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S.S. Juan Pablo II, Homil√≠a de S.S. Juan Pablo II en la misa ¬ęIn cena Domini¬Ľ del Jueves santo, pronunciada el 1 de abril de 1999.
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Santo Tomas de Aquino, ¬ęDoctor Communis Ecclesiae¬Ľ y ¬ęDoctor Humanitatis¬Ľ

Discurso de S.S. Juan Pablo II a los participantes en el VIII Congreso Tomista Internacional, celebrado en Roma con ocasi√≥n del centenario de la Enc√≠clica ¬ęAeterni Patris¬Ľ

Roma, 13 de setiembre de 1980

Venerados y queridos hermanos:

Estoy sinceramente contento de poder recibir hoy, en un encuentro cord√≠al, a los participantes en el VIII Congreso Tomista Internacional, celebrado con ocasi√≥n del centenario de la Enc√≠clica Aeterni Patris, de Le√≥n XIII, y, adem√°s, de la fundaci√≥n, por obra del mismo' Sumo Pont√≠fice, de la ¬ęPontificia Academia Romana de Santo Tom√°s de Aquino¬Ľ.

Saludo con afecto a todos los presentes y, en particular, al venerado hermano cardenal Luigi Ciappi, Presidente de la Academia y a Mons. Antonio Piolanti, Vicepresidente.

En el centenario de la Enc√≠clica ¬ęAeterni Patris¬Ľ

1. Con la celebraci√≥n del VIII Congreso Tomista Internacional organizado por la ¬ęPontificia Academia Romana de Santo Tom√°s de Aquino y de Religi√≥n Cat√≥lica¬Ľ, concluyen las manifestaciones conmemorativas del centenario de la Enc√≠clica Aeterni Patris, publicada el 4 de agosto de 1879, y de la fundaci√≥n de la misma Academia, que tuvo lugar el 13 de octubre de 1879, por obra del gran Pont√≠fice Le√≥n XIII

Desde el primer Congreso, celebrado en la Universidad de Santo Tomás de Aquino, en noviembre del ano pasado, hasta hoy, las celebraciones se han multiplicado en Europa y en otros continentes. Estas reuniones académicas finales, que han vista reunirse en Roma a ilustres y calificados maestros de todas las partes del mundo, atraídos por el nombre del Papa León XIII y de Santo Tomás de Aquino, han podido hacer simultáneamente el balance de las celebraciones habidas el ano en curse v el del centenario de la Encíclica.

Desde el comienzo de mi pontificado no he dejado pasar ocasi√≥n propicia sin evocar la excelsa figura de Santo Tom√°s, como, por ejemplo, en mi visita a la Pontificia Universidad ¬ęAngelicum¬Ľ y al Instituto Cat√≥lico de Par√≠s, en la alocuci√≥n a la UNESCO y, de manera explicita o impl√≠cita, en mis encuentros con los superiores, profesores y alumnos de las Pontificias Universidades Gregoriana y Lateranense.

Armonía entre la razón y la fe

2. No han pasado en vano los cien a√Īos de la Enc√≠clica Aeterni Patris ni ha perdido su actualidad ese c√©lebre Documento del Magisterio. La Enc√≠clica se basa en un principio fundamental que le confiere una profunda unidad org√°nica interior. Es el principio de la armon√≠a entre las verdades de la raz√≥n y las de la fe. Por esto tenia grand√≠simo inter√©s Le√≥n XIII. Este principio, siempre candente y actual, ha hecho notables progresos en el arco de estos cien a√Īos. Basta tener en cuenta la coherencia del Magisterio de la Iglesia, desde el Papa Le√≥n XIII a Pablo VI, y lo macho que ha madurado en el Concilio Vaticano II, especialmente en los Documentos Optatam totius, Gravissimum educationis y Gaudium et spes.

A la luz del Concilio Vaticano II, vemos, quiz√° mejor que hace un siglo, la unidad y la continuidad entre el aut√©ntico humanismo y el aut√©ntico cristianismo, entre la raz√≥n y la fe, gracias a las orientaciones de la Aeterni Patris, de Le√≥n XIII, el cual, con este Documento, que llevaba como subtitulo De philosophia christiana... ad mentem Sancti Thamae... in scholis catholicis instauranda, manifestaba la conciencia de que habla llegado una crisis, una ruptura, un conflicto o, al menos, un ofuscamiento acerca de la relaci√≥n entre la raz√≥n y la fe. Dentro de la cultura del siglo XIX se pueden, en efecto, individuar dos actitudes extremas: el racionalismo (la raz√≥n sin la fe) y el fideismo (la fe sin la raz√≥n). La cultura cristiana se mov√≠a entre estos dos extremos , pendiente de una o de otra parte. E1 Concilio Vaticano I habla dicho ya su palabra a este respecto. Hab√≠a llegado ya el tiempo de imprimir un nuevo curse a los estudios dentro de la Iglesia. Le√≥n XIII se dispuso, con clarividencia, a esta tarea, volviendo a presentar ‚ÄĒ√©ste es el sentido de instaurar‚ÄĒ el pensamiento perenne de la Iglesia seg√ļn la l√≠mpida y profunda metodolog√≠a del Doctor Ang√©lico.

E1 dualismo que ponia en oposici√≥n raz√≥n y fe, muy al contrario de ser modorno, constitu√≠a una reanudaci√≥n de la doctrina medieval de la ¬ędoble verdad¬Ľ, que amenazaba desde el interior a ¬ęla unidad intima del hombre cristiano¬Ľ (cf. PABLO VI, Lumen Ecclesiae 12). Hab√≠an sido los grandes Doctores escol√°sticos del siglo XIII quienes hab√≠an vuelto a poner en buen camino la cultura cristiana. Como afirmaba Pablo VI, ¬ęal realizar la obra que marca el culmen del pensamiento cristiano medieval, Santo Tom√°s no estuvo solo. Antes y despu√©s de √©l, otros muchos ilustres doctores trabajaron con la misma finalidad: entre ellos hay que recordar a San Buenaventura y a San Alberto Magno, a Alejandro de Hales y a Duns Escoto. Pero, sin duda. Santo Tom√°s por disposici√≥n de la divina Providencia, alcanz√≥ el √°pice de toda la teolog√≠a y filosof√≠a ¬ęescol√°stica¬Ľ, como suele llam√°rsela, y fij√≥ en la Iglesia el quicio central en torno al cual, entonces y despu√©s, se ha podido desarrollar el pensamiento cristiano con progreso seguro¬Ľ (Lumen Ecelesiae 13).

En esto radica la motivaci√≥n de la preferencia que da la Iglesia al m√©todo y a la doctrina del Doctor Ang√©lico. No es una preferencia exclusive; al contrario, se trata de una preferencia ejemplar, que permiti√≥ a Le√≥n XIII declararlo: inter Schelasticos Doctores, omnium princeps et magister (Aeterni Patris 13). Y esto es verdaderamente Santo Tom√°s de Aquino, no s√≥lo por la competencia, el equilibrio, la profundidad, la limpidez del estilo, sino a√ļn m√°s por el viv√≠simo sentido de fidelidad a la verdad, que tambi√©n puede llamarse realismo. Fidelidad a la voz de las cosas creadas para construir el edificio de la filosof√≠a; fidelidad a la voz de la Iglesia para construir el edificio de la teolog√≠a.

La voz de las cosas

3. En el saber filosófico, antes de escuchar cuanto dicen los sabios de la humanidad, a juicio del Aquinate, es preciso escuchar y preguntar a las cosas. Tunc homo creaturas interrogat, quando eas diligenter considerat; sed tunc interrogata respondent (Super Job, XII lect.I). La verdadera filosofía debe reflejar fielmente el orden de las cosas mismas; de otro modo acaba reduciéndose a una arbitraria opinión subjetiva. Ordo principalius invenitur in ipsis rebus et ex eis derivatur ad cognitionem nostram (S. Th. 2-2 q.26 a. I ad 2). La filosofía no consiste en un sistema construido subjetivamente a placer del filósofo, sino que debe ser el reflejo fiel del orden de las cosas en la mente humana.

En este sentido, Santo Tomás puede ser considerado un auténtico pionero del modorno realismo científico, que hace hablar a las cosas medíante el experimento empírico, aun cuando su interés se limita a hacerlas hablar desde el punto de vista filosófico. Más bien hay que preguntarse si no ha sido precisamente el realismo filosófico quien, históricamente, ha estimulado al realismo de las ciencias empíricas en todos sus sectores.

Este realismo, muy lejos de excluir el sentido hist√≥rico, crea las bases para la historicidad del saber, sin hacerlo decaer en la fr√°gil contingencia del historicismo, hoy ampliamente difundido. Por esto, despu√©s de haber concedido la precedencia a la voz de las cosas, Santo Tom√°s se sit√ļa en respetuosa escucha de cuanto han dicho y dicen los fil√≥sofos, para dar una valoraci√≥n de ello, poni√©ndolos en confrontaci√≥n con la realidad concreta. Ut videatur quid veritatis sit in singulis opinionibus et in quo deficiant. Omnes enim opiniones secundum quid aliquid verum dicunt (I Dist. 23 q.I a.3). Es imposible que el conocer humano y las opiniones de los hombres est√©n totalmente privadas de toda verdad. Es un principio que Santo Tom√°s toma de San Agust√≠n y lo hace propio: Nulla est faisa doctrina quae vera falsis intermisceat (S. Th. I-2 q 102 a.5 ad 4). Impossibile est aliquam cognitionem esse totaliter falsam, sino aliqua veritate (S. Th. 2-2 q.172 a.6; cf. tambi√©n S. Th. q.II a.2 ad I).

Esta presencia de verdad, aunque sea parcial e imperfecta y a veces torcida, es un puente que une a coda uno de los hombres a los otros hombres y hace posible el entendimiento cuando hay buena voluntad.

En esta visual, Santo Tom√°s ha prestado siempre respetuosa escucha a todos los autores, a√ļn cuando no pod√≠a compartir del todo sus opiniones; aun cuando se trataba de autores precristianos o no cristianos, como, por ejemplo, los √°rabes comentadores de los fil√≥sofos griegos. De aqu√≠ su invitaci√≥n a acercarse con optimismo humano incluso a los primeros fil√≥sofos griegos, cuyo lenguaje no resulta siempre claro ni precise, tratando de llegar m√°s all√° de la expresi√≥n ling√ľ√≠stica, todav√≠a rudimentaria, para escrutar sus intenciones profundas y su esp√≠ritu, no cuidando de ad ea quae exterius ex eorum verbis apparet, sino de la ¬ęintentio¬Ľ (De Coelo et mundo III lect.2 n.552), que los gu√≠a y anima. Luego, cuando se trata de grandes Padres y Doctores de la Iglesia, entonces busca siempre de encontrar el acuerdo, m√°s en la plenitud de la verdad que poseen como cristianos que en el modo, aparentemente diverso del suyo, con que se expresan. Es sabido, por ejemplo, c√≥mo trata de atenuar y casi de hacer desaparecer toda divergencia con San Agust√≠n, bien que usando el m√©todo justo: profundius intentionem Agustini scrutari (De spirit. creaturis a.10 ad 8).

Por lo dem√°s, la base de su actitud, comprensiva para con todos, sin dejar de ser genuinamente critica, coda vez que sent√≠a el deber de hacerlo, y lo hizo valientemente en muchos cases, est√° en la concepci√≥n misma de la verdad. Liret sint multae veritates participatae, est una sapientia absoluta supra omnia elevata, scilicet sapientia divina, per cuius participationem omnes sapientes sunt sapientes (Super Job I lect.1 n.33). Esta sabidur√≠a suprema, que brilla en la creaci√≥n, no encuentra siempre a la mente humana dispuesta a recibirla por m√ļltiples razones. Liret enim aliquae mantes sint tenebrosae, id est sapida et lucida sapientia privatae, nulla tamen adeo tenebrosa est quin aliquid diviinae lucis participet... quia omne rerum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est (ibid., lect.3 n.103). De aqu√≠ la esperanza de conversi√≥n para coda hombre, en cuanto extraviado intelectual y moralmente.

Este m√©todo realista e hist√≥rico, fundamentalmente optimista y abierto, hace de Santo Tom√°s no s√≥lo el ¬ęDoctor communis Ecclesiae¬Ľ, como lo llama Pablo VI en su hermosa Carta Lumen Ecclesiae, sino el ¬ęDoctor humanitatis¬Ľ, porque est√° siempre dispuesto y disponible a recibir los valores humanos de todas las culturas. Con toda raz√≥n puede afirmar el Ang√©lico: Veritas in seipsa fortis est et nulla impugnatione convellitar (Contra gentiles III C. 10 n.3460/b). La verdad, como Jesucristo, puede ser renegada, perseguida, combatida, herida, martirizada, crucificada; pero siempre revive y resucita y no puede jam√°s ser arrancada del coraz√≥n humana. Santo Tom√°s puso toda la fuerza de su genio al servicio exclusive de la verdad,

detrás de la cual parece querer desaparecer como por tem`'r a estorbar su fulgor, para que allá, y no él, brille en toda su luminosidad.

La voz de Dios

4. A la fidelidad a la voz de las cosas, en filosof√≠a. corresponde en teolog√≠a, seg√ļn Santo Tom√°s, la fidelidad a la voz de la palabra de Dios, transmitida por la Iglesia. Su norma es el principio que nunca viene a menos: Magis standum est auctoritati Ecclesiae‚Ķ quam cuiscumque Doctoris (S. Th. 2-2 q.10 a. 12). La verdad que propone la autoridad de la Iglesia, asistida por el Esp√≠ritu Santo, es, pares, la medida de la verdad, que expresan todos los te√≥logos y doctores pasados, presentes y futuros. Aqu√≠ la autoridad de la doctrina del Aquinate se resuelve y se refunde en la autoridad de la doctrina de la Iglesia. He aqu√≠ por qu√© la Iglesia lo ha propuesto como m√≥dulo ejemplar de la investigaci√≥n teol√≥gica.

Tambi√©n en teolog√≠a el Aquinate prefiere, pares, a la voz de los Doctores y a la propia voz, la de la Iglesia universal, como anticip√°ndose a lo que dice el Vaticano II: ¬ęLa totalidad de los fieles que han recibido la unci√≥n del Esp√≠ritu Santo no puede equivocarse cuando cree¬Ľ (Lumen gentium 12); ¬ęCuando el Romano Pont√≠fice o el Cuerpo de los obispos juntamente con √©l definen un punto de doctrina, lo hacen siempre de acuerdo con la misma Revelaci√≥n, a la cual deben atenerse y conformarse todos¬Ľ (Lumen gentium n. 25).

No es posible rese√Īar todos los motives que han inducido al Magisterio a elegir como gu√≠a segura en las disciplines teol√≥gicas y filos√≥ficas a Santo Tom√°s de Aquino; pero uno es, sin duda, √©ste: el haber puesto los principios de valor universal que rigen la relaci√≥n entre raz√≥n y fe. La fe contiene, en modo superior, diversa y eminente, los valores de la sabidur√≠a humana; por eso es imposible que la raz√≥n pueda discordar de la fe, y si est√° en desacuerdo, es necesario revisar y volver a considerar las conclusiones de la filosof√≠a. En este sentido, la misma fe se convierte en una ayuda preciosa para la filosof√≠a.

Siempre es válida la recomendación de León XIII: Quapropter qui philosophiae studium cum obsequio fidei cristianae coniungunt, ii optime philosophantur: quandoquidem divinarum veritatum splendor, animo exceptus, ipsam iuvat intelligentiam; cui non modo nihil de dignitate detrahit, sed nobilitatis, acuminis, firmitatis plurimum addit (Aeterni Patris 13).

La verdad filos√≥fica y la teol√≥gica convergen en la √ļnica verdad. La verdad de la raz√≥n se remonta desde las criaturas a Dios: la verdad de la fe desciende directamente de Dios al hombre. Pero esta diversidad de m√©todo y de origen no quite su unicidad fundamental, porque id√©ntico es el Autor tanto de la verdad que se manifiesta a trav√©s de la creaci√≥n como de la verdad que se comunica personalmente al hombre a trav√©s de su Palabra. Investigaci√≥n filos√≥fica e investigaci√≥n teol√≥gica son dos direcciones diversas de marcha de la √ļnica verdad, destinadas a encontrarse, no a enfrentarse, por el mismo camino, para ayudarse. As√≠, la raz√≥n iluminada, robustecida, garantizada por la fe, se convierte en una compa√Īera fiel de la fe misma y la fe amplia inmensamente el horizonte limitado de la raz√≥n humana.. Santo Tom√°s es realmente un maestro iluminador sobre este punto: Quia vero naturalis ratio per creaturas in Dei cognitionem ascendit; fidei vero in nos, e converso, divina revelatione descendit, est autem eadem via ascensus et descensus, oportet eadem via procedere ein his quae supra rationem creduntur, qua in superioribus processum est circa ea quae ratione investigantur de Deo (Contra gentiles IV I n. 3349)

La diferencia del m√©todo y de los instrumentos de investigaci√≥n diversifica bastante el saber filos√≥fico del teol√≥gico. Incluso la mejor filosof√≠a, la de estilo tomista, a la que Pablo VI defini√≥ muy bien como ¬ęfilosof√≠a natural de la mente humana¬Ľ, d√≥cil para escuchar y fiel para expresar la verdad de las cosas, est√° siempre condicionada por los l√≠mites de la inteligencia y del lenguaje humana. Por eso el Ang√©lico no duda en afirmar: Locus ab auctoritate quae fundatur super rationes humana est infirmissimus (S. Th. I q.I a.8 ad 2). Cualquier filosof√≠a, en cuanto es un producto del hombre, tiene los l√≠mites del hombre. Al contrario, locus ab auctoritate quae fundatur super revelatione divina est efficacissimus (ibid.). La autoridad divina es absoluta, por esto la fe goza de la firmeza y de la seguridad de Dios mismo; la ciencia humana tiene siempre la debilidad del hombre, en la medida en que se funda sobre el hombre. Sin embargo, tambi√©n en la filosof√≠a hay alga absolutamente verdadero, indefectible y necesario, como son los primeros principios, fundamento de todo conocimiento.

La recta filosofía eleva el hombre a Dios, como la Revelación acerca Di os al hombre . Para San Agustin: verus philosophus est amator Dei (SAN AGUSTIN, De Civ. Dei VIII I: PL 41,225). Santo Tomás, haciéndose eco, dice, en otras palabras, lo mismo: Fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur (Contra gentiles I C.4 n.23). Sapientia est veritatem praecipue de primo principio meditari (Contra gentiles I C.I n.6). Amor a la verdad y amor al bien, cuando son auténticos, van siempre juntas. Para desautorizar la idea, sostenida por algunos, de que Santo Tomás es un intelectual frio, está eI hecho de que el Angélico resuelve el conocer mismo en amor de la verdad, cuando pone como principio de todo conocimiento: verum est bonum intellectus (Ethic. I lect.12 n.I39; cf. también Ethic. 6 n.II43; S. Th. q.5 a.I ad 4; 1-2 q.8 a.I). Por tanto, el entendimiento está hecho para la verdad y la ama como su bien connatural. Y puesto que el entendimiento no se sacia con verdad alguna parcial conquistada, sino que tiende siempre más allá, el entendimiento tiende más allá de toda verdad particular y se dirige naturalmente a la verdad total y absoluta que, en concrete, no puede ser mas que Dios.

El deseo de la verdad se transfigura en deseo natural de Dios y encuentra su clarificación solamente en la luz de Cristo, la verdad hecha persona.

As√≠, toda la filosof√≠a y la teolog√≠a de Santo Tom√°s no se sit√ļan fuera, sino dentro del c√©lebre aforismo agustiniano: fecisti nos ad te; et inquietum est cor nostrum, donec requiescat in te (SAN AGUSTIN, Confesiones I 1). Y cuando Santo Tom√°s pasa desde la tendencia connatural del hombre hacia la verdad y el bien al orden de la gracia y de la redenci√≥n, se transforma, no menos que San Agust√≠n, San Buenaventura y San Bernardo, en un cantor del primado de la caridad: Charitas est mater et radix omnium virtutum in quantum est omnium virtutum forma (S. Th. 1-2 q.62 a.4; cf. tambi√©n 1-2 q.62 a.2; I-2 q.65 a.3; I-2 q.68 a.5)

Sentido del hombre

5. Hay a√ļn otros motives que hacen actual a Santo Tom√°s: su alt√≠simo sentido del hombre, tam nobilis creatura (Contra gentiles IV I n.3337). Es f√°cil advertir la idea que tiene de esta ¬ęnobilis creature¬Ľ, imagen de Dios, cada vez que se dispone a hablar de la Encarnaci√≥n y de la Redenci√≥n. Desde s primera gran obra juvenil, el Comentario a las Sentencias de Pedro Lombardo, en el pr√≥logo al libro tercero, en el que se dispone a tratar de la Encarnaci√≥n del Verbo, no duda en parangonar al hombre con √©l ¬ęmar¬Ľ, en cuanto que recoge, unifica y eleva en si a todo el mundo infrahumano, como el mar recoge todas las aguas de los r√≠os que desembocan en √©l.

En el mismo pr√≥logo define al hombre como el horizonte de la creaci√≥n, en el que se juntan el cielo y la tierra; como vinculo del tiempo de la eternidad; como s√≠ntesis de la creaci√≥n. Su viv√≠simo sentido de hombre jam√°s decae en todas sus obras. En los √ļltimos tiempos de su vida: al comenzar el tratado de la Encarnaci√≥n, en la tercera parte de la Summma Theologica, inspir√°ndose tambi√©n en San Agust√≠n, afirma que s√≥lo asumiendo`, la naturaleza humana el Verbo pod√≠a mostrar quanta sit dignitas humanae naturae ne eam inquinemus pecctando (S. Th. 3 q.I a.2). E inmed√≠atamente despu√©s a√Īade: encarn√°ndose y asumiendo la naturaleza humana, Dios pudo demostrar quam. excelsum locum inter creaturas habeat humana natura (ibid.).

La voz de los tiempos

6. En las sesiones de vuestro Congreso se ha observado, entre otras cosas, que los principios de la filosofía y de la teología de Santo Tomás no han tenido quizá en el sector moral una valorización como la que exigen los tiempos y como es posible recabar de los grandes principios puestos por el Aquinate, de modo que empalmen sólidamente con las bases metafísicas para una mayor organización y vigor. En el sector social se ha hecho más, pero todavía hay macho espacio que llenar, para salir al encuentro de los problemas más vivos y urgentes del hombre de hoy.

Puede ser √©ste un programa que comprometa a la Pontificia Academia Romana de Santo Tom√°s de Aquino para un futuro inmed√≠ato, teniendo la mirada atienta a los signos de los tiempos, a las exigencias de mayor organizaci√≥n y penetraci√≥n, seg√ļn las orientaciones del Vaticano II (cf. Optatam totius 16; Gravissimum educationis 10), y a las corrientes de pensamiento del mundo contempor√°neo, en no pocos aspectos diversos de los del tiempo de Santo Tom√°s e incluso del per√≠odo en que eman√≥ de Le√≥n XIII la Enc√≠clica Aeterni Patris.

Santo Tom√°s ha marcado, un camino, que puede y debe ser llevado delante y actualizado, sin traicionar su esp√≠ritu y los principios de fondo, pero teniendo tambi√©n en cuenta las conquistas cient√≠ficas modernas. El verdadero progreso de la ciencia no puede contradecir nunca a la filosof√≠a, como la filosof√≠a nunca puede contradecir a la fe. Las nuevas aportaciones cient√≠ficas pueden tener una funci√≥n cat√°rtica y liberadora ante los l√≠mites impuestos a la investigaci√≥n filos√≥fica por el atraso medieval, por no decir por la no existencia, de una ciencia que nosotros poseemos hoy. La luz no puede ser oscurecida, sino s√≥lo potenciada por la luz. La ciencia y la filosof√≠a pueden y deben colaborar mutuamente, con tal que la una y la otra permanezcan fieles al m√©todo propio. La filosof√≠a puede iluminar a la ciencia y liberarla de sus l√≠mites, coimo, a su vez, la ciencia puede proyectar nueva luz sobre la filosof√≠a misma abrirle nuevos caminos. Esta es la ense√Īanza del Maestro de Aquino, pero, antes a√ļn es la Palabra de la verdad misma, Jesucristo, que nos asegura: ¬ęVeritas liberabit vos¬Ľ (Jn 8,32).

E1 camino se√Īalado por el Doctor Ang√©lico

7. Como es sabido, I . ,n XIII, rice en sabidur√≠a y en experiencia pastoral, no se content√≥ con dictar orientaciones te√≥ricas. Exhort√≥ a los obispos a crear academias y ce ntros de estudios tomistas, y antes que nadie √©l mismo dio ejemplo de eso, al instituir aqu√≠ en Roma la ¬ęPontificia (academia de Santo Tom√°s de Aquino¬Ľ, a la que se uni√≥ despu√©s, en 1934, la m√°s antigua ¬ęAcademia de Religi√≥n Cat√≥lica¬Ľ. El Congreso que se ha desarrollado estos d√≠as tenia tambi√©n la finalidad de celebrar el centenario de nuestra misma Academia. Y con toda raz√≥n, ya que han pertenecido a ella, como presidentes o como socios, personajes ilustres, cardenales insignes, muchos de los mejores genios y maestros de las ciencias sagradas de Roma y del mundo. Una Academia que fue siempre particularmente querida por todos mis predecesores hasta, Pablo VI, que recibi√≥ en audiencia a sus miembros nada menos que dos veces, con ocasi√≥n de los Congresos precedentes, dirigi√©ndoles discursos y d√°ndoles orientaciones memorables.

No se pueden pasar por alto las caracter√≠sticas principales que han permitido a vuestra Academia mantener la fe en los compromisos que, de vez en vez, le han asignado los Santo Pont√≠fices: su Universidad Cat√≥lica, por la que siempre ha contado entre sus socios a personalidades residentes en Roma fuera de Roma ‚ÄĒ¬Ņc√≥mo no recorder a Jacques Maritain y a Etienne Gilson?‚ÄĒ; a miembros del clero diocesano y a religiosos de todas las √≥rdenes y congregaciones; y el estar al d√≠a en el estudio de los problemas contempor√°neos, hechos objeto de an√°lisis, a la luz la doctrina de la Iglesia: Ecclesiae Doctorum, praesertim Sancti Thomae vestigia premendo (Gravissimum educationis 10), como preludiando al Concilio Vaticano II.

El testimonio más convincente son las obras de la Academia: los numerosos ciclos de conferencias, las publicaciones, los congresos periódicos que quiso el Papa Pío XI y celebrados con ejemar puntualidad y con provecho de los estudios católicos.

Ni puedo menos de recordar, entre los alumnos que obtuvieron el doctorado en la Pontificia Academia Romana de Santo Tomás de Aquino, a mis dos ilustres predecesores Pío XI y Pablo VI.

Venerados y queridos hermanos: El Concilio Vaticano II, que ha dado nuevo impulso a los estudios católicos con sus decretos sobre la formación sacerdotal y sobre la educación católica, bajo la guía del Maestro Santo Tomás (S. Thoma magistro: cf. Optatam totius 16), sirva de estimulo y auspicio para una vida renovada y para más abundantes frutos en el próximo futuro, para bien de la Iglesia.

Mientras os manifiesto mi más viva complacencia por el Congreso Tomista Internacional, que, en estos dias, ha dado verdaderamente una notable aportación científica, tanto por la calidad de los participantes y relatores como por la cuidadosa actualización de los varios problemas históricos y filosóficos, os exhorto a continuar realizando, con gran interés y seriedad, las finalidades de vuestra Academia; que sea un centro vivo, vibrante, moderno, en el cual el método y la doctrina del Aquinate se pongan en contacto continuo y en diálogo sereno con los complejos fermentos de la cultura contemporánea, en la que vivimos y estamos inmersos.

Con estos deseos os renuevo mi sincera benevolencia y os imparto de corazón mi bendición apostólica.

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