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Concilio de Trento, Documentos del Concilio de Trento
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LOS SACRAMENTOS

SESI√ďN VII

Celebrada en el día 3 de marzo de 1517.

DECRETO SOBRE LOS SACRAMENTOS

Proemio

Para perfección de la saludable doctrina de la justificación, promulgada con unánime consentimiento de los Padres, en la Sesión próxima antecedente; ha parecido oportuno tratar de los santos Sacramentos de la Iglesia, por los que o comienza toda verdadera santidad, o comenzada se aumenta, o perdida se recobra. Con este motivo, y con el fin de disipar los errores, y extirpar las herejías, que en este tiempo se han suscitado acerca de los santos Sacramentos, en parte de las herejías antiguamente condenadas por los Padres, y en parte de las que se han inventado de nuevo, que son en extremo perniciosas a la pureza de la Iglesia católica, y a la salvación de las almas; el sacrosanto, ecuménico y general Concilio de Trento, congregado legítimamente en el Espíritu Santo, y presidido por los mismos Legados de la Sede Apostólica, insistiendo en la doctrina de la sagrada Escritura, en las tradiciones Apostólicas, y consentimiento de otros concilios, y de los Padres, ha creído deber establecer y decretar los presentes cánones, ofreciendo publicar después, con el auxilio del Espíritu Santo, los demás que faltan para la perfección de la obra comenzada.

C√ĀNONES DE LOS SACRAMENTOS EN COM√öN

CAN. I. Si alguno dijere, que los Sacramentos de la nueva ley no fueron todos instituidos por Jesucristo nuestro Se√Īor; o que son m√°s o menos que siete, es a saber: Bautismo, Confirmaci√≥n, Eucarist√≠a, Penitencia, Extremaunci√≥n, Orden y Matrimonio; o tambi√©n que alguno de estos siete no es Sacramento con toda verdad, y propiedad; sea excomulgado.

CAN. II. Si alguno dijere, que estos mismos Sacramentos de la nueva ley no se diferencian de los sacramentos de la ley antigua, sino en cuanto son distintas ceremonias, y ritos externos diferentes; sea excomulgado.

CAN. III. Si alguno dijere, que estos siete Sacramentos son tan iguales entre sí, que por circunstancia ninguna es uno más digno que otro; sea excomulgado.

CAN. IV. Si alguno dijere, que los Sacramentos de la nueva ley no son necesarios, sino superfluos para salvarse; y que los hombres sin ellos, o sin el deseo de ellos, alcanzan de Dios por sola la fe, la gracia de la justificación; bien que no todos sean necesarios a cada particular; sea excomulgado.

CAN. V. Si alguno dijere, que se instituyeron estos Sacramentos con solo el preciso fin de fomentar la fe; sea excomulgado.

CAN. VI. Si alguno dijere, que los Sacramentos de la nueva ley no contienen en s√≠ la gracia que significan; o que no confieren esta misma gracia a los que no ponen obst√°culo; como si s√≥lo fuesen se√Īales extr√≠nsecas de la gracia o santidad recibida por la fe, y ciertos distintivos de la profesi√≥n de cristianos, por los cuales se diferencian entre los hombres los fieles de los infieles; sea excomulgado.

CAN. VII. Si alguno dijere, que no siempre, ni a todos se da gracia por estos Sacramentos, en cuanto est√° de parte de Dios, aunque los reciban dignamente; sino que la dan alguna vez, y a algunos; sea excomulgado.

CAN. VIII. Si alguno dijere, que por los mismos Sacramentos de la nueva ley no se confiere gracia ex opere operato, sino que basta para conseguirla sola la fe en las divinas promesas; sea excomulgado.

CAN. IX. Si alguno dijere, que por los tres Sacramentos, Bautismo, Confirmaci√≥n y Orden, no se imprime car√°cter en el alma, esto es, cierta se√Īal espiritual e indeleble, por cuya raz√≥n no se pueden reiterar estos Sacramentos; sea excomulgado.

CAN. X. Si alguno dijere, que todos los cristianos tienen potestad de predicar, y de administrar todos los Sacramentos; sea excomulgado.

CAN. XI. Si alguno dijere, que no se requiere en los ministros cuando celebran, y confieren los Sacramentos, intención de hacer por lo menos lo mismo que hace la Iglesia; sea excomulgado.

CAN. XII: Si alguno dijere, que el ministro que est√° en pecado mortal no efect√ļa Sacramento, o no lo confiere, aunque observe cuantas cosas esenciales pertenecen a efectuarlo o conferirlo; sea excomulgado.

CAN. XIII: Si alguno dijere, que se pueden despreciar u omitir por capricho y sin pecado por los ministros, los ritos recibidos y aprobados por la Iglesia católica, que se acostumbran practicar en la administración solemne de los Sacramentos; o que cualquier Pastor de las iglesias puede mudarlos en otros nuevos; sea excomulgado.

C√ĀNONES DEL BAUTISMO

CAN. I. Si alguno dijere, que el bautismo de san Juan tuvo la misma eficacia que el Bautismo de Cristo; sea excomulgado.

CAN. II. Si alguno dijere, que el agua verdadera y natural no es necesaria para el sacramento del Bautismo, y por este motivo torciere a alg√ļn sentido metaf√≥rico aquellas palabras de nuestro Se√Īor Jesucristo: Quien no renaciere del agua, y del Esp√≠ritu Santo; sea excomulgado.

CAN. III. Si alguno dijere, que no hay en la Iglesia Romana, madre y maestra de todas las iglesias, verdadera doctrina sobre el sacramento del Bautismo; sea excomulgado.

CAN. IV. Si alguno dijere, que el Bautismo, aun el que confieren los herejes en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, con intención de hacer lo que hace la Iglesia, no es verdadero Bautismo; sea excomulgado.

CAN. V. Si alguno dijere, que el Bautismo es arbitrario, esto es, no preciso para conseguir la salvación; sea excomulgado.

CAN. VI. Si alguno dijere, que el bautizado no puede perder la gracia, aunque quiera, y por m√°s que peque; como no quiera dejar de creer; sea excomulgado.

CAN. VII. Si alguno dijere, que los bautizados sólo están obligados en fuerza del mismo Bautismo a guardar la fe, pero no a la observancia de toda la ley de Jesucristo; sea excomulgado.

CAN. VIII. Si alguno dijere, que los bautizados están exentos de la observancia de todos los preceptos de la santa Iglesia, escritos, o de tradición, de suerte que no estén obligados a observarlos, a no querer voluntariamente someterse a ellos; sea excomulgado.

CAN. IX. Si alguno dijere, que de tal modo se debe inculcar en los hombres la memoria del Bautismo que recibieron, que lleguen a entender son írritos en fuerza de la promesa ofrecida en el Bautismo, todos los votos hechos después de él, como si por ellos se derogase a la fe que profesaron, y al mismo Bautismo; sea excomulgado.

CAN. X. Si alguno dijere, que todos los pecados cometidas después del Bautismo, se perdonan, o pasan a ser veniales con solo el recuerdo, y fe del Bautismo recibido; sea excomulgado.

CAN. XI. Si alguno dijere, que el Bautismo verdadero, y debidamente administrado se debe reiterar al que haya negado la fe de Jesucristo entre los infieles cuando se convierte a penitencia; sea excomulgado.

CAN. XII. Si alguno dijere, que nadie se debe bautizar sino de la misma edad que tenía Cristo cuando fue bautizado, o en el mismo artículo de la muerte; sea excomulgado.

CAN. XIII. Si alguno dijere, que los párvulos después de recibido el Bautismo, no se deben contar entre los fieles, por cuanto no hacen acto de fe, y que por esta causa se deben rebautizar cuando lleguen a la edad y uso de la razón: o que es más conveniente dejar de bautizarlos, que el conferirles el Bautismo en sola la fe de la Iglesia, sin que ellos crean con acto suyo propio; sea excomulgado.

CAN. XIV. Si alguno dijere, que se debe preguntar a los mencionados párvulos cuando lleguen al uso de la razón, si quieren dar por bien hecho lo que al bautizarlos prometieron los padrinos en su nombre, y que si respondieren que no, se les debe dejar a su arbitrio, sin precisarlos entre tanto a vivir cristianamente con otra pena mas que separarlos de la participación de la Eucaristía, y demás Sacramentos, hasta que se conviertan; sea excomulgado.

C√ĀNONES DE LA CONFIRMACI√ďN

CAN. I. Si alguno dijere, que la Confirmaci√≥n de los bautizados es ceremonia in√ļtil, y no por el contrario, verdadero y propio Sacramento; o dijere, que no fue antiguamente mas que cierta instrucci√≥n en que los ni√Īos pr√≥ximos a entrar en la adolescencia, expon√≠an ante la Iglesia los fundamentos de su fe; sea excomulgado.

CAN. II. Si alguno dijere, que son injuriosos al Espíritu Santo los que atribuyen alguna virtud al sagrado crisma de la Confirmación; sea excomulgado.

CAN. III. Si alguno dijere, que el ministro ordinario de la santa Confirmación, es no solo el Obispo sino cualquier mero sacerdote; sea excomulgado.

DECRETO SOBRE LA REFORMA

Intentando el mismo sacrosanto Concilio, como los mismos Presidentes y Legados, continuar a gloria de Dios, y aumento de la religión cristiana, la materia principiada de la residencia y reforma, juzgó debía establecer lo que se sigue, salva siempre en todo la autoridad de la Sede Apostólica.

CAP. I. Qué personas son aptas para el gobierno de las iglesias catedrales.

No se elija para el gobierno de las iglesias catedrales persona alguna que no sea nacida de leg√≠timo matrimonio, de edad madura, de graves costumbres, e instruida en las ciencias, seg√ļn la constituci√≥n de Alejandro III, que principia: Cum in cunctis, promulgada en el concilio de Letran.

CAP. II. Se manda a los que obtienen muchas iglesias catedrales, que las renuncien todas con cierto orden y tiempo, a excepción de una sola.

Ninguna persona, de cualquier dignidad, grado o preeminencia que sea, presuma admitir y retener a un mismo tiempo, contra lo establecido en los sagrados c√°nones, muchas iglesias metropolitanas o catedrales, en t√≠tulo, o por encomienda, ni bajo cualquiera otro nombre; debi√©ndose tener por muy feliz el que logre gobernar bien una sola con frato y aprovechamiento de las almas que le est√°n encomendadas. Los que obtienen al presente muchas iglesias contra el tenor de este decreto, queden obligados a renunciarlas todas (a excepci√≥n de una sola que elegir√°n a su voluntad) dentro de seis meses, si pertenecen a la disposici√≥n libre de la Sede Apost√≥lica, y si no pertenecen, dentro de un a√Īo. A no hacerlo as√≠, t√©ngase por el mismo hecho dichas iglesias por vacantes, a excepci√≥n de sola la √ļltima que obtuvo.

CAP. III. Confiéranse los beneficios solo a personas hábiles.

Los beneficios eclesi√°sticos inferiores, en especial los que tienen cura de almas, se han de conferir a personas dignas, h√°biles y que puedan residir en el lugar del beneficio, y ejercer por s√≠ mismas el cuidado pastoral, seg√ļn la constituci√≥n de Alejandro III, que principia: Quia nonnulli, publicada en el concilio de Letran; y otra de Gregorio X, en el general de Le√≥n, que principia: Licet canon. Las colaciones o provisiones que no se hagan as√≠, irr√≠tense absolutamente; y el Ordinario que las haga, sepa que incurre en las penas del decreto del concilio general, que comienza: Grave nimis.

CAP. IV. El que retenga muchos beneficios contra los c√°nones, queda privado de ellos.

Cualquiera que en adelante presuma admitir y retener a un mismo tiempo muchos beneficios eclesiásticos curados, o incompatibles por cualquiera otro motivo, ya por vía de unión mientras dure su vida, ya de encomienda perpetua, o con cualquiera otro nombre y título, y contra la forma de los sagrados cánones, y en especial contra la constitución de Inocencio III, que principia: De multa; quede privado ipso jure de los tales beneficios, como dispone la misma constitución, y también en fuerza del presente canon.

CAP. V. Los que obtienen muchos beneficios curados exhiban sus dispensas al Ordinario, el cual provea las iglesias de vicarios, asign√°ndoles congrua correspondiente.

Obliguen con rigor los Ordinarios de los lugares a todos los que obtienen muchos beneficios eclesi√°sticos curados, o por otra causa incompatibles, a que presenten sus dispensas. Si no se las presentaren, procedan seg√ļn la constituci√≥n de Gregorio X, publicada en el concilio general de Leon, que comienza: Ordinarii: la misma que juzga el santo Concilio deberse renovar, y en efecto la renueva; a√Īadiendo adem√°s, que los mismos Ordinarios den completa providencia aun nombrando vicarios id√≥neos, y asign√°ndoles correspondiente congrua de los frutos, a fin de que no se abandone de modo alguno el cuidado de las almas, ni se defrauden, aun en lo m√°s m√≠nimo, los mismos beneficios, de los servicios que les son debidos; sin que a nadie favorezcan las apelaciones, privilegios ni exenciones, cualesquiera que sean, aunque tengan asignados jueces particulares, ni las inhibiciones de estos sobre lo mencionado.

CAP. VI. Qué uniones de beneficios se han de tener por válidas.

Puedan los Ordinarios, como delegados de la Sede Apost√≥lica, examinar las uniones perpetuas hechas de cuarenta a√Īos a esta parte y declaren √≠rritas las que se hayan obtenido por subrepci√≥n, u obrepci√≥n. Mas las que se hubieren concedido despu√©s del tiempo mencionado, y no hayan tenido efecto en todo, o en parte, y cuantas en adelante se hagan a instancia de cualquier persona, a no constar que fueron concedidas con causas leg√≠timas y racionales, examinadas ante el Ordinario del lugar, con citaci√≥n de los interesados; deben reputarse como alcanzadas por subrepci√≥n; y por tanto no tengan fuerza alguna, a no haber declarado lo contrario la Sede Apost√≥lica.

CAP. VII. Visítense los beneficios eclesiásticos unidos; ejérzase la cura de almas por vicarios, aunque sean perpetuos: hágase el nombramiento de estos asignándoles porción determinada de frutos sobre cosa cierta.

Visiten anualmente los Ordinarios los beneficios eclesi√°sticos curados que est√©n unidos, o anexos perpetuamente a catedrales, colegiatas, u otras iglesias, o monasterios, beneficios, colegios, u otros lugares piadosos, de cualquiera especie que sean; y procuren con esmero que se desempe√Īe loablemente el cuidado de las almas por medio de vicarios id√≥neos, aunque sean perpetuos, si no les pareciere m√°s conducente al buen gobierno de las iglesias valerse de otros medios; debiendo destinarlos a los mismos lugares, y asignarles la tercera parte de los frutos, o mayor o menor porci√≥n, a su arbitrio, sobre cosa determinada; sin que a lo dicho obsten de modo alguno apelaciones, privilegios ni exenciones, aunque tengan jueces particulares, ni sus inhibiciones, cualesquiera que sean.

CAP. VIII. Rep√°rense las iglesias: cuidese con celo de las almas.

Tengan obligaci√≥n los Ordinarios de visitar todos los a√Īos con autoridad Apost√≥lica cualesquiera iglesias de cualquier modo exentas y de dar providencia con los oportunos remedios que establece el derecho, para que se reparen las que necesitan reparaci√≥n; sin que se defraude a ninguna, por ninguna circunstancia, del cuidado de las almas, si alguna lo tuviere anexo, ni de otros servicios debidos; quedando excluidas absolutamente las apelaciones, privilegios, costumbres, aunque recibidas de tiempo inmemorial, deputaciones de jueces, e inhibiciones de estos.

CAP. IX. No debe diferirse la consagración.

Los que sean promovidos a iglesias mayores reciban la consagración dentro del tiempo establecido por el derecho; y a nadie sirvan las prórrogas concedidas por más de seis meses.

CAP. X. No den los cabildos dimisorias a nadie en sede vacante, si no estrecha la circunstancia de obtener, o haber obtenido beneficio eclesi√°stico. Varias penas contra los infractores.

No sea permitido a los cabildos eclesi√°sticos conceder a nadie en sede vacante, dentro del a√Īo, contado desde el d√≠a en que esta vac√≥, licencia para ser ordenado, o dimisorias, o reverendas como algunos llaman, ya sea por lo dispuesto en el derecho com√ļn, ya en virtud de cualquier privilegio o costumbre; a no ser a alguno que se halle en esta precisi√≥n por haber obtenido, o deber obtener alg√ļn beneficio eclesi√°stico. Si no se hiciese as√≠, quede sujeto al entredicho eclesi√°stico el cabildo que contraviniere; y los que as√≠ recibieren las √≥rdenes, si solo se ordenaren de menores, no gocen de privilegio alguno clerical, especialmente en causas criminales, y los que hayan recibido los mayores, queden suspensos de derecho del ejercicio de ellos a voluntad del Prelado futuro.

CAP. XI. A nadie sirvan las licencias de ser promovido, a no tener causa justa.

Las facultades para ser promovidos a otros órdenes por cualquiera Ordinario, sirvan sólo a los que tienen causa legítima que les imposibilite recibir los órdenes de sus propios Obispos, la que debe expresarse en las dimisorias; y en este caso sólo se han de ordenar por Obispo que resida en su propia diócesis, o por el que le substituya y ejerza los ministerios pontificales, y precediendo diligente examen.

CAP. XII. La dispensa para no ser promovido no exceda de un a√Īo.

Las dispensas concedidas para no pasar a otros √≥rdenes, √ļnicamente sirvan por s√≥lo un a√Īo, a excepci√≥n de los casos expresados en el derecho.

CAP. XIII. Los presentados por cualquiera que sea, no se ordenen, a no preceder examen y aprobaci√≥n del Ordinario: except√ļanse algunos.

Los presentados, o electos, o nombrados por cualesquiera personas eclesiásticas, aunque sea por los Nuncios de la Sede Apostólica, no sean instituidos, confirmados ni admitidos a ningunos beneficios eclesiásticos, ni aun con pretexto de cualquier privilegio o costumbre, aunque prescribe de tiempo inmemorial, si antes no fueren examinados y hallados capaces por los Ordinarios; sin que pueda servir a ninguno la apelación que interponga, para dejar por ella de sufrir el examen. Quedan no obstante exceptuados los presentados, elegidos o nombrados por las Universidades, o colegios de estudios generales.

CAP. XIV. De qué causas civiles de exentos puedan conocer los Obispos.

Obs√©rvese en las causas de los exentos la constituci√≥n de Inocencio IV, publicada en el concilio general de Le√≥n, que principia: Volentes: la misma que este sagrado Concilio ha juzgado deber renovar, y efectivamente renueva; a√Īadiendo adem√°s, que en las causas civiles sobre salarios que se deban a personas pobres, puedan los cl√©rigos seculares, o regulares que vivan fuera de sus monasterios, de cualquier modo que sean exentos, aunque tengan en los lugares juez privativo deputado por la santa Sede; y en las otras causas, si no tuviesen dicho juez, ser citados ante los Ordinarios de los lugares, como delegados en esto de la Sede Apost√≥lica, y ser obligados y compelidos en fuerza del derecho a pagar lo que debieren; sin que tengan fuerza alguna contra lo aqu√≠ mandado sus privilegios, exenciones, jueces conservadores, ni las inhibiciones de estos.

CAP. XV. Cuiden los Ordinarios de que todos los hospitales, aunque sean exentos, estén fielmente gobernados por sus administradores.

Cuiden los Ordinarios de que todos los hospitales estén gobernados con fidelidad y exactitud por sus administradores, bajo cualquier nombre que estos tengan, y de cualquier modo que estén exentos; observando la forma de la constitución del concilio de Viena, que principia: Quia contingit; la que ha creído el mismo santo Concilio deberse renovar, y en efecto la renueva con las derogaciones que en ella se contienen.

Asignación de la sesión siguiente.

Adem√°s de esto el mismo sacrosanto Concilio ha establecido y decretado, que la Sesi√≥n pr√≥xima futura se tenga y celebre el jueves despu√©s de la siguiente Dominica in Albis, que ser√° el 21 de abril del presente a√Īo de 1547.

TRANSFERENCIA DEL CONCILIO DE PAULO III A JULIO III

BULA PARA PODER TRANSFERIR EL CONCILIO

Paulo Obispo, siervo de los siervos de Dios: a nuestro venerable hermano Juan Mar√≠a, Obispo de Palestrina y a nuestros amados hijos Marcelo, Presb√≠tero del t√≠tulo de santa Cruz en Jerusal√©n, y Reginaldo, Di√°cono del t√≠tulo de santa Mar√≠a in Cosmedin, Cardenales, Legados a latere nuestros y de la Sede Apost√≥lica; salud y Apost√≥lica bendici√≥n. Presidiendo Nos por disposici√≥n divina, aunque sin m√©ritos correspondientes, al gobierno de la Iglesia universal, juzgamos ser obligaci√≥n de nuestra dignidad, que si se ha de establecer alg√ļn asunto de suma importancia en beneficio de la rep√ļblica cristiana, se lleve a debido efecto no s√≥lo en tiempo oportuno, sino tambi√©n en lugar adecuado y conducente. Nos, pues, habiendo poco tiempo hace (sabida la paz establecida entre nuestros car√≠simos hijos en Cristo, Carlos siempre augusto Emperador de Romanos, y Francisco Rey cristianismo de Francia) removido y quitado con el consejo y ascenso de nuestros venerables hermanos los Cardenales de la santa Iglesia Romana, la suspensi√≥n de la celebraci√≥n del sacro, ecum√©nico y universal Concilio, que anteriormente por causas que entonces expresamos, hab√≠an indicado para la ciudad de Trento con el consejo y ascenso de los mismos Cardenales y cuya ejecuci√≥n se hab√≠a igualmente suspendido por los motivos entonces referidos, hasta tiempo m√°s oportuno y c√≥modo, que igualmente hab√≠amos de declarar con el consejo y ascenso de los mismo Cardenales; y habiendo Nos, por no poder, estando a la saz√≥n leg√≠timamente impedidos, ir en persona a dicha ciudad, y asistir al Concilio, constituidos y deputado con el mismo dictamen Legados a latere nuestros, y de la Sede Apost√≥lica para el mismo Concilio, y destinadoos a la misma ciudad como √°ngeles de paz, seg√ļn m√°s plenamente se contiene en diversas Bulas nuestras publicadas sobre esto: Queriendo dar oportuna providencia para que una obra tan santa como la celebraci√≥n de este Concilio, no tenga impedimento, o se difiera m√°s de lo debido por la incomodidad del lugar, o por cualquiera otro motivo; os concedemos de nuestra propia voluntad, cierta ciencia, y con la plenitud de la autoridad Apost√≥lica; y con igual dictamen y ascenso a todos juntos, o a dos de vosotros, si el otro estuviese leg√≠timamente impedido, o acaso ausente, pleno y libre poder, y autoridad de transferir y mudar, siempre que os parezca, el Concilio mencionado desde Trento a cualquiera otra ciudad m√°s c√≥moda, oportuna y segura, seg√ļn tambi√©n os parezca; as√≠ como de suprimirlo y disolverlo en la misma ciudad de Trento, y de inhibir, aun con censuras, y otras penas eclesi√°sticas, a los Prelados y dem√°s personas del Concilio, para que no procedan adelante en √©l en aquella ciudad; e igualmente de continuarlo, tenerlo y celebrarlo en cualquiera otra, adonde se transfiera y mude; y de convocar a √©l los Prelados y dem√°s personas del mismo Concilio de Trento, aun bajo las penas de perjurio, y otras expresadas en la convocaci√≥n del mismo Concilio, y de presidir en √©l as√≠ transferido y mudado con el nombre y autoridad expresadas, y de proceder en √©l, hacer, establecer, ordenar y ejecutar cuantas cosas quedan mencionadas anteriormente, y todas las que fueren necesarias y oportunas para ello, seg√ļn el tenor y relaci√≥n de las letras Apost√≥licas que de antemano se os han dirigido; asegur√°ndoos que nos ser√° agradable, y daremos por bien hecho todo cuanto sobre lo arriba expuesto hubiereis establecido, ordenado y ejecutado; y que con el auxilio de Dios lo haremos observar inviolablemente: sin que para esto puedan servir de obst√°culo las constituciones, ni √≥rdenes Apost√≥licas, ni otra cosa alguna en contrario. No sea, pues, absolutamente l√≠cito a persona alguna contravenir a esta nuestra Bula de concesi√≥n, ni contradecirla con temerario atrevimiento; y si alguno presumiere caer en este atentado, sepa que incurrir√° en la indignaci√≥n de Dios omnipotente, y de sus bienaventurados Ap√≥stoles san Pedro y san Pablo. Expedida en Roma, en san Pedro, a√Īo de la Encarnaci√≥n del Se√Īor 1544, en 23 de febrero, a√Īo und√©cimo de nuestro Pontificado. Fab. Obispo de Espoleto. B. Motta.

SESI√ďN VIII

Celebrada el 11 de marzo de 1547.

Decreto sobre la traslación del Concilio

¬ŅTen√©is a bien decretar y declarar que seg√ļn las pruebas referidas, y otras que se han alegado, consta tan notoria y claramente de la peste consabida, que no pueden los Prelados de modo alguno permanecer en esta ciudad sin peligro de su vida; y que por esta raz√≥n no deben absolutamente, ni se les puede obligar contra su voluntad a detenerse aqu√≠? Adem√°s de esto: considerado el retiro de muchos Prelados despu√©s que se celebr√≥ la Sesi√≥n inmediata, y atendidas igualmente las protestas que otros much√≠simos han hecho en las congregaciones generales, resueltos absolutamente a retirarse de esta ciudad por temor de la insinuada epidemia, a quienes no hay raz√≥n para poder detener, y por cuya ausencia o se disolver√° el Concilio, o se frustrar√° su feliz progreso por el corto n√ļmero que quedar√° de Prelados; y atendido tambi√©n el inminente peligro de la vida, y otras causas que algunos de los PP. han alegado en las mismas congregaciones, como que son notoriamente verdaderas y leg√≠timas; ¬Ņconven√≠s en consecuencia en decretar y declarar igualmente, que para conservar y continuar el mismo Concilio con seguridad de la vida de los mismos Prelados, debe transferirse, y desde ahora se transfiere interinamente a la ciudad de Bolonia, como lugar mas a prop√≥sito, saludable y conveniente; y que all√≠ mismo se haya de celebrar, y celebre la Sesi√≥n ya indicada en el d√≠a se√Īalado 21 de abril; y que sucesivamente se proceda adelante hasta que parezca conveniente a nuestro sant√≠simo Padre, y al sagrado Concilio, que pueda y deba restablecerse el mismo Concilio en este u otro lugar, comunicando tambi√©n la resoluci√≥n con el invict√≠simo C√©sar, el Rey Cristian√≠simo, y otros reyes y pr√≠ncipes cristianos? Respondieron: As√≠ lo queremos.

SESI√ďN IX

Celebrada en Bolonia en 21 de abril de 1547.

Decreto sobre la prorrogación de la Sesión IX

Considerando el mismo sacrosanto, ecum√©nico y general Concilio, que antes estuvo por mucho tiempo congregado en la ciudad de Trento, y ahora se halla leg√≠timamente congregado en el Esp√≠ritu Santo en la de Bolonia, presidido a nombre de nuestro sant√≠simo en Cristo Padre y se√Īor nuestro, Paulo por divina diposici√≥n Papa III de este nombre, por los mismos reverend√≠simos se√Īores Cardenales de la santa Iglesia Romana, y Legados Apost√≥licos a latere, Juan Mar√≠a de Monte, Obispo de Palestrina y Marcelo, Presb√≠tero, del t√≠tulo de santa Cruz en Jerusal√©n, que el d√≠a 11 del mes de marzo del presente a√Īo decret√≥ y orden√≥ en la Sesi√≥n p√ļblica y general, celebrada en la misma ciudad de Trento, y en el lugar acostumbrado, pasado con la solemnidad establecida todo lo que se deb√≠a practicar; que era necesario trasladar el Concilio por las causas leg√≠timas que entonces estrechaban y urg√≠an, interviniendo tambi√©n la autoridad de la santa Sede Apost√≥lica, concedida en efecto con especialidad a los mismos reverend√≠simos Presidentes; como de hecho lo traslad√≥ de aquel lugar a esta ciudad; y adem√°s de esto, que la Sesi√≥n all√≠ asignada para celebrarse en el d√≠a de hoy 21 de abril, en que se hab√≠an de establecer y promulgar los c√°nones sobre los Sacramentos y puntos de reforma, de que hab√≠a propuesto tratar, se deb√≠a celebrar en esta ciudad de Bolonia; y considerando tambi√©n que algunos de los Padres que sol√≠an concurrir a este Concilio, han estado ocupados en sus propias iglesias en los precedentes d√≠as de semana santa y fiestas de Pascua; que otros tambi√©n detenidos por varios obst√°culos, no han llegado todav√≠a a esta ciudad, no obstante que se espera llegar√°n en breve; y que de aqu√≠ ha resultado que las materias de los Sacramentos y reforma no se hayan podido examinar y ventilar con aquel concurso de Prelados que deseaba el sagrado Concilio; ha juzgado y juzga por bueno, oportuno y conveniente, para que todas las cosas se ejecuten con la madurez, deliberaci√≥n, decoro y gravedad debida, que la expresada Sesi√≥n que estaba asignada para celebrarse, como se ha dicho, en este mismo d√≠a, se difiera y prorrogue, as√≠ como la difiere y prorroga, hasta el jueves de la octava de la pr√≥xima Pascua de Pentecost√©s, con el objeto de tener ventiladas y expeditas las materias, por haber juzgado y juzgar que el t√©rmino mencionado es muy oportuno para evacuarlas, y al mismo tiempo muy c√≥modo para los PP., en especial los que est√°n ausentes. No obstante agrega esta circunstancia, y es, que el mismo santo Concilio pueda, y tenga autoridad de restringir y abreviar, aun en congregaci√≥n privada, a su arbitrio y voluntad, el t√©rmino asignado, seg√ļn juzgare ser conveniente a los negocios del mismo Concilio.

SESI√ďN X

Celebrada en Bolonia en 2 de junio de 1547.

Decreto sobre la prorrogación de la Sesión X

Aunque este sacrosanto, ecum√©nico y general Concilio haya determinado diferir y prorrogar por varias causas, y principalmente por la ausencia de algunos Prelados, cuyo arribo esperaba en breve tiempo, hasta el presente d√≠a, la Sesi√≥n que se hab√≠a de celebrar en esta ciudad de Bolonia el 21 del mes de abril pr√≥ximo pasado, sobre la materia de los Sacramentos y reforma, seg√ļn el decreto promulgado en la de Trento en la Sesi√≥n p√ļblica del d√≠a 11 de marzo; queriendo todav√≠a contemporizar benignamente con los que no han venido; el mismo sacrosanto Concilio, congregado leg√≠timamente en el Esp√≠ritu Santo, y presidido por los mismos Cardenales de la santa Iglesia Romana y Legados de la Sede Apost√≥lica, resuelve y decreta, que la misma Sesi√≥n asignada para celebrarse en este d√≠a 2 del mes de junio del presente a√Īo de 1547, se difiera y prorrogue, como en efecto la difiere y prorroga, hasta el jueves despu√©s de la festividad del nacimiento de la bienaventurada Virgen Mar√≠a, que ser√° el 15 de setiembre pr√≥ximo, para tener evacuadas las materias mencionadas, y otras: con la circunstancia no obstante, de que entre tanto no se omita la continuaci√≥n del examen y ventilaci√≥n de los puntos que pertenecen tanto a los dogmas, como a la reforma; y que el mismo sacrosanto Concilio pueda, y tenga autoridad de abreviar este t√©rmino, o prorrogarlo a su arbitrio y voluntad, aun en congregaci√≥n privada.

En la congregación general celebrada en Bolonia a 14 de setiembre de 1547 se prorrogó a voluntad del sagrado Concilio la Sesión que se había de tener en el día siguiente.

Bula sobre la reasunción del Sagrado Concilio de Trento en el pontificado de Julio III

Julio Obispo, siervo de los siervos de Dios: para memoria a la posteridad. Como para disipar las disensiones que sobre materias de nuestra religi√≥n han subsistido vigorosamente por largo tiempo en la Alemania, no sin esc√°ndalo y zozobras de todo el pueblo cristiano, nos parezca justo, adecuado y conveniente, que, seg√ļn nos hizo tambi√©n significar por sus cartas y embajadores nuestro muy amado en Cristo hijo Carlos, siempre augusto Emperador de Romanos, se restablezca en la ciudad de Trento el sagrado, ecum√©nico y general Concilio, promulgado por nuestro predecesor el Papa Paulo III de feliz memoria, y principiado, ordenado y continuado por Nos, que entonces goz√°bamos del honor de la p√ļrpura, y presidimos en nombre del mismo predecesor, acompa√Īados de otros dos Cardenales de la santa Iglesia Romana, al mismo Concilio, en el que se celebraron repetidas sesiones p√ļblicas y solemnes, y se promulgaron muchos decretos pertenecientes tanto a la fe, como a la reforma; e igualmente se examinaron y ventilaron muchos puntos de una y otra materia: llevados Nos (a quienes toca, as√≠ como a los sumos Pont√≠fices que en sus tiempos respectivos haya en la Iglesia, convocar y dirigir los concilios generales) del designio de procurar a honra y gloria de Dios omnipotente, la paz de la Iglesia, y el aumento de la fe cristiana, y religi√≥n cat√≥lica; as√≠ como de cuidar paternalmente, en cuanto est√© de nuestra parte, de la tranquilidad de la misma Alemania, que en siglos pasados no cedi√≥ a provincia alguna cristina en promover la verdadera religi√≥n y doctrina de los sagrados concilios y santos Padres, ni en prestar la debida obediencia y respeto a los sumos Pont√≠fices, Vicarios en la tierra de Cristo nuestro Redentor; esperanzados en que por la gracia y benignidad del mismo Dios, se lograr√° que todos los reyes y pr√≠ncipes cristianos condesciendan, favorezcan y concurran a los justos y piadosos deseos que en esta parte tenemos; exhortamos, requerimos y amonestamos por las entra√Īas de misericordia de Cristo nuestro Se√Īor, a nuestros venerables hermanos los Patriarcas, Arzobispos, Obispos, y a nuestros amados hijos los Abades, y a todas y a cada una de las personas, que por derecho, o por costumbre, o por privilegio, deben concurrir a los concilios generales, y a las que el mismo predecesor nuestro en sus convocatorias, y en todas las dem√°s letras apost√≥licas, expedidas y publicadas sobre este punto, quiso que asistiesen; tengan a bien concurrir y congregarse, como no se hallen con leg√≠timo impedimento, en la misma ciudad de Trento, y dedicarse sin dilaci√≥n, ni demora a la continuaci√≥n, y prosecuci√≥n del mismo Concilio, en el d√≠a primero del pr√≥ximo mes de mayo, que es el que con previa y madura deliberaci√≥n, de nuestra cierta ciencia, con la plenitud de la autoridad Apost√≥lica, consejo y aprobaci√≥n de nuestros venerables hermanos los Cardenales de la misma santa Iglesia Romana, establecemos, decretamos y declaramos para que en √©l se reasuma y prosiga el Concilio en el estado mismo que al presente se halla. Nos por cierto hemos de poner la mayor diligencia en que sin falta se hallen al tiempo asignado en la misma ciudad nuestros Legados; por cuyas personas, si por nuestra edad, falta de salud, y necesidades de la Sede Apost√≥lica, no pudi√©semos asistir personalmente, presidiremos, guiados por el Esp√≠ritu Santo, al mismo Concilio: sin que obste la traslaci√≥n, o suspensi√≥n de este, cualquiera que haya sido, ni las dem√°s cosas en contrario, y principalmente aquellas que quiso no obstasen el mismo predecesor nuestro en sus letras mencionadas, las que en caso necesario renovamos, y queremos y decretamos permanezcan en todo su vigor con todas y cada una de las cl√°usulas en ellas contenidas; declarando no obstante por nulo y de ning√ļn valor, si alguno, de cualquiera autoridad que sea, a sabiendas o por ignorancia, incurriere en atentar alguna cosa en contrario de lo que en estas se contiene. No sea, pues, l√≠cito de modo alguno a ninguna persona quebrantar, u obrar atrevida y temerariamente en contra de esta nuestra Bula de exhortaci√≥n, requerimiento, aviso, estatuto, declaraci√≥n, innovaci√≥n, voluntad y decretos. Y si alguno presumiere atentarlo, sepa que incurrir√° en la indignaci√≥n de Dios omnipotente, y de sus bienaventurados Ap√≥stoles san Pedro y san Pablo. Dado en Roma, en san Pedro, a√Īo de la Encarnaci√≥n del Se√Īor 1550, a 14 de noviembre, a√Īo primero de nuestro Pontificado. M. Cardenal Crescencio. Rom. Amaseo.

SESI√ďN XI

Del sacrosanto, ecuménico y general Concilio Tridentino, que es la I celebrada en tiempo del sumo Pontífice Julio III en 1o. de mayo de 1551.

"En el nombre de la santa, e individua Trinidad, Padre, Hijo y Esp√≠ritu Santo. Am√©n. En el a√Īo del nacimiento del Se√Īor 1551, en la indicci√≥n nona, viernes d√≠a 1o. del mes de mayo, en el a√Īo segundo del Pontificado de nuestro Sant√≠simo se√Īor Julio, por divina providencia Papa III de este nombre, el Reverend√≠simo, e Ilustr√≠simo se√Īor Marcelo de Crescentiis, Presb√≠tero Cardenal de la santa Iglesia Romana, Legado a latere de nuestro Sant√≠simo se√Īor el mencionado Pont√≠fice, y el Reverendo se√Īor Sebasti√°n Pighino, Arzobispo de Siponto, y Luis Lipomano, Obispo de Verona, Nuncios de la Sede Apost√≥lica, juntamente con los dem√°s RR. Padres que se hallabn en la ciudad de Trento, se congregaron por la ma√Īana en la iglesia catedral de san Vigil de la misma ciudad; donde celebraron la primera Sesi√≥n de este sagrado Concilio Tridentino que se tuvo en tiempo de nuestro Sant√≠simo se√Īor Julio: en la que habi√©ndose primero celebrado misa solemne del Esp√≠ritu Santo, y practic√°ndose las ceremonias que es costumbre, se ley√≥ la bula del mismo Sant√≠simo Pont√≠fice nuestro se√Īor sobre la reasunci√≥n y prosecuci√≥n del sagrado, ecum√©nico y general Concilio de Trento. Despu√©s de esto, volvi√©ndose a los Padres el Reverend√≠simo se√Īor Arzobispo de Sacer, ley√≥ en voz alta e inteligible los dos decretos que se siguen:"

Decreto sobre la reasunción del Concilio.

¬ŅTen√©is a bien que a honra y gloria de la santa e individua Trinidad, Padre, Hijo y Esp√≠ritu Santo, para aumento y exaltaci√≥n de la fe y religi√≥n cristiana, se deba reasumir el sacro, ecum√©nico y general Concilio de Trento, seg√ļn la forma y tenor de la Bula de nuestro sant√≠simo Padre, y que se proceda a lo dem√°s que queda que resolver? Respondieron: As√≠ lo queremos.

ASIGNACI√ďN DE LA SESI√ďN SIGUIENTE

¬ŅTen√©is a bien que la Sesi√≥n pr√≥xima siguiente deba tenerse y celebrarse el primer d√≠a del inmediato mes de setiembre? Respondieron: As√≠ lo queremos.

SESI√ďN XII

Que es la II celebrada en tiempo del sumo Pontífice Julio III en 1o. de setiembre de 1551.

Decreto sobre la prorrogación de la Sesión

El sacrosanto, ecum√©nico y general Concilio de Trento, congregado leg√≠timamente en el Esp√≠ritu Santo, y presidido de los mismos Legado y Nuncios de la santa Sede Apost√≥lica, que decret√≥ en la Sesi√≥n pr√≥xima pasada, se hab√≠a de celebrar hoy la siguiente, y se hab√≠a de proceder adelante; habiendo diferido hasta ahora ejecutarlo, por la ausencia de la ilustre naci√≥n Alemana, de cuyo inter√©s principalmente se trata, y por el corto n√ļmero de los dem√°s Padres; complaci√©ndose en el Se√Īor de que para el d√≠a se√Īalado hayan venido los venerables hermanos en Jesucristo, e hijos suyos, los Arzobispos de Maguncia y Tr√©veris, Pr√≠ncipes Electores del sacro Romano Imperio, y otros muchos Obispos de Alemania, y dem√°s provincias; dando las debidas gracias al mismo omnipotente Dios, y concibiendo tambi√©n esperanza cierta de que otros Prelados en gran n√ļmero, as√≠ de la Alemania, como de las dem√°s naciones, movidos del cumplimiento de su obligaci√≥n, y de este ejemplo, llegar√°n de un d√≠a para otro a esta ciudad; asigna la Sesi√≥n futura para de aqu√≠ a cuarenta d√≠as, que ser√° en el once de octubre pr√≥ximo siguiente: y continuando el mismo Concilio en el estado en que se halla, establece y decreta que habi√©ndose ya definido en las Sesiones pasadas las materias de los siete Sacramentos de la nueva ley en general, y en particular del Bautismo y Confirmaci√≥n; se debe ventilar y tratar del sacramento de la sant√≠sima Eucarist√≠a, y adem√°s de esto, en lo tocante a la reforma, de los restantes puntos pertenecientes a la m√°s f√°cil y c√≥moda residencia de los Prelados. Amonesta tambi√©n y exhorta a todos los Padres a que se dediquen entre tanto a ejemplo de Jesucristo nuestro Se√Īor, a los ayunos y oraciones en cuanto les permita la humana fragilidad; para que aplacado en fin Dios nuestro Se√Īor, quien sea bendito por los siglos de los siglos, se digne reducir el coraz√≥n de los hombres al conocimiento de su verdadera fe, a la unidad de la santa madre Iglesia, y a una conducta de vida justa y ordenada.

EL SACRAMENTO DE LA EUCARIST√ćA

SESI√ďN XIII

Que es la III celebrada en tiempo del sumo Pontífice Julio III en 11 de octubre de 1551

DECRETO SOBRE EL SANT√ćSIMO SACRAMENTO DE LA EUCARIST√ćA

Aunque el sacrosanto, ecum√©nico y general Concilio de Trento, congregado leg√≠timamente en el Esp√≠ritu Santo, y presidido por los mismos Legado y Nuncios de la santa Sede Apost√≥lica, se ha juntado no sin particular direcci√≥n y gobierno del Esp√≠ritu Santo, con el fin de exponer la verdadera doctrina sobre la fe y Sacramentos, y con el de poner remedio a todas las herej√≠as, y a otros grav√≠simos da√Īos, que al presente afligen lastimosamente la Iglesia de Dios, y la dividen en muchos y varios partidos; ha tenido principalmente desde los principios por objeto de sus deseos, arrancar de ra√≠z la ziza√Īa de los execrables errores y cismas, que el demonio ha sembrado en estos nuestros calamitosos tiempos sobre la doctrina de fe, uso y culto de la sacrosanta Eucrist√≠a, la misma que por otra parte dej√≥ nuestro Salvador en su Iglesia, como s√≠mbolo de su unidad y caridad, queriendo que con ella estuviesen todos los cristianos juntos y reunidos entre s√≠. En consecuencia pues, el mismo sacrosanto Concilio ense√Īando la misma sana y sincera doctrina sobre este venerable y divino sacramento de la Eucarist√≠a, que siempre ha retenido, y conservar√° hasta el fin de los siglos la Iglesia cat√≥lica, instruida por Jesucristo nuestro Se√Īor y sus Ap√≥stoles, y ense√Īada por el Esp√≠ritu Santo, que incesantemente le sugiere toda verdad; prohibe a todos los fieles cristianos, que en adelante se atrevan a creer, ense√Īar o predicar respecto de la sant√≠sima Eucarist√≠a de otro modo que el que se explica y define en el presente decreto.

CAP. I. De la presencia real de Jesucristo nuestro Se√Īor en el sant√≠simo sacramento de la Eucarist√≠a.

En primer lugar ense√Īa el santo Concilio, y clara y sencillamente confiesa, que despu√©s de la consagraci√≥n del pan y del vino, se contiene en el saludable sacramento de la santa Eucarist√≠a verdadera, real y substancialmente nuestro Se√Īor Jesucristo, verdadero Dios y hombre, bajo las especies de aquellas cosas sensibles; pues no hay en efecto repugnancia en que el mismo Cristo nuestro Salvador este siempre sentado en el cielo a la diestra del Padre seg√ļn el modo natural de existir, y que al mismo tiempo nos asista sacramentalmente con su presencia, y en su propia substancia en otros muchos lugares con tal modo de existir, que aunque apenas lo podemos declarar con palabras, podemos no obstante alcanzar con nuestro pensamiento ilustrado por la fe, que es posible a Dios, y debemos firm√≠simamente creerlo. As√≠ pues han profesado clar√≠simamente todos nuestros antepasados, cuantos han vivido en la verdadera Iglesia de Cristo, y han tratado de este sant√≠simo y admirable Sacramento; es a saber, que nuestro Redentor lo instituy√≥ en la √ļltima cena, cuando despu√©s de haber bendecido el pan y el vino; testific√≥ a sus Ap√≥stoles con claras y en√©rgicas palabras, que les daba su propio cuerpo y su propia sangre. Y siendo constante que dichas palabras, mencionadas por los santos Evangelistas, y repetidas despu√©s por el Ap√≥stol san Pablo, incluyen en s√≠ mismas aquella propia y patent√≠sima significaci√≥n, seg√ļn las han entendido los santos Padres; es sin duda execrable maldad, que ciertos hombres contenciosos y corrompidos las tuerzan, violenten y expliquen en sentido figurado, ficticio o imaginario; por el que niegan la realidad de la carne y sangre de Jesucristo, contra la inteligencia un√°nime de la Iglesia, que siendo columna y apoyo de verdad, ha detestado siempre como diab√≥licas estas ficciones excogitadas por hombres imp√≠os, y conservado indeleble la memoria y gratitud de este tan sobresaliente beneficio que Jesucristo nos hizo.

CAP. II. Del modo con que se instituyó este santísimo Sacramento.

Estando, pues, nuestro Salvador para partirse de este mundo a su Padre, instituy√≥ este Sacramento, en el cual como que ech√≥ el resto de las riquezas de su divino amor para con los hombres dej√°ndonos un monumento de sus maravillas, y mand√°ndonos que al recibirle record√°semos con veneraci√≥n su memoria, y anunci√°semos su muerte hasta tanto que el mismo vuelva a juzgar al mundo. Quiso adem√°s que se recibiese este Sacramento como un manjar espiritual de las almas, con el que se alimenten y conforten los que viven por la vida del mismo Jesucristo, que dijo: Quien me come, vivir√° por m√≠; y como un ant√≠doto con que nos libremos de las culpas veniales, y nos preservemos de las mortales. Quiso tambi√©n que fuese este Sacramento una prenda de nuestra futura gloria y perpetua felicidad, y consiguientemente un s√≠mbolo, o significaci√≥n de aquel √ļnico cuerpo, cuya cabeza es √©l mismo, y al que quiso estuvi√©semos unidos estrechamente como miembros, por meido de la segur√≠sima uni√≥n de la fe, la esperanza y la caridad, para que todos confes√°semos una misma cosa, y no hubiese cismas entre nosotros.

CAP. III. De la excelencia del santísimo sacramento de la Eucaristía, respecto de los demás Sacramentos.

Es com√ļn por cierto a la sant√≠sima Eucarist√≠a con los dem√°s Sacramentos, ser s√≠mbolo o significaci√≥n de una cosa sagrada, y forma o se√Īal visible de la gracia invisible; no obstante se halla en √©l la excelencia y singularidad de que los dem√°s Sacramentos entoncs comienzan a tener la eficacia de santificar cuando alguno usa de ellos; mas en la Eucarist√≠a existe el mismo autor de la santidad antes de comunicarse: pues aun no hab√≠an recibido los Ap√≥stoles la Eucarist√≠a de mano del Se√Īor, cuando √©l mismo afirm√≥ con toda verdad, que lo que les daba era su cuerpo. Y siempre ha subsistido en la Iglesia de Dios esta fe, de que inmediatamente despu√©s de la consagraci√≥n, existe bajo las especies de pan y vino el verdadero cuerpo de nuestro Se√Īor, y su verdadera sangre, juntamente con su alma y divinidad: el cuerpo por cierto bajo la especie de pan, y la sangre bajo la especie de vino, en virtud de las palabras; mas el mismo cuerpo bajo la especie de vino, y la sangre bajo la de pan, y el alma bajo las dos, en fuerza de aquella natural conexi√≥n y concomitancia, por la que est√°n unidas entre s√≠ las partes de nuestro Se√Īor Jesucristo, que ya resucit√≥ de entre los muertos para no volver a morir; y la divinidad por aquella su admirable uni√≥n hipost√°tica con el cuerpo y con el alma. Por esta causa es cert√≠simo que se contiene tanto bajo cada una de las dos especies, como bajo de ambas juntas; pues existe Cristo todo, y entero bajo las especies de pan, y bajo cualquiera parte de esta especie: y todo tambi√©n existe bajo la especie de vino y de sus partes.

CAP. IV. De la Transubstanciación.

Mas por cuanto dijo Jesucristo nuestro Redentor, que era verdaderamente su cuerpo lo que ofrec√≠a bajo la especie de pan, ha cre√≠do por lo mismo perpetuamente la Iglesia de Dios, y lo mismo declara ahora de nuevo este mismo santo Concilio, que por la consagraci√≥n del pan y del vino, se convierte toda la substancia del pan en la substancia del cuerpo de nuestro Se√Īor Jesucristo, y toda la substancia del vino en la substancia de su sangre, cuya conversi√≥n ha llamado oportuna y propiamente Transubstanciaci√≥n la santa Iglesia cat√≥lica.

CAP. V. Del culto y veneración que se debe dar a este santísimo Sacramento.

No queda, pues, motivo alguno de duda en que todos los fieles cristianos hayan de venerar a este sant√≠simo Sacramento, y prestarle, seg√ļn la costumbre siempre recibida en la Iglesia cat√≥lica, el culto de latr√≠a que se debe al mismo Dios. Ni se le debe tributar menos adoraci√≥n con el pretexto de que fue instituido por Cristo nuestro Se√Īor para recibirlo; pues creemos que est√° presente en √©l aquel mismo Dios de quien el Padre Eterno, introduci√©ndole en el mundo, dice: Ad√≥renle todos los Angeles de Dios; el mismo a quien los Magos postrados adoraron; y quien finalmente, seg√ļn el testimonio de la Escritura, fue adorado por los Ap√≥stoles en Galilea. Declara adem√°s el santo Concilio, que la costumbre de celebrar con singular veneraci√≥n y solemnidad todos los a√Īos, en cierto d√≠a se√Īalado y festivo, este sublime y venerable Sacramento, y la de conducirlo en procesiones honor√≠fica y reverentemente por las calles y lugares p√ļblicos, se introdujo en la Iglesia de Dios con mucha piedad y religi√≥n. Es sin duda muy justo que haya se√Īalados algunos d√≠as de fiesta en que todos los cristianos testifiquen con singulares y exquisitas demostraciones la gratitud y memoria de sus √°nimos respecto del due√Īo y Redentor de todos, por tan inefable, y claramente divino beneficio, en que se representan sus triunfos, y la victoria que alcanz√≥ de la muerte. Ha sido por cierto debido, que la verdad victoriosa triunfe de tal modo de la mentira y herej√≠a, que sus enemigos a vista de tanto esplendor, y testigos del grande regocijo de la Iglesia universal, o debilitados y quebrantados se consuman de envidia, o avergonzados y confundidos vuelvan alguna vez sobre s√≠.

CAP. VI. Que se debe reservar el sacramento de la sagrada Eucaristía, y llevar a los enfermos.

Es tan antigua la costumbre de guardar en el sagrario la santa Eucaristía, que ya se conocía en el siglo en que se celebró el concilio Niceno. Es constante, que a más de ser muy conforme a la equidad y razón, se halla mandado en muchos concilios, y observado por costumbre antiquísima de la Iglesia católica, que se conduzca la misma sagrada Eucaristía para administrarla a los enfermos, y que con este fin se conserve cuidadosamente en las iglesias. Por este motivo establece el santo Concilio, que absolutamente debe mantenerse tan saludable y necesaria costumbre.

CAP. VII. De la preparación que debe preceder para recibir dignamente la sagrada Eucaristía.

Si no es decoroso que nadie se presente a ninguna de las dem√°s funciones sagradas, sino con pureza y santidad; cuanto m√°s notoria es a las personas cristianas la santidad y divinidad de este celeste Sacramento, con tanta mayor diligencia por cierto deben procurar presentarse a recibirle con grande respeto y santidad; principalmente const√°ndonos aquellas tan terribles palabras del Ap√≥stol san Pablo: Quien come y bebe indignamente, come y bebe su condenaci√≥n; pues no hace diferencia entre el cuerpo del Se√Īor y otros manjares. Por esta causa se ha de traer a la memoria del que quiera comulgar el precepto del mismo Ap√≥stol: Recon√≥zcase el hombre a s√≠ mismo. La costumbre de la Iglesia declara que es necesario este examen, para que ninguno sabedor de que est√° en pecado mortal, se pueda acercar, por muy contrito que le parezca hallarse, a recibir la sagrada Eucarist√≠a, sin disponerse antes con la confesi√≥n sacramental; y esto mismo ha decretado este santo Concilio observen perpetuamente todos los cristianos, y tambi√©n los sacerdotes, a quienes correspondiere celebrar por obligaci√≥n, a no ser que les falte confesor. Y si el sacerdote por alguna urgente necesidad celebrare sin haberse confesado, confiese sin dilaci√≥n luego que pueda.

CAP. VIII. Del uso de este admirable Sacramento.

Con mucha raz√≥n y prudencia han distinguido nuestros Padres respecto del uso de este Sacramento tres modos de recibirlo. Ense√Īaron, pues, que algunos lo reciben s√≥lo sacramentalmente, como son los pecadores; otros s√≥lo espiritualmente, es a saber, aquellos que recibiendo con el deseo este celeste pan, perciben con la viveza de su fe, que obra por amor, su fruto y utilidades; los terceros son los que le reciben sacramental y espiritualmente a un mismo tiempo; y tales son los que se preparan y disponen antes de tal modo, que se presentan a esta divina mesa adornados con las vestiduras nupciales. Mas al recibirlo sacramentalmente siempre ha sido costumbre de la Iglesia de Dios, que los legos tomen la comuni√≥n de mano de los sacerdotes, y que los sacerdotes cuando celebran, se comulguen a s√≠ mismos: costumbre que con mucha raz√≥n se debe mantener, por provenir de tradici√≥n apost√≥lica. Finalmente el santo Concilio amonesta con paternal amor, exhorta, ruega y suplica por las entra√Īas de misericordia de Dios nuestro Se√Īor a todos, y a cada uno de cuantos se hallan alistados bajo el nombre de cristianos, que lleguen finalmente a convenirse y conformarse en esta se√Īal de unidad, en este v√≠nculo de caridad, y en este s√≠mbolo de concordia; y acord√°ndose de tan suprema majestad, y del amor tan extremado de Jesucristo nuestro Se√Īor, que dio su amada vida en precio de nuestra salvaci√≥n, y su carne para que nos sirviese de alimento; crean y veneren estos sagrados misterios de su cuerpo y sangre, con fe tan constante y firme, con tal devoci√≥n de √°nimo, y con tal piedad y reverencia, que puedan recibir con frecuencia aquel pan sobresubstancial, de manera que sea verdaderamente vida de sus almas, y salud perpetua de sus entendimientos, para que confortados con el vigor que de √©l reciban, puedan llegar del camino de esta miserable peregrinaci√≥n a la patria celestial, para comer en ella sin ning√ļn disfraz ni velo el mismo pan de Angeles, que ahora comen bajo las sagradas especies. Y por cuanto no basta exponer las verdades, si no se descubren y refutan los errores; ha tenido a bien este santo Concilio a√Īadir los c√°nones siguientes, para que conocida ya la doctrina cat√≥lica, entiendan tambi√©n todos cu√°les son las herej√≠as de que deben guardarse, y deben evitar.

C√ĀNONES DEL SACROSANTO SACRAMENTO DE LA EUCARIST√ćA

CAN. I. Si alguno negare, que en el sant√≠simo sacramento de la Eucarist√≠a se contiene verdadera, real y substancialmente el cuerpo y la sangre juntamente con el alma y divinidad de nuestro Se√Īor Jesucristo, y por consecuencia todo Cristo; sino por el contrario dijere, que solamente est√° en √©l como en se√Īal o en figura, o virtualmente; sea excomulgado.

CAN. II. Si alguno dijere, que en el sacrosanto sacramento de la Eucarist√≠a queda substancia de pan y de vino juntamente con el cuerpo y sangre de nuestro Se√Īor Jesucristo; y negare aquella admirable y singular conversi√≥n de toda la substancia del pan en el cuerpo, y de toda la substancia del vino en la sangre, permaneciendo solamente las especies de pan y vino; conversi√≥n que la Iglesia cat√≥lica prop√≠simamente llama Transubstanciaci√≥n; sea excomulgado.

CAN III. Si alguno negare, que en el venerable sacramento de la Eucaristía se contiene todo Cristo en cada una de las especies, y divididas estas, en cada una de las partículas de cualquiera de las dos especies; sea excomulgado.

CAN. IV. Si alguno dijere, que hecha la consagraci√≥n no est√° el cuerpo y la sangre de nuestro Se√Īor Jesucristo en el admirable sacramento de la Eucarist√≠a, sino solo en el uso, mientras que se recibe, pero no antes, ni despu√©s; y que no permanece el verdadero cuerpo del Se√Īor en las hostias o part√≠culas consagradas que se reservan, o quedan despu√©s de la comuni√≥n; sea excomulgado.

CAN. V. Si alguno dijere, o que el principal fruto de la sacrosanta Eucaristía es el perdón de los pecados, o que no provienen de ella otros efectos; sea excomulgado.

CAN. VI. Si alguno dijere, que en el santo sacramento de la Eucarist√≠a no se debe adorar a Cristo, hijo unig√©nito de Dios, con el culto de latr√≠a, ni aun con el externo; y que por lo mismo, ni se debe venerar con peculiar y festiva celebridad; ni ser conducido solemnemente en procesiones, seg√ļn el loable y universal rito y costumbre de la santa Iglesia; o que no se debe exponer p√ļblicamente al pueblo para que le adore, y que los que le adoran son id√≥latras; sea excomulgado.

CAN. VII. Si alguno dijere, que no es lícito reservar la sagrada Eucaristía en el sagrario, sino que inmediatamente después de la consagración se ha de distribuir de necesidad a los que estén presentes; o dijere que no es lícito llevarla honoríficamente a los enfermos; sea excomulgado.

CAN. VIII. Si alguno dijere, que Cristo, dado en la Eucaristía, sólo se recibe espiritualmente, y no también sacramental y realmente; sea excomulgado.

CAN. IX. Si alguno negare, que todos y cada uno de los fieles cristianos de ambos sexos, cuando hayan llegado al completo uso de la raz√≥n, est√°n obligados a comulgar todos los a√Īos, a lo menos en Pascua florida, seg√ļn el precepto de nuestra santa madre la Iglesia; sea excomulgado.

CAN. X. Si alguno dijere, que no es lícito al sacerdote que celebra comulgarse a sí mismo; sea excomulgado.

CAN. XI. Si alguno dijere, que sola la fe es preparaci√≥n suficiente para recibir el sacramento de la sant√≠sima Eucarist√≠a; sea excomulgado. Y para que no se reciba indignamente tan grande Sacramento, y por consecuencia cause muerte y condenaci√≥n; establece y declara el mismo santo Concilio, que los que se sienten gravados con conciencia de pecado mortal, por contritos que se crean, deben para recibirlo, anticipar necesariamente la confesi√≥n sacramental, habiendo confesor. Y si alguno presumiere ense√Īar, predicar o afirmar con pertinacia lo contrario, o tambi√©n defenderlo en disputas p√ļblicas, quede por el mismo caso excomulgado.

DECRETO SOBRE LA REFORMA

CAP. I. Velen los Obispos con prudencia en la reforma de costumbres de sus s√ļbditos, y ninguno apele de su correcci√≥n.

Proponi√©ndole el mismo sacrosanto Concilio de Trento, congregado leg√≠timamente en el Esp√≠ritu Santo, y presidido de los mismos Legado y Nuncios de la santa Sede Apost√≥lica, promulgar algunos estatutos pertenecientes a la jurisdicci√≥n de los Obispos, para que, seg√ļn el decreto de la pr√≥xima Sesi√≥n, con tanto mayor gusto residan en las iglesias que les est√°n encomendadas, cuanto con mayor facilidad y comodidad puedan gobernar sus s√ļbditos, y contenerlos en la honestidad de vida y costumbres; cree ante todas cosas debe amonestarlos que se acuerden son pastores, y no verdugos; y que de tal modo conviene manden a sus s√ļbditos, que procedan con ellos, no como se√Īores, sino que los amen como a hijos y hermanos, trabajando con sus exhortaciones y avisos, de modo que los aparten de cosas il√≠citas, para que no se vean en la precisi√≥n de sujetarlos con las penas correspondientes, en caso de que delincan. No obstante si aconteciere que por la humana fragilidad caigan en alguna culpa, deben observar aquel precepto del Ap√≥stol de redarg√ľirlos, de rogarles encarecidamente, y de reprenderlos con toda bondad y paciencia; pues en muchas ocasiones es m√°s eficaz con los que se han de corregir, la benevolencia que la austeridad; mas la exhortaci√≥n que la amenaza; y mas la caridad que el poder. Mas si por la gravedad del delito fuere necesario echar mano del castigo, entonces es cuando deben usar del rigor con mansedumbre, de la justicia con misericordia, y de la severidad con blandura; para que procediendo sin aspereza, se conserve la disciplina necesaria y saludable a los pueblos, y se enmienden los que fueren corregidos; o si no quisieren volver sobre s√≠, escarmienten los dem√°s para no caer en los vicios, con el saludable ejemplar del castigo que se haya impuesto a los otros; pues es propio del pastor diligente y al mismo tiempo piadoso, aplicar primero fomentos suaves a las enfermedades de sus ovejas, y proceder despu√©s, cuando lo requiera la gravedad de la enfermedad, a remedios m√°s fuertes y violentos. Si aun no aprovecharen estos para desarraigarlas, servir√°n a lo menos para librar las ovejas restantes del contagio que las amenaza. Y constando que los reos aparentan en muchas ocasiones quejas y grav√°menes para evitar las penas, y declinar las sentencias de los Obispos, y que impiden el proceso del juez con el efugio de la apelaci√≥n; para que no abusen en defensa de su iniquidad del remedio establecido para amparo de la inocencia, y para ocurrir a semejantes artificios, y tergiversaciones de los reos, establece y decreta los siguiente: No cabe apelaci√≥n antes de la sentencia definitiva del Obispo, o de su vicario general en las cosas espirituales, de la sentencia interlocutoria, como tampoco de ning√ļn otro gravamen, cualquiera que sea, en las causas de visita y correcci√≥n, o de habilidad e ineptitud, as√≠ como ni en las criminales: ni el Obispo ni su vicario est√©n obligados a deferir a semejante apelaci√≥n, por fr√≠vola; sino que puedan proceder adelante, sin que obste ninguna inhibici√≥n emanada del juez de la apelaci√≥n, ni tampoco le sea obst√°culo ning√ļn estilo o costumbre contraria, aunque sea inmemorial; a no ser que el gravamen alegado sea irreparable por la sentencia definitiva, o que no se pueda apelar de esta; en cuyos casos deben subsistir en su vigor los antiguos estatutos de los sagrados c√°nones.

CAP. II. Cuando en las causas criminales se ha de cometer la apelación de la sentencia del Obispo al Metropolitano, o a uno de los más vecinos.

Si aconteciere que las apelaciones de la sentencia del Obispo, o de su vicario general en lo espiritual, sobre materias criminales, se deleguen por autoridad Apostólica in partibus, o fuera de la curia Romana; en caso que haya lugar la apelación, se ha de cometer al Metropolitano, o a su vicario general en lo espiritual; o en caso de ser aquel sospechoso por alguna causa, o diste más de dos días legales de camino, o se haya apelado de él; cométase a uno de los Obispos más cercanos, o a sus vicarios; pero no a jueces inferiores.

CAP. III. Dense dentro de treinta días, y de gracia los autos de primera instancia al reo que apelare.

El reo que en causa criminal apela de la sentencia del Obispo, o de su vicario general en lo espiritual, presente de necesidad al juez ante quien haya apelado los autos de la primera instancia; y de ning√ļn modo proceda este a absolverlo sin haberlos visto. El juez de quien se haya apelado debe entregar de gracia los mismos autos al que los pidiere dentro de treinta d√≠as: a no hacerlo as√≠, term√≠nese sin ellos la causa de la mencionada apelaci√≥n, seg√ļn pareciere en justicia.

CAP. IV. Cómo se han de degradar los clérigos cuando lo exija la gravedad de sus delitos.

Siendo algunas veces tan graves y atroces los delitos cometidos por personas eclesi√°sticas, que deben estas ser depuestas de los √≥rdenes sagrados, y entregadas al brazo secular; en cuyo caso se requiere, seg√ļn los sagrados c√°nones, cierto n√ļmero de Obispos, y si fuese dif√≠cil que todos se juntasen, se diferir√≠a el debido cumplimiento del derecho; y si alguna vez pudiesen juntarse, se interrumpir√≠a su residencia; ha establecido y declarado el sagrado Concilio para ocurrir a estos inconvenientes, que el Obispo por s√≠, o por su vicario general en lo espiritual, pueda proceder contra el cl√©rigo, aunque est√© constituido en el sagrado orden del sacerdocio, hasta su condenaci√≥n y deposici√≥n verbal; y por s√≠ mismo tambi√©n hasta la actual y solemne degradaci√≥n de los mismos √≥rdenes y grados eclesi√°sticos, en los casos en que se requiere la asistencia de otros Obispos en el n√ļmero determinado por los c√°nones, aunque estos no concurran; acompa√Ī√°ndole no obstante, y asisti√©ndole en este caso otros tantos Abades que tengan por privilegio Apost√≥lico, uso de mitra y b√°culo, si se pueden hallar en la ciudad, o di√≥cesis, y pueden c√≥modamente asistir; y si no pudiese ser as√≠, se acompa√Īar√° de otras personas constituidas en dignidad eclesi√°stica, que sean recomendables por su edad, gravedad e instrucci√≥n en el derecho.

CAP. V. Conozca sumariamente el Obispo de las gracias pertenecientes o a la absolución de delitos, o a la remisión de penas.

Y por cuanto suele acontecer que algunas personas alegando causas fingidas, y que sin embargo parecen bastante veros√≠miles, sacan gracias de tal naturaleza, que se les perdonan por ellas del todo, o se les disminuyen las penas que con justa severidad les han impuesto los Obispos; no debiendo tolerarse que la mentira, desagradable a Dios en tanto grado, no s√≥lo quede sin castigo, sino aun sirva al mentiroso para alcanzar el perd√≥n de otro delito; ha establecido y decretado el sagrado Concilio con este objeto lo siguiente: Tome el Obispo que resida en su iglesia conocimiento sumario por s√≠ mismo, como delegado de la Sede Apost√≥lica, de la subrepci√≥n, u obrepci√≥n de las gracias alcanzadas con falsos motivos, sobre la absoluci√≥n de alg√ļn pecado, o delito p√ļblico, de que √©l comenz√≥ a tomar conocimiento, o del perd√≥n de la pena a que haya sido condenado el reo por su sentencia; y no admita aquella gracia, siempre que leg√≠timamente constare haberse obtenido por falsos informes, o por haberse callado la verdad.

CAP. VI. No se cite al Obispo para que personalmente comparezca, sino por causa en que se trate de deponerle, o privarle.

Y por cuanto los que est√°n sujetos al Obispo suelen, aunque hayan sido corregidos justamente, aborrecerle sobre manera, y como si hubiesen padecido graves injurias, imputarle falsos delitos para molestarle por todos los medios posibles; de donde resulta, que el temor de estas vejaciones intimida y retarda por lo general al Obispo para inquirir y castigar los delitos de sus s√ļbditos: con este motivo, y para que el Obispo no se vea precisado por grande incomodidad suya y de la iglesia, a abandonar el reba√Īo que le est√° encomendado, y a andar vagando con detrimento de su dignidad Episcopal; ha establecido y decretado el sagrado Concilio, que de modo ninguno se cite ni amoneste al Obispo a que comparezca personalmente, sino es por causa en que deba venir para ser depuesto o privado, aunque se proceda de oficio, o por informaci√≥n o denuncia, o acusaci√≥n, o de otro cualquier modo.

CAP. VII. Descríbense las calidades de los testigos contra el Obispo.

No se reciban por testigos en causa criminal para la información o indición, o para cualquiera otra cosa en causa principal contra el Obispo, sino personas que estén contestes, y sean de buena conducta, reputación y fama; y en caso que depongan alguna cosa por odio, temeridad o codicia, sean castigadas con graves penas.

CAP. VIII. El sumo Pontífice es el que ha de conocer de las causas graves de los Obispos.

Ante el sumo Pontífice se han de exponer, y por él mismo se han de terminar las causas de los Obispos, cuando por la calidad del delito imputado deban estos comparecer.

Decreto de la prorrogación de la definición de cuatro artículos sobre el sacramento de la Eucaristía, y del Salvoconducto que se ha de cnceder a los Protestantes.

Deseando el mismo santo Concilio arrancar del campo del Se√Īor todos los errores que han brotado acerca de este sant√≠simo sacramento de la Eucarist√≠a, y cuidar de la salvaci√≥n de todos los fieles, habiendo expuesto en la presencia de Dios omnipotente todos los d√≠as sus piadosas s√ļplicas; entre otros art√≠culos pertenecientes a este Sacramento, tratados con la m√°s exacta investigaci√≥n de la verdad cat√≥lica, tenidas muchas y diligent√≠simas disputas seg√ļn la gravedad de la materia, y o√≠dos los dict√°menes de los te√≥logos m√°s sobresalientes, ventilaba tambi√©n los cuatro art√≠culos que se siguen. Primero: ¬ŅSi es necesario, para obtener la salvaci√≥n, y mandado por derecho divino, que todos los fieles cristianos reciban el mismo venerable Sacramento, bajo una y otra especie? Segundo: ¬ŅSi recibe menos el que comulga bajo una sola especie, que el que comulga con las dos? Tercero: ¬ŅSi la santa madre Iglesia ha errado dando la comuni√≥n bajo sola la especie de pan a los legos, y a los sacerdotes que no celebran? Cuarto: ¬ŅSi se debe dar tambi√©n la comuni√≥n a los p√°rvulos? Y por cuanto desean los que se llaman Protestantes de la nobil√≠sima provincia de Alemania que los oiga el santo Concilio sobre estos mismos art√≠culos, antes que se definan, y con este motivo han pedido al Concilio un Salvoconducto, por el que le sea permitido con toda seguridad venir, y habitar en esta ciudad, decir y proponer libremente ante el Concilio lo que sintieren, y retirarse despu√©s cuando les parezca; el mismo santo Concilio, aunque ha aguardado antes muchos meses, y con grandes deseos su llegada; no obstante como madre piadosa que gime dolorosamente por volverlos a parir para el seno de la Iglesia; deseando intensamente, y trabajando porque no haya cisma alguno bajo el nombre cristiano, antes bien que as√≠ como todos reconocen a un mismo Dios y Redentor, del mismo modo digan, crean y sepan una misma doctrina; confiando en la misericordia de Dios, y esperando que se lograr√° vuelvan aquellos a la sant√≠sima y saludable uni√≥n de una misma fe, esperanza y caridad; condescendiendo gustosamente con ellos en este punto; les ha dado y concedido en la parte que le toca la seguridad y fe p√ļblica que pidieron, y llaman Salvoconducto, del tenor que abajo se expresa: y por causa de los mismos se ha diferido la definici√≥n de los mencionados art√≠culos, hasta la segunda Sesi√≥n, que ha se√Īalado para el d√≠a de la fiesta de la Conversi√≥n de san Pablo, que ser√° el 25 de enero del a√Īo siguiente, para que de este modo puedan c√≥modamente concurrir. Adem√°s de esto, ha establecido se trate en la misma Sesi√≥n del sacrificio de la misa, por la mucha conexi√≥n que hay entre ambas materias; y entre tanto que queda se√Īalada para tratar en la Sesi√≥n pr√≥xima la materia de los sacramentos de Penitencia y Extremaunci√≥n; decretando que esta se celebre el 25 de noviembre, fiesta de santa Catalina virgen y m√°rtir, y que en una y otra Sesi√≥n se prosiga la materia de la reforma.

Salvoconducto concedido a los protestantes

El sacrosanto general Concilio de Trento, congregado leg√≠timamente en el Esp√≠ritu Santo, y presidido de los mismos Legado y Nuncios de la santa Sede Apost√≥lica, concede, en cuanto toca al mismo santo Concilio, a todas y a cada una de las personas eclesi√°sticas o seculares de toda la Alemania, de cualquiera graduaci√≥n, estado, condici√≥n y calidad que sean, que deseen concurrir a este ecum√©nico y general Concilio, la fe p√ļblica, y plena seguridad que llaman Salvoconducto, con todas y cada una de sus cl√°usulas y decretos necesarios y conducentes, aunque debiesen expresarse en particular, y no en t√©rminos generales; los mismos que ha querido se tengan por expresados, para que puedan y tengan facultad de conferenciar, proponer y tratar con toda libertad de las cosas que se han de ventilar en el mismo Concilio, as√≠ como para venir libre y seguramente al mismo Concilio general, y permanecer y vivir en √©l, y tambi√©n para representar, y proponer tanto por escrito, como de viva voz los art√≠culos que les pareciese, y conferenciar y disputar con los PP. o con las personas que eligiere el mismo santo Concilio, sin injurias ni ultrajes; e igualmente para que puedan retirarse cuando fuere su voluntad. Adem√°s de esto ha resuelto el mismo santo Concilio, que si desearen por su mayor libertad y seguridad, que se les deputen jueces privativos, tanto respecto de los delitos cometidos, como de los que puedan cometer, nombren personas que les sean favorables, aunque sus delitos sean en extremo enormes, y huelan a herej√≠a.

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