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S.S. Juan Pablo II, La gran revelación del Amor
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La gran revelación del Amor

Homil√≠a de S.S. Juan Pablo II en el rezo de las V√≠speras del Sagrado Coraz√≥n de Jes√ļs durante su visita a Polonia

1. ¬ęMirad qu√© amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues lo somos!¬Ľ (1 Jn 3, 1).

Este encuentro nos introduce directamente en lo m√°s √≠ntimo del misterio del amor de Dios. En efecto, estamos participando en las V√≠speras en honor del Sagrado Coraz√≥n de Jes√ļs, que nos permiten vivir y experimentar el amor que Dios tiene al hombre. ¬ęPues tanto am√≥ Dios al mundo que dio a su Hijo √ļnico para que todo el que crea en √©l no perezca sino que tenga vida eterna¬Ľ (Jn 3, 16). Dios ama al mundo y lo amara hasta el final. El Coraz√≥n del Hijo de Dios, traspasado en la cruz y abierto, testimonia de modo profundo y definitivo el amor de Dios.

San Buenaventura escribe: ¬ęUno de los soldados lo hiri√≥ con una lanza y le abri√≥ el costado. Y fue permisi√≥n de la divina Providencia, a fin de que, brotando de la herida sangre y agua, se derramase el precio de nuestra salud¬Ľ (Liturgia de las Horas, oficio de lectura de la solemnidad del Sagrado Coraz√≥n de Jes√ļs, vol. III, p. 541).

Nos presentamos con el corazón conmovido y humildemente ante el gran misterio de Dios, que es amor. Hoy aquí, en Gliwice, queremos manifestarle nuestra alabanza y nuestra inmensa gratitud.

Con gran alegr√≠a vengo a visitaros, porque os quiero mucho. Todo el pueblo de Silesia me es muy querido. Como arzobispo metropolitano de Cracovia cada a√Īo iba en peregrinaci√≥n a la Virgen de Piekary y all√≠ nos reun√≠amos para orar en com√ļn. Apreciaba mucho cada invitaci√≥n. Siempre era para m√≠ una experiencia profunda. Sin embargo, en la di√≥cesis de Gliwice me encuentro por primera vez, ya que es una di√≥cesis joven, instituida hace pocos a√Īos. Por eso, recibid mi cordial saludo, que dirijo ante todo a vuestro obispo Jan Wieczorek y al obispo auxiliar Gerard Kusz. Saludo tambi√©n a los sacerdotes, a las familias religiosas, a todas las personas consagradas y al pueblo fiel de esta di√≥cesis.

Me alegra que en el itinerario de mi visita a la patria esté también Gliwice, una ciudad que visité muchas veces, y a la que me unen gratos recuerdos. Con gran gozo visito esta tierna de hombres avezados al trabajo duro: es la tierra del minero polaco, la tierra de las acererías, de las minas, de los hornos y de las fábricas, pero también es una tierra de rica tradición religiosa.

Mi pensamiento y mi corazón se dirigen hoy a vosotros aquí presentes, a todos los hombres de la alta Silesia y de toda Silesia. Os saludo a todos en el nombre de Dios, uno y trino.

2. ¬ęDios es amor¬Ľ (1 Jn 4, 16). Estas palabras de san Juan evangelista constituyen el lema que gu√≠a la peregrinaci√≥n del Papa a Polonia. En v√≠speras del gran jubileo del a√Īo 2000, es preciso transmitir nuevamente al mundo esta alegre e impresionante noticia sobre un Dios que ama. Dios es una realidad que supera nuestra capacidad de comprensi√≥n. Precisamente por ser Dios, nunca podremos entender con nuestra raz√≥n su infinitud; no podremos nunca encerrarla en nuestras estrechas dimensiones humanas. Es el quien nos juzga, quien nos gobierna, quien nos gu√≠a y nos comprende, aunque no nos demos cuenta. Pero este Dios, inalcanzable con su esencia, se acerc√≥ al hombre mediante su amor paterno. La verdad sobre Dios que es amor constituye casi una s√≠ntesis y a la vez el culmen de todo lo que Dios ha revelado de s√≠ mismo, de lo que nos ha dicho por medio de los profetas y por medio de Cristo sobre lo que √©l es.

Dios ha revelado este amor de muchas maneras. Primero, en el misterio de la creaci√≥n. La creaci√≥n es obra de la omnipotencia de Dios, guiada por su sabidur√≠a y su amor. ¬ęCon amor eterno te he amado: por eso he reservado gracia para ti¬Ľ (Jr 31, 3), dice Dios a Israel a trav√©s del profeta Jerem√≠as. Dios ama al mundo que ha creado y, dentro del mundo, ama sobre todo al hombre. Incluso cuando el hombre prevaric√≥ contra ese amor original, Dios no dej√≥ de amarlo y lo elev√≥ de su ca√≠da, pues es Padre, es amor.

Dios revelo del modo m√°s perfecto y definitivo su amor en Cristo, en su cruz y en su resurrecci√≥n. San Pablo dice: ¬ęDios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos am√≥, estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivific√≥ juntamente con Cristo¬Ľ (Ef 2, 4-5).

En mi mensaje de este a√Īo a los j√≥venes escrib√≠: ¬ęEl Padre os amar√°. Esta magn√≠fica noticia ha sido depositada en el coraz√≥n del hombre que cree, el cual, como el disc√≠pulo predilecto de Jes√ļs reclina su cabeza en el pecho del Maestro y escucha sus confidencias: ¬ęEl que me ame, ser√° amado de mi Padre; y yo lo amar√© y me manifestar√© a √©l¬Ľ (Jn 14, 21).

¬ęEl Padre os ama¬Ľ: estas palabras del Se√Īor Jes√ļs constituyen el centro mismo del Evangelio. Al mismo tiempo, nadie pone de relieve mejor que Cristo el hecho de que ese amor es exigente: ¬ęhaci√©ndose obediente hasta la muerte¬Ľ (Flp 2, 8), ense√Ī√≥ del modo m√°s perfecto que el amor espera una respuesta de parte del hombre. Exige la fidelidad a los mandamientos y a la vocaci√≥n que ha recibido de Dios.

3. ¬ęNosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos cre√≠do en √©l¬Ľ (1 Jn 4, 16).

Mediante la gracia, el hombre está llamado a la alianza con su Creador, a dar la respuesta de fe y amor que nadie puede dar en su lugar. Esa respuesta no ha faltado aquí, en Silesia. La habéis dado a lo largo de siglos enteros con vuestra vida cristiana. En la historia siempre habéis estado unidos a la Iglesia y a sus pastores. Os habéis mantenido fieles a la tradición religiosa de vuestros antepasados. En particular durante el largo período de la posguerra, hasta los cambios acaecidos en nuestro país en 1989, habéis vivido una época de gran prueba para vuestra fe. Habéis perseverado con fidelidad a Dios, resistiendo a la ateización, a la laicización de la nación y a la lucha contra la religión.

Recuerdo que miles de obreros de Silesia repet√≠an con firmeza, en el santuario de Piekary: ¬ęEl domingo es de Dios y nuestro¬Ľ. Siempre hab√©is sentido necesidad de la oraci√≥n y de los lugares donde puede realizarse mejor. Por eso, no os ha faltado la fuerza de esp√≠ritu y la generosidad para comprometeros en la construcci√≥n de nuevas iglesias y lugares de culto, que surgieron en gran numero en ese tiempo en las ciudades y en las aldeas de la alta Silesia.

Os interesabais por el bien de la familia. Por eso, reivindicabais los derechos debidos a ella, especialmente el de poder educar libremente a vuestros hijos y a los j√≥venes en la fe. A menudo os reun√≠ais en santuarios y en muchos otros lugares escogidos, para expresar vuestra adhesi√≥n a Dios y para dar testimonio de √©l. Tambi√©n me invitabais a m√≠ a esas celebraciones comunes en Silesia. De buen grado os anunciaba yo la palabra de Dios, porque ten√≠ais necesidad de aliento en el dif√≠cil per√≠odo de luchas por conservar la identidad cristiana, a fin de tener fuerza para obedecer ¬ęa Dios antes que a los hombres¬Ľ (Hch 5, 29).

Hoy, al contemplar el pasado, damos gracias a la Providencia por ese examen sobre la fidelidad a Dios y al Evangelio, a la Iglesia y a sus pastores. Tambi√©n era un examen sobre la responsabilidad con respecto a la naci√≥n, a la patria cristiana y a su patrimonio milenario que a pesar de todas las grandes pruebas no fue destruido ni cay√≥ en el olvido. As√≠ sucedi√≥ porque ¬ęhab√©is conocido el amor que Dios nos tiene, y hab√©is cre√≠do en √©l¬Ľ, y hab√©is querido responder siempre con amor a Dios.

4. ¬ęDichoso el hombre que no sigue el consejo de los imp√≠os (...) sino que se complace en la ley del Se√Īor, y medita su ley d√≠a y noche¬Ľ (Sal 1, 1-2).

Hemos escuchado estas palabras del salmista en la lectura breve de las V√≠speras. Permaneced fieles a la experiencia de las generaciones que han vivido en esta tierra con Dios en el coraz√≥n y con la oraci√≥n en los labios. Que en Silesia triunfe siempre la fe y la sana moralidad, el verdadero esp√≠ritu cristiano y el respeto a los mandamientos divinos. Conservad como el mayor tesoro lo que constitu√≠a la fuente de fuerza espiritual para vuestros padres. Ellos sab√≠an incluir a Dios en su vida y en √©l vencer todas las manifestaciones del mal. Un s√≠mbolo elocuente de eso es el saludo: ¬ęDios te sea propicio¬Ľ, que suelen decir los mineros. Conservad el coraz√≥n siempre abierto a los valores transmitidos por el Evangelio. Vividlos, pues son caracter√≠sticos de vuestra identidad.

Queridos hermanos y hermanas, quer√≠a deciros que conozco vuestras dificultades, los temores y sufrimientos que est√°is viviendo en la actualidad; los temores y sufrimientos que experimenta el mundo del trabajo en esta di√≥cesis y en toda Silesia. Soy consciente de los peligros que acompa√Īan a este estado de cosas, especialmente para muchas familias y para toda la vida social. Es necesario analizar atentamente las causas de esos peligros y buscar las posibles soluciones. Ya he hablado de ello, en Sosnowiee durante esta peregrinaci√≥n. Hoy me dirijo una vez m√°s a todos mis compatriotas. Construid el futuro de la naci√≥n sobre el amor a Dios y a los hombres, sobre el respeto de los mandamientos de Dios y la vida de Gracia pues es feliz el hombre, es feliz la naci√≥n que se complace en la ley del Se√Īor.

La certeza de que Dios nos ama deber√≠a impulsar al amor a los hombres, a todos los hombres sin excepci√≥n alguna y sin distinguir entre amigos y enemigos. El amor al hombre consiste en desear a cada uno el verdadero bien. Consiste tambi√©n en la solicitud por garantizar ese bien y rechazar toda forma de mal e injusticia. Es preciso buscar siempre y con perseverancia los caminos de un justo desarrollo para todos, a fin de ¬ęhacer m√°s humana la vida del hombre¬Ľ (cf. Gaudium et spes, 38). ojal√° que abunden en nuestro pa√≠s el amor y la justicia, produciendo cada d√≠a frutos en la vida de la sociedad. S√≥lo gracias a ellos esta tierra podr√° llegar a ser una casa feliz. Sin un amor grande y aut√©ntico no hay casa para el hombre. Aun logrando grandes √©xitos en el campo del progreso material, sin √©l estar√≠a condenado a una vida sin sentido.

¬ęEl hombre es la √ļnica criatura en la tierra a la que Dios ha amado por s√≠ misma¬Ľ (ib., 24). Ha sido llamado a participar en la vida de Dios; ha sido llamado a la plenitud de gracia y de verdad. La grandeza, el valor y la dignidad de su humanidad los encuentra precisamente en esa vocaci√≥n.

Dios, que es amor, sea la luz de vuestra vida hoy y en el futuro. Sea la luz para toda nuestra patria. Construid un porvenir digno del hombre y de su vocación.

Os encomiendo a todos vosotros, a vuestras familias y vuestros problemas a Mar√≠a sant√≠sima, venerada en muchos santuarios de esta di√≥cesis y en toda Silesia. Que ella nos ense√Īe el amor a Dios y al hombre, como lo practic√≥ en su vida.

A todos os deseo: ¬ęDios os sea propicio¬Ľ.

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