¿Y cuál es el papel de la Iglesia, ante esta realidad latinoamericana?
Pablo VI, en cuanto traza directrices, confía al Episcopado Latinoamericano un estudio más detallado y profundo de nuestros problemas, toda vez que “somos sucesores de los Apóstoles, guardianes y maestros de la fe y pastores del Pueblo de Dios”.
Nos advierte, sin embargo, algunos puntos esenciales que no deben ser olvidados:
a) En materia social, se impone un cambio de estructuras, pero no se debe apelar a la violencia; ni a la violencia armada y sangrienta que multiplica los problemas humanos; ni a la violencia pasiva que vuelve injustas las mismas estructuras que deben ser modificadas, concluimos también nosotros.
b) En materia pastoral, estamos en fase de renovación, de diálogo, de reflexión teológica, pero no se pueden destruir verdades permanentes en favor de aquellas novedades que, a veces impresionan, pero no conducen a conclusiones satisfactorias.
c) Cuando el Santo Padre nos habla de los peligros de una desacralización que amenaza barrer de la convivencia cristiana el misterio de la Gracia, y nos advierte de las ambigüedades doctrinarias que expresan mal el verdadero concepto de Iglesia, nos dice una palabra que debe merecernos especial atención, durante nuestros trabajos: “Requeriremos de un esfuerzo de inteligencia amorosa para comprender lo que hay de bueno y admisible en esas formas e inquietudes, frecuentemente erradas en la interpretación del espíritu cristiano, para purificar, cada vez más, nuestro modo de ser y de pensar y llevar estas experiencias espirituales de secularización y de tendencia carismáticas, a su cauce normal”.
He aquí, carísimos hermanos, la extraordinaria tarea que debemos ejecutar en estos días.
Lejos de ser el mensaje pontificio una palabra concluyente, sobre todos los asuntos nuevos en debate, nos parece más bien, un maravilloso conjunto de orientaciones, que nos iluminan y fortalecen, sin matar el clima de espontaneidad que debe coexistir con nuestros estudios y trabajos.
El mundo nos acompaña. Con humildad y circunspección, con audacia y templanza, pongamos manos al arado y mirando para lo alto, y para enfrente, surquemos los campos, para el lanzamiento de las semillas que mañana serán flores y frutos.
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