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S.S. Juan Pablo II, Carta apost贸lica en el XXV aniversario de la constituci贸n Sacrosanctum Concilium sobre la Sagrada Liturgia
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Carta apost贸lica en el XXV aniversario de la constituci贸n Sacrosanctum Concilium sobre la Sagrada Liturgia

A todos los Hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio,

Salud y Bendici贸n Apost贸lica

1. Han pasado veinticinco a帽os desde que, el 4 de diciembre del a帽o 1963, el Sumo Pont铆fice Pablo VI promulg贸 la Constituci贸n Sacrosanctum Concilium sobre la Sagrada Liturgia, que los Padres del Concilio Vaticano II, reunidos en el Esp铆ritu Santo, poco antes hab铆an aprobado 1 . Fue aquel un acontecimiento memorable por diversas razones. En efecto, era el primer fruto del Concilio, querido por Juan XXIII, para que la Iglesia se pusiera al d铆a; hab铆a sido preparado por un amplio movimiento lit煤rgico y pastoral, y era portador de esperanza para la vida y la renovaci贸n eclesial.

Llevando a cabo la reforma de la Liturgia, el Concilio realiz贸 de modo muy concreto la finalidad fundamental que se hab铆a propuesto: "Acrecentar de d铆a en d铆a entre los fieles la vida cristiana, adaptar mejor a las necesidades de nuestro tiempo las instituciones que est谩n sujetas a cambio, promover todo aquello que pueda contribuir a la uni贸n de cuantos creen en Jesucristo y fortalecer lo que sirve para invitar a todos los hombres al seno de la Iglesia" 2 .

2. Desde el inicio de mi servicio pastoral en la c谩tedra de Pedro, me preocup茅 en "insistir sobre la importancia permanente del Concilio Vaticano II" y tom茅 "el empe帽o formal de dar al mismo la correspondiente aplicaci贸n". Y a帽ad铆 que conven铆a "hacer madurar, con el estilo propio de lo que se mueve y vive, las fecundas semillas que los Padres del Concilio Ecum茅nico, alimentados con la Palabra de Dios, sembraron en tierra buena (cf. Mt. 13, 8. 23), es decir, los importantes documentos y las deliberaciones pastorales" 3 . En m谩s de una ocasi贸n he desarrollado posteriormente, sobre diversos puntos, las ense帽anzas del Concilio respecto a la Liturgia 4 y he llamado la atenci贸n sobre la importancia que la Constituci贸n Sacrosanctum Concilium tiene para la vida del pueblo de Dios; en ella "es ya posible hallar la sustancia de aquella doctrina eclesiol贸gica que ser谩 posteriormente propuesta por la asamblea conciliar. La Constituci贸n Sacrosanctum Concilium, que fue el primer documento conciliar, cronol贸gicamente hablando, anticipa 5 la Constituci贸n dogm谩tica sobre la Iglesia Lumen Gentium y se enriquece, a su vez, con la ense帽anza de esta Constituci贸n.

Despu茅s de un cuarto de siglo, durante el cual la Iglesia y la sociedad han conocido cambios profundos y r谩pidos, es oportuno poner de relieve la importancia de esta Constituci贸n conciliar, su actualidad en relaci贸n con los problemas nuevos y la permanente validez de sus principios.

I. RENOVACI脫N EN LA L脥NEA DE LA TRADICI脫N

3. Respondiendo a las instancias de los Padres del Concilio de Trento -preocupados por la reforma de la Iglesia de su tiempo- el Papa San P铆o V dispuso la reforma de los libros lit煤rgicos: en primer lugar el Breviario y el Misal. Este mismo objetivo fue perseguido por los Romanos Pont铆fices a lo largo de los siglos siguientes, asegurando la puesta al d铆a, definiendo los ritos y los libros lit煤rgicos, y emprendiendo, desde el comienzo de este siglo, una reforma m谩s general.

San P铆o X instituy贸 una Comisi贸n especial encargada de esta reforma, para cuya realizaci贸n pens贸 que ser铆an necesarios varios a帽os; sin embargo, puso la primera piedra del edificio con la restauraci贸n de la celebraci贸n lit煤rgica del domingo y la reforma del Breviario Romano 6 . "En verdad todo esto exige, -afirmaba- seg煤n el parecer de los expertos, un trabajo tan grande cuanto duradero; y, por tanto, es necesario que pasen muchos a帽os, antes de que este edificio lit煤rgico, por decirlo de alg煤n modo, (...) muestre nuevamente el esplendor de su dignidad y armon铆a, una vez que haya sido como limpiado de la suciedad del envejecimiento" 7 .

P铆o XII hizo suyo el gran proyecto de la reforma lit煤rgica publicando la Enc铆clica Mediator Dei 8 e instituyendo una nueva Comisi贸n 9 . Asimismo, tom贸 decisiones sobre algunos puntos importantes, como la nueva versi贸n del Salterio, para facilitar la comprensi贸n de la plegaria de los Salmos 10 , la atenuaci贸n del ayuno eucar铆stico, con el fin de favorecer un acceso m谩s f谩cil a la Comuni贸n, el uso de las lenguas vern谩culas en el Ritual, y, sobre todo, la reforma de la Vigilia Pascual 11 y de la Semana Santa 12 .

En la introducci贸n al Misal Romano, en 1962, se inclu铆a la declaraci贸n de Juan XXIII, seg煤n la cual "los principios fundamentales, referentes a la reforma general de la liturgia, deb铆an ser confiados a los Padres en el pr贸ximo Concilio ecum茅nico" 13 .

4. Esta reforma global de la Liturgia respond铆a a una esperanza general de la Iglesia. En efecto, el esp铆ritu lit煤rgico se hab铆a difundido cada vez m谩s en casi todos los ambientes, junto con el deseo de una "participaci贸n activa en los sagrados misterios y en la oraci贸n p煤blica y solemne de la Iglesia" 14 , y junto con la aspiraci贸n, asimismo, de escuchar la Palabra de Dios de modo m谩s completo. La reforma de la Liturgia, unida a la renovaci贸n b铆blica, al movimiento ecum茅nico, al impulso misional, a la investigaci贸n de la eclesiolog铆a, deb铆a contribuir a la renovaci贸n total de la Iglesia. Esto lo he recordado en la Carta Dominicae Cenae: "Existe, en efecto, un v铆nculo estrech铆simo y org谩nico entre la renovaci贸n de la liturgia y la renovaci贸n de toda la vida de la Iglesia. La Iglesia no s贸lo act煤a, sino que se expresa tambi茅n en la liturgia y saca de la liturgia las fuerzas para la vida" 15 .

La reforma de los ritos y de los libros lit煤rgicos fue emprendida casi inmediatamente despu茅s de la promulgaci贸n de la Constituci贸n Sacrosanctum Concilium y fue llevada a cabo en pocos a帽os merced al trabajo intenso y desinteresado de un gran n煤mero de expertos y de pastores de todo el mundo 16 .

Este trabajo fue realizado obedeciendo al principio conciliar: fidelidad a la tradici贸n y apertura al progreso leg铆timo 17 . Por ello, se puede decir que la reforma lit煤rgica es rigurosamente tradicional "ad normam Sanctorum Patrum" 18 .

II. PRINCIPIOS DIRECTIVOS DE LA CONSTITUCI脫N

5. Los principios directivos de la Constituci贸n, que sirvieron de base a la reforma, son fundamentales para conducir a los fieles a una celebraci贸n activa de los misterios, "fuente primaria y necesaria del esp铆ritu verdaderamente cristiano" 19 . Dado que la mayor parte de los libros lit煤rgicos han sido publicados, traducidos y puestos en uso, es necesario mantener constantemente presentes estos principios y profundizarlos.

a) La actualizaci贸n del Misterio Pascual

6. El primer principio es la actualizaci贸n del Misterio pascual de Cristo en la liturgia de la Iglesia, porque "del costado de Cristo dormido en la Cruz naci贸 el sacramento admirable de la Iglesia entera" 20 . Toda la vida lit煤rgica gira en torno al sacrificio eucar铆stico y a los dem谩s sacramentos, por los que llegamos a la fuente misma de la salvaci贸n (cf. Is. 12, 3) 21 . Debemos, por tanto, ser muy consciente de que por el "misterio pascual de Cristo, hemos sido sepultados con 茅l en la muerte, para resucitar con 茅l a una vida nueva" 22 . Cuando los fieles participan en la Eucarist铆a han de comprender verdaderamente que "cada vez que se celebra el memorial de la muerte del Se帽or, se realiza la obra de nuestra Redenci贸n" 23 . Y a tal fin los Pastores deben formarlos con empe帽o constante para celebrar cada domingo la obra maravillosa que Cristo ha llevado a cabo en el misterio de su Pascua, para que, a su vez, lo anuncien al mundo 24 . En el coraz贸n de todos -pastore y fieles- la noche pascual debe volver a tener su importancia 煤nica, hasta el punto de ser verdaderamente la fiesta de las fiestas en el a帽o lit煤rgico.

Ya que la muerte de Cristo en la Cruz y su resurrecci贸n constituyen el centro de la vida diaria de la Iglesia 25 y la prenda de su Pascua eterna 26 , la Liturgia tiene como primera funci贸n conducirnos constantemente a trav茅s del camino pascual inaugurado por Cristo, en el cual se acepta morir para entrar en la vida.

7. Para actualizar su misterio pascual, Cristo est谩 siempre presente en su Iglesia, sobre todo en las acciones lit煤rgicas 27 . La Liturgia es, por consiguiente, el "lugar" privilegiado del encuentro de los cristianos con Dios y con quien El envi贸, Jesucristo (cf. Jn. 17, 3).

Cristo est谩 presente en la Iglesia orante reunida en su nombre. Precisamente este hecho es el que fundamenta la grandeza de la asamblea cristiana con las consiguientes exigencias de acogida fraterna -que llega hasta el perd贸n (cf. Mt. 5, 23-24)- y de decoro en las actitudes, en los gestos y en los cantos.

El mismo Cristo est谩 presente y act煤a en la persona del ministro ordenado que celebra 28 . Este no est谩 investido solamente de una funci贸n, sino que, en virtud de la Ordenaci贸n recibida, ha sido consagrado para actuar "in persona Christi". A todo esto debe corresponder una actitud interior y exterior, incluso en los ornamentos lit煤rgicos, en el puesto que ocupa y en las palabras que pronuncia.

Cristo est谩 presente en su palabra proclamada en la asamblea y que, comentada en la homil铆a, debe ser escuchada con fe y asimilada en la oraci贸n. Todo esto debe reflejarse tambi茅n en la dignidad del libro y del lugar destinado a la proclamaci贸n de la Palabra de Dios; asimismo, en la compostura del lector, que ha de ser siempre consciente de que es el portavoz de Dios ante sus hermanos.

Cristo est谩 presente y act煤a por medio del Esp铆ritu Santo en los sacramentos y, de modo singular y eminente (sublimiori modo), bajo las especies eucar铆sticas en el sacrificio de la Misa 29 , y tambi茅n fuera de la celebraci贸n, cuando 茅stas se conservan en el tabern谩culo para la comuni贸n -particularmente de los enfermos- y para la adoraci贸n de los fieles 30 . Sobre esta presencia real y misteriosa, corresponde a los pastores recordar frecuentemente en su catequesis la doctrina de la fe, de la cual deben vivir los fieles y que los te贸logos est谩n llamados a profundizar. La fe en esta presencia del Se帽or implica una actitud exterior de respeto hacia la Iglesia, -lugar sagrado donde Dios se manifiesta en su misterio (cf. Ex. 3, 5)- sobre todo durante la celebraci贸n de los sacramentos, pues las cosas santas deben ser tratadas siempre santamente.

b) La lectura de la Palabra de Dios

8. El segundo principio es la presencia de la Palabra de Dios.

En efecto, la Constituci贸n Sacrosanctum Concilium ha querido tambi茅n restablecer "una lectura de la Sagrada Escritura m谩s abundante, m谩s variada y m谩s apropiada" 31 . La raz贸n profunda de esta restauraci贸n est谩 expresada en la Constituci贸n lit煤rgica, "para que aparezca con claridad la 铆ntima conexi贸n entre la palabra y rito en la liturgia" 32 y en la Constituci贸n dogm谩tica sobre la divina Revelaci贸n: "La Iglesia siempre ha venerado la Sagrada Escritura, como lo ha hecho con el Cuerpo de Cristo, pues sobre todo en la sagrada liturgia, nunca ha cesado de tomar y repartir a sus fieles el pan de vida que ofrece la mesa de la palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo" 33 . El incremento de la vida lit煤rgica, y, consecuentemente, el desarrollo de la vida cristiana no se podr谩n realizar si no se promueve constantemente en los fieles y, ante todo, en los sacerdotes un "amor suave y vivo hacia la Sagrada Escritura" 34 . La Palabra de Dios es ahora m谩s conocida en las comunidades cristianas, pero una verdadera renovaci贸n pone hoy y siempre nuevas exigencias: la fidelidad al sentido aut茅ntico de la Escritura debe mantenerse siempre presente, especialmente cuando se traduce a las diversas lenguas; el modo de proclamar la Palabra de Dios para que pueda ser percibida como tal, el empleo de medios t茅cnicos adecuados, la disposici贸n interior de los ministros de la Palabra con el fin de desempe帽ar decorosamente sus funciones en la asamblea lit煤rgica 35 , la esmerada preparaci贸n de la homil铆a a trav茅s del estudio y la meditaci贸n, el compromiso de los fieles a participar en la mesa de la Palabra, el gusto de orar mediante los Salmos y -al igual que los disc铆pulos de Ema煤s- el deseo de descubrir a Cristo en la mesa de la Palabra y del pan 36 .

c) La Iglesia se manifiesta a s铆 misma

9. Por 煤ltimo, el Concilio ha querido ver en la Liturgia una epifan铆a de la Iglesia, pues la Liturgia es la Iglesia en oraci贸n. Celebrando el culto divino, la Iglesia expresa lo que es: una, santa, cat贸lica y apost贸lica.

Se manifiesta como una, con aquella unidad que le viene de la Trinidad 37 , sobre todo cuando el pueblo santo de Dios participa "en la misma Eucarist铆a, en una misma oraci贸n, junto al 煤nico altar, donde preside el Obispo rodeado de su presbiterio y ministros" 38 . 隆Que nada rompa ni debilite, en la celebraci贸n de la Liturgia, esta unidad de la Iglesia!

La Iglesia expresa la santidad que le viene de Cristo (cf. Ef. 5, 26-27) cuando, congregada en un solo cuerpo por el Esp铆ritu Santo 39 que santifica y da la vida 40 , comunica a los fieles, mediante la Eucarist铆a y los otros sacramentos, toda gracia y toda bendici贸n del Padre 41 .

En la celebraci贸n lit煤rgica la Iglesia expresa su catolicidad, ya que en ella el Esp铆ritu del Se帽or congrega a los hombres de todas las lenguas en la profesi贸n de la misma fe 42 , y desde Oriente a Occidente ella presenta a Dios Padre el sacrificio de Cristo y se ofrece a s铆 misma junto con 茅l 43 .

Finalmente, en la Liturgia la Iglesia manifiesta que es apost贸lica, porque la fe que ella profesa est谩 fundada en el testimonio de los Ap贸stoles; porque en la celebraci贸n de los misterios, presidida por el Obispo, sucesor de los Ap贸stoles, o por un ministro ordenado en la sucesi贸n apost贸lica, transmite fielmente lo que ha recibido de la Tradici贸n apost贸lica; porque el culto que ofrece a Dios la compromete en la misi贸n de irradiar el Evangelio en el mundo.

De esta manera es como el Misterio de la Iglesia es principalmente anunciado, gustado y vivido en la Liturgia 44 .

III .ORIENTACIONES PARA DIRIGIR LA RENOVACI脫N DE LA VIDA LIT脷RGICA

10. De estos principios se derivan algunas normas y orientaciones que deben regular la renovaci贸n de la vida lit煤rgica. Pues si la reforma de la Liturgia querida por el Concilio Vaticano II puede considerarse ya realizada, en cambio, la pastoral lit煤rgica constituye un objetivo permanente para sacar cada vez m谩s abundantemente de la riqueza de la liturgia aquella fuerza vital que de Cristo se difunde a los miembros de su Cuerpo que es la Iglesia.

Puesto que la Liturgia es el ejercicio del sacerdocio de Cristo, es necesario mantener constantemente viva la afirmaci贸n del disc铆pulo ante la presencia misteriosa de Cristo: "Es el Se帽or" (Jn. 21, 7). Nada de lo que hacemos en la Liturgia puede aparecer como m谩s importante de lo que invisible, pero realmente, Cristo hace por obra de su Esp铆ritu. La fe vivificada por la caridad, la adoraci贸n, la alabanza al Padre y el silencio de la contemplaci贸n, ser谩n siempre los primeros objetivos a alcanzar para una pastoral lit煤rgica y sacramental.

Ya que la Liturgia est谩 enteramente impregnada por la Palabra de Dios, conviene que cualquier otra palabra est茅 en armon铆a con ella, ante todo la homil铆a, pero tambi茅n los cantos y las moniciones; ninguna otra lectura podr谩 ocupar el lugar que corresponde a la lectura b铆blica; las palabras de los hombres han de estar al servicio de la Palabra de Dios, sin oscurecerla.

Teniendo en cuenta que 芦las acciones lit煤rgicas no son acciones privadas, sino celebraciones de la Iglesia, que es "sacramento de unidad"禄 45 , su reglamentaci贸n depende 煤nicamente de la autoridad jer谩rquica de la Iglesia 46 . La Liturgia pertenece a todo el cuerpo de la Iglesia 47 . Por esto no est谩 permitido a nadie, ni siquiera al sacerdote, ni a grupo alguno, a帽adir, quitar o cambiar algo, llevado de su propio arbitrio 48 . La fidelidad a los ritos y a los textos aut茅nticos de la Liturgia es una exigencia de la "lex orandi", que debe estar siempre en armon铆a con la "lex credendi". La falta de fidelidad en este punto puede afectar incluso a la validez misma de los sacramentos.

Al ser una celebraci贸n de la Iglesia, la Liturgia requiere una participaci贸n activa, consciente y plena por parte de todos, seg煤n la diversidad de 贸rdenes y funciones 49 : todos, tanto los ministros como los dem谩s fieles, al desempe帽ar su cometido, hacen aquello que les corresponde y s贸lo aquello que les corresponde 50 .

Por esto la Iglesia da preferencia a la celebraci贸n comunitaria, cuando lo requiere la naturaleza de los ritos 51 ; alienta la formaci贸n de ministros, lectores, cantores y comentadores, que desempe帽an un aut茅ntico ministerio lit煤rgico 52 ; tambi茅n ha restablecido la concelebraci贸n 53 y recomienda el rezo com煤n del Oficio divino 54 .

Ya que la Liturgia es la gran escuela de oraci贸n de la Iglesia, se consider贸 oportuno introducir y desarrollar el uso de la lengua vulgar -sin eliminar el uso de la lengua latina, conservada por el Concilio para los Ritos latinos 55 - para que cada uno pueda entender y proclamar en su propia lengua materna las maravillas de Dios (cf. Act. 2, 11); igualmente se consider贸 oportuno aumentar el n煤mero de prefacios y de las Plegarias eucar铆sticas, que enriquecen el tesoro de la oraci贸n y ayudan a entender los misterios de Cristo.

Puesto que la Liturgia tiene un gran valor pastoral, los libros lit煤rgicos permiten un margen de adaptaci贸n a la asamblea y a las personas, y una posibilidad de apertura a la idiosincrasia y la cultura de los diversos pueblos 56 . La revisi贸n de los ritos ha buscado una noble sencillez 57 y unos signos f谩cilmente comprensibles, pero la sencillez deseada no debe degenerar en empobrecimiento de los signos, sino que los signos, sobre todo los sacramentales, deben contener la mayor expresividad posible. El pan y el vino, el agua y el aceite, y tambi茅n el incienso, las cenizas, el fuego y las flores, y casi todos los elementos de la creaci贸n tienen su lugar en la Liturgia como ofrenda al Creador y como aporte a la dignidad y belleza de la celebraci贸n.

IV. APLICACI脫N CONCRETA DE LA REFORMA

a) Dificultades

11. Conviene reconocer que la aplicaci贸n de la reforma lit煤rgica ha encontrado algunas dificultades debidas sobre todo a un contexto poco favorable, caracterizado por una tendencia a privatizar el 谩mbito religioso, por un cierto rechazo de toda instituci贸n, por una menor presencia visible de la Iglesia en la sociedad, por un cuestionar la fe personal. Se puede suponer tambi茅n que el pasar de una mera asistencia -a veces m谩s bien pasiva y muda- a una participaci贸n m谩s plena y activa haya sido para algunos una exigencia demasiado fuerte; por lo cual han surgido actitudes diversas e incluso opuestas ante la reforma. En efecto, algunos han acogido los nuevos libros con una cierta indiferencia o sin tratar de comprender ni de hacer comprender los motivos de los cambios; otros, por desgracia, se han encerrado de manera unilateral y exclusiva en las formas lit煤rgicas anteriores, consideradas por algunos de 茅stos como 煤nica garant铆a de seguridad en la fe. Otros, finalmente, han promovido innovaciones fantasiosas, alej谩ndose de las normas dadas por la autoridad de la Sede Apost贸lica o por los Obispos, perturbando as铆 la unidad de la Iglesia y la piedad de los fieles, en contraste, a veces, con los datos de la fe.

b) Resultados positivos

12. Esto no debe hacer olvidar que los pastores y el pueblo cristiano, en su gran mayor铆a, han acogido la reforma lit煤rgica con esp铆ritu de obediencia y, m谩s a煤n, de gozoso fervor.

Por ello conviene dar gracias a Dios por el paso de su Esp铆ritu en la Iglesia, como ha sido la renovaci贸n lit煤rgica 58 ; por la mesa de la Palabra de Dios, dispuesta con abundancia para todos 59 ; por el inmenso esfuerzo realizado en todo el mundo para ofrecer al pueblo cristiano las traducciones de la Biblia, del Misal y de los otros libros lit煤rgicos; por la mayor participaci贸n de los fieles, a trav茅s de las plegarias y los cantos, de los gestos y del silencio en la celebraci贸n de la Eucarist铆a y de los dem谩s sacramentos; por los ministerios desempe帽ados por los laicos y las responsabilidades que han asumido en virtud del sacerdocio com煤n, del que participan por el Bautismo y la Confirmaci贸n; por la irradiante vitalidad que tantas comunidades cristianas reciben de la Liturgia.

Estos son otros tantos motivos para permanecer fieles a la ense帽anza de la Constituci贸n Sacrosanctum Concilium y a las reformas que 茅sta ha permitido llevar a cabo: "La renovaci贸n lit煤rgica es el fruto m谩s visible de la obra conciliar" 60 . Para muchos el mensaje del Concilio Vaticano II ha sido percibido ante todo mediante la reforma lit煤rgica.

c) Aplicaciones err贸neas

13. Junto a estos beneficios de la reforma lit煤rgica, hay que reconocer y deplorar algunas desviaciones, de mayor o menor gravedad, en la aplicaci贸n de la misma.

Se constatan, a veces, omisiones o a帽adiduras il铆citas, ritos inventados fuera de las normas establecidas, gestos o cantos que no favorecen la fe o el sentido de lo sagrado, abusos en la pr谩ctica de la absoluci贸n colectiva, confusionismos entre sacerdocio ministerial, ligado a la ordenaci贸n, y el sacerdocio com煤n de los fieles, que tiene su propio fundamento en el bautismo.

No se puede tolerar que algunos sacerdotes se arroguen el derecho de componer plegarias eucar铆sticas o sustituir textos de la Sagrada Escritura con textos profanos. Iniciativas de este tipo, lejos de estar vinculadas a la reforma lit煤rgica en s铆 misma, o a los libros que se han publicado despu茅s, la contradicen directamente, la desfiguran y privan al pueblo cristiano de las riquezas aut茅nticas de la Liturgia de la Iglesia.

Compete a los Obispos corregirlas, ya que la reglamentaci贸n de la Liturgia depende del Obispo seg煤n el derecho 61 , y de 茅l "deriva y depende en cierto modo la vida en Cristo de sus fieles" 62 .

V. EL FUTURO DE LA RENOVACI脫N

14. La Constituci贸n Sacrosanctum Concilium ha reflejado la voz un谩nime del colegio episcopal, reunido en torno al Sucesor de Pedro y con la asistencia del Esp铆ritu de la verdad, prometido por el Se帽or Jes煤s (cf. Jn. 15, 26). Este Documento sigue sosteniendo a la Iglesia en el camino de la renovaci贸n y de la santidad fomentando su genuina vida lit煤rgica.

Los principios enunciados en la Constituci贸n sirven tambi茅n de orientaci贸n para el futuro de la Liturgia, de manera que la reforma lit煤rgica sea cada vez m谩s comprendida y realizada."Es, por tanto, muy conveniente y necesario que contin煤e poni茅ndose en pr谩ctica una nueva e intensa educaci贸n, para descubrir todas las riquezas encerradas en la nueva liturgia" 63 .

La Liturgia de la Iglesia va m谩s all谩 de la reforma lit煤rgica. No estamos en la misma situaci贸n de 1963; una generaci贸n de sacerdotes y de fieles, que no ha conocido los libros lit煤rgicos anteriores a la reforma, act煤a hoy con responsabilidad en la Iglesia y en la sociedad. No se puede, pues, seguir hablando de cambios como en el tiempo de la publicaci贸n del Documento, pero s铆 de una profundizaci贸n cada vez m谩s intensa de la Liturgia de la Iglesia, celebrada seg煤n los libros vigentes y vivida, ante todo, como un hecho de orden espiritual.

a) Formaci贸n b铆blica y lit煤rgica

15. El cometido m谩s urgente es el de la formaci贸n b铆blica y lit煤rgica del pueblo de Dios: pastores y fieles. La Constituci贸n ya lo hab铆a subrayado: "No se puede esperar que esto ocurra (la participaci贸n plena, consciente y activa de todos los fieles), si antes los mismos pastores de almas no se impregnan totalmente del esp铆ritu y de la fuerza de la Liturgia y llegan a ser maestros de la misma" 64 . Esta es una obra a largo plazo, la cual debe empezar en los Seminarios y Casas de formaci贸n 65 y continuar durante toda la vida sacerdotal 66 . Esta misma formaci贸n, adaptada a su estado, es tambi茅n indispensable para los laicos 67 , tanto m谩s que 茅stos, en muchas regiones, est谩n llamados a asumir responsabilidades cada vez mayores en la comunidad.

b) Adaptaci贸n

16. Otro cometido importante para el futuro es el de la adaptaci贸n de la Liturgia a las diferentes culturas. La Constituci贸n ha enunciado su principio, indicando el procedimiento a seguir por parte de las Conferencias Episcopales 68 . La adaptaci贸n de las lenguas ha sido r谩pida, aunque a veces dif铆cil de llevar a cabo. Despu茅s se ha hecho la adaptaci贸n de los ritos, cosa m谩s delicada, pero igualmente necesaria.

Es a煤n arduo el esfuerzo que se debe hacer para enraizar la Liturgia en algunas culturas, tomando de 茅stas las expresiones que pueden armonizarse con el verdadero y aut茅ntico esp铆ritu de la Liturgia, respetando la unidad sustancial del Rito romano expresada en los libros lit煤rgicos 69 . La adaptaci贸n ha de tener en cuenta el hecho de que en la Liturgia -y particularmente en la sacramental- hay una parte inmutable, por ser de instituci贸n divina, de la cual es guardiana la Iglesia, y hay otras partes susceptibles de cambios, para lo cual la Iglesia tiene el poder y, a veces, incluso el deber de adaptar a las culturas de los pueblos evangelizados recientemente 70 . No es 茅ste un problema nuevo en la Iglesia; en efecto, la diversidad lit煤rgica puede ser fuente de enriquecimiento pero, a la vez, puede provocar tensiones, incomprensiones rec铆procas e incluso cismas. En este terreno, est谩 claro que la diversidad no debe da帽ar la unidad. Ella no puede expresarse sino en la fidelidad a la fe com煤n, a los signos sacramentales que la Iglesia ha recibido de Cristo, y a la comuni贸n jer谩rquica. La adaptaci贸n a las culturas exige tambi茅n una conversi贸n del coraz贸n y, si fuera necesario, tambi茅n la ruptura con costumbres ancestrales incompatibles con la fe cat贸lica. Esto exige una seria formaci贸n teol贸gica, hist贸rica y cultural, como tambi茅n un prudente juicio para discernir lo que es necesario o 煤til, de lo que es in煤til o peligroso para la fe. "Un progreso satisfactorio en este campo no podr谩 ser sino el fruto de una maduraci贸n progresiva en la fe, que integre el discernimiento espiritual, la lucidez teol贸gica, el sentido de Iglesia universal en el marco de una amplia concertaci贸n 71 .

c) Prestar atenci贸n a los nuevos problemas

17. El esfuerzo de la renovaci贸n lit煤rgica debe responder adem谩s a las exigencias de nuestro tiempo. La Liturgia no est谩 desencarnada 72 . Durante estos veinticinco a帽os han surgido nuevos problemas o han tomado un nuevo aspecto como, por ejemplo: el ejercicio del diaconado accesible a hombres casados; las funciones lit煤rgicas que en las celebraciones pueden ser confiadas a los laicos, hombres o mujeres; las celebraciones lit煤rgicas para ni帽os, j贸venes y minusv谩lidos; la modalidad de composici贸n de los textos lit煤rgicos apropiados para un pa铆s determinado.

En la Constituci贸n Sacrosanctum Concilium no se hace menci贸n de estos problemas, pero se indican los principios generales para coordinar y promover la vida lit煤rgica.

d) Liturgia y piedad popular

18. Finalmente, para salvaguardar la reforma y asegurar el fomento de la Liturgia 73 , hay que tener en cuenta la piedad popular cristiana y su relaci贸n con la vida lit煤rgica 74 . Esta piedad popular no puede ser ignorada ni tratada con indiferencia o desprecio, pues es rica en valores 75 y expresa de por s铆 la actitud religiosa ante Dios; pero tiene necesidad de ser evangelizada continuamente, para que la fe que expresa llegue a ser un acto cada vez m谩s maduro y aut茅ntico. Tanto los actos piadosos del pueblo cristiano 76 , como otras formas de devoci贸n, son acogidos y aconsejados mientras no suplanten y no se mezclen con las celebraciones lit煤rgicas. Una pastoral lit煤rgica aut茅ntica sabr谩 apoyarse en las riquezas de la piedad popular, purificarlas y orientarlas hacia la liturgia como contribuci贸n de los pueblos" 77 .

VI. ORGANISMOS RESPONSABLES DE LA RENOVACI脫N LIT脷RGICA

a) Congregaci贸n para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos

19. La funci贸n de promover la renovaci贸n de la Liturgia compete, en primer lugar, a la Sede Apost贸lica 78 . Este a帽o se cumplen cuatro siglos desde que el Papa Sixto V cre贸 la Sagrada Congregaci贸n de Ritos, a la que confi贸 la tarea de vigilar el desarrollo del Culto Divino, reformado por el Concilio de Trento. San P铆o X instituy贸 otra Congregaci贸n para la Disciplina de los Sacramentos. Para la aplicaci贸n pr谩ctica de la Constituci贸n lit煤rgica del Concilio Vaticano II, Pablo VI instituy贸 un Consejo 79 , luego la Sagrada Congregaci贸n para el Culto Divino 80 , los cuales con generosidad, competencia y prontitud han llevado a cabo la tarea que les fue confiada. Con la nueva estructura de la Curia Romana, prevista en la Constituci贸n Apost贸lica Pastor Bonus, todo el 谩mbito de la liturgia es unificado y puesto bajo la responsabilidad de un solo Dicasterio: la Congregaci贸n para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Corresponde, por tanto, a 茅sta -salva la competencia de la Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe 81 - regular y promover la Liturgia, cuya parte esencial son los sacramentos, alentando la actividad pastoral lit煤rgica 82 , sosteniendo los diversos Organismos que se ocupan del Apostolado lit煤rgico, la m煤sica, el canto y el arte sacro 83 , y vigilando la disciplina sacramental 84 . Esta es una obra importante, pues se trata, ante todo, de custodiar fielmente los grandes principios de la Liturgia cat贸lica, ilustrados y desarrollados en la Constituci贸n conciliar, as铆 como inspirarse en la misma para promover y profundizar en toda la Iglesia la renovaci贸n de la vida lit煤rgica.

La Congregaci贸n, por tanto, ayudar谩 a los Obispos diocesanos en su misi贸n de presentar a Dios el culto de la religi贸n cristiana y regularlo seg煤n los preceptos del Se帽or y las leyes de la Iglesia 85 . Por otra parte, se mantendr谩 en estrecho y franco contacto con las Conferencias Episcopales en lo que se refiere a su competencia en el 谩mbito lit煤rgico 86 .

b) Conferencias Episcopales

20. Las Conferencias Episcopales recibieron el importante encargo de preparar las traducciones de los libros lit煤rgicos 87 . Las necesidades del momento obligaron a veces a utilizar traducciones provisionales, que fueron aprobadas ad interim. Pero ha llegado ya el momento de reflexionar sobre ciertas dificultades surgidas posteriormente, dar soluci贸n a ciertas carencias o inexactitudes, completar las traducciones parciales, crear o aprobar los cantos lit煤rgicos, vigilar sobre el respeto de los textos aprobados y, finalmente, publicar los libros lit煤rgicos que tengan una vigencia estable y una presentaci贸n digna de los misterios celebrados.

Para llevar a cabo el trabajo de traducci贸n, y tambi茅n para una confrontaci贸n m谩s amplia en el 谩mbito de cada Pa铆s, las Conferencias Episcopales deb铆an crear una Comisi贸n nacional y asegurarse la colaboraci贸n de personas expertas en los diversos sectores de la ciencia y del apostolado lit煤rgico 88 . Es preciso preguntarnos ahora sobre el balance, positivo o negativo, de tal Comisi贸n, sobre las orientaciones y la aportaci贸n que ha recibido de la Conferencia Episcopal en su creaci贸n y actividades. El papel de esta Comisi贸n es mucho m谩s delicado cuando la Conferencia quiere ocuparse de ciertas medidas de adaptaci贸n o de una inculturaci贸n m谩s profunda 89 ; 茅sta es una raz贸n m谩s a tener en cuenta, para que en dicha Comisi贸n haya personas verdaderamente expertas.

c) Obispo diocesano

21. El Obispo es en cada di贸cesis el principal dispensador de los misterios de Dios, as铆 como el moderador, promotor y custodio de toda la vida lit煤rgica en la Iglesia particular que le ha sido confiada 90 . Cuando el Obispo celebra la Liturgia con el pueblo se manifiesta el misterio mismo de la Iglesia. Por tanto, es necesario que el Obispo sea profundamente consciente de la importancia de estas celebraciones para la vida cristiana de sus fieles, las cuales deben ser un modelo para toda la di贸cesis 91 . A煤n queda mucho por hacer en la labora de ayudar a los sacerdotes y fieles a que profundicen en el sentido de los ritos y de los textos lit煤rgicos, como tambi茅n a que fomenten la dignidad y belleza de las celebraciones y de los lugares de culto, y a que promuevan -como hicieron los Padres de la Iglesia- una "catequesis mistag贸gica" de los sacramentos. Para llevar a buen t茅rmino esta tarea, el Obispo ha de crear una o incluso varias Comisiones diocesanas, que le ofrezcan su colaboraci贸n en promover la acci贸n lit煤rgica, la m煤sica y el arte sacro en su di贸cesis 92 . La Comisi贸n diocesana, por su parte, actuar谩 seg煤n el pensamiento y las directrices del Obispo y deber谩 contar con su autoridad y su aliento para llevar a cabo de modo conveniente la propia tarea.

CONCLUSI脫N

22. Como ha recordado la Constituci贸n Sacrosanctum Concilium, la liturgia no agota toda la actividad de la Iglesia 93 , sino que es ciertamente su fuente y su culmen 94 . Es su fuente porque, sobre todo en los sacramentos, los fieles reciben abundantemente el agua de la gracia, que brota del costado de Jes煤s crucificado. Evocando una imagen usada por el Papa Juan XXIII, la Liturgia es como la fuente del pueblo a la que cada generaci贸n va a sacar el agua siempre fresca y vivificante. Y es tambi茅n su culmen, sea porque toda la actividad de la Iglesia tiende hacia la comuni贸n de vida con Cristo, sea porque en la Liturgia es donde la Iglesia manifiesta y comunica a los fieles la obra de la salvaci贸n, realizada por Cristo una vez para siempre.

23. Parece llegado el momento de dar nuevo vigor al h谩lito que empuj贸 a la Iglesia cuando la Constituci贸n Sacrosanctum Concilium fue preparada, discutida, votada y promulgada, y cuando comenz贸 a aplicarse. El grano sembrado tuvo que soportar el rigor del invierno, pero la semilla ha germinado y se ha hecho 谩rbol. Efectivamente, se trata del crecimiento org谩nico de un 谩rbol tanto m谩s vigoroso cuanto m谩s profundamente extiende sus ra铆ces en el terreno de la tradici贸n 95 . Deseo recordar lo que dije en 1984, con ocasi贸n del Congreso de las Comisiones lit煤rgicas: En la obra de la renovaci贸n lit煤rgica querida por el Concilio hay que tener presente "con gran equilibrio, la parte de Dios y la parte del hombre, la jerarqu铆a y los fieles, la tradici贸n y el progreso, la ley y la adaptaci贸n, el individuo y la comunidad, el silencio y el canto del coro. De esta forma, la Liturgia de la tierra se conectar谩 con la del cielo, donde (...) se formar谩 un solo coro (...) para entonar un himno, a una sola voz, al Padre, por medio de Jesucristo" 96 .

Con estos deseos, que en lo 铆ntimo del coraz贸n se hacen plegaria, imparto a todos la Bendici贸n Apost贸lica.

Vaticano, 4 de diciembre de 1988, und茅cimo de mi Pontificado.


1

AAS 56 (1964), pp. 97-134.

2

Const. Sacrosanctum Concilium, 1.

3

Primer mensaje al mundo (17 de octubre de 1978): AAS 70 (1978), pp. 920-921.

4

Cfr. particularmente: Carta Encic. Redemptor hominis (4 de marzo de 1979), 7. 18-22: AAS 71 (1979), pp. 268-269, 301-324; Exhort. Apost. Catechesi tradendae (16 de octubre de 1979): AAS 71 (1979) 23. 27-30. 33. 37. 48. 53. 55. 66-68, pp. 1296-1297, 1298-1303, 1305-1306, 1308-1309, 1316; Carta Dominicae Cenae, sobre el misterio y el culto a la SS. Eucarist铆a (24 de febrero de 1980): AAS 72 (1980), pp. 1218-1232; Exhort. Apost. Familiaris consortio (22 de noviembre de 1981), 13. 15. 19-21. 33. 38-39. 55-59. 66-68: AAS 74 (1982), pp. 93-96, 97, 101-106, 120-123, 129-131, 147-152, 159-165; Exhort. Apost. postsinodal Reconciliatio et Paenitentia (2 de diciembre de 1984): AAS 77 (1985), pp. 185-275, especialmente los n煤ms. 23-33, pp. 233-271.

5

Alocuci贸n al Congreso de los Presidentes y Secretarios de las Comisiones Nacionales de Liturgia (27 de octubre de 1984), 1: Insegnamenti, VII/2 (1984), p. 1049.

6

Const. Apost. Divino afflatu (1 de noviembre de 1911): AAS 3 (1911), pp. 633-638.

7

Motu proprio Abhinc duos annos (23 de octubre de 1913): AAS 5 (1913), pp. 449-450.

8

20 de noviembre de 1947: AAS 39 (1947), pp. 521-600.

9

S. Congregaci贸n de Ritos, Secci贸n hist贸rica, n. 71, Memoria sobre la reforma lit煤rgica (1946).

10

P铆o XII, Motu proprio In cotidianis precibus (24 de marzo de 1945): AAS 37 (1945), pp. 65-67.

11

S. Congregaci贸n de Ritos, Decreto Dominicae Resurrectionis (9 de febrero de 1951): AAS 43 (1951), pp. 128-129.

12

S. Congregaci贸n de Ritos, Decreto Maxima Redemptionis (16 de noviembre de 1955): AAS 47 (1955), pp. 838-841.

13

Juan XXIII, Carta Apost. Rubricarum instructum (25 de julio de 1960): AAS 52 (1960), p. 954.

14

P铆o X, Motu proprio Tra le sollecitudini dell'officio pastorale (22 de noviembre de 1903): Pii X Pontificis Maximi Acta, I, p. 77.

15

Carta Dominicae Cenae (24 de febrero de 1980), 13: AAS 72 (1980), p. 146.

16

Cf. Const. Sacrosanctum Concilium, 25.

17

Cf. Ibid., 23.

18

Cf. Ibid., 50; Misal Romano, Proemio, 6.

19

Const. Sacrosanctum Concilium, 14.

20

Const. Sacrosanctum Concilium, 5; Misal Romano, La Vigilia Pascual, oraci贸n despu茅s de la VII lectura.

21

Cf. Const. Sacrosanctum Concilium, 5-6. 47. 61. 102. 106-107.

22

Misal Romano, La Vigilia pascual. Renovaci贸n de las promesas del bautismo.

23

Cf. Ibid., Misa vespertina "In Cena Domini", oraci贸n sobre las ofrendas.

24

Cf. Ibid., Prefacio de los Domingos Ordinarios, I.

25

Cf. Carta Encic. Redemptor hominis (4 de marzo de 1979), 7: AAS 71 (1979), pp. 268-270.

26

Cf. Carta Dominicae Cenae (24 de febrero de 1980), 4: AAS 72 (1980), pp. 119-121.

27

Cf. Const. Sacrosanctum Concilium, 7; cf. Pablo VI, Carta Encic. Mysterium Fidei (3 de setiembre de 1965): AAS 57 (1965), pp. 761. 764.

28

Cf. S. Congregaci贸n de Ritos, Instrucci贸n Eucharisticum Mysterium (25 de mayo de 1967), 9: AAS 59 (1967), p. 547.

29

Cf. Pablo VI, Carta Enc铆c. Mysterium Fidei (3 de setiembre de 1965): AAS 57 (1965), p. 763.

30

Cf. Ibid., pp. 769-771.

31

Const. Sacrosanctum Concilium, 35.

32

Ibid.

33

Const. Dogm. Dei Verbum, 21.

34

Const. Sacrosanctum Concilium, 24.

35

Cf. Carta Dominicae Cenae (24 de febrero de 1980), 10: AAS 72 (1980), pp. 134-137.

36

Cf. Liturgia de las Horas, Lunes de la IV Semana, oraci贸n de v铆speras.

37

Cf. Misal Romano, Prefacio de los Domingos Ordinarios, VIII.

38

Const. Sacrosanctum Concilium, 41.

39

Cf. Misal Romano, Plegaria eucar铆stica II y IV.

40

Cf. Ibid., Plegaria eucar铆stica III; S铆mbolo Nicenoconstantinopolitano.

41

Cf. Ibid., Plegaria eucar铆stica I.

42

Cf. Ibid., Bendici贸n solemne en el Domingo de Pentecost茅s.

43

Cf. Ibid., Plegaria eucar铆stica III.

44

Cf. Alocuci贸n al Congreso de los Presidentes y Secretarios de las Comisiones Nacionales de Liturgia (27 de octubre de 1984), 1: Insegnamenti, VII/2 (1984), p. 1049.

45

Const. Sacrosanctum Concilium, 26.

46

Cf. Ibid., 22 y 26.

47

Cf. Ibid., 26.

48

Cf. Ibid., 22.

49

Cf. Ibid., 26.

50

Cf. Ibid., 28.

51

Cf. Ibid., 27.

52

Cf. Ibid., 29.

53

Cf. Ibid., 57; cf. S. Congregaci贸n de Ritos, Decreto general Ecclesiae semper (7 de marzo de 1965): AAS 57 (1965), pp. 410-412.

54

Cf. Const. Sacrosanctum Concilium, 99.

55

Cf. Ibid., 36.

56

Cf. Ibid., 37-40.

57

Cf. Ibid., 34.

58

Cf. Ibid., 43.

59

Cf. Const. dogm. Dei Verbum,21; Sacrosanctum Concilium, 51.

60

Relaci贸n final de la Asamblea Extraordinaria del S铆nodo de los Obispos (7 de diciembre de 1985), II, B, b, 1.

61

Cf. Const. Sacrosanctum Concilium, 22, 1.

62

Ibid., 41.

63

Carta Dominicae Cenae, (24 de febrero de 1980), 9; AAS 72 (1980), p. 133.

64

Const. Sacrosanctum Concilium, 14.

65

Cf. S. Congregaci贸n de Ritos, Instrucci贸n Inter Oecumenici (26 de setiembre de 1964), 11-13: AAS 56 (1964), pp. 879-880; S. Congregaci贸n para la Educaci贸n Cat贸lica, Ratio fundamentalis para la formaci贸n sacerdotal (6 de enero de 1970), cap. VIII: AAS 72 (1970), pp. 351-361; Instrucci贸n In ecclesiasticam futurorum sobre la formaci贸n lit煤rgica en los seminarios (3 de junio de 1979), Roma 1979.

66

Cf. S. Congregaci贸n de Ritos, Instrucci贸n Inter Oecumenici (26 de setiembre de 1964), 14-17: AAS 56 (1964), pp. 880-881.

67

Cf. Const. Sacrosanctum Concilium, 19.

68

Cf. Ibid., 39.

69

Cf. Ibid., 37-40.

70

Cf. Ibid., 21.

71

Alocuci贸n a un grupo de Obispos de la Conferencia Episcopal del Zaire (12 de abril de 1983), 5: AAS 75 (1983), p. 620.

72

Cf. Alocuci贸n al Congreso de los Presidentes y Secretarios de las Comisiones Nacionales de Liturgia (27 de octubre de 1984), 2: Insegnamenti, VII/2 (1984), p. 1051.

73

Cf. Const. Sacrosanctum Concilium, 1.

74

Cf. Ibid., 12-13.

75

Cf. Pablo VI, Exhort. Apost. Evangelii nuntiandi (8 de diciembre de 1975), 48: AAS 68 (1976), pp. 37-38.

76

Cf. Const. Sacrosanctum Concilium, 13.

77

Cf. Alocuci贸n a la Conferencia Episcopal del Abruzo y Molise en visita "ad Limina" (24 de abril de 1986), 3-7: AAS 78 (1586), pp. 1140-1143.

78

Cf. Const. Sacrosanctum Concilium, 22, 1.

79

Carta Apost. Sacram Liturgiam (25 de enero de 1964): AAS 56 (1964), pp. 139-144.

80

Const. Apost.Sacra Rituum Congregatio (8 de mayo de 1969): AAS 61 (1969), pp. 297-305.

81

Const. Apost. Pastor Bonus (28 de junio de 1988), 62: AAS 80 (1988), p. 876.

82

Cf. Ibid., 64: l. c., pp. 876-877.

83

Cf. Ibid., 65: l. c., p. 877.

84

Cf. Ibid., 63 y 66: l. c., pp. 876-877.

85

Cf. Const. dogm. Lumen gentium, 26; Const. Sacrosanctum Concilium, 22, 1.

86

Cf. Const. Apost. Pastor Bonus, 64, 3: l. c., p. 877.

87

Cf. Const. Sacrosanctum Concilium, 36 y 63.

88

Cf. Ibid., 44.

89

Cf. Ibid., 40.

90

Cf. Decr. Christus Dominus, 15.

91

Cf. Discurso a los Obispos italianos participantes en un Curso de actualizaci贸n lit煤rgica (12 de febrero de 1988), 1: "L'Osservatore Romano", 13 de febrero de 1988, p. 4.

92

Cf. Const. Sacrosanctum Concilium, 45-46.

93

Cf. Ibid., 9.

94

Cf. Ibid., 10.

95

Cf. Ibid., 23.

96

Alocuci贸n al Congreso de los Presidentes y Secretarios de las Comisiones Nacionales de Liturgia (27 de octubre de 1984), 6: Insegnamenti, VII/2 (1984), p. 1054.
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