Pontificio Consejo para la Familia, Preparaci贸n al sacramento del marimonio
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Preparaci贸n al sacramento del matrimonio

PRE脕MBULO

1. La preparaci贸n al matrimonio, a la vida conyugal y familiar, es de suma importancia para el bien de la Iglesia. De hecho el sacramento del Matrimonio posee gran valor para la entera comunidad cristiana y en primer lugar para los esposos, cuya decisi贸n es tal que no puede dejarse a la improvisaci贸n o a decisiones apresuradas. En otras 茅pocas dicha preparaci贸n pod铆a contar con el apoyo de la sociedad, que reconoc铆a los valores y beneficios del matrimonio. Sin obst谩culos ni vacilaciones, la Iglesia tutelaba su santidad consciente del hecho de que el sacramento del Matrimonio era una garant铆a eclesial en cuanto c茅lula vital del Pueblo de Dios. El apoyo eclesial era firme, unitario, compacto, al menos en las comunidades realmente evangelizadas. En general eran raras las separaciones y fracasos de matrimonios, y se consideraba el divorcio una 芦 plaga 禄 social (cfr. Gaudium et Spes = GS 47).

Por el contrario, hoy en d铆a se asiste en no pocos casos al deterioro acentuado de la familia y a cierta corrosi贸n de los valores del matrimonio. En numerosas naciones y en especial en las econ贸micamente desarrolladas, ha bajado el 铆ndice de nupcialidad. Se contrae matrimonio en edad m谩s avanzada y crece el n煤mero de divorcios y separaciones incluso en los primeros a帽os de vida conyugal. Todo ello lleva a una preocupaci贸n pastoral reiterada mil veces: 驴Qui茅n contrae matrimonio est谩 realmente preparado al mismo? El problema de la preparaci贸n al sacramento del Matrimonio y a la vida subsiguiente emerge como gran necesidad pastoral sobre todo para el bien de los esposos, la comunidad cristiana y la sociedad. Por eso crecen en todas partes el inter茅s e iniciativas para ofrecer respuestas adecuadas y oportunas a la preparaci贸n al sacramento del Matrimonio.

2. A trav茅s de contactos permanentes con las Conferencias Episcopales y los Obispos en encuentros, reuniones y sobre todo en las visitas 芦 ad limina 禄, el Pontificio Consejo para la Familia ha seguido atentamente la preocupaci贸n pastoral por la preparaci贸n y celebraci贸n del sacramento del Matrimonio y la vida subsiguiente; y repetidamente ha sido invitado a ofrecer un instrumento para la preparaci贸n de los novios cristianos: esto es lo que ofrecemos en la presente orientaci贸n. Se ha nutrido tambi茅n de las aportaciones de muchos Movimientos Apost贸licos, Grupos y Asociaciones que colaboran en la pastoral familiar y que han ofrecido su apoyo, consejos y experiencias para la elaboraci贸n de este documento gu铆a.

La preparaci贸n al matrimonio constituye un momento providencial y privilegiado para cuantos se orientan hacia este sacramento cristiano y un kair贸s, es decir, un tiempo en el que Dios interpela a los novios y les lleva al discernimiento sobre la vocaci贸n matrimonial y la vida en la que 茅sta introduce. El noviazgo entra en el contexto de un denso proceso de evangelizaci贸n. De hecho confluyen en la vida de los novios, futuros esposos, cuestiones que inciden en la familia. Por ello, se les invita a comprender qu茅 significa el amor responsable y maduro de la comunidad de vida y amor que ser谩 su familia, verdadera iglesia dom茅stica que enriquecer谩 a la Iglesia entera.

La importancia de la preparaci贸n exige un proceso de evangelizaci贸n consistente en la maduraci贸n de la fe y su profundizaci贸n. Si la fe est谩 debilitada o casi no existe

IMPORTANCIA DE LA PREPARACI脫N AL MATRIMONIO CRISTIANO

9. Punto de partida de un itinerario de preparaci贸n al matrimonio ha de ser la convicci贸n de que el pacto conyugal ha sido asumido y elevado por el Se帽or Jesucristo, con la fuerza del Esp铆ritu Santo, a sacramento de la Nueva Alianza. Asocia a los c贸nyuges al amor oblacional de Cristo Esposo a la Iglesia, su Esposa (cfr. Ef 5, 25-32), haci茅ndolos imagen y participaci贸n de este amor, los convierte en alabanza del Se帽or y santifica la uni贸n conyugal y la vida de los cristianos que lo celebran, dando origen a la familia cristiana, iglesia dom茅stica y 芦 primera y vital c茅lula de la sociedad 禄 (Apostolicam Actuositatem, 11) y 芦 santuario de la vida 禄 (EV 92 y tambi茅n n. 6, 88, 94). Por tanto, el sacramento se celebra y vive en el coraz贸n de la Nueva Alianza, es decir, en el misterio pascual. Es Cristo, Esposo en medio de los suyos (cfr. Gratissimam Sane, 18; Mt 9,15) la verdadera fuente de todas las energ铆as. Los matrimonios y las familias cristianas por tanto no est谩n aislados ni abandonados.

Para los cristianos el matrimonio, que tiene su origen en Dios creador, implica adem谩s una verdadera vocaci贸n a un estado y vida de gracia particulares. Para llevar a su madurez esta vocaci贸n, se requiere una preparaci贸n adecuada y especial, y un camino de fe y amor espec铆fico, tanto m谩s que dicha vocaci贸n se otorga a la pareja para bien de la Iglesia y de la sociedad. Y ello, con todo el significado y la fuerza de un compromiso p煤blico, hecho ante Dios y ante la sociedad, que va m谩s all谩 de los l铆mites individuales.

10. En cuanto comunidad de vida y amor, sea como instituci贸n divina natural o como sacramento, el matrimonio no obstante las dificultades presentes, sigue conservando en s铆 una fuente de energ铆as formidables (cfr. FC 43), y con el testimonio de los esposos puede ser Buena Nueva y contribuir eficazmente a la nueva evangelizaci贸n y asegurar el futuro de la sociedad. Pero es preciso descubrir estas energ铆as, apreciarlas y valorarlas por parte de los mismos esposos y de la comunidad eclesial en la fase precedente a la celebraci贸n del matrimonio; y en esto consiste su preparaci贸n.

Hay gran n煤mero de di贸cesis en el mundo dedicadas a descubrir formas de preparaci贸n al matrimonio cada vez m谩s adecuadas. Muchas son las experiencias positivas transmitidas a este Pontificio Consejo para la Familia, que se van consolidando y constituir谩n una valiosa ayuda, si son conocidas y valoradas por las Conferencias Episcopales y por cada Obispo en la pastoral de las Iglesias locales.

Lo que aqu铆 se llama Preparaci贸n abarca un proceso amplio y exigente de educaci贸n a la vida conyugal que ha de ser considerada en el conjunto de sus valores. Por ello, si se tiene en cuenta el momento psicol贸gico y cultural actual, la preparaci贸n al matrimonio es una necesidad apremiante. De hecho, consiste en educar al respeto y custodia de la vida que en el Santuario de las familias debe convertirse en aut茅ntica y propia cultura de la vida humana en todas sus manifestaciones y fases para quienes forman parte del pueblo de la vida y para la vida (cfr. EV 6, 78, 105). La misma realidad del matrimonio es tan rica que requiere un proceso de sensibilizaci贸n en primer lugar para que los novios sientan necesidad de prepararse. Por tanto, oriente la pastoral familiar sus mejores esfuerzos a cualificar dicha preparaci贸n recurriendo tambi茅n a las aportaciones de la pedagog铆a y psicolog铆a de sana orientaci贸n.

En otro documento publicado hace poco (8 de diciembre, 1995) por el Pontificio Consejo para la Familia y titulado Sexualidad humana: verdad y significado. Orientaciones educativas en familia, el mismo Consejo sale al encuentro de las familias en su tarea de formaci贸n de los hijos a la sexualidad.

11. Y, en fin, la preocupaci贸n de la Iglesia por este tema se ha hecho m谩s insistente por las actuales circunstancias (a que se ha aludido m谩s arriba) en las que, por una parte, se constata una cierta recuperaci贸n de los valores y aspectos m谩s importantes del matrimonio y la familia, y se reconoce que est谩n floreciendo testimonios gozosos de innumerables c贸nyuges y familias cristianas. Por otro lado, aumenta el n煤mero de los que ignoran o rechazan las riquezas del matrimonio con un tipo de desconfianza que llega a dudar o rechazar sus bienes y valores (cfr. GS 48). Alarmados, observamos que hoy se difunde una 芦 cultura 禄 o mentalidad de desconfianza respecto de la familia como valor necesario para los esposos, los hijos y la sociedad. Hay comportamientos y disposiciones contemplados en las legislaciones, que no ayudan a la familia fundada sobre el matrimonio y hasta le niegan sus derechos. En efecto, se va extendiendo una atm贸sfera de secularizaci贸n en distintas partes del mundo que afecta especialmente a los j贸venes y los somete a un ambiente de secularismo en el que terminan por perder el sentido de Dios y, en consecuencia, se pierde asimismo el significado profundo del amor esponsal y de la familia. ?Acaso no es negar la verdad de Dios cerrar la misma fuente y manantial de este misterio 铆ntimo? (cfr. GS 22). En sus diversas formas, la negaci贸n de Dios lleva con frecuencia el rechazo de las instituciones y estructuras que forman parte del designio de Dios que comenz贸 a concretarse ya desde la Creaci贸n (cfr. Mt 19, 3ss). As铆, todo es considerado como fruto de la voluntad humana yo de acuerdos que pueden variar.

12. En los pa铆ses donde el proceso de descristianizaci贸n est谩 m谩s extendido, se evidencia una preocupante crisis de valores morales y, en particular, la p茅rdida de identidad del matrimonio y de la familia cristiana y por tanto del mismo significado del noviazgo. A estas p茅rdidas se a帽ade la crisis de valores en el seno de la familia, a la que contribuye un clima de permisividad difundida, incluso legal. Esto lo incentivan no poco los medios de comunicaci贸n social que exhiben modelos contrarios como si fueran verdaderos valores. Se teje as铆 un entramado aparentemente cultural que se ofrece a las nuevas generaciones como alternativo del concepto de vida conyugal y matrimonio, de su valor sacramental y de sus vinculaciones con la Iglesia.

Fen贸menos que confirman estas realidades y refuerzan dicha cultura se unen a nuevos estilos de vida que quitan valor a las dimensiones humanas de los contrayentes con desastrosas consecuencias para la familia. Entre ellos se recuerdan aqu铆 el permisivismo sexual, la disminuci贸n del n煤mero de matrimonios o el atrasarse 茅stos continuamente, el aumento de los divorcios, la mentalidad contraceptiva, la difusi贸n del aborto voluntario, el vac铆o espiritual y la insatisfacci贸n profunda que contribuyen a la propagaci贸n de la droga, el alcoholismo, la violencia y el suicidio entre los mismos j贸venes y adolescentes.

En otras partes del mundo, las situaciones de subdesarrollo hasta la extrema pobreza y la miseria, as铆 como la presencia de elementos culturales adversos o extra帽os a la 贸ptica cristiana, hacen dif铆cil y precaria la estabilidad misma de la familia y la formaci贸n de una educaci贸n profunda al amor cristiano.

13. A agravar la situaci贸n contribuyen las leyes permisivas que con gran fuerza forjan una mentalidad que hiere a las familias (cfr. EV 59) en cuestiones como el divorcio, aborto y libertad sexual. Muchos medios de comunicaci贸n1 difunden, y colaboran en su arraigo, un clima de permisividad formando un entramado que impide a los j贸venes el crecimiento normal en la fe cristiana, la vinculaci贸n con la Iglesia y el descubrimiento del valor sacramental del matrimonio y de las exigencias que derivan de su celebraci贸n. Es verdad que siempre ha sido necesaria la educaci贸n al matrimonio, pero antes la cultura cristiana consent铆a una orientaci贸n y asimilaci贸n m谩s f谩ciles. Hoy esto es con frecuencia m谩s laborioso y urgente.

14. Por todas estas razones, en la Exhortaci贸n Apost贸lica Familiaris Consortio, que recoge los frutos del S铆nodo sobre la Familia de 1980, Su Santidad Juan Pablo II indica que 芦 es m谩s necesaria que nunca la preparaci贸n de los j贸venes al matrimonio y a la vida familiar 禄 (FC 66) y urge a 芦 promover programas mejores y m谩s intensos de preparaci贸n al matrimonio, para eliminar lo m谩s posible las dificultades en que se debaten tantos matrimonios y, m谩s a煤n, para favorecer positivamente el nacimiento y maduraci贸n de matrimonios logrados 禄 (Ib铆d.).

En la misma direcci贸n y a fin de responder de modo org谩nico a las amenazas y exigencias del momento presente, resulta oportuno que las Conferencias Episcopales se apresuren a publicar 芦 un Directorio para la pastoral de la familia 禄 (ib铆d.). En esto Directorio se descubren e indican los elementos considerados necesarios para una pastoral m谩s incisiva que tienda a recuperar la identidad cristiana del matrimonio y de la familia, para que 茅sta llegue a ser comunidad de personas al servicio de la vida humana y de la fe, c茅lula primera y vital de la sociedad, comunidad creyente y evangelizadora, verdadera 芦 Iglesia dom茅stica, centro de comuni贸n y servicio eclesial 禄 (ib铆d.), 芦 llamada a anunciar, celebrar y servir el Evangelio de la vida 禄 (EV 92 y tambi茅n 28, 78, 79, 105).

15. Dada la importancia del tema y habiendo tomado en consideraci贸n las iniciativas varias en esta direcci贸n de tantas Conferencias Episcopales y muchos Obispos diocesanos, el Pontificio Consejo para la Familia invita a proseguir con especial empe帽o en este servicio pastoral. Ellos han aportado un material 煤til para contribuir a la preparaci贸n del matrimonio y al acompa帽amiento de la vida familiar. En continuidad con las indicaciones de la Sede Apost贸lica, el Pontificio Consejo ofrece estas notas de reflexi贸n relativas exclusivamente a una parte del Directorio ya citado, la parte referente a la preparaci贸n al sacramento del Matrimonio. Dichas notas pueden servir para delinear mejor y desarrollar los aspectos necesarios de la preparaci贸n al matrimonio y a la vida de la familia cristiana.

16. La Palabra de Dios, viva en la tradici贸n de la Iglesia y profundizada por el Magisterio, subraya que para los esposos cristianos el matrimonio supone la respuesta a la vocaci贸n de Dios y la aceptaci贸n de la misi贸n de ser signo del amor de Dios para con todos los miembros de la familia humana, por ser participaci贸n en la alianza definitiva de Cristo con su Iglesia. Por esto los esposos llegan a ser cooperadores del Creador y Salvador en el don del amor y de la vida. De modo que la preparaci贸n al matrimonio cristiano puede calificarse de itinerario de fe que no termina con la celebraci贸n del matrimonio sino que continua en toda la vida familiar; as铆 que nuestra prospectiva no se cierra en el matrimonio como acto, en el momento de la celebraci贸n sino como estado permanente. Tambi茅n por esto la preparaci贸n es 芦 ocasi贸n privilegiada para que los novios vuelvan a describrir y profundicen la fe recibida en el Bautismo y alimentada con la educaci贸n cristiana. De esta manera reconocen y acogen libremente la vocaci贸n a vivir el seguimiento de Cristo y el servicio al Reino de Dios en el estado matrimonial 禄 (FC 51).

Los Obispos conocen la necesidad urgente e indispensable de proponer y estructurar itinerarios de formaci贸n espec铆fica en el cuadro de un proceso de formaci贸n cristiana gradual y continuo (cfr. OCM 15). Por tanto, no ser谩 in煤til recordar que la verdadera preparaci贸n est谩 orientada a la celebraci贸n consciente y libre del sacramento del Matrimonio. Pero esta celebraci贸n es fuente y expresi贸n de implicaciones m谩s comprometidas y permanentes.

17. De la experiencia de muchos pastores y educadores resulta que el tiempo del noviazgo puede ser momento de descubrimiento rec铆proco, pero tambi茅n de profundizaci贸n en la fe y consiguientemente de dones sobrenaturales especiales para la espiritualidad personal e interpersonal; por desgracia, para muchos esta etapa destinada a la maduraci贸n humana y cristiana, puede verse alterada por el uso irresponsable de la sexualidad, el cual no ayuda a la maduraci贸n del amor esponsal. De hecho, algunos llegan hasta una especie de apolog铆a de las relaciones prematrimoniales.

El feliz 茅xito de la profundizaci贸n en la fe de los novios est谩 condicionado tambi茅n por su formaci贸n anterior. Por otra parte, el modo en que se vive este periodo influir谩 ciertamente en la vida futura de los c贸nyuges y de la familia. De aqu铆 la importancia decisiva de la ayuda que las familias respectivas y toda la comunidad eclesial presten a los novios. Es tambi茅n fruto de oraci贸n; a este prop贸sito es significativa la bendici贸n de los novios incluida en el De benedictionibus (n. 195-214), donde se recuerdan los s铆mbolos de este compromiso inicial: el anillo, el intercambio de dones y otros usos (n. 209-210). En todo caso es preciso reconocer el espesor humano del noviazgo y as铆 rescatarlo de cualquier enfoque banal.

Por consiguiente, tanto la riqueza del matrimonio y del sacramento del Matrimonio, como el decisivo relieve que asume el per铆odo del noviazgo (frecuentemente prolongado hoy varios a帽os, con las dificultades de vario g茅nero que tal situaci贸n acarrea), son razones que reclaman solidez particular en esta formaci贸n.

18. De ello se sigue que la programaci贸n diocesana y la parroquial (con planes pastorales que privilegien la pastoral familiar enriquecedora del conjunto de la vida eclesial) supone que la tarea formativa encuentre un espacio adecuado para su desarrollo y que entre las di贸cesis y en los 谩mbitos de las Conferencias Episcopales, las mejores experiencias se puedan comprobar e intercambiar pastoralmente. Por eso resulta importante tambi茅n conocer las formas de catequesis y educaci贸n ofrecidas a los adolescentes sobre los distintos tipos de vocaciones y el amor cristiano, los itinerarios elaborados para los novios, las modalidades con que se insertan en dicha formaci贸n las parejas de esposos m谩s maduros en la fe y las experiencias mejores encaminadas a crear un clima espiritual y cultural id贸neo para los j贸venes que se preparan al matrimonio.

19. Seg煤n cuanto se recuerda tambi茅n en la Exhortaci贸n Apost贸lica Familiaris Consortio, en el proceso de formaci贸n hay que distinguir tres etapas o momentos principales de la preparaci贸n al matrimonio: remota, pr贸xima e inmediata.

Se alcanzar谩n las metas particulares de cada etapa si los novios llegan a conocer los contenidos teol贸gico-lit煤rgicos principales que jalonan las varias fases de la preparaci贸n, adem谩s de las cualidades humanas fundamentales y las verdades b谩sicas de la fe. Y as铆 con su esfuerzo por adecuar la vida a estos valores, los novios conseguir谩n la aut茅ntica formaci贸n que les disponga a la vida de c贸nyuges.

20. La preparaci贸n al matrimonio ha de encuadrarse en la urgencia de evangelizar la cultura -- impregn谩ndola en sus ra铆ces (cfr. Exhortaci贸n Apost贸lica Evangelii Nuntiandi, 19) -- en todo lo referente a la instituci贸n del matrimonio: hacer penetrar el esp铆ritu cristiano en las mentes y en los comportamientos, en las leyes y en las estructuras de la comunidad donde viven los cristianos (cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 2105). Dicha preparaci贸n, impl铆cita o expl铆cita, constituye un aspecto de la evangelizaci贸n, hasta el punto de poder penetrar la fuerza de la afirmaci贸n del Santo Padre: 芦 La familia es el coraz贸n de la Nueva Evangelizaci贸n 禄 (...) La misma preparaci贸n 芦 es tarea que corresponde principalmente a los esposos, llamados a transmitir la vida, siendo cada vez m谩s conscientes del significado de la procreaci贸n, como acontecimiento privilegiado en el cual se manifiesta que la vida humana es un don recibido para ser a su vez dado 禄 (EV 92).

Como fundamento de la familia, el matrimonio derrama sobre la sociedad, adem谩s de los valores religiosos, abundantes bienes y valores que aseguran la solidaridad, el respeto, la justicia y el perd贸n en las relaciones personales y colectivas. A su vez, la familia fundada sobre el matrimonio, espera de la sociedad que 芦 sea reconocida en su identidad y aceptada en su naturaleza de sujeto social 禄 (Gratissimam Sane, 17) y as铆 llegar a ser 芦 coraz贸n de la civilizaci贸n del amor 禄 (ib铆d. 13).

Toda la di贸cesis debe estar comprometida en esta tarea y ofrecer el apoyo debido. El ideal ser铆a crear una Comisi贸n diocesana para la preparaci贸n al matrimonio, integrada por un grupo para la pastoral familiar de parejas de esposos con experiencia parroquial, por movimientos, por expertos.

Ser铆a misi贸n de esta Comisi贸n diocesana la formaci贸n, acompa帽amiento y coordinaci贸n, en colaboraci贸n con otros centros dedicados a este servicio a distintos niveles. A su vez la Comisi贸n deber铆a comprender una red de equipos de laicos elegidos que colaboren en la preparaci贸n en sentido amplio y no s贸lo en los cursos. Deber铆a servirse de la ayuda de un coordinador, normalmente sacerdote, en nombre del Obispo. Si la coordinaci贸n se conf铆a a un laico o a un matrimonio, ser铆a oportuna la asesor铆a de un sacerdote.

Todo ello ha de entrar en el 谩mbito organizativo de la di贸cesis, con sus estructuras correspondientes, como zonas a cuyo frente est茅 un Vicario Episcopal y los vicarios for谩neos.

ETAPAS O PER脥ODOS DE LA PREPARACI脫N

21. Las etapas o momentos en cuesti贸n no est谩n definidas r铆gidamente. De hecho no pueden fijarse ni en relaci贸n con la edad del destinatario, ni respecto de la duraci贸n. Pero es 煤til conocerlas en cuanto itinerarios e instrumentos de trabajo, sobre todo por los contenidos que hay que transmitir. Se estructuran en preparaci贸n remota, pr贸xima e inmediata.

A. Preparaci贸n remota

22. La preparaci贸n remota abarca la infancia, la ni帽ez y la adolescencia, y tiene lugar sobre todo en la familia y tambi茅n en la escuela y grupos de formaci贸n, valiosas ayudas de aqu茅lla. Es el per铆odo en el que se transmite y como que se graba la estima de todo valor humano aut茅ntico, tanto en las relaciones interpersonales como en las sociales, con cuanto comporta para la formaci贸n del car谩cter, el dominio propio y la estima de s铆 mismo, el uso recto de las inclinaciones y el respeto a las personas tambi茅n del otro sexo. Se requiere, adem谩s, sobre todo para el cristiano, una s贸lida formaci贸n espiritual y catequ茅tica (cfr. FC 66).

23. En la Carta a las Familias Gratissimam Sane, Juan Pablo II recuerda dos verdades fundamentales de la tarea educativa: 芦 la primera es que el hombre est谩 llamado a vivir en la verdad y en el amor. La segunda es que cada hombre se realiza mediante la entrega sincera de s铆 mismo 禄 (n. 16). Por tanto, la educaci贸n de los ni帽os comienza antes del nacimiento en el ambiente en que la nueva vida del que va a nacer es esperada y acogida, especialmente con el di谩logo de amor de la madre con su criatura (cfr. ib铆d., 16); y prosigue durante la infancia, dado que la educaci贸n es 芦 ante todo una "d谩diva" de humanidad por parte de ambos padres: ellos comunican juntos su humanidad madura al reci茅n nacido 禄 (ib铆d.). 芦 En la procreaci贸n de una nueva vida los padres descubren que el hijo, si es fruto de su rec铆proca donaci贸n de amor, es a su vez un don para ambos: un don que brota del don 禄 (EV 92).

En su significado integral, la educaci贸n cristiana, que implica la transmisi贸n y enraizamiento de los valores humanos y cristianos -- como afirma el Concilio Vaticano II -- 芦 no persigue solamente la madurez de la persona humana, sino que busca, sobre todo, que los bautizados se hagan m谩s conscientes cada d铆a del don recibido de la fe, mientras se inician gradualmente en el conocimiento del misterio de la salvaci贸n... form谩ndose para vivir seg煤n el hombre nuevo en justicia y santidad de verdad 禄 (Gravissimum Educationis, 2).

24. Tampoco puede faltar en este per铆odo la educaci贸n leal y valiente a la castidad, al amor como don de s铆. La castidad no es mortificaci贸n del amor, sino condici贸n de amor aut茅ntico. En efecto, si la vocaci贸n al amor conyugal es vocaci贸n a la entrega de s铆 en el matrimonio, es preciso llegar a poseerse a si mismos para poderse entregar de verdad.

A este respecto es importante la educaci贸n sexual recibida de los padres en los primeros a帽os de la ni帽ez y la adolescencia, como lo indica el documento de este Pontificio Consejo para la Familia ya citado en el n. 10.

25. En esta etapa o momento de preparaci贸n remota hay que lograr objetivos espec铆ficos. Sin pretender hacer un elenco exhaustivo, a modo de indicaci贸n, se recuerda que dicha preparaci贸n deber谩 llegar a la meta, de que cada fiel llamado al matrimonio, comprenda a fondo que a la luz del amor de Dios, el amor humano asume un papel central en la 茅tica cristiana. De hecho, la vida humana como vocaci贸n-misi贸n est谩 llamada al amor, el cual tiene su fuente y su fin en Dios, 芦 sin excluir la posibilidad del don total de s铆 mismo a Dios en la vocaci贸n a la vida sacerdotal o religiosa 禄 (FC 66). En este sentido es preciso recordar que la preparaci贸n remota, a煤n cuando se centra en contenidos doctrinales de car谩cter antropol贸gico, va colocada en la prospectiva del matrimonio donde el amor humano llega a ser participaci贸n, adem谩s de signo, del amor entre Cristo y la Iglesia. Por consiguiente, el amor conyugal hace presente entre los hombres el mismo amor divino hecho visible en la redenci贸n. El paso o conversi贸n desde un nivel de fe m谩s bien exterior y vago, propio de muchos j贸venes, al descubrimiento del 芦 misterio cristiano 禄, es un paso esencial y decisivo: una fe que implica la comuni贸n de Gracia y amor con Cristo Resucitado.

26. La preparaci贸n remota habr谩 alcanzado sus metas principales si ha permitido a asimilar los fundamentos para adquirir, gradualmente, los par谩metros de un recto juicio sobre la jerarqu铆a de los valores necesaria para elegir lo mejor que ofrece la sociedad, seg煤n el consejo de San Pablo: 芦 Examinadlo todo y quedaos con lo bueno 禄 (1 Tes 5, 21). No hay que olvidar tampoco que con la gracia de Dios, el amor se sana, refuerza e intensifica a trav茅s tambi茅n de los necesarios valores unidos a la donaci贸n, al sacrificio, a la renuncia y a la abnegaci贸n. Ya desde esta fase de la formaci贸n, la ayuda pastoral ha de encaminarse a que la fe dirija el comportamiento moral. Un tal estilo de vida cristiana encuentra est铆mulo, apoyo y consistencia en el ejemplo de los padres, que se transforma as铆 en verdadero testimonio para los futuros esposos.

27. Esta preparaci贸n no perder谩 de vista el hecho important铆simo de ayudar a los j贸venes a adquirir capacidad cr铆tica ante el ambiente y a tener la valent铆a cristiana de quien sabe que est谩 en el mundo sin ser del mundo. En este sentido leemos en la Carta a Diogneto, venerable documento de la primera 茅poca cristiana y de reconocida autenticidad: 芦 Los cristianos no se diferencian de los dem谩s hombres ni por su tierra ni por su habla ni por sus costumbres... pero dan muestras de peculiar conducta admirable y, por confesi贸n de todos, sorprendente... Se casan como todos, como todos engendran hijos, pero no exponen los que les nacen. Ponen mesa com煤n, pero no lecho. Est谩n en la carne, pero no viven seg煤n la carne 禄 (V, 1, 4, 6, 7). La formaci贸n habr谩 de conseguir una mentalidad y una personalidad capaces de no dejarse arrastrar por ideas contrarias a la unidad y estabilidad del matrimonio, y as铆 poder reaccionar contra las estructuras del llamado pecado social que 芦 repercute con mayor o menor vehemencia, con mayor o menor da帽o, en toda la urdimbre eclesial y en la entera familia humana 禄 (Exhortaci贸n Apost贸lica Reconciliatio et Paenitentia, 16). Precisamente por estos influjos de pecado y ante las muchas presiones sociales, debe fortalecerse la conciencia cr铆tica.

28. El estilo cristiano de vida de que dan testimonio los hogares cristianos, es ya una evangelizaci贸n, es la base de la preparaci贸n remota. En efecto, otra meta consiste en la presentaci贸n de la misi贸n educativa de los propios padres. Pues en la familia, iglesia dom茅stica, los padres cristianos son los primeros testimonios y formadores de los hijos, tanto en el crecimiento de la 芦 fe-esperanza-caridad 禄 como en la configuraci贸n de la vocaci贸n propia de cada uno. 芦 Los padres son los primeros y principales educadores de sus propios hijos, y en este campo tienen incluso una competencia fundamental: son educadores por ser padres 禄 (Gratissimam Sane, 16). A este prop贸sito tambi茅n los padres necesitan ayudas oportunas y adecuadas.

29. Entre estas ayudas se ha de incluir, ante todo, la parroquia como lugar de formaci贸n eclesial cristiana; en ella se aprende el estilo de convivencia comunitaria (cfr. Sacrosanctum Concilium, 42). No hay que olvidar tampoco la escuela, las otras instituciones educativas, los movimientos, los grupos, las asociaciones cat贸licas y, claro est谩, aquellas de las mismas familias cristianas.

Tienen incidencia particular en el proceso educativo de los j贸venes, los medios de comunicaci贸n de masas, que deber铆an colaborar positivamente en la misi贸n de la familia en la sociedad, en lugar de obstaculizarla.

30. Por este proceso educativo deben interesarse a fondo los catequistas, los animadores de pastoral juvenil y vocacional, y en especial los pastores, que aprovechar谩n la ocasi贸n de las homil铆as en las celebraciones lit煤rgicas, y en otras formas de evangelizaci贸n, de encuentros personales, de itinerarios de compromiso cristiano, para subrayar y evidenciar los puntos que contribuyen a la preparaci贸n orientada a un posible matrimonio (cfr. OCM 14).

31. Por tanto, es preciso 芦 inventar 禄 modalidades de formaci贸n permanente de los adolescentes en el per铆odo anterior al noviazgo como continuaci贸n de las etapas de la iniciaci贸n cristiana; aqu铆 es sumamente 煤til el intercambio de las experiencias m谩s pertinentes. Unidas en las parroquias, en las instituciones, en diversas formas de asociaci贸n, las familias contribuyen a crear una atm贸sfera social donde el amor responsable sea sano; y donde est茅 contaminado por la pornograf铆a, por ejemplo, sean capaces de reaccionar en fuerza del derecho de la familia. Todo ello forma parte de una 芦 ecolog铆a humana 禄 (cfr. Centesimus Annus, 38).

B. Preparaci贸n pr贸xima

32. La preparaci贸n pr贸xima tiene lugar en el tiempo del noviazgo. Se estructura en cursos espec铆ficos y se la distingue de la inmediata que, habitualmente, se concentra en los 煤ltimos encuentros entre los novios y agentes pastorales, antes de la celebraci贸n del sacramento. Es oportuno que, durante la preparaci贸n pr贸xima, se ofrezca la posibilidad de verificar la madurez de los valores humanos propios de la relaci贸n de amistad y di谩logo que caracterizan el noviazgo. En vista del nuevo estado de vida que tendr谩n como matrimonio, ofr茅zcaseles la oportunidad de profundizar la vida de fe, en especial en lo referente al conocimiento de la sacramentalidad de la Iglesia. Esta es una importante etapa de evangelizaci贸n, en la que, la fe ha de incidir en la dimensi贸n personal y comunitaria, tanto de los novios personalmente cuanto de sus familias. En esta profundizaci贸n se podr谩n tambi茅n percibir las posibles dificultades para vivir una aut茅ntica vida cristiana.

33. El per铆odo de esta preparaci贸n coincidie, en general, con la 茅poca de la juventud; por tanto, se presupone cuanto es propio de la pastoral juvenil propiamente dicha, que se ocupa del crecimiento integral del fiel cristiano. La pastoral juvenil no es separable del 谩mbito de la familia como si los j贸venes formasen una especie de 芦 clase social 禄 disgregada e independiente. Dicha pastoral debe reforzar el sentido social de los j贸venes, primeramente con los miembros de la propia familia, orientando sus valores hacia la futura familia que habr谩n de formar. Previamente se les habr谩 ayudado a discernir su vocaci贸n con su esfuerzo personal y con la ayuda de la comunidad, en especial de los pastores. Y esto ha de iniciarse incluso antes del noviazgo. Cuando la vocaci贸n se concreta en el matrimonio, estar谩 sostenida por la gracia, en primer lugar, y tambi茅n por una adecuada preparaci贸n. Dicha pastoral juvenil tendr谩 presente asimismo que, por dificultades de distinto tipo como la 芦 adolescencia prolongada 禄 y una m谩s larga permanencia en la familia de origen (fen贸meno nuevo y preocupante), el compromiso matrimonial de los j贸venes de hoy se retrasa excesivamente en no pocos casos.

34. La preparaci贸n pr贸xima habr谩 de apoyarse ante todo en una catequesis alimentada por la escucha de la Palabra de Dios e interpretada con la gu铆a del Magisterio de la Iglesia, para que comprendan la fe con mayor plenitud y la testimonien en la vida concreta. La ense帽anza deber谩 ofrecerse en el contexto de una comunidad de fe entre familias que seg煤n sus carismas y funciones toman parte y colaboran -- sobre todo en el 谩mbito de la parroquia -- en la formaci贸n de los j贸venes, extendiendo su influjo a otros grupos sociales.

35. Se habr谩 de instruir a los novios acerca de las exigencias naturales vinculadas a la relaci贸n interpersonal hombre-mujer en el plan de Dios sobre el matrimonio y la familia: el conocimiento consciente de la libertad del consentimiento como fundamento de su uni贸n, la unidad e indisolubilidad del matrimonio, la recta concepci贸n de la paternidad-maternidad responsable, los aspectos humanos de la sexualidad conyugal, el acto conyugal con sus exigencias y finalidades, la sana educaci贸n de los hijos. Todo ello dirigido al conocimiento de la verdad moral y a la formaci贸n de la conciencia personal.

La preparaci贸n pr贸xima deber谩 cerciorarse de si los novios poseen los elementos b谩sicos de car谩cter psicol贸gico, pedag贸gico, legal y m茅dico relacionados con el matrimonio y la familia. Sin embargo, sobre todo por lo que respecta a la donaci贸n total y la procreaci贸n responsable, la formaci贸n teol贸gica y moral deber谩 ser objeto de profundizaci贸n especial. Y es que el amor conyugal es un amor total, exclusivo, fiel y fecundo (cfr. Humanae Vitae, 9).

Hoy en d铆a est谩 plenamente reconocida la base cient铆fica2 de los m茅todos naturales de regulaci贸n de la fecundidad. Es 煤til conocerlos; cuando hay causas justas, su empleo no debe reducirse a una mera t茅cnica de comportamiento, sino que ha de encuadrarse en la pedagog铆a y en el proceso de crecimiento del amor (cfr. EV 97). De este modo la virtud de la castidad entre los c贸nyuges lleva a vivir la continencia peri贸dica (cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 2366-2371).

Esta preparaci贸n deber谩 tambi茅n garantizar que los novios cristianos tengan ideas claras y un sincero 芦 sentire cum Ecclesia 禄 sobre el mismo matrimonio, las funciones proprias de hombre y mujer en la pareja, en la familia y en la sociedad, sobre la sexualidad y la apertura hacia los otros.

36. Es obvio, asimismo, que se habr谩 de ayudar a los j贸venes a tomar conciencia de posibles carencias psicol贸gicas yo afectivas, sobre todo de la incapacidad de abrirse a los dem谩s y de formas de ego铆smo que pueden vanalizar el compromiso total de su donaci贸n. Dicha ayuda conducir谩 tambi茅n a descubrir las potencialidades y exigencias de crecimiento humano y cristiano de su existencia. Por ello, los responsables se preocupar谩n igualmente de formar s贸lidamente la conciencia moral de los novios, a fin de que est茅n preparados a la elecci贸n libre y definitiva del matrimonio que se expresar谩 en el consentimiento intercambiado mutuamente ante la Iglesia con el pacto conyugal.

37. Durante este momento del itinerario ser谩n convenientes frecuentes encuentros en un clima de di谩logo, amistad y oraci贸n, con la participaci贸n de pastores y catequistas. Estos deber谩n subrayar que 芦 la familia celebra el Evangelio de la vida con la oraci贸n cotidiana, individual y familiar: con ella alaba y da gracias al Se帽or por el don de la vida e implora luz y fuerza para afrontar los momentos de dificultad y de sufrimiento, sin perder nunca la esperanza 禄 (EV 93). Adem谩s, las parejas de esposos cristianos comprometidas apost贸licamente, con una 贸ptica de sano optimismo cristiano, pueden contribuir a realzar cada vez m谩s la vida cristiana en el contexto de la vocaci贸n al matrimonio y en la complementariedad de todas las vocaciones. Por consiguiente, no ser谩 茅ste un tiempo s贸lo de profundizaci贸n te贸rica, sino tambien un camino de formaci贸n en el que, con la ayuda de la gracia y la huida de toda forma de pecado, los novios se preparen a donarse como pareja a Cristo que sostiene, purifica y ennoblece el noviazgo y la vida conyugal. As铆 adquiere pleno sentido la castidad prematrimonial y descalifica las convivencias previas, las relaciones prematrimoniales y otras expresiones como el mariage coutumier en el proceso del crecimiento del amor.

38. Seg煤n los sanos principios pedag贸gicos de la gradualidad y globalidad del crecimiento de la persona, la preparaci贸n pr贸xima no debe descuidar la formaci贸n para las tareas sociales y eclesiales propias de aquellos que deber谩n dar con su matrimonio comienzo a nuevas familias. No se ha de concebir la intimidad familiar como intimismo cerrado en s铆 mismo, sino como capacidad de interiorizar las riquezas humanas y cristianas insertadas en la vida matrimonial, con vistas a una donaci贸n cada vez mayor a los otros. Por tanto, la vida conyugal y familiar exige de los c贸nyuges, seg煤n un concepto abierto de la familia, que se reconozcan como sujetos con derechos y tambi茅n con deberes respecto de la sociedad y de la Iglesia. En relaci贸n con esto ser谩 muy 煤til invitar a leer y a reflexionar sobre los siguientes documentos de la Iglesia que son una fuente densa y alentadora de sabidur铆a humana y cristiana: la Familiaris Consortio, la Carta a las Familias Gratissimam Sane, la Carta de los Derechos de la Familia, la Evangelium Vitae y otros.

39. De este modo la preparaci贸n pr贸xima de los j贸venes dar谩 a conocer que el compromiso que asumir谩n con el intercambio del consentimiento 芦 ante a la Iglesia 禄, exige ya en el tiempo del noviazgo que inicien un camino de fidelidad mutua, abandonando eventuales pr谩cticas contrarias. Este compromiso humano ser谩 enriquecido por los dones espec铆ficos que el Esp铆ritu Santo concede a los novios que le invocan.

40. Como el amor cristiano es purificado, perfeccionado y elevado por el amor de Cristo a la Iglesia (cfr. GS 49), los novios han de imitar este modelo creciendo en la conciencia de la donaci贸n, relacionada siempre con el respeto mutuo y la renuncia propia que ayudan a crecer en aquel. La entrega rec铆proca, por tanto, comprende cada vez m谩s el intercambio de dones espirituales y de apoyo moral para un crecimiento en el amor y la responsabilidad. 芦 La entrega de la persona exige por su naturaleza, que sea duradera e irrevocable. La indisolubilidad del matrimonio deriva primariamente de la esencia de esa entrega: entrega de la persona a la persona. En este entregarse rec铆proco se manifiesta el car谩cter esponsal del amor 禄 (Gratissimam Sane, 11).

41. La espiritualidad esponsal, incluyendo la experiencia humana, nunca separada de la vida moral, tiene su ra铆z en el Bautismo y en la Confirmaci贸n. Por consiguiente, el itinerario de preparaci贸n de los novios deber谩 procurar la recuperaci贸n de los dinamismos sacramentales con un particular papel de los sacramentos de la Reconciliaci贸n y de la Eucarist铆a. El sacramento de la Reconciliaci贸n ensalza la misericordia divina hacia la miseria humana y acrece la vitalidad bautismal y los dinamismos propios de la confirmaci贸n. De aqu铆 el potenciamiento de la pedagog铆a del amor redimido que lleva a descubrir con estupor la grandeza de la misericordia de Dios ante el drama del hombre, creado por Dios y redimido de modo todav铆a m谩s admirable. Celebrando el memorial de la donaci贸n de Cristo a la Iglesia, la Eucarist铆a desarrolla el amor afectivo propio del matrimonio en la donaci贸n cotidiana al c贸nyuge y a los hijos, sin olvidar ni desatender que 芦 la celebraci贸n que da significado a cualquier otra forma de oraci贸n y de culto es la que se expresa en la vida cotidiana de la familia, si es una vida hecha de amor y entrega 禄 (EV 93).

42. Para esta preparaci贸n tan variada y arm贸nica, es preciso encontrar y formar debidamente encargados 芦 ad hoc 禄. Por tanto ser谩 oportuno crear un grupo, con niveles diferentes, de agentes conscientes de esta misi贸n de la Iglesia, constitu铆do especialmente por parejas de esposos cristianos entre los que no han de faltar, si es posible, expertos en medicina, derecho y psicolog铆a, con un sacerdote, a fin de que est茅n debidamente preparados para realizar dicha misi贸n.

43. Por todo ello, los colaboradores y responsables han de ser personas de doctrina segura y de fidelidad indiscutible al Magisterio de la Iglesia de modo que con conocimiento suficiente y profundo y con el testimonio de la vida, puedan transmitir las verdades de la fe y las responsabilidades vinculadas al matrimonio. Es evidente que estos agentes pastorales, en cuanto educadores, deber谩n poseer tambi茅n capacidad de acogida de los novios sea cual fuere su origen socio-cultural, su formaci贸n intelectual y sus capacidades concretas. Adem谩s su testimonio de vida fiel y de gozosa donaci贸n, es condici贸n indispensable para cumplir su misi贸n. A partir de estas experiencias de vida y de sus problemas humanos comenzar谩n a iluminar a los futuros esposos con la sabidur铆a cristiana.

44. Ello implica un adecuado programa de formaci贸n de agentes. Dicha preparaci贸n, dirigida a los formadores, los capacitar谩 para exponer, con clara adhesi贸n al Magisterio de la Iglesia, con id贸nea metodolog铆a y con sensibilidad pastoral, las l铆neas fundamentales de la preparaci贸n al matrimonio de que hemos hablado, y a aportar tambi茅n su contribuci贸n espec铆fica, seg煤n su competencia, a la preparaci贸n inmediata citada en los n煤meros 50-59. Los agentes deber铆an recibir su formaci贸n en apropriados Institutos Pastorales y ser elegidos cuidadosamente por el Obispo.

45. El resultado final de este per铆odo de preparaci贸n pr贸xima consistir谩 en el conocimiento claro de las notas esenciales del matrimonio cristiano: unidad, fidelidad, indisolubilidad, fecundidad; la conciencia de fe sobre la prioridad de la Gracia sacramental, que asocia a los esposos como sujetos y ministros del sacramento al Amor de Cristo Esposo de la Iglesia; la disponibilidad para vivir la misi贸n propia de las familias en el campo educativo social y eclesial.

46. Como recuerda la Familiaris Consortio, el itinerario formativo de los j贸venes novios deber谩 incluir: la profundizaci贸n de la fe personal y el descubrimiento de los valores de los sacramentos y la experiencia de oraci贸n; la preparaci贸n espec铆fica a la vida en pareja 芦 que, presentando el matrimonio como una relaci贸n interpersonal del hombre y de la mujer a desarrollarse continuamente, estimule a profundizar en los problemas de la sexualidad conyugal y de la paternidad responsable, con los conocimientos m茅dico-biol贸gicos esenciales que est谩n en conexi贸n con ella y los encamine a la familiaridad con rectos m茅todos de educaci贸n de los hijos, favoreciendo la adquisici贸n de los elementos de base para una ordenada conducci贸n de la familia 禄 (FC 66); la 芦 preparaci贸n al apostolado familiar, a la fraternidad y colaboraci贸n con las dem谩s familias, a la inserci贸n activa en grupos, asociaciones, movimientos e iniciativas que tienen como finalidad el bien humano y cristiano de la familia 禄 (ib铆d.).

Adem谩s, ay煤dese previamente a los futuros esposos de modo que luego puedan mantener y cultivar el amor conyugal, la comunicaci贸n interpersonal-conyugal, las virtudes y dificultades de la vida conyugal y c贸mo superar las inevitables 芦 crisis 禄 conyugales.

47. Pero el centro de dicha preparaci贸n estar谩 en la reflexi贸n de fe por medio de la Palabra de Dios y la gu铆a del Magisterio sobre el sacramento del Matrimonio. Los novios ser谩n conscientes que, ser 芦 una carne 禄 (Mt 19, 6) en Cristo, por fuerza del Esp铆ritu en el matrimonio cristiano, significa imprimir en la propia existencia una nueva conformaci贸n de la vida bautismal. Con el sacramento, su amor se transformar谩 en expresi贸n concreta del amor de Cristo a su Iglesia (cfr. LG 11). A la luz de la sacramentalidad, los mismos actos conyugales, la procreaci贸n responsable, la acci贸n educadora, la comuni贸n de vida, la apostolicidad y la misionariedad vinculadas a la vida de los c贸nyuges cristianos, han de considerarse momentos privilegiados de experiencia cristiana. Aunque todav铆a no modo de un sacramental, Cristo sostiene y acompa帽a el itinerario de gracia y crecimiento de los novios hacia la participaci贸n en su misterio de uni贸n con la Iglesia.

48. A prop贸sito de un posible directorio que recoja las mejores experiencias para la preparaci贸n al matrimonio, parece oportuno recordar cuanto el Santo Padre Juan Pablo II expres贸 en el discurso de clausura de la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para la Familia celebrada del 30 de septiembre al 5 de octubre del a帽o 1991: 芦 Es indispensable que se reserven tiempo y atenci贸n especial a la preparaci贸n doctrinal. La seguridad sobre el contenido ha de ser el centro y objetivo esenciales de los cursos con la perspectiva de hacer m谩s consciente la celebraci贸n del sacramento del Matrimonio y cuanto de 茅l se deriva para la responsabilidad de la familia. Las cuestiones relativas a la unidad e indisolubilidad del matrimonio y lo referente a los significados de la uni贸n y procreaci贸n de la vida conyugal y de su acto espec铆fico deben tratarse con fidelidad y atenci贸n, seg煤n la clara ense帽anza de la Enc铆clica Humanae Vitae (cfr. 11-12). Igualmente todo lo concerniente al don de la vida que los padres deben acoger responsablemente con gozo, como colaboradores del Se帽or. Conviene que en los cursos se privilegie no s贸lo cuanto se refiere a la libertad madura y vigilante de los que desean contraer matrimonio, sino tambi茅n a la misi贸n propia de los padres, primeros educadores de los hijos y primeros evangelizadores 禄.

Este Pontificio Consejo constata con profunda satisfacci贸n, que crece la corriente encaminada a un mayor af谩n y conocimiento de la importancia y dignidad del noviazgo. Asimismo exhorta a que la duraci贸n de los cursos espec铆ficos no sea tan breve que se reduzca a mera formalidad. En cambio deber谩n dedicar el tiempo suficiente para conseguir una presentaci贸n buena y n铆tida de los temas fundamentales indicados m谩s arriba.

Puede realizarse el curso en cada parroquia si el n煤mero de novios es suficiente y si hay colaboradores preparados, o en las Vicar铆as episcopales o Vicar铆as for谩neas, formas o estructuras de coordinaci贸n parroquial. A veces los pueden llevar a cabo los encargados de Movimientos familiares, Asociaciones o grupos apost贸licos orientados por un sacerdote competente. Es un campo 茅ste que deber铆a ser coordinado por un organismo diocesano que act煤e en nombre del Obispo. Sin descuidar los aspectos varios de la psicolog铆a, medicina y otras ciencias humanas, los contenidos deben centrarse en la doctrina natural y cristiana del matrimonio.

49. En esta preparaci贸n sobre todo hoy, conviene formar y afianzar, a los novios en los valores referentes a la defensa de la vida. De modo especial, dado que convirti茅ndose en iglesia dom茅stica y 芦 Santuario de la vida 禄 (EV 92-94), formar谩n parte, con un nuevo t铆tulo, del 芦 pueblo de la vida y para la vida 禄 (EV 6, 101). La mentalidad contraceptiva que hoy impera en tantos lugares y las legislaciones permisivas tan extendidas con todo lo que comportan de desprecio a la vida desde el momento de la concepci贸n hasta la muerte, constituyen un conjunto de abundantes ataques a que est谩 expuesta la familia, que queda herida en lo m谩s 铆ntimo de su misi贸n y se le impide desarrollarse seg煤n las exigencias del crecimiento humano aut茅ntico (cfr. Centesimus Annus, 39). Por tanto, hoy m谩s que nunca es necesaria la formaci贸n de la mente y el coraz贸n de los miembros de los nuevos hogares dom茅sticos para que no se asimilen a las mentalidades imperantes. Un d铆a podr谩n as铆 contribuir, con su vida de nuevas familias, a crear y desarrollar la cultura de la vida, con el respeto y la acogida en el interior de su amor de las nuevas vidas, como testimonio y expresi贸n del anuncio, celebraci贸n y servicio a toda vida (cfr. EV 83-84, 86, 93).

C. Preparaci贸n inmediata

50. Donde se haya recorrido y asumido un itinerario adecuado o cursos espec铆ficos en el tiempo de la preparaci贸n pr贸xima (cfr. n. 32 y ss.), los fines de la preparaci贸n inmediata podr谩n consistir en los siguientes:

a) Sintetizar el recorrido del itinerario anterior sobre todo en los contenidos doctrinales, morales y espirituales, para colmar as铆 posibles carencias de formaci贸n b谩sica;

b) Efectuar experiencias de oraci贸n (retiros espirituales, ejercicios para novios) donde el encuentro con el Se帽or haga descubrir la profundidad y la belleza de la vida sobrenatural;

c) Llevar a cabo una preparaci贸n lit煤rgica apropiada que incluya la participaci贸n activa de los novios, con especial cuidado del sacramento de la Reconciliaci贸n;

d) Incentivar para un mayor conocimiento de cada uno, los coloquios con el p谩rroco can贸nicamente previstos.

Se conseguir谩n estos fines con encuentros especiales intensificados.

51. La utilidad pastoral y la experiencia positiva de los cursos de preparaci贸n al matrimonio hace que se dispense de ellos solamente por causas proporcionalmente graves. Por tanto, cuando con estas causas se presenten parejas con urgente inminencia de celebrar el matrimonio sin la preparaci贸n pr贸xima, el p谩rroco y los colaboradores ofrecer谩n ocasiones para recuperar los conocimientos necesarios de los aspectos doctrinales, morales y sacramentales que han sido expuestos, como espec铆ficos de la preparaci贸n pr贸xima, e inserirlos en la fase de preparaci贸n inmediata.

Lo pide as铆 la necesidad de personalizar concretamente los itinerarios formativos a fin de aprovechar toda ocasi贸n orientada a profundizar en el significado de cuanto se realiza en el sacramento, sin rechazar, por faltarles algunas etapas de la preparaci贸n, a aquellos que presentan una disposici贸n adecuada a la fe y al sacramento.

52. La preparaci贸n inmediata al sacramento del Matrimonio debe encontrar ocasiones aptas para iniciar a los novios en el rito matrimonial. En dicha preparaci贸n, adem谩s de profundizar en la doctrina cristiana sobre el matrimonio y la familia, con especial menci贸n de los deberes morales, los novios han de ser guiados a tomar parte consciente y activa en la celebraci贸n nupcial, para entender tambi茅n el significado de los gestos y textos lit煤rgicos.

53. Esta preparaci贸n al sacramento del Matrimonio deber铆a coronar una catequesis que ayude a los novios cristianos a recorrer conscientemente su itinerario sacramental. Es importante que sepan que se unen en matrimonio como bautizados en Cristo y habr谩n de comportarse en su vida familiar en sinton铆a con el Esp铆ritu Santo. Conviene, pues, que los futuros esposos se dispongan a la celebraci贸n del matrimonio para que sea v谩lida, digna y fructuosa, recibiendo el sacramento de la Penitencia (cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 1622). La preparaci贸n lit煤rgica al sacramento del Matrimonio debe resaltar el valor de los elementos rituales actualmente disponibles. Normalmente la celebraci贸n del matrimonio se inserta en la celebraci贸n eucar铆stica, a fin de establecer una relaci贸n m谩s clara entre el sacramento nupcial y el misterio pascual.

54. Como la Iglesia se hace visible en la di贸cesis y 茅sta se articula en parroquias, se comprende que toda la preparaci贸n can贸nico-pastoral al matrimonio deba realizarse en el 谩mbito parroquial y diocesano. Por tanto, est谩 m谩s conforme con el significado eclesial del sacramento que 茅ste se celebre siguiendo la norma (CIC can. 1115) en la comunidad parroquial a la que pertenecen los esposos.

Es de desear que la entera comunidad parroquial tome parte en la celebraci贸n, en torno a las familias y amigos de los novios. Haya disposiciones sobre ello en las di贸cesis, teniendo en cuenta las situaciones locales y procurando tambi茅n una acci贸n pastoral verdaderamente eclesial.

55. Quienes tomen parte activa en la acci贸n lit煤rgica sean invitados a prepararse debidamente tambi茅n a los sacramentos de la Reconciliaci贸n y la Eucarist铆a. Expl铆quese bien a los testigos que no s贸lo son garantes de un acto jur铆dico, sino tambi茅n representantes de la comunidad cristiana, que por su medio, participa en un acto sacramental que le afecta, porque toda familia nueva es una c茅lula de la Iglesia. Por su esencial car谩cter social, el matrimonio exige una participaci贸n de la sociedad y 茅sta se expresa en la presencia de los testigos.

56. La familia es el lugar m谩s adecuado para que los padres en virtud del sacerdocio com煤n, realicen acciones sagradas y administren algunos sacramentales seg煤n el juicio del Ordinario del lugar, como por ejemplo en ocasi贸n de la iniciaci贸n cristiana, en sucesos alegres o dolorosos de la vida diaria, en la Bendici贸n de la mesa. Se ha de reservar puesto particular a la oraci贸n en familia. Esta crear谩 un clima de fe en el seno del hogar y ser谩 un medio para vivir m谩s plenamente la paternidad-maternidad respecto de los hijos, educ谩ndolos a la oraci贸n e introduci茅ndolos en el descubrimiento gradual del misterio de Dios y en el trato personal con El. Recuerden los padres que cumplen su misi贸n de anunciar el Evangelio de la vida (cfr. EV 92) a trav茅s de la educaci贸n de los hijos.

57. La preparaci贸n inmediata ofrece ocasi贸n propicia para iniciar una pastoral matrimonial y familiar ininterrumpida. Desde este punto de vista es preciso conseguir que los esposos conozcan su misi贸n en la Iglesia. En ello pueden ser ayudados por la riqueza que ofrecen los diversos movimientos familiares, a fin de cultivar la espiritualidad conyugal y familiar y el modo de cumplir sus deberes en la familia, la Iglesia y la sociedad.

58. Se acompa帽e la preparaci贸n de los novios con una devoci贸n sincera y honda a Mar铆a, Madre de la Iglesia, Reina de la Familia; se forme a los futuros esposos para que capten c贸mo la presencia de Mar铆a est谩 activa en la familia, Iglesia Dom茅stica, como lo est谩 en la Iglesia Grande; se les eduque tambi茅n a imitar las virtudes de Mar铆a. De este modo la Sagrada Familia, es decir, el hogar de Mar铆a, Jos茅 y Jes煤s, llevar谩 a los novios a descubrir 芦 cuan dulce e insustituible es la educaci贸n en familia 禄 (Pablo VI, Discurso en Nazaret, 5.1.1964).

59. Se帽alar cuanto ha sido propuesto creativamente en las distintas comunidades para hacer m谩s profundas y apropriadas estas fases de preparaci贸n pr贸xima e inmediata ser谩 un don y un enriquecimiento para toda la Iglesia.

CELEBRACI脫N DEL MATRIMONIO

60. La preparaci贸n al matrimonio desemboca en la vida conyugal a trav茅s de la celebraci贸n del sacramento. Es cumbre del camino de preparaci贸n realizado por los novios y fuente y origen de la vida conyugal. Por tanto, la celebraci贸n no puede quedar reducida solamente a la ceremonia, fruto de culturas y condicionamientos sociol贸gicos. Mas bien, pueden introducir, en la celebraci贸n laudables costumbres propias de los varios pueblos y etnias (cfr. Sacrosanctum Concilium, 77; FC 67), a condici贸n de que expresen sobre todo la congregaci贸n de la asamblea eclesial como signo de la fe de la Iglesia, que reconoce en el sacramento la presencia del Se帽or Resucitado que incorpora a los esposos al Amor Trinitario.

61. Corresponde a los Obispos dar disposiciones concretas y velar por su puesta en pr谩ctica, por medio de las Comisiones lit煤rgicas diocesanas, a fin de que en la celebraci贸n del matrimonio se act煤e la indicaci贸n del art铆culo 32 de la Constituci贸n sobre la Liturgia, de modo que, incluso externamente, se manifieste la igualdad de los fieles, evitando toda apariencia de lujo. Fomentese de todos los modos posibles la participaci贸n activa de las personas presentes en la celebraci贸n nupcial. Ofr茅scanse toda clase de ayudas para que capten y gusten la riqueza del rito.

62. Recordando que donde hay dos o tres reunidos en nombre de Cristo (cfr. Mt 18, 20) est谩 presente El, el estilo sobrio de la celebraci贸n (estilo que debe mantenerse tambi茅n en los festejos) no s贸lo debe ser expresi贸n de la comunidad de fe, sino tambi茅n ha de ser motivo de alabanza al Se帽or. Celebrar la boda en el Se帽or y ante la Iglesia, significa afirmar que el don de la gracia hecho a los c贸nyuges por la presencia y amor de Cristo y de su Esp铆ritu, exige una coherente respuesta con una vida de culto en esp铆ritu y verdad, en la familia cristiana, 芦 iglesia dom茅stica 禄. Y justamente para que la celebraci贸n se entienda no s贸lo como acto legal sino tambi茅n como momento de la historia de la salvaci贸n para los c贸nyuges, y a trav茅s de su sacerdocio com煤n, para el bien de la Iglesia y la sociedad, ser谩 oportuno ayudar a todos los presentes a que participen activamente en dicha celebraci贸n.

63. Por tanto, el que presida se preocupar谩 de aprovechar las posibilidades que ofrece el mismo ritual, sobre todo en su segunda edici贸n t铆pica promulgada en 1991 por la Congregaci贸n para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, a fin de poner en evidencia el papel de ministros del sacramento del Matrimonio, que para los cristianos de Rito latino es propio de los esposos, y tambi茅n el valor sacramental de la celebraci贸n comunitaria. Con la f贸rmula del mutuo consentimento, los esposos podr谩n recordar siempre el aspecto personal, eclesial y social que de ella deriva para toda la vida, como entrega de uno a otro hasta la muerte.

El Rito oriental reserva al sacerdote celebrante el papel de ministro del matrimonio. En todo caso, seg煤n la ley de la Iglesia la presencia del sacerdote o del ministro delegado para ello, es necesaria para la validez de la uni贸n matrimonial; dicha presencia manifiesta claramente el significado p煤blico y social de la alianza esponsal para la Iglesia y la entera sociedad.

64. Teniendo en cuenta que ordinariamente el matrimonio se celebra durante la Misa (cfr. Sacrosanctum Concilium, 78; FC 57), cuando se trate de una boda entre parte cat贸lica y parte bautizada no cat贸lica, la celebraci贸n se desarrollar谩 siguiendo disposiciones lit煤rgico-can贸nicas especiales (cfr. OCM 79-117).

65. La celebraci贸n resultar谩 m谩s participada si se utilizan moniciones adecuadas que introduzcan en el significado de los textos lit煤rgicos y en el contenido de las oraciones. La sobriedad de dichas moniciones contribuir谩 al recogimiento y comprensi贸n de la importancia de la celebraci贸n (cfr. OCM 52, 59, 65, 87, 93, 99) y evitar谩 que la celebraci贸n se transforme en momento did谩ctico.

66. El celebrante que preside5 y pone de manifiesto ante la asamblea el significado eclesial del compromiso conyugal, procurar谩 introducir activamente a los novios y a sus familiares y testigos, en la comprensi贸n de la estructura del rito, sobre todo de las partes que lo caracterizan: palabra de Dios, consentimiento mutuo ratificado, bendici贸n de los signos que representan el matrimonio (anillos, etc.), bendici贸n solemne de los esposos, menci贸n de los esposos en el coraz贸n de la Oraci贸n Eucar铆stica. 芦 Las diversas liturgias son ricas en oraciones de bendici贸n y de ep铆clesis pidiendo a Dios su gracia y la bendici贸n sobre la nueva pareja, especialmente sobre la esposa 禄 (Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 1624). Adem谩s, convendr谩 explicar el gesto de la imposici贸n de las manos sobre los 芦 sujetos-ministros 禄 del sacramento. A todos los presentes se recuerde que deben de estar de pie, intercambiarse la paz y otras indicaciones determinadas por las autoridades competentes.

67. Para que el estilo de la celebraci贸n sea sobrio y digno al mismo tiempo, acompa帽ar谩n al presidente de la ceremonia ac贸litos y otras personas que animen y refuercen el canto de los fieles, gu铆en las respuestas y proclamen la Palabra de Dios. Procurando una atenci贸n particular y concreta hacia los novios y su situaci贸n en ese momento, y evitando toda acepci贸n de personas, el celebrante deber谩 茅l tambi茅n adecuarse a la verdad de los signos que utiliza la acci贸n lit煤rgica. De modo que al recibir y saludar a los novios, a sus padres si est谩n presentes, a los testigos y a los dem谩s asistentes, ser谩 int茅rprete vivo de la comunidad que acoge a los futuros esposos.

68. Lectores aptos y preparados proclamen la Palabra de Dios. Pueden elegirse tambi茅n de entre los presentes, especialmente testigos, familiares, amigos; no parece oportuno que la proclamen los mismos novios, ya que son ellos los primeros destinatarios de la Palabra de Dios proclamada. La selecci贸n de las lecturas puede hacerse de acuerdo con los novios en la fase de preparaci贸n inmediata. De este modo apreciar谩n m谩s la Palabra de Dios y la traducir谩n en la pr谩ctica.

69. Siempre ha de haber homil铆a y se centrar谩 en la presentaci贸n del 芦 misterio grande 禄 que se est谩 celebrando ante Dios, ante la Iglesia y ante la sociedad. 芦 San Pablo sintetiza el tema de la vida familiar con la expresi贸n: "gran misterio" 禄 (cfr. Ef 5, 32; Gratissimam Sane, 19). A partir de los textos de la Palabra de Dios proclamados yo de las oraciones lit煤rgicas, se iluminar谩 el sacramento y se indicar谩n sus consecuencias en la vida de los esposos y de las familias. Ev铆tense alusiones superfluas a la persona de los esposos.

70. Los mismos novios pueden llevar las ofrendas al altar, si la ceremonia se desarrolla con la celebraci贸n de la Misa. En todos los casos, la oraci贸n de los fieles bien preparada, no ha de ser prolija ni dispersa. Seg煤n la oportunidad pastoral, la Santa Comuni贸n podr谩 hacerse bajo las dos especies.

71. Cu铆dese que los particulares de la celebraci贸n matrimonial se caractericen por la sobriedad, sencillez y autenticidad. De ning煤n modo se alterar谩 el tono de la fiesta por el derroche excesivo.

72. La bendici贸n solemne de los esposos quiere recordar que en el sacramento del Matrimonio se invoca tambi茅n el don del Esp铆ritu, por cuyo medio se hacen m谩s constantes en la concordia rec铆proca y est谩n espiritualmente sostenidos en el cumplimiento de su misi贸n especialmente en las dificultades de su futura vida. En el marco de esta celebraci贸n, ser谩 muy conveniente proponer a los esposos cristianos el modelo de vida de la Sagrada Familia de Nazaret.

73. En lo referente a los per铆odos de preparaci贸n remota, pr贸xima e inmediata, ser谩 conveniente recoger las experiencias que se est谩n haciendo para conseguir un fuerte cambio de mentalidad y praxis sobre la celebraci贸n; en cambio, el cuidado de los agentes pastorales deber谩 proponerse seguir y hacer comprender cuanto ha sido fijado y establecido ya por el ritual lit煤rgico. Es obvio que dicha comprensi贸n depender谩 de todo el proceso de preparaci贸n y del nivel de madurez cristiana de la comunidad.

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Cualquiera se puede dar cuenta de que aqu铆 se presentan algunos elementos para una organica preparaci贸n de los fieles llamados al sacramento del Matrimonio. Es de desear que las parejas, sobre todo en los primeros cinco a帽os de vida conyugal, sean acompa帽adas con cursos post-matrimoniales que se tengan en las parroquias o en vicar铆as for谩neas, de acuerdo con la norma del Directorio de Pastoral de la Familia, mencionado m谩s arriba en los n煤meros 14 y 15, seg煤n la Exhortaci贸n Apost贸lica Familiaris Consortio, 66.

El Pontificio Consejo para la Familia conf铆a a las Conferencias Episcopales estas l铆neas-gu铆a para sus directorios propios.

El inter茅s de las Conferencias Episcopales y de cada Obispo las har谩n operativas en las comunidades eclesiales. As铆 cada fiel tendr谩 m谩s presente que el sacramento del Matrimonio, grande misterio (Ef 5, 21 ss.), es la vocaci贸n de la mayor铆a del Pueblo de Dios.

Alfonso Card. L贸pez Trujillo
Presidente del Pontificio Consejo
para la Familia

Excmo. Mons. Francisco Gil Hell铆n
Secretario

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