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S.S. Juan Pablo II, Seguid los grandes caminos de la historia
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Seguid los grandes caminos de la historia

Mensaje de S.S. Juan Pablo II con ocasión de la VI Jornada Mundial de la Juventud

Czestochowa, 15 de agosto de 1991

1. «¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!» (Lc 11,27).

Queridos jóvenes, junto con todos vosotros, que desde diversos países y continentes os habéis reunido aquí, elevo mi saludo a Jesucristo. Reconozco en él al Hijo de Dios, el Verbo eterno del Padre. Saludo al Hijo de María con las mismas palabras con las que lo saludó aquella mujer de entre la gente, mientras él predicaba. Saludo a Jesucristo bendiciendo a su Madre-Virgen, bendiciendo su maternidad divina. Mediante esta maternidad virginal, el Hijo de Dios se hizo uno de nosotros. Se convirtió en nuestro Maestro y Hermano para poder ser nuestro Redentor por medio de la cruz, en el Gólgota; para manifestar en la resurrección el poder del Espíritu Santo, que «da vida» (cf Jn 6, 63). Gracias a este poder de Dios que da la vida, hemos sido llamados «hijos de Dios, pues ¡lo somos!» (1 Jn 3, 1).

2. «¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!».

Junto con vosotros pronuncio este saludo a los pies de Jasna Góra, en el umbral del santuario que ha quedado inscrito profundamente en la historia de una nación y que, al mismo tiempo, se abre de par en par a todas las naciones y a todos los pueblos de Europa y del mundo. Vosotros, jóvenes, ya sabéis todo esto: muchos de vosotros no se encuentran aquí por primera vez. Especialmente durante los últimos años habéis elegido este camino como itinerario de vuestras peregrinaciones a pie, y muchas veces, junto con vuestros coetáneos polacos, habéis venido en peregrinación a Jasna Góra.

Hoy os saludo a todos vosotros con mi más viva cordialidad; y como aquella mujer del Evangelio, quisiera saludar a vuestras madres, padres familias, comunidades juveniles y patrias.

Junto con vosotros saludo a vuestros pastores, así como a vuestros guías y animadores.

3. En 1985 comenzó en la Iglesia la tradición de la Jornada mundial de la juventud. Partiendo ese año desde la plaza de San Pedro en Roma, estamos realizando juntos una peregrinación a través del mundo. Nuestro itinerario de peregrinos nos llevó primero hacia América del Sur, a Buenos Aires, capital de Argentina. Dos años más tarde volvimos a la orilla este del Atlántico, aceptando la invitación del acogedor santuario de Santiago de Compostela, en España. El desarrollo de los acontecimientos que han tenido lugar en el viejo continente europeo, hace que hoy, una vez más después de dos años, nos encontremos en Czestochowa, en tierra polaca.

Todo lo que, durante varios decenios, quedó dividido por la fuerza en este continente, ahora ha de acercarse de una y otra parte a fin de que Europa busque la unidad para su futuro y para el bien de toda la familia humana y retorne a sus propias raíces cristianas. Esas raíces se encuentran tanto en Occidente como en Oriente. Desde Occidente (en Compostela) nos trasladamos más hacia el este si bien nos encontramos en el centro de Europa. En efecto, se trata de mirar ahora hacia el futuro, y esto pertenece a vosotros, a los jóvenes. Es necesario que toméis los grandes caminos de la historia no sólo aquí, en Europa, sino también en todos los continentes, y que en todas partes os convirtáis en testigos de las bienaventuranzas de Cristo: «Bienaventarados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mt 5, 9).

4. Cristo, respondiendo al saludo de aquella mujer en medio de la gente, dijo: «Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan» (Lc 11, 28). Precisamente ésta es la finalidad de nuestra peregrinación. Hemos venido aquí para escuchar la palabra de Dios, junto con toda esta gran multitud de jóvenes, y cumplirla.

«Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dio» (Rm 8, 14).

Señora de Jasna Góra, acepta nuestra multitud en peregrinación a este cenáculo particular, que quiere ser como el Cenáculo de Jerusalén,

en el que perseverabas en la oración junto con los Apóstoles, antes de que el Espíritu Santo comenzara a conducirlos hacia los confines de la tierra.

Acoge nuestra multitud de múltiples lenguas. Así como en aquel entonces, el día de Pentecostés, aceptaste a los peregrinos de diferentes naciones y lenguas, acógenos del mismo modo también a nosotros; dígnate estar con nosotros. Dígnate guiarnos por el sendero de la fe siguiendo a Cristo: el mismo camino en el que el Espíritu Santo te introdujo a ti en primer lugar.

Alcánzanos de Dios que «ardan nuestros corazones», como sucedió con los discípulos de Emaús, mientras Cristo nos habla y nos «explica las Escrituras» (cf. Lc 24, 32) a fin de que todas maravillas de Dios (cf. Hch 2, 11) se conviertan una vez más en nosotros y por medio de nosotros en parte y herencia de la generación que entra en el tercer milenio de la historia.

¡Queridísimos jóvenes, os saludo con afecto!

En esta colina de luz, en donde es fuerte la invitación a la fe y a la conversión de corazón, María os acoge con solicitud maternal. Virgen «del rostro dulce», extiende desde este antiguo santuario tu mirada vigilante y providencial, deseosa de paz, sobre todos los pueblos del mundo.

Vosotros, jóvenes, sois el futuro y la esperanza. Es precisamente por esto que Cristo necesita de vosotros: para hacer llegar el evangelio de la salvación a todos los rincones de la tierra. Estad dispuestos y disponibles a cumplir tal misión con verdadero «espíritu de hijos». Sed apóstoles, sed mensajeros generosos de la esperanza sobrenatural que da nuevo impulso al camino del hombre.

Queridos jóvenes de lengua francesa, estoy feliz de estar entre vosotros. Os saludo muy cordialmente al final de vuestro largo camino. Grande es mi alegría ante el testimonio de fe que expresa esta inmensa reunión fraterna. En la libertad de los hijos de Dios habéis venido para manifestar vuestra fidelidad al mensaje de amor del Evangelio, para

acoger el don de la esperanza, para renovar vuestro deseo de servir a la unidad y a la solidaridad de la familia humana. Podéis contar con la ayuda de la Madre del Señor, Madre de la Iglesia. Que estas jornadas os ayuden a responder con coraje a los llamamientos del Señor a lo largo de todo vuestro camino.

Doy un cordial saludo a todos los jóvenes de lengua inglesa. Mientras nos reunimos en Jasna Góra para celebrar esta Jornada Mundial de la Juventud, ruego para que cada uno de vosotros pueda crecer en el amor a Dios nuestro Padre, que nos ha hecho sus hijos e hijas en Jesucristo y que nos ha dado al Espíritu Santo. Que la oración y la amistad experimentadas en esta peregrinación puedan haceros capaces de apreciar mejor los estupendos dones del Espíritu Santo y fortaleceros en vuestro compromiso de artífices de una nueva «civilización del amor» en cada sociedad. Que así como la Virgen María podáis conocer la alegría que nace de la contemplación de la bondad divina que obra en vuestros corazones.

Con gran alegría os saludo, queridos jóvenes de lengua alemana, que habéis venido desde vuestras tierras para tomar parte en este encuentro mundial junto a la Virgen Negra de Czçstochowa.

Hemos recibido un espíritu de hijos que nos une los unos a los otros como hermanos y hermanas, que nos ha conducido aquí a todos juntos y que, con la esperanza puesta en María, la Madre del Señor, nos invita a orar para que Dios refuerce nuestra esperanza en un mundo justo y pacífico.

El Señor Omnipotente desea verter su bendición sobre esta peregrinación y enviar la potencia de su Espíritu.

Un saludo cordial y afectuoso a los jóvenes amigos de España y de los varios países de América Latina. Estáis presentes aquí en Czestochowa como portadores de la llamada de esperanza y de vida surgida en el Monte del Gozo (Santiago de Compostela) hace dos años. Que en vuestros jóvenes corazones no se mitigue nunca el entusiasmo ni la alegría de seguir a Jesucristo, nuestro único camino, nuestra sublime verdad, razón de nuestra vida.

Compartid con todos los jóvenes, en todos los países, en la Europa sin fronteras, los ideales de fraternidad y de amor que harán de nuestro mundo un lugar más humano, más justo y solidario. Gracias, muchas gracias por vuestra presencia y por vuestras oraciones.

A vosotros jóvenes que venís del Brasil, de Portugal, así como del Africa y del Asia, deseo decir que la Virgen Negra de Jasna Góra abre sus brazos maternalmente en estos días en que se está concluyendo la VI Jornada Mundial de la Juventud, deseando repetiros con su afecto de Madre: «Jóvenes, no tengáis miedo de ser santos». Ella, la Virgen pura, os dice: «No tengáis miedo de abrir vuestros corazones a Dios y a su Iglesia. Sed protagonistas de la nueva evangelización, la esperanza de la Iglesia del Tercer Milenio de la Era cristiana».

Y el Papa desea decirle por vosotros: «Madre, bendice a todos tus hijos. Muéstrate Madre. Ruega por nosotros que a Ti recurrimos».

Alabado sea Jesucristo. Saludo con afecto a los jóvenes húngaros venidos a Czestochowa. Pedid a la Virgen de Jasna Góra que bendiga mi viaje apostólico a Hungría.

Volved a la patria confirmados en vuestra fe cual apóstoles.

Os bendigo de corazón.

¡Doy la bienvenida a los jóvenes peregrinos de lengua rusa!

Vuestro camino os ha traído a los pies de la Virgen de Jasna Góra para encontrar al Cristo que es la verdad de cada hombre y de todos los hombres.

¡El Espíritu Santo os acompaña en el pasaje de la esclavitud a la libertad de los hijos de Dios!

Queridos lituanos, muchachos y muchachas, venidos en esta peregrinación de oración de vuestra patria. Cordialmente os saludo y os deseo que llevéis a vuestra tierra natal el amor de María y el espíritu de la amistad, la paz y la oración.

¡Queridos jóvenes de Bielorrusia! Bienvenidos a este encuentro tan importante para la Iglesia y para el mundo. ¡El Espíritu Santo os acompaña en el pasaje de la esclavitud del pecado a la libertad de los hijos de Dios!

Doy la bienvenida de corazón a los jóvenes llegados desde Ucrania a Jasna Góra en peregrinación a la Madre común en esta jornada de hermandad universal que nos ve a todos unidos como hijos del mismo Padre.

¡Queridos jóvenes de lengua checa!

Bienvenidos a esta cita tan importante para la Iglesia y para el mundo. E1 Espíritu os acompaña en el pasaje de la esclavitud a la libertad de los hijos de Dios.

Doy la bienvenida a los jóvenes de Eslovaquia. ¡Vuestro camino os ha traído a los pies de la Virgen de Jasna Góra para encontrar a Cristo, verdad del hombre y de todos los hombres! De nuevo, bienvenidos!

Saludo cordialmente también a vosotros queridos jóvenes que habéis venido de Croacia. Que la fe que os ha conducido aquí, al santuario de la Virgen de Jasua Góra, os sea de ayuda en vuestro camino hacia el futuro. ¡Bienvenidos!

A los jóvenes provenientes de Eslovenia les digo:

Bienvenidos junto a la Virgen de Jasna Góra. Ella os acompañará siempre en el camino de la libertad, de la justicia, de la solidaridad y de la santidad.

Doy la bienvenida a los jóvenes peregrinos de Bulgaria. Vuestro camino os ha traído a los pies de la Virgen de Jasna Góra para encontrar a Cristo, verdad del hombre y de todos los hombres. ¡Bienvenidos!

¡Bienvenidos los jóvenes del Africa!

En este encuentro mundial a los pies de la «Virgen Negra» vosotros sois los testigos de la esperanza de Africa.

Bienvenidos los jóvenes del Japón y de toda el Asia.

¡Vosotros representáús a centenares de miles de jóvenes que esperan la verdadera libertad de los hijos de Dios!

Doy también la bienvenida en esperanto a los jóvenes peregrinos de todo el mundo, en esta jornada de hermandad universal que nos ve unidos como hijos de un mismo Padre en el nombre de Cristo ¡verdad del hombre!

Y ahora dialogaremos, queridísimos jóvenes amigos. Deseo alcanzar a cada una y a cada uno de vosotros lo que encuentra nuestra expresión en vuestras oraciones. Lo expresaré sobre todo mañana, celebrando la Santísima Eucaristía. Ahora quiero por lo menos decir los nombres de todos vosotros reunidos aquí, allá y lejos, lejos en Czçstochowa. Deseo enumerar los países y las naciones que, como sabemos, están representados en esta gran familia mundial de los jóvenes.

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