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S.S. Juan Pablo II, ¬ęHab√©is recibido un esp√≠ritu de hijos¬Ľ (Rm 8, 15)
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Habéis recibido un espíritu de hijos (Rm 8, 15)

Mensaje de S.S. Juan Pablo II con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud de 1991

Ciudad del Vaticano, 15 de agosto de 1990, Solemnidad de la Asunción de María Santísima

Muy queridos jóvenes:

1. Las Jornadas mundiales de la juventud marcan etapas muy importantes en la vida de la Iglesia que, en la perspectiva del a√Īo 2000, busca intensificar su compromiso evangelizador en el mundo contempor√°neo. Proponiendo cada a√Īo para vuestra meditaci√≥n algunas verdades esenciales de la ense√Īanza evang√©lica, las Jornadas quieren alimentar vuestra fe e imprimir nuevos impulsos a vuestro apostolado.

Como tema de la VI Jornada mundial de la juventud, he elegido las palabras de san Pablo: "Hab√©is recibido un esp√≠ritu de hijos" (Rm 8, 15). Son palabras que nos introducen en el misterio m√°s profundo de la vocaci√≥n cristiana: en efecto, seg√ļn el designio divino hemos sido llamados a ser hijos de Dios en Cristo, por medio del Esp√≠ritu Santo.

¬ŅC√≥mo no quedar asombrados ante esta perspectiva vertiginosa? ¬°El hombre -un ser creado y limitado, m√°s a√ļn, pecador- es destinado a ser hijo de Dios! ¬ŅC√≥mo no exclamar con san Juan: "Mirad c√≥mo nos am√≥ el Padre. Quiso que nos llam√°ramos hijos de Dios, y nosotros lo somos realmente" (1 Jn 3, 1). ¬ŅC√≥mo permanecer indiferentes ante este desaf√≠o del amor paternal de Dios que nos invita a una comuni√≥n de vida tan profunda e √≠ntima?

Celebrando la próxima Jornada mundial, dejad que este santo asombro os invada e inspire, en cada uno de vosotros, una adhesión cada vez más filial a Dios, nuestro Padre.

2. "Habéis recibido un espíritu de hijos..."

El Espíritu Santo, verdadero protagonista de nuestra filiación divina, nos ha regenerado a una vida nueva en las aguas del bautismo. Desde ese momento él "se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios" (Rm 8, 16).

¬ŅQu√© implica, en la vida del cristiano, ser hijo de Dios? San Pablo escribe: "Todos los que son guiados por el Esp√≠ritu de Dios son hijos de Dios" (Rm 8, 14). Ser hijos de Dios significa, pues, acoger al Esp√≠ritu Santo, dejarse guiar por √©l, estar abiertos a su acci√≥n en nuestra historia personal y en la historia del mundo.

A todos vosotros, j√≥venes, con ocasi√≥n de esta Jornada mundial de la Juventud, os digo: ¬°Recibid el Esp√≠ritu Santo y sed fuertes en la fe! "Porque no nos dio el Se√Īor a nosotros un esp√≠ritu de timidez, sino de fortaleza, de amor y de sobriedad" (2 Tm 1, 7).

"Habéis recibido un espíritu de hijos...". Los hijos de Dios, es decir, los hombres renacidos en el bautismo y fortalecidos en la confirmación, son los primeros constructores de una nueva civilización, la civilización de la verdad y del amor: son la luz del mundo y la sal de la tierra (cf. Mt 5, 13-16).

Pienso en los profundos cambios que se están verificando en el mundo. Ante numerosos pueblos se abren las puertas de la esperanza de una vida más digna y más humana. A este propósito, vuelvo a pensar en las palabras, verdaderamente proféticas, del concilio Vaticano II: "El Espíritu de Dios, que con admirable providencia guía el curso de los tiempos y renueva la faz de la tierra, no es ajeno a esta evolución" (Gaudium et spes, 26).

S√≠, el Esp√≠ritu de los hijos de Dios es fuerza propulsora de la historia de los pueblos. √Čl suscita en todo tiempo hombres nuevos que viven en la santidad, en la verdad y en la justicia. El mundo que, a las puertas del 2000, est√° buscando ansiosamente los caminos para una convivencia m√°s solidaria, tiene urgente necesidad de poder contar con personas que, gracias al Esp√≠ritu Santo, vivan como verdaderos hijos de Dios.

3. Y "la prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama ¡Abbá, Padre! De modo que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero por voluntad de Dios" (Ga 4, 6-7). San Pablo nos habla de la herencia de los hijos de Dios. Se trata de un don de vida eterna, y al mismo tiempo de un deber que tenemos que realizar ya hoy, de un proyecto de vida fascinante, sobre todo para vosotros, jóvenes, que en lo profundo de vuestros corazones lleváis la nostalgia de altos ideales.

La santidad es la esencial herencia de los hijos de Dios. Cristo dice: "Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial" (Mt 5, 48). La santidad consiste en cumplir la voluntad del Padre en cada circunstancia de la vida. Es el camino maestro que Jes√ļs mismo nos ha indicado: "No todo el que me diga: 'Se√Īor, Se√Īor', entrar√° en el reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial" (Mt 7, 21).

Lo que os dije en Santiago de Compostela, os lo repito también hoy: "¡Jóvenes, no tengáis miedo de ser santos!". ¡Volad a gran altura, consideraos entre aquellos que vuelven la mirada hacia metas dignas de los hijos de Dios! ¡Glorificad a Dios con vuestra vida!

4. La herencia de los hijos de Dios exige tambi√©n el amor fraterno a ejemplo de Jes√ļs, primog√©nito entre muchos hermanos (cf. Rm 8, 29): "Que os am√©is los unos a los otros, como yo os he amado" (Jn 15, 12). Invocando a Dios como "Padre" es imposible no reconocer en el pr√≥jimo -quienquiera que √©l fuere- un hermano que tiene derecho a nuestro amor. Aqu√≠ est√° el gran compromiso de los hijos de Dios: trabajar en la edificaci√≥n de una convivencia fraterna entre todos los pueblos.

¬ŅNo es esto lo que el mundo de hoy necesita? Se advierte fuertemente, en el interior de las naciones, un gran deseo de unidad que rompa toda barrera de indiferencia y de odio. Os corresponde en particular a vosotros, j√≥venes, la gran tarea de construir una sociedad m√°s justa y solidaria.

5. Prerrogativa de los hijos de Dios es, luego, la libertad: también esta es parte de su herencia. Aquí se toca un tema al cual vosotros, jóvenes, sois particularmente sensibles, ya que se trata de un don inmenso que el Creador ha puesto en nuestras manos. Pero es un don que se debe usar bien. ¡Cuántas formas falsas de libertad conducen a la esclavitud!

En la enc√≠clica Redemptor hominis he escrito a este prop√≥sito: "Jesucristo sale al encuentro del hombre de toda √©poca, tambi√©n de nuestra √©poca, con las mismas palabras: 'Conocer√©is la verdad, y la verdad os har√° libres' (Jn 8, 32). Estas palabras encierran una exigencia fundamental y al mismo tiempo una advertencia: la exigencia de una relaci√≥n honesta con respecto a la verdad, como condici√≥n de una aut√©ntica libertad; y la advertencia, adem√°s, de que se evite cualquier libertad aparente, cualquier libertad superficial y unilateral, cualquier libertad que no profundiza en toda la verdad sobre el hombre y sobre el mundo. Tambi√©n hoy, despu√©s de dos mil a√Īos, Cristo aparece a nosotros como Aquel que trae al hombre la libertad basada sobre la verdad..." (n. 12).

"Para ser libres nos libertó Cristo" (Ga 5, 1). La liberación traída por Cristo es una liberación del pecado, raíz de todas las esclavitudes humanas. Dice san Pablo: "Vosotros, que erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquel modelo de doctrina al que fuisteis entregados, y liberados del pecado, os habéis hecho esclavos de la justicia" (Rm 6, 17). La libertad es, pues, un don y, al mismo tiempo, un deber fundamental de todo cristiano: "Pues vosotros no habéis recibido un espíritu de esclavos..." (Rm8, 15), exhorta el Apóstol.

Es importante y necesaria la libertad exterior, garantizada por leyes civiles justas, y por esto con raz√≥n nos alegramos de que hoy aumente el n√ļmero de los pa√≠ses donde se respetan los derechos fundamentales de la persona humana, aunque a veces el precio de esta libertad haya sido muy alto, a costa de grandes sacrificios e incluso de sangre. Pero la libertad exterior -aun siendo tan preciosa- por s√≠ sola no basta. En sus ra√≠ces debe estar siempre la libertad interior, propia de los hijos de Dios que viven seg√ļn el Esp√≠ritu (cf. Ga 5, 16), guiados por una recta conciencia moral, capaces de escoger el bien verdadero. "Donde est√° el Esp√≠ritu del Se√Īor, all√≠ est√° la libertad" (2 Co 3, 17). Es este, queridos j√≥venes, el √ļnico camino para construir una humanidad madura y digna de este nombre.

Ved, pues, cuán grande y comprometedora es la herencia de los hijos de Dios, a la cual sois llamados. Acogedla con gratitud y responsabilidad. ¡No la malgastéis! Tened el coraje de vivirla cada día de modo coherente y anunciadla a los demás. Así el mundo llegará a ser, cada vez más, la gran familia de los hijos de Dios.

6. En el centro de la Jornada mundial de la juventud de 1991 se tendrá un nuevo encuentro mundial de jóvenes.

Esta vez, como conclusión de los encuentros y de las celebraciones acostumbradas en las diócesis, nos volveremos a encontrar para rezar juntos en el santuario de la Virgen Negra de Czestochowa, en Polonia, en mi patria. Recordando la experiencia de la peregrinación a Santiago de Compostela (1989), muchos de vosotros acudiréis con alegría a este encuentro en la solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, el 14 y 15 de agosto de 1991. Llevaremos con nosotros, en nuestros corazones y en nuestras plegarias, a los jóvenes de todo el mundo.

Encaminaos, pues, desde ahora, hacia la casa de la Madre de Cristo y Madre nuestra, para meditar, bajo su mirada amorosa, sobre el tema de la VI Jornada: "Habéis recibido un espíritu de hijos...".

¬ŅD√≥nde se puede aprender mejor qu√© cosa significa ser hijos de Dios sino a los pies de la Madre de Dios? Mar√≠a es la mejor Maestra. A ella ha sido confiado un papel fundamental en la historia de la salvaci√≥n: "Al llegar la plenitud de los tiempos, envi√≥ Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibi√©ramos la filiaci√≥n adoptiva" (Ga 4, 4).

¬ŅD√≥nde, sino en su coraz√≥n maternal, se puede guardar mejor la herencia de los hijos de Dios prometida por el Padre? Llevamos este don en vasijas de barro. Nuestra peregrinaci√≥n ser√°, pues, para cada uno de nosotros, un gran acto de entrega confiada a Mar√≠a. Iremos a un santuario que, para el pueblo polaco, tiene un significado muy particular, como lugar de evangelizaci√≥n y de conversi√≥n, hacia el cual confluyen miles de peregrinos provenientes de todas las partes del pa√≠s y del mundo. Desde hace m√°s de 600 a√Īos, en el monasterio de Jasna G√≥ra en Czestochowa, Mar√≠a es venerada en su icono milagroso de la Virgen Negra. En los momentos m√°s dif√≠ciles de su historia, el pueblo polaco ha encontrado all√≠, en la casa de la Madre, la fuerza de la fe y la esperanza, la propia dignidad y la herencia de los hijos de Dios.

Para todos, jóvenes del Este y del Oeste, del Norte y del Sur, la peregrinación a Czestochowa será un testimonio de fe ante el mundo entero. Será una peregrinación de libertad a través de las fronteras de las naciones que se abren cada vez más a Cristo, Redentor del hombre.

7. Con este mensaje quiero iniciar el camino de preparación espiritual ya sea a la VI Jornada mundial de la juventud, ya sea a la peregrinación a Czestochowa. Estas reflexiones quieren servir para iniciar este camino que es, sobre todo, de fe, de conversión y de vuelta a lo esencial en nuestra vida.

A vosotros, jóvenes de los países del Este europeo, dirijo una palabra de especial aliento. No faltéis a esta cita que se prevé, desde ahora, como un encuentro memorable entre las jóvenes Iglesias del Este y del Oeste. Vuestra presencia en Czestochowa constituirá un testimonio de fe de enorme significado.

Y vosotros, queridísimos jóvenes de mi amada Polonia, estáis llamados esta vez a dar hospitalidad a vuestros amigos que llegarán de todas las partes del mundo. Para vosotros y para la Iglesia de Polonia, este encuentro, al cual yo también acudiré, constituirá un don espiritual extraordinario en este momento histórico que estáis viviendo, tan lleno de esperanzas para el futuro.

Espiritualmente arrodillado ante la imagen de la Virgen Negra de Czestochowa, confío a su amorosa protección el entero desarrollo de la VI Jornada mundial de la juventud.

A vosotros, queridos jóvenes, envío mi cordial y paternal bendición.

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