S.S. Juan Pablo II, Discurso al Congreso Internacional «De anima in doctrina Sancti Thomae in homine», proclamado el 4 de enero de 1986.
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Imagen de Dios

2. El problema del alma está vinculado a la pregunta que el hombre siempre se hace sobre el sentido profundo de su ser y sobre el principio de su vivir, de su pensar y de su obrar. En todos los tiempos el hombre es para sí mismo un gran interrogante. El hombre ha nacido para la verdad y con profunda inquietud busca la verdad sobre el hombre y la respuesta a la pregunta formulada así por San Agustín: “Quid sum ergo, Deus meus? Quae natura mea?†(Conf., X, 17, 26). El hombre conoce algo de sí mismo; pero ignora mucho más que desea conocer.

Hoy más que nunca son numerosas las manifestaciones de la actividad humana; lo cual suscita más que nunca el problema de determinar mejor su origen común y el criterio de su coordinación y de su valor: y esto no es otra cosa que plantearse la cuestión del alma.

Esta investigación nos coloca ante un gran misterio, y nos descubre qué desconocidos somos de nosotros mismos: “Camina, camina —decía Heráclito—, quizás jamás llegarás a alcanzar los confines del alma, por más que recorras sus senderos. Tan profundo es su 'logos'“ (DIELS, Die Fragmente der Vorsokratiker, 22B45, Berlín 1951). Y de hecho —como decía Santo Tomás (S. Th., I, 3, 1, 2m; 93, 2, c.; 4, c., 1m; 6, c., 2m; I-II, prol.; I Sent., D. III, q. 3, o.; II Sent. D. XVI, q. 3, o.; D. XXXIX, q. 1, 1, 1m; Cont. Gent., IV, c. 26, De Ver., q. X, a. 7, c.)—, es precisamente en el alma donde se encuentra la a imagen de Dios “, que hace al hombre “ semejante†al Creador; y, por eso, gracias al alma existe en el hombre —creatura finita— una cierta infinitud. si no en sus propias acciones, sí en sus aspiraciones.

El conocimiento de poseer un alma tiene algo de paradójico, porque parece ser al mismo tiempo un dato casi inmediato y evidente de la experiencia interior, vital y existencial. y al mismo tiempo, como he dicho, un problema teorético muy oscuro y difícil, en el cual naufragaron—es un decir—hasta grandes pensadores.

Santo Tomás expresa muy bien esta doble y sorprendente constatación, cuando dice: “Secundum hoc scientia de anima est certissima, quad unusquisque in seipso experitur se animam habere et actas animae sibi inesse; sed cognoscere quid sit anima difficillimum est†(De Ver., q. X, a. 8, 8m), y añade: “Requiritur diligens et subtilis inquisitio†(S. Th., I, 87, 1). Un trabajo fatigoso y arriesgado, pero no inútil, sobre todo si es realizado, como vosotros intentáis hacerlo, sirviéndoos también de las luces procedentes de la divina Revelación y del Magisterio de la Iglesia.

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