Mons. Avelar Vilela Brandao, Discurso Inaugural durante la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano

III. Antecedentes de la Conferencia

Bien vale la pena que ahora, recapitulemos sumariamente, acerca de la accidentada historia de esta larga jornada de que os hablábamos al principiar las palabras que os dirigimos.

La idea de esta Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano nació en 1965, cuando cesaban los últimos acordes del Concilio Ecuménico Vaticano II. Mons. Manuel Larraín, entonces Presidente del CELAM, sentía que era llegado el momento de dar un toque de reunión a toda la Iglesia de América Latina.

La Primera Conferencia General que se realizara en Río de Janeiro en 1955 produjo, entre otras fecundas resoluciones, que surgiera el CELAM, como organismo de contacto, de servicio y de colaboración, junto con los distintos Episcopados Nacionales del continente.

Era necesario, sin embargo, que después de tantos años, durante los cuales se agravaron problemas antiguos y surgieron nuevas dificultades: se registraron extraordinarios e inesperados acontecimientos en los campos de la cultura, de la civilización de la técnica y de la política, nos reuniéramos otra vez, con carácter oficial, para un balance general de la situación interna de la Iglesia, en este inquieto y esperanzador continente latinoamericano y apreciáramos por otro lado, el comportamiento de la misma Iglesia, delante de la formidable coyuntura en que vivimos en los tiempos actuales.

Con la inesperada muerte de Mons. Larraín, la idea no murió. Debería robustecerse y consolidarse.

Así fue como el 2 de diciembre de 1966, el actual Presidente del CELAM, después de conectarse con la Pontificia Comisión para la América Latina, llevó al conocimiento directo y personal del Santo Padre, el deseo ardiente de que la idea se convirtiera en realidad.

Pablo VI nos oyó con benevolencia.

En mayo de 1967, tras reuniones de los Departamentos e Institutos del CELAM, en La Capilla, Colombia, dirigíamos, por escrito al Santo Padre, mayores informes sobre la necesidad de la Conferencia, al mismo tiempo que solicitábamos la aprobación oficial de la Santa Sede para este proyecto.

Recibimos después, a través de la CAL, el 20 de julio de 1967, la palabra de asentimiento del Santo Padre, con la recomendación de que en la siguiente reunión del CELAM, a quien fue confiada la tarea de organizar la Conferencia, fuesen examinadas ex professo y aprobadas, las líneas generales y básicas de la gran reunión.

En noviembre de 1967, en Lima, logramos la aprobación del tema central: “La Iglesia en la actual transformación de la América Latina, a la luz del Concilio Vaticano II” discutiéndose ya entonces, los primeros proyectos de su desarrollo.

En enero de 1968, en Bogotá, realizóse, previamente convocada, la primera reunión de estudios especialmente dedicada al examen más profundo del tema, con la participación de obispos y expertos en varias especialidades.

Nació así, el llamado Documento Base Preliminar, distribuido en tres partes distintas y complementarias: visión integral de las realidades latinoamericanas, reflexión teológica sobre estas realidades y proyecciones pastorales para la acción de la Iglesia en nuestro continente.

Inmediatamente, tal documento fue enviado a la Santa Sede y tras adecuadas modificaciones, fue aprobado.

En junio de 1968, se verificaba la segunda reunión preparatoria de obispos y peritos, para la apreciación de las contribuciones recibidas, procedentes sobre todo, de las Conferencias Episcopales Nacionales y de algunos Dicasterios Romanos, con lo que el texto primitivo se enriqueció y se hizo más ordenado, vigoroso y pastoral. De ese encuentro, surgió el actual Documento Base para la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, como instrumento de trabajo para ser discutido aquí en Medellín y para ser interpretado en las conferencias organizadas para esta reunión:

1) Signos de los tiempos en la América Latina de hoy;

2) Interpretación cristiana de los signos de los tiempos de hoy;

3) Iglesia y promoción humana;

4) Evangelización y crecimiento en la fe;

5) Iglesia visible y coordinación pastoral.

Publicado el Documento Base que tuvo gran repercusión en todos los continentes, hubo debates y pronunciamientos, los más variados, a favor y en contra de su estructura doctrinaria, sobre su método de enfocar los problemas, lo que a nuestro ver, contribuyó grandemente para extender los estudios, y exigir la profundización de las ideas propuestas. Unos lo consideraron demasiado fuerte, mientras que otros deseaban que fuese mucho más incisivo en la caracterización de nuestros males.

Evidentemente, el Documento Base, no podía ni pretendía ser perfecto. Su papel principal era el de provocar inquietudes pastorales que nos despertasen para un mundo nuevo que nos desafía en esta hora y en este sentido y dentro de esas finalidades, continúa siendo un documento válido.

El 25 de mayo de este año, el Santo Padre nombraba a los tres Presidentes Delegados, a la Conferencia, y entre ellos al Cardenal Juan Landázuri, Arzobispo de Lima y al Cardenal Antonio Samoré, Presidente de la CAL.

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