√≠fica par√°bola nos habla hoy, tal como hablaba a los oyentes de Jes√ļs hace dos mil a√Īos. Durante este encuentro mundial de la juventud, convirt√°monos en tierra buena que recibe la semilla del Evangelio y da fruto.

4. Conscientes de la timidez del alma humana para acoger la palabra de Dios dirijamos al Esp√≠ritu esta ardiente plegaria lit√ļrgica:

Veni, Creator Spiritus,
mentes tuorum visita
imple superna gratia
quae tu creasti pectora.

Ven, Espíritu creador, visita la mente de tus fieles, llena con tu gracia los corazones que has creado.

Con esta plegaria, abrimos nuestro corazón, suplicando al Espíritu que lo llene de luz y de vida.

Esp√≠ritu de Dios, haznos disponibles a tu visita; haz crecer en nosotros la fe en la Palabra que salva. S√© t√ļ la fuente viva de la esperanza que germina en nuestra vida. S√© t√ļ en nosotros el soplo de amor que nos transforma y el fuego de caridad que nos impulse a entregarnos a nosotros mismos mediante el servicio a nuestros hermanos.

T√ļ, enviado a nosotros por el Padre, ens√©√Īanos todo y haz que captemos la riqueza de la palabra de Cristo. Afirma en nosotros el hombre interior; haz que pasemos del temor a la confianza, para que brote en nosotros la alabanza de tu gloria.

S√© t√ļ la luz que venga a llenar el coraz√≥n de los hombres y a darles la valent√≠a de buscarte incansablemente. T√ļ el Esp√≠ritu de verdad, introd√ļcenos en la verdad plena, para que proclamemos con firmeza el misterio de Dios vivo, que act√ļa en nuestra historia. Ilum√≠nanos sobre el sentido √ļltimo de esta historia.

Aleja de nosotros las infidelidades que nos separan de ti, aparta de nosotros el resentimiento y la división, y haz que crezca en nosotros un espíritu de fraternidad y de unidad, para que sepamos construir la ciudad de los hombres en la paz y la solidaridad que nos vienen de Dios.

Haz que descubramos que el amor est√° en lo m√°s √≠ntimo de la vida divina y que estamos llamados a participar en ella. Ens√©√Īanos a amarnos los unos a los otros como el Padre nos ha amado, d√°ndonos a su Hijo (cf. Jn 3, 16).

Que todos los pueblos te conozcan a ti, Dios, Padre de todos los hombres, que tu Hijo vino a revelarnos; a ti, que nos enviaste tu Espíritu para comunicarnos los frutos de la Redención.

5. Saludo cordialmente aqu√≠ esta ma√Īana a los responsables del Consejo pontificio para los laicos, organizadores del Foro internacional de los j√≥venes que os ha reunido para este tiempo de reflexi√≥n y oraci√≥n. Doy las gracias a quienes han asegurado el buen desarrollo de este encuentro particularmente a los responsables de la Escuela polit√©cnica, que lo han acogido con generosidad y disponibilidad.

Queridos amigos, ayer, en la catedral de Notre Dame de París, beatifiqué a Federico Ozanam, un laico, un joven como vosotros; lo recuerdo con gusto en esta iglesia de Saint-Etienne du Mont, dado que aquí realizó sus primeras actividades con otros jóvenes en favor de los pobres del barrio. Iluminado por el Espíritu de Cristo y fiel a la meditación diaria de su Palabra, el beato Federico os propone un ideal de santidad para hoy, el de la entrega de sí al servicio de los más desamparados de la sociedad. Ojalá que, en el recuerdo de esta XII Jornada mundial de la juventud, sea para vosotros un amigo y un modelo en vuestro testimonio de jóvenes cristianos.

6. Durante estas jornadas tan densas que acab√°is de vivir, tambi√©n vosotros hab√©is ido al encuentro de Cristo y hab√©is dejado que penetre en vosotros la Palabra, para que germine y d√© fruto. Haciendo una experiencia excepcional de la universalidad de la Iglesia y del patrimonio com√ļn a todos los disc√≠pulos de Cristo, hab√©is dado gracias por las maravillas que Dios realiza en el coraz√≥n de la humanidad. Asimismo, hab√©is compartido los sufrimientos, las angustias las esperanzas y los llamamientos de los hombres de hoy.

Esta ma√Īana, el Esp√≠ritu Santo os env√≠a, como ¬ęuna carta de Cristo¬Ľ, a proclamar en cada uno de vuestros pa√≠ses las obras de Dios y ser testigos celosos del evangelio de Cristo entre los hombres de buena voluntad, hasta los confines de la tierra. La misi√≥n que se os conf√≠a exige que durante toda vuestra vida, dediqu√©is el tiempo necesario a vuestra formaci√≥n espiritual y doctrinal a fin de profundizar vuestra fe y convertiros, tambi√©n vosotros, en formadores. As√≠, responder√©is a la llamada ¬ęa crecer, a madurar continuamente, a dar cada vez m√°s fruto¬Ľ (Christifideles laici, 57).

Que el tiempo de renovaci√≥n espiritual que acab√°is de vivir juntos os comprometa a avanzar con todos vuestros hermanos cristianos en la b√ļsqueda de la unidad querida por Cristo. Os lleve con caridad fraterna, al encuentro de los hombres y mujeres de otras convicciones religiosas o intelectuales, para el conocimiento aut√©ntico y el respeto mutuo, que hacen crecer en humanidad. El Esp√≠ritu de Dios os env√≠a, para que llegu√©is a ser, con todos vuestros hermanos y hermanas del mundo, constructores de una civilizaci√≥n reconciliada y fundada en el amor fraterno. En el umbral del tercer milenio, os invito a estar muy atentos a la voz y a los signos de la presencia y de la acci√≥n del Esp√≠ritu Santo en la Iglesia y en el mundo. Contemplando e imitando a la Virgen Mar√≠a, modelo de la fe vivida, ser√©is verdaderos disc√≠pulos de Cristo, su Hijo divino, que funda la esperanza, fuente de vida. Amad√≠simos j√≥venes, la Iglesia tiene necesidad de vosotros, tiene necesidad de vuestro compromiso al servicio del Evangelio. Tambi√©n el Papa cuenta con vosotros. Acoged el fuego del Esp√≠ritu del Se√Īor, para convertiros en celosos heraldos de la buena nueva.

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