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S.S. Juan Pablo II, Mensaje de S.S. Juan Pablo II en la Vigilia de Oración de la X Jornada Mundial de la Juventud, dado en Manila, 14 de enero de 1995.
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Cristo os envía a proclamar su mensaje de paz

Mensaje de S.S. Juan Pablo II en la Vigilia de Oración de la X Jornada Mundial de la Juventud

I. EN EL MENSAJE DE LA CRUZ NO EXISTEN DIVISIONES, NI RIVALIDADES √ČTNICAS, NI DISCRIMINACIONES SOCIALES

Amados jóvenes de la X Jornada mundial de la juventud:

1. Veo que en vuestras preguntas se repite una vez m√°s la escena del evangelio en que un joven pregunta a Jes√ļs: ¬ęMaestro bueno, ¬Ņque he de hacer?¬Ľ (Mc 10,17). Lo primero que Jes√ļs observ√≥ fue la actitud que esa pregunta encerraba, la sinceridad de la b√ļsqueda. Jes√ļs entendi√≥ que el joven buscaba sinceramente la verdad sobre la vida y sobre su camino personal en la vida.

Esto es importante. La vida es un don que dura cierto periodo de tiempo, en el que cada uno de nosotros afronta un desafio que la misma vida trae consigo: el desafio de tener un objetivo, un destino, y de luchar por √©l. Lo contrario seria pasar la vida de modo superficial, ¬ęperder¬Ľ nuestra vida en la trivialidad; no descubrir nunca en nosotros mismos la capacidad del bien y de la solidaridad real y, por tanto, no descubrir nunca el camino que lleva a la felicidad verdadera. Hay demasiados j√≥venes que no entienden que son ellos mismos los primeros responsables de dar un sentido aut√©ntico a su vida. El misterio de la libertad humana est√° en el centro de la gran aventura de vivir bien la vida.

Un joven ha dirigido al Santo Padre la siente pregunta: ¬ęSanto Padre, ya han pasado 10 a√Īos desde que convocaste por primera vez a los j√≥venes del mundo; los primeros que acogieron tu invitaci√≥n fueron nuestros educadores que hoy ya han formado su familia. Has marcado su vida y la nuestra. En estos √ļltimos meses, mientras sufr√≠as en el hospital, a trav√©s de tus mensajes nos hemos dado cuenta de que tambi√©n pensabas en nosotros y en las Jornadas Mundiales. Quisi√©ramos hacerte algunas preguntas: ¬ŅQu√© so√Īabas para nosotros cuando pensaste en las Jornadas Mundiales de la Juventud? ¬ŅPor qu√© nos convocas en distintas partes dd mundo? ¬ŅHemos respondido a tus expectativas? ¬ŅQu√© nos falta por hacer?¬Ľ.

2. Es verdad que los jóvenes hoy encuentran dificultades que las generaciones anteriores sólo encontraron en parte y de modo limitado. La debilidad de un gran sector de la vida familiar, la falta de comunicación entre padres e hijos, el aislamiento y la influencia alienante de gran parte de los medios de comunicación social, pueden engendrar en los jóvenes confusión sobre las verdades y los valores que dan un auténtico sentido a la vida.

Falsos maestros‚ÄĒmuchos de los cuales pertenecen a una √©lite intelectual en el mundo de la ciencia, de la cultura y de los medios de comunicaci√≥n social‚ÄĒpresentan un anti-evangelio. Afirman que ya no hay ideales, contribuyendo as√≠ a la profunda crisis moral que afecta a la sociedad, una crisis que ha abierto el camino a la tolerancia e incluso a la exaltaci√≥n de formas de conducta que la conciencia moral y el sentido com√ļn antes rechazaban. Cuando les pregunt√°is: ¬Ņqu√© he de hacer?, su √ļnica certeza es que no existe una verdad definida, un camino seguro. Quieren que se√°is como ellos: dubitativos y c√≠nicos. De forma consciente o inconsciente defienden un enfoque de la vida que ha llevado a millones de j√≥venes a una triste soledad, en la que carecen de razones para esperar y son incapaces de sentir un amor verdadero.

3. Me pregunt√°is qu√© espero de los j√≥venes. En el libro Cruzando el umbral de la esperanza, he escrito que ¬ęel problema esencial de la juventud es profundamente personal (...). Los j√≥venes (...) saben que su vida tiene sentido en la medida en que se hace don gratuito para el pr√≥jimo¬Ľ (p. 132). Por eso, os pregunto a cada uno: ¬Ņsois capaces de entregaros a vosotros cinismos, de entregar vuestro tiempo, vuestras energ√≠as, vuestros talentos, por el bien de los dem√°s? ¬ŅSois capaces de amar? Si lo sois, la Iglesia y la sociedad pueden esperar grandes cosas de cada uno de vosotros.

La vocaci√≥n a amar, entendida como aut√©ntica apertura a nuestros hermanos los hombres y como solidaridad con ellos es la m√°s fundamental de todas las vocaciones. Es el origen de todas las vocaciones en la vida. Es lo que Jes√ļs buscaba en el joven cuando le

dijo: ¬ęGuarda los mandamientos¬Ľ (cf. Mc 10,19). En otras palabras: ¬ęSirve a Dios y a tu pr√≥jimo de acuerdo con todas las exigencias de un coraz√≥n fiel y recto¬Ľ. Y cuando el joven asegur√≥ que ya estaba siguiendo ese camino, Jes√ļs lo invit√≥ a un amor a√ļn m√°s grande: ¬ęDeja todo y s√≠gueme: deja todo lo que se refiere s√≥lo a ti mismo y colabora conmigo en la inmensa misi√≥n de salvar el mundo¬Ľ (cf. v. 21). A lo largo del camino de la existencia de cada persona el Se√Īor siempre le ofrece algo.

¬ęComo el Padre me envi√≥, tambi√©n yo os env√≠o¬Ľ (Jn 20,21). Estas son las palabras que Jes√ļs dirigi√≥ a los Ap√≥stoles despu√©s de su resurrecci√≥n. Y esas mismas palabra son el tema de nuestra reflexi√≥n durante esta X Jornada Mundial de la Juventud. Hoy la Iglesia y el Papa os dirigen esas mismas palabras a vosotros, los j√≥venes de Filipinas, los j√≥venes de Asia y Ocean√≠a, los j√≥venes del mundo.

4. Dos mil a√Īos de cristianismo ponen de manifiesto que esas palabras han sido admirablemente eficaces. La peque√Īa comunidad de los primeros disc√≠pulos, como una peque√Īa semilla de mostaza, ha crecido hasta convertirse en un √°rbol inmenso (cf. MI 13,31-32). Este gran √°rbol, con sus diversas ramas, abraza todos los continentes, todos los pa√≠ses del mundo, la mayor parte de los cuales est√°n aqu√≠ representados por sus delegados. Amados j√≥venes filipinos: en ese √°rbol vuestro pa√≠s es una rama especialmente fuerte y sana, que se extiende hacia todo el vasto continente asi√°tico.

A la sombra de este árbol, a la sombra de sus ramas y de sus hojas, los pueblos del mundo pueden encontrar descanso. Pueden reunirse bajo su sombra acogedora para descubrir, como habéis hecho aquí durante la Jornada Mundial de la Juventud, la maravillosa verdad que está en el centro de nuestra fe: que el Verbo eterno, que es una sola cosa con el Padre, y por el cual todo ha sido creado, se hizo carne y nació de la Virgen María.

Y puso su morada entre nosotros.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

Y de su plenitud hemos recibido todos gracia por gracia (cf. prólogo del evangelio de san Juan).

Mediante la oraci√≥n y la meditaci√≥n, la vigilia de esta tarde quiere ayudaros a comprender m√°s claramente lo que significa para vuestra vida la extraordinaria ¬ębuena nueva¬Ľ de la salvaci√≥n por Jesucristo. La buena nueva es para todos. Por eso, la Jornada Mundial de la Juventud se celebra en lugares diversos.

5. El domingo de Ramos del a√Īo pasado, en la Plaza de San Pedro, en Roma, los j√≥venes cat√≥licos de Estados Unidos entregaron a los representantes de la Iglesia de Filipinas la cruz de la Jornada Mundial de la Juventud. La cruz peregrina pasa de un continente a otro, y los j√≥venes de todas partes se reunen para dar testimonio juntos de que Jesucristo es el mismo para todos, y que su mensaje es siempre el mismo. En √©l no existen divisiones, ni rivalidades √©tnicas, ni discriminaciones sociales.

Todos son hermanos y hermanas en la √ļnica familia de Dios.

Este es el comienzo de una respuesta a vuestra pregunta sobre lo que la Iglesia y el Papa esperan de los j√≥venes de la X Jornada Mundial de la Juventud. M√°s tarde proseguiremos nuestra meditaci√≥n sobre las palabras de Jes√ļs: ¬ęComo el Padre me envi√≥, tambi√©n yo os envio¬Ľ y sobre su significado para los j√≥venes del mundo.

II. LA RESURRECCI√ďN DE JESUCRISTO ES LA CLAVE PARA COMPRENDER LA HISTORIA DEL MUNDO Y DEL HOMBRE

6. Vuestras preguntase ahora se refieren a la persona y a la obra de Jesucristo, nuestro redentor. Percib√≠s el misterio de su persona que os lleva a conocerlo mejor. Veis que sus palabras han impulsado a sus disc√≠pulos para ir a predicar el Evangelio a todos los pueblos, poniendo en marcha as√≠ una misi√≥n que contin√ļa a√ļn hoy y que ha llevado la Iglesia a todos los rincones del mundo. Quer√©is estar seguros de que, si lo segu√≠s, no quedar√©is frustrados o defraudados.

Un joven hace estas preguntas: ¬ęT√ļ, Santo Padre, has hecho todos estos viajes por nosotros, para llevarnos a un encuentro con Cristo. Perm√≠tenos que ahora, ante d, le hagamos algunas preguntas al mismo Jes√ļs. Su vida nos atrae, su forma de vivir nos fascina, nos lo mlaginamOS joven, como nosotros, lleno de ganas de vivir y de amar a todos, lo conocemos tentado en d desierto, recogido en oraci√≥n, rodeado de sus amigos, anunciador de la Buena Noticia, en dificultad en Getsemant, solo ante la muerte, vencedor y glorioso en la resutrecci√≥n.

Pero, ¬Ņcu√°l es el secreto de tu vida, Jes√ļs? ¬ŅCu√°l es el secreto de tu libertad que te llev√≥ a dar la vida hasta la muerte? ¬ŅC√≥mo has vivido la presencia del Padre en tu existencia terrena?

En otras palabras, ¬Ņc√≥mo podemos explicar el efecto extraordinario de su vida y la eficacia de sus palabras? ¬ŅDe d√≥nde vienen su poder y su autoridad?

7. Una lectura atenta del evangelio de san Juan nos ayudar√° a encontrar una respuesta a nuestra pregunta.

Vemos como Jes√ļs, a pesar de que las puertas est√°n cerradas, entra en la habitaci√≥n donde los disc√≠pulos est√°n reunidos (cf. Jn 20,26). Les muestra sus manos y su costado. ¬ŅQu√© indican estas manos y este costado? Son los signos de la pasi√≥n y de la muerte del Redentor en la cruz. El viernes santo estas manos fueron traspasadas por los clavos, al levantar su cuerpo en la cruz, entre el cielo y la tierra. Y cuando la agon√≠a hab√≠a llegado a su fin, el centuri√≥n romano traspas√≥ tambi√©n su costado con la lanza, para asegurarse de que ya no viv√≠a (cf. Jn 19,34). Inmediatamente brotaron sangre y agua, como una prueba patente de su muerte. Jes√ļs hab√≠a muerto realmente. Muri√≥ y fue colocado en el sepulcro, como era costumbre enterrar entre los hebreos. Jos√© de Arimatea le cedi√≥ la tumba familiar que pose√≠a cerca del G√≥lgota. All√≠ yaci√≥ Jes√ļs hasta la ma√Īana de Pascua. Ese d√≠a, de ma√Īana, algunas mujeres vinieron de Jerusal√©n para ungir el cuerpo inerte. Pero encontraron que la tumba estaba vac√≠a. Jes√ļs hab√≠a resucitado.

Jes√ļs resucitado se apareci√≥ a los Ap√≥stoles en la sala donde estaban reunidos. Y, para probarles que era la misma persona que hab√≠an conocido siempre, les muestra sus heridas: sus manos y su costado. Son las huellas de su pasi√≥n y su muerte redentoras, la fuente de la fuerza que les transmite cuando les dice: ¬ęComo el Padre me env√≠o, tambi√©n yo os env√≠o... Recibid el Esp√≠ritu Santo¬Ľ (Jn 20,21-22).

¬ŅC√≥mo has acogido y realizado la misi√≥n que √©l te bable comentado? ¬ŅPor qu√© nos llamas a colaborar contigo para la salvaci√≥n del mundo? a.

8. La resurrecci√≥n de Jesucristo es la clave para comprender la historia del mundo, la historia de toda la creaci√≥n, y es la clave para comprender de manera especial la historia del hombre. El hombre, al igual que toda la creaci√≥n, est√° sometido a la ley de la muerte. Leemos en la carta a los Hebreos: ¬ęEst√° establecido que los hombres mueran¬Ľ (H6 9,27). Pero gracias a la obra de Jesucristo, esa ley qued√≥ sometida a otra ley: a la ley de la vida. Gracias a la resurrecci√≥n de Cristo, el hombre ya no existe solamente para la muerte, sino que existe para la vida que se ha de revelar en nosotros. Es la vida que Cristo ha tra√≠do al mundo (cf. Jn 1,4). De aqu√≠ la importancia del nacimiento de Jes√ļs en Bel√©n, que acabamos de celebrar en Navidad. Por este motivo, la Iglesia se prepara para el gran jubileo del a√Īo 2000. La vida humana que en Bel√©n fue revelada a los pastores y a los magos que fueron desde oriente en una noche estrellada, mostr√≥ su car√°cter indestructible el d√≠a de la Resurrecci√≥n. Existe un v√≠nculo profundo entre la noche de Bel√©n y el d√≠a de la Resurrecci√≥n.

9. La victoria de la vida sobre la muerte es lo que todo hombre desea. Todas las religiones, especialmente las grandes tradiciones religiosas que siguen la mayor parte de los pueblos de Asia, dan testimonio de cu√°n profundamente est√° inscrita en la conciencia religiosa del hombre' la verdad sobre nuestra inmortalidad. La b√ļsqueda humana de la vida despu√©s de la muerte encuentra cumplimiento definitivo en la resurrecci√≥n de Cristo; y porque Cristo resucitado es la demostraci√≥n de la respuesta de Dios a este profundo anhelo del espirito humano, la Iglesia profesa: ¬ęespero en la resurrecci√≥n de los muertos y en la vida del mundo futuro¬Ľ (Credo de los Ap√≥stoles). Cristo resucitado asegura a los hombres y a las mujeres de toda √©poca que est√°n llamados a una vida que traspasa el confi√≥ de la muerte.

La resurrecci√≥n del cuerpo es m√°s que la mera inmortalidad del alma. Toda la persona, cuerpo y alma, est√° destinada a la vida eterna. Y la vida eterna es la vida en Dios. No la vida en el mundo que, como dice san Pablo, est√° ¬ęsometida a la vanidad¬Ľ (Rm 8,20) Por ser una criatura en el mundo, el hombre est√° sujeto a la muerte, exactamente como cualquier otra criatura. La inmortalidad

de toda la persona puede venir sólo como un don de Dios. Y, de hecho, es una participación en la eternidad de Dios mismo.

10. ¬ŅC√≥mo recibimos esta ¬ęvida en Dios¬Ľ? Por el Esp√≠ritu Santo. S√≥lo el Esp√≠ritu Santo puede dar esta nueva vida, como profesamos en el Credo: ¬ęCreo en el Esp√≠ritu Santo, Se√Īor y dador de vida¬Ľ. Por √©l nos convertimos, a imagen de su Hijo unig√©nito, en hijos adoptivos del Padre.

Cuando Jes√ļs dice: ¬ęRecibid el Esp√≠ritu Santo¬Ľ, quiere decir: recibid de m√≠ esta vida divina, la divina adopci√≥n que he tra√≠do al mundo y que he introducido en la historia humana. Yo mismo, el Hijo eterno de Dios, por obra del Esp√≠ritu Santo, me he convertido en Hijo del hombre, nacido de la Virgen Mar√≠a. Vosotros, por obra del mismo Esp√≠ritu, deb√©is llegar a ser en m√≠ y por m√≠‚ÄĒhijos e hijas adoptivos de Dios.

¬ęRecibid el Esp√≠ritu Santo¬Ľ significa: aceptad de m√≠ esta herencia de gracia y de verdad, que hace de vosotros un solo cuerpo espiritual y m√≠stico conmigo. Y tambi√©n: haceos part√≠cipes del reino de Dios, que el Esp√≠ritu Santo derrama en vuestro coraz√≥n como fruto de los sufrimientos y del sacrificio del Hijo de Dios, para que Dios sea todo en todos (cf. 1 Co 15,28).

11. Queridos j√≥venes, nuestra meditaci√≥n ha llegado al centra del misterio de Cristo redentor. Por su consagraci√≥n total al Padre, se ha convertido en canal de nuestra adopci√≥n como hijos e hijas amados del Padre. La nueva vida que existe en vosotros en virtud del bautismo es la fuente de vuestra esperanza y optimismo cristia nos. Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre. Cuando os dice ¬ęComo el Padre me envi√≥, tambi√©n yo os env√≠o¬Ľ, pod√©is estar se guras de que no os abandonar√°; estar√° siempre con vosotros.

III. EL EVANGELIO NO ES NI UNA TEORiA NI UNA IDEOLOG√ćA EL EVANGELIO ES VIDA VOSOTROS TEN√ČIS QUE DAR TESTIMONIO DE ESTA VIDA

Queridos jóvenes amigos:

12. La entronizaci√≥n de Nuestra Se√Īora de Antipolo nos invita a mirar a Mar√≠a para saber c√≥mo responder a la llamada de Jes√ļs. Ante todo, ella conservaba todas las cosas, y las meditaba en su coraz√≥n. Tambi√©n fue de inmediato a ayudar a su prima Isabel. Ambas actitudes son parte esencial de nuestra respuesta al Se√Īor. oraci√≥n y acci√≥n. Esto es lo que la Iglesia espera de vosotros, los j√≥venes. Esto es lo que he venido a pediros aqu√≠. Mar√≠a, Madre de la Iglesia y Madre nuestra, nos ayudar√° a escuchar a su Hijo divino.

13. ¬ęComo el Padre me envi√≥, tambi√©n yo os env√≠o¬Ľ. Estas palabras est√°n dirigidas a vosotros. La Iglesia las dirige a todos los j√≥venes del mundo, pero hoy de modo especial a los j√≥venes de Filipinas, a los j√≥venes de China, de Jap√≥n, de Corea y de Vietnam; a los j√≥venes de Laos y de Camboya; a los j√≥venes de Malaysia, Pap√ļa Nueva Guinea e Indonesia; a los j√≥venes de la India y de las islas del oc√©ano Indico; a los j√≥venes de Australia, de Nueva Zelanda y de las islas del vasto Pac√≠fico.

Hijos e hijas de esta parte del mundo, patria de la mayor parte de la familia humana, est√°is llamados a la misma misi√≥n y al mismo desaf√≠o al que Cristo y la Iglesia llaman a los j√≥venes de todos los continentes: a los j√≥venes de Oriente Medio, de Europa del este y del oeste; de Am√©rica del norte, del centro y del sur; de Africa. A cada uno de vosotros Cristo dice: ¬ęYo os env√≠o¬Ľ.

¬ŅPor qu√© os env√≠a? Porque los hombres y las mujeres de todo el mundo, del norte y del sur, del este y oeste, anhelan la aut√©ntica liberaci√≥n y realizaci√≥n. Los pobres claman justicia y solidaridad; los oprimidos exigen libertad y dignidad; los ciegos suplican luz y verdad (cf. Lc 4,18). Vosotros no hab√©is sido enviados a proclamar una verdad abstracta. El Evangelio no es ni una teor√≠a ni una ideolog√≠a. El Evangelio es vida. Vuestra tarea consiste en dar testimonio de esta vida: la vida de los hijos e hijas adoptivos de Dios. El hom

bre moderno, sea o no consciente de ello, tiene una urgente necesidad de esta vida, como hace dos mil a√Īos la humanidad ten√≠a necesidad de la venida de Cristo; como la gente siempre tendr√° necesidad de Jesucristo hasta el final de los tiempos.

14. ¬ŅPor qu√© tenemos necesidad de √©l? Porque Cristo revela la verdad sobre el hombre, sobre la vida y sobre el destino del hombre. El nos muestra nuestro lugar ante Dios, como criaturas y pecadores, como redimidos por su muerte y su resurrecci√≥n, como peregrinos hacia la casa del Padre. Nos ense√Īa el mandamiento fundamental del amor a Dios y del amor al pr√≥jimo. Insiste en el hecho que no puede existir justicia, hermandad, paz y solidaridad sin los diez mandamientos de la alianza, revelados a Mois√©s en el monte Sina√≠ y confirmados por el Se√Īor en el monte de las bienaventuranzas (cf. MI 5,3-12) y en su di√°logo con el joven (cf. Mt 19,16-22).

La verdad sobre el hombre‚ÄĒque el hombre moderno tiene tanta dificultad para comprender‚ÄĒes que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios mismo (cf. Gn 1,27), y precisamente en este hecho, dejando aparte cualquier otra consideraci√≥n, estriba la dignidad inalienable de cada ser humano, sin excepci√≥n, desde el momento de su concepci√≥n hasta su muerte natural. Pero lo que resulta a√ļn m√°s dif√≠cil de comprender para la cultura contempor√°nea es que esa dignidad, ya forjada en el acto creativo de Dios, ha sido elevada hasta una altura inconcebible en el misterio de la encarnaci√≥n del Hijo de Dios.

Este es el mensaje que debéis proclamar al mundo moderno: sobre todo a los más desvalidos, a los que carecen de casa, a los marginados, a los enfermos, a los abandonados, a los que sufren por culpa de los demás. A cada uno debéis decirle: mira a Jesucristo para comprender lo que realmente eres a los ojos de Dios.

15. Se está prestando cada vez más atención a la causa de la dignidad humana y los derechos humanos, y poco a poco éstos se van codificando e incluyendo en las legislaciones, tanto a nivel nacional como internacional. Esto nos alegra. Pero la efectiva y segura observancia del respeto a la dignidad humana y a los derechos humanos será imposible si las personas y las comunidades no superan

los intereses ego√≠stas, el miedo, el ansia y la sed de poder. Por eso el hombre necesita ser liberado del dominio del pecado por la vida de gracia: la gracia de nuestro Se√Īor y salvador Jesucristo.

Jes√ļs os dice: ¬ęOs env√≠o a vuestras familias, a vuestras parroquias, a vuestros movimientos y asociaciones, a vuestros pa√≠ses, a las antiguas culturas y a la civilizaci√≥n moderna, para que proclam√©is la dignidad de todo ser humano, como la he revelado yo, el Hijo del hombre¬Ľ. Si defend√©is la inalienable dignidad de todo ser humano, revelar√©is al mundo el aut√©ntico rostro de Jesucristo, que se identifica con todo hombre, con toda mujer y con todo ni√Īo, aunque sean pobres, d√©biles 0 minusv√°lidos.

16. ¬ŅC√≥mo os env√≠a Jes√ļs? No os promete ni espada, ni dinero, ni poder, ni nada de lo que los medios de comunicaci√≥n social hacen atractivo para la gente de hoy. Por el contrario, os da la gracia y la verdad. Os env√≠a con el poderoso mensaje de su misterio pascual, con la verdad de su cruz y su resurrecci√≥n. Esto es todo lo que os da, y todo lo que necesit√°is.

Esta gracia y esta verdad, a su vez, os infundir√°n valor. Seguir a Cristo siempre ha exigido valor.

Los Apóstoles, los mártires, enteras generaciones de misioneros, santos y confesores, conocidos y desconocidos en todas partes del mundo, han tenido la fuerza para permanecer firmes frente a la incomprensión y la adversidad. Eso es verdad también aquí, en Asia. Entre todos los pueblos de este continente, los cristianos han pagado el precio de su fidelidad, y ésta es la fuente segura de la confianza de la Iglesia.

17. Volvemos as√≠ a nuestra pregunta original: ¬Ņqu√© esperan la Iglesia y el Papa de los j√≥venes de la X Jornada Mundial de la Juventud? Que deis testimonio de Jesucristo. Y que aprend√°is a proclamar todo lo que el mensaje de Cristo contiene para la aut√©ntica liberaci√≥n y el verdadero progreso de la humanidad. Esto es lo que Cristo espera de vosotros. Esto es lo que la Iglesia pide a los j√≥venes de Filipinas, de Asia, del mundo. De este modo vuestras culturas descubrir√°n que habl√°√ļs un lenguaje que ya ha resonado de alguna manera en las antiguas tradiciones de Asia: el lenguaje de la aut√©ntica paz interior y de la plenitud de vida, ahora y para siempre.

Dado que Cristo os dice: ¬ęYo os env√≠o¬Ľ, os convert√≠s en signo de esperanza y objeto de nuestra confianza en elfuturo. De modo especial vosotros, j√≥venes. de la X Jornada Mundial de la Juventud, sois un signo, una epifan√≠a de Jesucristo, una manifestaci√≥n del reino de Dios.

18. Se√Īor Jesucristo, mediante esta X Jornada Mundial de la Juventud, infunde ¬ęnueva vida¬Ľ en el coraz√≥n de los j√≥venes reunidos aqu√≠, en el Luneta Park de Manila, en Filipinas.

San Juan escribe que la vida que das es ¬ęluz de los hombres¬Ľ (Jn 1,4). Ayuda a estos j√≥venes a llevar consigo la luz a todos los lugares de donde han venido. Que su luz brille para todos los pueblos (cf. MI 5,16): para sus familias, para sus culturas y sociedades, para sus sistemas econ√≥micos y pol√≠ticos, para todo el orden internacional.

Despu√©s de la Resurrecci√≥n, entrando en la habitaci√≥n donde los disc√≠pulos se hallaban reunidos, les dijiste: ¬ęLa paz con vosotros¬Ľ (Jn 20,21). Haz que estos j√≥venes sean portadores de tu paz. Ens√©√Īales el significado de lo que dijiste en el serm√≥n de la monta√Īa: ¬ęBienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos ser√°n llamados hijos de Dios¬Ľ (Mi 5,9).

Envíalos como el Padre te envió a ti: a liberar del miedo y del pecado a sus hermanos y hermanas; para la gloria de nuestro Padre celestial. Amén.

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