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S.S. P铆o XI, Vos argentinae episcopos
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Vos argentinae episcopos

Carta de S.S. P铆o XI al Episcopado Argentino

Con suma satisfacci贸n Nuestra hemos sabido que vosotros, los Obispos argentinos, siguiendo las insinuaciones de Nuestro Nuncio en esa noble naci贸n, hab茅is determinado organizar, de nueva manera y con suma diligencia, la as铆 llamada Acci贸n Cat贸lica. Conocedores de vuestra eximia prudencia, abrigamos la cierta esperanza de que por medio de una decidida Acci贸n Cat贸lica habr谩n de recogerse en esa grande y floreciente Rep煤blica 贸pimos frutos de bienestar, tanto m谩s cuanto que os hab茅is propuesto en todo ello seguir las normas que en m谩s de una ocasi贸n hemos prescrito.

2. Y puesto que en diversas ocasiones hemos tratado ya acerca de la naturaleza, la finalidad y la necesidad de la Acci贸n Cat贸lica, tan digna de promoverse singularmente en estos tiempos, no Nos parece necesario insistir m谩s en ese particular, porque no ignoramos que todo ello os es enteramente conocido. Perm铆tasenos, con todo, recordar que la Acci贸n Cat贸lica no es otra cosa sino la ayuda que prestan los seglares a la Jerarqu铆a eclesi谩stica en el ejercicio del apostolado, y que esa Acci贸n Cat贸lica ha nacido junto con la Iglesia, y ha asumido recientemente nuevas maneras y formas nuevas, para responder m谩s cumplidamente a las necesidades de los tiempos presentes. Y precisamente porque es apostolado, no se contenta tan s贸lo con la santificaci贸n propia, bien que 茅sta es el fundamento necesario, sino que atiende a la mayor santificaci贸n de los dem谩s por medio de la acci贸n organizada de los cat贸licos, quienes, siguiendo en todo la direcci贸n impuesta por la Jerarqu铆a, ayudan valiosamente a dilatar en las naciones el reinado de Cristo. Nobil铆simo, por lo tanto, es el fin de la Acci贸n Cat贸lica, puesto que coincide con la finalidad misma de la Iglesia, seg煤n aquello: La paz de Cristo en el reino de Cristo.

3. Y aunque la Acci贸n Cat贸lica se extiende a todos los fieles y abarca toda suerte de iniciativas buenas de los mismos, de ninguna manera s铆guese de ah铆 que hayan de suprimirse aquellas asociaciones religiosas, que en todo tiempo fueron tan benem茅ritas en la causa cat贸lica, en especial las que de antiguo se dedican a la educaci贸n y piedad de los j贸venes. Aun m谩s, puesto que dichas asociaciones cooperan intensamente a que los esp铆ritus se formen en la virtud y moral cristianas, no hay duda de que la Acci贸n Cat贸lica ha de reportar de estas asociaciones valiosa ayuda y acrecentamiento. No menor utilidad se ha de seguir para ella de las asociaciones econ贸mico-sociales; y, para quitar todo motivo de dudas, conviene advertir que tales agrupaciones -aunque ajusten su actividad a las normas y principios de la Acci贸n Cat贸lica- tienen su verdadero car谩cter en el ayudar a los hombres, ora en sus problemas econ贸micos, ora en los profesionales, y de esto s贸lo ellas responden. En lo que toca a la religi贸n y moral, dichas sociedades dependen por completo de la Acci贸n Cat贸lica, a la cual han de obedecer como las dem谩s instituciones de apostolado, si es que desean cooperar.

4. Todav铆a ha de cuidarse m谩s a煤n de que la Acci贸n Cat贸lica no act煤e en los partidos pol铆ticos, pues por su misma naturaleza ha de mantenerse ajena del todo a las disensiones que originan. Pero con esta norma y prescripci贸n no pretendemos en modo alguno el impedir a los cat贸licos el que particularmente puedan intervenir en los asuntos pol铆ticos, con tal que sus programas y actuaci贸n no repugnen a las normas de la Iglesia y a la doctrina cat贸lica: m谩s a煤n, nada prohibe el que los cat贸licos pertenezcan de hecho a partidos pol铆ticos, con tal que ni sus doctrinas, ni su actuaci贸n se opongan a las santas leyes de Dios. Por otra parte, aunque la Acci贸n Cat贸lica, seg煤n ya hemos manifestado otras veces, ha de mantenerse al margen de los partidos pol铆ticos, contribuir谩, no obstante, grandemente al bien com煤n de la sociedad, ya logrando el m谩s amplio cumplimiento de los mandatos de la religi贸n cat贸lica -fundamento de la prosperidad p煤blica-, ya excitando animosamente a sus socios hacia una perfecci贸n tal de la vida cotidiana que, formando como una sagrada falange, promuevan y defiendan los intereses no s贸lo de la Iglesia sino tambi茅n de la misma sociedad civil. Y si las actuaciones pol铆ticas fueren alguna vez contrarias a la doctrina y moral cat贸lica, la Acci贸n Cat贸lica no s贸lo puede sino que est谩 obligada a actuar, y ello, sin tener en cuenta inter茅s alguno particular, y dirigiendo la actividad de los cat贸licos al mejor bien de la Iglesia y al de las almas, que tanta relaci贸n tienen con el aumento del bienestar p煤blico.

5. Despu茅s de haber tratado brevemente hasta aqu铆 acerca de la naturaleza y el fin de la Acci贸n Cat贸lica, queremos hablaros con m谩s detalle sobre la necesidad de preparar lo mejor posible al clero y a los hombres escogidos dentro de los cat贸licos para que por medio de esta vuestra actuaci贸n tan noble la Acci贸n Cat贸lica pueda quedar firmemente constituida, y ello seg煤n un plan tan nuevo como excelente.

6. Ante todo, es de suma necesidad que tanto el clero como los fieles conozcan muy bien no s贸lo la naturaleza, actuaciones y m茅todos de la Acci贸n Cat贸lica, sino tambi茅n el deber que tienen -bien que en forma distinta- los sacerdotes y seglares de promover esta forma de apostolado, que en realidad comenz贸, seg煤n ya dijimos, aun en los primeros tiempos de la Iglesia; deben conocer, asimismo, la necesidad de la Acci贸n Cat贸lica, sus much铆simos beneficios, tanto en el orden sobrenatural como en el natural, con gran provecho as铆 para la Iglesia como para el Estado.

Y en lo que toca al clero, ha de tenerse muy en cuenta, en esta cuesti贸n tan santa, que la Acci贸n Cat贸lica, aunque sea acci贸n de seglares, por su propia naturaleza no puede comenzar, ni adelantar, ni dar sus frutos peculiares sin el trabajo constante y diligente de los sacerdotes. A 茅stos corresponde el vigilar para que aqu茅llos, en sus actividades, no se aparten del recto camino que deben seguir, cumpliendo siempre con la plena fidelidad debida las norms de la Jerarqu铆a eclesi谩stica. Corresponde, adem谩s, a los sacerdotes la 铆ntegra formaci贸n de los miembros de la Acci贸n Cat贸lica, singularmente de los que en su d铆a habr谩n de llegar a ser dirigentes, pues tan s贸lo los sacerdotes, que son ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios reciben tanto el divino mandato como las gracias necesarias para su acci贸n.

Pero nadie puede ser ap贸stol si antes no tuviere las debidas virtudes cristianas, pues bien sabido es que no podr谩 imbuir a los dem谩s con el esp铆ritu de Cristo el que no arda en ese mismo esp铆ritu seg煤n el principio: "Nadie da lo que no tiene". Esta formaci贸n cristiana de las almas, confiada en primer lugar a la actividad sacerdotal, es tan necesaria que, si ella falta, el apostolado no podr铆a ni durar largo tiempo ni ser fruct铆fero.

7. Sabemos muy bien cu谩nto trabajo y entusiasmo ha de poner el clero para lograr esta empresa a la que con tanto cari帽o se consagra. Pero, 驴no es llena de trabajo y de sufrimiento como ha de ser la vida misma del Sacerdote? Trabajos y sufrimientos, que ir谩n seguidos de no pocos beneficios, porque los sacerdotes, en los miembros de la Acci贸n Cat贸lica, no s贸lo encontrar谩n colaboradores activos y fieles que multiplicar谩n extraordinariamente su propio apostolado, sino que ellos [los seglares] llegar谩n a donde los mismos sacerdotes no podr铆an llegar.

8. A帽谩dase a todo esto el que no pocos j贸venes, encuadrados en la Acci贸n Cat贸lica, llegar谩n a sentirse llamados a la herencia del Se帽or, seg煤n por la experiencia se ha comprobado ya en otras partes; y as铆 se ver谩 aumentado en n煤mero el clero, tan exiguo en algunas de vuestras di贸cesis.

9. No ignoramos, Venerables Hermanos, la gran solicitud pastoral con que procur谩is que vuestro clero se haga cada d铆a m谩s apto para ejercer lo que de ellos requiere la Acci贸n Cat贸lica. Y a esa vuestra solicitud se debe el que algunos de vuestros sacerdotes o seminaristas hayan sido enviados ya por vosotros a esta Ciudad Eterna, sede de San Pedro, para que de m谩s cerca puedan conocer Nuestros criterios en esta materia. Nos congratulamos de ello, y aplaudimos vuestra determinaci贸n, como cumplidamente se merece.

10. Por lo que toca a la preparaci贸n de los seglares que han de ser miembros de la Acci贸n Cat贸lica, juzgamos que es muy 煤til recordaros lo que manifestamos desde el mismo comienzo de Nuestro Pontificado, a fin de que aqu茅llos entren en la Acci贸n Cat贸lica en gran n煤mero y dignos de ella -esto es- que la Acci贸n Cat贸lica, como apostolado, es obligaci贸n tanto de los sacerdotes como de los fieles, pues surge del mandato mismo universal de amar a Dios sobre todas las cosas y de amar a los dem谩s como a nosotros mismos. Quien ama a Dios no puede menos de querer que todos le amen, y quien verdaderamente ama a su pr贸jimo, no puede menos de desear la salvaci贸n eterna del mismo, y trabajar en ese sentido. En este principio, como en su fundamento, radica el apostolado, porque el apostolado no es sino el ejercicio de la caridad cristiana, que obliga a todos los hombres. Pero, adem谩s de ser un deber de caridad, el apostolado es como una obligada acci贸n de gracias a Jesucristo, porque, ciertamente, cuando hacemos copart铆cipes a los dem谩s de los dones espirituales que nosotros hemos recibido de la divina largueza, satisfacemos el deseo del Coraz贸n dulc铆simo de Jes煤s, que no anhela otra cosa sino ser conocido y amado, seg煤n El mismo lo proclama en su Evangelio: Fuego vine a traer a la tierra, y 驴qu茅 otra cosa ans铆o sino que se inflame? .

11. A m谩s de ello, las necesidades de los tiempos exigen que seg煤n var铆an la vida, las costumbres y dem谩s cosas con ellas relacionadas, se ejerciten tambi茅n el clero y los seglares en las nuevas formas de apostolado cristiano, que fueren oportunas. De buen grado, pues, aprobamos la Acci贸n Cat贸lica, tal como la quer茅is renovar ah铆, pues esta forma de apostolado responde mejor que ninguna otra a las necesidades de nuestros tiempos, seg煤n Nos consta por la experiencia de Nuestro ya largo pontificado.

12. Los p谩rrocos y los dem谩s sacerdotes, por muy afanosa y constante que sea su actividad, son insuficientes para poder acudir a todas las grandes necesidades a que en estos tiempos debe atender el apostolado.

13. Conviene, pues, que el clero tenga muchos y escogidos colaboradores, que propaguen doquier la verdad y los beneficios de la religi贸n: estos colaboradores son las asociaciones de la Acci贸n Cat贸lica. Por ello, Nos ha llenado de alegr铆a el saber -por las consultas que hab茅is dirigido- que dese谩is, ajust谩ndoos a Nuestros deseos, constituir en la Argentina una muy vasta organizaci贸n de los cat贸licos en un solo cuerpo, de tal suerte que comprenda las cuatro ramas de la Acci贸n Cat贸lica -Hombres, Mujeres, Juventud masculina y Juventud femenina-, asociaci贸n que bajo la prudente direcci贸n de los Obispos y de los consiliarios o representantes de aqu茅llos, al ejercitar su apostolado auxiliar de la Iglesia en cualquier campo que exija su actividad, instaurar谩 cumplidamente entre vosotros el reino de Cristo.

14. Para que m谩s 铆ntimamente se unan entre s铆 las diversas sociedades, hab茅is constituido Juntas -seg煤n laudablemente se ha hecho ya en otras partes-, esto es, el Consejo que ha de ser como el centro y la cabeza de toda la naci贸n, las Juntas diocesanas y las Juntas parroquiales; Juntas que, adem谩s de conducir a la unidad de toda la Acci贸n Cat贸lica (y en ello est谩 la fuerza de cada una de las asociaciones), contribuir谩 a confirmar la obediencia a la Jerarqu铆a eclesi谩stica, lo que constituye un magn铆fico privilegio y la garant铆a de una vida fecunda y duradera de apostolado.

15. Adem谩s de esta magna instituci贸n, que bien podr谩 llamarse la Acci贸n Cat贸lica oficial, hay entre vosotros tambi茅n otras asociaciones, cuyo fin es promover la piedad y la formaci贸n religiosa o la caridad y la beneficencia, asociaciones que no ha mucho denominamos Nos, en cierta ocasi贸n, auxiliares de la Acci贸n Cat贸lica, pues llevan a la pr谩ctica, por s铆 mismas, algunos de los fines de la Acci贸n Cat贸lica, y, adem谩s, pueden y deben traer hacia 茅sta otros elementos muy bien preparados y activos.

Os felicitamos, pues, vivamente porque vosotros, Venerables Hermanos, pens谩is serviros de tan benem茅ritas asociaciones para incrementar la Acci贸n Cat贸lica. Ello se lograr谩 con mayor facilidad si, como esperamos, las asoci谩is a la Acci贸n Cat贸lica, disponiendo oportunamente las modalidades de su incorporaci贸n de tal suerte que, conservando cada una sus propios fines y las formas peculiares de su organizaci贸n, se apreste a cooperar por su parte, en la actividad de la Acci贸n Cat贸lica.

Finalmente, no Nos resta sino daros las gracias m谩s cumplidas por cuanto hasta ahora hab茅is hecho para implantar la Acci贸n Cat贸lica. Y sabiendo perfectamente que ning煤n bien pueden hacer los hombres si Dios no bendice a tiempo su crecimiento, en se帽al de Nuestra paternal benevolencia, y con el deseo de todos los dones celestiales, a vosotros, Venerables Hermanos, y a todos cuantos os ayudan en vuestros trabajos por la Acci贸n Cat贸lica, concedemos de todo coraz贸n en el Se帽or la Bendici贸n Apost贸lica.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 4 de diciembre de 1931, a帽o noveno de Nuestro Pontificado.

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