S.S. Juan Pablo II, Oremos por los jóvenes

Oremos por los jóvenes

Catequesis de S.S. Juan Pablo II en la audiencia general de los miércoles

21 de agosto de 1991

Queridos hermanos y hermanas:

Ayer terminé una peregrinación que estaba dividida en dos partes: la primera parte se desarrolló en Polonia, sobre todo para participar en la Jornada mundial de la juventud; la segunda, en Hungría. Hoy sólo quisiera comentar la primera parte porque los contenidos y lo que hemos vivido es muy abundante para unir las dos visitas. Sobre la visita a Hungría hablaremos el próximo miércoles. Esta Jornada mundial de la juventud es ya una tradición, aunque no larga, pues comenzó hace algunos años, concretamente en 1984, cuando se celebró aquí, en Roma, la primera Jornada, después del Año de la redención. A partir de esa fecha se decidió celebrar cada año, el Domingo de Ramos, la Jornada mundial de la juventud en toda la Iglesia, tanto en Roma como en las demás diócesis.

Cuando resulta más conveniente, esta Jornada se celebra también en otras fechas. Pero ya en otras ocasiones se celebró una Jornada especial de dimensiones mundiales, internacionales. En primer lugar, en Roma, en 1985; luego, en Buenos Aires, Argentina, en 1987; por ultimo, en Santiago de Compostela, España, en 1988. Y este año en Czçstochowa.

Puedo añadir que los acontecimientos que tuvieron lugar en Europa central el año 1989 sugirieron a los organizadores celebrar una Jornada mundial de la juventud precisamente en el santuario de Jasna Góra, en Czçstochowa, Polonia. Fue una experiencia de oración, una experiencia espiritual, en la que se registró un fuerte aumento de participantes: se habla, de hecho, de más de un millón de personas.

congregadas en el santuario de Jasna Góra, procedentes de casi ochenta países del mundo, naturalmente en proporciones diferentes, porque es más fácil ir a Jasna Góra, en Polonia, desde Europa que desde Australia, Asia, Africa o América Latina.

Pero también desde estos continentes llegaron personas. Una novedad fue la presencia, por primera vez, de muchos jóvenes de Europa del este: muchos llegaron de la Unión Soviética, de Bielorrusia, de Ucrania, de Lituania, de Letonia y de la misma República rusa. Y se reunieron para rezar por la intención principal de la Jornada. Digo «Jornada», pero en realidad fueron muchas jornadas, que concluyeron con la Vigilia del 14 de agosto y la celebración del 15, solemnidad de la Asunción.

Se trató, sobre todo, de jornadas de oración y reflexión, centradas en las palabras de san Pablo, quien dice que los que están guiados por el Espíritu son hijos de Dios. Procuramos profundizar con estos jóvenes en la realidad de llegar a ser hijos de Dios mediante la obra del Espíritu Santo. Los invitamos a colaborar con el Espíritu Santo en esta transformación espiritual que permite que un hombre, que cada uno de nosotros, un joven, sea hijo de Dios a semejanza del Hijo único, Jesucristo. Todo esto se hizo orando y meditando sobre las tres palabras significativas del «Apel» de Jasna Góra. (La primera palabra es «yo estoy junto a ti, María»; la segunda, «me acuerdo»; y la tercera, «velo»). Claro está que esas palabras están dichas en polaco y la traducción no logra transmitir toda la fuerza y la agudeza que tienen en la lengua polaca. Ahora bien, con estas tres palabras se compusieron plegarias, como la siguiente: «Si yo, un joven, una joven, "soy", soy gracias a ti, Dios mío, Creador mio. "Soy" gracias a ti, Cristo, mi Redentor; y te pido a ti, Madre mía, que estés conmigo, que no olvides jamás las maravillas que Dios ha realizado en el mundo, sobre todo en nuestra humanidad, en la historia del hombre: la creación, la redención y la santificación por obra del Espíritu Santo. Y te lo pido, declarando también mi disponibilidad a estar atento, a "velar". Habiendo declarado esto, te pido que también tú, María, veles conmigo y sobre mí, de modo que no pierda mi identidad juvenil, mi identidad humana y cristiana».

Esta plegaria fue extraordinaria en su sencillez, profundidad y belleza. Y hay que agradecer a todos los que prepararon esta Jornada

mundial de la juventud, tanto espiritual como artísticamente, pues le imprimieron un gran carácter espiritual y, diría, artístico, como lo demuestra esta gran plegaria.

Debo decir que en este encuentro un millón de jóvenes invadieron no sólo la ciudad, que cuenta con doscientos mil habitantes, sino también los alrededores.

Doy las gracias a cuantos han colaborado. Fueron muchos, aquí en Roma, en Polonia, en Czçstochowa y también en otros países. Doy las gracias también a las autoridades que hicieron posible este encuentro, puesto que hay aspectos técnicos que se deben respetar.

Doy las gracias, especialmente a la santísima Virgen María por el modo como pudimos celebrar juntos la fiesta de su Asunción, el día de su Resurrección, de su Pascua, la Pascua mariana.

Y por último, quisiera pedir todavía a todos los presentes que recen por los jóvenes de todo el mundo, porque de ellos depende el futuro de la humanidad, de las naciones, de los pueblos y el futuro de la Iglesia. Recemos por los jóvenes. Gracias.

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