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S.S. Juan Pablo II, Cristo no defrauda jam√°s
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Cristo no defrauda jam√°s

Homilía de S.S. Juan Pablo II en la Liturgia de la Palabra celebrada con los jóvenes en Poznan, Polonia.

Queridos jóvenes amigos:

1. ¬ęEste es el d√≠a en que actu√≥ el Se√Īor. Sea nuestra alegr√≠a y nuestro gozo¬Ľ. (‚Ķ).

2. El pasaje del evangelio de san Mateo que acabamos de leer nos lleva al lago de Genesaret. Los Ap√≥stoles hab√≠an subido a la barca para ir a la otra villa por delante de Cristo. Y he aqu√≠ que, remando en la direcci√≥n elegida, lo vieron precisamente a √©l caminando sobre el lago. Cristo caminaba sobre el agua como si se tratara de tierra s√≥lida. Los Ap√≥stoles se turbaron creyendo que era un fantasma. Jes√ļs, al o√≠r el grito, les habl√≥: ¬ę¬°Animo!, soy yo; no tem√°is¬Ľ (Mt 14, 27). Entonces Pedro dijo: ¬ęSe√Īor, si eres tu, m√°ndame ir donde ti sobre las aguas¬Ľ (Mt 14, 28). Y √©l le dijo: ¬ę¬°Ven!¬Ľ (Mt 14, 29). Baj√≥ Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas. Pero, ya cerca de Cristo, viendo la violencia del viento, le entr√≥ miedo y como comenzara a hundirse, grit√≥: ¬ę¬°Se√Īor, s√°lvame!¬Ľ (Mt 14, 30). Al punto Jes√ļs, tendiendo la mano, le agarr√≥ y, sujet√°ndole para que no se hundiera, le dijo: ¬ęHombre de poca fe, ¬Ņpor qu√© dudaste?¬Ľ (Mt 14, 31).

Este pasaje evang√©lico entra√Īa un profundo contenido. Ata√Īe al problema m√°s importante de la vida humana: la fe en Jesucristo. Pedro ciertamente ten√≠a fe como demostr√≥ m√°s tarde de modo magn√≠fico, en las cercan√≠as de Cesarea de Filipo, pero en ese momento su fe a√ļn no era muy firme. Cuando comenz√≥ a soplar m√°s fuerte el viento, Pedro comenz√≥ a hundirse, pues hab√≠a dudado. No fue el viento el que hizo hundirse a Pedro en el lago, sino su falta de fe. A la fe de Pedro le falt√≥ un elemento esencial: abandonarse plenamente a Cristo, confiar totalmente en √©l en el momento de la gran prueba; le falt√≥ la esperanza sin reservas en √©l. La fe y la esperanza, junto con la caridad, constituyen el fundamento de la vida cristiana, cuya piedra angular es Jesucristo.

En la muerte de Jes√ļs en la cruz y en su resurrecci√≥n del sepulcro se revel√≥ plenamente el amor de Dios al hombre y al mundo. Jes√ļs es el √ļnico camino al Padre, el √ļnico camino que lleva a la verdad y a la vida (cf. Jn 14, 6). Este mensaje que la Iglesia, desde el inicio, anuncia a todos los hombres y a todas las naciones lo ha recordado a nuestra generaci√≥n el concilio Vaticano II. Permitidme citaros un breve pasaje de la constituci√≥n Gaudium et spes: ¬ęLa Iglesia cree que Cristo, muerto y resucitado por todos, da al hombre luz y fuerzas por su Esp√≠ritu, para que pueda responder a su m√°xima vocaci√≥n; y que no ha sido dado a los hombres bajo el cielo ning√ļn otro nombre en el que haya que salvarse. Igualmente, cree que la clave, el centro y el fin de toda la historia humana se encuentra en su Se√Īor y Maestro. Afirma, adem√°s, la Iglesia que, en todos los cambios, subsisten muchas cosas que no cambian y que tienen su fundamento √ļltimo en Cristo, que es el mismo ayer, hoy y por los siglos¬Ľ (n. 10).

Queridos muchachos y muchachas seguid a Cristo con el entusiasmo de vuestro coraz√≥n joven. S√≥lo √©l puede calmar el miedo del hombre. Contemplad a Jes√ļs desde lo m√°s profundo de vuestro coraz√≥n y de vuestra mente. El es vuestro amigo inseparable.

Este mensaje sobre Cristo, al que dediqu√© mi primera enc√≠clica, Redemptor hominis, lo anuncio a los j√≥venes de todos los continentes durante los viajes apost√≥licos y con ocasi√≥n de las Jornadas mundiales de la juventud. Tambi√©n es el tema del encuentro que tendr√°n los j√≥venes con el Papa en Par√≠s, en agosto, al que os invito cordialmente. Como cristianos, est√°is llamados a testimoniar la fe y la esperanza, para que los hombres, como escribe san Pablo, no est√©n ¬ęsin esperanza y sin Dios en el mundo¬Ľ, sino para que ¬ęaprendan a conocer a Cristo¬Ľ, nuestra esperanza (cf. Ef 2, 12; 4, 20).

La fe en Cristo y la esperanza de la que √©l es maestro permiten al hombre alcanzar la victoria sobre s√≠ mismo, sobre todo lo que hay en √©l de d√©bil y pecaminoso, y al mismo tiempo esta fe y esta esperanza lo llevan a la victoria sobre el mal y sobre los efectos del pecado en el mundo que lo rodea. Cristo libr√≥ a Pedro del miedo que se hab√≠a apoderado de √©l ante el mar en tempestad. Cristo tambi√©n nos ayuda a nosotros a superar los momentos dif√≠ciles de la vida, si nos dirigimos a √©l con, fe y esperanza para pedirle ayuda. ¬ę¬°Animo!, soy yo; no tem√°is¬Ľ (Mt 14, 27). Una fe fuerte, de la que brota una esperanza ilimitada, virtud tan necesaria hoy, libra al hombre del miedo y le da la fuerza espiritual para resistir a todas las tempestades de la vida. ¬°No teng√°is miedo de Cristo! Fiaos de √©l hasta el fondo. S√≥lo √©l ¬ętiene palabras de vida eterna¬Ľ. Cristo no defrauda jam√°s.

(…)

4. Dirijamos, una vez más, la mirada hacia el lago de Genesaret, por el que navega la barca de Pedro. El lago evoca la imagen del mundo, también la del mundo contemporáneo, en el que vivimos y en el que la Iglesia cumple su misión. Este mundo constituye un desafío para el hombre, como el lago constituye un desafío para Pedro. Por una parte era para él algo cercano y conocido como lugar de su trabajo diario de pescador; pero, por otra, era el elemento natural con el que debía confrontar sus fuerzas y su experiencia.

El hombre debe entrar en este mundo, en cierto sentido debe sumergirse en √©l, pues ha recibido de Dios la recomendaci√≥n de ¬ęsometer la tierra¬Ľ mediante el trabajo, los estudios y el esfuerzo creador (cf. Gn 1, 28). Por otra parte, el hombre no se puede encerrar exclusivamente en el √°mbito del mundo material, olvidando al Creador. Eso ir√≠a contra la naturaleza del hombre, contra su verdad interior, pues el coraz√≥n humano, como dice san Agust√≠n, est√° inquieto hasta que descanse en Dios (cf. Confes. I, 1: CSEL 33, p. l). La persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, no puede convertirse en esclava de las cosas, de los sistemas econ√≥micos, de la civilizaci√≥n t√©cnica, del consumismo, del √©xito f√°cil. El hombre no puede convertirse en esclavo de sus inclinaciones y pasiones, a veces fomentadas intencionadamente. Es preciso defenderse contra ese peligro. Es necesario saber usar la propia libertad, eligiendo lo que es el verdadero bien. ¬°No dej√©is que os conviertan en esclavos! No dej√©is que os tienten con pseudovalores, con semiverdades, con el encanto de espejismos, de los que despu√©s os alejar√©is defraudados, heridos y tal vez con la vida arruinada.

En el discurso que pronunci√© en 1980 en la UNESCO dije que la tarea primera y esencial de la cultura es educar al hombre. Y que la educaci√≥n consiste principalmente en que ¬ęel hombre llegue a ser cada vez m√°s hombre, que pueda "ser" m√°s y no s√≥lo que pueda "tener" m√°s, y que, en consecuencia, a trav√©s de todo lo que "tiene", todo lo que "posee", sepa "ser" m√°s plenamente hombre. Para ello es necesario que el hombre sepa "ser m√°s" no s√≥lo "con los otros", sino tambi√©n "para los otros"¬Ľ (Discurso en la UNESCO, 2 de junio de 1980, n. 11: L'Osservatore Romano, edici√≥n en lengua espa√Īola, 15 de junio de 1980, p. 12).

Esta verdad tiene un significado fundamental para la autoeducaci√≥n, la autorrealizaci√≥n, para desarrollar en s√≠ mismos la humanidad y la vida divina recibida en el santo bautismo y consolidada en el sacramento de la confirmaci√≥n. La autoeducaci√≥n tiende precisamente a ¬ęser¬Ľ m√°s hombre y m√°s cristiano, a descubrir y desarrollar en s√≠ mismos los talentos recibidos del Creador y realizar la vocaci√≥n a la santidad.

Es verdad que a veces el mundo puede constituir una amenaza; pero un hombre que vive de fe y esperanza tiene en s√≠ la fuerza del Esp√≠ritu para afrontar los peligros de este mundo. Pedro camin√≥ sobre las aguas del lago aunque ese hecho iba contra la ley de la gravedad, porque miraba a Cristo a los ojos. Cuando dud√≥, cuando perdi√≥ el contacto personal con el Maestro comenz√≥ a hundirse y escuch√≥ el reproche: ¬ęHombre de poca fe, ¬Ņpor qu√© dudaste?¬Ľ (Mt 14, 31).

El ejemplo de Pedro nos ense√Īa la importancia que tiene en la vida espiritual la relaci√≥n personal con Cristo: es preciso renovarla y profundizarla constantemente. ¬ŅC√≥mo? Sobre todo con la oraci√≥n. Queridos j√≥venes, orad y aprended a orar; leed y meditad la palabra de Dios; consolidad vuestra relaci√≥n con Cristo en los sacramentos de la penitencia y la Eucarist√≠a; profundizad en los problemas de la vida interior y del apostolado en los grupos juveniles, en las comunidades, en los movimientos y en las organizaciones eclesiales, hoy numerosas en nuestro pa√≠s.

5. Queridos j√≥venes amigos, estamos celebrando el jubileo del milenario del martirio de san Adalberto. Hoy, en Gniezno, durante la solemne eucarist√≠a afirm√© que san Adalberto dio testimonio de Cristo, sufriendo el martirio por la fe. Este martirio del gran ap√≥stol de los eslavos os interpela: pide tambi√©n hoy el testimonio de vida de cada uno de vosotros. Pide hombres nuevos, que manifiesten en medio de este mundo ¬ęla fuerza y la sabidur√≠a¬Ľ (cf. 1 Co 1, 22-25) del Evangelio de Dios en la propia vida. Este mundo que a veces parece una realidad invencible y amenazadora, un mar en tempestad, al mismo tiempo tiene profunda sed de Cristo, tiene gran sed de la buena nueva. Tiene gran necesidad de amor.

Sed en este mundo, portadores de fe y esperanza cristiana, viviendo el amor cada d√≠a. Sed testigos fieles de Cristo resucitado, no deis nunca marcha atr√°s ante los obst√°culos que se acumulen en los caminos de vuestra vida. Cuento con vosotros, con vuestro impulso juvenil y con vuestra entrega a Cristo. He conocido a la juventud polaca. Nunca he quedado defraudado. El mundo os necesita. La Iglesia os necesita. El futuro de Polonia depende de vosotros. Construid y consolidad en tierra polaca la ¬ęcivilizaci√≥n del amor¬Ľ: en la vida personal, social, pol√≠tica; en las escuelas, en las universidades, en las parroquias; en los hogares que form√©is alg√ļn d√≠a. No escatim√©is en esa misi√≥n el entusiasmo juvenil el esfuerzo y el sacrificio. ¬ęEl Dios de la esperanza os colme de todo gozo y paz en vuestra fe, hasta rebosar de esperanza por la fuerza del Esp√≠ritu Santo¬Ľ (Rm 15, 13).

Encomiendo a la protección de María, Virgen fiel, Madre del amor hermoso, Reina de Polonia, a vosotros y a toda la juventud de nuestra patria.

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