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S.S. Juan Pablo II, Somos una Iglesia en misi贸n
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Somos una Iglesia en misi贸n

Homil铆a de S.S. Juan Pablo II en la Vigilia de Pentecost茅s

1. 芦Abre las puertas a Cristo, tu Salvador禄: esta invitaci贸n, que ha resonado con fuerza durante los tres a帽os de preparaci贸n para el gran jubileo, ha caracterizado nuestra misi贸n ciudadana.

Demos gracias a Dios por este extraordinario acontecimiento que ha sido un acto de amor a la ciudad y a cada uno de sus habitantes. En efecto, la misi贸n ciudadana ha brindado a las comunidades cristianas un itinerario de intensa espiritualidad, alimentado por la oraci贸n y la escucha de la palabra de Dios. Adem谩s ha permitido incrementar la comuni贸n eclesial, que el S铆nodo romano hab铆a indicado como condici贸n indispensable para la nueva evangelizaci贸n.

Toda la comunidad diocesana, en sus diversos ministerios, vocaciones y carismas, ha dado de forma un谩nime su aportaci贸n de oraci贸n, anuncio, testimonio y servicio. Hemos experimentado juntos que formamos un 芦pueblo de Dios en misi贸n禄.

Siento el deber de dar las gracias a quienes han tomado parte de diferentes modos en esta importante iniciativa pastoral. Ante todo a usted, se帽or cardenal vicario, que ha guiado con celo la misi贸n, en estrecha colaboraci贸n con los obispos auxiliares, a quienes saludo cordialmente. Quisiera recordar tambi茅n a los dem谩s prelados que han prestado su valiosa colaboraci贸n y, entre ellos, a monse帽or Clemente Riva, que en paz descanse.

Pienso con gratitud en vosotros, queridos misioneros, sacerdotes religiosos religiosas y, sobre todo, laicos, que hab茅is sido los primeros beneficiarios de la gracia de la misi贸n. El generoso empe帽o con que os hab茅is preparado y hab茅is llevado el Evangelio a las casas y a los ambientes de la ciudad, ha abierto caminos nuevos de evangelizaci贸n y de presencia cristiana en el entramado diario de la vida de nuestra gente. El Esp铆ritu Santo os ha guiado paso a paso os ha inspirado las palabras adecuadas para anunciar a Cristo y os ha sostenido en los inevitables momentos de dificultad.

Demos gracias al Se帽or por cuanto ha hecho mostrando en todas las circunstancias los signos de su misericordia y de su amor. El gran jubileo, ya a las puertas, nos impulsa a proseguir este esfuerzo misionero con el mismo 铆mpetu, para consolidar y ampliar los resultados alcanzados por la misi贸n. De este modo, podremos mostrar a los numerosos peregrinos que vengan a Roma el pr贸ximo a帽o el rostro de nuestra Iglesia, acogedora y abierta, renovada en la fe y rica en obras de caridad.

2. Para que suceda esto, es necesario que la obra misionera, que ha comenzado tan felizmente, se consolide y desarrolle. Es preciso seguir sosteniendo a las personas y a las familias ya contactadas en sus casas y en los lugares de trabajo, y tambi茅n llegar a cuantos, por diversos motivos, no ha sido posible contactar durante estos a帽os.

Por tanto, la visita anual a las familias y los centros de escucha del Evangelio, que es preciso multiplicar, deben ser el alma de la pastoral de las parroquias gracias a la colaboraci贸n de las asociaciones eclesi谩sticas, los movimientos y los grupos. La celebraci贸n de la palabra de Dios tiene que marcar el camino de fe de las comunidades parroquiales, sobre todo en los tiempos fuertes del a帽o lit煤rgico. El signo de la caridad para con los pobres y los que sufren ha de acompa帽ar el anuncio del Se帽or, mostrando su presencia viva, con el testimonio diario del amor fraterno.

Es necesario afianzar la comuni贸n entre los cristianos que act煤an en los ambientes de trabajo y estudio, en los lugares de asistencia y entretenimiento, donde se ha propuesto de forma concreta el Evangelio. La semilla de la novedad evang茅lica, sembrada con la misi贸n, debe crecer y fructificar en todas partes, incluso donde a煤n no se han podido promover iniciativas misioneras espec铆ficas. Con esta finalidad, nuestro testimonio resulta m谩s urgente a煤n. En efecto, ninguna realidad es impenetrable para el Evangelio; m谩s a煤n, Cristo resucitado ya est谩 misteriosamente presente mediante su santo Esp铆ritu.

3. Una empresa apost贸lica tan vasta requiere una labor de formaci贸n y catequesis dirigida a todo el pueblo de Dios a fin de que tome mayor conciencia de su vocaci贸n misionera y est茅 preparado para dar raz贸n de su fe en Cristo siempre y por doquier.

A las parroquias, las comunidades religiosas, las asociaciones, los movimientos y los grupos corresponde impartir esa formaci贸n, preparando itinerarios de fe, de oraci贸n y de experiencia cristiana ricos en contenido teol贸gico, espiritual y cultural.

Vosotros, queridos sacerdotes, sois los primeros a quienes se conf铆a esta misi贸n: sed gu铆as sabios y maestros atentos de la fe en vuestras comunidades.

Vosotros queridos religiosos y religiosas, que tanto hab茅is contribuido a la misi贸n, seguid sosteni茅ndola con vuestra oraci贸n, con vuestra santidad de vida y con vuestros carismas propios, en los m煤ltiples campos apost贸licos en los que est谩is comprometidos.

Vosotros, queridos laicos, est谩is llamados a impulsar un gran movimiento misionero permanente en la ciudad y en todos sus ambientes. No dej茅is de dar vuestra aportaci贸n en las familias en el vasto y complejo mundo del trabajo y la cultura, en la escuela y la universidad en las instituciones de salud, en los medios de comunicaci贸n social y en las actividades del tiempo libre, para que el anuncio del Evangelio influya en toda la sociedad.

Y no podemos olvidar la contribuci贸n que los enfermos han dado a la misi贸n y que est谩n llamados a renovar, con la ofrenda de su sufrimiento as铆 como la de las monjas de clausura con su oraci贸n constante.

A todos y a cada uno agradezco su valiosa ayuda espiritual.

4. Repasando estos tres a帽os de la misi贸n ciudadana nos damos cuenta con facilidad de que la palabra de Dios se ha sembrado abundantemente. Para que esta semilla divina no quede infecunda, para que eche ra铆ces s贸lidas y d茅 frutos en la vida y en la pastoral diaria, ser谩 necesario favorecer una reflexi贸n espec铆fica que implicando a todos los componentes eclesiales, culmine en un congreso. Pienso en un gran encuentro que, con la base de la experiencia de la misi贸n ciudadana, servir谩 para trazar las l铆neas directrices de un compromiso constante de evangelizaci贸n y celo misionero.

Ser Iglesia en misi贸n es el gran desaf铆o de los pr贸ximos a帽os para Roma y para el mundo entero. Os doy esta consigna a vosotros queridos sacerdotes religiosos y religiosas, laicos y, de modo especial, a vosotros, movimientos y nuevas comunidades, recordando el encuentro de hace un a帽o, en la vigilia de Pentecost茅s, en esta misma plaza. Es necesario abrirse con docilidad a la acci贸n del Esp铆ritu, acogiendo con gratitud y obediencia los dones que no deja de derramar en beneficio de toda la Iglesia. Esta tarde Cristo os repite a cada uno: 芦Id por todo el mundo y proclamad la buena nueva a toda la creaci贸n禄 (Mc 16, 15).

Queridos hermanos, el evangelio que Cristo nos ha encomendado es el evangelio de la paz. No podemos tenerlo s贸lo para nosotros, sobre todo en este momento en que la violencia y la guerra est谩n sembrando destrucci贸n y muerte en la cercana regi贸n de los Balcanes. El Esp铆ritu nos impulsa a ser heraldos y constructores de paz, mediante la justicia y la reconciliaci贸n. Desde este punto de vista, quisiera que en la pr贸xima fiesta del Corpus Christi toda la Iglesia de Roma elevara una insistente invocaci贸n por la paz. Por eso, os invito a todos vosotros, sacerdotes, religiosos y fieles, a uniros a m铆 la tarde del jueves 3 de junio en San Juan de Letr谩n, para participar en la misa y en la procesi贸n del Corpus Christi, durante la cual imploraremos juntos el don de la paz en los Balcanes. Que el d铆a del sant铆simo Cuerpo y Sangre de Cristo se caracterice este a帽o por una intensa oraci贸n por la paz.

5. 芦隆Ven, Esp铆ritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor!禄.

隆Ven, Esp铆ritu Santo! La invocaci贸n que resuena en la liturgia de esta vigilia de Pentecost茅s, nos llena de alegr铆a y esperanza. Esp铆ritu Santo, art铆fice y alma de la misi贸n, suscita en la Iglesia de Roma muchos misioneros entre los j贸venes, los adultos y las familias, e infunde en cada uno el fuego inextinguible de tu amor.

Esp铆ritu, 芦luz de los corazones禄, se帽ala los caminos nuevos para la misi贸n ciudadana y universal en el tercer milenio, que est谩 a punto de comenzar.

芦Consolador perfecto禄, sost茅n a quien ha perdido la confianza confirma el entusiasmo de quien ha experimentado la alegr铆a de la evangelizaci贸n, fortalece en todos los fieles el deseo y la valent铆a de ser diariamente misioneros del Evangelio en su propio ambiente de vida y trabajo.

芦Dulce hu茅sped del alma禄, abre el coraz贸n de todas las personas, familias y comunidades religiosas y parroquiales, para que acojan con generosidad a los peregrinos pobres que participen en los acontecimientos del jubileo. En efecto 茅ste ser谩 uno de los frutos m谩s hermosos y fecundos de la misi贸n ciudadana: la actuaci贸n concreta de la caridad romana, fruto de la fe, que ha acompa帽ado siempre la celebraci贸n de los A帽os santos.

Mar铆a sant铆sima, que desde Pentecost茅s velas con la Iglesia invocando la venida del Esp铆ritu Santo, permanece en medio de nosotros en el centro de nuestro singular cen谩culo. A ti, a quien veneramos como Virgen del Amor divino te encomendamos los frutos de la misi贸n ciudadana para que, con tu intercesi贸n, la di贸cesis de Roma d茅 al mundo un testimonio convencido de Cristo nuestro Salvador.

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