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S.S. Juan Pablo II, Dichosos los limpios de coraz贸n
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Dichosos los limpios de coraz贸n

Homil铆a de S.S. Juan Pablo II en la misa por la celebraci贸n del Inmaculado Coraz贸n de la Virgen Mar铆a

1. 芦Su madre le dijo: "Hijo, 驴por qu茅 nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te and谩bamos buscando"禄 (Lc 2, 48).

Hoy la liturgia de la Iglesia celebra la memoria del Inmaculado Coraz贸n de la sant铆sima Virgen Mar铆a. Contemplamos a Mar铆a que, sol铆cita y preocupada, busca a Jes煤s, perdido durante la peregrinaci贸n a Jerusal茅n. Mar铆a y Jos茅, como devotos israelitas, acud铆an cada a帽o a Jerusal茅n con ocasi贸n de la fiesta de Pascua. Cuando Jes煤s cumplid doce a帽os, los acampan贸 por primera vez. Precisamente entonces tuvo lugar el acontecimiento que meditamos en el quinto misterio gozoso del santo rosario: el ni帽o Jes煤s perdido y hallado en el templo. San Lucas lo describe de forma muy emotiva, gracias a las noticias recibidas, como es de suponer, de la Madre de Jes煤s: 芦Hijo, 驴por qu茅 nos has hecho esto? (...) Angustiados, te and谩bamos buscando禄. Mar铆a, que hab铆a llevado a Jes煤s junto a su coraz贸n y lo hab铆a protegido de Herodes huyendo a Egipto, confiesa humanamente su gran preocupaci贸n por su Hijo. Sabe que debe estar presente en su camino. Sabe que mediante el amor y el sacrificio colaborar谩 con el en la obra de la redenci贸n. As铆 entramos en el misterio del gran amor de Mar铆a a Jes煤s, del amor que abraza con su Coraz贸n inmaculado al Amor inefable, el Verbo del Padre eterno.

La Iglesia nos recuerda este misterio precisamente aqu铆, en Sandomierz, esta antiquisima ciudad donde, desde hace m谩s de mil anos, coinciden la historia de la Iglesia y la de la patria. Saludo a toda la Iglesia de Sandomierz, encabezada por su pastor, el obispo Waclaw Swierzawski, a los obispos auxiliares, a los sacerdotes y a las 贸rdenes religiosas, tanto masculinas como femeninas. Os saludo a todos, amados hermanos y hermanas, que particip谩is en este sant铆simo sacrificio. Saludo al obispo castrense del ej茅rcito polaco as铆 como a los soldados, a los suboficiales, a los oficiales y a los generales. Saludo a los representantes del Episcopado polaco, y a los obispos hu茅spedes de las autoridades estatales y locales aqu铆 presentes.

Saludo cordialmente a la antiqu铆sima Sandomierz, tan querida para m铆. Abrazo de coraz贸n a las dem谩s ciudades y centros industriales, particularmente a Stalowa Wola, ciudad s铆mbolo del gran trabajo, de la gran fe de los trabajadores, que con generosidad digna de admiraci贸n y con valent铆a construyeron su templo, a pesar de las dificultades y amenazas de las autoridades de entonces. Yo tuve la dicha de bendecir esa iglesia. 隆Cu谩ntas veces he visitado esta tierra de Sandomierz! A menudo pude encontrarme con la historia de vuestra ciudad y aprender aqu铆 la historia de la cultura nacional. En efecto, esta ciudad tiene una fuerza admirable, cuya fuente esta arraigada en la tradici贸n cristiana. Sandomierz es, en realidad, un gran libro de la fe de nuestros antepasados. Muchas de sus p谩ginas han sido escritas por santos y beatos. Quiero citar ante todo al patrono de la ciudad, el beato Vicente Kadlubek, que fue preboste de la catedral de Sandomierz y obispo de Cracovia, y, m谩s tarde, se hizo monje pobre de la orden cisterciense en Jedrzejow. Fue el primer polaco que escribi贸 la historia de la naci贸n, en la 芦Cr贸nica polaca禄.

En el siglo XIII esta tierra fue fecundada por la sangre de los beatos m谩rtires de Sandomierz, cl茅rigos y laicos, que en gran n煤mero murieron por la fe a manos de los t谩rtaros y, junto con ellos, el beato Sadok y 48 padres dominicos del convento anexo a la iglesia rom谩nica de Santiago. En los templos de Sandomierz anunciaron el Evangelio san Jacinto, el beato Czeslaw y san Andr茅s Bobola. Los padres dominicos promov铆an aqu铆 con fervor el culto a la Virgen. En el colegio 芦Gostomianum禄, los jesuitas instruyeron y formaron a la juventud. En la iglesia del Esp铆ritu Santo los religiosos espiritanos dirig铆an el hospital para los enfermos, la casa de acogida para los pobres y los asilos para ni帽os. Esta ciudad recuerda a Jan Dlugosz y santa Eduvigis, reina, de cuya muerte se celebra este a帽o el 600 aniversario.

Tambi茅n en tiempos recientes esta tierra ha dado frutos de santidad. orgullo de la Iglesia de Sandomierz son los laicos y los cl茅rigos que, con su vida, dieron testimonio del amor a Dios, a la patria y al hombre. Quiero recordar en particular al obispo siervo de Dios mons. Piotr Golebiowski, que guard贸 con mansedumbre y perseverancia el reba帽o que se le hab铆a confiado. Actualmente, como sabemos, est谩 en curso el proceso de beatificaci贸n de este pastor bueno de la di贸cesis de Sandomierz. Recuerdo tambi茅n al sacerdote siervo de Dios profesor Wincenty Granat, insigne te贸logo y rector de la universidad cat贸lica de Lublin, con quien me encontr茅 en muchas ocasiones. Asimismo, quiero recordar con gratitud a Franciszek Jop, obispo auxiliar de esta di贸cesis, nombrado m谩s tarde vicario capitular en Cracovia, y, por 煤ltimo, al obispo de Opole. La archidi贸cesis de Cracovia, de la que fue administrador en la dif铆cil d茅cada de 1950, le debe mucho. Monse帽or Jop fue tambi茅n uno de mis obispos consagrantes.

Hoy en Sandomierz, junto con todos vosotros, alabo a Dios por este gran patrimonio espiritual que, en los tiempos de la repartici贸n de Polonia, de la ocupaci贸n alemana y de la dominaci贸n totalitaria por parte del sistema comunista, permiti贸 a la poblaci贸n de esta tierra conservar la identidad nacional y cristiana. Con grand铆sima sensibilidad debemos ponernos a la escucha de esta voz del pasado, para llevar m谩s all谩 del umbral del a帽o 2000 la fe y el amor a la Iglesia y a la patria, y transmitirlos a las futuras generaciones. Aqu铆 podemos darnos f谩cilmente cuenta de que el tiempo del hombre, de las comunidades y de las naciones est谩 impregnado de la presencia de Dios y de su acci贸n salv铆fica.

2. En el itinerario de mi peregrinaci贸n por Polonia me acompa帽a el evangelio de las ocho bienaventuranzas pronunciadas por Cristo en el serm贸n de la Monta帽a. Aqu铆, en Sandomierz, Cristo nos dice: 芦Bienaventurados los limpios de coraz贸n, porque ellos ver谩n a Dios禄 (Mt 5, 8). Estas palabras nos introducen en lo m谩s 铆ntimo de la verdad evang茅lica sobre el hombre. Encuentran a Jes煤s los que lo buscan, como lo buscaban Mar铆a y Jos茅. Este acontecimiento ilumina la gran tensi贸n presente en la vida de todo hombre: la b煤squeda de Dios. S铆, el hombre busca verdaderamente a Dios; lo busca con su mente, con su coraz贸n y con todo su ser. Dice san Agust铆n: 芦Nuestro coraz贸n esta inquieto hasta que descanse en ti禄 (cf. Confesiones, I, 1). Esta inquietud es una inquietud creativa. El hombre busca a Dios porque en 茅l, s贸lo en 茅l, puede encontrar su realizaci贸n, la realizaci贸n de sus aspiraciones a la verdad, al bien y a la belleza. 芦T煤 no me buscar铆as si no me hubieras ya encontrado antes禄, escribe de Dios y del hombre Blas Pascal (Pensamientos, VII, n. 555). Eso significa que Dios mismo participa en nuestra b煤squeda, quiere que el hombre lo busque y crea en 茅l las condiciones necesarias para que lo pueda encontrar. Por lo dem谩s, Dios mismo se acerca al hombre, le habla de s铆 mismo, le permite conocerse. La sagrada Escritura es una gran lecci贸n sobre el tema de esta b煤squeda y encuentro con Dios. Nos presenta numerosas y magn铆ficas figuras de los que buscan y encuentran a Dios. Al mismo tiempo, ense帽a como debe acercarse el hombre a Dios, qu茅 condiciones debe cumplir para encontrarse con ese Dios, para conocerlo y para unirse a 茅l.

Una de esas condiciones es la pureza de coraz贸n. 驴De qu茅 se trata? aqu铆 tocamos la esencia misma del hombre, el cual, en virtud de la gracia de la redenci贸n obrada por Cristo, ha recuperado la armon铆a del coraz贸n perdida en el para铆so a causa del pecado. Tener un coraz贸n limpio quiere decir ser un hombre nuevo, que ha recibido nuevamente la vida de comuni贸n con Dios y con toda la creaci贸n por el amor redentor de Cristo; ha vuelto a la comuni贸n, que es su destino originario.

La pureza de coraz贸n es, ante todo, don de Dios. Cristo, al darse al hombre en los sacramentos de la Iglesia, pone su morada en su coraz贸n y lo ilumina con el 芦esplendor de la verdad禄. S贸lo la verdad que es Jesucristo es capaz de iluminar la raz贸n, purificar el coraz贸n y formar la libertad humana. Sin la comprensi贸n y la aceptaci贸n, la fe se apaga. El hombre pierde la visi贸n del sentido de las cosas y los acontecimientos, y su coraz贸n busca la satisfacci贸n donde no la puede encontrar. Por eso, la pureza de coraz贸n es, ante todo, la pureza de la fe.

En efecto, la pureza de coraz贸n prepara para la visi贸n de Dios cara a cara en la dimensi贸n de la felicidad eterna. Sucede as铆 porque ya en la vida temporal los limpios de coraz贸n son capaces de ver en toda la creaci贸n lo que viene de Dios. En cierto sentido, son capaces de descubrir el valor divino, la dimensi贸n divina, la belleza divina de toda la creaci贸n. De alguna manera, la bienaventuranza del serm贸n de la Monta帽a nos indica toda la riqueza y toda la belleza de la creaci贸n, y nos exhorta a saber descubrir en cada cosa lo que procede de Dios y lo que lleva a 茅l. En consecuencia, el hombre carnal y sensual debe ceder, debe dejar lugar al hombre espiritual, espiritualizado. Es un proceso profundo, que supone esfuerzo interior. Sostenido por la gracia, da frutos admirables.

La pureza de coraz贸n es, por tanto, una tarea para el hombre, que debe realizar constantemente el esfuerzo de luchar contra las fuerzas del mal, contra las que empujan desde el exterior y las que act煤an desde el interior, que lo quieren apartar de Dios. Y, as铆, en el coraz贸n del hombre se libra un combate incesante por la verdad y la felicidad. Para lograr la victoria en este combate, el hombre debe dirigirse a Cristo: s贸lo puede triunfar si est谩 robustecido por la fuerza de su cruz y su resurrecci贸n. 芦Crea en m铆, oh Dios, un coraz贸n puro禄 (Sal 50, 12), exclama el salmista, consciente de la debilidad humana, porque sabe que para ser justo ante Dios no basta el esfuerzo humano.

3. Queridos hermanos y hermanas, este mensaje sobre la pureza de coraz贸n resulta sumamente actual. La civilizaci贸n de la muerte quiere destruir la pureza de coraz贸n. Uno de sus m茅todos de acci贸n consiste en poner intencionalmente en duda el valor de la actitud del hombre que definimos como virtud de la castidad. Es un fen贸meno particularmente peligroso cuando el objetivo del ataque es la conciencia sensible de los ni帽os y los j贸venes. Una civilizaci贸n que, al obrar as铆, hiere e incluso destruye una correcta relaci贸n entre dos personas, es una civilizaci贸n de la muerte, porque el hombre no puede vivir sin el verdadero amor.

Dirijo estas palabras a todos los que particip谩is en este sacrificio eucar铆stico, pero de modo especial a los numerosos j贸venes aqu铆 presentes, a los soldados y a los scouts. Anunciad al mundo la 芦buena nueva禄 sobre la pureza de coraz贸n y, con el ejemplo de vuestra vida, transmitid el mensaje de la civilizaci贸n del amor. S茅 cu谩n sensibles sois a la verdad y a la belleza. Hoy la civilizaci贸n de la muerte os propone, entre otras cosas, el as铆 llamado 芦amor libre禄. Con este g茅nero de deformaci贸n del amor se llega a la profanaci贸n de uno de los valores m谩s queridos y sagrados, porque el libertinaje no es ni amor ni libertad. 芦No os acomod茅is al mundo presente; antes bien transformaos mediante la renovaci贸n de vuestra mente, de forma que pod茅is distinguir cu谩l es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto (Rm 12, 2), nos recomienda san Pablo. No teng谩is miedo de vivir contra las opiniones de moda y las propuestas que se oponen a la ley de Dios. La valent铆a de la fe cuesta mucho, pero no pod茅is perder el amor. A nadie permit谩is que os haga esclavos. No os dej茅is seducir por los espejismos de felicidad, por los cuales deber铆ais pagar un precio demasiado alto: el precio de heridas a menudo incurables o incluso de una vida rota, la vuestra y la de los dem谩s.

Quiero repetiros a vosotros lo que dije una vez a los j贸venes en otro continente: 芦S贸lo un coraz贸n limpio puede amar plenamente a Dios. S贸lo un coraz贸n limpio puede llevar plenamente a cabo la gran empresa de amor que es el matrimonio. S贸lo un coraz贸n limpio puede servir plenamente a los dem谩s. (...) No dej茅is que destruyan vuestro futuro. No os dej茅is arrebatar la riqueza del amor. Asegurad vuestra fidelidad, la de vuestras futuras familias, que formar茅is en el amor de Cristo禄 (Discurso a los j贸venes en Asunci贸n, 18 de mayo de 1988, n. 5: L'Osservatore Romano, edici贸n en lengua espa帽ola, 19 de junio de 1988, p. 21).

Me dirijo tambi茅n a nuestras familias polacas; a vosotros, padres y madres. Es preciso que la familia tome una firme actitud de defensa de su hogar, de defensa de la dignidad de toda persona. Proteged vuestra familia contra la pornograf铆a que hoy invade, bajo diversas formas, la conciencia del hombre, especialmente de los ni帽os y los j贸venes. Defended la pureza de las costumbres en vuestro hogar y en la sociedad. La educaci贸n en la pureza es una de las grandes tareas de la evangelizaci贸n que hemos de realizar. Cuanto m谩s pura sea la familia, tanto m谩s sana ser谩 la naci贸n.

Y nosotros queremos seguir siendo una naci贸n digna de su nombre y de su vocaci贸n cristiana.

芦Bienaventurados los limpios de coraz贸n, porque ellos ver谩n a Dios禄 (Mt 5, 8).

4. Contemplemos a la Virgen inmaculada de Nazaret, la Madre del amor hermoso, que acompa帽a a los hombres de todos los tiempos, y en particular de nuestros tiempos, en la 芦peregrinaci贸n de la fe禄 hacia la casa del Padre. No s贸lo nos la recuerda la memoria lit煤rgica de hoy, sino tambi茅n la magn铆fica bas铆lica catedral que domina esta ciudad. Lleva su nombre: es una coincidencia elocuente del lugar y del momento. Incluso la Madre de Jes煤s, a la que fue revelado del modo m谩s pleno el misterio de la filiaci贸n divina de Cristo, tuvo que aprender poco a poco el misterio de la cruz: 芦Hijo, 驴por qu茅 nos has hecho esto? 鈥攏os recuerda el evangelio de hoy鈥�. Mira, tu padre y yo, angustiados te and谩bamos buscando禄 (Lc 2, 48). El respondi贸: 芦Y 驴Por qu茅 me buscabais? 驴No sab铆ais que yo deb铆a ocuparme de las cosas de mi Padre?禄 (Lc 2, 49). 芦Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio禄 (Lc 2, S0). En efecto, Jes煤s les hablaba de su obra mesi谩nica.

Antes de comprenderlo, el hombre aprende 芦con el dolor de su coraz贸n禄 el Amor crucificado. Pero si, como Mar铆a, conserva fielmente en su coraz贸n (cf. Lc 2, 51) todo lo que le dice Cristo, si es fiel a la llamada divina, comprender谩 al pie de la cruz lo m谩s importante, o sea, que s贸lo es verdadero el amor unido a Dios, que es Amor.

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