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Cardenal Giovanni Battista Re, Homilía durante la Santa Misa por el XCL aniversario del nacimiento de San Camilo, fundador de los ministros de los enfermos
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Homilía durante la Santa Misa por el 450 aniversario del nacimiento de San Camilo, Fundador de los Ministros de los Enfermos.

Arzobispo Mons. Giovanni Battista Re

1. La fiesta de San Camilo asume este a√Īo un tono de particular solemnidad por dos motivos: primero, por el 450 aniversario del nacimiento de este gran Santo de los Abruzos, que ha hecho tanto por los enfermos y que ha nacido a pocos kil√≥metros de aqu√≠; segundo, porque esta celebraci√≥n tiene lugar en el cuadro del A√Īo Santo. Esta coincidencia, como ha subrayado el Papa en la carta al Superior General de los Camilos, asume una fuerte relevancia porque el itinerario humano y espiritual de San Camilo se insert√≥ precisamente en el contexto de los acontecimientos jubilares.

En efecto, √©l naci√≥ en el A√Īo Santo 1550; se convirti√≥ en el 1575, tambi√©n A√Īo Santo; y luego, en el Jubileo del 1600, perfeccion√≥ las orientaciones de la Orden fundada por √©l en favor del cuidado de los enfermos. Tres jubileos importantes de su tiempo signan tres etapas importantes de su vida.

Su juventud, como es sabido, fue afligida por la p√©rdida de su madre y por los a√Īos vividos en la inconsciencia y en la disipaci√≥n.

Temperamento rebelde y agresivo, que hab√≠a consumado su adolescencia en los naipes y en los dados, o en el compromiso de las armas junto con su padre, pone fin a su vida de vagabundo por el encuentro que tuvo con los Padres Capuchinos, quienes le dieron un gran ejemplo de oraci√≥n, de amor a Dios y al pr√≥jimo. Contribuy√≥ a su opci√≥n por dejar la vida de militar tambi√©n una herida al pie, que no se cicatrizaba. Aquel Dios que ten√≠a sobre √©l un gran designio, lo esper√≥ as√≠ en el A√Īo Santo de 1575. El encuentro con los Franciscanos Capuchinos y la terrible herida al pie cambiaron su vida: de guerrero se volvi√≥ hombre de paz, con amplio coraz√≥n, capaz de comprender el dolor y de socorrer las necesidades de los hermanos.

2. Era un d√≠a como tantos otros el 2 de febrero de 1575, cuando llega al Convento de los Capuchinos un Padre llamado Angelo, que conoc√≠a la vida turbulenta de aquel jovencito llamado Camilo y que intu√≠a bien sus inquietudes y su potencialidad para el bien. En un cordial coloquio le dijo: ¬ęHermano m√≠o, todo pasa, todo es vanidad. S√≥lo a Jesucristo, quien nos ha rescatado con su sangre, vale la pena consagrar la vida¬Ľ. Estas palabras lo conmueven y Camilo inicia una vida distinta. A los 25 a√Īos se dedica con todo su coraz√≥n y para siempre al servicio de Cristo salvador del mundo.

Estaba clara en √©l la voluntad de dedicarse a Dios y a los hermanos, pero no lograba a√ļn entender qu√© camino deb√≠a seguir, por cu√°l senda Dios lo llamaba. Durante meses piensa retirarse en un Convento, pero la herida en la pierna vuelve a atormentarlo, oblig√°ndolo a ir al hospital para hacerse curar. Mientras tanto, hab√≠a entablado amistad con San Felipe Neri, a quien eligi√≥ como su confesor, y fue el mismo San Felipe Neri quien le sugiri√≥ que quiz√°s su camino era precisamente el hospital, donde su herida lo obligaba siempre a regresar.

3. En las aglomeradas hileras de los enfermos incurables del gran hospital San Giacomo de Roma, se dio cuenta de la condición penosa y degradante en la cual se encontraban los indigentes y quiso quedarse con ellos y para ellos, para servir a los enfermos, y eligió hacer esto por amor a Dios.

En el Hospital de los Incurables primero, y luego en el del Esp√≠ritu Santo, Camilo es incansable, presente d√≠a y noche. Acoge a los enfermos con un abrazo cuando llegan a la puerta; trata de curarlos, de consolarlos; los transporta sobre sus hombros y cuida de ellos con amor materno. Su bi√≥grafo Cicatelli relata: ¬ęParec√≠a que no viviera ya para s√≠ mismo. Solamente Jes√ļs y los pobres viv√≠an en √©l¬Ľ.

San Camilo ve√≠a en el enfermo a Jes√ļs que sufre y fue un testigo del amor de Cristo para cada persona. Como Jes√ļs en su vida se hab√≠a acercado gustosamente a los enfermos, los deformes, los mudos y los ciegos, toc√°ndolos y bendici√©ndolos, as√≠ Camilo trataba de ofrecer las curaciones m√©dicas posibles en aquel tiempo e infundir siempre consuelo y esperanza.

Camilo rode√≥ a los enfermos de gran atenci√≥n y de gran afecto. Hoy se habla mucho de humanizaci√≥n de la asistencia sanitaria, se insiste en el hecho de que la medicina debe ser humana, adem√°s de avanzada en el campo cient√≠fico y tecnol√≥gico, para estar realmente al servicio de los enfermos. Los ¬ębuenos samaritanos¬Ľ que en las sendas de la vida se acercan al que sufre y curan sus heridas, se convierten en testigos del amor de Cristo. Camilo de Lellis en este testimonio del amor de Cristo ha llegado v√©rtices que, resistiendo al transcurrir de los tiempos, constituyen para nosotros un ejemplo, una invitaci√≥n y una llamada que nunca pierde actualidad.

4. Hacia el 1582, un grupito de personas impresionadas por el estilo de Camilo, comienza a reunirse en torno a él. Nace de tal manera el proyecto de dar vida a un grupo de hombres dispuestos a compartir su ideal. Fundó así la Congregación de los Ministros de los enfermos, con el distintivo de una cruz roja sobre el pecho, al modo de los cruzados. A su muerte, el 14 de Julio de 1614, su Orden contaba ya con 322 hermanos, que trabajaban en ocho hospitales, de los cuales ellos tenían directamente la gestión de cuatro. Inspirándose en el amor de Camilo hacia Dios y hacia los enfermos, nacen seguidamente las Ministras de los Enfermos, fundadas por la beata María Dominga Brun Barbantini, y las Hijas de San Camilo, fundadas por la beata Josefina Vannini y por el P. Luis Tezza; así como también se inserta en el surco de San Camilo el Instituto Secular de las Misioneras de los Enfermos, fundado por Germana Sommaruga.

El programa que San Camilo ha dejado es curar amando; curar con sensibilidad y dedicación, viendo a Cristo en el enfermo; curar con particular afecto a aquellos que están solos, ancianos, abandonados; curar con todos los medios que la ciencia médica pone a disposición.

La dedicación a los enfermos, con el deseo de ayudarlos a curarse utilizando los recursos de la ciencia y el compromiso humano inspirado por el amor, además de la profesionalidad científica, es el mensaje que San Camilo nos dirige. El amor, y en particular el amor a los enfermos, es por tanto la lección que nos viene de San Camilo, como síntesis de su experiencia de hombre y de cristiano y como un rayo del amor de Dios.

Vuestro conterr√°neo nacido hace 450 a√Īos, recuerda a nuestra sociedad, marcada por tanto ego√≠smo, que s√≥lo el amor es la fuerza que edifica la historia; s√≥lo el amor puede abrir perspectivas de esperanza. El amor descubre todas las necesidades, todas las pobrezas, todas las aspiraciones del coraz√≥n. Y nunca se conforma con palabras. El amor, no la fuerza, no la violencia, siempre gana.

5. Desde el tiempo en el cual ha vivido y obrado San Camilo a hoy, han pasado siglos y muchas cosas han cambiado. Indudablemente la medicina y la t√©cnica sanitaria han tenido estupendos progresos, maravillosas metas han sido alcanzadas, pero permanece siempre la necesidad de que se tenga tambi√©n un poco de coraz√≥n. Para una aut√©ntica humanizaci√≥n de la asistencia hospitalaria a√ļn se necesita el esp√≠ritu de San Camilo, que ve√≠a al Se√Īor en el enfermo.

Su ideal de caritas et scientia, que une el amor a la preparaci√≥n cient√≠fica, permanece m√°s importante que nunca tambi√©n para nuestra √©poca. El mensaje de San Camilo, por tanto, sigue siendo actual, porque es la realizaci√≥n del mensaje evang√©lico. Claro que nuestro tiempo no es el suyo, a√ļn si los sufrimientos de las personas individuales y de la sociedad son sustancialmente las mismas. Alegr√≠a y dolor han articulado desde siempre la vida del hombre y de la mujer.

En el tiempo de los maravillosos progresos de la medicina y de las extraordinarias aplicaciones diagn√≥sticas y terap√©uticas, el ejemplo y la ense√Īanza de San Camilo sigue siendo luz y gu√≠a, tambi√©n al alba del tercer milenio.

A todos los enfermos que están aquí dirijo un especial saludo, deseando a cada uno que recuperen pronto la plenitud de la salud y de las energías. A cuantos se ocupan de los enfermos va mi aliento a proseguir en su compromiso de combatir la enfermedad. Precisamente esta lucha contra la enfermedad, para que vuelva a sonreír la vida a tantas personas enfermas, forma parte del Plan de Dios, el cual ha dado al hombre inteligencia y habilidad para progresar en el descubrimiento del organismo humano y poner sus frutos al servicio del bien del hombre y la mujer y de su dignidad de hijos de Dios.

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