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S.S. Juan Pablo II, Id a todo el mundo: tenéis un gran tesoro que ofrecer
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Id a todo el mundo: tenéis un gran tesoro que ofrecer

Mensaje de S.S. Juan Pablo II durante el Via Crucis en la VIII Jornada Mundial de la Juventud

Denver, 13 de agosto de 1993

¬ęId por todo el mundo¬Ľ (Mc 16,15).

1. Las √ļltimas palabras de Cristo a sus Ap√≥stoles en el evangelio de san Marcos son estas: ¬ęId por todo el mundo y proclamad la buena nueva a toda la creaci√≥n¬Ľ. √Čste es el mandato misionero. Con este mandato empez√≥ la gran expansi√≥n de la Iglesia desde el primer grupo de disc√≠pulos en Jerusal√©n hasta la gran familia cristiana cida por todo el mundo. La Iglesia vive en todo pueblo y naci√≥n, como lo muesura claramente vuesura presencia aqu√≠, j√≥venes representantes del Forum internacional de la juventud, que proced√©is de casi todos los pa√≠ses del mundo.

Cristo dirigi√≥ esas palabras de desaf√≠o a los Ap√≥stoles, a quienes ya hab√≠a dicho antes: ¬ęSeguidme¬Ľ (Mc 1,17). A cada uno, individualmente, de modo personal le hab√≠a dicho: S√≠gueme. Y entre la llamada inicial y el env√≠o final a todo el mundo, cada uno de esos disc√≠pulos vivi√≥ una experiencia, un proceso de crecimiento, que lo prepar√≥ intimamente para el gran desaf√≠o y la gran aventura que representaba para ellos el ser enviados por Cristo.

Cristo primero invita, luego se autorrevela m√°s profundamente y, por √ļltimo, env√≠a. A quienes desea enviar los invita a conocerle. Env√≠a a quienes han llegado a conocer el misterio de su persona y de su reino, pues deben proclamar el Evangelio con la fuerza de su testimonio. Y la fuerza de su testimonio depende del conocimiento y del amor de Jesucristo mismo. Todo ap√≥stol debe ser capaz de idenhficarse con lo que dice la primera carta de Juan: ¬ęLo que exist√≠a desde el principio, lo que hemos o√≠do, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida¬Ľ (1,1).

2. La misma experiencia del Evangelio penebra toda la Jornada mundial de la juventud. Los j√≥venes que se han reunido aqu√≠ de todo el mundo, y sobre todo vosobros que particip√°is en el Forum internacional de la juventud, est√°is empe√Īados en ese proceso: en un momento determinado Cristo entr√≥ en vuestra vida y os invit√≥ a adquirir una mayor conciencia de vuestra consagraci√≥n bautismal; con la gracia de Dios y la ayuda de una comunidad creyente crecisteis en la comprensi√≥n de vuestra identidad cristiana y de vuesuro papel en la Iglesia y la sociedad. Como cat√≥licos maduros, empezasteis a tomar parte achiva en el apostolado.

Denver es la suma de innumerables experiencias de ese hpo. En vuestras familias, parroquias, escuelas, asociaciones y movimientos cat√≥licos se plant√≥ la semilla de una fe aut√©ntica, que creci√≥ hasta que o√≠steis en vuestro coraz√≥n el eco de aquellas palabras originales: ¬ęVen y s√≠gueme¬Ľ (Lc 18,22). Cada uno de vosobros ha seguido un camino diferente, pero no hab√©is estado solos en este viaje. En cada etapa la Iglesia os ha acompa√Īado y alentado por medio de sus ministros, sus religiosos y muchos miembros activos del laicado. El camino os condujo finalmente al Forum internacional de la juventud. Y ahora, aqu√≠ en Denver, os encontr√°is frente al desafio de aceptar todas las consecuencias de las palabras del Se√Īor: ¬ęId por todo el mundo y prodamad la buena nueva a toda la creaci√≥n¬Ľ (Mc 16,15).

S√≠, Cristo, el Se√Īor, es el centro mismo de la Jornada mundial de la juventud, y contin√ļa invitando a muchos j√≥venes a unirse a √©l en la tarea sublime de difundir su reino. √Čl est√° aqu√≠ porque la Iglesia est√° aqu√≠. Est√° aqu√≠ en la Eucarist√≠a y mediante el ministerio de sus sacerdotes y sus obispos en uni√≥n con el Sucesor de Pedro. Cristo est√° aqu√≠ mediante la fe y el amor de tantos j√≥venes que se han preparado espiritualmente para este encuentro, han trabajado mucho y han hecho sacrificios para poder realizar esta peregrinaci√≥n de esperanza y compromiso.

3. En cierto sentido el Forum internacional de la juventud representa el n√ļcleo de la J√≥rnada mundial de la juventud. No s√≥lo est√°is orando y reflexionando sobre el tema de la vida en abundancia que Cristo vino a darnos (cf. Jn 10,10), sino que tambi√©n est√°is comparando experiencias de apostolado realizadas en diferentes partes del mundo, a fin de aprender unos de otros y ser confirmados en el liderazgo cristiano que est√°is llamados a ejercer entre vuestros coet√°neos. S√≥lo un gran amor a Cristo y a la Iglesia os sostendr√° en el apostolado que os espera cuando volv√°is a casa.

Como líderes en el campo del apostolado juvenil, vuestra labor consistirá en ayudar a vuestras parroquias, diócesis, asociaciones y movimientos a estar abiertos verdaderamente a las necesidades personales, sociales y espirituales de los jóvenes. Tendréis que hallar la manera de hacer participar a los jóvenes en proyectos y actividades de formación, espiritualidad y servicio, haciéndolos responsables de sí mismos y de sus obras, y preocupándoos por no aislarlos a ellos y su apostolado del resto de la comunidad eclesial. Los jóvenes necesitan poder ver la importancia práctica de sus esfuerzos para salir al paso de las necesidades reales del pueblo, especialmente de los pobres y marginados. Deberían poder ver también que su apostolado forma parte plenamente de la misión de la Iglesia en el mundo.

¬°No teng√°is miedo! Denver, como las anteriores Jornadas mundiales de la juventud, es un tiempo de gracia: una gran asamblea de j√≥venes, que hablan lenguas diferentes, pero todos unidos a la hora de proclamar el misterio de Cristo y de la vida nueva que √©l nos da Esto es especialmente evidente en las catequesis que est√°n imparti√©n dose estos d√≠as en diversas lenguas. En la oraci√≥n y el canto, muchas lenguas alaban a Dios. Todo esto hace de Denver un reflejo de lo que aconteci√≥ en Jerusal√©n durante Pentecost√©s (cf. Hch 2,1-4). Por encima de toda la variedad de los j√≥venes congregados aqu√≠ ‚ÄĒvariedad de origen, raza y lengua‚ÄĒ el Esp√≠ritu de verdad crear√° la unidad profunda y duradera del compromiso por la nueva evangelizaci√≥n, en la que la defensa de la vida humana, la promoci√≥n de los derechos humanos y la construcci√≥n de una civilizaci√≥n de amor son tareas urgentes.

4. Comprometerse en la nueva evangelizaci√≥n significa que estamos convencidos de que tenemos algo valioso que ofrecer a la familia humana en el alba del nuevo milenio. Todos los que hemos venido aqu√≠ ‚ÄĒlos j√≥venes y sus pastores, los obispos y el Papa‚ÄĒ debemos ser conscientes de que no basta ofrecer ¬ęuna sabidur√≠a meramente humana, casi como una ciencia del vivir bien¬Ľ (Redemptoris missio, 11). Debemos estar convencidos de qu√© tenemos ¬ęuna perla de gran valor¬Ľ (cf. MI 13,46), un gran ¬ętesoro¬Ľ (cf. Mi 13,44), que es fundamental para la existencia terrena y la salvaci√≥n eterna de todo miembro de la raza humana.

La llamada del profeta Isa√≠as, narrada en la primera lectura de esta misa, puede comenzar a revelarnos el misterio. Cuando Dios se da a conocer a un ser humano, la esencia de esa comunicaci√≥n es una revelaci√≥n de su propia santidad: ¬ęAl Rey, al Se√Īor de los ej√©rcitos, han visto mis ojos [...]. Santo santo, santo, el Se√Īor de los ej√©rcitos¬Ľ (Is 6,5.3). Y nuestra respuesta no puede ser m√°s que una apertura gozosa a esa gloria divina y la aceptaci√≥n de sus consecuencias para el significado y la finalidad de nuestra vida.

La experiencia inefable de la santidad de Dios sigue viviendo en la Iglesia. Cada d√≠a, en el mismo centro de la liturgia eucar√≠stica, repetimos las palabras ¬ęSanto, santo, santo es el Se√Īor, Dios del universo. Llenos est√°n el cielo y la tierra de tu gloria¬Ľ (cf. Is 6,3).

Este tesoro sigue viviendo en la Iglesia porque la santidad de Dios se revela en toda su plenitud en Jesucristo: ¬ęPues el mismo Dios que dijo: ‚ÄúDe las tinieblas brille la luz‚ÄĚ, ha hecho brillar la luz en nuestros corazones, para irradiar el conocimiento de la gloria de Dios que est√° en la fez de Cristo¬Ľ (2Cor 4,6).

La santidad de Dios resplandece en Cristo, el Emmanuel, Dios con nosotros. Mirad, ¬ęla Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo √ļnico¬Ľ (Jn 1,14). Y nosotros lo hemos visto, lo hemos o√≠do y lo hemos tocado: junto al lago de Galilea, en la monta√Īa de las bienaventuranzas, en el monte Tabor, en el G√≥lgota, a lo largo del camino de Ema√ļs, en la Eucarist√≠a, en la oraci√≥n, en la experiencia tangible de toda vocaci√≥n, especialmente cuando el Se√Īor llama a algunas personas a seguirlo m√°s √≠ntimamente por el camino de la consagraci√≥n religiosa o del ministerio sacerdotal. Sabemos que Cristo no abandona nunca a su Iglesia. En una √°poca como √©sta, en que muchos est√°n confundidos acerca de las verdades y los valores fundamentales sobre los que deben construir su vida y buscar la salvaci√≥n eterna; en que muchos cat√≥licos corren peligro de perder su fe, la perla de gran valor; en que no hay bastantes sacerdotes, religiosas y religiosos para apoyar y guiar, y tampoco bastantes religiosos de vida contemplativa para presentar a la gente el sentido de la supremacia absoluta de Dios, debemos estar convencidos de que Cristo llama a la puerta de muchos corazones y busca j√≥venes como vosotros para enviarlos a la vi√Īa, donde les espera una mies abundante.

5. ¬ęPero ‚ÄĒnosotros los seres humanos‚ÄĒ llevamos este tesoro en recipientes de barro¬Ľ (2Cor 4,7). Por esto, a menudo tenemos miedo de las exigencias del amor del Redentor. Podemos intentar tranquilizar nuestra conciencia d√°ndonos a nosotros mismos, pero de modo parcial y limitado, o de alg√ļn modo que nos agrade a nosotros, no siempre como el Se√Īor nos sugiere. Con todo, el hecho de que llevemos ese tesoro en recipientes de barro sirve para hacer patente que ¬ęuna fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros¬Ľ (2Cor 4, 7). Dondequiera que los j√≥venes permiten que la gracia de Dios act√ļe en ellos y produzca una vida nueva, la fuerza extraordinaria del amor divino se libera dentro de su vida y dentro de la vida de la comunidad. Esa fuerza transforma su actitud y su comportamiento, e impulsa inevitablemente a los dem√°s a seguir el mismo camino aventurado. Esa fuerza viene de Dios y no de nosotros.

El que os ha invitado a Denver y puede llamaros en cualquier etapa de vuestra peregrinaci√≥n por la vida, quiere que pose√°is el tesoro de conocerlo m√°s profundamente. Quiere ocupar el lugar central en vuestro coraz√≥n y, por ello, purifica vuestro amor y prueba vuestra valent√≠a. La conciencia de su presencia, escondida pero cierta act√ļa como una brasa que toca vuestros labios (cf. Is 6,7) y os hace capaces de repetir el ¬ęs√≠¬Ľ eterno del Hijo, como dice la carta a los Hebreos: ¬ęEntonces dije: "¬°He aqu√≠ que vengo ‚ÄĒpues de mi est√° escrito en el rollo del libro‚ÄĒ a hacer, oh Dios, tu voluntad!"¬Ľ (10,7). Ese ¬ęs√≠¬Ľ gui√≥ todos los pasos del Hijo del hombre: ¬ęJes√ļs pues, tomando la palabra, les decia: "En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace √©l, eso tambi√©n lo hace igualmente el Hijo"¬Ľ (Jn 5,19). Y Mar√≠a pronunci√≥ el mismo ¬ęs√≠¬Ľ al plan de Dios para su vida: ¬ęH√°gase en mi seg√ļn tu palabra¬Ľ (Lc 1,38).

6. Cristo pregunta a los j√≥venes de la Jornada mundial de la juventud: ¬ę¬ŅA qui√©n enviar√©?¬Ľ (Is 6,8). Y cada uno ha de responder con fervor: ¬ęHeme aqu√≠: env√≠ame¬Ľ (Is 6,8).

No os olvid√©is de las necesidades de vuestros paises. Escuchad el grito de los pobres y los oprimidos en los paises y los continentes de los que ven√≠s. Estad seguros de que el Evangelio es el √ļnico camino de liberaci√≥n y salvaci√≥n aut√©nticas para los pueblos del mundo: ¬ęTu salvaci√≥n, oh Se√Īor, es para todos los pueblos¬Ľ (Salmo responsorial, Sal 95).

Todos los que, en respuesta a la invitaci√≥n de Cristo, han venido a Denver para tomar parte en la Jornada mundial de la juventud, deben escuchar sus palabras: ¬ęId [...] y proclamad la buena nueva¬Ľ (Mc 16,15).

Oremos con fervor al Se√Īor de la mies, a fin de que los j√≥venes del mundo no duden en responder: ¬ę¬°Heme aqu√≠: env√≠ame!¬Ľ. ¬ę¬°Envianos!¬Ľ. Am√©n.

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