Soporte
Congregaci贸n para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apost贸lica, Verbi sponsa
Incrementar tama帽o de fuente Disminuir tama帽o de fuente
Compartir

Verbi sponsa

Instrucci贸n sobre la clausura de las Monjas

Vaticano, 13 de mayo de 1999,
Solemnidad de la Ascensi贸n del Se帽or.

INTRODUCCI脫N

1. La Iglesia, Esposa del Verbo, lleva a cabo el misterio de su uni贸n exclusiva con Dios, de modo ejemplar, en los que se entregan a la vida 铆ntegramente contemplativa. Por este motivo la Exhortaci贸n apost贸lica postsinodal Vita consecrata presenta la vocaci贸n y misi贸n de las monjas de clausura como 芦 signo de la uni贸n exclusiva de la Iglesia-Esposa con su Se帽or, profundamente amado 禄,1] poniendo de relieve la gracia singular y el don precioso en el misterio de santidad de la Iglesia.

Las monjas de clausura, en la escucha un谩nime y en la acogida amorosa de la palabra del Padre: 芦 脡ste es mi Hijo predilecto, en el cual me complazco 禄 (cf. Mt 3, 17), permanecen siempre 芦 con 脡l en el monte santo 禄 (2 Pe 1, 17-18) y, fijando la mirada en Jesucristo, envueltas por la nube de la presencia divina, se adhieren plenamente al Se帽or.2]

Se reconocen de modo especial en Mar铆a,3] virgen, esposa y madre, figura de la Iglesia,4] y, participando de la bienaventuranza de quien cree (cf. Lc 1, 45; 11, 28), perpet煤an el 芦 s铆 禄 y el amor de adoraci贸n a la Palabra de vida, convirti茅ndose, junto con Ella, en memoria del coraz贸n esponsal (cf. Lc 2, 19.51) de la Iglesia.5]

La estima con la que la comunidad cristiana rodea desde siempre a las monjas ha crecido paralelamente al descubrimiento de la naturaleza contemplativa de la Iglesia y de la llamada de cada uno al misterioso encuentro con Dios en la oraci贸n. Las monjas, en efecto, viviendo continuamente 芦 escondidas con Cristo en Dios 禄 (cf. Col 3, 3), llevan a cabo en grado sumo la vocaci贸n contemplativa de todo el pueblo cristiano,6] convirti茅ndose as铆 en f煤lgido testimonio del Reino de Dios (cf. Rm 14, 17) 芦 gloria de la Iglesia y manantial de gracias celestes 禄.7]

2. A partir del Concilio Ecum茅nico Vaticano II, varios documentos del Magisterio han profundizado el significado y el valor de este g茅nero de vida, promoviendo la dimensi贸n contemplativa de las comunidades de clausura y su papel espec铆fico en la vida de la Iglesia,8] epecialmente el Decreto conciliar Perfectae caritatis (n. 7 y n. 16) y la Instrucci贸n Venite seorsum, que ha presentado de modo admirable los fundamentos evang茅licos, teol贸gicos, espirituales y asc茅ticos de la separaci贸n del mundo con vistas a una dedicaci贸n total y exclusiva a Dios en la contemplaci贸n.

El Santo Padre Juan Pablo II ha animado frecuentemente a las monjas a permanecer fieles a la vida de clausura seg煤n el propio carisma y, en la Exhortaci贸n apost贸lica postsinodal Vita consecrata, ha dispuesto que se dieran ulteriormente normas espec铆ficas relativas a la disciplina concreta de la clausura, en l铆nea con el camino de renovaci贸n ya llevado a cabo, para que responda mejor a la variedad de los Institutos contemplativos y a las tradiciones de los monasterios, de modo que las contemplativas claustrales, regeneradas por el Esp铆ritu Santo y fieles a la propia 铆ndole y misi贸n, caminen hacia el futuro con aut茅ntico impulso y nuevo vigor.9]

La presente Instrucci贸n, a la vez que reafirma los fundamentos doctrinales de la clausura propuestos por la Instrucci贸n Venite Seorsum (I-IV) y por la Exhortaci贸n Vita consecrata (n. 59), establece las normas que deben regular la clausura papal de las monjas, dedicadas a la vida 铆ntegramente contemplativa.

PARTE I
SIGNIFICADO Y VALOR DE LA CLAUSURA DE LAS MONJAS

EN EL MISTERIO DEL HIJO QUE VIVE LA COMUNI脫N DE AMOR CON EL PADRE

3. Las contemplativas claustrales, de modo espec铆fico y radical, se conforman a Jesucristo en oraci贸n sobre la monta帽a y a su misterio pascual, que es una muerte para la resurrecci贸n.10]

La antigua tradici贸n espiritual de la Iglesia, seguida por el Concilio Vaticano II, une expresamente la vida contemplativa a la oraci贸n de Jes煤s 芦 en la monta帽a 禄,11] o en cualquier caso, en un sitio solitario, no accesible a todos, sino s贸lo a aquellos a los que 脡l llama consigo, en un lugar apartado (cf. Mt 7, 1-9; Lc 6, 12-13; Mc 6, 30-31; 2 Pe 1, 16-18).

El Hijo est谩 siempre unido al Padre (cf. Jn 10, 30; 17, 11), pero en su vida hay un espacio, constituido por momentos particulares de soledad y oraci贸n, de encuentro y comuni贸n, en el j煤bilo de la filiaci贸n divina. As铆 manifiesta 脡l la amorosa tensi贸n y el perenne movimiento de su Persona de Hijo hacia Aquel que lo engendra desde la eternidad.

Este asociar la vida contemplativa a la oraci贸n de Jes煤s en un lugar solitario denota un modo especial de participar en la relaci贸n de Cristo con el Padre. El Esp铆ritu Santo, que condujo a Jes煤s al desierto (cf. Lc 4, 1), invita a la monja a compartir la soledad de Jesucristo, que por medio del 芦 Esp铆ritu eterno 禄 (Hb 9, 14) se ofreci贸 al Padre. La celda solitaria y el claustro cerrado son el lugar donde la monja, esposa del Verbo Encarnado, vive plenamente recogida con Cristo en Dios. El misterio de esta comuni贸n se le manifiesta en la medida en que, d贸cil al Esp铆ritu Santo y vivificada por sus dones, escucha al Hijo (cf. Mt 17, 5), fija la mirada en su rostro (cf. 2 Co 3, 18), y se deja conformar con su vida, hasta la suprema oblaci贸n al Padre (cf. Flp 2, 5ss) como expresa alabanza de gloria.

La clausura, incluso en su aspecto concreto, es, por eso mismo, un modo particular de estar con el Se帽or, de compartir 芦 el anonadamiento de Cristo mediante una pobreza radical que se manifiesta en la renuncia no s贸lo de las cosas, sino tambi茅n del 芦 espacio 禄, de los contactos externos, de tantos bienes de la creaci贸n 禄,12] uni茅ndose al silencio fecundo del Verbo en la cruz. Se comprende entonces que 芦 el retirarse del mundo para dedicarse en la soledad a una vida m谩s intensa de oraci贸n non es otra cosa que una manera particular de vivir y expresar el misterio pascual de Cristo 禄,13] un verdadero encuentro con el Se帽or Resucitado, en un camino de continua ascensi贸n hacia la morada del Padre.

En la espera vigilante de la venida del Se帽or, la clausura se convierte as铆 en una respuesta al amor absoluto de Dios por su criatura y el cumplimiento de su eterno deseo de acogerla en el misterio de intimidad con el Verbo, que se ha hecho don esponsal en la Eucarist铆a14] y permanece en el sagrario como centro de la plena comuni贸n de amor con 脡l, recogiendo toda la vida de la monja para ofrecerla continuamente al Padre (cf. Hb 7, 25). Al don de Cristo-Esposo, que en la Cruz ofreci贸 todo su cuerpo, la monja responde de igual modo con el don del 芦 cuerpo 禄, ofreci茅ndose con Jesucristo al Padre y colaborando en la obra de la Redenci贸n. De esta forma, la separaci贸n del mundo da a toda la vida de clausura un valor eucar铆stico, 芦 adem谩s del aspecto de sacrificio y de expiaci贸n, adquiere la dimensi贸n de la acci贸n de gracias al Padre, participando de la acci贸n de gracias del Hijo predilecto 禄.15]

EN EL MISTERIO DE LA IGLESIA QUE VIVE SU UNI脫N EXCLUSIVA CON CRISTO ESPOSO

4. La historia de Dios con la humanidad es una historia de amor esponsal, preparado en el Antiguo Testamento y celebrado en la plenitud de los tiempos.

La Divina Revelaci贸n describe con la imagen nupcial la relaci贸n 铆ntima e indisoluble entre Dios y su pueblo (Os 1-2; Is 54, 4-8; Jr 2, 2; Ez 16; 2 Co 11, 2; Rm 11, 29).

El Hijo de Dios se presenta como el Esposo-Mes铆as (cf. Mt 9, 15; 25, 1), venido para llevar a cabo las bodas de Dios con la humanidad,16] en un admirable intercambio de amor, que comienza en la Encarnaci贸n, alcanza la cumbre oblativa en la Pasi贸n y se perpetua como don en la Eucarist铆a.

El Se帽or Jes煤s, derramando en el coraz贸n de los hombres su amor y el del Padre, los hace capaces de responder totalmente, mediante el don del Esp铆ritu Santo, que siempre implora con la Esposa: 芦 Ven 禄 (Ap 22, 17). Esta perfecci贸n de gracia y santidad se realiza en la 芦 Esposa del Cordero... que baja del cielo, de Dios, resplandeciente de la gloria de Dios 禄 (Ap 21, 9-10).

La dimensi贸n esponsal es caracter铆stica de toda la Iglesia, pero la vida consagrada es imagen viva de la misma, manifestando m谩s profundamente la tensi贸n hacia el 煤nico Esposo.17]

De modo a煤n m谩s significativo y radical, el misterio de la uni贸n exclusiva de la Iglesia-Esposa con el Se帽or se expresa en la vocaci贸n de las monjas de clausura, precisamente porque su vida est谩 totalmente dedicada a Dios, sumamente amado, en la constante tensi贸n hacia la Jerusal茅n celeste y en la anticipaci贸n de la Iglesia escatol贸gica; fija en la posesi贸n y en la contemplaci贸n de Dios,18]es una llamada para todo el pueblo cristiano a la fundamental vocaci贸n de cada uno al encuentro con Dios,19]representaci贸n de la meta hacia la cual camina toda la comunidad eclesial,20] que vivir谩 siempre como Esposa del Cordero.

Por medio de la clausura, las monjas llevan a cabo el 茅xodo del mundo para encontrar a Dios en la soledad del 芦 desierto claustral 禄, que comprende tambi茅n la soledad interior, las pruebas del esp铆ritu y la dificultad cotidiana de la vida com煤n (cf. Ef 4, 15-16), compartiendo de modo esponsal la soledad de Jes煤s en el Getseman铆 y su sufrimiento redentor en la cruz (cf. Ga 6, 14).

Adem谩s, las monjas, por su misma naturaleza femenina, manifiestan m谩s eficazmente el misterio de la Iglesia 芦 Esposa Inmaculada del Cordero Inmaculado 禄, reconoci茅ndose a s铆 mismas de manera singular en la dimensi贸n esponsal de la vocaci贸n 铆ntegramente contemplativa.21]

La vida mon谩stica femenina tiene, pues, una capacidad especial para realizar el car谩cter esponsal de la relaci贸n con Cristo y para ser signo vivo de ella: 驴No es acaso en una mujer, la Virgen Mar铆a, donde se cumple el misterio de la Iglesia?22]

A la luz de esto, las monjas reviven y contin煤an en la Iglesia la obra de Mar铆a. Acogiendo al Verbo en la fe y en el silencio de adoraci贸n, se ponen al servicio del misterio de la Encarnaci贸n y, unidas a Jesucristo en su ofrenda al Padre, se convierten en colaboradoras del misterio de la Redenci贸n. As铆 como Mar铆a, con su presencia orante en el Cen谩culo, custodi贸 en su coraz贸n los or铆genes de la Iglesia, as铆 al coraz贸n amante y a las manos juntas de las monjas se conf铆a el camino de la Iglesia.

LA CLAUSURA EN SU DIMENSI脫N ASC脡TICA

5. La clausura, medio asc茅tico de inmenso valor,23] es muy adecuada para la vida enteramente dedicada a la contemplaci贸n. Es un signo de la santa protecci贸n de Dios hacia su criatura y es, por otra parte, una forma especial de pertenecer s贸lo a 脡l, porque la totalidad caracteriza la absoluta entrega a Dios. Se trata de una modalidad t铆pica y adecuada de vivir la relaci贸n esponsal con Dios en la unicidad del amor y sin interferencias indebidas de personas o de cosas, de modo que la criatura, dirigida y absorta en Dios, pueda vivir 煤nicamente para alabanza de su gloria (cf. Ef 1, 6.10-12.14).

La monja de clausura cumple en grado sumo el primer mandamiento del Se帽or: 芦 Amar谩s al Se帽or tu Dios con todo tu coraz贸n, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente 禄 (Lc 10, 27), haciendo de ello el sentido pleno de su vida y amando en Dios a todos los hermanos y hermanas. Ella tiende a la perfecci贸n de la caridad, acogiendo a Dios como el 芦 煤nico necesario 禄 (cf. Lc 10, 42), am谩ndolo exclusivamente como el Todo de todas las cosas, llevando a cabo con amor incondicional hacia 脡l, en el esp铆ritu de renuncia propuesto por el Evangelio24] (cf. Mt 13, 45; Lc 9, 23), el sacrificio de todo bien, es decir, 芦 haciendo sagrado 禄 a Dios solo todo bien,25] para que s贸lo 脡l habite en el silencio absoluto del claustro, llen谩ndolo con su Palabra y su Presencia, y la Esposa pueda verdaderamente dedicarse al 脷nico, 芦 en continua oraci贸n e intensa penitencia 禄26] en el misterio de un amor total y exclusivo.

Por eso, la tradici贸n espiritual m谩s antigua ha asociado espont谩neamente al retiro completo del mundo27] y de cualquier actividad apost贸lica este tipo de vida que se hace irradiaci贸n silenciosa de amor y de gracia sobreabundante en el coraz贸n palpitante de la Iglesia-Esposa. El monasterio, situado en un lugar apartado o en el centro de la ciudad, con su particular estructura arquitect贸nica, tiene precisamente por objeto crear un espacio de separaci贸n, de soledad y de silencio, donde poder buscar m谩s libremente a Dios y donde vivir no s贸lo para 脡l y con 脡l, sino tambi茅n s贸lo de 脡l.

Es pues necesario que la persona, libre de todo apego, inquietud o distracci贸n, interior y exterior, unifique sus facultades dirigi茅ndolas a Dios para acoger su presencia en la alegr铆a de la adoraci贸n y la alabanza.

La contemplaci贸n llega a ser la bienaventuranza de los puros de coraz贸n (Mt 5, 8). El coraz贸n puro es el espejo l铆mpido de la interioridad de la persona, purificada y unificada en el amor, en cuyo interior se refleja la imagen de Dios que all铆 mora;28] es como un cristal terso, que iluminado por la luz de Dios emana su mismo esplendor.29]

A la luz de la contemplaci贸n como comuni贸n de amor con Dios, la pureza del coraz贸n tiene su m谩xima expresi贸n en la virginidad del esp铆ritu, porque exige la integridad de un coraz贸n no s贸lo purificado del pecado, sino unificado en la tensi贸n hacia Dios y que, por consiguiente, ama totalmente y sin divisi贸n, a imagen del amor pur铆simo de la Sant铆sima Trinidad, que ha sido llamada por los Padres 芦 la primera Virgen 禄.30]

El desierto claustral es una gran ayuda para conseguir la pureza de coraz贸n entendida en este sentido, porque limita a lo esencial las ocasiones de contacto con el mundo exterior, para que 茅ste no irrumpa con sus variadas modalidades en el monasterio, turbando su clima de paz y de santa unidad con el 煤nico Se帽or y con las hermanas. De este modo la clausura elimina en gran medida la dispersi贸n, proveniente de tantos contactos innecesarios, de una multitud de im谩genes, que con frecuencia dan origen a ideas profanas y deseos vanos, y de informaciones y emociones que distraen de lo 煤nico necesario y disipan la unidad interior. 芦 En el monasterio, todo se orienta a la b煤squeda del rostro de Dios; todo tiende a lo esencial, porque es importante s贸lo lo que acerca a 脡l. El recogimiento mon谩stico significa atenci贸n a la presencia de Dios: si uno se distrae en muchas cosas, se afloja el paso y se pierde de vista la meta 禄.31]

La monja, apartada de las cosas externas en la intimidad de su ser, purificando el coraz贸n y la mente mediante un serio camino de oraci贸n, de renuncia, de vida fraterna, de escucha de la Palabra de Dios y de ejercicio de las virtudes teologales, est谩 llamada a conversar con el Esposo divino, meditando su Ley d铆a y noche para recibir el don de la Sabidur铆a del Verbo y, bajo el impulso del Esp铆ritu Santo, hacerse con 脡l una sola cosa.32]

Este anhelo de plena realizaci贸n en Dios, en una ininterrumpida nostalgia del coraz贸n que con deseo incesante se dirige a la contemplaci贸n del Esposo, alimenta el compromiso asc茅tico de la monja. Embargada completamente de su belleza, encuentra en la clausura su morada de gracia y la bienaventuranza anticipada de la visi贸n del Se帽or. Acrisolada por la llama purificadora de la presencia divina, se prepara a la bienaventuranza plena entonando en su coraz贸n el canto nuevo de los salvados, sobre el Monte del sacrificio y del ofrecimiento, del templo y de la contemplaci贸n de Dios.

Por consiguiente, tambi茅n la disciplina de la clausura, en su aspecto pr谩ctico, debe ser tal que permita la realizaci贸n de este sublime ideal contemplativo, que implica la totalidad de la entrega, la integridad de la atenci贸n, la unidad de los sentimientos y la coherencia de los comportamientos.

PARTICIPACI脫N DE LAS MONJAS DE VIDA 脥NTEGRAMENTE CONTEMPLATIVA EN LA COMUNI脫N Y MISI脫N DE LA IGLESIA

EN LA COMUNI脫N DE LA IGLESIA

6. Las monjas de clausura, por su llamada espec铆fica a la uni贸n con Dios en la contemplaci贸n, se insertan plenamente en la comuni贸n eclesial, haci茅ndose signo singular de la uni贸n 铆ntima con Dios de toda la comunidad cristiana. Mediante la oraci贸n, particularmente con la celebraci贸n de la liturgia y su ofrecimiento cotidiano, interceden por todo el pueblo de Dios y se unen a la acci贸n de gracias de Jesucristo al Padre (cf. 2 Co 1, 20; Ef 5, 19-20).

La misma vida contemplativa es, pues, su modo caracter铆stico de ser Iglesia, de realizar en ella la comuni贸n, de cumplir una misi贸n en beneficio de toda la Iglesia.33] A las contemplativas de clausura no se les pide por tanto que hagan comuni贸n participando en nuevas formas de presencia activa, sino m谩s bien que permanezcan en la fuente de la comuni贸n trinitaria, viviendo en el coraz贸n de la Iglesia.34]

La comunidad de clausura es adem谩s una 贸ptima escuela de vida fraterna, expresi贸n de aut茅ntica comuni贸n y fuerza que lleva a la comuni贸n.35]

Gracias al amor rec铆proco, la vida fraterna es el espacio teologal en el que se experimenta la presencia m铆stica del Se帽or resucitado:36] en esp铆ritu de comuni贸n, las monjas comparten la gracia de la misma vocaci贸n con los miembros de su propia comunidad, ayud谩ndose rec铆procamente para caminar unidas y avanzar juntas, concordes y un谩nimes, hacia el Se帽or.

Las monjas comparten con los monasterios de la misma Orden el empe帽o de crecer en la fidelidad al carisma espec铆fico y al propio patrimonio espiritual, colaborando para ello, si es necesario, en los modos previstos por las Constituciones.

En virtud de su misma vocaci贸n, que las sit煤a en el coraz贸n de la Iglesia, las monjas se comprometer谩n de modo particular a 芦 sentir con la Iglesia 禄, con la adhesi贸n sincera al Magisterio y la obediencia incondicional al Papa.

EN LA MISI脫N DE LA IGLESIA

7. 芦 La Iglesia peregrinante es, por su propia naturaleza, misionera 禄;37] por ello, la misi贸n es esencial tambi茅n para los Institutos de vida contemplativa.38] Las monjas de clausura la viven permaneciendo en el coraz贸n misionero de la Iglesia mediante la oraci贸n continua, la oblaci贸n de s铆 mismas y el ofrecimiento del sacrificio de alabanza.

De este modo, su vida se convierte en una misteriosa fuente de fecundidad apost贸lica39] y de bendici贸n para la comunidad cristiana y para el mundo entero.

La caridad, infundida en los corazones por el Esp铆ritu Santo (cf. Rm 5, 5), convierte a las monjas de clausura en cooperadoras de la verdad (cf. Jn 3, 8), part铆cipes de la obra de la Redenci贸n de Cristo (cf. Col 1, 24) y, uni茅ndolas vitalmente a los dem谩s miembros del Cuerpo M铆stico, hace fecunda su vida, ordenada enteramente a la consecuci贸n de la caridad, en beneficio de todos.40] San Juan de la Cruz escribe que, 芦 es m谩s precioso delante de Dios y del alma un poquito de este puro amor y m谩s provecho hace a la Iglesia, aunque parece que no hace nada, que todas esas cosas 禄.41] En el asombro de su espl茅ndida intuici贸n, S. Teresa del Ni帽o Jes煤s afirma: 芦 ... entend铆 que la Iglesia tiene un coraz贸n y que este coraz贸n est谩 ardiendo en amor. Entend铆 que s贸lo el amor es el que impulsa a obrar a los miembros de la Iglesia... S铆, he hallado mi propio lugar en la Iglesia... en el coraz贸n de la Iglesia, que es mi madre, yo ser茅 el amor 禄.42]

La convicci贸n de la santa de Lisieux es la misma de la Iglesia, expresada repetidamente por el Magisterio: 芦 La Iglesia est谩 firmemente convencida, y lo proclama con fuerza y sin vacilar, de que hay una relaci贸n 铆ntima entre oraci贸n y difusi贸n del Reino de Dios, entre oraci贸n y conversi贸n de los corazones, entre oraci贸n y aceptaci贸n fructuosa del mensaje salvador y sublime del Evangelio 禄.43]

La aportaci贸n concreta de las monjas a la evangelizaci贸n, al ecumenismo, a la extensi贸n del Reino de Dios en las diversas culturas, es eminentemente espiritual, como alma y fermento de las iniciativas apost贸licas, dejando la participaci贸n activa en las mismas a quienes corresponde por vocaci贸n.44]

Adem谩s, quien llega a ser absoluta propiedad de Dios se convierte en don de Dios para todos, por esto su vida 芦 es verdaderamente un don que se coloca en el centro del misterio de la comuni贸n eclesial, acompa帽ando la misi贸n apost贸lica de cuantos trabajan para anunciar el Evangelio 禄.45]

Como reflejo e irradiaci贸n de su vida contemplativa, las monjas ofrecen a la Comunidad cristiana y al mundo de hoy, necesitado m谩s que nunca de aut茅nticos valores espirituales, un anuncio silencioso y un testimonio humilde del misterio de Dios, manteniendo viva de este modo la profec铆a en el coraz贸n esponsal de la Iglesia.46]

Su existencia, totalmente entregada al servicio de la alabanza divina en la gratuidad plena (cf. Jn 12, 1-8), proclama y difunde por s铆 misma la primac铆a de Dios y la trascendencia de la persona humana, creada a su imagen y semejanza. Es, pues, una invitaci贸n para todos a 芦 aquella celda del coraz贸n en la que cada uno est谩 llamado a vivir la uni贸n con el Se帽or 禄.47]

Viviendo en la presencia y de la presencia del Se帽or, las monjas significan una especial anticipaci贸n de la Iglesia escatol贸gica, pues, fijas en la posesi贸n y en la contemplaci贸n de Dios, 芦 prefiguran visiblemente la meta hacia la cual se dirige la entera comunidad eclesial que, entregada a la acci贸n y dada a la contemplaci贸n, se encamina por las sendas del tiempo con la mirada fija en la futura recapitulaci贸n de todo en Cristo 禄.48]

EL MONASTERIO EN LA IGLESIA LOCAL

8. El monasterio es el lugar que Dios custodia (cf. Za 2, 9); es la morada de su presencia singular, a imagen de la tienda de la Alianza, en la que se realiza el encuentro cotidiano con 脡l, donde el Dios tres veces Santo ocupa todo el espacio y es reconocido y honrado como el 煤nico Se帽or.

Un monasterio contemplativo es un don tambi茅n para la Iglesia local, a la que pertenece. Representando su rostro orante, hace m谩s plena y m谩s significativa su presencia de Iglesia.49] Se puede parangonar una comunidad mon谩stica con Mois茅s, que en la oraci贸n determina la suerte de las batallas de Israel (cf. Ex 17, 11), y con el centinela que vigila en la noche esperando el amanecer (cf. Is 21, 6).

El monasterio representa la intimidad misma de una Iglesia, el coraz贸n, donde el Esp铆ritu siempre gime y suplica por las necesidades de toda la comunidad y donde se eleva sin descanso la acci贸n de gracias por la Vida que cada d铆a 脡l nos regala (cf. Col 3, 17).

Es importante que los fieles aprendan a reconocer el carisma y el papel espec铆fico de los contemplativos, su presencia discreta pero vital, su testimonio silencioso que constituye una llamada a la oraci贸n y a la verdad de la existencia de Dios.

Los Obispos, como pastores y gu铆as de todo el reba帽o de Dios,50] son los primeros custodios del carisma contemplativo. Por tanto, deben alimentar la Comunidad contemplativa con el pan de la Palabra y de la Eucarist铆a, proporcionando tambi茅n, si es necesario, una asistencia espiritual adecuada por medio de sacerdotes preparados para ello. Al mismo tiempo, han de compartir con la Comunidad misma la responsabilidad de vigilar para que, en la sociedad actual inclinada a la dispersi贸n, a la falta de silencio y a los valores aparentes, la vida de los monasterios, sostenida por el Esp铆ritu Santo, permanezca aut茅ntica y enteramente orientada a la contemplaci贸n de Dios.

Solamente en la perspectiva de la verdadera y fundamental misi贸n apost贸lica que les es propia, que consiste en el 芦 ocuparse s贸lo de Dios 禄, los monasterios pueden acoger, en la medida y seg煤n las modalidades que convengan a su esp铆ritu y a las tradiciones de la propia familia religiosa, a cuantos desean beber de su experiencia espiritual o participar en la oraci贸n de la Comunidad. Se ha de mantener, sin embargo, la separaci贸n material de modo que sea una llamada al significado de la vida contemplativa y una custodia de sus exigencias, en conformidad con las Normas sobre la clausura del presente Documento.51]

Con 谩nimo libre y acogedor, 芦 en las entra帽as de Cristo 禄,52] las monjas llevan en el coraz贸n los sufrimientos y las ansias de cuantos recurren a su ayuda y de todos los hombres y mujeres. Profundamente solidarias con las vicisitudes de la Iglesia y del hombre de hoy, colaboran espiritualmente en la edificaci贸n del Reino de Cristo para que 芦 Dios sea todo en todo 禄 (1 Co 15, 28).

PARTE II

LA CLAUSURA DE LAS MONJAS

9. Los monasterios dedicados a la vida contemplativa han reconocido en la clausura, desde el comienzo y de manera particular铆sima, una ayuda bien probada para realizar su vocaci贸n.53] Las especiales exigencias de la separaci贸n del mundo han sido, pues, acogidas por la Iglesia y ordenadas can贸nicamente para el bien de la vida contemplativa misma. Por tanto, la disciplina de la clausura es un don, puesto que tutela el carisma fundacional de los monasterios.

Cada Instituto contemplativo debe mantener fielmente su forma de separaci贸n del mundo. Esta fidelidad es fundamental para la existencia de un Instituto, el cual, en realidad, s贸lo subsiste mientras mantiene la adhesi贸n a los pilares del carisma original.54] Por eso, la renovaci贸n vital de los monasterios est谩 esencialmente vinculada con la autenticidad de la b煤squeda de Dios en la contemplaci贸n y de los medios para conseguirla, y se debe considerar genuina cuando recupera su primitivo esplendor.

El cometido, la responsabilidad y el gozo de las monjas consiste en comprender, custodiar y defender con firmeza e inteligencia su especial vocaci贸n, salvaguardando la identidad del carisma espec铆fico frente a cualquier presi贸n interna o externa.

LA CLAUSURA PAPAL

10. 芦 Los monasterios de monjas de vida 铆ntegramente contemplativa deben observar la clausura papal, es decir, seg煤n las normas dadas por la Sede Apost贸lica 禄.55]

Puesto que una entrega a Dios, estable y vinculante, expresa m谩s adecuadamente la uni贸n de Cristo con la Iglesia, su Esposa, la clausura papal, con su forma de separaci贸n particularmente rigurosa, manifiesta y realiza mejor la completa dedicaci贸n de las monjas a Jesucristo. Es el signo, la protecci贸n y la forma56] de la vida 铆ntegramente contemplativa, vivida en la totalidad del don, que comprende la integridad no s贸lo intencional, sino real, de manera que Jes煤s sea verdaderamente el Se帽or, la 煤nica nostalgia y la 煤nica bienaventuranza de la monja, exultante en la espera y radiante en la contemplaci贸n anticipada de su rostro.

Para las monjas, la clausura papal significa un reconocimiento espec铆fico de vida 铆ntegramente contemplativa femenina, que desarrollando dentro del monacato la espiritualidad de las nupcias con Cristo, se hace signo y realizaci贸n de la uni贸n exclusiva de la Iglesia Esposa con su Se帽or.57]

Una separaci贸n real del mundo, el silencio y la soledad, expresan y salvaguardan la integridad e identidad de la vida 煤nicamente contemplativa, para que sea fiel a su carisma espec铆fico y a las sanas tradiciones del Instituto.

El Magisterio de la Iglesia ha reiterado varias veces la necesidad de mantener fielmente este g茅nero de vida, que es para la Iglesia una fuente de gracia y de santidad.58]

11. La vida 铆ntegramente contemplativa, para ser considerada como clausura papal, debe estar ordenada 煤nica y totalmente a conseguir la uni贸n con Dios en la contemplaci贸n.

Un Instituto es considerado de vida 铆ntegramente contemplativa si:

a) sus miembros orientan toda su actividad interior y exterior a la constante e intensa b煤squeda de la uni贸n con Dios;

b) excluye compromisos externos y directos de apostolado, aunque sea de manera limitada, y la participaci贸n f铆sica en acontecimientos y ministerios de la comunidad eclesial,59] que, consiguientemente, no ha ser solicitada, puesto que representar铆a un antitestimonio de la verdadera participaci贸n de las monjas en la vida de la Iglesia y de su aut茅ntica misi贸n;

c) pone en pr谩ctica la separaci贸n del mundo de manera concreta y eficaz,60] no simplemente simb贸lica. Cualquier adaptaci贸n de las formas de separaci贸n del exterior debe hacerse de modo que 芦 se mantenga la separaci贸n material 禄61] y debe ser sometida a la aprobaci贸n de la Santa Sede.

CLAUSURA SEG脷N LAS CONSTITUCIONES

12. Los monasterios de monjas que profesan la vida contemplativa, pero asocian a la funci贸n primordial del culto divino alguna obra apost贸lica o caritativa, no siguen la clausura papal.

Estos monasterios mantienen con todo cuidado su fisonom铆a principal o predominantemente contemplativa, empe帽谩ndose sobre todo en la oraci贸n, la ascesis y el ardiente progreso espiritual, as铆 como en la esmerada celebraci贸n de la liturgia, la observancia regular y la disciplina de la separaci贸n del mundo. En sus Constituciones establecen una clausura adecuada a su propia 铆ndole y seg煤n las sanas tradiciones.62]

La Superiora puede autorizar las entradas y salidas seg煤n las normas del derecho propio.

LOS MONASTERIOS DE MONJAS DE ANTIGUA TRADICI脫N MON脕STICA

13. Los monasterios de monjas de venerable tradici贸n mon谩stica,63] que se manifiesta en varias formas de vida contemplativa, cuando se dedican 铆ntegramente al culto divino con una vida escondida dentro de los muros del monasterio, observan la clausura papal; si asocian a la vida contemplativa alguna actividad en favor del pueblo de Dios o practican formas m谩s amplias de hospitalidad de acuerdo con la tradici贸n de la Orden, definen su clausura en las Constituciones.64]

Respetando su propia identidad, cada monasterio o Congregaci贸n mon谩stica sigue la clausura papal o la define en las Constituciones.

NORMAS SOBRE LA CLAUSURA PAPAL DE LAS MONJAS

PRINCIPIOS GENERALES

14. SS 1. La clausura reservada a las monjas de vida 煤nicamente contemplativa se llama papal porque las normas que la regulan deben ser confirmadas por la Santa Sede, a煤n cuando se trate de normas que han de fijarse en las Constituciones y los otros C贸digos del Instituto (Estatutos, Directorio, etc.).65]

Dada la variedad de los Institutos dedicados a una vida 铆ntegramente contemplativa y de sus tradiciones, algunas modalidades de separaci贸n del mundo se dejan al derecho particular y han de ser aprobadas por la Sede Apost贸lica.

El derecho propio puede establecer tambi茅n normas m谩s severas sobre la clausura.

EXTENSI脫N DE LA CLAUSURA

SS 2. La ley de la clausura papal se extiende al edificio y a todos los espacios, internos y externos, reservados a las monjas.

La separaci贸n del exterior del edificio mon谩stico, del coro, de los locutorios y de todo el espacio reservado a las monjas, debe ser material y efectiva, no s贸lo simb贸lica o seg煤n la modalidad llamada 芦 neutra 禄; ha de estar establecida en las Constituciones y en los reglamentos adicionales, teniendo siempre en cuenta tanto las diversas tradiciones de cada Instituto o monasterio como las circunstancias del lugar.

La participaci贸n de los fieles en las celebraciones lit煤rgicas no consiente la salida de las monjas de la clausura ni la entrada de los fieles en el coro de las monjas; si hubiera hu茅spedes, 茅stos no pueden ser introducidos en la clausura del monasterio.

OBLIGATORIEDAD DE LA CLAUSURA

SS 3. a) En virtud de la ley de la clausura, las monjas, las novicias y las postulantes han de vivir dentro de la clausura del monasterio, y no les es l铆cito salir de ella, salvo en los casos previstos por el derecho; ni est谩 permitido a nadie entrar en el 谩mbito de la clausura del monasterio, excepto en los casos previstos.

SS 3. b) Las normas sobre la separaci贸n del mundo de las Hermanas externas ha de ser definida por el derecho propio.

SS 3. c) La ley de la clausura comporta obligaci贸n grave de conciencia, tanto para las monjas como para los extra帽os.

SALIDAS Y ENTRADAS

15. La concesi贸n de permisos para entrar o salir requiere siempre una causa justa y grave,66] es decir, dictada por una verdadera necesidad de alguna de las monjas o del monasterio. As铆 lo exige la tutela de las condiciones requeridas para la vida 铆ntegramente contemplativa y, por parte de las monjas, de coherencia con su opci贸n vocacional. De por s铆, pues, cada salida o entrada ha de ser una excepci贸n.

La costumbre de anotar en un libro las entradas y salidas puede conservarse, a discreci贸n del Cap铆tulo conventual, contribuyendo as铆 tambi茅n a un mejor conocimiento de la vida y la historia del monasterio.

16. SS 1. Corresponde a la Superiora del monasterio la custodia directa de la clausura, garantizar las condiciones concretas de la separaci贸n y promover, dentro del monasterio, el amor por el silencio, el recogimiento y la oraci贸n.

Ella es la que juzga la oportunidad de las entradas y salidas de la clausura, valorando con prudencia y discreci贸n su necesidad, a la luz de la vocaci贸n 铆ntegramente contemplativa, seg煤n las normas del presente documento y de las Constituciones.

SS 2. Toda la comunidad tiene la obligaci贸n moral de tutelar, promover y observar la clausura papal, de manera que no prevalezcan motivaciones secundarias o subjetivas sobre el fin que se propone la separaci贸n.

17. SS 1. La salida de la clausura, salvo indultos particulares de la Santa Sede o en caso de peligro inminente y grav铆simo, es autorizada por la Superiora en los casos ordinarios que se refieren a la salud de las monjas, la asistencia a las monjas enfermas, el ejercicio de los derechos civiles y aquellas otras necesidades del monasterio que no pueden ser atendidas de otro modo.

SS 2. Por otras causas justas y graves, la Superiora, con el consentimiento de su Consejo o del Cap铆tulo conventual, seg煤n lo dispongan las Constituciones, puede autorizar la salida por el tiempo necesario, pero no m谩s de una semana. Si la permanencia fuera del monasterio se debiera prorrogar por m谩s tiempo, hasta un m谩ximo de tres meses, la Superiora pedir谩 permiso al Obispo diocesano67] o al Superior regular, si existe. Si la ausencia supera los tres meses, salvo en los casos de cuidados de la propia salud, se ha de pedir autorizaci贸n a la Santa Sede.

La Superiora aplicar谩 estas normas tambi茅n en la autorizaci贸n de salidas para participar, cuando sea necesario, en cursos de formaci贸n religiosa organizados por los monasterios.68]

T茅ngase presente que la norma del c. 665, SS 1 sobre la permanencia fuera del Instituto, no se refiere a las monjas de clausura.

SS 3. Para enviar novicias o profesas, cuando fuere necesario,69] a realizar parte de la formaci贸n en otro monasterio de la Orden, as铆 como para hacer traslados temporales o definitivos70] a otros monasterios de la Orden, la Superiora expresar谩 su consentimiento, haciendo intervenir el Consejo o el Cap铆tulo conventual, seg煤n la norma de las Constituciones.

18. SS 1. La entrada en clausura se permite, salvo indultos particulares de la Santa Sede:

- a los Cardenales, los cuales pueden llevar consigo alg煤n acompa帽ante; a los Nuncios y Delegados Apost贸licos en los lugares sujetos a su jurisdicci贸n; al Visitador durante la Visita can贸nica, al Obispo diocesano o al Superior Regular, por causa justa.

SS 2. Con permiso de la Superiora:

- al Sacerdote para administrar los sacramentos a las enfermas, para asistir a las que padecen graves o prolongadas dolencias y, si fuera el caso, para celebrar alguna vez para ellas la Santa Misa. Eventualmente, para las procesiones lit煤rgicas y los ritos de exequias;

- a quienes cuyo trabajo o competencia son necesarios para atender la salud de las monjas y proveer a las necesidades del monasterio;

a las propias aspirantes y a las monjas de paso, si as铆 est谩 previsto en el derecho propio.

REUNIONES DE MONJAS

19. Se pueden organizar, previa autorizaci贸n de la Santa Sede, aquellas reuniones de monjas del mismo Instituto contemplativo, en el 谩mbito de la misma naci贸n o regi贸n, que est茅n motivadas por una verdadera necesidad de reflexi贸n com煤n, siempre que las monjas lo acepten libremente y no suceda con demasiada frecuencia. T茅nganse dichas reuniones preferentemente en un monasterio de la Orden.

Los monasterios que est谩n reunidos en Federaciones establecen la periodicidad y la modalidad de las propias asambleas federales en sus Estatutos, respetando el esp铆ritu y las exigencias de la vida 铆ntegramente contemplativa.

LOS MEDIOS DE COMUNICACI脫N SOCIAL

20. La normativa sobre los medios de comunicaci贸n social, en toda la variedad de sus formas actuales, tiende a salvaguardar el recogimiento. En efecto, el silencio contemplativo puede vaciarse si la clausura se llena de ruidos, noticias y palabras.

Por tanto, estos medios han de usarse con sobriedad y discreci贸n,71] no solamente en lo que se refiere a su contenido, sino tambi茅n a la cantidad de las informaciones y al tipo de comunicaci贸n. T茅ngase presente que, para quienes est谩n habituados al silencio interior, todo esto incide con mayor fuerza en la sensibilidad y en la emotividad, haciendo m谩s dif铆cil el recogimiento.

El uso de la radio y de la televisi贸n puede permitirse en circunstancias particulares de car谩cter religioso.

Se puede consentir al monasterio el eventual uso de otros medios modernos de comunicaci贸n, como fax, tel茅fono celular, Internet, por razones de informaci贸n o de trabajo, con prudente discernimiento y para utilidad com煤n, seg煤n las disposiciones del Cap铆tulo conventual.

Las monjas han de procurar tener la debida informaci贸n sobre la Iglesia y el mundo, no con multitud de noticias, sino sabiendo escoger las que son esenciales a la luz de Dios, para llevarlas a la oraci贸n, en sinton铆a con el coraz贸n de Cristo.

LA VIGILANCIA DE LA CLAUSURA

21. El Obispo diocesano, o el Superior regular, vigilen la observancia de la clausura en los monasterios a ellos confiados y la defiendan de acuerdo con sus competencias, ayudando a la Superiora, a la cual compete la custodia inmediata.

El Obispo diocesano o el Superior regular no intervienen ordinariamente en la concesi贸n de las dispensas de la clausura, sino s贸lo en casos particulares, seg煤n las normas de la presente Instrucci贸n.

Durante la Visita can贸nica, el Visitador debe verificar la observancia de las normas de la clausura y del esp铆ritu de separaci贸n del mundo.

La Iglesia, por el inmenso aprecio que tiene por su vocaci贸n, anima a las monjas a permanecer fieles a la vida claustral, viviendo con sentido de responsabilidad el esp铆ritu y la disciplina claustrales para promover en la comunidad una provechosa y completa orientaci贸n hacia la contemplaci贸n del Dios Uno y Trino.

PARTE III
PERSEVERANCIA EN LA FIDELIDAD

LA FORMACI脫N

22. La formaci贸n de las claustrales trata de preparar a la persona para su consagraci贸n total a Dios en el seguimiento de Cristo, seg煤n la forma de vida ordenada 煤nicamente a la contemplaci贸n, propia de su peculiar misi贸n en la Iglesia.72]

La formaci贸n debe entrar profundamente en la persona, tratando de unificarla en un itinerario progresivo de conformaci贸n a Jesucristo y a su ofrenda total al Padre. El m茅todo propio para ello debe asumir y expresar, pues, la caracter铆stica de la totalidad,73] educando en la sabidur铆a del coraz贸n.74] Est谩 claro que esta formaci贸n, precisamente porque tiende a la transformaci贸n de toda la persona, no termina nunca.

Las exigencias particulares de la formaci贸n de quienes son llamadas a la vida totalmente contemplativa han sido expuestas en la Instrucci贸n Potissimum institutioni (Parte IV, 72-85).

La formaci贸n de las contemplativas es ante todo formaci贸n en la fe, 芦 fundamento y primicia de una aut茅ntica contemplaci贸n 禄.75] En efecto, mediante la fe se aprende a descubrir la presencia constante de Dios para adherirse en la caridad a su misterio de comuni贸n.

La renovaci贸n de la vida contemplativa se conf铆a, en gran parte, a la formaci贸n de cada monja y de toda la comunidad, para que puedan alcanzar la realizaci贸n del proyecto divino mediante la asimilaci贸n del propio carisma.

23. A este respecto tiene una importancia particular el programa formativo, inspirado en el carisma espec铆fico, que debe abarcar, bien diferenciados, los primeros a帽os hasta la profesi贸n solemne o perpetua y los sucesivos, los cuales deben asegurar la perseverancia en la fidelidad durante toda la vida. Para ello las comunidades claustrales deber谩n tener una adecuada ratio formationis, 76 que formar谩 parte del propio derecho, despu茅s de haber sido sometida a la Santa Sede y previo voto deliberativo del Cap铆tulo conventual.

El contexto de las culturas de nuestro tiempo comporta para los Institutos de vida contemplativa un nivel de preparaci贸n adecuada a la dignidad y a las exigencias de este estado de vida consagrada. Por lo cual, los monasterios exijan a las candidatas, antes de su admisi贸n al noviciado, un grado de madurez personal y afectiva, humana y espiritual, que las haga id贸neas para la fidelidad y la comprensi贸n de la naturaleza de la vida ordenada enteramente a la contemplaci贸n en clausura. Las obligaciones propias de la vida claustral deben ser bien conocidas y aceptadas por cada candidata en el primer per铆odo de formaci贸n y, en cualquier caso, antes de la emisi贸n de los votos solemnes o perpetuos.77]

El estudio de la Palabra de Dios, de la tradici贸n de los Padres, de los documentos del Magisterio, de la liturgia, de la espiritualidad y de la teolog铆a, debe ser la base doctrinal de la formaci贸n, tratando de ofrecer los fundamentos del conocimiento del misterio de Dios que hay en la Revelaci贸n cristiana, 芦 penetrando a la luz de la fe la verdad escondida en el misterio de Cristo 禄.78]

La vida contemplativa debe alimentarse continuamente en el misterio de Dios; por esto es esencial dar a las monjas las bases y el m茅todo para una formaci贸n personal y comunitaria que sean constantes y no limitadas a experiencias peri贸dicas.

24. La norma general es que todo el ciclo de la formaci贸n inicial y permanente se desarrolle dentro del monasterio. La ausencia de actividades externas y la estabilidad de los miembros permite seguir gradualmente y con mayor participaci贸n las diversas etapas de la formaci贸n. En el propio monasterio, la monja crece y madura en la vida espiritual y alcanza la gracia de la contemplaci贸n. La formaci贸n en el propio monasterio tiene tambi茅n la ventaja de favorecer la armon铆a de toda la comunidad. Adem谩s, el monasterio, con su caracter铆stico ambiente y ritmo de vida, es el lugar m谩s conveniente para realizar el camino formativo,79] ya que el alimento diario de la Eucarist铆a, la liturgia, la lectio divina, la devoci贸n mariana, la ascesis y el trabajo, el ejercicio de la caridad fraterna y la experiencia de la soledad y del silencio, son momentos y factores esenciales de la formaci贸n para la vida contemplativa.

La Superiora de un monasterio, como primera responsable de la formaci贸n,80] favorezca un adecuado camino formativo inicial de las candidatas. Promueva tambi茅n la formaci贸n permanente de las monjas ense帽ando a alimentarse del misterio de Dios que se da continuamente en la liturgia y en los diversos momentos de la vida mon谩stica, ofreciendo los medios adecuados para la formaci贸n espiritual y doctrinal y, finalmente, estimulando hacia un continuo crecimiento como exigencia de fidelidad al don siempre nuevo de la llamada divina.

La formaci贸n es un derecho y un deber de cada monasterio, que puede servirse incluso de la colaboraci贸n de personas externas, sobre todo del Instituto al que eventualmente estuviese asociado. Si es necesario, la Superiora podr谩 permitir que se sigan los cursos por correspondencia relativos a las materias del programa formativo del monasterio.

Cuando un monasterio no es autosuficiente, algunos servicios de ense帽anza comunes se pueden organizar en uno de los monasterios del mismo Instituto, y por lo general, en la misma 谩rea geogr谩fica. Los monasterios interesados determinar谩n las modalidades, la frecuencia y la duraci贸n, de modo que se respeten las exigencias fundamentales de la vocaci贸n contemplativa en la clausura y las indicaciones de la propia ratio formationis. La normativa de la clausura rige tambi茅n las salidas por motivos de formaci贸n.81]

De todas formas, la frecuencia de los cursos de formaci贸n no puede sustituir la formaci贸n sistem谩tica y gradual en la propia comunidad.

Cada monasterio ha de poder ser, de hecho, art铆fice de la propia vitalidad y de su futuro; por tanto, es necesario que sea autosuficiente sobre todo en el campo de la formaci贸n, que no puede ser dirigida s贸lo a algunos de sus miembros, sino que debe abarcar a toda la comunidad, para que sea lugar de progreso din谩mico y crecimiento espiritual.

AUTONOM脥A DEL MONASTERIO

25. La Iglesia reconoce a cada monasterio sui iuris una justa autonom铆a jur铆dica, de vida y de gobierno, para que con ella pueda gozar de su propia disciplina y conservar 铆ntegro el propio patrimonio.82]

La autonom铆a favorece la estabilidad de vida y la unidad interna de cada comunidad, garantizando las mejores condiciones para el ejercicio de la contemplaci贸n.

Esta autonom铆a es un derecho del monasterio, que por su naturaleza es aut贸nomo; por esto no puede limitarse o disminuirse por intervenciones externas. Sin embargo, la autonom铆a no equivale a independencia de la autoridad eclesi谩stica, sino que es justa, conveniente y oportuna para tutelar la 铆ndole e identidad propia de un monasterio de vida 铆ntegramente contemplativa.

Es cometido del Ordinario del lugar conservar y defender esta autonom铆a.83]

El Obispo diocesano, en los monasterios encomendados a su vigilancia84] o el Superior regular, cuando exista, desempe帽an su encargo seg煤n las leyes de la Iglesia y las Constituciones. 脡stas deben indicar lo que les compete, de modo particular lo relativo a la presidencia de las elecciones, la visita can贸nica y la administraci贸n de los bienes.

Desde el momento en que los monasterios son aut贸nomos y rec铆procamente independientes, cualquier forma de coordinaci贸n entre s铆, de cara al bien com煤n, necesita la libre adhesi贸n de los monasterios mismos y la aprobaci贸n de la Sede Apost贸lica.

RELACIONES CON LOS INSTITUTOS MASCULINOS

26. A lo largo de los siglos el Esp铆ritu Santo ha suscitado en la Iglesia familias religiosas compuestas por varias ramas, unidas vitalmente por la misma espiritualidad pero distintas entre s铆 y a menudo diversificadas en la forma de vida.

Los monasterios de monjas han tenido con los respectivos Institutos masculinos v铆nculos diferentes, que se han concretado en modos diversos.

Una relaci贸n entre los monasterios y el respectivo Instituto masculino, salva la disciplina claustral, puede favorecer el crecimiento en la espiritualidad com煤n. Bajo esta 贸ptica la asociaci贸n de los monasterios al Instituto masculino, respetando la autonom铆a jur铆dica propia de cada uno, trata de conservar en los monasterios mismos el esp铆ritu genuino de la familia religiosa para encarnarlo en una dimensi贸n 煤nicamente contemplativa.

El monasterio asociado a un Instituto masculino mantiene su propio ordenamiento y su propio gobierno.85] Por tanto, la delimitaci贸n de los rec铆procos derechos y obligaciones, orientados hacia el bien espiritual, debe salvaguardar la autonom铆a efectiva del monasterio.

En la nueva visi贸n y en la perspectiva con que la Iglesia considera hoy el papel y la presencia de la mujer, es preciso superar, cuando exista, aquella forma de tutela jur铆dica, por parte de las 脫rdenes masculinas y de los Superiores regulares, que puede limitar de hecho la autonom铆a de los monasterios de monjas.

Los Superiores masculinos deben desempe帽ar su cometido con esp铆ritu de colaboraci贸n y de humilde servicio, evitando crear cualquier subordinaci贸n indebida hacia las monjas, a fin de que ellas decidan con libertad de esp铆ritu y sentido de responsabilidad en lo relativo a su vida religiosa.

PARTE IV
ASOCIACIONES Y FEDERACIONES

27. Las Asociaciones y las Federaciones son 贸rganos de ayuda y coordinaci贸n entre los monasterios, para que puedan realizar adecuadamente su vocaci贸n en la Iglesia. Su fin principal es, pues, custodiar y promover los valores de la vida contemplativa de los monasterios que forman parte las mismas.86]

Se han de favorecer estos organismos sobre todo donde, no habiendo otras formas eficaces de coordinaci贸n y de ayuda, las Comunidades podr铆an encontrarse en la imposibilidad de responder a las necesidades fundamentales de diverso tipo.

Las normas que en este documento se refieren a las Federaciones son v谩lidas igualmente para las Asociaciones, teniendo en cuenta su estructura jur铆dica y sus propios Estatutos.

La constituci贸n de cualquier forma de Asociaci贸n, Federaci贸n o Confederaci贸n de monasterios de monjas est谩 reservada a la Sede Apost贸lica, a la cual compete tambi茅n aprobar sus Estatutos, ejercer sobre las mismas la vigilancia y autoridad necesarias,87] inscribir o separar de ellas a los monasterios.

La opci贸n de adherirse o no depende de cada Comunidad, cuya libertad debe respetarse.

28. La Federaci贸n, por estar al servicio del monasterio, debe respetar su autonom铆a jur铆dica y no tiene sobre el mismo autoridad de gobierno, por lo cual no puede decidir sobre todo lo relativo al monasterio ni tiene un cometido de representaci贸n de la Orden.

Los monasterios federados viven la comuni贸n fraterna entre s铆 de manera coherente con su vocaci贸n claustral, no con la multiplicidad de reuniones y de experiencias comunes, sino con al apoyo mutuo y la sol铆cita colaboraci贸n en las peticiones de ayuda, contribuyendo en la medida de sus posibilidades y respetando su autonom铆a.

Las Federaciones, con esp铆ritu evang茅lico de servicio, procuren responder a las necesidades concretas y reales de las Comunidades, promoviendo su dedicaci贸n solamente a la b煤squeda de Dios, la observancia regular y la din谩mica de la unidad interna.

Las ayudas que las Federaciones pueden ofrecer para resolver problemas comunes son principalmente: la conveniente renovaci贸n y tambi茅n la reorganizaci贸n de los monasterios, la formaci贸n tanto inicial como permanente y el mutuo apoyo econ贸mico.88]

Las modalidades de colaboraci贸n de los monasterios con la Federaci贸n son ofrecidas y determinadas por la Asamblea de Superioras de los monasterios que, seg煤n los Estatutos aprobados, precisan los cometidos que dicha Federaci贸n debe desempe帽ar en beneficio y ayuda de sus monasterios.

Ordinariamente la Santa Sede nombra un Asistente religioso, al cual podr谩 delegar, para lo que considere necesario o en casos particulares, algunas facultades o encargos. Es cometido del Asistente: procurar que en la Federaci贸n se conserve o acreciente el esp铆ritu genuino de la vida enteramente contemplativa de la propia Orden; colaborar con esp铆ritu de servicio fraterno en la gu铆a de la Federaci贸n y en los problemas econ贸micos de mayor importancia y contribuir a una s贸lida formaci贸n de las novicias y de las profesas.

LA FORMACI脫N

29. El servicio de formaci贸n que puede ofrecer la Federaci贸n es subsidiario.89] Los monasterios federados deben elaborar una ratio formationis, que contenga normas concretas de aplicaci贸n90] y que formar谩 parte del derecho propio de un monasterio, previa conformidad del Cap铆tulo conventual del monasterio mismo y despu茅s de ser sometida, sucesivamente, a la Santa Sede.

Cada monasterio tiene por derecho su Noviciado. Sin embargo la Federaci贸n, aun evitando el centralismo, puede instituir un Noviciado y otros servicios de ense帽anza para los monasterios que, por falta de candidatas, de docentes o dem谩s, no son autosuficientes y desean libremente servirse de ellos; estos servicios formativos, que ser谩n determinados en la ratio formationis, se han de desarrollar en un monasterio, ordinariamente de la Federaci贸n,91] respetando las exigencias fundamentales de la vida contemplativa en clausura.

Las Federaciones procuren que las Comunidades vayan siendo gradualmente autosuficientes en lo relativo a su formaci贸n permanente, lo cual comporta un esfuerzo espiritual y de estudio no intermitente sino continuado, favoreciendo en los monasterios el desarrollo de una cultura y de una mentalidad contemplativas.

RENOVACI脫N Y AYUDA A LOS MONASTERIOS

30. Las Federaciones pueden cooperar validamente en dar nuevo vigor a los monasterios, renovando su impulso vocacional en torno a los elementos esenciales de la propia espiritualidad, en la dimensi贸n 铆ntegramente contemplativa de la forma de vida y estimulando la fervorosa observancia de la Regla y de las Constituciones.

Los monasterios de una Federaci贸n deben ayudarse mutuamente, incluso, cuando fuese verdaderamente necesario y evitando la inestabilidad, con el intercambio de monjas.92]

De todos modos corresponde a cada Comunidad decidir sobre la petici贸n y la respuesta, en la medida de sus posibilidades.

Los monasterios que no pueden garantizar la vida regular o que se encuentran en circunstancias particularmente graves, pueden dirigirse a la Presidenta con su Consejo, para buscar una adecuada soluci贸n.

Cuando hubiese una Comunidad que ya no cuenta con las condiciones para funcionar de manera libre, aut贸noma y responsable, la Presidenta debe avisar al Obispo diocesano y al Superior regular, donde exista, y someter el caso a la Santa Sede.93]

CONCLUSI脫N

31. Con esta Instrucci贸n se quiere confirmar el gran aprecio de la Iglesia por la vida 铆ntegramente contemplativa de las monjas de clausura y su solicitud por salvaguardar su autenticidad, 芦 para que no falte un rayo de la divina belleza que ilumine el camino de la existencia humana 禄.94]

Que sostengan y animen a todas las contemplativas las palabras alentadoras del Santo Padre Juan Pablo II: 芦 Al igual que los Ap贸stoles, reunidos en oraci贸n con Mar铆a y otras mujeres en el cen谩culo, quedaron llenos del Esp铆ritu Santo (cf. Hch 1, 14), la comunidad de los creyentes espera hoy poder experimentar, tambi茅n gracias a vuestra oraci贸n, un nuevo Pentecost茅s, para dar testimonio evang茅lico m谩s eficaz en el umbral del nuevo milenio. Queridas hermanas, encomiendo a Mar铆a, Virgen fiel y morada consagrada a Dios, vuestras comunidades y a cada una de vosotras, as铆 como a cuantas aspiran a compartir vuestra misma experiencia espiritual. La Madre del Se帽or obtenga que desde Loreto, a trav茅s de los j贸venes que han llegado aqu铆 en peregrinaci贸n, se irradie nuevamente a Europa un haz de esa luz que envolvi贸 al mundo cuando el Verbo se hizo carne y puso su morada entre nosotros 禄.95]

El 1 de mayo de 1999, el Santo Padre ha aprobado el presente documento de la Congregaci贸n para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apost贸lica, autorizando su publicaci贸n.

Eduardo Card. Mart铆nez Somalo
Prefecto

Piergiorgio Silvano Nesti
Secretario


1

Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata, sobre la vida consagrada y su misi贸n en la Iglesia y en el mundo (25 de marzo de 1996), 59.

2

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Dei Verbum, sobre la divina Revelaci贸n, 8; Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata, sobre la vida consagrada y su misi贸n en la Iglesia y en el mundo (25 de marzo de 1996), 14; 32; Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, 555; S. Tom谩s de Aquino, Summa Theologiae, III, 45, 4, ad 2: 芦 Apareci贸 toda la Trinidad: el Padre en la voz, el Hijo en el hombre, el Esp铆ritu en la nube luminosa 禄; Casiano, Conferencia 10, 6: PL 49, 827: 芦 Se retir贸 solo a la monta帽a a orar para ense帽arnos, d谩ndonos de ese modo ejemplo de retiro, para que tambi茅n nosotros, si queremos interpelar a Dios con afecto de coraz贸n puro e 铆ntegro, del mismo modo nos alejemos de toda inquietud y confusi贸n de la gente 禄; Guillermo de San Thierry, A los hermanos del Monte de Dios, I, 1: PL 184, 310: 芦 La vida solitaria fue practicada familiarmente por el mismo Se帽or mientras estaba junto con los disc铆pulos; cuando se transfigur贸 en el Monte santo, provocando en ellos un deseo tal que Pedro dijo inmediatamente: 隆Qu茅 feliz ser铆a permaneciendo aqu铆 para siempre! 禄.

3

Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata, sobre la vida consagrada y su misi贸n en la Iglesia y en el mundo (25 de marzo de 1996), 28; 112.

4

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 63.

5

Cf. Juan Pablo II, Enc. Redemptoris Mater (25 de marzo de 1987), 43; Discurso a las monjas de clausura (Loreto, 10 de septiembre de 1995), 2: 芦 ?Qu茅 es la vida claustral si no una continua renovaci贸n de un "s铆" que abre las puertas del propio ser a la acogida del Salvador? Vosotras pronunci谩is este "s铆" en la diaria aceptaci贸n de la obra divina y en la asidua contemplaci贸n de los misterios de la salvaci贸n 禄.

6

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. Sacrosantum Concilium, sobre la sagrada liturgia, 2; Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, Carta a los Obispos de la Iglesia cat贸lica sobre algunos aspectos de la meditaci贸n cristiana Orationis Formas (15 de octubre de 1989), 1; Catecismo de la Iglesia cat贸lica, 2566-2567.

7

Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Perfectae Caritatis, sobre la adecuada renovaci贸n de la vida religiosa, 7; cf. Juan Pablo II, Angelus (17 de noviembre de 1996): 芦 隆Qu茅 tesoro tan inestimable para la Iglesia y la sociedad son las comunidades de vida contemplativa! 禄.

8

Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 46; Pablo VI, Motu proprio Ecclesiae sanctae (6 de agosto de 1966), II, 30-31; Sagrada Congregaci贸n para los Religiosos y los Institutos seculares, La dimensi贸n contemplativa de la vida religiosa (12 de agosto de 1980), 24-29; Congregaci贸n para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apost贸lica, Instr. Potissimum institutioni, sobre la formaci贸n en los Institutos religiosos (2 de febrero de 1990), IV, 72-85; Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata, sobre la vida consagrada y su misi贸n en la Iglesia y en el mundo (25 de marzo de 1996), 8; 59.

9

Cf. Pablo VI, Exhort. ap. Gaudete in Domino (9 de mayo de 1975), VI: 芦 La Iglesia, en efecto, regenerada por el Esp铆ritu Santo, en cuanto que permanece fiel a su tarea y a su misi贸n, ha de ser considerada como la verdadera "juventud del mundo" 禄.

10

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 46; C贸digo de Derecho Can贸nico, can. 577; Sagrada Congregaci贸n para los Religiosos y los Institutos seculares, Instr. Venite seorsum, sobre la vida contemplativa y la clausura de las monjas (15 de agosto de 1969), I; Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata, sobre la vida consagrada y su misi贸n en la Iglesia y en el mundo (25 de marzo de 1996), 59; Discurso a las monjas de clausura (Nairobi, 7 de mayo de 1980), 3: 芦 En vuestra vida de oraci贸n se contin煤a la alabanza de Cristo a su Eterno Padre. La totalidad de su amor al Padre y de su obediencia a la voluntad del Padre, se refleja en vuestra consagraci贸n radical por amor. Su inmolaci贸n abnegada en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia, se expresa en el ofrecimiento de vuestra vida unida a su sacrificio 禄.

11

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 46; Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata, sobre la vida consagrada y su misi贸n en la Iglesia y en el mundo (25 de marzo de 1996), 14.

12

Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata, sobre la vida consagrada y su misi贸n en la Iglesia y en el mundo (25 de marzo de 1996), 59.

13

Sagrada Congregaci贸n para los Religiosos y los Institutos seculares, Instr. Venite seorsum, sobre la vida contemplativa y la clausura de las monjas (15 de agosto de 1969), I.

14

Cf. Juan Pablo II, Carta ap. Mulieris dignitatem (15 de agosto de 1988), 26: 芦 Nos encontramos en el centro mismo del Misterio pascual, que revela hasta el fondo el amor esponsal de Dios. Cristo es el Esposo porque "se ha entregado a s铆 mismo": su cuerpo ha sido "dado", su sangre ha sido "derramada" (cf. Lc 22, 19-20). De este modo "am贸 hasta el extremo" (Jn 13, 1). El "don sincero" contenido en el sacrificio de la Cruz, hace resaltar de manera definitiva el sentido esponsal del amor de Dios. Cristo es el Esposo de la Iglesia, como Redentor del mundo. La Eucarist铆a es el sacramento del Esposo, de la Esposa 禄.

15

Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata, sobre la vida consagrada y su misi贸n en la Iglesia y en el mundo (25 de marzo de 1996), 59. Cf. Carta a las Monjas Clarisas, con ocasi贸n del VIII Centenario del nacimiento de Santa Clara de As铆s (11 de agosto de 1993), 7: 芦 En realidad, toda la vida de Clara era una eucarist铆a, porque --al igual que Francisco-- elevaba desde su clausura una continua acci贸n de gracias a Dios con la oraci贸n, la alabanza, la s煤plica, la intercesi贸n, el llanto, el ofrecimiento y el sacrificio. Acog铆a y ofrec铆a todo al Padre en uni贸n con la infinita acci贸n de gracias del Hijo Unig茅nito 禄; B. Isabel de la Trinidad, Escritos, Retiro 10, 2: 芦 Una alabanza de gloria est谩 siempre ocupada en la acci贸n de gracias. Cada uno de sus actos, de sus movimientos, cada pensamiento suyo y cada aspiraci贸n, al mismo tiempo que la radican m谩s profundamente en el amor, son como un eco del eterno Sanctus 禄.

16

Cf. S. Gregorio Magno, Homil铆as sobre los Evangelios, homil铆a 38, 3: PL 76, 1283: 芦 Entonces, en efecto, Dios Padre celebr贸 las nupcias de Dios su Hijo, cuando en el seno de la Virgen lo uni贸 a la naturaleza humana, cuando quiso que el que era Dios antes del tiempo, se convirtiese en hombre al final de los tiempos 禄; S. Antonio de Padua, Sermones, Domingo 20 despu茅s de Pentecost茅s, I, 4: 芦 La Sabidur铆a, el Hijo de Dios, ha construido la casa de su humanidad en el seno de la beata Virgen, casa sostenida por siete columnas, esto es, de los dones de la gracia septiforme. Esto es lo mismo que decir: Celebrar茅 las nupcias de su Hijo 禄; Juan Pablo II, Carta ap. Dies Domini (31 de mayo de 1988), 12: 芦 Dios se manifiesta como el esposo ante su esposa (cf. Os 2, 16-24: Jr 2, 2; Is 54, 4-8). #... Conviene destacar la intensidad esponsal que caracteriza, desde el Antiguo al Nuevo Testamento, la relaci贸n de Dios con su pueblo. As铆 lo expresa, por ejemplo, esta maravillosa p谩gina de Oseas: "Yo te desposar茅 conmigo para siempre; te desposar茅 conmigo en justicia y en derecho, en amor y en compasi贸n, te desposar茅 conmigo en fidelidad, y t煤 conocer谩s al Se帽or" (2, 22) 禄.

17

Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Perfectae Caritatis, sobre la adecuada renovaci贸n de la vida religiosa, 12: 芦 evocan ante todos los cristianos aquel maravilloso matrimonio, fundado por Dios y que se ha de manifestar plenamente en el siglo futuro, por el que la Iglesia tiene como 煤nico esposo a Cristo 禄; Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata, sobre la vida consagrada y su misi贸n en la Iglesia y en el mundo (25 de marzo de 1996), 3; 34.

18

Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata, sobre la vida consagrada y su misi贸n en la Iglesia y en el mundo (25 de marzo de 1996), 59.

19

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 19: 芦 La raz贸n m谩s alta de la dignidad humana consiste en la vocaci贸n del hombre a la comuni贸n con Dios 禄.

20

Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata, sobre la vida consagrada y su misi贸n en la Iglesia y en el mundo (25 de marzo de 1996), 59; Conc. Ecum. Vat. II, Const. Sacrosantum Concilium, sobre la sagrada liturgia, 2.

21

Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata, sobre la vida consagrada y su misi贸n en la Iglesia y en el mundo (25 de marzo de 1996), 59; Carta ap. Mulieris dignitatem (15 de agosto de 1988), 20; Sagrada Congregaci贸n para los Religiosos y los Institutos seculares, Instr. Venite seorsum, sobre la vida contemplativa y la clausura de las monjas (15 de agosto de 1969), IV.

22

Cf. S. Ambrosio, Formaci贸n de la virgen, 24: PL 16, 326-327.

23

Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata, sobre la vida consagrada y su misi贸n en la Iglesia y en el mundo (25 de marzo de 1996), 59.

24

Cf. S. Benito, Regla, 72, 11: 芦 No anteponer absolutamente nada a Cristo 禄: CSEL 75, 5.163; M谩ximo el Confesor, Libro asc茅tico, n. 43: PG 90, 953 B: 芦 D茅monos al Se帽or con todo el coraz贸n para poder acogerlo enteramente 禄; Juan Pablo II, Carta a las Carmelitas Descalzas con ocasi贸n del IV centenario de la muerte de Santa Teresa (31 de mayo de 1982), 5: 芦 No dudo que las Carmelitas de hoy, no menos de las de ayer, tender谩n alegremente a la meta de este absoluto, para responder adecuadamente a las instancias profundas que brotan de un amor total hacia Cristo y de una entrega sin reservas a la misi贸n de la Iglesia 禄.

25

S. Gregorio Magno, Homil铆as sobre Ezequiel, libro 2, homil铆a 8, 16: CCL 142, 348: 芦 Cuando una persona ofrece al Dios omnipotente todo lo que tiene, su vida, todo lo que posee, es un holocausto ... Y es esto lo que hacen los que dejan el tiempo presente 禄.

26

Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Perfectae Caritatis, sobre la adecuada renovaci贸n de la vida religiosa, 7.

27

Cf. S. Agust铆n, Serm贸n 339, 4: PL 38,1481: 芦 Nadie me superar铆a en ansias de vivir en esa seguridad plena de la contemplaci贸n; nada hay mejor, nada m谩s dulce y buena que escrutar el divino tesoro sin ruido alguno; es cosa dulce y buena 禄; Guido I, 芦 Elogio de la vida solitaria 禄, Costumbres, 80, 11: PL 153, 757-758: 芦 Nada mejor que la soledad para favorecer la suavidad de la salmodia, la aplicaci贸n a la lectura, los fervores de la oraci贸n, la meditaci贸n penetrante, el 茅xtasis de la contemplaci贸n y el bautismo de las l谩grimas 禄; S. Euquerio de Lyon, 芦 Alabanza del eremo 禄, Cartas a Hilario, 3: PL 50, 702-703: 芦 Con raz贸n llamo al eremo templo incircunscrito de nuestro Dios... Sin duda se debe creer que Dios est谩 m谩s inmediatamente all铆, donde m谩s f谩cilmente se deja encontrar 禄.

28

Cf. S. Basilio, La verdadera integridad de la virginidad, 49: PG 30, 765 C: 芦 El alma de la virgen, esposa de Cristo, es como una fuente pur铆sima...; no debe ser perturbada por palabras que provienen del exterior y se comunican al o铆do, ni distra铆da de su serena tranquilidad por im谩genes que distraen la vista, de modo que, contemplando como en un espejo pur铆simo su imagen y la belleza del Esposo, se colme cada vez m谩s de su verdadero amor 禄.

29

Cf. S. Juan de la Cruz, Subida al Monte Carmelo, 2, 5, 6.

30

S. Gregorio Nacianceno, Poemas, I, 2, 1, v. 20: PG 37, 523.

31

Juan Pablo II, Discurso a las monjas de clausura (Loreto, 10 de septiembre de 1995), 3.

32

Cf. S. Buenaventura, En honor de S. In茅s V. y M., Serm. 1: Opera Omnia, IX, 504 b: 芦Cuando una persona gusta cu谩n es suave el Se帽or, se aparta de todas las ocupaciones exteriores; entra entonces en su coraz贸n y se dispone plenamente a la contemplaci贸n de Dios dirigida enteramente a los esplendores eternos; se hace radiante y es pose铆da por el esplendor eterno. Si el alma viera este Bell铆simo incomparable, todos los v铆nculos de este mundo no podr铆an ya separarla de 脡l 禄.

33

Sagrada Congregaci贸n para los Religiosos y los Institutos seculares, La dimensi贸n contemplativa de la vida religiosa (12 de agosto de 1980), 26; Congregaci贸n para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apost贸lica, Instr. La vida fraterna en Comunidad (2 de febrero de 1994), 59: 芦 La comunidad de tipo contemplativo (que presenta a Cristo en el monta帽a) est谩 centrada en la doble comuni贸n con Dios y con sus miembros. Tiene un proyecci贸n apost贸lica eficac铆sima que, sin embargo, permanece en gran parte escondida en el misterio 禄; Juan Pablo II, Discurso al clero, a los consagrados y a las monjas de clausura (Chiavari, 18 de septiembre de 1998), 4: 芦 Ahora deseo dirigiros unas palabras en particular a vosotras, queridas monjas de clausura, que constitu铆s el signo de la uni贸n exclusiva de la Iglesia-Esposa con su Se帽or, sumamente amado. Os impulsa un irresistible atractivo que os arrastra hacia Dios, meta exclusiva de todos vuestros sentimientos y de todas vuestras acciones. La contemplaci贸n de la belleza de Dios ha llegado a ser vuestra herencia, vuestro programa de vida, vuestro modo de estar presentes en la Iglesia 禄.

34

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 4: 芦 As铆 toda la Iglesia aparece como el pueblo unido "por la unidad del Padre, del Hijo y del Esp铆ritu Santo" 禄; S. Cipriano, La oraci贸n del Se帽or, 23: PL 4, 536.

35

Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata, sobre la vida consagrada y su misi贸n en la Iglesia y en el mundo (25 de marzo de 1996), 46; Congregaci贸n para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apost贸lica, Instr. La vida fraterna en Comunidad (2 de febrero de 1994), 10: 芦 La vida fraterna en com煤n, en un monasterio, est谩 llamada a ser signo vivo del misterio de la Iglesia 禄.

36

Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata, sobre la vida consagrada y su misi贸n en la Iglesia y en el mundo (25 de marzo de 1996), 42.

37

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 2.

38

Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata, sobre la vida consagrada y su misi贸n en la Iglesia y en el mundo (25 de marzo de 1996), 72; Carta Enc. Redemptoris Missio (7 de diciembre de 1990), 23.

39

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Perfectae Caritatis, sobre la adecuada renovaci贸n de la vida religiosa, 7; Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata, sobre la vida consagrada y su misi贸n en la Iglesia y en el mundo (25 de marzo de 1996), 8; 59.

40

Cf. Catecismo de la Iglesia cat贸lica, 953; S. Clara de As铆s, 3 Carta a In茅s de Praga, 8; Escritos: SC 325, 102: 芦Y, vali茅ndome de las palabras mismas del Ap贸stol, te considero colaboradora de Dios mismo y sost茅n de los miembros d茅biles y vacilantes de su inefable cuerpo禄.

41

C谩ntico Espiritual 29, 2; cf. Juan Pablo II, Homil铆a en la Bas铆lica Vaticana (30 de noviembre de 1997), 5: 芦 A las religiosas de vida contemplativa les pido que se sit煤en en el coraz贸n mismo de la misi贸n con su constante oraci贸n de adoraci贸n y de contemplaci贸n del misterio de la cruz y de la resurrecci贸n 禄.

42

Ms B, 3vo.

43

Juan Pablo II, Discurso a las monjas de clausura (Nairobi, 7 de mayo de 1980), 2; cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 40: 芦 Los Institutos de vida contemplativa, por sus oraciones, obras de penitencia y tribulaciones, tienen importancia m谩xima en la conversi贸n de las almas, siendo Dios mismo quien, por la oraci贸n, env铆a obreros a su mies (cf. Mt 9, 38), abre las mentes de los no cristianos para escuchar el Evangelio (cf. Hch 16, 14) y fecunda la palabra de salvaci贸n en sus corazones (cf. 1 Co 3, 7) 禄.

44

Cf. B. Jord谩n de Sajonia, Carta IV a la B. Diana d'Andal貌: 芦 Lo que t煤 cumples en tu quietud, yo lo cumplo caminando de lugar en lugar: todo esto lo hacemos por su amor. 脡l es nuestro 煤nico fin 禄.

45

Juan Pablo II, Discurso a las monjas de clausura (Loreto, 10 de septiembre de 1995), 4.

46

Cf. S. Ireneo, Contra las herej铆as, 4, 20, 8ss: PG 7, 1037: 芦 No s贸lo hablando profetizaban los profetas, sino tambi茅n contemplando y conversando con Dios y con todas las acciones que realizaban, realizando cuanto les suger铆a el Esp铆ritu 禄.

47

Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata, sobre la vida consagrada y su misi贸n en la Iglesia y en el mundo (25 de marzo de 1996), 59.

48

Ib铆d.

49

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia, 18.

50

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 45; Decr. Christus Dominus, sobre el oficio pastoral de los Obispos, 15; C贸digo de Derecho Can贸nico, can. 586, 2.

51

Cf. Sagrada Congregaci贸n para los Religiosos y los Institutos seculares y Sagrada Congregaci贸n para los Obispos, Notas directivas Mutuae relationes (14 de mayo de 1978), 25; Sagrada Congregaci贸n para los Religiosos y los Institutos seculares, La dimensi贸n contemplativa de la vida religiosa (12 de agosto de 1980), 26.

52

Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 46.

53

Cf. Sagrada Congregaci贸n para los Religiosos y los Institutos seculares, Instr. Venite seorsum, sobre la vida contemplativa y la clausura de las monjas (15 de agosto de 1969), VII.

54

Cf. Juan Pablo II, Discurso a la sesi贸n Plenaria de la Congregaci贸n para los Religiosos e Institutos seculares (7 de marzo de 1980), 3: 芦 Efectivamente, el abandono de la clausura significar铆a fallar en lo espec铆fico de una de las formas de vida religiosa, con las cuales la Iglesia manifiesta frente al mundo la preeminencia de la contemplaci贸n sobre la acci贸n, de lo que es eterno sobre lo que es temporal 禄.

55

C贸digo de Derecho Can贸nico, can. 667 SS 3; cf. Sagrada Congregaci贸n para los Religiosos y los Institutos seculares, Instr. Venite seorsum, sobre la vida contemplativa y la clausura de las monjas (15 de agosto de 1969), Normae, 1.

56

Cf. Pablo VI, Motu proprio Ecclesiae sanctae (6 de agosto de 1966), II, 30.

57

Cf. Sagrada Congregaci贸n para los Religiosos y los Institutos seculares, Instr. Venite seorsum, sobre la vida contemplativa y la clausura de las monjas (15 de agosto de 1969), IV.

58

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Perfectae Caritatis, sobre la adecuada renovaci贸n de la vida religiosa, 7; Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata, sobre la vida consagrada y su misi贸n en la Iglesia y en el mundo (25 de marzo de 1996), 8; Alocuci贸n a las religiosas contemplativas en el Carmelo de Lisieux (2 de junio de 1980), 4: 芦 amad vuestra separaci贸n del mundo, comparable en todo al desierto b铆blico. Parad贸jicamente, este desierto no es el vac铆o. All铆 habla el Se帽or a vuestro coraz贸n y os asocia estrechamente a su obra de salvaci贸n 禄; Sagrada Congregaci贸n para los Religiosos y los Institutos seculares, La dimensi贸n contemplativa de la vida religiosa (12 de agosto de 1980), 29.

59

Cf. C贸digo de Derecho Can贸nico, can. 674.

60

Cf. Juan Pablo II, Discurso a las monjas de clausura (Bolonia, 28 de septiembre de 1997), 4: 芦 Vuestra vida, que con su apartamiento del mundo, manifestado de forma concreta y eficaz, proclama la primac铆a de Dios, constituye una llamada constante a la preeminencia de la contemplaci贸n sobre la acci贸n, de lo eterno sobre lo temporal 禄.

61

Cf. Pablo VI, Motu Proprio Ecclesiae sanctae (6 de agosto de 1966), II, 31.

62

Cf. C贸digo de Derecho Can贸nico, can. 667, SS 3.

63

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Perfectae Caritatis, sobre la adecuada renovaci贸n de la vida religiosa, 9; Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata, sobre la vida consagrada y su misi贸n en la Iglesia y en el mundo (25 de marzo de 1996), 6.

64

Cf. C贸digo de Derecho Can贸nico, can. 667, SS 3.

65

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Perfectae Caritatis, sobre la adecuada renovaci贸n de la vida religiosa, 16; Sagrada Congregaci贸n para los Religiosos y los Institutos seculares, Instr. Venite seorsum, sobre la vida contemplativa y la clausura de las monjas (15 de agosto de 1969), Normae 1; 9.

66

Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata, sobre la vida consagrada y su misi贸n en la Iglesia y en el mundo (25 de marzo de 1996), 59.

67

Cf. C贸digo de Derecho Can贸nico, can. 667, SS 4.

68

Cf. Congregaci贸n para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apost贸lica, Instr. Potissimum institutioni, sobre la formaci贸n en los Institutos religiosos (2 de febrero de 1990), IV, 81; 82.

69

Cf. ib铆d.

70

Cuando se trata de traslados definitivos de Monjas de votos perpetuos o solemnes, se han de seguir las prescripciones del can. 684, SS 3.

71

Cf. C贸digo de Derecho Can贸nico, can. 666: 芦 Debe observarse la necesario discreci贸n en el uso de los medios de comunicaci贸n 禄.

72

Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata, sobre la vida consagrada y su misi贸n en la Iglesia y en el mundo (25 de marzo de 1996), 65.

73

Cf. ib铆d.

74

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Optatam totius, sobre la formaci贸n sacerdotal, 16, nota 32; S. Buenaventura, Itinerario de la mente en Dios, Pr贸l. n. 4: Opera omnia V, 296 a: 芦 Nadie crea que le basta la lectura sin la unci贸n, la especulaci贸n sin la devoci贸n, la investigaci贸n sin la admiraci贸n, la circunspecci贸n sin la exultaci贸n, la industria sin la piedad, la ciencia sin la caridad, la inteligencia sin la humildad, el estudio sin la gracia, el espejo sin la sabidur铆a divinamente inspirada 禄.

75

Congregaci贸n para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apost贸lica, Instr. Potissimum institutioni, sobre la formaci贸n en los Institutos religiosos (2 de febrero de 1990), 74.

76

Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata, sobre la vida consagrada y su misi贸n en la Iglesia y en el mundo (25 de marzo de 1996), 68; Congregaci贸n para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apost贸lica, Instr. Potissimum institutioni, sobre la formaci贸n en los Institutos religiosos (2 de febrero de 1990), 85.

77

Cf. Juan Pablo II, Catequesis en la audiencia general (4 de enero de 1995), 8: 芦 Los contemplativos se dedican ... a un estado de oblaci贸n personal tan elevada que exige una vocaci贸n especial, que es preciso verificar antes de la admisi贸n o de la profesi贸n definitiva 禄.

78

Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Dei Verbum, sobre la divina Revelaci贸n, 24; cf. Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 22: 芦 Realmente, el misterio del hombre s贸lo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado. Pues Ad谩n, el primer hombre, era figura del que hab铆a de venir (cf. Rm 5, 14), es decir, de Cristo, el Se帽or. Cristo, el nuevo Ad谩n, en la misma revelaci贸n del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocaci贸n 禄.

79

Cf. Congregaci贸n para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apost贸lica, Instr. Potissimum institutioni, sobre la formaci贸n en los Institutos religiosos (2 de febrero de 1990), 81. Juan Pablo II, Discurso a las monjas de clausura (Bolonia, 28 de septiembre de 1997), 5: 芦 Vuestras comunidades de clausura, con su propio ritmo de oraci贸n y ejercicio de la caridad fraterna, en donde la soledad se colma con la suave presencia del Se帽or y el silencio prepara el esp铆ritu para la escucha de sus sugerencias interiores, son el lugar donde cada d铆a os form谩is en este conocimiento amoroso del Padre 禄.

80

Cf. C贸digo de Derecho Can贸nico, can. 619; 641; 661.

81

Cf. Congregaci贸n para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apost贸lica, Instr. Potissimum institutioni, sobre la formaci贸n en los Institutos religiosos (2 de febrero de 1990), 82.

82

Cf. C贸digo de Derecho Can贸nico, can. 586, SS 1.

83

Cf. ib铆d., can. 586. SS 2.

84

Cf. ib铆d., can. 615.

85

Cf. ib铆d., can. 614.

86

Cf. P铆o XII, Const. ap. Sponsa Christi (21 de noviembre de 1950), VII, SS 2, 2; Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata, sobre la vida consagrada y su misi贸n en la Iglesia y en el mundo (25 de marzo de 1996), 59.

87

Cf. P铆o XII, Const. ap. Sponsa Christi (21 de noviembre de 1950), VII, SS 3; SS 4; SS 6.

88

Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata, sobre la vida consagrada y su misi贸n en la Iglesia y en el mundo (25 de marzo de 1996), 59.

89

Cf. Congregaci贸n para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apost贸lica, Instr. Potissimum institutioni, sobre la formaci贸n en los Institutos religiosos (2 de febrero de 1990), 81; 82.

90

Cf. ib铆d., 85.

91

Cf. Congregaci贸n para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apost贸lica, Instr. Potissimum institutioni, sobre la formaci贸n en los Institutos religiosos (2 de febrero de 1990), 82.

92

Cf. P铆o XII, Const. ap. Sponsa Christi (21 de noviembre de 1950), VII, SS 8, 3.

93

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Perfectae Caritatis, sobre la adecuada renovaci贸n de la vida religiosa, 21; C贸digo de Derecho Can贸nico, can. 616, SS 4.

94

Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata, sobre la vida consagrada y su misi贸n en la Iglesia y en el mundo (25 de marzo de 1996), 109.

95

Discurso a las monjas de clausura (Loreto, 10 de septiembre de 1995), 4.
Consultas

© Copyright 2012. BIBLIOTECA ELECTR脫NICA CRISTIANA -BEC- VE MULTIMEDIOS鈩�. La versi贸n electr贸nica de este documento ha sido realizada por VE MULTIMEDIOS - VIDA Y ESPIRITUALIDAD. Todos los derechos reservados. La -BEC- est谩 protegida por las leyes de derechos de autor nacionales e internacionales que prescriben par谩metros para su uso. Hecho el dep贸sito legal.


Dise帽o web :: Hosting Cat贸lico