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S.S. Juan Pablo II, El Hombre y Cristo
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El Hombre y Cristo

Mensaje Urbi et Orbi de S.S. Juan Pablo II con ocasión de la Navidad

La fiesta de la humanidad

1. Dirijo este mensaje a cada uno de los hombres; al hombre en su humanidad. Navidad es la fiesta del hombre. Nace el hombre. Uno de los millares de millones de hombres que han nacido, nacen y nacerán en la tierra. Un hombre, un elemento que entra en la composición de la gran estadística. No casualmente Jesús vino al mundo en el período del censo, cuando un emperador romano quería salmer con cuantos subditos contaba su país. El hombre, objeto de cáLculo, considerado bajo la categoría de la cantidad; uno entre millares de millones. Y al mismo tiempo, uno, unico, irrepetible. Si celebramos con tanta solemnidad el nacimiento de Jesús, lo hacemos para dar testimonio de que todo homlare es alguien, unico, irrepetible. Si es verdad que nuestras estadísticas humanas, las catalogaciones humanas, los humanos sistemas poríticos, económicos y sociales, las simples posibilidades humanas no son capaces de asegurar al hombre el que pueda nacer, existir y obrar como unico e irrepetible, todo eso se lo asegura Dios. Por El y ante El, el homl:re es unico e irrepetible; alguien eternamente ideado y eternamente elegido; alguien llamado y denominado por su propio nombre.

Lo mismo que el primer hombre, Adan; y lo mismo que el nuevo Adan, que nace de la Virgen María en la gruta de Belén: «a quien pondras por nombre Jesús» (Lc 1,31).

El Verbo se ha hecho carne

2. Este Mensaje va dirigido a cada uno de los hombres, precisamente en cuanto hombre, a su humanidad. Es, efectivamente, la humanidad la que queda elevada con el nacimiento de Dios en la tierra La humanidad, «la naturaleza» humana, queda asumida en la unidad de la Divina Persona del Hijo; en la unidad del Verbo Eterno, en el que Dios se expresa eternamente a Sí mismo; esta Divinidad, Dios la expresa en Dios: Dios verdadero en Dios verdadero: el Padre en el Hijo, y ambos en el Espiritu Santo.

En la solemnidad de este día nos elevamos también hacia el misterio inescrutable de este nacimiento divino.

Al mismo tiempo, el nacimiento de Jesús en Belén testimonia que Dios ha expresado esta Palabra eterna - su Hijo Unigénito - en el tiempo, en la historia. De esta «expresion» El ha hecho y sigue haciendo la estructura de la historia del hombre. El nacimiento del Verbo Encarnado es el comienzo de una nueva fuerza de la misma humanidad; la fuerza abierta a todo hombre, seguí palabras de San Juan: «Dioles poder de venir a ser hijos de Dios» (Jn 1,12). En nombre de este valor irrepetible de cada uno de los hombres, y en nombre de esta fuerza que trae a cada uno de los hombres el Hijo de Dios hecho hombre, dirijo este mensaje sobre todo al hombre:

A cada uno de los hombres; dondequiera que trabaje, cree, sufra, combata, peque, ame, odie, dude; dondequiera que viva y muera; me dirijo a él hoy con toda la verdad del nacimiento de Dios; con su mensaje.

Apremiante llamada a aceptar el misterio de Cristo y a hacer que la vida del hombre sea cada vez mas humana

3. El hombre vive, trabaja, crea, sufre, combate, ama, odia, duda, cae y se levanta en comunión con los demas.

Me dirijo, por lo tanto, a todas las varias comunidades. A los pueblos, a las naciones, a los regímenes, a los sistemas poríticos, económicos, sociales y culturales para decirles:

Aceptad la gran verdad acerca del hombre;

aceptad la verdad plena acerca del hombre, pronunciada en la noche de Navidad;

aceptad esta dimensión del hombre, que se ha manifestado a todos los hombres en esta noche santa;

aceptad el misterio en que vive cada uno de los hombres desde que Cristo ha nacido.

Respetad este misterio!

Permitid a este misterio que actue en cada uno de los hombres!

Permitidle desarrollarse en las condiciones externas de su ser terreno

Jesús, el Mesias, Principe de la Paz. En este misterio se halla la fuerza de la humanidad. La fuerza que irradia sobre todo lo que es humano. No hagais difícil esta irradiación. No la destroyáis. Todo lo que es humano, crece a partir de esta fuerza; sin ella se marchita; sin ella va a la ruina Por esto os doy las gracias a todos vosotros--familias, naciones, estados, organizaciones internacionales, sistemas políticos, economicos, sociales y culturales--por todo lo que haceis, a fin de que la vida de los hombres sea en sus diversos aspectos cada vez mas humana, es decir, cada vez mas digna del hombre Deseo de corazón y os suplico que no os canséis en este esfuerzo, en este empeño.

«Gloria a Dios en las alturas» (Lc 2,14)

4. Dios se ha hecho cercano. Esta en medio de nosotros. Es el Hombre. Ha nacido en Belén. Esta acostado en el pesebre, porque no había lugar para El en la posada (cf. Lc 2,7) ;Su nombre: Jesús!; Su misión: Cristo! Es mensajero del gran Consejo, «maravilloso Consejero»» (Is 9,6). Notros, en cambio, muchas veces somos indecisos, y nuestros consejos no dan los frutos deseados.

Es «Padre sempiterno» (Is 9,6), «Padre del siglo futuro, Prmcipe de la paz»; y a pesar de que nos separen de su cimiento dos mil años, El esta siempre delante de nosotros y nos precede siempre. Delatemos «correr tras El» y tratar de «aLcanzarlo»

¡Es nuestra Paz!

¡La Paz de los hombres!

La Paz para los hombres que El ama (cf. Lc 2,14).

¡Feliz Navidad a todos y a cada uno de los hombres!

5. Mi felicitación, llena de afecto cordial y de respeto sincero, va a vosotros, hermanas y hermanos, que estais presentes en esta plaza; a todos los que, a través de los medios de comunicacion social, teneis la posibilidad de sintonizar con esta breve ceremonia; a todos los que buscáis sinceramente la verdad; que tenéis hambre y sed de justicia; que anhelais la bondad y la alearía. A vosotros, padres y madres de familia; a vosotros, trabajadores y profesionales; a vosotros, Uóvenes; a vosotros, adolescentes; a vosotros, niños; a vosotros, polares, enfermos; a vosotros, ancianos; a vosotros, encarcelados; y a todos vosotros, los que no podéis pasar la Santa Navidad en familia, con vuestros seres queridos.

¡Feliz Navidad, en la paz y en el gozo de Cristo!

La hora de la bondad y de la alegría

Dios se ha complacido del hombre por Cristo. No se puede destruir al hombre; no esta permitido humillarlo; no esta permitido odiarlo!

¡Paz a los hombres de buena voluntad!

Dirijo a todos una invitación apremiante a orar juntos con el Papa por la paz, en especial hoy y dentro de ocho dias, cuando celebraremos en todo el mundo la «Jornada de la Paz».

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