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S.S. Juan Pablo II, Seguid la cruz ¬ęperegrina¬Ľ, id en busca de Dios
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Seguid la cruz ¬ęperegrina¬Ľ, id en busca de Dios

Mensaje de S.S. Juan Pablo II con ocasión de la VIII Jornada Mundial de la Juventud

Denver, 11 de agosto de 1993

Queridos jóvenes, peregrinos por el sendero de la vida:

Queridos jóvenes, os saludo en nombre de Jesucristo. El es el camino, la verdad y la vida.

1. El Esp√≠ritu de Dios nos ha conducido a esta octava Jornada mundial de la juventud. Durante ocho ocasiones sucesivas los j√≥venes de todo el mundo han escuchado el llamamiento de la Iglesia y se han movilizado para estar juntos ‚ÄĒpara estar junto a sus obispos y al Papa, compa√Īeros de viaje por el sendero de la vida‚ÄĒ en busca de Cristo. Jesucristo es la vida verdadera que da esperanza y sentido a nuestra existencia humana, abre nuestra mente y nuestro coraz√≥n a la bondad y a la belleza del mundo que nos circunda, a la solidaridad y a la amistad con los seres humanos, hermanos nuestros, a la comuni√≥n √≠ntima con Dios, en un amor que supera todos los l√≠mites de tiempo y espacio, hasta llegar a la felicidad eterna e indestructible.

Esta Jornada mundial de la juventud nos ha conducido a Denver, un lugar estupendo en el centro de los Estados Unidos de América.

Como sab√©is, estamos en Denver, Colorado. Y sab√©is tambi√©n que a mi lado est√° el arzobispo de Denver, que es nuestro anfitri√≥n. Juntamente con √©l, os saludo a cada uno de vosotros: ¬ęUna muchedumbre inmensa, que nadie podr√≠a contar, de toda naci√≥n, razas, pueblos y lenguas¬Ľ (Ap 7,9). Saludo a vuestros obispos, a vuestros sacerdotes, a vuestros gu√≠as espirituales y a vuestras familias. Os doy las gracias por estar aqu√≠. Doy las gracias a todos: a mons. Stafford, arzobispo de Denver, y a sus colaboradores; a mons. Keeler, presidente de la Conferencia episcopal y a todos los obispos; a la Comisi√≥n episcopal para la organizaci√≥n de esta Jornada mundial de la juventud; al cardenal Pironio y al Consejo pontificio para los laicos; a las autoridades civiles; al pueblo de Denver y de Colorado, que amablemente nos hospedan; y a los voluntarios que se est√°n esforzando para que todo salga bien. A todos os agradezco vuestra gentileza, vuestra hospitalidad y vuestra buena voluntad.

La mayor parte de vosotros sois miembros de la Iglesia cat√≥lica; pero algunos pertenecen a otras Iglesias y comunidades cristianas. Saludo a cada uno con sincera amistad. A pesar de las divisiones entre los cristianos, todos los que han sido ¬ęjustificados en el bautismo por la fe, est√°n incorporados a Cristo [...] como hermanos en el Se√Īor¬Ľ (Unitatis redintegratio, 3). Todo encuentro entre los j√≥venes cat√≥licos y otros j√≥venes cristianos debe ser una ocasi√≥n para descubrir juntos a√ļn m√°s plenamente las riquezas del mensaje evang√©lico de la vida y del amor.

Saludo a todos los que habéis venido desde cada rincón de los Estados Unidos, de cada diócesis de este vasto país. Entre vosotros hay un grupo que deseo mencionar con estima particular: los pueblos nativos americanos. Gracias porque tracis a la Jornada mundial de la juventud la riqueza y el color de vuestra herencia peculiar. ¡Que Cristo sea verdaderamente el camino, la verdad y la vida de vuestros pueblos!

La mayor√≠a de vosotros proceden de los Estados Unidos. Muchos provienen de otros dos pa√≠ses de Am√©rica del Norte: de Canad√°, y un gran n√ļmero de M√©xico.

Algunos de vosotros vienen del Caribe: Bahamas, Cuba, Hait√≠, Islas V√≠rgenes, Puerto Rico y Rep√ļblica Dominicana.

Otros vienen de América Central, especialmente de Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá.

Otros vienen de todos los pa√≠ses de Am√©rica del Sur: Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Paraguay, Per√ļ, Uruguay y Venezuela.

Muchos vienen de los pa√≠ses de Africa: Angola, Argelia, Ben√≠n, Burundi, Cabo Verde, Camer√ļn, Egipto, Etiop√≠a, Gambia, Ghana, Kenya, Madagascar, Malawi, Mal√≠, Mauricio, Mozambique, Nigeria, Ruanda, Senegal, Sierra Leona, Suazilandia, Sud√°frica, Sud√°n, Tanzania, Uganda, Zaire, Zambia y Zimbabue.

De los países de Asia: Bangladesh, Corea, China, Filipinas, Hong Kong, India, Indonesia, Japón, Kazajstán, Macao, Malaysia, Myanmar, Pakistán, Singapur, Tailandia, Taiwán y Vietnam.

Hay también jóvenes procedentes de Oceanía y de las islas del Pacífico: Australia, Guam, Islas Salomón, Nueva Zelanda y Samoa Occidental.

Y del Oriente Medio: Israel, Jordania y Líbano.

Y de Europa: Albania, Alemania, Austria, B√©lgica, Bielorrusia, Bohemia (Rep√ļblica Checa), Bosnia-Herzegovina, Bulgaria, Croacia, Dinamarca, Eslovenia, Escocia, Espa√Īa, Finlandia, Francia, Gales, Grecia, Holanda, Hungr√≠a, Inglaterra, Irlanda, Italia, Liechtenstein, Lituania, Luxemburgo, Malta, Noruega, Polonia, Portugal, Rep√ļblica Eslovaca, Rumania, Rusia, Serbia-Montenegro, Suecia, Suiza y Ucrania.

Que Jesucristo, el Se√Īor de la historia y luz de las naciones, conceda la paz a cada uno de vosotros, del Este y del Oeste, del Norte y del Sur, y a todos los pueblos que represent√°is. Dios bendiga a los j√≥venes de la Jornada mundial de la juventud.

Junto con los j√≥venes, quiero saludar a mis hermanos obispos y sacerdotes que acompa√Īan a los diversos grupos de los diferentes pa√≠ses, y que tambi√©n se sienten j√≥venes y vienen aqu√≠ con los j√≥venes para rejuvenecerse, para sentirse j√≥venes, y esto se refiere tambi√©n al Papa.

2. En este momento, deseo saludar a algunos de los grupos presentes.

(espa√Īol) Con todo mi afecto saludo a los numerosos j√≥venes de lengua espa√Īola aqu√≠ presentes, procedentes de tantas ciudades de esta naci√≥n, as√≠ como de la mayor parte de los pa√≠ses de Am√©rica Latina y de Espa√Īa. Que esta Jornada, vinculada en la cercan√≠a a la celebraci√≥n del V Centenario de la llegada del Evangelio al nuevo mundo, sea una ocasi√≥n propicia para estrechar los lazos de fraternidad y esperanza entre los j√≥venes de las Am√©ricas y en todos los continentes, y para reavivar la conciencia de vuestra misi√≥n como creyentes: dar testimonio con valent√≠a de la vida nueva que Cristo nos ha dado para la salvaci√≥n del mundo.

(francés) Jóvenes de lengua francesa, espero que esta peregrinación realizada en la fe os afiance en vuestra decisión de ser de manera cada vez más ardiente, apóstoles del mundo de los jóvenes. Saludo a cuantos de vosotros vienen de Francia y Canadá, así como de otras naciones francófonas. Dirijo una palabra de aliento particularmente a los jóvenes originarios de Haití y oro por la paz y el desarrollo armonioso de su país.

(italiano) A los j√≥venes venidos de Italia: gracias por haber respondido en tan gran n√ļmero a la invitaci√≥n de venir a Denver. S√© que os hab√©is preparado espiritualmente de manera muy seria para esta peregrinaci√≥n, y espero que pod√°is recoger frutos abundantes para vuestra vida y testimonio cristiano.

(alem√°n) Os saludo de coraz√≥n a todos vosotros, queridos j√≥venes de lengua alemana, que hab√©is venido para dar testimonio de vuestra fe en Jesucristo, que nos da la vida en abundancia (cf. Jn 10, 10). Que estos d√≠as de oraci√≥n y reflexi√≥n, de encuentro y compa√Ī√≠a dichosa con los j√≥venes de todo el mundo, os reafirmen en vuestro servicio a la Iglesia y al mundo.

(portugués) Queridos amigos de Portugal, Brasil, Angola, Mozambique y Santo Tomé y Príncipe, Jesucristo es la esperanza del mundo. Ojalá que, durante estos días en Denver, descubráis cada vez más profundamente su amistad e intimidad.

(polaco) Saludo cordialmente a los jóvenes que vienen desde Polonia con sus pastores y a los jóvenes de origen polaco que viven en Norteamérica y en otros países.

Después de la inolvidable experiencia del encuentro mundial de la juventud celebrado en el santuario de Jasna Góra en Czestochowa en 1991, donde la juventud polaca acogió a los demás jóvenes, volvemos a encontrarnos hoy en Denver, en los Estados Unidos. Es la etapa sucesiva de la peregrinación de los jóvenes que siguen el itinerario de la nueva evangelización.

J√≥venes compatriotas, que el testimonio de la fe de miles de muchachos y muchachas venidos aqu√≠ desde todo el mundo os ayude a volver a descubrir que Cristo es la fuente de la vida. √Čl, crucificado y resucitado, es el camino, la verdad y la vida (cf. Jn 14, 8). Es el camino que conduce a la plenitud de la vida.

(ruso) Jóvenes de lengua rusa, estad siempre abiertos a la luz de Cristo, a fin de convertiros en sus testigos fieles.

(lituano) Jóvenes de Lituania: espero con impaciencia el momento de visitar vuestra patria en septiembre. ¡Que la vida y la luz de Cristo iluminen vuestros corazones y os den valentía!

(croata) Queridos jóvenes de Croacia, todos los que nos hallamos aquí reunidos para la Jornada mundial de la juventud estamos cerca de vosotros en la situación tan difícil de conflicto que está causando tanto sufrimiento en los Balcanes. Que Dios inspire a los líderes de la región y a la comunidad internacional para lograr una paz rápida y duradera, evitando así más víctimas y destrucciones.

(árabe) Que la paz de Cristo esté con todos los jóvenes presentes de lengua árabe.

(tagalo) Saludo cordialmente a todos los jóvenes de Filipinas y de origen filipino. Que Cristo sea siempre la luz de vuestra vida y os fortalezca en los desafíos que debéis afrontar como testigos para los demás jóvenes.

(suahili) Que Dios os bendiga a todos con la fe, la esperanza y el amor.

(coreano) Sed dignos herederos de san Andr√©s Kim y de sus compa√Īeros m√°rtires. Ellos amaron a Cristo hasta el fin. Tambi√©n vosotros sed sus disc√≠pulos fieles.

(vietnamita) Jóvenes vietnamitas, sed fuertes y valerosos en vuestra vida cristiana.

3. Hemos venido a Denver como peregrinos. Estamos continuando el viaje realizado por millones de jóvenes en las Jornadas mundiales precedentes: en Roma, Buenos Aires, Santiago de Compostela y Czestochowa.

Peregrinos en camino hacia una meta. En nuestro caso no buscamos venerar un lugar 0 un santuario. Nuestra peregrinaci√≥n se dirige a una ciudad moderna, a una meta simb√≥lica: la metr√≥poli es el lugar que determina el estilo de vida y la historia de una gran parte de la familia humana al final del siglo XX. Esta moderna ciudad de Denver est√° situada en el espl√©ndido tel√≥n de fondo de las Monta√Īas Rocosas, como queriendo poner la obra del hombre en relaci√≥n con la obra del Creador. Por tanto, estamos buscando el reflejo de Dios no s√≥lo en la belleza de la naturaleza, sino tambi√©n en las conquistas de la humanidad y en cada persona. En esta peregrinaci√≥n gu√≠an nuestros pasos las siguientes palabras de Jesucristo: ¬ęYo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia¬Ľ (Jn 10,10).

Mi objetivo en este primer encuentro con vosotros es invitaros a entrar en lo más íntimo de vuestro corazón y vivir los próximos días como un encuentro real con Jesucristo.

Naturalmente estamos aqu√≠ para escucharnos unos a otros: yo a vosotros y vosotros al Papa. Pero, sobre todo, estamos en Denver para escuchar la √ļnica palabra aut√©ntica de vida: la Palabra eterna que en el principio estaba con Dios; por medio de la cual todas las cosas fueron creadas y sin la cual no se hizo nada de cuanto existe (cf. Jn 1,2-3).

J√≥venes de Am√©rica y del mundo, ¬°escuchad lo que os dice Cristo, el Redentor! ¬ęA todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre¬Ľ (Jn 1,12). La Jornada mundial de la juventud os desafia a ser plenamente conscientes de lo que sois: hijos e hijas muy queridos de Dios.

4. Vuestra peregrinación por la ciudad de Denver os llevará a meditar sobre la promesa de vida en abundancia de Cristo, en las diferentes etapas a lo largo del camino.

En la iglesia de Santa Isabel la cruz del A√Īo Santo os recordar√° d√≥nde buscar la vida verdadera que Jes√ļs da. Jes√ļs dice: ¬ęEl que no tome su cruz y me sigua, no es digno de m√≠¬Ľ (Mt 10,38). Os dice eso no porque no os ame suficientemente, sino porque os est√° conduciendo al descubrimiento de la vida y el amor aut√©nticos. La vida que Jes√ļs da s√≥lo puede experimentarse mediante el amor que es entrega de s√≠, y ese amor siempre conlleva alguna forma de sacrificio: ¬ęSi el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda √©l solo; pero si muere, da mucho fruto¬Ľ (Jn 12,24). Eso es lo que la cruz nos ense√Īa.

En la iglesia del Espíritu Santo vuestra peregrinación os conducirá hacia Cristo presente en la sagrada Eucaristía. Orando ante el Santísimo Sacramento expuesto, podéis abrirle vuestro corazón, pero sobre todo debéis escuchar lo que él quiere deciros a cada uno de

vosotros. Las palabras preferidas de Cristo a los j√≥venes son las siguientes: ¬ęNo tem√°is¬Ľ (Mt 10,31) y ¬ęven, y s√≠gueme¬Ľ (Mt 19,21). ¬ŅQui√©n sabe lo que os pedir√° el Se√Īor a vosotros, j√≥venes de Am√©rica, j√≥venes hijos e hijas de Europa, de Africa, de Asia y de Ocean√≠a?

En la catedral de la Inmaculada Concepci√≥n vuestra peregrinaci√≥n os conducir√° ante el icono de Nuestra Se√Īora del Nuevo Adviento. Mar√≠a, la Madre del Redentor, fue la primera y la mejor disc√≠pula de su Hijo. Ella estar√° presente en cada etapa de nuestra peregrinaci√≥n. Es la mejor gu√≠a que podemos tener, porque nos conduce hacia Cristo dici√©ndonos: ¬ęHaced lo que √©l os diga¬Ľ (Jn 2,5).

5. Ma√Īana, viernes, ser√° un d√≠a dedicado a la solidaridad y a la penitencia. Como gesto de amor hacia nuestros hermanos y hermanas menos afortunados se nos pedir√° a todos que hagamos un sacrificio en la comida de ma√Īana y donemos lo que hemos ahorrado al hospital de San Jos√© de Kitovu, en Uganda, donde muchos enfermos de sida son atendidos con gran amor y solicitud. Esa regi√≥n ha sido dr√°sticamente afectada por esta terrible enfermedad y como consecuencia de ello miles de ni√Īos han quedado hu√©rfanos. Nuestro gesto es un peque√Īo signo de nuestro amor, una invitaci√≥n a la sociedad a no abandonar a cuantos sufren, sobre todo cuando ese sufrimiento, que Jes√ļs carga sobre s√≠ (cf. Mt 25,36), s√≥lo puede ser aliviado con la presencia asidua, personal y amorosa de los dem√°s.

¬°Jes√ļs os ha llamado a Denver a cada uno de vosotros con una finalidad! Deb√©is vivir estos d√≠as de manera que, cuando llegue el momento de regresar a casa, cada uno tenga una idea m√°s clara de lo que Cristo espera de vosotros. Cada uno debe tener la valent√≠a de ir a difundir la buena nueva entre la gente del √ļltimo tramo del siglo XX, en particular entre los j√≥venes de vuestra edad, que guiar√°n la Iglesia y la sociedad en el siglo pr√≥ximo.

Y a ustedes, j√≥venes latinoamericanos, ¬ŅQu√© les pide Cristo? Busca colaboradores en la nueva evangelizaci√≥n. Busca misioneros y misioneras de su Palabra en todos los pueblos de este continente de la esperanza. Busca constructores de una sociedad nueva, m√°s justa, m√°s fraterna, m√°s acogedora hacia los peque√Īos y necesitados. Cristo necesita a cada uno y a cada una de ustedes.

6. Se√Īor Jesucristo, manda tu Esp√≠ritu Santo a estos j√≥venes que han venido a encontrarte en el centro de la moderna metr√≥poli, sobre todo durante las catequesis de estos d√≠as.

Permanece con nosotros durante el gran encuentro de los peregrinos por el camino de la vida, cuando, en la vigilia de la solemnidad de la Asunci√≥n de Mar√≠a al cielo y en la misa de ese d√≠a, los j√≥venes de Estados Unidos, de Am√©rica y del mundo, proclamen y celebren su fe en ti, el √ļnico que tienes palabras que revelan la profundidad del misterio de la vida verdadera.

Oh Mar√≠a, Nuestra Se√Īora del nuevo Adviento, que guardabas todas estas cosas medit√°ndolas en tu coraz√≥n (cf. Lc 2,19), ense√Īa a estos j√≥venes a ser buenos oyentes de tu Hijo, la Palabra de vida. Ruega por ellos a fin de que no se interponga ning√ļn obst√°culo en el camino de su descubrimiento de la vida nueva que tu Hijo ha tra√≠do al mundo.

Virgen Hija de Sión, guía cada paso de nuestro peregrinar a lo largo del sendero que conduce a la vida.

Jóvenes de la octava Jornada mundial de la juventud, responded al desafío que Denver os presenta:

Seguid la cruz ¬ęperegrina¬Ľ: id en busca de Dios, porque pod√©is encontrarlo tambi√©n en el coraz√≥n de una ciudad moderna; reconocedlo en tantos j√≥venes llenos de esperanza y de ideales nobles; percibid el soplo del Esp√≠ritu Santo en medio de tantas razas y culturas diferentes, todos unidos al reconocer a Cristo como camino, verdad y vida de todo ser humano (cf. Angelus, 5 de abril de 1993).

Queridos j√≥venes amigos, en nombre de Jesucristo ¬°os saludo a todos juntos e individualmente; a todos los diversos grupos ling√ľ√≠sticos, y a todos juntos! Vosotros sois aqu√≠ la Iglesia universal, y pido a Jes√ļs que est√© con vosotros y bendiga a todos los j√≥venes de esta Jornada mundial, a cada uno de vosotros y a todos juntos. Mi discurso ha sido largo, demasiado largo, pero ya termino. Vivo con gozo la espera de nuestro pr√≥ximo encuentro.

¬°Hasta la vista!

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