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Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, Normas pastorales sobre la absoluci贸n colectiva
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Normas pastorales sobre la absoluci贸n colectiva

Normas de la Sagrada Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe sobre la absoluci贸n sacramental impartida de modo general

16 de junio de 1972.

Cristo, nuestro Se帽or, instituy贸 el sacramento de la penitencia para que los fieles pecadores obtuviesen de la misericordia de Dios el perd贸n de las ofensas hechas a Dios y pudiesen, al mismo tiempo, reconciliarse con la Iglesia. 1 Hizo esto al comunicar a los Ap贸stoles y a sus leg铆timos sucesores la potestad de perdonar y retener los pecados. 2

El Concilio de Trento declar贸 solemnemente que para la remisi贸n integra y perfecta de los pecados se requieren en cl penitente tres actos como parte del sacramento a saber la contrici贸n, la confesi贸n y la satisfacci贸n; declar贸 asimismo que la absoluci贸n dada por el sacerdote es un acto de orden judicial y que, por derecho divino, confesar al sacerdote todos y cada uno de los pecados mortales, as铆 como las circunstancias que cambian su especie, de los cuales uno se acuerde despu茅s de un diligente examen de conciencia. 3

Ahora bien, muchos Ordinarios de lugar est谩n preocupados, de una parte, por la dificultad que encuentran sus fieles para acercarse a la confesi贸n individual debido a la escasez de sacerdotes en algunas regiones, y de otra, por la propagaci贸n de algunas teor铆as err贸neas sobre la doctrina del sacramento de la penitencio y la penitencia abusiva de dar la absoluci贸n sacramental a muchos simult谩neamente, s贸lo gen茅ricamente confesados. Por eso se han dirigido a la Santa Sede pidiendo que, seg煤n la verdadera naturaleza del sacramento de la penitencia, se recuerden al pueblo cristiano las condiciones necesarias para el recto uso de este sacramento y que se den algunas normas al respecto en las actuales circunstancias.

Esta Sagrada Congregaci贸n, despu茅s de una seria reflexi贸n sobre tales cuestiones, y teniendo en cuenta la Instrucci贸n de la Sagrada Penitenciaria apost贸lica del 25 de marzo de 1944, declara cuanto sigue:

I. Se ha de mantener con firmeza y se ha de continuar poniendo fielmente en pr谩ctica la doctrina del Concilio de Trento. Consiguientemente, se ha de reprobar la pr谩ctica surgida recientemente aqu铆 y all谩, con la cual se pretende satisfacer el precepto de confesar sacramentalmente los pecados mortales para obtener la absoluci贸n mediante la sola confesi贸n gen茅rica o, como dicen, celebrada comunitariamente. Esto lo exige no s贸lo el precepto divino declarado en el Concilio de Trento, sino tambi茅n el mayor bien de las almas que, seg煤n puede comprobarse por experiencia secular, se consigue con la confesi贸n individual rectamente hecha y administrada. La confesi贸n individual y completa seguida de la absoluci贸n es el 煤nico modo ordinario, mediante el cual los fieles pueden reconciliarse con Dios y con la Iglesia, a no ser que una imposibilidad f铆sica o moral los dispense de tal confesi贸n.

II. Puede suceder de hecho que alguna vez, en circunstancias particulares, sea licito e incluso necesario dar la absoluci贸n de modo colectivo a muchos penitentes sin previa confesi贸n individual.

Puede ocurrir esto, sobre todo, cuando se presenta peligro inminente de muerte y no hay tiempo para que el sacerdote, o sacerdotes, aunque est茅n presentes, puedan o铆r en confesi贸n a cada uno de los penitentes. En tal caso, cualquier sacerdote tiene la facultad de dar la absoluci贸n de manera general a muchas personas, haciendo antes, si hay tiempo, una brev铆sima exhortaci贸n para que cada uno procure hacer un acto de contrici贸n.

III. Adem谩s de los casos de peligro de muerte, es licito dar la absoluci贸n sacramental a muchos fieles simult谩neamente confesados s贸lo de modo gen茅rico pero convenientemente exhortados al arrepentimiento, cuando haya grave necesidad es decir, cuando, visto el n煤mero de penitentes no haya disposici贸n de suficientes confesores para escuchar convenientemente la confesi贸n de cada uno en un tiempo razonable y por consiguiente, los penitentes se ver铆an obligados sin culpa suya, a quedar privados por largo tiempo de la gracia sacramental o de la sagrada comuni贸n. Esto puede ocurrir sobre todo, en territorios de misi贸n, pero tambi茅n en otros lugares y entre grupos de personas donde resulte clara una tal necesidad.

Sin embargo, esto no es l铆cito, cuando haya confesores a disposici贸n, por el solo motivo de una gran concurrencia de penitentes como puede ocurrir, por ejemplo, en Ocasi贸n de una gran fiesta o peregrinaci贸n. 4

IV. Los Ordinarios de lugar y tambi茅n los sacerdotes, en lo que a ellos ata帽e, est谩n obligados en conciencia a procurar que no sea insuficiente el n煤mero de confesores por el hecho de que algunos sacerdotes descuiden este noble ministerio, 5 dedic谩ndose a asuntos temporales o a otros ministerios menos necesarios, sobre todo si 茅stos pueden ser ejercidos por di谩conos o seglares id贸neos.

V. Queda reservado al Ordinario del lugar, despu茅s de haber intercambiado su parecer con otros miembros de la Conferencia Episcopal, juzgar si se dan las condiciones se帽aladas en el n煤mero III, y, por tanto, decidir cu谩ndo se puede dar la absoluci贸n sacramental colectiva.

Adem谩s de los casos determinados por el Ordinario del lugar, si se presenta otra necesidad grave de dar la absoluci贸n sacramental a muchos simult谩neamente, el sacerdote est谩 obligado a recurrir previamente al Ordinario del lugar, siempre que le sea posible, para poder dar l铆citamente la absoluci贸n; en caso contrario, deber谩 informar cuanto antes al mismo Ordinario sobre tal necesidad y sobre la absoluci贸n dada.

VI. Por lo que se refiere a los fieles, para que puedan beneficiarse de la absoluci贸n sacramental dada colectivamente, se requiere absolutamente que est茅n bien dispuestos, es decir que cada uno est茅 arrepentido de sus pecados, tenga prop贸sito de enmienda, est茅 decidido a reparar los esc谩ndalos o da帽os eventualmente causados, y a la vez se proponga hacer a su debido tiempo la confesi贸n de todos y cada uno de los pecados graves que por el momento no ha podido confesar de esa manera. Los sacerdotes deber谩n instruir diligentemente a los fieles sobre estas disposiciones y condiciones necesarias pan la validez del sacramento.

VII. Aquellos a. quienes han sido perdonados los pecados graves con una absoluci贸n com煤n han de hacer una confesi贸n individual antes de recibir una nueva absoluci贸n com煤n, a no ser que est茅n impedidos por una causa justa. De todos modos est谩n obligados absolutamente a acudir dentro de un a帽o a un confesor, a no ser que est茅n impedidos por imposibilidad moral. Sigue vigente tambi茅n para ellos el precepto por el que todo cristiano est谩 obligado a confesar privadamente a un sacerdote, al menos tina vez al a帽o; los propios pecados, se entiende los pecados graves, que no haya confesado todav铆a singularmente. 6

VIII. Los sacerdotes ense帽en a los fieles que no est谩 permitido a quienes tienen conciencia de estar en pecado mortal y tienen a disposici贸n alg煤n confesor eludir intencionalmente, o por negligencia, el cumplir la obligaci贸n de la confesi贸n individual, esperando una ocasi贸n en que se d茅 a muchos la absoluci贸n colectiva. 7

IX. Para que los fieles puedan satisfacer f谩cilmente la obligaci贸n de la confesi贸n individual, proc煤rese que haya en las iglesias confesores disponibles en d铆as y horas determinadas, teniendo en cuenta la comodidad de los fieles.

En los lugares lejanos o de dif铆cil acceso, donde el sacerdote puede ir pocas veces al a帽o, disp贸nganse las cosas de manera que el sacerdote, en cuanto sea posible, oiga cada vez las confesiones sacramentales de algunos penitentes, dando a los dem谩s penitentes, si se cumplen las condiciones indicadas en el n煤mero III, la absoluci贸n sacramental colectiva; de tal modo, sin embargo, que todos los fieles, si es posible, puedan hacerla confesi贸n individual al menos una vez al a帽o.

X. Inc煤lquese claramente a los fieles que las celebraciones lit煤rgicas y los ritos penitenciales comunitarios son de gran utilidad para prepararse m谩s fructuosamente a la confesi贸n de los pecados y para la enmienda de vida. T茅ngase cuidado, sin embargo, de que tales celebraciones y ritos no se confundan con la confesi贸n y la absoluci贸n sacramental.

Si durante estas celebraciones los penitentes han hecho la confesi贸n individual, cada uno reciba individualmente la absoluci贸n del confesor que ha escuchado su confesi贸n. En caso de absoluci贸n sacramental dada a muchos simult谩neamente 茅sta deber谩 ser siempre impartida seg煤n el rito peculiar determinado por la Sagrada Congregaci贸n para el Culto divino. 8 La celebraci贸n de este rito ha de estar totalmente separada de la celebraci贸n de la misa.

XI. Aquel que es motivo actual de esc谩ndalo para los fieles, si est谩 sinceramente arrepentido y tiene prop贸sito serio de hacer desaparecer el esc谩ndalo, puede recibir, sin duda, la absoluci贸n sacramental colectiva con los dem谩s; no podr谩, sin embargo, acercarse a la sagrada comuni贸n mientras no haya hecho desaparecer el esc谩ndalo a juicio de un confesor, al que debe acudir antes personalmente.

En cuanto a la absoluci贸n de las censuras reservadas, se han de observar las normas del derecho vigente, computando el tiempo para el recurso a partir de la pr贸xima confesi贸n individual.

XII. Por lo que se refiere a la pr谩ctica de la confesi贸n frecuente o de 芦devoci贸n禄, los sacerdotes no disuadan de ella a los fieles. Antes al contrario, elogien los frutos abundantes que aporta a la vida cristiana, 9 y mu茅strense siempre dispuestos a o铆r en confesi贸n cuando lo pidan razonablemente los fieles. Se ha de evitar absolutamente el que la confesi贸n individual quede limitada a los pecados graves solamente, lo cual privar铆a a los fieles del gran fruto de la confesi贸n y perjudicar铆a a la buena fama de los que se acercan individualmente al sacramento.

XIII. Las absoluciones sacramentales dadas colectivamente sin observar las normas precedentes han de considerarse abusos graves. Todos los pastores han de evitar cuidadosamente tales abusos conscientes de su propia responsabilidad ante el bien de las almas y de la dignidad del sacramento de la penitencia.

El Sumo Pont铆fice Pablo VI, en la obediencia concedida al infrascrito Cardenal Prefecto de la Sagrada Congregaci贸n para la doctrina de la Fe el 16 de junio de 1972, aprob贸 de manera especial estas normas y mand贸 promulgar铆as y que entraran inmediatamente en vigor.


1

Cf. Concilio Vaticano II, Constituci贸n dogm谩tica Lumen gentium, sobre la Iglesia n煤m. 11.

2

Cf Jn 20, 22s.

3

Cf. Concilio Tridentino, Sesi贸n XIX, Canones de sacramento paenitentiae, 4, 5- 9 DS 1704, 1706-1709.

4

Cf. Proposici贸n 29 de las condenadas por Inocencio XI el 2 de marzo de 1979: DS 2159.

5

Cf. Concilio Vaticano II, Decreto Presbyterorum ordinis, sobre el ministerio y vida de los presb铆teros, n煤ms. 5 y 13; Decreto Christus Dominus, sobre el deber pastoral de los obispos, n煤m. 30.

6

Cf. Concilio de Letr谩n IV, cap. 21, con el Concilio Tidentino, Doctrina de sacramento paenitentiae, cap. 5, De confessione, y c谩nones 7- 8: DS 812, 1679- 1683 y 1707- 1708; cf., tambi茅n, la Proposici贸n 11 de las condenadas por la Sagrada Congregaci贸n del Santo Oficio en el Decreto de 24 de septiembre de 1665: DS 2031

7

Cf. Instrucci贸n de la Sagrada Penitenciaria apost贸lica, de 25 de marzo de 1944.

8

Entre tanto, hasta la promulgaci贸n de este nuevo rito, se usar谩 en plural la f贸rmula de la absoluci贸n sacramental actualmente prescrita.

9

Cf. P铆o XII, Enc铆clica Mystici Corporis: AAS 35 (1943), p. 235.
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