El CELAM, en la misión que le fue conferida, procuró ser fiel a la Santa Sede y a las Conferencias Episcopales, conservando sin embargo, el derecho que le asistía de imprimir al trabajo las características de una metodología actualizada y eficiente.
En algunos momentos, reconozco, por la falta de mejor información, por las distancias increíbles que nos separan en esta nuestra América Latina, por algunas fallas humanas propias de la naturaleza sin el estado consumado de gracia, por la misma dificultad de conciliar tendencias divergentes, características de las épocas de transición, podría haber aparecido que el CELAM estuviese sobreponiéndose a las Conferencias Episcopales deseando, tal vez, imponer ideas e imprimir fuertemente, directrices soberanas.
¡Carísimos hermanos! Si han llegado a sacar tal impresión, en nombre de todo el CELAM y en mi nombre personal, os pido perdón sinceramente.
Me siento obligado en tanto a haceros una confidencia: lejos de querer convertirse en una superestructura, el CELAM desea prestar un servicio. Un servicio que puede ser imperfecto, pero que ha costado esfuerzos prolongados, algunos de los cuales, tal vez heroicos.
No deberíamos llegar a Medellín con las manos vacías, o apenas preocupados de ofreceros tan sólo un tema central o algunas conferencias para los estudios generales. Las circunstancias actuales no nos permiten ya más, un procedimiento tan fácil como cómodo, pero no siempre tan útil y eficaz.
De ahí por qué el CELAM, además del Documento Base, organizó un proyecto denominado MECANICA DE TRABAJO, que después de ser aprobado por la Presidencia Plena de la Conferencia, ya os fue entregado, para ser utilizado durante nuestros estudios.
Convencido de que deberíamos tener en Medellín un clima de espiritualidad que nos ayudase a vivir las inmensas responsabilidades personales y pastorales de estos días, se organizó también un proyecto de Celebración Litúrgica, que aprobado por la Santa Sede nos deberá ofrecer más vida y más espíritu fraterno.
Como se puede observar, los trabajos preparatorios de esta Conferencia, fueron ingentes y minuciosos, habiendo llamado la atención del propio Santo Padre que en su alocución inaugural de nuestra Conferencia, ha reconocido preparada, para alegría de todos nosotros “con tanto esmero y competencia”.
Ahora, queridos hermanos, ha llegado el momento de comenzar a apreciar la buena voluntad que todos los servidores del CELAM pusieron en marcha por la causa común.
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