S.S. Juan Pablo II, Llamada a la "participaci贸n": ser art铆fices de paz

Participar en la vida misma de Dios, de la Santisima Trinidad

8. 隆Cu谩nta riqueza de significado tiene para el cristiano esta palabra: participaci贸n! Y, sin embargo, cuanto he dicho hasta ahora no ha mostrado a煤n de lleno la participacion a la que nos llama el Evangelio. El "n煤cleo central del mensaje de Cristo, perspectiva de luminosidad incandescente en la que la raz贸n humana por s铆 sola no se atrever铆a ni siquiera a pensar, os es bien conocida: en Jesucristo, nosotros estamos llamados a participar en la vida misma de Dios, de la Sant铆sima Trinidad. Este es el don de la gracia. Y la gracia es real "participaci贸n en la naturaleza divina". Son las palabras de la segunda Carta de Pedro (1, 4). Y el Ap贸stol Juan nos dice: "Ahora los hijos de Dios, aunque a煤n no ha manifestado lo que hemos de ser sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a El, porque le veremos tal cual es". En esto consiste la sustancia misma del plan salv铆fico de Dios, nuestra meta es, por ello, una "asimilaci贸n" a Dios, en quien la capacidad de participaci贸n, que es propia de nuestra naturaleza, se trasciende y sublima hasta abrirse a los latidos mismos de la vida que es propia de Dios.

9. La Iglesia, que nos dirige hacia esta meta suprema, es el sacramento para tal participaci贸n. Todos los aspectos de su vida la oraci贸n, los sacramentos, la liturgia no tienen otra finalidad sino 茅sta: ayudar a los cristianos a encarnar en la propia vida la realidad de esta participaci贸n en el amor de Dios y de las exigencias que de ella se derivan.

Entre estas exigencias la primera y la m谩s fundamental es el que la vida divina es comuni贸n de amor. Si ella es el 谩pice y la plenitud de la "participaci贸n" a la que estamos llamados, es l贸gico que el mandamiento m谩s grande sea el del amor a Dios y al pr贸jimo. Debemos "participar" en la Divinidad y madurar en esta participaci贸n a medida de la eternidad, participando en la humanidad de nuestros hermanos: cercanos y lejanos. Este es tambi茅n el "meollo 茅tico" de nuestra vocaci贸n: cristiana y humana. El mandamiento del amor se inserta org谩nicamente en la vocaci贸n a la participaci贸n.

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