S.S. Juan Pablo II, Homilía de S.S. Juan Pablo II en la Soleminidad del Domingo de Ramos, pronunciada el 28 de marzo de 1999

Muchos jóvenes os miran como modelos de vida

Mensaje de S.S. Juan Pablo II a los jugadores del equipo italiano de fútbol «Juventus»

23 de marzo de 1991

El Santo Padre recibió, la mañana del sábado 23 de marzo de 1991, en la sala del Consistorio, a los dirigentes, jugadores y técnicos del equipo de fútbol «Juventus», de Turín (Italia), y les dirigió el siguiente saludo:

Queridos amigos de la sociedad de fútbol «Juventus»:

Os agradezco de todo corazón esta grata visita. Saludo a cada uno de vosotros, dirigentes, atletas, técnicos y acompañantes, y os doy mi más cordial bienvenida.

Gracias a la afirmada práctica agonística de vuestra sociedad, estáis en contacto permanente con mucha gente que os admira y os apoya. Este hecho os ofrece innumerables ocasiones de encontraros con jóvenes y adultos, y de entretener en los estadios a un público deportivo muy variado, que se divierte y se apasiona.

Son personas que siguen vuestras prestaciones con sentimientos de simpatía, a las que podéis transmitir, a través del deporte, un mensaje de fraternidad y lealtad, de sana competencia y solidaridad.

¡Cuántos, sobre todo entre los jóvenes, os miran como modelos de vida!

Estáis a menudo en el centro de la atención de la opinión pública; por eso, cada gesto, cada palabra pueden tener mucha resonancia. No olvidéis las responsabilidades que derivan de vuestra actividad. Conscientes de ello, haced que siempre se puedan apreciar en vosotros esas dotes y virtudes morales que permiten que un atleta sea no sólo un campeón en el deporte, sino también un modelo de humanidad. Que vuestro comportamiento personal aliente y estimule hacia el bien.

No sólo como individuos, sino también como equipo, estáis llamados a ofrecer un ejemplo de cohesión concreta y de entendimiento constructivo. El éxito, como es sabido, no es sólo el resultado de condiciones y prestaciones físicas individuales, sino también de un entrenamiento largo y metódico, afrontado junto con los compañeros de juego; es el fruto de múltiples cualidades del espíritu, entre las que figuran el control de sí mismo, la solidaridad, la colaboración, la humildad, la perseverancia y el respeto a los demás.

Todos estos valores se consiguen mediante la fuerza de la voluntad, el amor al sacrificio y el paciente trabajo interior.

Haced que la actividad deportiva se convierta en un servicio auténtico al crecimiento de la comunidad. Transmitid la alegría de la diversión sana y de la seriedad del trabajo desplegado con conciencia profesional. Comunicad el placer natural de la distensión, el esfuerzo por respetar con lealtad las posiciones de los demás y la búsqueda de la solidaridad recíproca. Irradiad estos valores mediante vuestra conducta diaria en la familia, en el deporte y en todas las iniciativas que emprendáis. Esto exalta vuestro esfuerzo y os hace artífices del progreso humano.

Las manifestaciones de violencia que se registran en los campos de juego, así como los episodios negativos que turban la práctica deportiva, son amplificados a veces desmesuradamente por los medios de comunicación. Existe un nexo indudable entre el deporte y los medios de comunicación social. Formulo votos para que, en la medida de vuestras posibilidades, contribuyáis siempre a que la actividad deportiva sea vehículo de una cultura que humanice y, gracias al compromiso personal de todos, se transforme cada vez más en motivo de cohesión entre los deportistas y la sociedad entera.

La proximidad de las fiestas pascuales me ofrece la ocasión de felicitar a cada uno de vosotros y a vuestras familias.

La Pascua, que recuerda la muerte y la resurrección de Cristo, invita al creyente a pasar de la muerte del pecado a la vida de la gracia, de la tristeza al gozo y del egoísmo al amor.

Imploro al Señor que os conceda también a vosotros los preciosos dones pascuales. Así seréis testigos de la vida nueva, y vuestra apasionante actividad deportiva se beneficiará de ellos.

Con estos sentimientos, os imparto mi bendición a vosotros, a vuestras familias y a todos vuestros seres queridos.

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